Tell no Tales. Viernes, 29 de noviembre de 2002.
El tren rumbo a Vichy salió en punto de las catorce horas y aunque Maragaglio tomó asiento junto a Laurent Ferny, no le dirigía la palabra por ningún motivo. En parte porque no sabía de qué podían conversar y por otro lado porque la investigación sobre los diamantes contrabandeados del Gobierno Mundial le ocupó la mente. Frente a ambos, Lleyton Eckhart trataba de revisar también sus propios papeles, aunque su novia, Sophie Tallmann, parecía reclamar su atención de forma juguetona.
-Dijiste que en estos días no habría trabajo - comentó ella antes de besar a Lleyton.
-Sólo son pendientes pequeños. En Vichy haré un par de llamadas y seré todo tuyo.
-No sabes las ansias que tengo de estar contigo.
Maragaglio levantó la vista al escuchar ese último comentario y se dio cuenta de que Sophie no se lo decía a Lleyton, sino a él, aunque no hizo un gesto para delatarla. Simplemente volvió a sus pensamientos y sacó unas hojas de papel para realizar un par de notas. Laurent le prestaba atención, así que comenzó a anotar ideas que podían servir para agradarle a Marine. El otro leía cosas que no entendía del todo, puesto que no hablaba italiano.
-Reserva una mesa y lleva a Marine a cenar - dijo Maragaglio - Que en la mesa haya flores blancas y que esparzan unas gotas de esencia de menta, eso le gustará.
Laurent estaba por preguntar algo, pero el otro se adelantó.
-Como Marine necesitará chaperón y yo soy tu padrino, comprenderás que deberé quedarme en la mesa de al lado con Lou.
-No esperaba menos.
-¿Desalentado? Tú no vuelves a besar a Marine hasta la boda.
-¿Por qué estaría mal?
-Hay tradiciones qué guardar ¿No eres respetuoso, Laurent?
Laurent Ferny se quedó desarmado y comprendió que incluso detalles como ese formaban parte de su propia estrategia. Había que cuidar las formas, volver a ser el novio pasivo para no cambiar la impresión de la familia Lorraine sobre él.
Pero alguien más estaba prestando atención a esa charla y sonreía orgullosa. Lou Lorraine no tardó en armar un escenario en su cabeza donde ella y Maragaglio compartían un plato de pasta y hablaban de cosas cursis mientras Marine y Laurent conversaban sobre la boda y los días posteriores. Era una cita e incluso pensaba en un vestido color chocolate para deslumbrar y acaparar las miradas. La sola idea de que Maragaglio la invitara a salir le emocionaba demasiado.
-Lo primero que haremos en Vichy será llevar a Marine y a sus hermanas a sus cabañas. Espero que nos dé tiempo para cambiarnos de ropa antes de sorprenderlas.
-Maragaglio ¿La cena sería hoy?
-Claro, Laurent ¿Qué pensabas? No hay mucho tiempo y la boda es el ¿Domingo próximo?
-Tienes razón.
-Bueno, hay que avisarle a la novia.
-¿Dónde vas?
-Con Marine.
-¿No era una sorpresa?
-Para ella no, para la familia sí. Acostúmbrate a impresionar, Laurent.
Maragaglio se levantó y luego de mirar lado a lado, descubrió a Marine junto a una ventana, sentada y sola mientras un gorro rosa cubría su cabeza. Afuera, se veían pinos muy altos y frondosos, algunos con un poco de nieve y Maragaglio se percató de que el tren iba cuesta arriba. Vichy era una ciudad enclavada en las montañas.
-¿Tienes pastillas para el mal de altura? - lo recibió Marine.
-He tomado alguna.
-¿Vas a sentarte frente a mí?
-No.
Maragaglio se colocó justo al lado de ella, pero no habló. Al igual que ella, se dedicó a mirar hacia el exterior, hasta que el reflejo los mostró juntos. Marine derramó una lágrima.
Esa escena fue contemplada por Albert Damon y Goran Liukin Jr. aunque sólo uno estaba realmente alarmado. La calma la disimulaban bien y a su lado, Lorenzo Liukin descifraba el juego completo. Se sentía extraño y poco a poco, tener ahí no a uno, sino a dos hermanos, le hizo plantear la situación de nuevo.
-Entonces, ustedes quieren arruinar la boda - pronunció.
-Marine no merece esto - contestó Albert.
-¿Y por qué lo estamos haciendo?
-Porque no queremos perder el terreno del valle.
-¿Cómo supieron que Laurent es un Isbaza?
-Eso fue reciente, Goran lo siguió.
-¿Fue tan sencillo?
-Tu padre es un vago.
-¿Por qué hizo eso?
-Me gusta burlarme de la vieja Isbaza - replicó Goran y dió un sorbo a un vaso con agua mineral mientras se asomaba y se daba cuenta de que Laurent Ferny bebía lo mismo. No necesitaba conocerlo para saber que estaba tenso y el agua simple no lo calmaba igual.
-¿Laurent no sabe?
-Me habrá visto en una foto ¿Qué se yo? Los Isbaza averiguan sobre nosotros cada tanto - continuó Goran.
-¿No te reconoció en estos dos años?
-No es un idiota. Un Isbaza no da un paso sin asegurarse de las cosas. Me ha saludado, ha fingido, cree que soy ingenuo y lo seguí porque creo que no es tan listo como parece. Es el perro faldero de la vieja horrible y honestamente, me cansé de ella. Los Liukin nunca nos hemos defendido, pero meterse con la tumba de mi padre... Eso dolió, Lorenzo.
Maragaglio continuaba contemplando a Marine en el reflejo, pero el cuchicheo de los otros había llegado a sus oídos sin dificultad y en lugar de alegrarse, lo tomó como el amargo recordatorio de su enorme riesgo de ceguera. Si sus sentidos habían comenzado a afinarse tanto, quizás la oscuridad era mucho más cercana de lo previsto.
-¿Pasa algo? - preguntó Marine cuando pudo recuperarse.
-Nada, sólo necesito respirar.
-¿Estás bien?
-Ya regreso.
Maragaglio se incorporó y caminó hacia el frente, hasta la siguiente sección del tren, desde donde podía observar a Laurent Ferny y al mismo tiempo, a Goran Liukin Jr. Algo le molestaba en particular de esos dos más allá de celos, abandono y farsas y no quería confirmarlo. Por otro lado, Sophie Tallmann aprovechaba la distracción de Lleyton y su incipiente conversación con el mismo Laurent para dirigirse donde Maragaglio. Él conocía la intención y la mirada.
-¿Vas a invitarme un trago o quieres que yo inicie la fiesta? - inició ella.
-Siempre será interesante invitar a una dama como tú.
-¿Vino o un Aperol?
Maragaglio desvió su mirada un segundo hacia Marine y al asegurarse de que lo veía, sonrió.
-¿No te apetece más un campari o un vermut con soda? - siguió él.
-Acepto el vermut.
-Entonces yo tomaré campari.
-¿Por qué Maragaglio?
-Por la diferencia. Además, no creo que te guste alguien que pruebe lo mismo que tú.
Sophie mordió sus labios y caminó unos pasos hacia el bar con él. Aunque parecía que tendrían una agradable conversación, Maragaglio seguía al pendiente de los ojos de Marine y de su expresión confundida. Ella iba a quedarse en su sitio, sin poder decir nada, sin ir siquiera donde Laurent a actuar como la novia de siempre. Sólo le quedaba ir con sus hermanas, pero algunas estaban ocupadas con sus hijos y otras siendo adolescentes y su hermano Damon estudiaba algo con su guitarra como para interrumpir. Sólo quedaba Lou y había desaparecido también.
-Dicen que los Lorraine estarán en unas cabañas. Lleyton y yo nos quedaremos en el hotel - siguió la mujer.
-Laurent y yo también nos quedaremos ahí.
-¿Quién visitará a quien, Maragaglio?
-Mi habitación no se comparte con el novio. Voy por ti. A medianoche en el corredor.
-¿Cómo distraeré a mi novio?
-Déjalo trabajar.
-Eres demasiado sexy.
-Eres hermosa.
-Es una lástima esperar.
-Estoy muy de acuerdo.
Maragaglio sonrió, pero no por la propuesta aceptada, sino porque sabía que Marine le daría mil vueltas en la cabeza al asunto. Sophie no tenía las ataduras de Corse, era una mujer adulta eligiendo libremente pasar la noche con un hombre ajeno a su novio y además, no tenía ningún compromiso con la boda, salvo asistir con Lleyton Eckhart. El plan era perfecto aunque inesperado, pero en la venganza todo valía. Marine se acordaría de sus momentos más secretos y acabaría celosa y más tensa, lo que ya llevaría a cometer más errores. Pero el destino le recordó el plan original:
De pronto y con su energía desbordante, Lou Lorraine se acercó al bar. Estaba radiante y muy interesada en tomar algo. Sophie Thalmann reaccionó con desconcierto y Maragaglio recibió enseguida un abrazo entusiasta que cambió su ánimo por uno paternal.
-¡Ay, Maragaglio, aquí estás! He querido hablar contigo toda la tarde.
-Eh, Lou, estás siendo irrespetuosa con la señorita Thalmann.
-Lo siento mucho ¿Conversaban?
-Sí, sobre la boda de Marine. Sophie me decía que los detalles que ha tenido Laurent con la familia le parecen adorables.
-No te hemos contado de eso.
-Marine lo mencionó en la cabalgata.
-¡Es que Laurent es encantador!
-Lo creemos.
-Discúlpenme, es que... ¿Puedo ordenar algo? Me quiero quedar con ustedes, no tengo nada qué hacer y Marine no me hizo caso.
-Oye Lou, no deberías beber.
-¡Quiero un daiquirí de fresa! Sólo no le digas a papá, porque me regañaría.
-No te preocupes.
-¿Y la señorita Thalmann vendrá a la cena con nosotros? ¡Maragaglio le sugirió a Laurent tener una cita con mi hermana esta noche y me va a llevar con él para ser chaperones! ¡Con más gente será divertido!
Sophie cambió su expresión y contestó:
-No lo creo, muchachita.
-Es una pena, con lo que me gusta platicar.
-Yo me retiro, iré con Lleyton.
-Oh, bueno, entonces la veremos en las actividades de mañana ¿Verdad? ¡Estaremos en la nieve!
-Tal vez... Maragaglio.
Él respiró hondo.
-Será en otra ocasión, Sophie.
-Espero que pronto.
-Si esta boda me lo permite.
La mujer dio medio vuelta y Lou miró a todos lados sin entender.
-¿Se molestó conmigo? ¿Fui maleducada? - preguntó.
-No, Lou, es sólo que charlábamos.
-¿Lo arruiné?
-¿Qué arruinaste?
-Creí que me podía quedar con ustedes.
-No es importante.
-Ya me dió vergüenza.
-Lou, sólo es una plática que se puede retomar en Vichy.
-¿Seguro?
-No hay problema.
-¡Menos mal! ¡Me quedo contigo toda la tarde!
Lou volvió a estrechar a Maragaglio y él sintió por un momento que ella utilizaba demasiada fuerza. La chica le dio un beso en la mejilla y enseguida dió el sorbo a su daiquirí. Lou tenía la costumbre de morder el popote antes de sorber y él no sabía si tomarlo como algo normal o curioso.
-No tomarás alcohol.
-Lo que tu digas hermanito.
-Y quiero que ayudes a Marine con sus nervios.
-Claro que sí. Estoy muy preocupada por ella, se la pasa llorando cuando cree que no la veo.
-¿Has sabido por qué?
-Es que no le ha gustado nada de lo que mamá planeó para la boda.
-¿Qué fue?
-Manteles menta, cosas plateadas, un brunch y las flores de colores. Marine no sabe cómo decirle que no le gustó nada.
-¿Y qué dice Laurent?
-Laurent acepta todo por la familia, no quiere contradecir a mis padres. Pero bueno, al menos soporta todo y ama a mi hermana ¿Pero no le dirás nada a papá, verdad? Si se entera que Marine y Laurent se besan, enfurecerá.
-No tiene sentido.
-Es que en Corse besar al novio da a entender cosas.
-¿Cuáles?
-Podrían pensar que Marine no es virgen - señaló Lou bajando la voz.
-¿Perdona?
-Sólo los que se acuestan se besan como ellos dos. Todo el barrio lo sabe.
-Lou, tú los conoces. Marine y Laurent no han hecho algo solos.
-Pero los demás no.
Maragaglio respiró hondo y bebió su camperí, advirtiendo que Sophie había regresado con su novio y para no levantar sospechas, le cedía su vermut. Laurent por su parte, se daba cuenta de que el ánimo de Marine no mejoraba y queriendo recuperar terreno y confianza, pidió permiso a Albert Damon de sentarse con ella, aunque este fuera muy exigente con lo de colocarse frente a su hija y no al lado. El hombre aceptó la condición y tomó la flor de un adorno del vagón para tener un detalle.
-Marine, te regalo una flor, no sé cómo se llama, la verdad, pero ojalá te guste.
-Muchas gracias, Laurent.
-Te he visto cansada ¿Estás bien?
-No he dormido lo suficiente.
-¿Necesitas algo?
-Laurent ¿Crees que la boda sea buena idea?
La expresión de Laurent cambió de preocupación fingida a una de alarma ¿De qué le estaba hablando su prometida? Era muy pronto para soltar algo así y lo más grave era que el plan peligraba. Steliana Isbaza iba a matarlo si no lograba la firma de Marine y él quedaría como un incompetente y un inútil frente a la familia entera. Sabía que si preguntaba cuánto tiempo llevaba ella pensando en esa cuestión, iba a perderlo todo. Entonces, recordó el consejo de su abuela de hacer llorar a Marine si era necesario y luego ofrecerle alivio, recomponiendo su actitud.
-Lo que yo creo es que ambos nos merecemos descansar y divertirnos estos días y verás que en la boda todo saldrá bien.
-¿De verdad quieres casarte conmigo?
-Sí, Marine, estoy muy seguro.
-¿Me amas?
-Completamente.
-¿Por qué aceptas todo lo que mi familia te pide? ¿Harás todo lo que Maragaglio te diga?
-Lo hago por respeto, por cuidarte de la gente de Corse y porque es importante. Quiero estar contigo, Marine, pero haciendo las cosas bien para que no sufras. No podría permitir que lleguemos a la iglesia y la gente hablara mal de ti.
-¡Laurent!
-Sólo tengamos paciencia, estaremos bien.
Marine soltó a llorar y Laurent aprovechó la oportunidad de aproximarse más y abrazarla, ocultando su rostro para que nadie más pudiera enjugar sus lágrimas.
-Cuando lleguemos a Vichy, te invitaré a cenar con tus hermanas y tus padres para que te sientas más acompañada ¿Está bien?
-Tal vez eso me calme más, Laurent... ¿Llevarás a Maragaglio?
-Es tu hermano.
-¿Podríamos sentarnos lejos de él?
-Lo que desees.
-Protégeme, por favor.
-Confía en mí.
-Pasemos tiempo juntos en Vichy.
Laurent afirmó con la cabeza y quiso estrechar a Marine una vez más, pero ella lo besó brevemente en los labios a la vista de todos. Maragaglio observó todo con el vaso en la mano y se terminó el camperí con el rostro serio. Lou lo miraba como si algo hubiera salido mal.
-¿Los vas a regañar?
-No.
-¿Estás enojado, Maragaglio?
-Tampoco.
-¿Qué te sucede?
-Lou, tú y yo somos los padrinos ¿Qué me aconsejas?
-¿Yo a ti?
-Nuestra hermana es la que se va a casar.
-¡Que Marine y Laurent se besen y se abracen y sean felices! A ella le hace falta, mira cómo se contenta.
-Hay un límite.
-Nadie se va a enterar.
-¿Me lo prometes?
-Sólo viene la familia.
-Y el fiscal Eckhart con su novia.
-No dirían nada, el fiscal ya sabe cómo somos en Corse
-Nos aseguraremos de que no haya tanto "amor". No veo a tu padre muy satisfecho.
-De él me encargo. Nada que un apapacho mío no ablande.
-Nos buenos en la cena, Lou.
-¿Pasas por mí?
-Y Laurent por Marine.
-Cuenta conmigo.
-Regresaré a mi lugar.
Maragaglio caminó hasta su asiento, pensando en cómo mejorar su venganza. Laurent y Marine habían entablado una conversación que no era nueva entre ellos, pero a él le molestaba escucharla apenas. La mujer decía que no le convencía el viaje por Macao que Laurent planeaba y el otro, como novio perfecto, fingía que estaba a punto de ceder y no hacerlo. Pero Marine, sin advertencia previa, giró su cabeza hacia Maragaglio y luego terminó la conversación con Laurent recordándole que quizás no se hallaban en Tell no Tales, pero sí frente a Albert Damon y para evitar otra conversación incómoda como la día anterior, más valía separarse. Lleyton Eckhart abandonó su sitio un momento para hacer una llamada a su secretaria y Sophie volvió a quedarse sola frente a Maragaglio.
-Es un desperdicio no poder encontrarnos esta noche - dijo ella sacando un cigarrillo.
-Me interesa.
-¿Esta misma noche?
-El acuerdo sigue.
-¿Qué tan intenso eres?
-¿Qué tanto estás dispuesta a divertirte?
-Llevaré un vestido ¿Está bien?
-Te daré más de lo que deseas.
Sophie Thalmann se quedó expectante y Maragaglio supo que había tenido éxito en su nueva improvisación. Marine había notado lo de su nueva aventura y en lugar de tranquilizarse, a ella ahora le temblaban las manos. Lou desde el bar terminaba con su daiquirí y Laurent se colocaba de nuevo junto a su padrino, declarándose listo para una noche de cita.
Albert Damon, Goran Liukin Jr. y Lorenzo Liukin únicamente se dedicaron a sentir el ambiente tenso, pero sólo Albert se mantenía intranquilo y rogando porque la noche no fuera a explotar.



