miércoles, 30 de marzo de 2016

La reunión de los Maizuradze


-¿Tú eres el gitano, verdad? - preguntó Viktoriya a Hugo en la recepción del hospital. Tal coincidencia se debía a que ambos habían solicitado copias de sus altas médicas.

-Me llamo Hugo.
-¿Eres el que siempre me manda regalos?
-Es que te admiro mucho y has sido amable.
-Pues ya no.
-Perdona.
-¿Por?
-No sé exactamente por qué.

Viktoriya lo observó unos segundos y notó que alguien lo esperaba ya; un chico rubio muy alto con apariencia de mimo, una camisa estampada con arlequines y un gorro en su cabeza.

-Nos vemos luego - dijo Hugo y daba unos pasos cuando Vika creyó notar que el desconocido tenía un rostro idéntico al de su padre al verlo reflejado en un cristal.

-Espera, Hugo ¿Dónde vas? - preguntó con ligera sospecha.
-Al barrio chino ¿y tú?
-No tengo nada que hacer.
-¿Nos acompañas?
-No estoy segura.
-¿Por qué soy gitano?

Viktoriya miró a Hugo algo apenada y el se encogió de hombros, no sin indicarle que Cumber y Maxim salían también.

-Deberías venir con nosotros, el manouche no tiene mañas.
-¿Manouche?
-Ah, que eres rusa y no entiendes.
-¿De qué hablas Cumber?
-Gitano, manouche, calé, son lo mismo; ¿no conoces al travesti?
-No, ¿quién es?
-En el barrio chino hay ratas gigantes, ten cuidado.
-¿Qué te pasa? Déjame.
-Prepárate para golpear al viejo.

Cumber jalaba del brazo a Viktoriya y por los reclamos de ésta, Anton se apareció con su bata de paciente para defenderla un poco, aprovechando que le habían retirado el soporte de la espalda.

-Me lanzo a puñetazos si molestas a la señorita.
-Te quiebro lo que te queda de costillas.
-¡Éntrale, Cumber!
-Tarado.
-¿A dónde vas con Vikushka?
-Mejor ve a que te den gelatina, mocoso.
-Qué ofendido me siento.
-Nos largamos.
-¡No te lleves a Vika!
-No te metas.
-¡Que la suel...! Anda la cachetada ¿quién está con el manouche?
-¿Sorpresa?
-Ahora me voy con ustedes.
-No puedes salir.
-Entonces me siento junto a Vika en el camino, corre Cumber.

Anton y Cumber sostuvieron a Vika a pesar de negarse ésta a acompañarlos y tomaron el metro hacia el corazón del distrito trece, en donde había una pequeña plaza circular en medio de seis edificios altos. El aun ignoto mimo tomó asiento en un bloque de piedra junto a una banca y se dispuso a cambiar su aspecto por uno de clown con un adorno de picos en el ojo derecho y labios en color vino. Anton se colocó junto a él y su hermana presintiendo que debía estar cerca, se colocó en la banca  al igual que Hugo y Maxim, quedando Cumber de pie.

-¿Has visto a Vàlerie, chamaquillo? - Inició el mismo Cumber, encendiendo un cigarrillo y convidándolo con el clown en el acto.

-Me visitó en la mañana - contestó Anton.
-¿Cómo está?
-De la mismísima sufridora.
-¿No te ha dicho nada?
-Que no quiere ver al abuelito árabe y que con razón salió con cara de talibán en la foto de la escuela.
-¿Y del viejo?
-Nada más que lo odia poquito, de papanatas no lo baja.
-¿Qué dice tu madre?
-No ha matado a papá.
-El divorcio será divertido.
-Va a ser un pleitazo, mi papá es un galán.
-¡Papá es un idiota! - intervino Vika furiosa - ¿Cómo es tan desgraciado?
-Bueno, al androide, al manouche y a mí no nos mintió. A ti te enoja que te haya visto la cara - replicó Cumber.
-Ya se me hacía raro que papá ganara los millones en el ejército y apenas alcanzara para sopa de pan a fin de mes - rió Anton.
-Mantiene a seis ¿qué esperabas?
-Nomás que Judy se decida para ser el padrino de la boda.
-El viejo no aprende.
-¡Cállense todos! ¡Son unos idiotas! ¿Nadie piensa en Válerie? - gritó Viktoriya con el disgusto atravesado en el rostro y exhaló fuertemente -¡Ni siquiera me interesa saber quienes son ustedes, suficiente tenía con Anton!
-¡Suficiente tenía con ninguno pero mi padre me jodió la vida, así que cierra la boca porque soy el mayor! - sentenció Cumber y se originó una calma incómoda en la cual miraron al suelo con poses idénticas. Aquello se rompió cuando el clown comenzó a toser.

-Última vez que fumas - dijo Cumber arrebatando el tabaco. Vika suspiró y preguntó:

-¿Qué edades tienen?
-Diecinueve - mencionó Cumber.
-Quince aquí - señaló Hugo.
-Casi catorce - indicó Anton.
-¿Y Maxim?
-Catorce y no lo dejamos hablar porque sólo sabe ruso y japonés.
-¿Japonés?
-Vive en Japón.
-Su mamá es japonesa.
-Finlandesa pero es modelo.
-Ya veo ¿y ustedes?
-Hugo y yo en París, el insecto se acaba de mudar
-¿El insecto es Anton?
-Me gusta ese apodo, me agradas Cucumberto - añadió el propio Anton.
-¿Qué hay de ti? - retomó Cumber.
-Gimnasta y regresaré a Moscú en noviembre.
-Ah, qué bien.
-¿A qué se dedican?
-El insecto y el androide estudian, a Hugo lo rechazaron del Atlético de Madrid y yo soy cocinero.
-Qué... Bueno.
-Somos perdedores.
-Me quedó claro.
-Cálmate, rumana.
-¿Qué dijiste?
-Ay, eres rusa, perdón; te confundí con una gimnasta talentosa.
-¡Idiota! Quisieras ser como yo.
-Qué envidia siento.
-¿Cómo se atrevió mi padre a concebir semejante imbécil?
-Igual a como concibió a todos estos.
-Te odio.
-Qué lindo.... ¿Válerie? Andábamos en que Válerie anda llorando.
-¿Qué sabes de sus papás?
-Los enterraron.
-No seas payaso.
-El payaso es el travesti del gorro.
-Como sea.
-Ya supimos en el hospital lo que ocurrió.
-A ti te contaron todo.
-Que el viejo crea que puede confiar en mí, significa que ustedes se enteraron y no tienen preguntas.
-¿Para qué me trajiste?
-Una bonita convivencia.
-No me interesa.
-¿Qué clase de hermana eres?
-No soy tu hermana ni la de ellos; de Anton sí porque no tengo opción.
-Entonces no sabrás más.
-Por fin ¿supe todo o no?
-Primero resuélvanle al manouche una duda ¿por qué lo odiamos?
-Fácil: los gitanos son ladrones, impertinentes, inútiles y causan problemas en todas partes.
-Me robaban el almuerzo y me daban palizas en la escuela - añadió Anton - A Vàlerie le tiraron el libro de matemáticas a un charco.
-Aclarado - retomó Cumber - Vamos con lo que pasó.
-¿Por qué mi padre te confió todo a ti?
-Mira Vika, el viejo cree que le sirvo de algo, por eso me entero y ustedes no y se acabó.
-A mí jamás me miente.
-Pero te oculta cosas.
-¿Qué te contó de Vàlerie?
-Supe de la mamá; les digo para que no sean imprudentes.
-¿Es cierto que tenía dieciséis?
-Sí, estaba casada y llevaba tres años en Rusia cuando el estúpido de Vasily comenzó a molestarla. A Samira no le disgustaba y lo esperaba cada día de mercado para venderle té y flores. No lo dicen para que no pensemos mal.
-¿Cómo se enteró papá?
-Ella le contó porque le iba a ayudar en la denuncia.
-¿Le hizo caso a Vasily una vez?
-Lo rechazó cuando supo que tenía novia.
-¿De qué nos sirve esto?
-Por si Válerie pregunta cómo se conocieron sus padres.
-Sabe que fue horrible.
-¿Nos saltamos esa parte?
-Olvídalo, no debemos decir nada.
-La niña nos importa.
-Supongo que sí.
-Sabíamos que el viejo es un imbécil.
-Yo no.
-Es lo que hay.
-La única que sufre es Válerie.
-Te daba igual antes de que el árabe abriera la boca.
-Me preocuparía de todas formas.
-Claro que no, a ti te enoja que el viejo te haya escondido que es mujeriego y no tanto lo de Samira. Ver al manouche, al androide y a mí te tiene furiosa.
-Ustedes tres no existen.
-Qué egoísta.
-¿Qué sucedió entre Samira y papá?
-Si no existo...
-¿Qué pasó?
-Suéltame.
-Entonces cállate.
-Le diremos a Válerie que sus papás se llevaban bien.
-¡Pero escuchó lo de la violación!
-Le inventamos que el árabe exageró.
-¿Eres retrasado?

Mientras Viktoriya y Cumber se enfrascaban más en su discusión, Anton, Maxim y Hugo iban a buscar comida a un carrito ambulante cercano y la vendedora le mencionaba al último que le enviaba sus saludos a Cumber.

-¿La chica es su novia?
-Nuestra hermana.
-Con razón ¿y estos dos?
-Anton y Maxim.
-Se parecen mucho.
-Anton se queja de que los gitanos le quitan su comida; hoy le compro algo.
-¿Qué van a querer?
-Bento para seis con cerdo al vapor, onigiris y takoyaki.
-Te pondré té para Svante, dile que le hará bien.
-Claro.
-Lo vi ayer buscando público afuera de Sacré Coeur, creo que no le fue bien.
-Esta semana será complicada para él
-Que cuide esa garganta.
-Me encargaré ¿Cuánto es?
-14€.
-Gracias.
-No se separen de Svante.
-De siempre.

Anton frunció el ceño y dio la media vuelta al recibir una cajita con inscripciones en japonés, aunque Maxim le advertía que estaba mal escrito.

-¿Quién es Svante? - preguntó Anton después de unos pasos.

Hugo dejó de sonreír y suspiró con un poco de incomodidad.

-Viene con nosotros.
-¿Es un amigo?
-¿Qué piensas?
-Que me va a llevar la cachetada.
-Prefiero que Cumber te lo presente.
-Cucumberto me cae bien, lo meteré en mi casa.
-¿Y a mí?
-A lo mejor te invite sopa, a Max le dije que armaremos legos.

Los tres se atisbaron con simpatía y tomaron su sitio en la banca, repartiendo las cajitas entre los demás. Vika tenía mala cara.

-¿Qué pasa?
-Calla, manouche - contestó Cumber con brusquedad. Svante por su lado consumía otro cigarrillo y fijaba sus ojos en el suelo.

-Vika, te trajimos...
-No me hables, manoche.
-Es manouche.
-Como sea, gitano.
-Gitano no es un insulto.
-No sé malas palabras y ni modo que te diga idiota.
-¿Qué te hice?
-Nacer.
-Eso no es mi culpa.
-Era feliz sin saber de ustedes ni de mi padre y sus estupideces.
-Calmada, niña.
-¡Lo mismo vas a pensar cuando sepas lo que hizo!
-¿Ahora qué salió?
-El viejo le propuso matrimonio a Samira - declaró Cumber, con inmensas ganas de agarrar el cabello de Vika y ponerla en su lugar.

Todos parecían sentir un gran peso, menos Svante que expectoraba de nueva cuenta y cedía su cigarro.

-¡Hijo de...! - se exaltó Hugo - ¿Por qué se le ocurrió semejante cosa?
-Por quedarse con Válerie, pero mejor la registró y reportó a los árabes en migración.
-Es un mentiroso.
-Samira se dio cuenta porque el marido la fue a buscar ¿por qué crees que se quiso matar?
-Cumber, guárdate lo demás. Anton es muy pequeño.
-Maxim ni se enteró.

La decepción de los Maizuradze crecía a la par de su apetito y devoraban el almuerzo como si se les hubiese roto el corazón.

-¿Por qué nos acompaña su amigo? - cuestionó una temerosa Vika que se abstenía del bocado. Si la idea de tener a Hugo cerca le era irritante, contar con otro presunto gitano le provocaba ciertos calambres.

-Lo trajimos y ya - respondió Cumber.
-No es de la familia.
-Ahora si existimos.
-Sabes a qué me refiero.
-Svante es discreto.
-Por favor, no se puede confiar en nadie.
-Es casi una tumba.
-Igualito que tú.
-No te metas con él.
-Por dios, ni siquiera se molesta ¿todo le da igual?
-Svante es muy paciente.
-¡Es un estúpido gitano!
-¡Oye!
-A ti ni te gustan.
-¡Vuelve a ofenderlo y te azoto contra el pavimento!
-¿El señorito no se defiende solo?
-Te estás pasando.
-¿Lo puedo golpear en la cabeza?
-Suéltalo.
-¡Lo aviento y lo arrastro y no se opone!
-¿Estás bien Svante? - se levantó Hugo y ayudó al muchacho que reaccionó ingiriendo takoyaki como si nada ocurriera.

-¡Tú eres la estúpida, Vika! - vociferó Cumber, propinándole un golpe en el rostro - ¡Svante no puede hablar! Eres una idiota ¡Este payaso es tu hermano!

Definitivamente, Viktoriya no había deseado arribar a ese punto. Su miedo era que la certeza se materializara, que el chico con aspecto de arlequín-mimo-travesti-payaso tuviera que ver con ella y tuviera prohibido destruirlo, así él le devolviera la agresión con una indefesión innegablemente inocente y lacerante. Svante carecía de maldad. Por eso, hasta un espíritu insolente como el de Cumber le procuraba respeto y empatía.

-¡Svante nunca pelea y no es gitano!
-¿Qué?
-Estuvo un tiempo en la comuna de Hugo, nada más.
-Lo adopté - aceptó Hugo - La madre de Svante averiguó donde acampaba y lo fue a botar. Él no dice nada desde que lo conocí, de repente escribe notas.
-¿Qué le pasó?
-Lo metieron al circo de chico, creció y lo echaron.
-¿Por qué mi padre no lo arregló?
-No sabe.
-¿Cómo que no?
-La madre nunca se quiso quedar con Svante así que ni le contó a papá.
-¿Cuántos años tiene?
-Diecisiete.
-Como yo.
-¿No tienes diecinueve?
-Le mentí a Gwendal.
-¿De qué mes eres?
-Junio.
-No se esfuercen - intervino Cumber - Viktoriya y Svante nacieron el mismo día.
-Me voy a desmayar.
-Tranquila, Vika.
-Svante ¿qué te pasó? ¿por qué no abres la boca?
-Se quemó las cuerdas vocales en el circo, era tragafuegos - concluyó Hugo y Vika acabó llorando inconsolable.

"¿A esto llegó la irresponsabilidad de mi padre?" pensó la joven arrepentida.

-Svante trabaja en Montmartre, es un buen actor y cuando abandonamos la comuna, nos mudamos a una buhardilla en la Rue Lamarck.
-Mi padre debería enterarse.
-Cumber y yo acordamos que Svante lo busque si lo desea pero todavía no.

Svante miró a Vika y a sus hermanos, abrumándoles a estos el maquillaje y el cuidado aspecto delicado del jovencito, así como sus adecuados modales.

Svante era de cerca y de lejos el más inteligente de los Maizuradze y esa circunstancia lo mantenía aislado, consciente de que Hugo lo necesitaba más y que se encontraría con su padre si se lo topaba en la calle sin rastro de algún personaje o adorno en el rostro.

Él había determinado que así fuera. Un café, un par de cigarrillos y algo de whisky servirían para que Ilya Maizuradze lo confrontara. Svante era un reflejo de su padre pero no le pediría nada porque anhelaba expresarle que con poseer una añeja foto de él, siempre había sido feliz y sentía que estaba con él.

Significado de bentō

viernes, 19 de febrero de 2016

Un día amigable (Capítulo especial semi canon)


-¿Teniente Maizuradze? - abordó un hombre a la salida del hotel Odessa. Ilya Maizuradze lo miró con los ojos propios de alguien que trata de recordar el apellido de un hombre al que no se ha visto por primera vez, pero la gabardina delataba su rango. En la calle casi no se veía gente y la zona de Montparnasse estaba muy sola.

-Escucho, Almirante.

El desconocido apenas esbozó una sonrisa pero su expresión se transformó de sarcástica a inofensiva.

-He traído un mensaje.
-¿El Gobierno Mundial me ha vuelto a poner en la mira?
-Usted es monstruoso.
-Aterrador.
-Para evitar más interacción, hay que ir directo a la cabeza.
-¿Qué noticias ha traído?
-El Almirante Maizuradze ha muerto.
-¿Elijah?
-Me dijeron que no lo había conocido, la marina siempre me informa.
-Él y yo nunca nos llevamos bien
-Intentó cazar a Thorm Magnussen pero usted lo impidió.
-Saben que no fui yo, sino Sergei Trankov.
-Oh, Sergei Trankov.

El almirante levantó las manos como si fueran a arrestarlo y el teniente Maizuradze se rió de la broma. Parecía sentirse cómodo.

-¿Cuándo murió mi hermano?
-Hace unos meses, la Marina no realizó el funeral.
-¿Se tomaron la molestia de avisarme tan tarde?
-Me ofrecí a esta misión porque deseaba darme un paseo.
-Se nota.
-Ah, pero los rusos no fuman.
-Los italianos riegan el vodka en la alcantarilla.
-No recuerdo que usted llevara cigarros.
-Toscano classico.
-Traigo los míos.
-¿Caja cerrada?
-Intento dejarlos.
-Ah.

El teniente Maizuradze comenzó a fumar, convencido de que el almirante lo había incitado a propósito. De todas formas, aquello no pintaba para ser una operación del Gobierno Mundial, al menos no una de advertencia.

-El Gobierno fue notificado por Viktorette Maizuradze, no supimos donde lo enterró.
-¿Están seguros?
-El certificado de defunción estaba firmado por su médico personal.
-¿Qué tenía?
-Efisema pulmonar.
-¿Pasó toda la tarde aprendiendo lo que bien me pudieron haber mandado en una nota?
-Le dije que vine de paseo.
-No sé como podría tomarle en serio.
-Un almirante jamás habla con el ejército rojo.

Ambos miraron a lados opuestos y pronto se dieron cuenta de que los agentes de la gendarmería local y los turistas los reconocían, especialmente al almirante, a quien observaban con apanicada admiración.

-Usted se ha tomado una atribución menor.
-Tengo cosas que arreglar.
-Su Almirante de Flota no estará feliz.
-Pretextaré una visita al Hospital Saint Denis por mi tardanza de volver al cuartel en Florencia.
-¿La Marina cambió su sede?
-Ascenderán al General Bessette, quiero adelantarme.
-Esa es una pésima noticia.
-¿Para quién?
-Para él.
-Supongo que haré más papeleo.

El teniente Maizuradze deseó tener un vaso con whisky en ese instante y acabó con su cigarrillo de una vez para enseguida encender otro y permanecer pensativo un buen tramo de su camino. Apenas concebía que a sus rivales les gustara la idea de colocar al peor de sus elementos en un puesto peligroso, dado que no faltaban los idiotas que amenazaban a la Marina.

-¿Qué posición va a defender? - preguntó preocupado.
-El Báltico.
-Y la base del Mediterráneo es su refuerzo, vaya que lo tienen cubierto.
-Era la posición del Almirante Maizuradze.
-Que era un imbécil.
-Realmente se detestaban.
-Traicionó al ejército ruso.

Ilya Maizuradze intentaba recordar el nombre de su interlocutor y al darse cuenta de que no podría rápidamente, desistió y se propuso evitar al máximo nombrar a otras personas. No obstante, el almirante no fuera capaz de callarse, debido a que no conocía la ciudad y preguntaba a quien se le atravesara por direcciones y por sus subordinados.

-¿No cree que es mejor buscarlos por sí mismo?
-Tengo que partir con ellos.
-De seguro han ido a algún café, es San Valentín.
-En ese caso no envié una tarjeta a alguna mujer.
-Debería mandársela a su esposa.
-No podría visitarlo, teniente.
-Pero le sería más provechoso que ver mi cara.

El almirante se encogió de hombros y sacó una tablilla de chocolate, desprendiendo apenas un pequeño trozo y convidando al teniente Maizuradze, que declinaba amable mientras creía identificar a Tamara Didier al lado de Ricardo Liukin mientras tomaban un helado y ella sostenía un ramo de rosas de lo más feliz, quizás porque su actitud delataba que no era una cita.

-Ascender a Almirante no pasa todos los días - susurró Maizuradze y se limitó a no hacer notar que sus amigos estaban cerca. Desde la cuadra anterior, Sergei Trankov hacía acto de presencia pero no reparaba en nada, salvo en Lubov, a quien tenía consentida con varios regalos. Poco más adelante, Viktoriya le sonreía a Gwendal Mériguet y jugaba hockey con él. Los Liukin y sus amigos habían hecho planes, no valía la pena llamarlos.

-No tengo esposa - señaló el Almirante bruscamente.
-Es una lástima.
-No me agradan los compromisos todavía.
-No es tan joven para continuar así.
-Hace poco tuve un problema con la infantería para contener a los migrantes en Malta, no estuve en casa dos semanas.
-Entiendo ahora.
-Al igual que muchos marinos, tengo sobrinos.
-Creo que debió llamar a alguien hoy.
-¿Usted lo hizo?
-Mi mujer rechazó mi tarjeta.
-Es algo.
-Almirante Borsalino - el teniente Maizuradze se sorprendió por al fin nombrar a su interlocutor - Estamos conversando como si fuésemos amigos.
-¿No lo somos?
-Creo más en ser rivales.
-Siento respeto por usted, empatía, perdone si lo considero amigo. El almirante Maizuradze tenía mi aprecio y lo extendí a usted por ser su hermano, aunque el simple viaje me haya motivado a encontrarlo y traerle las malas noticias.
-En todo caso, he sido el que ha cometido la grosería.
-El agravio no se ha notado.
-Pero existe, Borsalino. Es penoso que no comparta su amistad.

El teniente Maizuradze le dio la mano a su interlocutor como despedida, percatándose de lo cerca que se encontraba de la parada de autobús que lo conduciría al Hospital Saint Denis de desearlo. Aunque no tenía a que ir ni nadie a quien procurar, se preguntaba como seguía Joubert Bessette y si sus padres lo cuidaban sin objeciones, despertándole el deseo de la visita aunque fuera ese día. Tímido, se aproximó a tomar camino, pero pronto, Carlota Liukin descendió de otro autobús en la esquina opuesta. Por su vestido azul y una canasta vacía, ella misma daba a entender que había pasado la mañana con Joubert y que el escenario no era alentador.

-Señorita Liukin.
-Señor Maizuradze.
-Aguarde - cruzando la acera - ¿Cómo está?
-Bien, tenga cuidado.
-Como puede ver, no soy prudente al pasar.
-Ya supe como Anton aprendió a cruzar la calle.
-Póngase un suéter.
-Muero de calor.
-No tarda en helar.
-Falta mucho.
-¿Qué pasó?
-Joubert despertará, le llevé tarjetas y chocolates, nunca se pierde los chocolates.
-¿Tan mal se quedó?
-Diario le cuento como estuvo mi día y le pongo música ¡Hoy movió la mano!
-Qué fantástica noticia ¿va a celebrar?
-No sé dónde ir, Javier y Adrien salieron por pastel y Andreas está con una chica.
-Hace rato vi a su padre con la señorita Didier.
-Es que Tamara tenía una cita y la dejaron plantada, mi papá se ofreció a ir por ella.
-¿Por qué no los acompaña? No se quede sola en San Valentín.
-Tuve una fiesta, estoy cansada.
-¿Quiere que la lleve a casa?
-Llamé a mi mensajero, no se preocupe.

La joven agitó su mano y se disponía a dar el paso cuando Guillaume Cizeron apareció en escena, aunque se notara que no pretendía quedarse.

-Carlota, toma tu abrigo, lo olvidaste en el café.
-Gracias, Guillaume.
-Tengo un par de entradas para el cine ¿vienes?
-Sí, le avisaré a mi papá.
-Bueno, despídete.
-Adiós, señor Maizuradze ¡me saluda a Anton!

El teniente Maizuradze no se atrevió a decir nada, así se preguntara de qué hablaba Guillaume y por qué Carlota se iba con él con facilidad. Por su lado, el Almirante Borsalino movía su cabeza de un lado a otro, seguro de que a su amigo no le molestaría quedarse con él.

-Ojalá me hubiera dicho que conoce a la señorita Liukin.
-Borsalino, créame que no mucho.
-Entre los marinos es muy admirada.
-¿Usted tiene interés?
-Únicamente para regalarle unas flores.
-No vaya más allá o le daré un golpe.
-La joven Carlota es una estrella.
-Más prudente es ignorar su estela.
-Yo tendría una hija como ella.
-¿Empezaron las nostalgias?
-Caminé durante años buscando a una mujer que terminó al lado de un tal Roland Mukhin.
-¿Cómo era ella?
-Tenía el garbo de la señorita Carlota y una voz menos dulce.
-¿Por lo menos la besaste, Borsalino?
-Justo un San Valentín.
-Brindemos por ella.
-Brindemos también por tu hermano.
-Por las mujeres.
-Por los amigos.

El almirante Borsalino y el teniente Maizuradze estuvieron de acuerdo en irse a un bar y dejar pasar el resto del día, contemplando parejas y escuchando baladas cursis en medio del humo de sus cigarrillos. Entre la marina y el ejército rojo existía la tregua, así la fragilidad de la misma se midiera en desertores y traidores de ambos bandos, espionaje, cartas y amistades. Borsalino en especial, quería evitar saber si Elijah Maizuradze había contado algún secreto, al mismo tiempo que recordaba a Micaela Mukhin y la comparaba con Carlota Liukin, naciendo la sospecha de que podía reencontrarse con ambas.




*El almirante Borsalino está inspirado en Kizaru Borsalino, personaje de Eichiro Oda.

miércoles, 3 de febrero de 2016

El dibujo


Antoine Griezmann/Ilustración de @percymad.

-"No puedo perder a éste bebé, por favor ayúdame.
-Pero todo está normal, no te presiones.
-Es que no es la primera vez que me lo dicen, necesito que este embarazo salga bien, es el hermanito de Scott.
-Cálmate, trataré de hacer lo que pueda ¿sabes por qué perdiste a los otros?
-Matt me dijo que las célas... celus.. celulitis...
-¿Células?
-No trabajaban.
-Comprendo, por el momento sólo podemos esperar y si quieres, te veo mañana.
-Por favor, Courtney, no le digas a Matt que estoy embarazada.
-Claro que no, eres una paciente.
-¡Se va a enojar mucho! ¡No quiero que se enoje!
-¿Por qué? Él no tiene nada que ver.
-Es que no entenderías, Courtney, no digas nada, te ruego ... Te lo ruego, si quieres que Matt se quede contigo.
-¿Qué?
-Sólo que no se entere de esto, por favor."

Courtney Diallo pensaba en aquellas palabras durante su almuerzo y veía a Matt Rostov dibujando con una concentración pasmosa. Ella reaccionó cuando oyó un grito.

-"¡Gol del Atlético de Madrid! ¡Antoine Mann hace el tres a cero!" - se escuchaba en la transmisión televisiva y Courtney volvía a sonreír.

-¿Viste, Matt? El Barcelona perderá el campeonato.... Cuando Antoine jugaba en Senegal, no me perdía sus juegos ¡ahora es el mejor del mundo!

Pero Matt no le hacía caso y terminaba su ilustración para iniciar otra. Sobre la mesa del comedor había colocado varios papeles y Courtney los revisaba de vez en vez. De no ser por su creciente personalidad tétrica, Matt Rostov jamás habría distanciado su aspecto de estatua renacentista de la perfección davidesca de Sergei Trankov.

-¿Unos pulmones? - contemplaba azorada - Es un dibujo ezpeluznante - opinó al ver uno de ellos. Matt observó a Courtney brevemente y ésta sintió tal pavor que soltó la hoja.

-Gastas muchos lápices - añadió con voz torpe. Él no se inmutó pero la joven optó por la actitud maternal.

-No comiste tu sopa.
-Comí un sándwich de pollo hace rato.
-Matt, eso fue ayer y no has parado de tomar café - él daba el sorbo - Al menos no tendremos guardia nocturna y podremos dormir... Matt.

Él, absorto en sus colores, no la escuchó más.

Durante la tarde, Courtney Diallo dio consulta en Obstetricia y su diálogo con Bérenice Mukhin le rebotó en la cabeza cada vez más fuerte, como si cada mujer fuera la misma persona y le inquietaran idénticas pérdidas. Terminó tomando un respiro cuando el sol empezó a ocultarse y caminó por Pediatría para sentirse relajada. Algunos niños la reconocían y le preguntaban imprudentes "¿ahora si nos vas a decir por qué eres negra?" a lo que reaccionaba con una simple sonrisa y varios "ve a la cama" mientras constataba que habían pegado sus obras de arte en los cristales y paredes, casi todas dedicadas a Antoine Mann y al Atlético de Madrid, el equipo de moda en Tell no Tales.

-¿Vieron el partido, verdad? Deberían descansar si gritaron por tantos goles.

A medida que atravesaba el pasillo, Courtney mejoraba su ánimo y oía varios "wow" de los cuartos con niños fracturados. Ese día, uno de ellos había celebrado su cumpleaños con "sangre de vampiro" y "pastel de Frankenstein".

-Esto da miedo - expresó Courtney al toparse con las ilustraciones de Matt Rostov decorando el lugar - Al menos sé para quién las hizo - suspiró con el desconcierto ante el realismo de las imágenes. En un rincón mucho más oscuro, el propio Matt continuaba con sus trazos y no ponía atención en nada.

-Matt... - pronunció Courtney de forma inútil y resignada volvió a su lugar, intentando separar su confusión de la neutralidad que estaba obligada a ejercer. La última paciente la notó triste y como era de esperar, le hizo el comentario.

-No he pegado el ojo, es todo.
-Dile a tu novio que estás molesta.
-Ah, estoy bien.
-Querida, se nota que tu relación no va en buena dirección ¿te hizo enojar?
-Me cansé.
-Dile que te trate bien o déjalo.
-He trabajado mucho.
-Si él no es encantador, hora de irse.

Courtney se limitó a dar recomendaciones sobre guardar reposo y prescribir ácido fólico, recordando que a Bérenice no le había dado consejos de ningún tipo y definitivamente no la quería ver en urgencias como al conocerla. Era probable que ese momento molestara más a Courtney de lo previsto y se enredara con su temor constante de perder la atención y el cariño de Matt Rostov sin previo aviso, dado lo inexpresivo que solía ser últimamente. Al finalizar su turno, ni siquiera se esforzó en buscarlo en su dormitorio y mejor fue directo a casa, tratando de enfriar su mente e ignorando a las chicas que se despedían de ella, no sin hacerle burla por "inventarse un novio" puesto que ninguna de ellas conocía a Matt o pensaban que continuaban viendo la silueta de Sergei Trankov cada vez que se involucraba en una operación complicada o su sombra se distinguía en el piso de Traumatología.

En medio de la noche y caminando lentamente, Courtney Diallo pensó que acostumbrarse a la frialdad de Matt Rostov era el mejor remedio para no desilusionarse y que le llevaría una manzana al día siguiente para agradarle. Quizás por eso no esperaba hallarlo en un rincón del puente Saint Michel, sosteniendo un blog y realizando unos trazos finales con un lápiz negro gastado.

-Matt... - llamó ella con timidez.
-Courtney - respondió él simplemente.
-Me sentaré a tu lado.

Matt Rostov volteó hacia ella y continuó con su dibujo, esperando acabarlo de una vez.

-Tuve turno en Obstetricia.
-Atendiste a Bérenice en la mañana ¿qué quería?
-¿Supiste? Creí que andabas en Pediatría.
-Esperé por una operación que me interesara.
-Bérenice pidió su expediente, fue todo.
-Tardó mucho en salir.
-Hizo muchas preguntas.
-Da igual, qué bueno que se fue.
-¿Por?
-Me disgusta que se acerque a ti.
-¿En serio?

Courtney sonrió al ver que Matt también lo hacía.

-Traje varias hojas ¿quieres una?
-Matt ¿qué dices?
-Escribe un poema o haz un avión.
-Un barco.
-¿Por qué te fuiste sin mí?
-¿Cómo llegaste aquí?
-Siempre pasamos, supuse que hablaríamos o me invitarías a cenar.
-Hoy quiero estar sola.
-Igual yo pero estoy contigo.
-¿Usaste el espejo?
-No hay manera de llegar más rápido.
-No sé como lo usas.
-Te diré luego ¿pastel de Frankenstein?
-No tengo hambre.
-Es de vainilla.
-Matt, a veces prefiero verte comer.
-Me distraje con mis cosas, perdón si de repente no me porté amable.
-Descuida, Matt, ni siquiera lo noté.
-Me alegra haber sido el mismo de siempre.
-Así es.
-Te quería obsequiar uno de mis dibujos.
-¿El cerebro o esos pulmones que te quedaron tan... reales?
-Apenas lo terminé, me llevó unos días.
-¡Antoine Mann!
-Es que hablas de él y me iba a poner celoso.
-No te creo, Matt... ¡Es impresionante! ¿De dónde sacaste tanto talento?
-En la escuela me obligaban a dibujar.
-Te lo agradezco.

Matt decidió seguir trazando otras cosas y Courtney se desalentó nuevamente, creyendo que prefería ser ella quien se adaptara a la relación y por un momento, se preguntó como una chica tan vivaz como Bérenice Mukhin había permanecido tantos años junto a ese hombre.

-Si no fueras tan seco, juraría por siempre que Sergei Trankov eras tú - añadió y él soltó sus pertenencias.
-Jamás seré Trankov.
-Lo sé, es que ...
-Ese nombre no significa algo para ti.
-Nunca ha sido mi héroe.
-Bérenice llamaba así a las personas que admiraba.
-¿Qué tiene que ver Bérenice?
-Lo mismo que Trankov, nada.
-Entonces no los mencionemos.
-Confudirme con Trankov me hace enfadar.
-Bérenice me enfurece.
-Es tu paciente.
-Tomó una consulta.
-¿No te pidió su expediente?
-Lo hizo, pero te dije que es preguntona.
-Entonces se acabó.
-¿Qué se acabó?
-La conversación.

Matt Rostov retomó sus ilustraciones y Courtney miró al suelo para no llorar por la discusión, en los brazos aun traía el retrato de Antoine Mann.

-El Atlético juega el domingo, iré a tu casa - anunció él - Me alegra que te haya gustado el regalo.

Courtney se desconcertó por el repentino tono de voz relajado de Matt, pero sirvió para tomar el momento con calma, aceptando que él distaba mucho de un encanto convencional y que era un novio capaz de ser espeluznantemente original.
 

viernes, 22 de enero de 2016

Try: La memoria de Samira (El cuento de Palestina VI)


Beren Saat
Dedicado a las fans de Fatmagul

Aclaración importante: Esta historia es anterior a la transmisión de la telenovela turca ¿Qué culpa tiene Fatmagul? en México. 

Hospital Saint Denis, París:

Cuando Válerie regresó a su habitación, había llorado tanto que se durmió casi de inmediato y Cecilia Maizuradze salió al pasillo para preguntar donde estaba su marido. Cumber le contestó.

-Con Viktoriya y los demás.
-¿Anton también?
-Todos.
-Nos deben una explicación, llévame.
-Por aquí.
-No me toques.
-Perdón.
-Aléjate de mí.
-Concedido.
-Pero luego y dile a tus hermanos que se vayan contigo.
-Como quiera.

Cumber guió a Cecilia hasta la habitación de Hugo, sorprendido de que Viktoriya y Anton accedieran a estar presentes en la reunión, a pesar de que ambos se hallaban cerca de la puerta y evitaban hacer contacto visual con sus hermanos. Abdellatif Nazrallah permanecía afuera y el teniente Maizuradze aguardó a que su mujer tomara a Anton de la mano para cerrar. Cumber era el único que se atrevía a mirar a todos a la cara.

-No empezaré con disculpas, suficiente tenemos con lo que pasó, ¿Dónde está Válerie? - pronunció el teniente Maizuradze.
-En su cama, está más tranquila.
-Gracias, Cecilia.
-No me agradezcas, qué después hablarás con ella.
-Pero hay que ponernos de acuerdo en lo que le vamos a decir.
-¿Para qué? Ya lo sabe.
-Terminará preguntando por su madre.

Cecilia Maizuradze exhaló profundamente y el silencio incómodo se mantuvo un buen rato, quizás porque Viktoriya también lloraba.

-La situación es ésta: Hablar de la madre de Válerie es delicado, oigan la historia y decidamos que hacer - retomaba Maizuradze.
-Pero si ya me adelanté, viejo - intervino Cumber.
-Porque nunca te callas.
-No hay secretos, Válerie es un asunto cerrado.
-¡Cállate, imbécil!

El teniente Maizuradze derribó a Cumber.

-¡Cálmate, papá! - suplicó Viktoriya y Maxim levantó a Cumber.

-¡Parece que nadie entiende que esto es grave!
-Tranquilo, papá.
-Cecilia y yo no deseábamos informar a Válerie, ¡confié en ti, Cumber!
-¡Déjalo papá, por favor!
-La madre de Valerie se convirtió en terrorista, ¿contentos?
-¿Por qué?
-Viktoriya, tú eres quien más debe creerme.
-Bueno pero ¿qué hay de la mamá de Válerie?
-Está muerta.
-Ay no.
-Esa era la razón más fuerte para no abrir la boca.
-El señor Nazrallah dijo que pasó algo horrible.
-La muchacha se inmoló en el metro de Moscú.
-Papá...
-Le arrebaté a Válerie antes de que lo hiciera, por eso había tomado la decisión de guardar el secreto, pero muchas gracias Cumber, deveras, nos hiciste un favor, imbécil.
-Se iba a enterar con el abuelo aquí - protestó Cumber.
-¿Qué derecho tenías de abrir la boca?
-¡Ya basta, papá! ¡De todas formas, Válerie ya supo algo! - dijo Viktoriya.
-Todo fue mi culpa, yo la registré como mi hija, le dije que Anton era su hermano y Cecilia accedió a ser su madre. Está hecho todo.
-¿Quién era Vasily, papá?
-Un violador.
-¡Que cierres la maldita boca, Cumber! - sostuvo Maizuradze y tuvieron que contenerlo para que no se fuera a los golpes.
-¡Eso era!
-¿Quién te crees para hablar?
-¡Tu hijo!
-¡Vasily era tu hermano también!
-¿Es cierto lo que dicen de él? -añadió Viktoriya.
-Válerie no estaría aquí y ésta discusión no tendría lugar.
-Papá...
-También soy responsable por no haberlo detenido.

El teniente Maizuradze se recargó cerca de la ventana.

-¡Maldita sea! - exclamó con rudeza y sacó un cigarrillo, echando el humo por la ventana.

-¿Qué pasó, papá?
-Vika, vas a odiarme.
-¿En serio? Me saliste con que tengo más hermanos y engañaste a mi mamá.
-Casi encubro a un violador, eso es cierto.

El teniente Maizuradze hablaba para Vika, pero los demás sabían que ella era la única persona a la que él jamas le mentiría; una estrategia para obligarse a ser honesto.

-Cecilia lo recuerda bien, fui a una misión a Chechenia, a Anton le faltaban unos meses para nacer.
-¿Y Vasily?
-Lo habían asignado a un campamento cerca de la frontera con Georgia, me iba a reunir con él para planear una incursión en el pueblo de Kalzhkaya* y sacar un mapa que nos permitiría elegir el sitio para instalar una nueva base, los separatistas se habían apoderado de la zona.
-¿La madre de Válerie era separatista?
-Por supuesto que no, había migrado de Belén hacia otro lugar cercano al campamento del ejército.
-¿Desde Belén?
-No me imagino como llegó, los pueblos que rodean Tebulosmta son de díficil paso.
-¿Tebulosmta? ¿Qué es eso?
-Una montaña. La madre de Válerie vivía en Natela* y Natela y Kalzhkaya estaban a veinte minutos de distancia entre sí, el campamento estaba en medio. En Natela la gente era pro-Georgia y en Kalzhkaya pro-separatistas, cualquiera de los dos lugares era un dolor de cabeza.
-¿Qué ocurría con Vasily?
-La mañana que llegué al campamento, Vasily no estaba, me dijeron que era día de mercado en Kalzhkaya y junto con sus compañeros había ido por provisiones, a mi me pareció muy estúpido, los separatistas se escondían allí.
-¿Qué hiciste?
-Decidí recorrer Natela porque Vasily tardaría, iba a aprovechar para darme una idea del mapa completo, fui solo.
-¿Qué pasó?
-Cuando llegué, me topé a muchas chicas angustiadas con unas colegas del ejército. Frente a la clínica del pueblo habían arrojado sangre y carne podrida, la gente rodeaba una casa y escupían a los militares cuando pasaban; a mi me tocó recibir un par de regalos.
-¿Por qué rodeaban la casa?
-Me acerqué a averiguar cuando oí el nombre de Vasily; una chica del ejército salía de allí y pregunté.... "¡Vasily Ilianóvich es un monstruo! " me respondió y entré. Ni siquiera tenía dos horas de reportarme en la zona.
-Papá, ¿estás bien?
-Cuando atravesé la puerta, unos militares, amigos míos, se negaron a saludarme, uno me previno "Ilya, esto es terrible" y seguí hasta donde Abdellatif Nazrallah consolaba a su hija menor. Fue la primera vez que lo vi.
-¿Qué te dijeron?
-Me anuncié y el señor Nazrallah se arrojó hacia mí, lo tuvieron que separar y su mujer me jaló hacia un cuarto muy oscuro. En la cama había una chica llorando y recuerdo que gritó que me fuera cuando conoció mi nombre, que no me quería ver, que ardería en el infierno, que estaba maldito... La señora Nazrallah me tomó de la mano y me enteré de que la chica tenía cinco meses de embarazo, que había sido violada y que el ejército estaba notificado.
-Eso pasa siempre, los de la OTAN lo hicieron en Serbia - comentó Cumber.
-¡Estamos hablando de Válerie, imbécil!
-¡Cálmate, papá! - se interpuso Viktoriya. El teniente Maizuradze encendió otro tabaco.

-Supe que Vasily no se paraba por Natela y el marido de la chica ofreció un poco de dinero a los rebeldes para que lo mataran.
-¿Cómo se llamaba la mamá de Válerie?
-No me atrevo a repetir su nombre.
-Samira Nazrallah y tenía dieciséis, Vasily treinta - siguió Cumber. Viktoriya retomó las lágrimas - A Samira le habían dado menjurjes y pastillas para que abortara, en la clínica intentaron hacerle un legrado pero no le ayudaron con la denuncia y los militares no hicieron nada.
-¡Papá, debiste ayudarla!
-Papá fue a pedirle una explicación a Vasily, Samira lo reconocía porque le había comprado flores varias veces. Ella las vendía en día de mercado.
-¿Por qué Vasily hizo eso?
-Porque lo creyó fácil, fue a Natela y secuestró a la chica, los del pueblo la buscaron y la encontraron enterrada en la nieve.
-¡Por eso papá dijo que le quisieron hacer lo mismo a Válerie!
-Hay algo que nunca le he dicho a los Nazrallah - retomó Maizuradze con voz apagada - Nikita Tukhalyan, el marido de Samira, fue a reclamarme y yo aproveché que los separatistas le daban propaganda para seguirlo. La gente de Natela recurrió a ellos para vengar a Samira y yo les di unas granadas. Le hice creer a Vasily que si se iba por Kalzhkaya estaría seguro; como esquivó lo que le lanzaron, Nikira tomó la granada que sobraba y lo mató.

Cumber bajó la mirada.

-En el campamento interrogué a Vasily días antes y negó todo, le creí, el mando central del ejército lo exoneraba pero los compañeros elaboraban el reporte una y otra vez. Supe que ese crimen era cierto cuando Samira se armó de valor y fue a gritarlo en su cara. Nunca me enfadé tanto.
-Papá...
-Más tarde le ofrecí a los Nazrallah ir a Moscú y a Samira le dije que contaría con mi dinero para mantener al bebé. Se había encariñado con Válerie a pesar de que soportaba que le dieran abortivos en la clínica y la gente del pueblo la presionaba para abandonarla, decía que Allah se la había mandado y quien era ella para negarse a su voluntad. Los Nazrallah no pensaban lo mismo; Samira me pidió cuidar de Válerie, me esperé unos días para inscribirla en una guardería y la registré con mi nombre para que no le hicieran daño, luego vinieron las autoridades de migración y arrestaron a los Nazrallah, no sé quien los delató. Samira me llamó traidor y su marido le ayudó a fugarse de prisión; lo primero que hicieron fue conseguir un arma y secuestraron a Válerie, yo los busqué y supe que los separatistas planeaban un atentado en el metro; una mujer se iba a estallar de forma voluntaria y después de interrogar a varios prisioneros chechenos, di con Samira en la estación Lubyenska, ella llevaba una bomba y a Válerie en brazos; me amenazó con detonarse si intentaba quitársela, Tukhalyan no deseaba que Samira ejecutara el atentado ese día, él pensaba que irían por leche, me quedé atónito.
-¿Qué hiciste, papá?
-Viktoriya, no recuerdo mucho, le aseguré a Samira que si se calmaba y me daba la bomba, yo arreglaría los papeles y se quedaría con su hija... Enseguida puso el dedo en el detonador y yo le quité a Válerie, le ofrecí ir por ayuda, empezó a gritar, Tukhalyan salió del tren cuando ella le exigió que viera si no llegaban los francotiradores y no miré atrás, corrí con la niña cuando noté que Samira estaba decidida ... Samira alcanzó a despedirse, declaró que adoraba a su marido y amaba mucho a Válerie, que por ella perdonaba a Vasily. Me tropecé en la escalera del andén cuando la bomba explotó y me marché, Tukhalyan huyó y terminó yéndose con los Nazrallah a Belén. Los visito antes de cada asignación que me llega del Kremlin, con el tiempo han peleado la custodia de Válerie y quieren que sepa que Samira es su madre.

El teniente Maizuradze arrojó su cigarrillo por la ventana y abandonó el cuarto sin más, dejando a sus hijos sin habla y sin aclarar porque Cumber conocía la historia. Lo único seguro era su sentimiento de culpa y los Maizuradze, conmocionados, se fueron uno a uno, incapaces de mirar el suelo.


*Lugares ficticios.