jueves, 29 de diciembre de 2011

El viaje a la playa (Las luces de la fiesta)


Para celebrar el éxito de Verner, Tamara organizó una excursión a Jamal. El trayecto duraría cuatro horas en autobús y para su sorpresa, nadie se entusiasmó con la idea. Salir en pleno treinta y uno de diciembre causaba  flojera pero lo que cambió las cosas fue la insistencia de Andreas, quién aprovechó para covencer a su chica de realizar la travesía y persuadió a Gwendal por igual.

-¿Hace cuánto que no tomas vacaciones, Ricardo?
-No cambiará mi respuesta, Andreas.
-¿Porqué me confudes con mi sobrino?
-Disculpa, Gwendal.
-No te fijes, pero ¿Porqué no quieres salir unos días?
-No lo acostumbro.
-Anímate.
-Mi hijo ya me suplicó y la respuesta es la misma.

Lo que Ricardo desconocía, era que su primogénito logró que sus hermanos se pusieran de su parte e insistieran demasiado durante la cena para que su padre no fuera capaz de negarse. Como los primos estaban allí, se unieron al berrinche y así, la familia entera tomaría el autobús de las nueve hacia el centro de recreo.

-Vaya que son audaces - pensó el patriarca.

Más tardó el padre de los Liukin en acceder, que sus críos en preparar maletas. Carlota misma llamó a Joubert y Anton armó una revolución en casa para que sus familiares asistieran. Judy - que no esperaba escuchar su teléfono a las tres de la mañana - también aceptó encantada y se aseguró de que David tomara parte.

Fue así que todos se reunieron en la terminal y abordaron. Verner, que quería atesorar ese momento, comenzó a grabar las incidencias y hacer pequeñas entrevistas. Solamente con Amy se mostró poco invasivo.

Carlota y Joubert, que se sentaban juntos, contemplaban lindos paisajes y conversaban de forma muy íntima. Aquella escena le recordó a Gabriela las largas charlas que sostenía con su esposo cuando eran más jóvenes.

-¿Pasa algo?
-Unos buenos padres habrían ahuyentado a Joubert.
-Podríamos hacerlo.
-Y la chica nos odiaría.
-Es un precio que no nos pesaría.
-Sólo míralos, Ricardo. Se parecen a nosotros.
-Sobre todo por las arrugas y las ojeras.
-Jeje. No, es en serio. Lo presiento y me molesta. Él es el indicado y ¿Qué podemos hacer tú y yo? Nada.
-Carlota es muy pequeña y conocerá el mundo, quiero pensar que también a otras personas.
-Eso también lo sé, pero las madres nos damos cuenta y Joubert al final será tu yerno, te lo juro.

El chico Maizuradze en el asiento posterior a los Liukin se sintió herido al escuchar eso porque su voz interior, misma que le decía que su amiga era "el amor de su vida" también le hacía saber que Gabriela estaba en lo cierto y se lamentaba por ello.

El sol les anunció que se encontraban cerca y la espesa cortina gris de las montañas se había esfumado. Tamara, al lado de Gwendal no dejaba de sonreír y discretamente le coqueteaba mientras Javier volteaba con insistencia hacia Judy que no se percataba por mirar a su marido, el cual  no cesaba de tomarle fotografías.

-Estimados pasajeros: Gracias por su preferencia, en unos momentos procederemos al descenso. Le suplicamos no retirarse el cinturón hasta que la unidad se detenga por completo. Nuestra parada se ubica a un costado del hotel Cardin. Les deseamos una gran experiencia.

Después del anuncio, todos se aprestaron a desobedecer y una vez en tierra, se precipitaron por el equipaje y se registraron en una posada cercana. Ni tardos ni perezosos, los adolescentes corrieron al mar. Gabriela ni siquiera esperaba ver que Carlota lucíera un bikini y tampoco que otros muchachos se le acercasen creyendo que tenía quince años.

-Señorita, vete a cambiar.
-¿Porqué?
-Cometí un error al comprarte el traje de baño. Ponte uno completo y de paso una toalla que te cubra las piernas.
-Pero hace calor.
-Precisamente por eso.

La niña, con un poco de enojo siguió la orden pero el objetivo de su madre no se cumplió. Los jóvenes seguían rondándola y le invitaban cosas a pesar de que ella no accedía y sus hermanos no se le separaban.

-¿Necesitas una prueba más de que nuestra niña crece?
-¿En este punto debe darme un infarto, Gabriela?
-Normalmente, sí.

Pero no tardó en aparecer Joubert en escena y el cortejo de los jóvenes se transformó en un juego de volleyball.

-La vida me recuerda que ya soy viejo - señaló Ricardo.
-Y a mí también.

Al mismo tiempo, Judy buscaba un sitio para recostarse y tomar el sol pero su marido la sostuvo por la cintura, besó su mejilla y la salpicó con el resabio de la marea, a lo que ella respondió con agrado por lo que la pareja terminó entre las olas.

-Judy es linda - comentó Gwendal - Y sabe divertirse.
-Podemos pensar en algo.
-¿Que sugieres, Tamara?
-¿Te acuerdas de cómo terminabámos la fiesta en Lyon?
-¿Quieres asaltar un bar?
-Si me dejas buscar a un inocente para echarle la culpa..
-¿No crees que ya somos adultos?
-El que llegue al último paga la primera ronda.

Ambos se alejaron corriendo.

Cuando Anton comenzó a buscar la forma de distraerse, se encontró con que el grupo se había dispersado. Sin más compañía que un yoyo, el pequeño optó por perder el tiempo pero no por mucho. Eva de Vanny andaba por ahí, vacacionando con su padre y sin Evan.

-Hola A ¿Qué haces?
-Me llamo Anton.
-Me gusta más decirte A.
-Está bien.
-¿Aburrido?
-Sí.
-Ven conmigo.
-Avisaré a mi mamá. Igual y me atiende.
-¿Vas a pedir permiso por un simple helado aquí enfrente?
-Ay, pero qué cosas.
-¿Y esa carita? ¿Es por una niña, verdad?
-Ahora resulta, soy un chamaco.
-Jajajajaja.
-¿Qué?
-¡Ay! ¡Eres una monada!
-¿Siempre me vas a dar beso?
-Los que me pidas.
-No tengo palabras.
-No las necesitas.

Eva condujo al chico Maizuradze a una especie de cafetería y permanecieron allí mientras atardecía. La joven carcajeaba con las ocurrencias de Anton y se las ingeniaba para hacerlo pasar por aprietos cada que le guiñaba un ojo. Ocasionalmente, Joubert pasaba corriendo.

-¿Porque el dj no me dijo que venía?
-¿Quién?
-Ah, perdón chico A. Es mi amigo Bessette y no me ha dicho "hola".
-¿Bessette? ¿El señor perfecto?
-¿Lo conoces?
-¿Hablamos del mismo?
-Descríbemelo.
-Es alto, castaño, nariz grandota y todas gritan por él.
-Entonces es el mismo ¿Te molesta?
-No... No mucho.
-Cuéntame.
-Pues no me cae bien y ya.
-¿Qué te hizo?
-Nada.

Eva entonces, rozó con sus labios la boca del niño. Sonrosado, Anton salió corriendo.

-¡Hey! ¡Espera!
-¡Estás loca!
-¡Anton! ¡No me hagas perseguirte!
-¡Voy a llamar a mi mamá!

Lo malo, fue que el chiquillo recibió un fuerte balonazo y quedó tendido. Carlota se aproximó y le preguntó si estaba bien. Joubert le tendió la mano y Eva, de lo más apenada intentaba disculparse.

-Perdóname, no fue mi intención ofenderte chico A. Pensé que me dirías lo que quería saber, pero fui muy tonta.. Te llevo con un médico.
-¿Qué le hiciste? - cuestionó el joven Bessette.
-Nada importante. Sólo me cerró el ojito - dijo Anton.
-Esa costumbre te va a meter en problemas, Eva.
-No me sermonees, tornamesista.
-No pasa nada. Ya me levanté.
-¿Seguro?
-Sí, Carlota.
-Disculpa el golpe.

Pero el niño Maizuradze continuaba de malas y prosiguió su camino.

-Creo que esta vez si me pasé de la raya - se lamentó la joven De Vanny.
-Explícame.
-Lo de siempre, Joubert.
-¿Lo besaste?
-Para enterarme de algo.
-¿De qué?
-Sales con alguien.
-¿No crees que era más fácil decirme? Te habría contado.
-Entonces que sea ahora.
-Bien, empieza.
-¿Es cierto que tienes ..? No sé como llamarla.
-Tengo novia.
-Oí que se trata de una niña.
-Tiene trece años.
-¿Tú andas con.. ?
-Carlota, es ella.

Eva observó a la chica Liukin durante varios minutos y se echó a reír.

-Esta tipa ni siquiera puede entrar a un club y apuesto a que su talla es del departamento de junior y ... ¿Estás consciente de que Jobert ya está estrenado y necesitará cariño extra de vez en cuando? No por nada él y yo nos llevamos bien. ¿Qué rayos haces con uno que no es de tu tamaño, bebé?
-Vete, Eva.
-¿Disculpa?
-Márchate. No vas a molestar a Carlota.
-¿Bromeas?
-Jamás.
-Si me necesitas cuando ésta cabbage patch no pueda darte lo que desees, mi teléfono está disponible.
-¡No soy una cabbage patch! - gritó Carlota.
-¿No? Demuéstralo.

Sin pensar, la chica Liukin recurrió a su guardarropa y sacó un conjunto, pero al no quedar satisfecha, recurrió a la maleta de su madre y se colocó un vestido lo bastante "adulto" como para aparentar, al menos, unos diecisiete años, además de unos botines con tacones tan altos que realmente podía caerse y sombra oscura por maquillaje. Sin voltear a ver a nadie más que a Eva, logró engañar al vigilante de un club nocturno y cometió el error de ordenar su primer martini. Joubert trataba de encontrarla y al enterarse Ricardo y Gwendal de lo ocurrido, se aprestaron a recorrer todo Jamal hasta que una dieron con XO, el sitio al que había ingresado la chica pero no la hallaron. Inclusive, el bartender les confesó que la pequeña ni siquera sabía cómo agarrar una copa.

-Antes de que se fuera, unos chicos la invitaron a una fiesta en la playa. Yo que ustedes me apresuraría. Medio mundo aquí se le acercó para pedirle el teléfono.

Cerca de la medianoche, Carlota platicaba con unos excursionistas alemanes, mismos que le contaban que habían pasado el año viajando y uno de ellos, cayendo en el engaño de la chiquilla, le propuso quedarse a solas y le invitó cerveza. Ella rehusó, pero al iniciar la música, aceptó bailar. Con el paso de los minutos, varios jóvenes más se aproximaron y Carlota consideró que era momento de irse.

Sola y sintiéndose como una idiota, comprendió que el mundo de los enfiestados aún no era para ella. Aunado a su dolor de cabeza, le parecía incómodo que no dejaran de asediarla todos aquellos que podían pasar por sus hermanos mayores.

-¿Dónde estabas?
-Joubert.
-Wow.
-No sé si decir gracias.
-Es que.. ¿Alucino o hueles a alcohol?
-Ni lo probé, me lo tiraron encima.

Los dos se miraron y se retiraron los zapatos.

-Me gusta más verte con tus tenis.
-Creí que te gustaría más una falda o lo que traigo.
-Prefiero verte con una coleta.
-Lo que le dice al mundo que soy mocosa.
-¡No! Carlota me encantas así como eres.
-Pero tu amiga..
-Eva aparenta ser divertida, intrépida y llamativa pero no es natural. Ella pretende ser cool y esas cosas pero no es ni remotamente tan linda como tú.

La expresión del chico delató que decía la verdad. Bien podía Eva de Vanny envenenarse con sus palabras.

-Falta un minuto para que inicie el año nuevo ¿Quieres alcanzar a tus padres o nos quedamos aquí?

Carlota abrazó a Joubert y realizó la cuenta regresiva. Los fuegos artificiales estallaron cuando el reloj marcó las cero horas y los novios se besaron.

-¡Feliz Año Nuevo! - Era el grito que adornaba el momento. Los lugareños se arrojaban al mar y eran seguidos por los turistas. Extrañamente, Judy coincidió con la pareja y los llevó de regreso con el grupo. Minutos más tarde, Carlota se enteraría de que traía el vestido que su madre pensaba obsequiarle y Ricardo sólo se limitó a decirle discretamente que no estaba castigada ... Y que debía agradecer a Lucas De Vanny.

-Él se excusó por todo pero yo debo decirte que esperaba un poco más de madurez de tu parte. Piénsalo.

Carlota se sintió avergonzada pero entendió el mensaje de su padre: La actitud que tomó la había expuesto a un sinfín de peligros. Confirmó el dicho cuando se aproximó a ella un muchacho que cruzó palabras con ella en el bar para ofrecerle un nuevo trago. Ella se dió la media vuelta e infantilmente, comenzó una competencia de brincos con Anton.



viernes, 23 de diciembre de 2011

La noche de Verner (Las luces de la fiesta)

A Tomas Verner

Cuando Verner tomó la pista, una pancarta verde con la inscripción "I am Team Carver" apareció entre las gradas. Las fans del chico también lo eran de Carlota y habían abreviado los nombres para dar a entender que el apoyo era para ambos. Con poco palmarés pero con una temporada medianamente buena hasta el momento, Tomos no era candidato para cosa alguna pero el día anterior había dado una "sorpresa" al clasificarse en cuarto sitio y tener una distancia respecto a Evan Weymouth de apenas unas décimas.

-Estoy nervioso - se dijo a sí mismo.

Tamara por su parte no podía con la ansiedad. En el Kiss and Cry, ella experimentaba escalofríos y ganas de no ver que sucedería. De hecho, prefería huir antes de constatar como su alumno convertía una rutina buena en un espanto, pero dándose valor se mantuvo expectante. Era la última competencia del año y en el caso de Verner, la más importante de su vida. Mientras Zhenya Plushy y Stephen Lambiel festejaban su ya asegurado pase a juegos olímpicos, Evan se mordía las uñas y posaba las manos sobre su nuca. Un error ahora lo colocaba en una posición muy arriesgada. Aún no podía asimilarlo. En los últimos treinta segundos de su rutina, el joven Weymouth había resbalado. Incrédula, Eva de Vanny se sorprendió rezando; Carlota al lado saltaba y gritaba por su compañero. El contraste llamó la atención del público y las cámaras por unos segundos hasta que se apareció Joubert, causando conmoción y haciendo reír un poco al tenso Tomos que volteaba para ver que tan sonrosado se encontraba su amigo.

Cuando se suscitó la calma, el atleta se tomó un minuto más para respirar y se colocó en posición mentras un doloroso flashback le humedecía las pupilas y apretaba su puño. Por coraje, endureció su gesto y miró con furia sus pies, mismos con los que descargaba sus enojos a manera de puntapiés cuando peleaba.

Verner era profundamente desdichado. Por alguna razón, en Tell no Tales era muy fácil perder a una madre y a los siete años, él fue apartado de la suya. Las trabajadoras sociales habían argumentado que Janet Tomos presentaba un cuadro de psicopatía mezclado con depresión. De acuerdo a ese reporte lleno de calumnias, la mujer era capaz de abandonar a su pequeño en circunstancias peligrosas como habitaciones con las ventanas abiertas o estufas accionadas pero el misterio que rodeó el sino de la mujer se aclaró un día de abril cuando la encontraron muerta a las afueras de un centro social. Durante años, los chicos molestaron a Verner llamando ramera y drogadicta a Janet. Sin orientación y sin poder controlarse, el joven Tomos desarrolló una obsesión por la riqueza para no ser humillado de nuevo así como un deseo de venganza que fue aprovechado por Harry Shepard. Con el corazón endurecido, el adolescente había asesinado a muchas personas, sobresaliendo aquellas que le habían apartado de la mujer que se desvivía por él, pero no encontró sosiego hasta que su única salida se vió limitada a sacrificar a Carlota. Después de eso, le aseguraron que al fin sería libre y podría reordenar su vida pero había dos problemas: Amy, que esperaba un hijo y la propia chica Liukin, con quién comenzaba, extrañamente, a encariñarse.

-¿Porqué tarda tanto en comenzar? - murmuró Judy.
-Hay problemas con el equipo de sonido - replicó un técnico.

Mientras el desconcierto reinaba, se despertó en Verner un anhelo, un deseo puro. Se visualizó como un ganador. Se preguntó si su madre se sentiría orgullosa, si era una forma de honrarla y la respuesta era obvia: Sí.

-Entonces hazlo - concluyó.

Un timbre sonó  y la música comenzó a escucharse. La gente respondió al ánimo del chico. Tamara sólo pudo asombrarse. Sus oídos detectaban la ambición de su alumno. Segundos antes del primer salto, anunció:

-Hará un quad.

Los gritos subsecuentes, delataban a una multitud sorprendida. No importaba que el chico casi cayera en su segundo elemento o se equivocara en una combinación, su coreografía y transiciones lucían perfectas. Judy observaba con la boca abierta y no paraba de hacer exclamaciones de alegría. Como un relámpago, hermoso y fugaz, se plantaba Verner que no alcanzaba a medir la magnitud de su actuación cuando, conmovido, se echó a llorar. Ingo Carroll supo que Evan tenía severos problemas cuando su rival besó el hielo en medio de una ovación que duró más de tres minutos. Después de agradecer, Tomos se acercó a la zona técnica. Sus entrenadoras lo estrecharon y se colocaron a su lado. Él tomó la mano de Tamara y la presionó con todas sus fuerzas. Respiró.

-Ladies and gentleman, your attention please.
The scores for Verner Tomos from Universitary Skating Club are:
Technical Merit: 5.8  5.7  5.7  5.9  5.9  5.8  5.8  5.6  5.8  5.9
Artistic Presention: 5.9  5.9  5.9  5.9  5.9  5. 9  5.8  5.7  5.9  5.9
Ordinals: 1  2  2  1  1  2  2  3  3  1
Standing after Short Program is 4th place
Standing after Long Program is 2nd place
The last result: Verner Tomos from Universitary Skating Club is 2nd Overall.

-Oh por Dios - comentó Tamara - Acabamos de calificar a Salt Lake.

El sonido local continuó:

-Ladies and gentleman, the Tell no Tales Olympic Team are conformed by Stephen Lambiel, Verner Tomos and Zhenya Plushy.

Carlota, entusiasta, abandonó su asiento y corrió hacia Verner que recibiría su medalla minutos más tarde y correría al cementerio para depositarla en la tumba de su madre.

viernes, 16 de diciembre de 2011

El cuento de Navidad (Las luces de la fiesta)


-¡Qué vestido tan bonito! - dijo la encargada de una boutique a Judy Becaud.
-Desde que lo vi en el aparador no pude contenerme. Es perfecto.
-Es muy caro ¿No importa?
-¿Cuánto cuesta?
-5000€.

La señora Becaud se miró al espejo, desalentada.

-Nos lo llevamos - intervino Jean.
-Enseguida ¿Me facilita la etiqueta para el escáner, señorita?

Mientras la encargada facturaba, los dos cuchicheaban.

-¡El vestido es muy costoso! ¿Cómo rayos lo vas a pagar?
-Si no ganara dinero con mis libros habríamos tenido que marcharnos.
-Pero no debemos darnos este lujo.
-¡Por favor!
-No es justo que gastes en esto, puedo elegir otra cosa.
-.Es tu regalo.
-Jean no ..
-Feliz Navidad, amor.

Judy calló y sonrió un poco aunque en su interior se sentía apenada.

-¿Se lo llevará puesto o necesita pasar al probador?
-Ella se ve hermosa, no vale la pena que se quite el vestido.
-Bien, aquí está su tarjeta, señor.

Era un día veinticinco bastante tranquilo para los Becaud. Pese a la nieve, los distraídos, el tráfico y el trabajo; ambos caminaban sin importarles nada. Judy tenía en la mente el año anterior cuando pasaban enfrente del registro civil y también la cena que le había preparado a su marido, no sin antes dejar porciones para David.

En los titulares, el coro ruso fue ignorado por una boda. La nota era tonta y se prestaba para la chacota generalizada. Jean, curiosamente, se había adelantado a todos y esa misma mañana había mandado su crítica respecto a aquella noticia para ser publicada al mediodía y su columna, feroz pero irónica hizo referencia a un chisme que le relató un disgustado invitado:

La señorita Zooey Isbaza era contrayente de nupcias más a la fuerza que por otra razón y en medio de la fiesta, se escapó pero no se fue sola. De hecho, había pasado la noche con alguien.

El rumor llegó a oídos de Lubov Trankova que, con sospecha, salió a buscar a Sergei.

-¿Le han visto? - cuestionó a los Becaud - No he sabido de él.
-La última vez fue en nuestro café.
-¿Porqué no me dijiste eso Judy?
-No se quedó mucho tiempo, Jean.
-¿En dónde queda su local?
-En Republique ¿Cuánto tiempo tiene desaparecido?
-Veintitrés días. Estoy acostumbrada a que no esté pero jamás tardó tanto en volver.
-Tranquilícese.
-Si lo encuentran, por favor, díganle que vaya a casa.
-Desde luego.

Pero la mujer se detuvo un poco más.

-Jean ¿Cómo supo lo de Zooey en la boda?
-Me contaron pero creo que peque de indiscreto queriendo hacer una broma.
-Vaya, pensé que usted... Creí que lo habían invitado.
-Los Isbaza no son mis conocidos.
-Bueno. Perdón.

Los Becaud observaron a Lubov un par de minutos mientras detenía a todo aquél que iba pasando.

-No pensemos en tristezas, Judy. Vamos a casa.
-Ojalá no le haya pasado algo a Trankov.
-Tonterías, ese tipo es duro. De seguro anda por ahí con Zooey Isbaza. Todo mundo sabe que ella le gusta mucho y una fuente me contó que la señorita le solicitó que impidiera la boda.
-¿Porqué no le dijiste eso a su mujer? La pobre no puede con la angustia.
-Porque son habladurías y yo solo quise ser gracioso.

Disgustada, Judy prosiguió marcha. De vez en vez, la felicitaciones navideñas detenían a la pareja y también los obsequios de los voluntarios de la iglesia pero no esperaban que una persona irrumpiera en su casa.

Llorando, tiritando y con su traje de novia hecho girones, Zooey Isbaza devoraba todo lo que encontraba en la despensa de Le jours tristes. Barras de chocolate, carnes frías y fruta yacían regados en el piso. La chica además, sentía demasiada sed por lo que, con ansiedad, destapó la botella de vino que los Becaud tomarían por la noche. Al verlos, ella se asustó e intentó agredirlos con un cuchillo para pan pero estaba tan débil que terminó por soltarlo. Judy se aproximó y la joven se aferró a ella.

-Llamaré a sus padres.
-Primero prepara la ducha y el botiquín.
-¿Está herida?
-Se ha cortado los pies.
-Oye Judy ¿No crees que es mejor dejarla así? ¿Qué te parece si mejor levantamos un reporte?
-Haz lo que creas necesario pero necesito vendarla.

Zooey había perdido los zapatos, su velo y hasta el anillo de compromiso. Su cabello estaba lleno de lodo y algunas astillas se le habían incrustado en los brazos. La señora Becaud no se atrevió a preguntar qué le había ocurrido.

-El doctor y unos oficiales ya vienen. De todas formas los Isbaza necesitan saber que su niña ya apareció.
-¡No lo haga! - gritó la joven - ¡No quiero ver a nadie!
-Si nosotros no les avisamos, lo harán los oficiales.
-No tengo cara ¡Me muero de vergüenza!
-Debió pensarlo antes de fugarse.
-¡Maldito infeliz! - contestó la chica, incorporándose - ¡Me tendré que ir con el animal con el que me casaron! ¡Por el amor de Dios o de lo que sea, no me condene a eso!
-Hazle caso, Jean.
-No deseo causarles problemas, juro reponer todo lo que tomé pero no dejen que me encierren con mi esposo porque me va a masacrar, por favor.

Compadeciéndola, Judy la condujo a la regadera y le prestó ropa. Cuando arribó la fuerza pública, Jean mintió asegurando que la señorita se había marchado y se excusó con el médico. Los que pasaban, se detenían con la curiosidad de saber porque tantos vehículos policiales rodeaban Le jours tristes por lo que no prestaron atención cuando Sergei Trankov consiguió llegar al techo de los Becaud y se introdujo por la ventana. Zooey, que aún lamentaba su suerte amargamente, se echó a sus brazos al verlo y lo besó impulsivamente. La señora Becaud abrió más los ojos.

-Vámonos, ya tengo el boleto de tren.
-¡Te adoro Sergei, gracias!
-No hay tiempo.
-¿Tienes dinero?
-El suficiente para que sobrevivas unos días.
-Es que tengo que saldar una deuda.
-¿Cuál?
-Destrocé una alacena y me comí todo.
-Yo me encargo más tarde.
-De acuerdo. Judy, mil bendiciones, me salvó la vida.

Estrechada una vez más por esa joven triste, la señora Becaud sólo atinó a desearle suerte. Después, Zooey desapareció con Trankov y presintió que no volvería a ver a aquella mujer jamás.

-¿Y la chica?
-Se fue, Jean.
-¿Cómo?
-Mejor le digo a Lubov Trankova que encontré a Sergei. No preguntes.
-Te acompaño.
-Es asunto de mujeres.

En la acera y en medio de un gentío, Judy halló a la mujer del guerrillero y la condujo a un bistro cercano donde tomaron la mesa más alejada.

-Zooey se metió en mi casa y..
-¿Sergei entró con ella?
-No.
-¿Entonces?
-Zooey estaba en la habitación y Sergei llegó.. No sé que tipo de relación tienen pero ella le dijo que lo adoraba y se le abalanzó para besarlo.. Luego supe que la muchacha abordará un tren.
-¿Él mencionó algo de irse?
-Realmente no. Él dijo que se encargará del desastre que Zooey dejó... ¡No, no llore!
-Al menos ahora sé que regresará a casa esta noche y no volverá acostarse con ella. Al fin cumplirá su promesa... Feliz Navidad. Judy.

Lubov Trankova se alejó corriendo, alegre y confundida. Judy permaneció taciturna y Jean, que la alcanzó, le regaló un anillo.

-No olvidé nuestro aniversario. Que tengas un gran día, amor.

Y pidieron la carta, en vista de que Zooey les había arruinado la velada.



miércoles, 14 de diciembre de 2011

Antes del concierto (Las luces de la fiesta)


El chico Maizuradze observó a su padre con una actitud más entusiasta de lo común. Con una jovialidad repentina, aquél hombre desayunó mientras cantaba y después se colocó su uniforme militar.

-Debo reunirme con mis compañeros - señaló y salió de casa. Cecilia miró a sus hijos.

-Lo acaban de llamar del ejército esta mañana. Le notificaron que dirigirá al coro en navidad. Es muy importante para su padre que lo tomaran en cuenta así que nadie va a faltar.
-¿Cómo que le han .. ? ¡Llevan años negándole su pensión! ¡Qué falta de vergüenza tienen con un veterano de guerra!
-¡Hagan el favor de callarse! Su padre trabajó muy duro para que le nombrasen director y ahora que puede no va a renunciar. Nosotros sólo iremos a Pushkin, veremos el concierto y actuaremos amablemente.

En el barrio ruso, los vecinos no cabían de gozo. Por un permiso especial, los músicos de la armada roja ofrecerían una presentación gratuita. El hecho también era inédito al ser la primer ocasión del afamado conjunto en la ciudad.

El padre de Anton había acordado reunirse con sus colegas en un auditorio de Humanidades para los ensayos y al ver los preparativos se dejó llevar por la nostalgia. Él era uno de los pocos que aún conservaba su nacionalidad y después de su retiro, aún había tenido la esperanza de integrar el coro.

Sus conocidos no cesaban de estrecharle la mano, tomarle fotos o solicitarle autógrafos. "Salúdeme al Mayor tal" "Dele nuestra gratitud a los cantantes" "Felicítelos por nosotros" Eran las peticiones que la gente le hacía. El señor Maizuradze las recibía gustoso.

Cerca de ahí, Casey Low se detenía frente a un improvisado puesto de apoyo que Verner y David habían colocado buscando donaciones en especie. El letrero (autoría de Anton) llamaba la atención por su lenguaje y su color naranja.

"Pásele y dónele al chamaco de David y Amy todo lo que necesita para ser feliz. Se aceptan zapatitos, chamarras, gorritos, pañales de tela, biberones, juguetes, sonajas, shampoo, jabón de olor bebé y cobijitas. No recibimos dinero ni vales de despensa para no tener problemas con las fuerzas del mal (los polis)."

-Niños, tendré que retirarlos.
-¿Porqué?
-Instalaron un centro de caridad sin autorización.
-Lena Tarasova y Alena Kirkorova nos dieron permiso firmado.

La mujer leyó la hoja pero no cambió nada.

-Sus representantes de vecindario son un gran aval pero necesitan que un fiscal lo apruebe y no es el caso. No voy a llamar a los oficiales pero lo mejor es que quiten todo esto ¿Al menos dieron recibos por cada cosa que les han dado?
-Con el sello de la oficina de Hacienda.
-¡Oh! Ya llegó la señora abogada - dijo Anton (que arribaba) con la voz entre nasal y aflautada - ¿Ahora qué? ¿Nos va a correr?
-Ya lo hizo - contestó Verner.
-Ah que mal, porque no nos retiramos.
-¿Porqué hablas así?
-¿Cómo?
-Raro.
-¡Ah! Es que así hablan todos los abogados que conozco.

A Casey casi le ganó la risa pero lo disimuló.

-En serio, lo mejor es que se marchen.
-Ya dije que no.
-Anton, no puedes objetar.
-Hasta usa palabras sofisticadas.
-No estás ayudando a tus amigos. Desobedecer a un fiscal es muy grave. Yo entiendo que atraviesan una situación difícil y no pueden solos pero dejen que los adultos se encarguen.
-¿Usted le va a pagar la ropa y las cremitas al bebé de Amy?

Low calló.

-¿Verdad que no? Ahora déjenos en paz.
-Amy no es la única embarazada en esta ciudad ¿Porqué no recurrieron a un centro comunitario?
-¿Usted nunca ha entrado a uno de esos? Si a las señoritas las trataran bien, todas irían. Esos lugares están llenos, no hay agua y los médicos nunca hacen caso porque siempre están ocupados. Preguntamos en el Hospital General y nos dijeron que atienden gratis pero los demás gastos no se cubren solos.
-Me sostengo. Quiten esto.
-¿Va a ser tan cruel?
-No haré como que no vi nada.
-No sea mala.
-Es la ley.
-¿¡Porqué mejor no se va a buscar al desgraciado que violó a mi novia!? - gritó David.


La abogada se quedó sin palabras. En balance, lo que el chico reclamaba era mucho más importante que un permiso.

-Denme la forma, autorizaré esto.
-Hasta que nos entiende la fiscal.
-¿Porqué no te agrado, Anton?
-Usted se mete donde no la llaman.
-Es parte del trabajo.
-Qué empleo tan feo.
-No lo es.

Ella se sentía intimidada.

-Tengo unos minutos. Vayan a comer algo, yo cuidaré esto, chicos.

Con desconfianza, Anton se separó para alcanzar a su padre. La multitud en Katsalapov se apartaba y comenzaban los vítores. El ejército ruso marchaba directo a Pushkin, pero el niño, carente de protocolos, no reparó en acercarse. El hombre lo tomó en brazos y lo presentó con sus camaradas.

-Sólo no lo vuelvas a hacer, me podrían amonestar ¿Estamos?
-Bueno.
-¿Qué estabas haciendo?
-Fui a ver qué pasaba con la colecta para Amy.
-Espero que no vaya mal.
-Nos llevaron una pañalera y toallas.
-Qué bien pero les dije que no se preocupen. Su madre y yo haremos algo para mantener a ese pequeño.
-Vas a endeudarte hasta las zapatillas.
-No importa. Son nuestros amigos.

El chico Maizuradze caminó al lado de la comitiva hasta el escenario más grande que el niño vería en mucho tiempo. Los pequeños que jugaban por ahí, imitaban el saludo militar y no faltaban los que aseguraban que algún día serían coroneles o sargentos.

-¿Quieres ver el ensayo Anton?
-Dale ¿En dónde me pongo?
-Enfrente.

Los que iban pasando por ahí se acomodaban entre las sillas. A los integrantes del coro no les gustaba pero siendo el teniente Maizuradze la persona a cargo, no se arriesgaron a la insubordinación.

-Me han enviado el repertorio. Caballeros, éste es uno de los honores más grandes que he recibido como parte de las fuerzas armadas del Kremlin. No espero de mis compatriotas más que la excelencia. Tengo por cierto que nunca han dejado de ensayar y yo sólo debo seguir las partituras. Soldados, he rehusado utilizar un gran auditorio y he decidido estar aquí porque debo asegurarme de que no se dejarán intimidar por un público que ha visto sucumbir a grandes. La audiencia que va presenciar nuestro triunfo o fracaso es, me atrevo a afirmar, la más importante que habrán de percibir. Es un monstruo al que no le importará quiénes sean, va a atacarlos inmisericordemente, los retará, los llevará al borde y después se les rendirá en clamores o humillación. En cinco minutos comenzaremos. Rompan filas.

El chico Maizuradze abrió más los ojos. Su padre lucía autoritario pero con él seguía siendo cortés.

-¿Me llevas a tu acopio?
-Por un momento pensé que me ordenarías algo.
-Luego.

Ambos se dirigieron al sitio dónde Judy Becaud entregaba una caja repleta de biberones y pañales a Casey Low. La joven estrechó la mano del teniente.

-Espero que asista a la presentación de la armada roja el día veinticuatro.
-Será un placer, convenceré a mi esposo.
-Ojalá pueda gustarle.
-Seguramente. No me lo perderé ¡Es casi Navidad!
-¿Le gusta mucho?
-Es mi día favorito y también mi aniversario. Cumplo un año de casada.
-Felicidades.
-Señora Becaud, aquí tiene su recibo.
-Gracias, señorita Low.
-¿Y qué la tiene aquí, abogada?
-Nada en especial señor Maizuradeze, sólo me quede cuidando un momento.
-Le agradezco por todos.
-Oh .. No es necesario.
-¿Le puedo preguntar algo?
-Adelante.
-¿La policía toma el caso de Amy en serio?

Low suspiró con la decepción en el rostro.

-Ni siquiera han verificado la queja... Si usted fuera otra persona trataría de darle esperanzas pero es un uniformado... Francamente, me veo en la pena de aceptar que si no llega una investigación a mi escritorio tendré que pedir que desechen el caso, aún sin abrir.
-¿Esto ocurre a menudo? - cuestionó Judy.
-Con frecuencia. La gente no roba o comete fraude pero viola mujeres y nada puedo hacer sin un equipo que me aporte pruebas. Me disculpo a nombre del Departamento de policía, tenemos demasiado trabajo.

Sin decir más, Casey se retiró mientras pensaba en la tonta excusa a la negligencia de sus compañeros. Por otro lado, le preocupaban los síntomas que estaba comenzando a presentar.

-Voy a detener a esa mujer, Anton. Judy ¿Podría quedarse con mi hijo?
-Por supuesto.

El señor Maizuradze sostuvo a Low. Ella confesó ser víctima de un mareo recurrente.

-Estoy en medio de un juicio y resulta que debo encargar a mis asistentes el trabajo rudo, mi ropa no me queda y tengo anemia.
-¿Ha ido al médico?
-No me gustó el cuadro.
-¿Le impedirá trabajar?
-Al menos por un año. Ser madre a los treinta y ocho no es algo que imaginaba y tampoco era recomendable en mi caso. Voy a perder mi empleo y el padre es un .. Inmaduro rockero lo describe mejor ¿Cómo me fui a meter .. ? Nunca se embriague.
-No hace falta.
-Me siento como Amy sólo que aquí yo fui la descuidada.
-¿Porqué se compara?
-Estaba en la clínica y ella era la chica de al lado en la consulta.. Tenemos casi las mismas semanas de gestación, los mismos problemas nutricionales y nos sentimos solas e incomprendidas.. Estoy muy asustada.

El teniente abrazó a Casey .

-Todo saldrá bien, nosotros también la cuidaremos... ¿Usted y Amy saben que tienen amigos, verdad?

Los dos volvieron a la mesa de donación.

-Iré al ensayo. Anton, no molestes a la señorita Low. Aprovecha de decirme cómo es la acústica.

Retornando al escenario, el señor Maizuradze ordenó a los soldados que se acomodaran tal y como acostumbraban. Uno por uno fueron mostrando su voz y acorde a eso, su director cambiaba sus lugares. La gente poco a poco, fue llenando Pushkin mientras entonaba el himno ruso una y otra vez.

-Creo que esta gente merece escuchar algo más - mencionó el teniente a las pocas horas- Finjamos que este es nuestro concierto... Interpretaremos "Polyushka Polie"*.

El coro inició susurrante y los vecinos del barrio comenzaron a acompañarles durante la melodía, desatándose una locura, mezcla de nostalgia y agradecimiento que conmovió a más de uno de esos duros hombres de temperamento frío.

-Si así es el ensayo, no puedo esperar a la presentación de verdad - comentó Judy que no podía creer que la acústica fuera tan generosa.
-Tampoco ha visto nada - replicó Anton - Cuando los rusos festejamos, no alcanza a contar cuántas banderas hay; es como si usted quisiera saber cuántas estrellas hay en el universo.

La señora Becaud miró al cielo. Su voz interior le decía que el chico decía la verdad.

*Canción popular rusa. También es conocida como "Oh field, my field" (A continuación)

jueves, 8 de diciembre de 2011

La vida común (Las luces de la fiesta)


Si Tamara era enérgica y no descansaba hasta que Carlota hiciera las cosas bien, Haguenauer resultó ser más exigente. La niña finalizaba las prácticas tan cansada que era común que de vez en cuando tomara una siesta para evitar un desaguisado cuando le explicaran cualquier cosa, pero tenía un lado positivo.

Cuando ella entró por primera vez al pabellón de extranjeros, se encontró con que la pista era más grande, el vestidor mucho más privado y la cafetería era menos caótica. Otro punto a favor era que podía convivir a diario con varios de sus patinadores favoritos, con admiradores que realizaban viajes desde cualquier parte del mundo para recibir un "hola" de sus ídolos y con regalos. Carlota en tres días había recibido más aretes que en toda su vida. Su club de fans estaba ahí, ovacionándola constantemente. Antes, ni siquiera sabía que tenía uno.

"Guapa" le llamaban todos. El apodo se lo pusieron sus colegas franceses al ser recibida en su escuadra. Curiosamente, ellos la integraban al grupo y se encontró con que los hombres se ofrecían a llevar sus cosas.

-Había olvidado que la amabilidad es parte de este equipo - sentenció Tamara - Me alegra ver que hay cosas que no cambian.
-Pero nos van a declarar la guerra, ya verás.
-¿El séquito de Carroll?
-¿Que tienes en contra de él?
-Muchas cosas como abandonarme en plena temporada olímpica y fuiste testigo.. Supongo que eso lo puedo perdonar pero antes debo ganarle.
-Verás que sí.
-¿Qué te parece Carlota?
-Es tu mejor trabajo,  pero comete muchos errores en los saltos.
-No se ha caído en dias.
-Que haya mejorado no significa que no vaya a fallar en la hora importante.
-Tienes razón.
¿Cuándo no?

Pero no tardó Haguenauer en percatarse de una dama que en las gradas lagrimeaba a momentos o no paraba de comerse las uñas al ver a la niña Liukin durante sus ejercicios. Al poco tiempo, la misma mujer se contuvo de acercarse a Tamara pero no vaciló al segundo intento.

-Disculpe ¿Tamara Didier?
-Sí ¿Con quién tengo el gusto?
-Gabriela Alejandriy, mamá de Carlota.
-Un placer. El caballero es Romain Haguenauer.
-Buenas tardes, señora.
-Igualmente.
-¿En qué puedo ayudarle?
-¿Me daría un minuto, Tamara? Necesito conversar con usted.
-Por supuesto.. ¿Nos permites, Romain?
-Desde luego. Adelante.

Pero Gabriela no deseaba conversar en un sitio dónde su hija pudiese observarle por accidente. Tan importante era que después de insistir un poco, Didier accedió.

-Lamento la inconveniencia.
-Yo entiendo.
-No puedo detener a Carlota ni pedirle que deje de lado lo que ha trabajado. Mi hija no sabe que su padre me dijo que ella viene aquí todas las tardes y he preferido que ella lo cuente pero es obvio que me tiene la misma confianza que a una rana. En cuánto supe que usted es su entrenadora me vi en la necesidad de revelarle algo.
-¿Hay algo que su niña omitió decirme?
-Aparte de que no cuenta con mi permiso, no.
-Supongo que se trata entonces de algo que posiblemente ella no sepa.
-Exacto.
-¿Es una condición médica?
-Su salud es perfecta pero si es algo que tiene que ver.
-Fingiré que no me inquieta porque en serio me suena a malas noticias.
-Lo son.

Las dos callaron un momento y continuaron caminando. Tamara sabía que se había alejado bastante y los acantilados eran peligrosos.

-Fue aquí dónde aventaron a mi hija. Las olas forman un remolino cada media hora y esa vez había mal tiempo. Casi la matan .
-¿Cuándo pasó?
-Hace un año.
-¿Usted supo porqué? ¿Descubrió quién fue?
-Me enteré de ambas cosas.
-¿Ha pedido ayuda?
-Ninguna. Sería asesinar a mi pequeña.
-¿Podría ser más concreta? No capto nada.
-Tendré que marcharme pronto. Andreas y Adrien pueden cuidarse solos pero Carlota no... Un amigo de la familia nos hizo exámenes y los repitió cuando mi esposo enfermó. Una compañía en Londres y una sociedad secreta están buscando una sangre muy especial, muy pura; imagino su intención. El problema es que Carlota la tiene y no puedo defenderla si me quedo aquí.
-¿Qué?
-Sólo lo diré una vez: Prométame que va a hacerse cargo de mi hija.
-Espere, yo no tengo idea de lo que me está hablando.

Gabriela propinó una cachetada a Tamara que decidió no defenderse al juzgar que la mujer era más fuerte.

-Soy una amenaza para mi niña y la quiero como no tiene idea pero no puedo protegerla a menos que me aleje. Si descubren quién soy, vendrán por ella. Usted es lo más cercano que tendría a una madre, es alguien que puede vigilar que no se hiera y asegurarse de que en un examen antidoping no le pidan la extracción de una sola gota de plasma. Intenté que ella renunciara a sus cuchillas para evitar riesgos pero su voluntad y hasta su suerte son más grandes que yo así que enséñele a ser una ganadora y recuérdele siempre que ella es la mejor, que la comida chatarra no es buena y que jamás se hará un tatuaje o perforará la lengua.
-Estoy de acuerdo en que usted se encuentra en su derecho de hacer lo que crea conveniente pero..
-Carlota adora los corazones y nunca le dé de comer col, no le gusta. No usa perfume, duerme temprano, saca buenas notas y no le hará enfadar mucho ¿Cuándo son los europeos?
-A finales de enero.
-Vaya preparándola para mi despedida hasta entonces. De mi parte dígale que las ranas no son agresivas y que la amo.
-No se vaya.
-Tengo que arreglar lo de mi asilo en otro lugar.
-¿Porqué mencionó que si la descubren irán por Carlota? No me checa.
-Es una historia larga pero no le pasará factura a mi familia. Si me pregunta, no pensé que Carlota iba a ser lo que unos desconocidos están buscando y tengo en parte la culpa. Se llama karma. Mientras no lo pague ella cualquier cosa que suceda será justa y con eso me doy por bien servida. Ahora jure por su vida que no la abandonará y que ella hará su tarea todos los días.

De la misma forma abrupta que Gabriela había hecho su petición y había relatado todo, Tamara accedió a prometer que procuraría a Carlota. Aún no alcanzaba a entender la situación cuando retornó a la práctica con la señora Liukin que se aproximó a su hija. Esta se quedó helada y bajó la cabeza cuando creyó que sería regañada y a su madre no le faltaría razón.

-¿Desde cuándo lo sabes?
-Desde hace mucho. Tu padre dijo que fue un regalo de Gwendal a quién debo reclamar. Luego te vi en televisión. Estas cosas nunca son un secreto.
-¿Me vas a sacar?
-Contra mis conceptos firmé para que sigas. Eres brillante. No paré de llorar cuando ganaste el Masters y compré mi boleto para las nacionales.. Lo devolví en cuánto te eliminaron pero ya tengo el bono para verte en los europeos; después de todo el torneo será aquí y aún así pude haber ido a cualquier lugar de ser necesario... Lo único que me molesta es que yo esperaba que tú me lo dijeras, pero no tiene caso. Te veré en la cena.

Al otro extremo, Verner jugaba con un aparato que medía la glucosa en la sangre. Se lo habían obsequiado en el hospital cuando lo atendieron por la bala de Trankov y se acercó a Carlota como si nada, en una de sus tantas tretas para salirse con la suya. Harry Shepard esperaba con impaciencia la muestra sanguínea que el chico se comprometió a obtener para no dejar dudas de sus dichos y sin más, llamó a la chica Liukin y le preguntó si le interesaba.

-¿En serio te la dieron en urgencias?
-Si das una vuelta por ahí tendrás el tuyo, los regalan como si fueran dulces.
-¿Y cómo funciona?
-Sólo te pinchas el dedo y colocas una gota de sangre. Te da el resultado en segundos ¿Quieres hacerlo?
-Bueno, ya me dió curiosidad.

Pero Tamara, aprovechando su buen oído se percató.

-¡Aquí nadie se hace pruebas de nada! ¡Entrégame ese aparato Verner y ponte a practicar!
-Pero es inofensivo.
-Es en serio y no creas que te lo voy a devolver... Carlota, voy a comprar unos protectores para las manos, acompáñame.

Haguenauer, ajeno a lo que ocurría, rió inocentemente y también se dispuso a salir pero solo alcanzó a observar como Tamara abrigaba a su alumna y la tomaba de la mano mientras le decía "No me sueltes".