martes, 22 de septiembre de 2026

La regata del Quai de Seychelles (La boda de Marine XII)

Los botes o regata en Argenteuil (detalle).
Claude Monet, 1874.

Tell no Tales, 1999.

-Hemos tenido grandes dificultades para acceder a todas las tierras del valle. El notario me comunicó hoy que la extensión de Corse le pertenece a un tal Albert Damon y no podemos hacer nada al respecto. Nuestro apoderado intentó convencerlo y se negó a vender. Incluso se resistió a una compra hostil - anunciaba Steliana Isbaza en la comida familiar que cada verano celebraba para volver a dejar claras las jerarquías. Su hijo Nicolás escuchaba atento, pero sus nietos Marian, Zoey, Victor y Sandra jugaban entre sí y reían mientras molestaban a su primo Laurent al otro extremo de la mesa. Este acababa de tener una reunión tensa en el Landstrid Bank y batallaba por no responder su celular para prestar atención a su abuela. Incluso estaba sentado al lado de ella.

-¡Oye Laurent! ¿Nunca te han dicho en el trabajo que hueles a pescado? - gritaba Marian.
-No seas malo con él, mejor aviéntale una migaja de pan, mira.
-¡Qué bueno tiro, Zoey! Además de pescado, ahora olerá a sopa ¿Te imaginas lo que le dirán sus jefes?
-¡Cállate, Marian, qué asco!
-¿Por qué le sigues aventando pan?
-Porque ha de tener hambre ¿No ves que la gente de Corse no come?

Laurent no contestaba y limpiaba las gotas de sopa de su rostro controlando su furia. Desde un rincón, Règine, la sirvienta, le contemplaba apenas para no hacerlo sentir más avergonzado.

-¡Basta! - exclamó Steliana y sus nietos se calmaron al instante. El silencio reinó por varios segundos y la mujer continuó expresando su malestar.

-He meditado durante la noche y he decidido que esas tierras deberán ser de la familia. Si conseguimos el valle Liukin, esa porción también.
-Es una tierra muy pequeña, abuela. Si no te la dan, devalúala. Manda quemarla y enseguida te rogarán por un precio - añadió Victor.
-Eso ya se hizo ¿Crees que Albert Damon va a ceder al siguiente intento? - intervino Laurent.
-¿Qué propones, idiota? - replicó Victor.
-Primero averiguar para qué quiere el terreno. 
-Ni siquiera lo utiliza.
-Lo defiende porque hay algo ahí que nosotros aún no sabemos. Déjenmelo a mí.
-¿Por qué te harías cargo, sardina? - preguntó Marian.
-Porque toda la ciudad sabe que ustedes son unos inútiles. 
-¡A mí no me tratas de inútil en la vida, Laurent Ferny!
-Victor y tú quebraron la división de cárnicos de la corporación, algo que no habría ocurrido si me hubieran llamado. Y con todo respeto, Zoey, pero tú ni siquiera sabes en qué día vives... Abuela, yo tendré la información que necesitas, moveré contactos en el banco y hoy mismo te entregaré la cabeza de Albert Damon en bandeja de plata.

El joven se levantó inmediatamente.

-Pasaré a ver al abuelo. Se quedan en su casa, payasos.

Laurent besó a Steliana en la mejilla y se retiró hacia el pasillo que llevaba a la habitación de un muy anciano Joseph Kerr que portaba un tanque de oxígeno por un cáncer de pulmón que lo obligaba a pasar casi todo el día postrado. Apenas ingresó el joven, la enfermera abandonó el lugar. 

-Abuelo, aquí estoy - saludó Laurent.
-¿Qué tal el banquete de tu abuela?
-Un éxito, como Navidad pero en julio.
-No me queda mucho de vida, Laurent, déjate de sarcasmos.
-Resistirás otro año, sigues fuerte.
-No sé si tienes fe o eres un pobre infeliz.
-Necesito tu consejo.
-¿Qué vas a querer de mí? Te llenaron la cabeza de humo en esas escuelas de Londres.
-Es por Leonora.
-¿La princesa de Inglaterra que dices que es tu novia?
-Realmente lo es, la presenté a mis primos el año pasado.
-Tú un rey y yo un niño de pecho, por supuesto.
-Abuelo, no me podré casar con ella si no consolido mi posición en esta familia primero. Los ingleses quieren que yo sea el presidente de Industrias Isbaza y dueño de algo.
-Eres el propietario de la que era mi parte de la compañía.
-Y te lo agradezco muchísimo, pero no está siendo suficiente.
-Sin un título nobiliario, no veo la forma de que heredes una corona.
-A través de la abuela, le prometí a Leonora la parcela Liukin donde estamos viendo si se puede plantar tabaco.
-¿La parcela Liukin? ¿La propiedad más importante de la familia?
-Si me caso con Leonora, se homologarán su fortuna y la mía.
-¿Le venderás la empresa a esos piratas?
-Leonora me ha propuesto matrimonio.
-¿Has bebido?
-El alcohol no me gusta.
-Repite eso de que te pidió que te casaras con ella.
-Lo hizo frente a sus padres. Mantendremos el compromiso en secreto hasta que se arregle este problema.
-Me cuesta creer lo que me cuentas.
-Mañana vendrá a conversar con la abuela y contigo.

Joseph Kerr miró hacia un espejo y luego hacia Laurent.

-Intentaré hablar con Steliana sobre volverte el apoderado legal de los bienes de Nicolás y sus hijos. Sus derroches no me tienen contento.
-Sería un gran paso.
-El Consejo de Administración no te dejará subir si no intervengo.
-Puedo volverme titular de la división de productos marinos que le dio mi padre a la empresa al casarse con mi madre.
-¿Y darle más motivos a tus primos para decir que hueles a pescado?
-Abuelo...
-No te precipites, Laurent.

El joven asentó y tomó asiento en una silla junto a la cama.

-Steliana está muy frustrada por la porción del valle que está en los acantilados de Corse. Debemos hacer algo rápido para solucionarlo.
-Abuelo, respecto a eso... He empezado a trabajar en lo que la abuela desea.
-¿Cómo?
-Albert Damon tiene sus cuentas en Landstrid Bank. Su esposa y sus hijas tienen fondos también ahí. 
-¿Puedes hacer algo para paralizarlas?
-Algo más interesante: Que sigan activas porque es necesario que no sospeche.
-¿Qué tienes en la mente, Laurent?
-Rastrée la compra venta que llevó a Albert Damon a adquirir el terreno.
-Le dió dinero al maldito viejo Liukin, eso no es nuevo.
-Así no fueron las cosas. Acudí a la notaría de Centre donde se llevó a cabo el procedimiento y gracias a un amigo, descubrí que quien firmó no fue Goran Liukin sino su hijo, Goran Jr.
-¿Una operación ilegal?
-Un regalo.
-¿Nos vieron la cara con algo simple?
-Albert se prestó a una maniobra, eso es seguro. Nunca ha dado un centavo por esa tierra, pero ya hizo un testamento y la beneficiaria es una de sus hijas, Marine Lorraine.
-¿Me estás diciendo que Albert y Goran Jr. evadieron impuestos y se protegen en un esquema de prestanombres?
-Te estoy diciendo que es un regalo legítimo.
-Esos dos evadiendo...

Joseph Kerr comenzó a reírse y Laurent sostuvo su mano para evitar que perdiera la compostura y tuviera una crisis respiratoria. Aquello evitó que saciara su curiosidad y preguntara por qué Steliana y el propio Joseph siempre llamaban por nombre a los Liukin y sus aliados a diferencia de otros socios y enemigos.

Mientras Laurent permanecía con su abuelo, sus primos continuaban con sus juegos en el comedor mientras Steliana inútilmente trataba de contenerlos. Entonces, la conversación giró en torno a su tema favorito: Laurent Ferny y su eterno desdén hacia ellos.

-Ay, Laurent es un idiota - decía Zoey.
-Su última novia lo despreció ¿No te enteraste? - continuó Marian.
-¿Cuál? ¿La hija del banquero o la contadora de los griegos del yate?
-Una tal Lena que es súper modelo.
-¡No! ¿En serio? ¿Qué le hizo pensar a Laurent que puede estar con una de ellas?
-La quiso impresionar con joyas.
-Es un tarado.
-Igual que su padre con la tía Guinevere - dijo Victor y los tres se rieron más fuerte. Pero Marian no dejó escapar la oportunidad de expresar lo que había pensado desde niño.

-Sandra no conoció al viejo Ferny ¿verdad? Parecía un leñador y sudaba todo el tiempo, era asqueroso.
-¡Qué asco! - recordó Zoey.
-Se la pasaba regalándole cosas a la tía Guinevere ¿Se acuerdan de la cara que puso cuando el tipo le entregó el brillante de su familia? Y con la suegra al lado llorando porque le emocionaba.

Los tres no paraban de reír.

-El viejo Ferny era grande y con esa barba que no se quiso quitar nunca. Le heredó a Laurent el olor a pescado.
-No seas cruel, Marian.
-Zoey, tú piensas lo mismo que yo.
-Lo bueno es que Laurent no salió a su padre ¿Te imaginas?
-Lo habrían sacado a patadas del Landstrid Bank.

Règine continuaba en su rincón sin decir nada y miraba al mayordomo e incluso a Nicolás Isbaza reírse a costa de Laurent sin piedad, imitando la voz y gestos del viejo Ferny, un tipo que en vida parecía sacado de un cuento navideño y era un bonachón del que también habían abusado cuánto habían deseado. Pero ella sí tuvo tiempo de pensar un poco: El viejo Ferny había sido fornido, un hombre de trabajo duro que todos los días iba a la planta de conservas marinas de Corse para vigilar la producción. Mientras que la señora Guinevere había sido el vivo retrato de Steliana, pero con un carácter inestable, que siempre contemplaba la puerta del apartamento y las ventanas como si esperara a alguien. Guinevere había adorado a Laurent con locura y sufrido su ausencia por motivos escolares, al punto de morir con el corazón roto. Y el viejo Ferny la siguió al poco tiempo. Pero eso no borraba algo esencial: Laurent era el chico más lindo que Règine había visto y el único que no la trataba con las dobles intenciones de quienes adivinaban o se enteraban de que ella provenía de la campiña. Ese mismo Laurent que era delgado, atlético, de piel dorada y ojos miel, a diferencia de sus padres.

-¿Han terminado? Requiero soluciones a nuestros gestiones ¡No podemos seguir dependiendo de los amigos y los cargos de Nicolás! - refunfuñó Steliana, pero aquellos continuaron con su escarnio y burlas.

El bullicio pronto se escuchó hasta el lecho de Joseph Kerr y Laurent cerró la puerta sin evitar distinguir como Marian se llenaba la boca de comida y cuchicheaban algo sobre cómo sus tíos acostumbraban discutir por la repulsión que Guinevere sentía hacia Ferny.

-Tus primos hacen ruido y al ruido no se le atiende, se le elimina - dijo Kerr.
-Lo sé, abuelo.
-Pero aún no lo aprendes.
-¿Cómo lo hago?
-Aplícalo en tu plan: No lo compartas, ejecútalo.
-Mi única idea es ensuciar la cesión del valle.
-Mejor aprovecha la ley de forma más sutil.
-Puedo probar fácilmente lo que hicieron los Liukin con Albert Damon.
-El papeleo y otras cosas pueden darte una imagen de buitre, Laurent. Házlo más limpio.
-Escucho.
-¿Quién dijiste que heredará el valle?
-Marine Lorraine.
-¿Te has tomado la molestia de conocerla?
-No.
-Ese es un error que te va a costar. Lo mejor es ganarte el favor ¿Es fea? ¿Se casó? ¿Es una gaviota?
-¿Gaviota?
-Así se le llama a las cazafortunas de Corse. Esas jovencitas se saben muy bonitas, pero los millonarios conocemos sus intenciones, así que son diversión de un momento. Si esa mujer es una gaviota, será más fácil que nos dé sus tierras.
-¿Y si no lo es?
-Averigua todo: si trabaja, si estudia, si tiene amante o hay hijos. Si es soltera, la mujer es virgen.
-¿Por qué importaría eso?
-Los pescadores venden muy bien la virginidad si es el rico o el profesional el que se acerca a sus hijas. Si fuera el caso, verías que Albert Damon te haría énfasis en una pañoleta roja que se usa mucho en ese agujero.
-Es curioso pero justo hoy se cerró un trato con el astillero más grande de Corse.
-¿Qué tipo?
-Conseguí ser su corredor de bolsa. El astillero tiene un fondo de inversiones y yo voy a manejarlo desde mi oficina en Crozet. Sólo me han pedido visitar el astillero unas cuantas veces por semana. Me dijeron algo que no me quito de la cabeza.
-¿Qué es?
-Que se nota que soy uno de ellos. Me pareció ofensivo pero siempre me has aconsejado adaptarme al cliente y yo dije que sí. Cuando supieron mi apellido enseguida me dieron la cuenta.
-¿Mencionaste que eres un Ferny?
-Mi padre era dueño de la planta de conservas.
-Te arriesgaste demasiado.
-Ellos sabían que mi padre la había vendido al casarse.
-¿Con una Isbaza?
-Nunca he entendido porque no me dejan usar el apellido de mi madre. De todas formas me preguntaron si era cierto que mi madre era una Isbaza y dije que no.
-Isbaza no es un buen nombre fuera de Poitiers y Crozet. Debes ocultar de quién eres nieto a toda costa y hacerte de un nombre respetable. Relaciónate con alguien de ahí. Ese Albert Damon es un "músico famoso", te dará crédito en el barrio. Investiga a la tal Marine y enrédala.
-¿Qué dices?
-Si está casada, haz tratos manipulándola como te he enseñado a hacerlo. Que ella y su familia arriesguen sus bienes. Pero sé preciso, sé sutil.
-Le dije a la abuela que esta misma tarde le entregaría a Albert Damon.
-Entonces ve detrás de su hija. Ponte a trabajar.

Laurent asentó y apretó la mano de su abuelo.

-Antes de que te vayas Laurent quiero tratar otro asunto contigo, algo de hombres.
-Dime.

El anciano bajó la voz.

-¿Qué relación tienes con Règine?
-¿Quién es?
-La sirvienta, la joven. Te he enseñado a conocer los nombres de cada persona que te rodea.
-Lo siento, no suelo pasar tiempo con el personal.
-He visto como la miras y la sigues con los ojos cada que llegas de la oficina.
-No hablamos mucho.
-No soy ingenuo ¿Vas a la cocina a las diez sólo a tomar agua y decir "buenas noches"?
-Yo no hablo con la gente de servicio, me han dicho que eso no se hace porque no es conveniente.
-Por favor, Laurent. "Conveniente" significa muchas cosas. No has traspasado la línea porque Règine no es como las novias que te he conocido.
-Es linda, pero yo sólo le pregunto por su día, le cuento algo de lo que hago mientras tomo agua y ya.
-"Conveniente" es un término muy amplio. Te gusta, tómala ¿No quieres problemas? Consigue su silencio. Esas piernas y esos pechos no se dan en los árboles. Y esa boca que tiene. Todo listo para que tú lo disfrutes.
-No podría hacerle eso a Règine.
-Sería de lo más natural, es tu novia.
-Además, está Leonora.
-¿A cuál de las dos engañas, Laurent?
-Règine es...
-Ya sabemos que Leonora no es la oficial.
-Es con la que me casaré.
-Pero no con la que puedes ser amante. 

Laurent rió nervioso porque no comprendía del todo lo que Joseph Kerr intentaba darle a entender. La sirvienta era sólo eso, aunque de vez en cuando compartieran un vaso de agua y el saludo. 

-¿Qué vas a hacer ahora?
-Iré a la oficina, abuelo.
-¿Qué vas a buscar? 
-La información de Marine Lorraine. No puedo retrasarme.
-Sé prudente ¿A quién le pedirás que te ayude? 
-Al banco.

Laurent sonrió y estrechó la mano de su abuelo con más cariño, aunque le afectaba todo lo que se había conversado. Al regresar al comedor, pidió un vaso de agua mineral y se quedó pensativo.

-Esta familia es imposible ¿Cuándo van a comportarse? ¡No entienden la gravedad de nada! - gritaba Steliana, pero el ruido continuaba y entonces, Laurent susurró:

-Regreso al trabajo, en la noche te reportaré algo que sea útil.

Entonces, el hombre besó de nuevo a su abuela en la mejilla y se dirigía a la salida cuando Marian decidió decirle algo hiriente una vez más:

-¡Hasta acá se siente tu hedor! ¡Deja de bañarte en pescado y en vinagre!

Por alguna razón, Laurent vio fugazmente a Règine y a su abuela y supo que no podía evadir esas palabras por una vez. Entonces volvió velozmente sobre sus pasos, levantó a su primo con fuerza y luego lo sujetó por la camisa contra la pared.

-Debes tener más cuidado con el tipo que lava tu dinero y paga muchas compensaciones a tu nombre, Marian. Esta familia no va a seguir perdiendo capital sólo porque no se te para con una mujer de tu edad. Si tu hermanita Sandra es inteligente, ya sabe que enfrente de ti o sola, no puede estar.
-Sabes que la cuido de eso, Laurent - intervino una Zoey Isbaza que de golpe, se ponía seria. Victor se puso pálido.

-La última vez, nos costaste un apartamento y las colegiaturas de una niña de Blanchard, Marian - añadió Laurent en un susurro que sólo oyó su primo y luego volvió a alzar el tono - Si tocas a otra pequeña, te vas olvidando de mi respaldo en el banco. Yo tengo y administro tus cuentas. Mi seguro de vida es cada archivo que dejan tus porquerías ¿Qué harás si me apodero de tus millones? Hay mucho trabajo en la planta de Corse y muchos hombres fuertes y adultos con sus esposas adultas que no te dejarán ir a ningún lado porque te conocen bien - Laurent tomó un ostión y lo restregó en el rostro de Marian - Acostúmbrate a apestar a esto.

El joven soltó a su primo y enseguida fue a lavarse las manos. Zoey Isbaza retiró a Sandra de la mesa y Steliana observó a Marian con asco antes de ordenarle retomar su lugar.

Laurent se sentía abrumado, yendo al estudio a hacer llamadas y abrir una gran ventana para respirar. Poco después, Règine apareció con una bandeja y un vaso.

-Gracias, pero he bebido demasiada agua hoy.
-La dejaré aquí.
-¿Podrías prepararme una camisa nueva, por favor? Tengo manchas y voy a trabajar.
-¿También un pantalón? 
-No.
-Cuando tenga la camisa, la pondré en su habitación.
-Mejor tráela porque no me da tiempo.
-Enseguida.

Laurent, aunque tratando de resistirse, apenas sonrió a Règine y la observó yendo por una puerta hacia otra estancia. Esa distracción fugaz le preocupó.

-Habla Ferny... Necesito unos datos en la oficina voy para allá... Es urgente... De Albert Damon... ¿Fue ayer a la sucursal de Corse? ¿Qué quería?... ¿Va a meterse a invertir?... No me conviene hablarle... Es... Nada... Es una de sus hijas... Quiero acercarme pero se podría malinterpretar... Marine Lorraine... ¿Es sorda? No me había dado cuenta... Es que... Sí, por eso no lo sabía. Marine es linda... No quiero proponerle un negocio a Albert Damon... ¿Justo hoy? ¿Dónde?... ¿La regata del Quai de Seychelles? ¿Cómo sabes?... ¿En el periódico? Es que nunca leo los espectáculos... Concierto a las... Tengo que irme ya... Gracias, si averiguas algo más, enseguida dime, adiós.

Laurent colgó el auricular y enseguida supo que debía cambiar su atuendo por completo.

-No conoces a Marine - dijo una voz femenina.
-Es por un negocio. A veces se dicen esas cosas para que la información llegue sola - contestó él.
-¿Es por el valle, verdad?
-No puedo discutirlo contigo. 
-Soy de la campiña, Laurent.

El joven Ferny volteó y descubrió a la sirvienta colocando su camisa perfectamente doblada sobre el escritorio. 

-Voy a necesitar ropa distinta, mis planes cambiaron.
-Dime, Laurent.
-Me pondré un polo, calzado deportivo, pantalón casual... No gris, azul oscuro.
-Enseguida.
-No me es posible cambiarme aquí.
-Le diré al mayordomo.
-No es necesario.
-Lo hago ya ¿Sales por la puerta del servicio, Laurent?

Él se tensó y pensó en el consejo de su abuelo. Miró los labios femeninos, la parte que más le gustaba de esa mujer y esta vez, ella se percató.

-Tienes prisa - señaló la chica.
-¿Podemos encontrarnos cuando regrese?
-¿Qué? ¿Vernos? ¿Fuera de aquí?

A Règine se le iluminó la cara.

-¡No! Fuera de aquí no, me mata la abuela.
-¿Dónde, Laurent?
-¿Hay algún rincón en esta casa en donde no vaya nadie?
-¿Ninguno de ustedes?... El cuarto de servicio.

Laurent continuó mirando a Règine y se le acercó torpemente. Ella no lo rechazó y él la besó. La joven no se había sorprendido de ese gesto, sino de que finalmente ocurriera.

-Me encantas - susurró él.
-Lo sé, Laurent.
-Quiero verte esta noche.
-No vas a salir conmigo, no voy a aceptarte.
-Podrían vernos.
-Nadie sabe que trabajo aquí.
-Mujer, no es por eso.
-Yo no hago cosas a escondidas, Laurent.
 
Règine bajó la cabeza y salió del estudio a preparar la ropa de Laurent con lágrimas de furia. Él, que había sido educado y considerado, era como cualquier Isbaza a final de cuentas, así la retuviera un poco.

-¡Déjame trabajar, Laurent!
-Discúlpame, no pensé que te molestaría.
-Aprendiste muy bien de tu familia.
-Sabes que no debo estar en público con alguien como tú.
-¿Por que trabajo para tu abuela?
-Porque tengo un negocio entre manos.
-¿Por eso preguntaste por Marine Lorraine? ¿Qué vas a hacer?
-Tengo obligaciones.
-¿Qué planes tienes?
-Debo recuperar el valle.
-¿Qué tiene que ver Marine con eso? ¡El propietario es su padre!
-¡Ella es la heredera!

Règine detuvo su llanto y sus ojos se dirigieron al piso.

-El problema es que no tengo qué ofrecerte ¿Verdad?
-Mujer...
-Tus novias tienen joyas bonitas, son famosas y te dan algo a cambio. Yo sólo trabajo aquí.

La chica apartó a Laurent y fue por su ropa, no son reprocharse por haber aceptado el beso del cretino. 

-Aquí está lo que necesitas - dijo ella luego de unos minutos.
-¿Corbata naranja? ¿Desde cuando tengo esto? Pedí otras cosas.
-Vas a un festival de Quai de Seychelles, necesitas algo de ese color.
-Es una regata.
-No sabes a dónde vas, Laurent.
-¿Y tú sí?
-Mis padres venden flores en ese barrio.
-¿No habías dicho que eras de la campiña?
-Mi gente baja a la ciudad a vender las flores, así que conozco Tell no Tales mejor que tú. En Seychelles están de fiesta y el naranja es el color del vecindario. Ponte la corbata, Laurent.

Él sintió como si lo hubieran regañado, pero en vez de sentirse extraño o quedarse pensativo, vio cómo Règine era quién le desabotonaba y colocaba las nuevas prendas, sin entender por qué.

-Siempre te delatas solo - siguió ella.
-¿A qué te refieres?
-He visto tu pantalón.

Ella terminó de arreglarlo e incluso de peinarlo. Laurent se sentía fuera de lugar.

-Tienes que conseguir más camisas de manga hasta el codo y acostumbrarte a tener el cabello levantado del frente.

-¿Por qué haces esto, mujer?
-Todo saldrá bien, te veré en la noche.
-No te entiendo.
-Siempre te vistes solo y hoy yo me hice cargo. Deja de buscarme si no puedes aceptarme.
-¿Buscarte?
-Yo no soy la que encuentra la manera de estar en la cocina mientras lavo platos.

Règine dio la media vuelta y regresó a sus labores en el comedor, mientras Laurent se llevó las manos al rostro y luego bebió el agua de su vaso casi olvidado para salir hacia el objetivo que había dispuesto. Debido a la corbata, se abstuvo de ser visto por el resto de la familia.

Ese día Tell no Tales tenía un sol esplendoroso y un lindo reflejo del agua del mar que podía disfrutarse desde cualquier punto. Las colinas del barrio Poitiers permitían contemplar a los vencindarios del sur y el Quai de Seychelles se distinguía por sus palmeras, sus playas de agua turquesa, sus tejados naranjas y sobretodo, una zona de muelles donde atracarían veleros de todo tipo de personas. La regata había iniciado el mediodía anterior en las playas de Jamal y la llegada de la primera embarcación se esperaba para las seis de la tarde. Entonces Laurent comprendió que estaba por entrar a un mundo que no le era tan desconocido, pero lo había olvidado un tanto. A la gente de Corse le encantaba construir barcos y pescar; a la de Quai de Seychelles, navegar. Y la gente de Corse había bajado desde el norte a verificar el desempeño de sus creaciones.

Albert Damon llevaba unos años retirado de la escena musical para dedicarse a su familia y algún negocio y su regreso al canto tampoco era sorpresivo en el país. Ese concierto en la regata era su primera presentación para la nueva gira y Laurent Ferny se enteraba de eso luego de encender la radio de su coche. Damon charlaba en una entrevista en vivo sobre retomar su vida en Corse, cuánto habían crecido sus hijas, su hijo que había decidido quedarse en Italia al lado de un tutor y su departamento familiar decorado con muchísimos recuerdos de ese país. Así, Laurent Ferny se enteró de que los Lorraine habían pasado cuatro años entre Venecia y Milán y ahora retomaban sus labores y sus vidas en Tell no Tales. Albert hablaba de sus primeras presentaciones en la ciudad y de ese viejo hit que había tenido con "It never rains" en 1972. Anécdotas de sus veranos de juventud y de algunos premios también estaban presentes en esa charla. Para Laurent, no era más que el recuento de la vida de un tipo sin una gran fama, sin fortuna y sobretodo, aferrado a una gloria que nunca sería. Pero era necesario escucharlo. Albert Damon parecía un tipo acostumbrado a la sencillez de la vida familiar, a tocar su guitarra en todos lados y tener muchos amigos. 

-¿En qué me estoy metiendo? - se preguntó el joven al tomar la avenida Frontières, que conectaba toda la ciudad. Cómo el lector recordará, los tellnotelianos viven para caminar, así que Laurent reparó que debía detenerse en el límite del barrio ruso con Seychelles y bajar a pie hasta una sección que dividía la playa de una especie de plataforma de arena delimitada por una barrera de roca en donde estaba toda la gente. El tráfico aún así, era pesado, pero lo ocasionaba la multitud, así que conducir despacio mientras se solucionaba el problema era prudente. Además, una llamada obligaba a parar.

-Soy Ferny ¿Tienes algo más?... Sí, Marine... Bueno, es que Albert Damon es un cliente y de verdad no quiero que crea que me acerco con intenciones que no son... ¿Marine también trabaja para Landstrid? ¿Es ejecutiva de sucursal? Corse supongo... ¿Crees que me conozca? Por lo de la cuenta del astillero... Ella no va a esas cosas ¿Cómo sabes?... ¿El señor Damon cuida mucho a sus hijas? Tal vez no las trajo a la regata... ¿Lo hizo? ¿Estás seguro?... Ah, salió en sociales... Sólo quiero hablarle a su hija, ella es bonita... Gracias por desearme suerte... Mientras no me echen a palos... Espera, vengo en coche pero no puedo entrar en Seychelles... Estoy en calle Soleznyakov... ¿Tenemos un estacionamiento ahí?... Bien, Edificio Zlobina, ya lo vi ¿Qué tengo qué hacer?... Con mi identificación del banco, perfecto... ¿Los jefes vienen a Seychelles?... ¿Cuántas pensiones alimenticias se pagan acá?... Gracias amigo, te veré en la oficina pronto... Ojalá pueda acercarme a Marine... ¿Qué te presente a quién?... ¿Para qué quieres a la sirvienta de mi apartamento?... No, ni la noto, ya sabes que yo paso del personal... ¿Qué tiene que sea del campo?... No te vas a acostar con mi sirvienta... ¡Porque no voy a tener problemas! Te presento a cualquier otra mujer, pero a ella no.

Laurent terminó la comunicación y condujo con lentitud hacia una calle cercana, en donde los edificios comenzaban a contrastar fuertemente. El barrio ruso era precioso, pero monocromático y sin medias tintas: negro, gris o blanco en comparación con el naranja de ventanas y tejados de la calle al frente. El Edificio Zlobina era uno de los estacionamientos de los grandes jefes del Landstrid Bank en la ciudad y Laurent pronto se percató de que ya era uno de ellos, pero por su nueva misión, tenía que descubrir si lo escondía o no.

-¿Viene a la regata? - le preguntó el empleado.
-Sí, me invitaron a ver cómo llegan los botes.
-La gente de Corse viene a ver si gana uno de sus astilleros.
-Seguramente.
-Otros vienen a ver a Albert Damon ahora que regresó con sus hijas.
-Algo oí en el radio.
-Señor Ferny ¿Es cierto que usted ahora es el corredor del astillero principal?
-Es muy reciente.
-Mi familia tiene unos ahorros, nos gustaría invertir allí.
-Vaya a mi oficina el lunes, estoy en Crozet. Le daré mi tarjeta y veremos cómo hacer crecer lo que tiene. 
-Se lo agradezco, es que quiero pagarle la universidad a mis hijas; que no sean gaviotas.
-¿Son de Corse? 
-Es bueno que usted tome las riendas, es uno de nosotros.
-Mi padre era el de Corse.
-El viejo Ferny era un hombre de fiar. Todo el barrio está con usted, señor.

El empleado le dio la mano a Laurent y este correspondió con una sonrisa cálida, pero sintiéndose desencajado y un tanto molesto por dentro. Si no le gustaba ser comparado, mucho menos le parecía grato que le mencionaran al viejo Ferny.

El show de Albert Damon estaba programado para las cuatro y media y Laurent salió del edificio Zlobina hacia el sur. En Seychelles, las banquetas estaban llenas de escalones y rampas y Laurent pensaba que estaba a punto de caer cada vez que llegaba a una esquina. También había más gente y notó que las familias, casi sin excepción, vestían algún detalle naranja y las niñas llevaban vestidos o conjuntos de singular tono encendido. La brisa de Tell no Tales aparecía, empapando todo poco a poco y eso, para cualquier habitante era una bendición, excepto para la gente de Poitiers o del distrito financiero de Crozet. Laurent se preguntaba si tantas molestias eran justificadas.

Los carteles de la calle anunciaban la "Gran Regata del Quai de Seychelles 1999" y se prometían actividades recreativas, comida familiar, exhibición de ski acúatico y el dichoso concierto que, curiosamente, tenía a la gente maravillada y expectante. La gente hablaba del cantante como "el ídolo de la ciudad" y ciertamente, era el músico más conocido que le había dado Tell no Tales al mundo. Pero bueno, eso había sido casi treinta años atrás, pero esa canción de "It never rains" era muy tarareada en el trayecto a pie. Laurent entendió de golpe que no estaba tratando con un tipo popular, sino con alguien importante para mucha gente aunque no pasara de ser un tipo normal el resto del tiempo. Si la importancia que le daba Seychelles a Albert era similar o superior o Corse, entonces no podía llegar afable, sino en otro papel ¿Cuál iba a ser el adecuado? ¿Humilde acaso? ¿Tímido? ¿Él mismo? Había que adaptarse ya ¿Qué hacían los pescadores y carpinteros de Corse cuando conocían a alguien? Y recordó. En el astillero le habían dicho que mantenían la costumbre de saludar a la distancia, agitando la mano, a la mujer que les parecía bonita. Si ella no volteaba a otro lado o se apartaba, tal vez existía interés. Entonces agradeció haber reparado en ese detalle.

El escenario donde cantaría Albert Damon era austero y simple, con un fondo negro, un par de reflectores y algunas luces, pero poco a poco, comenzó a verse la actividad. A lo lejos, Laurent distinguió al cantante y su familia cerca de la tarima, conviviendo como todos. Las chicas estaban vestidas de blanco con falda azul oscuro como cualquier chica de Corse y una llamativa pañoleta roja adornaba los cuellos de cuatro de las siete hermanas Lorraine. Ellas parecían contentas, excepto por una chica de piel canela y cabello café que luego de sonreír se sumergía en una especie de seriedad que la hacía aislarse un poco. Debido a la insistencia en tocar sus oídos y cubrirlos con su cabello, Laurent supo que era Marine.

La gente poco a poco iba acercándose al sitio del concierto y la brisa se volvió más fuerte, ocasionando que él joven Ferny se viera completamente mojado de pies a cabeza. La sensación era desagradable para él, pero a su alrededor todos levantaban la cara y disfrutaban ese momento de frescura en medio de un verano tan caluroso. Al pisar la arena, él tuvo que renunciar a su calzado y conseguir una bolsa de tela para protegerlos y encima, adquirir lentes de sol porque no estaba acostumbrado a estar en un sitio tan luminoso. Le preocupaba que le confundieran con un turista, pero pronto, algunos carpinteros del astillero lo reconocieron por el agua que le pedía a un chico en un stand.

-¡Señor Ferny! ¡Bienvenido! ¿Vino a ver nuestros barcos? Ganará uno de Corse, por supuesto - decía uno.
-¡Les dije que es de los nuestros! - comentó otro.
-¡De seguro tomará un trago fuerte para resistir! ¿Quiere licor de frutas? ¡Acá le echamos agua mineral!

Laurent no entendía que ocurría y pronto, otro vaso rebosante de un líquido rojo oscuro, con hojas de menta y varias frutas llegó a su mano. Consciente de que era peligroso no seguir la corriente, dio un gran sorbo antes de apartar la bebida discretamente y acabar con su agua  para quitarse el sabor, entre amargo y dulce. Pero alguien lo notó.

La familia Lorraine no era ajena a las noticias de su barrio y como todos, comentaban los nuevos movimientos financieros del astillero principal. Desde muy temprano esa mañana, el nombre de Laurent Ferny comenzó a circular como si fuera una bendición y algunas personas abandonaban las preocupaciones por sus humildes acciones. Pero Albert Damon no tenía nada de eso, ni sus hijas y sólo le había preguntado a Marine si conocía a tan singular personaje. Contrario a lo esperado, ella lo había visto una vez, a lo lejos, cuando había llevado un informe sobre las nuevas aperturas de líneas de crédito de los clientes individuales en Corse, así que no había hablado con él y en ese momento, ni siquiera había sabido quien era. Así que verlo aproximarse poco a poco y de forma un tanto involuntaria, la hizo prestar atención. Su padre también se preparaba para saludarlo, pero Laurent, más demostrativo, se detuvo apenas a escasos metros, miró fijamente a las hermanas Lorraine y cuando seis de ellas se alinearon como toda chica marinera para saber a cuál iba a saludar, él sonrió y su cabeza giró hacia Albert Damon, quien en lugar de mirarlo a él, debió atender a la propia Marine, que se hallaba tensa y por una vez, se animó a decirle que no quería estar ahí, que el ruido la aturdía. Aquello era el inicio de un ataque de ansiedad, pero algo hizo que ella contemplara un momento a Laurent, quien aprovechó para agitar su mano. Ella, más por cortesía antes de sucumbir al pánico, agitó su mano rápidamente. Esa fue señal suficiente para quienes observaban la escena y sobretodo, para Lou, la hermana menor inmediata de Marine, quién enseguida se entusiasmó y tomó la mano de su hermana.

-¿Puedo ser tu chaperona? ¿Me dejas? Ay, Marine ¡Por fin te gusta alguien! - expresó, pero su hermana se soltó para buscar refugio detrás de una cortina negra que colgaba del escenario . Albert Damon debía cantar pronto, pero la siguió enseguida para intentar calmarla. Lou por su parte, disimuló con una gran sonrisa y se acercó a Laurent Ferny para realizar su presentación.

-¡Hola! ¿Tu nombre es Laurent, verdad? El mío es Lou, gusto en conocerte... ¡Mi hermana se llama Marine y le encantará hablar contigo, ve a nuestra casa mañana! Vivimos en el edificio Nautonier, de la calle Voilier, en el distrito Lorphelin de Corse. Nuestro departamento es el de la plata baja ¡Hay un gran jardín y una bandera del barrio enorme!
-¿A dónde?
-¡Toda chica de Corse tiene su primera cita en casa con su familia!... Bueno, pero ya lo sabes ¡Eres un Ferny! 
-Ah, por supuesto. Es sólo que creo que no le agradé a ella.
-¡Ay, claro que no! ¡Eres el primer chico que saluda, qué emoción!
-¿Qué?
-Es que mi hermana usa auditivos y a veces le da pena que se den cuenta.
-No hay problema para mí.
-Igual no te asustes, ella habla con normalidad y a veces parece que escucha mejor que yo.
-¿En serio?
-Te esperamos mañana para desayunar ¿Qué te gusta? ¿Croissants, huevos pochette, algo de jugo?
-Avena con fruta estaría bien.
-Tráele a Marine unas flores blancas.
-Gracias, lo haré.
-A las nueve, no llegues tarde.
-No. Hasta mañana, Lou.
-¡Nos vemos! ¡Ay qué emoción! 

Laurent supo que había logrado lo más difícil, aunque eso significaba comenzar a prepararse de inmediato. No tardó en descubrir a Marine intentando controlarse y viéndolo a él al mismo tiempo y aunque no comprendía bien qué sucedía, era una buena señal y la tal Lou se aproximaba también para ayudar a su hermana y comentarle las noticias. Aunque tendría que quedarse al concierto, él supo que los primeros pasos habían salido excelente y no se movió de su lugar, sin que le interesara esta vez que la brisa volviera a empaparlo. Había un reloj digital anunciando la hora estimada de llegada de las embarcaciones y el cielo poco a poco se tornaba naranja intenso. 

Mientras Albert Damon hablaba con el público, Lou sujetó la Mano de Marine fuertemente y ambas posaron los ojos en Laurent Ferny.

-Me siento mejor, Lou, gracias.
-¿Estás aturdida?
-La música de papá me gusta mucho.
-Si te quieres ir, te acompaño.
-Deseo estar aquí, con papá... ¿Por qué me ves así? ¿Es por lo que me pasó?
-No, Marine. Es por ese chico que está ahí, viendo a papá.
-Lou...
-¿Es lindo, verdad?
-Algo.
-¿Te ha gustado mucho?
-Se ve bien.
-Es que nunca te había visto portarte así con un chico. En Italia sólo le hacías caso a Maragaglio y te la pasabas de un lado a otro con él.
-Era mi jefe.
-¡En esta familia lo queremos mucho!
-Eso terminó.
-Los amigos nunca se van y Maragaglio es parte de la familia.
-Pero no lo veremos pronto.
-¿Te imaginas?
-¿Qué cosa?
-¡Que un dia Maragaglio venga a Tell no Tales y conozca a Laurent!
-¿Cómo se te ocurre algo así?
-¡Me presenté ante él y lo invité a desayunar con nosotros mañana! 
-¿Perdón?
-¡Te arreglé una cita con Laurent!
-Lou, yo sólo lo saludé.
-¡Él está muy guapo! Y además te he estado vigilando ¡Te gusta!
-Es la segunda vez que lo veo.
-Lo has seguido desde que llegó.
-No le gustó el licor de frutas.
-¿Ves? Y te ríes poquito. Además ¿A quien le gusta esa cosa? Sabe a vinagre viejo.
-Lou, no estoy muy segura, no debiste invitarlo.
-Si no te agrada, mañana lo dejas.

Marine asentó y contempló a Laurent sin saber que este fingía que estaba pasándola bien durante la presentación de un Albert Damon, que de vez en vez, se giraba para asegurarse de que ella estuviera más tranquila. La primera embarcación en llegar y ganadora de la regata, era un velero de Corse de color azul marino y la mitad de los asistentes gritaron eufóricos por el suceso, aturdiendo a Marine. Laurent, que lo advertía, quiso aproximarse, pero los carpinteros le rodearon para festejar. La joven, que se había dado cuenta, comenzó a seguirlo como pudo con sus ojos, hasta que sus vecinos lo llevaron a la orilla del mar para que conociera a la tripulación triunfante. El concierto continuó mientras iban llegando más veleros y aquello le pasó la factura a Laurent: un olor a pescado y sal se impregnó en su ropa y él no podía tolerarlo. Se sentía asqueado y sucio.

-Miren, al fin llegó el velero que mandaron a hacer los de Poitiers. Se nota que no saben navegar - comentó alguien y Laurent por fin pudo abandonar el agua y ver el concierto finalizar.

Aunque las reglas lo obligaron a despedirse formalmente de quienes le reconocían, Laurent pudo regresar al edificio Zlobina sin más al caer la noche en pleno. El portero del turno le dejó revisar su auto y sacar unas cosas sin las preguntas del anterior compañero y aunque iba a costar, el joven Ferny pidió que asearan el interior por sentir que le había pegado la peste que traía encima. Iba a regresar a casa a pie porque no había más remedio y al pisar la calle nuevamente, se topó a Règine, quien se hallaba tan mojada como él.

-¿Escapaste, mujer?
-Me envía tu abuelo, Laurent.
-¿Ha pasado algo?
-La brisa pegó en las ventanas, así que me mandó a buscarte con una muda de ropa. Llevé todo al departamento de Crozet.
-Traigo el celular.
-No contestaste.
-Debió ser el ruido.
-¿Estuviste en el mar?
-Los de Corse me metieron.
-¿Cómo salió tu negocio?
-Desayunaré con los Lorraine.
-Todo salió perfecto.

Règine no era feliz de saberlo, pero no podía enojarse de ver a ese joven haciendo un berrinche de niño mientras pasaba la nariz con insistencia por su camisa.

-Te preparé una ducha caliente, vamos.
-Mujer, estás arriesgando el plan.
-Voy a cuidar de ti a partir de hoy. 

La chica sostuvo a Laurent del brazo y lo dirigió por el atajo de la larga avenida Katsalapov hasta la calle Courrèges del muy callado y tranquilo barrio de Crozet. Como había muchos árboles y entradas secretas, la gente chismosa prácticamente no vivía allí, dada la dificultad de tener verdades, aunque fuera a medias. El edificio donde estaba el hogar de Laurent Ferny era de color blanco, estaba cubierto de plantas y flores y su piso, el quinto, era amplio y con ventanas que no permitían ver el interior. Al entrar, Laurent experimentó tanto alivio que respiró hondo y la sonrisa regresó a sus labios. Règine por su parte, dudaba bastante sobre qué seguía y únicamente le sirvió un vaso de limonada que él aceptó gustoso.

-Tengo que trabajar muy temprano, Laurent, debo irme.
-¿No te quedas, mujer?
-No veo por qué.
-No vayas afuera, también traes la ropa húmeda.
-Llegando a Poitiers lo resolveré.
-Te enfermarás.
-Estaré bien.
-Te estás alejando de mí.
-Es que no quiero que se haga más tarde.

Laurent Ferny se aproximó a la joven, descubriendo las pecas de su rostro. Ella no sabía qué esperar, pero las palabras que Joseph Kerr le había dicho antes de enviarla por su nieto le taladraban la cabeza.

-¿Quieres ver el amanecer conmigo? - preguntó él.
-Lo notarán en casa. No puedo perder mi empleo, Laurent.
-Te daré un lugar aquí, no te preocupes.
-Dices eso porque no arriesgas nada.
-Podría quedarme sin Leonora si no le explico lo de Marine.
-¿Y yo me quedo encerrada?

Él no contestó.

Para Règine, eso era suficiente. Revisó sus bolsillos, encontró la llave del departamento Isbaza y se dio la media vuelta. La voz del viejo Kerr la hacía llorar al recordarla y su sentencia sobre "retener" a Laurent, aún más. El tipo le había hecho hincapié en que era una simple sirvienta sin dinero, sin nombre, sin elegancia o una personalidad apabullante. Todo lo que ella tenía eran diecinueve años, unos pechos firmes, una boca seductora y un labial cereza y los podía usar para que su nieto no se fuera corriendo tras otra mujer. Ser sustituida por alguna novia o por una aventura de Laurent iba a ser humillante.
 
-¡No puedo irme! - expresó ella, tapando su boca y llorando. Laurent se acercó más y ella se recompuso un poco.

-La ducha está lista, deja tu ropa en la mesa del pasillo.
-Gracias, mujer.
-Ve ahora o me encargaré de que te caiga agua fría el resto de tu vida.
-¿Estás bien?
-¡Límpiate ya! 

El joven Ferny asentó, yéndose al baño del corredor. Règine aguardó a que todas las prendas masculinas estuvieran juntas para depositarlas en la lavadora, pero no pudo más y también se despojó de lo que tenía. Temblaba, pero quedarse sin Laurent, sin la oportunidad de saber qué se sentía tenerlo consigo, era una tortura. Así entró a la regadera, aterrada.

Laurent la contempló con detenimiento, mudo, tranquilo, sin esa furia del beso en el estudio por la mañana. La joven tomó un jabón y a pesar del miedo, comenzó a limpiar la piel de él con la misma devoción con la que lo había vestido y aunque él pensara que lo mejor era controlarse, lo que solía pasar en su pantalón cada que estaba con Règine, volvió a sucederle, llenándolo de vergüenza.

-Siempre te delatas solo - expresó ella sonrojada. No sólo las palabras de Kerr la impulsaban a actuar de esa forma de la que ya se estaba arrepintiendo. También los consejos que las otras chicas de la campiña se compartían entre sí para que ningún chico perdiera el interés, aparecieron en su mente y luego de besar a Laurent, se deslizó por su cuerpo hasta quedar de rodillas. 

Laurent se entregó al momento y estuvo consciente de que Règine lo complacía desde un afecto profundo y de forma inesperada, así que no la interrumpió, no profirió algún sonido que no fuera un suspiro sutil y no dudó en besarla y abrazarla cuando sus músculos se relajaron luego del clímax. Ella lloró silenciosamente y él la llevó a la cama solamente para confortarla, para decirle que él también la protegería cada vez que decidieran estar juntos. La noche afuera se tornaba más fresca. Y al amanecer, era Laurent quien descansaba en el pecho de Règine, aceptando con su cuerpo que ella le cuidara. https://youtu.be/jkSSyySgsD4?si=NeaK-xjs3My59gFv

miércoles, 26 de agosto de 2026

El amor y el rencor (La boda de Marine XI)


Tell no Tales. Viernes, 29 de noviembre de 2002.

El tren rumbo a Vichy salió en punto de las catorce horas y aunque Maragaglio tomó asiento junto a Laurent Ferny, no le dirigía la palabra por ningún motivo. En parte porque no sabía de qué podían conversar y por otro lado porque la investigación sobre los diamantes contrabandeados del Gobierno Mundial le ocupó la mente. Frente a ambos, Lleyton Eckhart trataba de revisar también sus propios papeles, aunque su novia, Sophie Tallmann, parecía reclamar su atención de forma juguetona.

-Dijiste que en estos días no habría trabajo - comentó ella antes de besar a Lleyton.
-Sólo son pendientes pequeños. En Vichy haré un par de llamadas y seré todo tuyo.
-No sabes las ansias que tengo de estar contigo.

Maragaglio levantó la vista al escuchar ese último comentario y se dio cuenta de que Sophie no se lo decía a Lleyton, sino a él, aunque no hizo un gesto para delatarla. Simplemente volvió a sus pensamientos y sacó unas hojas de papel para realizar un par de notas. Laurent le prestaba atención, así que comenzó a anotar ideas que podían servir para agradarle a Marine. El otro leía cosas que no entendía del todo, puesto que no hablaba italiano.

-Reserva una mesa y lleva a Marine a cenar - dijo Maragaglio - Que en la mesa haya flores blancas y que esparzan unas gotas de esencia de  menta, eso le gustará. 

Laurent estaba por preguntar algo, pero el otro se adelantó.

-Como Marine necesitará chaperón y yo soy tu padrino, comprenderás que deberé quedarme en la mesa de al lado con Lou.
-No esperaba menos.
-¿Desalentado? Tú no vuelves a besar a Marine hasta la boda.
-¿Por qué estaría mal? 
-Hay tradiciones qué guardar ¿No eres respetuoso, Laurent?

Laurent Ferny se quedó desarmado y comprendió que incluso detalles como ese formaban parte de su propia estrategia. Había que cuidar las formas, volver a ser el novio pasivo para no cambiar la impresión de la familia Lorraine sobre él. 

Pero alguien más estaba prestando atención a esa charla y sonreía orgullosa. Lou Lorraine no tardó en armar un escenario en su cabeza donde ella y Maragaglio compartían un plato de pasta y hablaban de cosas cursis mientras Marine y Laurent conversaban sobre la boda y los días posteriores. Era una cita e incluso pensaba en un vestido color chocolate para deslumbrar y acaparar las miradas. La sola idea de que Maragaglio la invitara a salir le emocionaba demasiado.

-Lo primero que haremos en Vichy será llevar a Marine y a sus hermanas a sus cabañas. Espero que nos dé tiempo para cambiarnos de ropa antes de sorprenderlas.
-Maragaglio ¿La cena sería hoy?
-Claro, Laurent ¿Qué pensabas? No hay mucho tiempo y la boda es el ¿Domingo próximo? 
-Tienes razón.
-Bueno, hay que avisarle a la novia.
-¿Dónde vas?
-Con Marine.
-¿No era una sorpresa?
-Para ella no, para la familia sí. Acostúmbrate a impresionar, Laurent.

Maragaglio se levantó y luego de mirar lado a lado, descubrió a Marine junto a una ventana, sentada y sola mientras un gorro rosa cubría su cabeza. Afuera, se veían pinos muy altos y frondosos, algunos con un poco de nieve y Maragaglio se percató de que el tren iba cuesta arriba. Vichy era una ciudad enclavada en las montañas.

-¿Tienes pastillas para el mal de altura? - lo recibió Marine.
-He tomado alguna.
-¿Vas a sentarte frente a mí?
-No.

Maragaglio se colocó justo al lado de ella, pero no habló. Al igual que la mujer, se dedicó a mirar hacia el exterior, hasta que el reflejo los mostró juntos. Marine derramó una lágrima.

Esa escena fue contemplada por Albert Damon y Goran Liukin Jr. aunque sólo uno estaba realmente alarmado. La calma la disimulaban bien y a su lado, Lorenzo Liukin descifraba el juego completo. Se sentía extraño y poco a poco, tener ahí no a uno, sino a dos hermanos, le hizo plantear la situación de nuevo.

-Entonces, ustedes quieren arruinar la boda - pronunció.
-Marine no merece esto - contestó Albert.
-¿Y por qué lo estamos haciendo?
-Porque no queremos perder el terreno del valle.
-¿Cómo supieron que Laurent es un Isbaza?
-Eso fue reciente, Goran lo siguió.
-¿Fue tan sencillo?
-Tu padre es un vago.
-¿Por qué hizo eso?
-Me gusta burlarme de la vieja Isbaza - replicó Goran y dió un sorbo a un vaso con agua mineral mientras se asomaba y se daba cuenta de que Laurent Ferny bebía lo mismo. No necesitaba conocerlo para saber que estaba tenso y el agua simple no lo calmaba igual.

-¿Laurent no sabe?
-Me habrá visto en una foto ¿Qué se yo? Los Isbaza averiguan sobre nosotros cada tanto - continuó Goran.
-¿No te reconoció en estos dos años?
-No es un idiota. Un Isbaza no da un paso sin asegurarse de las cosas. Me ha saludado, ha fingido, cree que soy ingenuo y lo seguí porque creo que no es tan listo como parece. Es el perro faldero de la vieja horrible y honestamente, me cansé de ella. Los Liukin nunca nos hemos defendido, pero meterse con la tumba de mi padre... Eso dolió, Lorenzo.

Maragaglio continuaba contemplando a Marine en el reflejo, pero el cuchicheo de los otros había llegado a sus oídos sin dificultad y en lugar de alegrarse, lo tomó como el amargo recordatorio de su enorme riesgo de ceguera. Si sus sentidos habían comenzado a afinarse tanto, quizás la oscuridad era mucho más cercana de lo previsto.

-¿Pasa algo? - preguntó Marine cuando pudo recuperarse.
-Nada, sólo necesito respirar.
-¿Estás bien?
-Ya regreso.

Maragaglio se incorporó y caminó hacia el frente, hasta la siguiente sección del tren, desde donde podía observar a Laurent Ferny y al mismo tiempo, a Goran Liukin Jr. Algo le molestaba en particular de esos dos más allá de celos, abandono y farsas y no quería confirmarlo. Por otro lado, Sophie Tallmann aprovechaba la distracción de Lleyton y su incipiente conversación con el mismo Laurent para dirigirse donde Maragaglio. Él conocía la intención y la mirada.

-¿Vas a invitarme un trago o quieres que yo inicie la fiesta? - inició ella.
-Siempre será interesante invitar a una dama como tú.
-¿Vino o un Aperol?

Maragaglio desvió su mirada un segundo hacia Marine y al asegurarse de que lo veía, sonrió.

-¿No te apetece más un campari o un vermut con soda? - siguió él.
-Acepto el vermut.
-Entonces yo tomaré campari.
-¿Por qué Maragaglio?
-Por la diferencia. Además, no creo que te guste alguien que pruebe lo mismo que tú.

Sophie mordió sus labios y caminó unos pasos hacia el bar con él. Aunque parecía que tendrían una agradable conversación, Maragaglio seguía al pendiente de los ojos de Marine y de su expresión confundida. Ella iba a quedarse en su sitio, sin poder decir nada, sin ir siquiera donde Laurent a actuar como la novia de siempre. Sólo le quedaba ir con sus hermanas, pero algunas estaban ocupadas con sus hijos y otras siendo adolescentes y su hermano Damon estudiaba algo con su guitarra como para interrumpir. Sólo quedaba Lou y había desaparecido también.

-Dicen que los Lorraine estarán en unas cabañas. Lleyton y yo nos quedaremos en el hotel - siguió la mujer.
-Laurent y yo también nos quedaremos ahí.
-¿Quién visitará a quien, Maragaglio?
-Mi habitación no se comparte con el novio. Voy por ti. A medianoche en el corredor.
-¿Cómo distraeré a mi novio?
-Déjalo trabajar.
-Eres demasiado sexy.
-Eres hermosa.
-Es una lástima esperar.
-Estoy muy de acuerdo.

Maragaglio sonrió, pero no por la propuesta aceptada, sino porque sabía que Marine le daría mil vueltas en la cabeza al asunto. Sophie no tenía las ataduras de Corse, era una mujer adulta eligiendo libremente pasar la noche con un hombre ajeno a su novio y además, no tenía ningún compromiso con la boda, salvo asistir con Lleyton Eckhart. El plan era perfecto aunque inesperado, pero en la venganza todo valía. Marine se acordaría de sus momentos más secretos y acabaría celosa y más tensa, lo que la llevaría a cometer más errores. Pero el destino le recordó el plan original:

De pronto y con su energía desbordante, Lou Lorraine se acercó al bar. Estaba radiante y muy interesada en tomar algo. Sophie Thalmann reaccionó con desconcierto y Maragaglio recibió enseguida un abrazo entusiasta que cambió su ánimo por uno paternal. 

-¡Ay, Maragaglio, aquí estás! He querido hablar contigo toda la tarde.
-Eh, Lou, estás siendo irrespetuosa con la señorita Thalmann.
-Lo siento mucho ¿Conversaban?
-Sí, sobre la boda de Marine. Sophie me decía que los detalles que ha tenido Laurent con la familia le parecen adorables. 
-No te hemos contado de eso.
-Marine lo mencionó en la cabalgata. 
-¡Es que Laurent es encantador! 
-Lo creemos.
-Discúlpenme, es que... ¿Puedo ordenar algo? Me quiero quedar con ustedes, no tengo nada qué hacer y Marine no me hizo caso.
-Oye Lou, no deberías beber.
-¡Quiero un daiquirí de fresa! Sólo no le digas a papá, porque me regañaría.
-No te preocupes.
-¿Y la señorita Thalmann vendrá a la cena con nosotros? ¡Maragaglio le sugirió a Laurent tener una cita con mi hermana esta noche y me va a llevar con él para ser chaperones! ¡Con más gente será divertido!

Sophie cambió su expresión y contestó:

-No lo creo, muchachita.
-Es una pena, con lo que me gusta platicar.
-Yo me retiro, iré con Lleyton.
-Oh, bueno, entonces la veremos en las actividades de mañana ¿Verdad? ¡Estaremos en la nieve! 
-Tal vez... Maragaglio.

Él respiró hondo.

-Será en otra ocasión, Sophie.
-Espero que pronto.
-Si esta boda me lo permite.

La mujer dio medio vuelta y Lou miró a todos lados sin entender.

-¿Se molestó conmigo? ¿Fui maleducada? - preguntó.
-No, Lou, es sólo que charlábamos.
-¿Lo arruiné?
-¿Qué arruinaste?
-Creí que me podía quedar con ustedes.
-No es importante.
-Ya me dió vergüenza.
-Lou, sólo es una plática que se puede retomar en Vichy.
-¿Seguro?
-No hay problema.
-¡Menos mal! ¡Me quedo contigo toda la tarde!

Lou volvió a estrechar a Maragaglio y él sintió por un momento que ella utilizaba demasiada fuerza. La chica le dio un beso en la mejilla y enseguida dió el sorbo a su daiquirí. Lou tenía la costumbre de morder el popote antes de sorber y él no sabía si tomarlo como algo normal o curioso.

-No tomarás alcohol.
-Lo que tu digas hermanito.
-Y quiero que ayudes a Marine con sus nervios.
-Claro que sí. Estoy muy preocupada por ella, se la pasa llorando cuando cree que no la veo.
-¿Has sabido por qué?
-Es que no le ha gustado nada de lo que mamá planeó para la boda.
-¿Qué fue?
-Manteles menta, cosas plateadas, un brunch y las flores de colores. Marine no sabe cómo decirle que no le gustó nada.
-¿Y qué dice Laurent?
-Laurent acepta todo por la familia, no quiere contradecir a mis padres. Pero bueno, al menos soporta todo y ama a mi hermana ¿Pero no le dirás nada a papá, verdad? Si se entera que Marine y Laurent se besan, enfurecerá. 
-No tiene sentido.
-Es que en Corse besar al novio da a entender cosas.
-¿Cuáles?
-Podrían pensar que Marine no es virgen - señaló Lou bajando la voz.
-¿Perdona?
-Sólo los que se acuestan se besan como ellos dos. Todo el barrio lo sabe.
-Lou, tú los conoces. Marine y Laurent no han hecho algo solos.
-Pero los demás no.

Maragaglio respiró hondo y bebió su camperí, advirtiendo que Sophie había regresado con su novio y para no levantar sospechas, le cedía su vermut. Laurent por su parte, se daba cuenta de que el ánimo de Marine no mejoraba y queriendo recuperar terreno y confianza, pidió permiso a Albert Damon de sentarse con ella, aunque este fuera muy exigente con lo de colocarse frente a su hija y no al lado. El hombre aceptó la condición y tomó un adorno del vagón para tener un detalle.

-Marine, te regalo una flor, no sé cómo se llama, pero ojalá te guste.
-Muchas gracias, Laurent.
-Te he visto cansada ¿Estás bien?
-No he dormido lo suficiente.
-¿Necesitas algo?
-Laurent ¿Crees que la boda sea buena idea?

La expresión de Laurent cambió de preocupación fingida a una de alarma ¿De qué le estaba hablando su prometida? Era muy pronto para soltar algo así y lo más grave era que el plan peligraba. Steliana Isbaza iba a matarlo si no lograba la firma de Marine y él quedaría como un incompetente y un inútil frente a la familia entera. Sabía que si preguntaba cuánto tiempo llevaba ella pensando en esa cuestión, iba a perderlo todo. Entonces, recordó el consejo de su abuela de hacer llorar a Marine si era necesario y luego ofrecerle alivio, recomponiendo su actitud.

-Lo que yo creo es que ambos nos merecemos descansar y divertirnos estos días y verás que en la boda todo saldrá bien.
-¿De verdad quieres casarte conmigo?
-Sí, Marine, estoy muy seguro. 
-¿Me amas?
-Completamente.
-¿Por qué aceptas todo lo que mi familia te pide? ¿Harás todo lo que Maragaglio te diga?
-Lo hago por respeto, por cuidarte de la gente de Corse y porque es importante. Quiero estar contigo, Marine, pero haciendo las cosas bien para que no sufras. No podría permitir que lleguemos a la iglesia y la gente hablara mal de ti.
-¡Laurent!
-Sólo tengamos paciencia, estaremos bien.

Marine soltó a llorar y Laurent aprovechó la oportunidad de aproximarse más y abrazarla, ocultando su rostro para que nadie más pudiera enjugar sus lágrimas.

-Cuando lleguemos a Vichy, te invitaré a cenar con tus hermanas y tus padres para que te sientas más acompañada ¿Está bien?
-Tal vez eso me calme más, Laurent... ¿Llevarás a Maragaglio?
-Es tu hermano.
-¿Podríamos sentarnos lejos de él? 
-Lo que desees.
-Protégeme, por favor.
-Confía en mí.
-Pasemos tiempo juntos en Vichy.

Laurent afirmó con la cabeza y quiso estrechar a Marine una vez más, pero ella lo besó brevemente en los labios a la vista de todos. Maragaglio observó todo con el vaso en la mano y se terminó el camperí con el rostro serio. Lou lo miraba como si algo hubiera salido mal.

-¿Los vas a regañar?
-No. 
-¿Estás enojado, Maragaglio?
-Tampoco.
-¿Qué te sucede?
-Lou, tú y yo somos los padrinos ¿Qué me aconsejas?
-¿Yo a ti?
-Nuestra hermana es la que se va a casar.
-¡Que Marine y Laurent se besen y se abracen y sean felices! A ella le hace falta, mira cómo se contenta.
-Hay un límite.
-Nadie se va a enterar.
-¿Me lo prometes? 
-Sólo viene la familia.
-Y el fiscal Eckhart con su novia.
-No dirían nada, el fiscal ya sabe cómo somos en Corse
-Nos aseguraremos de que no haya tanto "amor". No veo a tu padre muy satisfecho.
-De él me encargo. Nada que un apapacho mío no ablande.
-Nos vemos en la cena, Lou. 
-¿Pasas por mí?
-Y Laurent por Marine.
-Cuenta conmigo.
-Regresaré a mi lugar.

Maragaglio caminó hasta su asiento, pensando en cómo mejorar su venganza. Laurent y Marine habían entablado una conversación que no era nueva entre ellos, pero a él le molestaba escucharla apenas. La mujer decía que no le convencía el viaje por Macao que Laurent planeaba y el otro, como novio perfecto, fingía que estaba a punto de ceder. Pero Marine, sin advertencia previa, giró su cabeza hacia Maragaglio y luego terminó la conversación con Laurent recordándole que quizás no se hallaban en Tell no Tales, pero sí frente a Albert Damon y para evitar otra conversación incómoda como la del día anterior, más valía separarse. Lleyton Eckhart abandonó su sitio un momento para hacer una llamada a su secretaria y Sophie volvió a quedarse sola frente a Maragaglio.

-Es un desperdicio no poder encontrarnos esta noche - dijo ella sacando un cigarrillo.
-Me interesa. 
-¿Esta misma noche?
-El acuerdo sigue.
-¿Qué tan intenso eres?
-¿Qué tanto estás dispuesta a divertirte?
-Llevaré un vestido ¿Está bien?
-Te daré más de lo que deseas.

Sophie Thalmann se quedó expectante y Maragaglio supo que había tenido éxito en su nueva improvisación. Marine había notado lo de su nueva aventura y en lugar de tranquilizarse, a ella ahora le temblaban las manos. Lou desde el bar terminaba con su daiquirí y Laurent se colocaba de nuevo junto a su padrino, declarándose listo para una noche de cita. 

Albert Damon, Goran Liukin Jr. y Lorenzo Liukin únicamente se dedicaron a sentir el ambiente tenso, pero sólo Albert se mantenía intranquilo y rogando porque la noche no fuera a explotar.

lunes, 3 de agosto de 2026

La cabalgata (La boda de Marine X)


Tell no Tales. Viernes, 29 de noviembre de 2002.

La mañana iniciaba en el departamento de Steliana Isbaza en Poitiers y Laurent Ferny revisaba junto al mayordomo su equipaje y su itinerario de viaje, cuando Sandra Isbaza se presentó con el fin de saludarlo y pasar la mañana al lado de su abuela. El clima aún era soleado, aunque las nubes anunciaban que el frío llegaría en dos días más.

-¡Vine a felicitarte por tu boda, Laurent! No se habla de otra cosa en la ciudad.
-Gracias, prima.
-Es una lástima que no pueda acompañarte, sabes que en serio quería estar ahí.
-Me habría gustado.
-¿Nadie puede saber que eres un Isbaza como yo, verdad?
-Creo que no les caería bien.
-¿Marine lo sabe? 
-Por supuesto.
-¿Te aceptó sin reproches?
-Sí.

Para Laurent Ferny, mentir era lo más natural en cualquier relación y pensó que le dolía hacerlo cuando se trataba de Sandra, quien lo abrazaba fuertemente. 

-Te he traído un regalo - siguió ella al soltarse.
-Una cajita... Me gustan las cajitas.
-Lo sé.
-¿Es una rana de chocolate?
-Sólo ábrela.
-No entiendo el color de la envoltura ¿Es magenta?
-Por las novias de Corse.
-Veamos... 

El rostro de Laurent se illuminó.

-Quiero que los uses en tu boda, Laurent.
-¿Son de plata?
-Oro blanco. Los mandé limpiar en la joyería de la calle Deschamps después de ir a la caja fuerte. Me dijeron que eres una estrella en Landstrid Bank.
-¿Son los del abuelo?
-Quiero que tú los conserves, siempre has estado para la familia y sé que el abuelo significa mucho para ti.
-Los pondré en mi traje de novio.
-¿Será mi forma de estar presente?
-Sí.

Sandra volvió a estrecharlo y Laurent sonrió sorprendido por haber recibido los gemelos de Joseph Kerr, creyendo que era un signo de buena suerte. Él valoraba grandemente la memoria familiar y seguía siendo leal a su legado y negocios, deseoso de dejar una huella igual de grande siguiendo sus consejos y estrategias. 

-Me quedaría pero me esperan en Corse para un evento de caballos - anunció Laurent. 
-¿Regresas para cenar?
-Eh, no. Llevaré a Marine y su familia de viaje a Vichy.
-¿Antes de la boda?
-Ella ha estado tensa y sinceramente, yo también. Iremos a jugar en la nieve y tener asados familiares... Te veré cuando vuelva de la luna de miel.
-¿Cuándo será eso?
-Víspera de Navidad.
-¡Buena suerte, Laurent!
-Gracias, Sandra.

Ambos sonrieron y luego de ordenar que llevaran su equipaje a casa de la familia Lorraine, Laurent fingió atender una llamada urgente que lo llevó al estudio. Ahí le esperaba Règine, a quien besó efusivo.

-Casi me dejas sin respirar - sonrió la joven.
-Me voy a Vichy.
-Adiós.
-No te enojes.
-No te vas a deshacer de mí.
-Me harás falta, mujer.
-Créeme que no.

Règine posó sus manos en el pecho de Laurent y luego se juntó a su cuerpo.

-Tengo prisa.
-Tu pantalón dice otra cosa.
-Nos van a descubrir.
-Marco mi territorio, Laurent.

Ella se deslizó hacia el cierre y Laurent cedió mientras la miraba colocarse de rodillas, como la primera vez que se habían involucrado. 

-Voy a extrañarte, Règine - admitió él y entonces se sintió listo para ir por su futuro al barrio Corse.

Eran las nueve y quince de la mañana cuando Lou Lorraine finalmente recibió el aviso que esperaba en la voz anhelada y corriendo, bajó hacia el jardín delantero del edificio Nautonier dónde su padre y Goran Liukin Jr. parecían conversar con cierta tensión mientras miembros del comité de Miss Corse aguardaban por Marine para llevarla al club hípico y hacerle una sesión de fotos con el anillo de compromiso puesto. La novia aún no se decidía a salir y se sentía nerviosa.

-¡Lou, siento que me voy a desmayar! - declaró Marine.
-¿Quieres que te revise?
-Estoy llorando.
-¿Estás emocionada?... Te veo ¡Y estás muy feliz, hermanita! 
-¿Qué dices, Lou?
-Es que Maragaglio está llegando a la ciudad y hoy llevas puesta la esmeralda que te regaló ¡Siempre lo haces cuando estás contenta!

Marine creyó que iba a sucumbir, pero no tardó en ver por la ventana a Laurent llegar y su rostro mostró una sonrisa grande. 

-¡Laurent está aquí! ¡Laurent está aquí! ¡Laurent está aquí! - gritó Lou agitando a su hermana y dándole un beso en sus cabellos.

-Iré con papá y te veré en la cabalgata ¡Yo me llevo a tu novio!
-¿Qué dices, Lou?
-Alguien tiene que recoger a Maragaglio en la estación y yo no me lo voy a perder ¡Laurent va a conocer a nuestro hermano mayor!
-¿Tan pronto?
-¡El padrino y el prometido tienen que congeniar! Te cuento cuando estemos juntas.
-No vayas a ser imprudente, Lou.
-Me comportaré muy bien con Maragaglio ¡Tendremos un bonito día, Marine!

Lou se separó y fue directo con su padre a anunciarle lo de Maragaglio. A lo lejos, Marine se dió cuenta de que Laurent la veía y se apartó de la ventana con un gesto que él confundió con su supuesta timidez.

-Sería conveniente que Laurent nos acompañe a recibir a Maragaglio a la estación de tren - se alcanzó a escuchar, pero Marine no se atrevió a asomarse, así que no vio a su padre, a Lou, a Laurent y a Goran Liukin Jr. tomar camino rumbo a la estación y tampoco supo que el Comité de Miss Corse había puesto flores magenta como decoración en la calle.

Poco antes de las diez de la mañana, un tren proveniente de Hammersmith llegó a Tell no Tales. En su interior, la calefacción funcionaba sin contratiempos y era cómodo, aunque fuera una máquina vieja. El invierno ya había descendido a las montañas y llegaría puntual a la ciudad apenas llegara el primer minuto del mes de diciembre. Pero el aire que erizaba hasta la piel más curtida arribó junto al visitante más esperado del lugar. Maurizio Leoncavallo "Maragaglio" descendía en el andén luciendo un impecable polo blanco, pantalones grises y mocasines también grises. Su reloj era discreto y los lentes que se ajustaba parecían realzar sus ojos aceitunados. Él miraba hacia todos lados y pronto descubrió a la primera persona que le buscaba: otro hombre de gabardina camel, traje oscuro y abrumado por algún retraso. Era Lleyton Eckhart y no le impresionaba en absoluto.

-Maragaglio aquí y cualquier cosa que me diga sobre el diamante o los Isbaza, no es novedad para mí - saludó y Lleyton se descolocó un momento, pensando en que no había manera de que el otro supiera lo que él había averiguado.

-Dudo que quiera investigar a Laurent Ferny sin ayuda.
-Pierde el tiempo, Eckhart. Laurent Ferny Isbaza no entregará ningún diamante. Lo mejor que puede hacer es dejarme tranquilo, tengo un paseo familiar en Vichy.
-Esta faltándome al respeto.
-Puede venir, pero no se meta.
-Es mi caso.
-Es un evento con mis amigos. Arruínelo y le costará un enorme papeleo con el Gobierno Mundial cuando lo despidan.

Lleyton no replicó, pero se dió cuenta de que estar cerca de Maragaglio iba a desvelarle cualquier secreto, así que le dijo que lo seguiría.

-Honestamente, me da igual - declaró Maragaglio y se encogió de hombros.

La estación de Tell no Tales estaba rodeada de árboles y su techo cristalino hizo que Maragaglio se percatase de que, tal y como el nombre lo anunciaba, se encontraba en el cielo. O más bien, sobre una capa de nubes que con un espejo asemejaba el mar. Los turistas se tomaban fotos, pero él recuperó el sentido y descendió unas largas escaleras hasta el corredor donde un sinfín de tiendas y puestos de periódicos ofrecían cualquier cantidad de artículos que se podían encontrar en otro país, en alguna parte contaminada por la urbanización. Sin embargo, el techo seguía siendo transparente y la luz que entraba era cálida, así que eso relajaba los ánimos y permitía ver a una persona que hizo a Maragaglio sonreír.

-Llegamos tarde, me disculpo.
-No se preocupe, prefiero verlo aquí.
-¿Cómo ha sido su viaje?
-Sencillo, afortunadamente. Me da gusto por fin estar con la familia, señor Lorraine.

Maragaglio abrazó a Albert Damon fraternalmente y pronto levantó la vista. Un joven de cabello castaño claro, piel dorada, una barba apenas insinuada, sin duda delgado pero atlético y de aspecto confiable, iba unos pasos atrás y sonreía de manera natural, como cualquier bienintencionado. El pantalón era marinero, gris y con botones plateados. La camisa blanca con mangas de tres cuartos, impecable. Laurent Ferny también había optado por los mocasines y a diferencia de su suegro, ninguna cadena o joya adornaba su atuendo. Maragaglio debía ganarse el favor del padre de Marine a toda costa, así que enseguida se mostró afable con el desconocido y extendió su mano.

-¿Él es Laurent? Es un placer conocer al novio de Marine, me han dicho que necesitas un padrino.
-Han surgido contratiempos con eso - replicó el otro.
-En todo caso, se trata de la familia, así que te ayudaré.
-Usted es el famoso hermano mayor de Marine, me han hablado bastante al respecto.
-Y vengo a honrar mi fama. Como serás de la familia, alguien tiene que ayudarte con Marine.

Maragaglio enseguida notó que Laurent buscaba información y por tanto, le había cerrado la posibilidad con su última frase. Albert Damon disimulaba la incomodidad, pero por algún motivo, se inclinó por respaldar a su "hijo mayor" estrechandolo de nuevo y expresando un "nos alegra que hayas podido venir". Él notó enseguida que Albert lo tuteaba y ese detalle le intrigó más que cualquier juego paralelo.

-Supongo que en este momento iremos con la familia. En serio es bueno conocerte, Laurent - remató Maragaglio antes de que este, con tal de no desprenderse de su piel de novio atento, se ofreciera a llevar la única maleta del invitado.

-¿Viaja ligero, Maragaglio? - notó Laurent.
-La ropa italiana no es muy pesada y planeo comprar ropa de invierno en Vichy. 
-¿Le gusta la ropa de marca? 
-¿Los pescadores saben de eso?
-Trabajo en un banco.
-Entonces ha de recibir unos bonos de vez en cuando. 
-Me recomendaron una tienda de ropa y artículos deportivos en el trabajo.
-Prefiero la marca Leoncavallo.

Laurent no entendió, pero Albert Damon sí y parecía captar que Maragaglio no pensaba revelarle nada sobre sí mismo al prometido de Marine. De todas formas, sí existía la compañía Leoncavallo, aunque sólo diseñara vestidos de novia y fuera propiedad de Enzo Leoncavallo, tío de Maragaglio.

Maragaglio continuó caminando y observaba a todos lados para notar los cambios desde la última vez que había estado en Tell no Tales, dando la impresión de estar distraído. Pero algo lo detuvo abruptamente. Goran Liukin Jr. caminaba directo hacia él con ese aire despreocupado y al mismo tiempo provocativo de los nómadas sin rumbo que abandonan todo. Y frente a él, mantener el rol y el guión por un pequeño segundo fue complejo. Una respiración profunda y morder la punta de su lengua, fue suficiente.

-¡Maragaglio! No ha pasado mucho ¿Cómo están Carlota y los chicos? Se que estuvieron en Finlandia pero la verdad mandé un mensaje, recibí una llamada y ya no supe más.
-Carlota volvió sin contratiempos a París.
-Es una buena noticia ¿Ahora podrás disfrutar de la boda?
-Sí.

Maragaglio pasó saliva cuando Goran estrechó su mano y siguió actuando como podía. Albert Damon estaba por intervenir cuando un torbellino se abalanzó sobre el invitado y este sólo pudo estrechar su suerte.

-¡Maragaglio, qué emoción! - gritó Lou Lorraine.
-Hola, qué sorpresa.
-¡Te extrañé muchísimo! ¡Todas te queremos ver!
-Gracias Lou, eres muy amable... Tengo que dejarte en tierra.
-¡Pasaremos mucho tiempo juntos! ¡Soy la madrina de Marine!

Lou gritó emocionada y acto seguido, besó la mejilla izquierda de Maragaglio. Luego, ya con los pies en el suelo, se separó de él.

-¡Laurent! Te juro que amarás a nuestro hermanito ¡Maragaglio es el mejor!

Laurent asentó con la sonrisa más amplia y sólo le quedó como remedio seguir al grupo con el equipaje sin quejarse. Goran Liukin Jr. comenzó discretamente a reírse del novio y para su sorpresa, Maragaglio reaccionaba igual, aunque él podía ser más libre de burlarse y hacerlo pasar por una carcajada compartida con Lou, quien se colgaba de su brazo y recargaba su cabeza en el hombro. Eso último no le agradó a Albert Damon, aunque por prudencia no lo demostró, limitándose a voltear hacia Goran con seriedad.

-No te preocupes, esta vez nadie tocará a tu hija - aseguró el señor Liukin en voz muy baja. Laurent Ferny no escuchó, pero algo le indicaba que no se había ganado el favor de las hermanas de Marine del todo y le enfureció ver a Maragaglio teniendo toda la atención de su cuñada.

-¡Vamos a montar a caballo y Marine estará tomándose fotos! - siguió Lou y luego, bajando la voz, añadió - Cuando terminemos, nos iremos a Vichy ¡Jugaremos en la nieve! Te haré un muñeco de nieve y nos sentaremos a tomar chocolate.
-Aprovecharé para conversar con Marine cuando estés cansada.
-¡Ay! ¿Por qué Maragaglio?
-Por que no podría hacerlo con unos copos en mi boca.

Lou se rió más y se apartó un poco, hacia donde estaba Laurent.

-Tienes que agradarle a mi hermanito. Maragaglio no es tan fácil de ganar.
-¿Es un tipo complicado, Lou?
-Es muy desconfiado.

Mientras Laurent respiraba hondo y trataba de no abrumarse antes de tiempo con la energía de su cuñada, Maragaglio pasó saliva, pensó en lo que acababa de ocurrir y se expresó un "¿Qué rayos fue eso?", sin evitar voltear y hallar la sonrisa de Lou al instante. Luego se enfocó en ir hacia el frente y recuperó su talante serio para enfrentar lo que viniera. Entonces supo que debía distraer a Lleyton Eckhart y ejecutar sobre la marcha su plan de conquista y descarte, sin esperar por los momentos a solas. Establecer mayor jerarquía, dada la actitud de Laurent Ferny se volvía vital.

El auto de la familia Lorraine era un modesto y viejo Opel corsa de color verde y se notaba que se usaba poco, dado que en la ciudad no se acostumbraba mucho hacer algo diferente a caminar. Había incluso una estación de metro junto al ferrocarril y Maragaglio no evitó recordar un episodio junto a Marine en el asiento del frente, cuando se protegían de la lluvia y las hermanas de ella los vigilaban y bromeaban desde una puerta cercana. No importaba que Laurent depositara su equipaje en la cajuela o que Lou se sentara enmedio de su cuñado y él, algo le remitía con fuerza a la conversación con Marine de ese día, tan banal, tan tonta, sobre lo mal que sabían las naranjas y el olor a tierra mojada. Y de pronto, Lou lo tomó de la mano, devolviéndolo a la escena concurrente. Ella le miraba con buen humor y volvía a recargarse en él.

-¿Te sentarás junto a mí en el tren, hermanito? - dijo Lou y Albert Damon intervino por fin mientras aseguraba su cinturón y se hacía del volante.

-Te sentarás con tus hermanas, sabes que Maragaglio tiene mucho que arreglar con Laurent y con Marine.

Maragaglio levantó la vista y miró un momento a Albert aprovechando el espejo frontal. Laurent a su vez giraba su cabeza en dirección a su improvisado padrino, aunque eso significó constatar que no le hacía caso. Goran Liukin Jr. tampoco pudo evitar mirar de reojo a Albert, aunque comprendió que era parte del plan. Maragaglio sin embargo, se desconcertó y pese a seguir con su propia actuación, por un momento dejó de entender lo establecido para tratar de intuir o adivinar la jugada que tenía enfrente.

Llegar a la ciudad implicaba pasar siempre por esa extensión de la campiña en dónde no pasaba casi nadie, excepto los campesinos con sus carretas para recolectar las flores que se ofrecían en las plazas. De acuerdo a Laurent Ferny, el ramo de novia de Marine ya había sido encargado con uno de los vendedores que llegaba al centro de la ciudad y estaría hecho de azahares blancos junto a un listón magenta. Maragaglio no pudo resistirse.

-A Marine le gustan las orquídeas blancas y las perlas. Estás a tiempo de cancelar las flores y darle a ella algo que le encante.

Maragaglio volvió a sorprenderse a sí mismo por tener en la memoria tal detalle. Laurent se sonrojó en cambio y miró por la ventana respirando hondo. 

-Acabas de recibir el primer consejo de tu padrino, sabes lo que eso significa - mencionó Lou y su cuñado, forzádose a sonreír, le extendió a Maragaglio su prendedor de alcatraz, distintivo que indicaba su importancia y que le daba la libertad plena de acercarse a la novia. Lou lo colocó en su hermano mayor y lo miró a los ojos por varios minutos antes de volver a recargarse en su hombro y sostenerlo por la cintura.

-Lou, deja a Maragaglio en paz - mencionó Albert Damon calmadamente y Goran Liukin Jr. le susurró de nuevo que nadie tocaría a su hija. Maragaglio igualmente volvió a pensar "¿Qué rayos está pasando aquí?" y pasó el resto del trayecto deseando descender del vehículo.

El Club Hípico de Tell no Tales era un lugar muy concurrido por las familias de los distritos de Corse y era común ver excursiones escolares y familias enteras conviviendo con ponies, patos o disfrutando alrededor de un arroyuelo. El lugar era una reserva boscosa y un parque público, aunque los jinetes que practicaban equitación tenían un espacio aparte y los senderos de cabalgata solían cerrarse para rituales privados del barrio Corse, como las bodas y su exigida reunión para un paseo entre la novia, el novio y sus padrinos. Mientras montaban a caballo, los cuatro afinaban detalles de la boda. Lou estaría con Laurent; Marine se contenía al extremo de mostrarse ilusionada por ver a Maragaglio, aunque no lograba entender qué era lo que le emocionaba tanto. Como toda novia corsa, Marine llevaba pantalones magenta y apenas llegó al club, fue enseguida a las caballerizas a elegir el ejemplar para su sesión de fotos. Pero en lugar de posar con glamour, Marine decidió ayudar a preparar a una hembra azabache con su limpieza y equipo. El comité de Miss Corse parecía complacido con la disposición de la novia, aunque ella ocasionara que las fotos se tomaran a distancia. Pronto, otro caballo, también negro, se aproximó a Marine espontáneamente, así que accedió a cepillarlo. Al hacerlo, unas lagrimillas rodaron por su rostro.

Cuando se reportó que un Opel Corsa entraba al club, el personal se alistó para recibir al padrino de la novia con instrucciones claras. Los caballos de Laurent y Lou estaban listos y se preveía que tomarían el sendero este, mientras la novia y su padrino se irían por el oeste para reunirse al final en otras caballerizas. Como era necesario un chaperón para cuidar a cualquier mujer corsa, había dos guías, dos jinetes que también podían atender alguna emergencia y traían radios en el bolsillo. Maragaglio no se sorprendió por los protocolos, sino por la velocidad. Como el tiempo para el viaje a Vichy era limitado, urgía realmente su presencia y apenas bajó del auto, un séquito le colocó el equipo para montar. Laurent y Lou enseguida recibieron el suyo y fueron apartados del padrino. Lleyton Eckhart, quien había llegado un poco después, miraba con extrañeza todo aquello y supuso que no haberse parado mucho por el barrio Corse hacía que no se sintiera cómodo con sus tradiciones.

-¿Dónde está Marine? - preguntó Maragaglio, a lo que una mujer contestó que se hallaba "con los caballos". Observando, él se dió cuenta de dónde ir y sin mediar palabra, enfiló sus pasos por varios metros hasta una puerta verde claro de madera. El interior estaba vacío de gente, excepto la novia y todo porque al arribar el padrino, se respetaba ese contrato no dicho de privacidad. El fotógrafo se había salido y el comité de Miss Corse parecía contento: Si Marine Lorraine proyectaba una imagen de amante de los animales y comprometida con el parque y costumbres de sus vecinos, el barrio aún podía obtener el título de "Miss Comunidad", premio vacante de Miss Nouvelle Rèunion y que era tan prestigioso como la corona de belleza. A Maragaglio le pareció que era innecesario, aunque no opinó al respecto y atravesó hacia el interior. El silencio se quebró apenas con el crujir de la madera.

A escasos pasos, abrazando todavía a uno de los caballos, Marine Lorraine reconoció el olor de Maragaglio, el sonido de sus pisadas, su respiración acelerada y sobretodo, ese suspiro ligero previo a dirigirle la palabra. Ella no pudo ocultar la felicidad, aunque no se soltaba.

-¡Marine! He venido a tu casamiento, como lo prometí - saludó él. A ella se le congeló el gesto un segundo.

-No tuve dificultades para llegar, creí que sería tardado, pero la nieve no ha llegado. Me dijeron que en Vichy apenas esta noche nevará - continuó él - Lo cual es bueno porque podremos jugar con tablas en el resort que reservó Laurent. Tu novio me cayó bien, parece un tipo serio y parece que ser su padrino tiene como ventaja acercarme a ti.

Marine pasó saliva, aunque optó por seguir sosteniendo al animal y Maragaglio entendió que estaba acelerando el ritmo con sus palabras, así que tomó un cepillo y aprovechando que la yegua continuaba ahí, decidió peinar su crin.

-Ya la peiné - por fin habló ella.
-Pero le gusta ¿Ves cómo insiste?
-¿Eres experto en equinos, ahora?
-No, Marine, pero me gusta consentirlos... Mira, le agrado.
-¿La montarás?
-No sé.
-La alisté.
-Si quieres, la tomo.
-Veo que traes el prendedor de alcatraz.
-También tú.
-Me lo dió Laurent.
-Lou me lo puso cuando él se lo dió.
-Maragaglio, esto es tan extraño.
-¿Por qué lo dices? 
-Juraría que tramas algo y al mismo tiempo... ¡No sabes cuánto me alegra que hayas venido!

Marine no pudo ocultar más su felicidad y se arrojó a los brazos de Maragaglio, quien en lugar de congelarse, se permitió disfrutar del abrazo por los segundos que duró. Ella, que había tenido la mirada apagada y perdida, de repente volvía a la vida y ambos se miraron a la cara por segundos que se sentían eternos.

-Tenemos que hablar, Marine.
-Estoy de acuerdo.

Maragaglio sabía que no había testigos, así que decidió clavar su primera daga sin preámbulos. Contrario a lo esperado, una rabia triste se apoderó de él y por un momento, dejó la actuación para dejar ver un rostro iracundo y herido.

-Lo del ADN realmente me hirió Marine.

Ella no pudo disimular y el llanto salió como un borbotón.

-¡No pensé en ese momento!
-¡Hiciste llorar a Susanna!
-¿Qué dijo tu esposa?
-¡No he podido hablar con ella, no quiero...! ¡No tenías derecho de mandarle nada!
-¡Perdóname!
-¡No estaba listo para saber! ¡Por algo no busqué a mi padre! Marine ¿Cómo te atreviste?
-¡Quería llamar tu atención, lo siento! 
-¡Llevas cuatro años llamando por teléfono! ¿Qué más atención querías? ¡No puedo ser tu amante, niña! Tú y yo terminamos ¡No tenías derecho de vengarte! ¡Eras mi amante, no mi mujer! ¡Sabías que no dejaría a Susanna por ti!

Marine no pudo responder y bajó la cabeza.

-Dijiste que estabas pagando lo que me hiciste ¿Me mentiste, Maragaglio?

Él suspiró y luego miró los ojos de ella. Quería terminar el primer acto, pero en ese momento, el cuerpo lo traicionó.

-Dejé a Katarina irse con un muchacho y lo primero que hice fue pensar en ti.

Maragaglio tenía sus manos en el rostro de Marine y se colocó a su altura.

-¿Cómo voy a sobrevivir a mi padre aquí?
-Maragaglio, perdóname.
-¡Goran Liukin Jr. está ahí y no le importo!
-Maragaglio...
-¡Me abandonó y ahora me trata como si no hubiera arruinado mi vida! 
-¡No te quería lastimar así, eso es verdad!
-¿Sabes cuántas ganas tengo de matarlo ahora? ¡Y no se va arrepentir jamás! ¡Nunca le ha dolido abandonar a nadie!

Marine quería arrodillarse para suplicar perdón, pero Maragaglio fue quien cayó primero, queriendo esconderse y morder sus nudillos. Pero ella prefirió levantarlo y abrazarlo fuertemente. Él se quedó pasmado un momento y se dió cuenta de, otra vez en cuestión de minutos, estaba cediendo ante la sensación de estar con Marine. Habían pasado cuatro años. Y el abrazo era cálido y especial. 

-Debo ignorarlo - pensó él y se soltó, aunque sostuvo los dedos de Marine.

-Si quieres hacerme daño, me lo merezco - lloró ella.
-No, Marine.
-Es a lo que has venido ¿Por qué más estarías en mi boda? ¡Destrúyela, destrózame, dile a Laurent de nuestra historia! Te conozco, Maragaglio. Quieres vengarte ¡Y quizás deseo que lo hagas!

Maragaglio negó con la cabeza cuando logró recomponer su personaje.

-He traído tu vestido de novia. No necesito derrumbar nada, no he viajado tanto para hacerte sentir avergonzada. Vengo a despedirme, Marine. Y si tengo que apoyar a Laurent para que tengas tu final feliz, entonces soy el primero en decirte que te cases con él. 
-No tengo la fuerza de decir que lo amo.
-¿Te ha preguntado?
-Le he asegurado a mi padre que quiero a mi prometido.
-Somos amigos, Marine. Vamos a platicar de verdad, te ayudaré a casarte. 
-Hace poco te rogué por volver a tu lado.
-Estarás mejor sin mí.
-Si tu revancha es que yo sea esposa de Laurent, estoy de acuerdo.
-Marine, no te estoy castigando.
-¡Quiero que esta pesadilla termine!
-Entonces corre por tu prometido.

Marine iba a romper en llanto, pero Maragaglio llamó a Laurent y este último entró a la caballeriza con curiosidad. Apenas iba a preguntar qué sucedía cuando Marine Lorraine tomó su rostro y lo besó con la pasión que la asaltaba en ese momento.

-¡No es la primera vez que se besan así! - exclamó Lou que también iba entrando. Maragaglio giró con sorpresa.

-¿Qué dices?
-Marine y Laurent se besan como si quisieran comerse la boca.
-¿Los has visto?
-Soy chaperona... Pero no le digas a papá, por favor.
-Los novios se besan.
-Pero no en Corse.

Maragaglio miró a la pareja y algo en él se disparó. Una molestia, un pensamiento sobre golpear a Laurent, sobre estrellarle la cabeza contra una banqueta. 

-Eh, basta. Hay que tomar los caballos, debemos ir a Vichy después.

Marine se apartó de Laurent luego de la orden de Maragaglio y enseguida se colocó el casco para montar. Su prometido la veía con una incontenible euforia y Lou, feliz, lo jaló para ir por su lado. Maragaglio y Marine quedaron de nuevo solos, pero no podían dirigirse la palabra. Ambos intentaban ver hacia otro lado y terminaron de alistarse para su paseo. Estaban incómodos, ambos con la certeza de equivocarse y Maragaglio, determinando que debía recuperar terreno, quebrantó su propia regla de torturar a la mujer con su deseo. Sin advertencia, sin señales, probó la boca femenina. 

Marine perdió el aliento, la cordura y la noción del tiempo por un instante. El recorrido juntos sería silencioso, íntimo. Y la venganza había concluido exitosa su primer capítulo.