martes, 27 de enero de 2026

La resaca (La boda de Marine VI)


Tell no Tales. Miércoles, 27 de noviembre de 2002.

Despertar en los brazos de la chica de pecas fue algo placentero para Laurent Ferny. Ella lo llenaba de besos, sus caricias eran intensas y lo hacía reír espontáneamente. Règine jugueteaba y pensaba que ninguna novia que tuviera él iba a ser tan complaciente. Laurent le había confiado los secretos sobre la frialdad de Leonora, la castidad de Marine y antes, el vacío con otras parejas. Ella lo conocía tan bien, que sabía que la buscaría aún estando casado.

-Tengo que trabajar - murmuró ella a las seis y se levantó de la cama, lista para huir al cuarto de servicio y cambiarse de ropa. El mayordomo debía encontrarla limpiando platos o acomodando cubiertos.

-Espera, Régine - dijo él.
-¿Qué pasa?
-Quiero ver tu cuerpo.
-¿Otra vez?
-No estarás cuidando a mi abuela hoy.
-Sí, Laurent, lo que tú digas.
-Hablo en serio. Tómate el día, vamos a Quai de Seychelles o quedémonos aquí encerrados.
-Me van a despedir.
-Te contrato para mi departamento en Crozet.
-Vivirás allí con Marine.
-¿Será un problema?

Règine negó con la cabeza y volvió con Laurent enseguida, consciente de que Steliana Isbaza tendría sospechas de que su nieto se divertía con la "sirvienta". O quizás pensaría que con la fiesta y el estrés que le causaban los pescadores, su nieto había sentido una necesidad de desfogarse.

-Hoy tengo que ir a la cena en Corse con los vecinos de Marine - recordó él.
-Tan libre no estarás entonces.
-Nadie espera que vaya al trabajo y puedo desaparecer hasta las ¿siete? Veamos mi teléfono... El tal Maragaglio ¿Llega mañana?
-¿Te vas a levantar? ¿Y tus planes para los dos? - protestó Règine.
-Perdóname, te traigo flores y el perfume que te gusta cuando vuelva.
-Me debes un collar y los aretes que ví en la joyería de junto, un vestido nuevo, tenemos una escapada pendiente y no me llevarás a Vichy.
-Voy a cubrir todo eso ¿De acuerdo?
-¡Déjame trabajar!

Règine apartó a Laurent y luego de vestirse, se apresuró a estar en la cocina, sin tiempo de disimular que se había levantado apenas. El mayordomo terminó recordándole su obligación de empezar a trabajar primero que nadie y en un momento, acabó llorando frente al espejo del baño para el personal. Sus ojos quedaron rojos y no pudo disimular al llevar el desayuno de té ante Steliana Isbaza en su sala de plantas.

-No seas estúpida - le saludó la mujer al ver su rostro - Puedes aprovecharte de un millonario ¿Pero creer que eres importante?  Mejor comienza a cobrarle a mi nieto. Será deprimente verte marchar de esta casa con las manos vacías, tonta.

Règine no contestó y luego de depositar la tetera y un plato con diminutos emparedados de salmón y de ensalada de maíz, volvió a su atrasada actividad de lavar los platos, así que no vio a Laurent entrar con su abuela ni a su mayordomo llevándole un tazón con avena y fruta.

-Buenos días, abuela, hoy tengo que visitar a Marine desde temprano y ayudar con lo de la cena comunitaria que exigen los pescadores para dejarnos casar.
-¿Qué pasó anoche, Laurent?
-¿Con la fiesta? Todo bien, las hermanas de Marine quedaron encantadas.
-¿Y la novia? 
-Creo que avancé en nuestros planes.
-¿Accedió a firmar algo?
-Sabes que eso depende de su padre.
-¿Qué conseguiste?
-La besé en serio.
-Una novia corsa no permite eso.
-El tal Maragaglio es un problema más grave de lo que pensamos porque Marine le hace más caso a él que a su padre. Me lo confesó ayer en el ataque de vergüenza que le dió. Vamos a tener que convencerlo y lograr que no averigüe nada sobre mí.
-Esas complicaciones no me dan confianza.
-Estoy tan desconfiado como tú ¿Qué me sugieres?
-Hablaré con los superiores de ese jovencito y con el almirante Borsalino. Tú no te vas a despegar de los pescadores y te quiero con la familia de esa mujer sin falta ni distracciones. Harás lo que te digan.
-Empiezo de una vez.
-Primero acaba con tu plato, hace días que no me acompañas en este lugar.
-Lo siento mucho.
-Laurent, sé que llegaste casi de madrugada, apestabas a licor de pera.
-Únicamente tomé vino.
-No soy vieja por idiota. Los corsos te sirvieron de lo que toman ellos, los conozco.
-Marine también bebió.
-Lo diré una vez: No voy a oponerme a tus relaciones con la sirvienta siempre y cuando no salgan de la discreción de este apartamento. Comprendo que eres hombre, que has estado muy ocupado y que necesitas entretenerte, pero ten cautela. No quiero que esa estúpida nos meta en problemas ¡Más te vale cumplirle con los regalos que te pida mientras sea razonable! No quiero chantajes, Laurent. No me obligues a deshacerme de tu novia.
-Règine no es mi novia.
-Tú eres quien la persigue, no al revés.

Laurent pasó saliva y tomó deprisa un vaso con agua antes de darle un beso en la mejilla a su abuela y retirarse. El nuevo plan era llegar "de sorpresa" al barrio Corse y estar en la cocina para impresionar a los Lorraine, así que sólo se detuvo para pasar a ver a Règine y enjugar sus lágrimas. La chica de pecas escuchaba sus disculpas sin saber qué contestar, excepto que no le creía. Él le susurró al oído que lo esperara en la noche y la besó brevemente.

El día comenzó a despuntar muy temprano y pasadas las diez de la mañana, luego de arreglar unos papeles sin importancia en la oficina, Laurent Ferny llegó a la calle Voilier del barrio Corse en el distrito de Lorphelin. Contrario a lo que esperaba, miembros del comité de Miss Corse y Lleyton Eckhart estaban en el edificio Nautonier, ayudando en lo que podían como las decoraciones, las flores, los manteles, los cubiertos y las servilletas. Por supuesto, Laurent había sido inteligente y sus compañeros de trabajo le rodeaban. De acuerdo a algunas tradiciones del vecindario, él no podía estar solo durante los eventos de su boda.

-¡Laurent! Creí que vendría más tarde - le recibía Albert Damon con un apretón de manos.
-Buenos días, señor. He decidido auxiliar en la fiesta y he traído unas manos extras ¿Dónde me necesita?
-La cocina es un desastre, podrían empezar por ahí... Laurent, usted viene conmigo.
-Claro, le acompaño.
-Pasen por favor.

Mientras el grupo se dividía y Laurent se apartaba con su suegro, Marine experimentaba una resaca que la mantenía agotada. Sus hermanas la cuidaban mientras intentaban ocultar su situación y Lou se emocionó al asomarse por la ventana.

-¡Llegó Laurent, se puso a hablar con papá! - anunció.
-¿A esta hora?
-¡Ay, Marine, tu prometido es muy atento! Quizás vino para saber cómo estás.
-Gracias por el suero.
-De nada, hermanita, que se note que soy enfermera. Te voy a quitar el catéter en unos minutos.
-¿Me va a quedar marca?
-Te pondré una bandita y diremos que te golpeaste con la mesita de la sala.
-Ojalá se lo crean.
-¡Vamos a bajar para saludar a Laurent! - intervino otra de las hermanas.
-¡Así me dan tiempo de deshacerme de esta venoclisis! ¡Corran! - exclamó Lou y cuando se quedó sola con Marine, sonrió grandemente.

-Me alegra tanto que te cases, Marine. Es muy difícil encontrar a alguien como Laurent.
-Gracias - respondió su hermana secamente.
-Ayer los ví besarse por fin y pensé que eso era lo que les hacía falta. 
-¿No le has contado a nadie?
-No quiero que te regañen.
-Me escapé de la fiesta.
-¡Debió ser emocionante! 
-Eso no se hace, Lou.

Marine volteó a ver su reflejo y se dió cuenta de que se veía cansada. Su espejo no quiso mentirle con el color de sus ojeras.

-Te voy a retirar la solución, no muevas tu mano.
-Me preocupa que no tengas trabajo.
-Estoy en el centro comunitario.
-Lou ¿Alguna vez te han pagado?
-Necesito quedarme otros seis meses para que me den mi carta de servicio y pueda aplicar para el Hospital General... Va a doler un poco... Ok, ya no hay catéter, aprieta fuerte para que deje de salir la sangre.
-¿Te dieron días libres para ir a Vichy?
-Soy la hermana de Miss Corse Lorphelin ¿Tú qué crees?
-Estarás de guardia en Navidad.
-Pero no me perderé la cena.
-En el banco necesitamos a alguien que asista a nuestro doctor. Piénsalo.

Lou asentó y luego de colocarle una banda alcoholada a su hermana, le presentó su ropa. Marine sintió algo que no pudo describir.

-Playera blanca con rayas magenta, falda short dep mezclilla magenta, sandalias de tacón magenta, prendedor de alcatraz y boina magenta ¡Eres la novia corsa perfecta!
-¿Dónde consiguieron todo esto, Lou?
-Le dijimos a papá que lo encontramos en la tienda de vestidos.
-¿Perdón?
-Es que no queremos que sepa.
-¿Qué cosa?
-Que le pedimos prestada la ropa a las vecinas del frente.
-Lo devolveremos mañana.
-Bueno, el prendedor y los zapatos son tuyos.
-Quería un vestido.
-Pero hoy es nuestra cena con el barrio. Eres la única que no viste de azul.

Marine asentó y comenzó a vestir de prisa, mirándose al espejo otra vez. Su cabello debía recogerse en un chongo que la boina cubriría y su banda como "Miss Corse Lorphelin" también había cambiado sus letras azules por unas magenta.

-Cuando Maragaglio esté aquí, no te va a reconocer.
-Él ha estado enfermo y su esposa también.
-Llega el viernes, pero le dije a Laurent que llega mañana.
-¿Por qué hiciste eso, Lou?
-¡Para que no se pierda la pesca del jueves! Si atrapas un pez ¡El amor verdadero llegará para ustedes!
-¿Crees en esas cosas?
-¿Tú no, Marine?
-Nunca he sido buena pescando.
-¡Papá te ayudará!
-¿Y qué hay de mamá?
-Esto no te lo dije yo pero habló con el tío de Laurent.
-¿El que vive en Sudáfrica?
-¿Tiene otro?
-No.
-Bueno, el punto es que no puede venir a la boda y tu novio lo acaba de saber.
-¿No podrá? ¿Y quién va a ser el padrino en el altar?
-Ahí es donde entro yo porque ¡Sugerí a Maragaglio y él aceptó?
-¿Por qué te metiste en eso, Lou?

Marine parecía enojada.

-¿Hice mal?
-¿Maragaglio de padrino? ¿Por qué no pusiste a nuestro hermano? Damon llegó hace poco.
-Damon no tiene diecisite años, no lo dejarían ser padrino.
-Tengo que hablar con papá.
-¿Te enojaste conmigo?
-Lou, sé que me ayudas mucho, pero Laurent tiene el derecho de escoger a su padrino. Iré allá abajo.
-No te has maquillado.
-Lo haré más tarde.

Marine salió de su habitación sintiéndose más emocionada que nunca, pero también confundida. Si Maragaglio aceptaba su nuevo rol, había una garantía de que pasarían más tiempo juntos, que en las actividades de Vichy y lo que restaba de la boda, se sentarían en lugares consecutivos, él sería el vocero del novio y el encargado de mantenerlo alejado de la novia y sus hermanas hasta la ceremonia y de hecho, iban a tener toda la libertad de hablar sin que nadie pusiera una objeción o una duda ¿Pero si él rechazaba la propuesta al ver todo? ¿Y por qué Lou lo quería a fuerza en todos lados? 

En el jardín, las personas comenzaban a curiosear con los amigos del novio y las famosas "gaviotas" de Corse se aproximaban para intentar conocerlos, así que Albert Damon decidió llevar a Laurent Ferny a la parte posterior del edificio, en dónde también había un jardín, pero mucha menos gente.

-Laurent, disculpe el apartarlo aquí, pero considero necesario hablar con usted.
-Dígame.
-Estoy molesto por lo sucedido anoche con mi hija.

Laurent no logró disimular su sorpresa.

-Seguramente es un malentendido.
-¿Por qué Marine llegó ebria pasada la media noche?
-Ambos bebimos un poco de licor de pera.
-No fue lo que su hermana mayor me contó. 
-Nos divertimos en la fiesta, estuvimos jugando dardos.
-¿Y por qué desapareció con ella?
-¿Desa...? ¿Qué?
-Cuarenta minutos ¿A dónde fueron y qué hicieron?
-Nada, señor Lorraine, conversábamos y se fue un poco el tiempo.
-¿Qué tema tocaron? 
-Eh, la boda y lo de Vichy.
-¿Acordaron algo?
-Sólo rentar tablas de nieve en vez de skies.
-¿Se da cuenta de que su imprudencia podría costarnos sospechas en el barrio? 
-Fue una charla.
-Pero aún importa lo que digan de Marine.

Laurent Ferny no pronunció palabra, pero aquello fue un recordatorio de que debía tener mucho más cuidado y ceñirse al plan con la disciplina que había mantenido. La cabeza fría, siempre.

-¡Marine, buenos días! - exclamó Albert al verla dirigirse hacia él. Ella se acercó con una sonrisa y lo abrazó como si lo hubiera extrañado.

-Ha venido, Laurent, pequeña.
-Buenos días, Laurent  - dijo ella, dándole la mano. Hubo otro silencio incómodo y Albert comprendió que los jóvenes se abstenían de decirse algo más.

-Marine, el señor Ferny me ha dicho que rentarán skies - comentó el hombre.
-Serán tablas, a mí me dan miedo los skies - respondió Marine con la voz tensa y a su padre le sorprendió que los novios concordaran. Laurent se sintió aliviado.

-Eso no quita que estoy disgustado. No los quiero solos otra vez.

Marine pasó saliva y siguió a su padre, haciendo que Laurent caminara detrás. Así, los tres aparecieron en el jardín del frente.

-¡Ahí está la pareja! - señaló alguien y vecinos y amigos aplaudieron al instante. El Comité de Miss Corse había contratado a un fotógrafo y este enseguida fue donde Marine para sacar todas las imágenes que pudiera de ella con su banda magenta. 

-Sin maquillaje, se ve igual de linda - dijo uno de los compañeros de Laurent y este volteó enseguida.

-No hables así de mi prometida.

Ese gesto, que en Corse parecía galante y atractivo, enseguida fue comentado y alabado.

-Tenía la esperanza de que no hubiera sucedido algo comprometedor. Ahora estoy seguro de que no - remató Albert y Laurent optó por beber enseguida un poco de agua para parecer más serio. Las hermanas de su novia comenzaron a sonreír aún más y Lou parecía admirada por la escena.

-"¿Qué está pasando aquí?" - se preguntó Marine así misma, intentando encontrarle sentido a la actitud de Laurent sin relacionarla con el episodio de la noche anterior.

-¡Marine! ¡Al fin te puedo ver! - gritó un chico de cabello rizado, ojos oscuros y opuesto a la belleza canela de las hermanas Lorraine. Su sonrisa era juguetona, vestía con un pantalón rojo y una playera rota, así como sus tenis casi destruidos también en rojo. Ella reaccionó apretándolo mucho.

-¡Damon! ¡Me habría gustado tanto llevarte a la fiesta de ayer! 
-Es una lástima que no le hayan dado permiso - dijo Laurent y el joven se le quedó viendo con desenfado.
-Es mi hermano, Damon, el que estudia en Venecia y tiene una banda de rock con sus amigos - continuó Marine.
-¿Tocará en la fiesta?
-Si el quiere.

Laurent le dió la bienvenida a la boda y enseguida se integró con el chico para desgranar maíz. Marine no sabía cómo tomarlo y sólo contempló cómo nacía una charla que no quiso escuchar.

-Entonces ¿Tú también vienes de Venecia? - inició Laurent.
-Estoy en el liceo, me enseñan pintura y dibujo - siguió el joven Damon.
-Vivir cerca de tu hermano mayor debe ser abrumador.
-¿Hablas de Maragaglio?
-Será mi padrino ahora que Lou lo ha propuesto.
-Maragaglio es genial, tiene la colección de vinilos más grande que conozco y siempre va a verme con mi banda.
 -¿Te apoya mucho?
-A veces me da consejos... Qué bueno que no es cantante o ya habría retirado de los escenarios a papá.
-¿Es tan bueno?
-Ni siquiera me animaría a ser músico, Maragaglio me enseñó a tocar la guitarra.

Laurent sonrió para esconder que no le agradaba que el molesto "hermano" fuera tan admirado y más dudas le surgían respecto a la omisión de los Lorraine ¿Por qué nunca le habían mencionado la existencia de alguien tan importante? ¿Por qué esconder al hermano mayor hasta el último momento? ¿Era una treta o la familia se cuidaba de revelar que uno de los miembros pertenecía a una fuerza de inteligencia? La otra posibilidad era haberse ganado la confianza total o que simplemente Lou le hubiera comentado para saber cómo reaccionaba. Pero Laurent también notó que le irritaba la idea de ver a Marine con él, de saber que los consejos se los pedía a ese todavía extraño y de imaginar que ambos pasarían tiempo juntos, le dolió el cuerpo entero ¿Y si no se agradaban mutuamente? ¿Maragaglio sería capaz de expresar su molestia y afectar la boda?

-Iré a ver qué están haciendo los invitados y volveré para desgranar más mazorcas - dijo con el calor haciéndolo sudar. Damon creyó que su cuñado no se sentía bien y lo llevó a refrescarse lejos de la vista de los vecinos, pero no de sus hermanas y de Albert Damon.

-Laurent, no dude en recostarse si lo requiere - habló el suegro, ofreciendo enseguida un sitio en el sofá cama de la sala. Lou se aproximó enseguida para tomarle la temperatura y contar los latidos de su corazón.

Mientras los Lorraine atendían a un debilitado Laurent, Marine volvió a sentirse mareada y con dolor de cabeza; pero a diferencia de su prometido, ella se encerró en un baño para que nadie le preguntara sobre sus lágrimas. Sentía las excesivas miradas, la obligación de cumplir con todo lo qie le pusieran enfrente y sobretodo, pensaba en Laurent y en Maragaglio, en que se hospedarían juntos, en que charlarían para cumplir con sus roles. Pero también repetía y repetía esos momentos de arrebato con los besos de Laurent, sin definir si eran un recuerdo grato o había rechazado a ese hombre. Los labios suaves, tan seguros de lo que hacían, decididos, de su novio, la hacían temblar apenas. Pero luego su mente recordaba a Maragaglio y toda ella se estremecía.

-Voy a casarme, voy a casarme - se repetía y se recostó en la bañera, consciente de su vestimenta marinera, de su cabello que buscaba soltarse. Su prendedor de alcatraz le lastimaba y se lo quitó, mirándolo un momento. Era un objeto pesado, de oro blanco y ella no sabía si quería seguir luciéndolo. Quería pincharse el dedo como si trabajara con una rueca, pero era innecesario e incómodo. Por media hora, Marine intentó pensar en su anillo de compromiso, en Laurent. Y el rostro masculino se transformaba en el de su antiguo amante. Maragaglio acabó volviéndose el protagonista de los besos del Panorámico.

-Quiero a Laurent, sé que sí - insistía también en pensar y poco a poco, comenzó a calmarse. Cómo no tenía reloj, fue sensato lavar su rostro y salir al encuentro de los invitados, aunque el silencio la alertó y la llevó a buscar a su familia, topándose en su lugar con un Laurent que trataba de sentirse menos tenso.

-¿Dónde están los demás?
-Disimulando en el patio - replicó él.
-¿Y Lou?
-Fue por un suero.
-¿Te sientes mal?
-Fue lo que bebí anoche.
-Te sentirás mejor con el suero.
-¿Cómo te fue de resaca, Marine?
-Mi hermana me ayudó.
-No se nota que tomaste licor de pera.

Marine dejó ver una sonrisa contenida.

-No se verá bien que los dos no estemos en la fiesta, lo pueden malinterpretar - advirtió ella.
-Iré cuando se me pase el dolor de cabeza 
-Te esperaré con mi padre.
-Buena idea.
-Me divertí anoche. Fue lindo todo, Laurent.
-De nada.
-Te daré una manta.
-No es necesario.

Marine abrió el gabinete junto a la pared y escogió una manta esponjosa y suave de color menta. Laurent se limitó a observarla y a aceptar que lo cubriera; pero tenerla cerca volvió a tentarlo. El tocó con sus dedos la boca de esa mujer para luego besarla largamente. Ella no reclamó ni se opuso al inicio, pero pasados unos segundos, su voz salió con el murmullo de "Maragaglio" que desconcertó al hombre.

-Mi hermano no puede vernos hacer esto.
-Claro, Marine.
-Tampoco mis hermanas, intentemos no repetirlo.
-Te ofrezco una disculpa.
-Está bien, Laurent.
-¿No hablaremos en Vichy, verdad?
-Dependerá de tu padrino.
-De acuerdo.
-Iré a la fiesta, no es conveniente que nos vean aquí.
-Te alcanzaré más tarde.

Marine se fue sin voltear, mordiendo su labio inferior por nerviosismo. En cambio, Laurent llevó sus manos al rostro y ahora tenía que arreglar lo que acababa de provocar. Marine no aceptaría su cercanía los siguientes días y eso aumentaría la tensión entre ambos; quizás la suficiente para que concretar la unión no fuera tan difícil. Él no iba a irse sin su noche de bodas, pero comenzaba a preocuparle la posibilidad de que Marine Lorraine le simpatizara en el fondo o comenzara a sentirse atraído por ella.  

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