Luego de pasar el resto de la mañana y el mediodía durmiendo, Susanna y Maragaglio estaban en cama conversando sobre lo que había pasado en las últimas semanas. Al principio, cariñosos y tranquilos, abrazándose. Sus hijos permanecían en el colchón de al lado, silentes y angelicales, como no habían logrado estar desde que su madre se había internado.
-La boda de Katarina y Marco fue preciosa. Es una pena que te la perdieras ¿Cómo la arreglaste? preguntó ella.
-Unas llamadas y un juez enfermo bastaron.
-Nuestra niña creció... ¿Sabes? Katarina dijo que te quiere. No creía que harías algo así por ella.
-¿Por qué no?
-Ahuyentaste a Marco antes.
-No tiene mucho qué ofrecer.
-¿Con una familia bonita no te basta?
Maragaglio sonrió y luego besó la mejilla de Susanna.
-Nos hacía falta estar así - mencionó él.
-¿Sin hacer nada?
-Juntos.
Ambos se miraron y sonrieron como siempre lo habían hecho. Susanna lo estrechó más y podía escuchar su corazón.
-¿Qué pasó en París? Siempre te escuché cansado.
-La investigación de los diamantes se complicó. El almirante Trafalgar intervino y echó a perder la captura de Sergei Trankov.
-¿Cómo? ¿Hizo todo mal?
-Peor que un novato, Susanna. Me puso en riesgo, casi le disparan a Carlota Liukin y tuve que dejar ir a ese terrorista.
-¿Ayudaste a Trankov?
-No hubo remedio.
-Cuéntame lo de Carlota.
-Si Ricardo Liukin se entera, me va a reportar con Intelligenza.
-Tengo entendido que esa niña le cuenta todo a su padre.
-Esto no.
-¿Por qué?
-¿Te acuerdas del diamante dorado que encontré cuando Trankov irrumpió en la pista de hielo aquí en Venecia?
-Katarina terminó temblando.
-Resultó ser de Carlota.
-¿Qué?
-Es de Carlota Liukin y Trankov lo robó para venderlo en la matriz de Cartier en París. No lo logró y fue a devolverlo personalmente sin mucho éxito. Pero él aprovechó que fuimos al Trophée Bompard para regresar a Francia y vender otras piezas ¿El dinero? Sólo efectivo, ese ya se perdió ¿Los diamantes? Incautados, excepto uno que debo rastrear.
-¿Por el que te mandaron a Tell no Tales?
-No quería irme, pero me prometieron darme unas vacaciones cuando termine la misión. Me esforzaré para estar aquí en Navidad.
-Apenas nos reunimos.
-Tengo veinticuatro horas para llegar.
-¿A qué hora pasan por ti?
-A las tres. El tren a Milán sale a las cuatro y el vuelo a las cinco. Aterrizaremos en Sudáfrica y otro vuelo nos llevará a Hammersmith. A Tell no Tales sólo se llega en tren, así que tomaremos el viaje rápido y rezaremos por estar a la hora.
-¿No es demasiado?
-El diamante sospechoso se entregará en una boda.
-¿Quién se casa?
-Un tal Laurent Ferny ¿Sabes qué es lo extraño? Que se trata de un nieto directo de Steliana Isbaza, la dueña de Industrias Isbaza.
-Esa gente sale en los periódicos.
-Se les investiga desde hace mucho por lavado de dinero. Si el diamante es el correcto, por fin caerán.
Susanna frotó el brazo de Maragaglio y acercó su rostro al de él, juntando su narices. Cuando surgió el beso, Susanna estuvo lista para dejarlo ir.
-Me da miedo.
-Susanna, no creo que me apunten otra vez.
-A veces hablas con ligereza de las armas con las que te atacan.
-Si no lo hago así ¿Podría con el trabajo?
-Eres el jefe.
-Me ascendieron y el próximo año seré un funcionario de oficina como siempre lo planeamos.
-¿Qué dices?
-Cuando regrese, te daré los detalles.
-¿No te irás y podrás estar más conmigo y los niños?
-Una vez al mes tendré que ir a rendir informes al almirante Borsalino en París, pero serán viajes cortos. Te gustará el cambio.
-¡Pasaremos más tiempo cerca de mi papá aquí en su casa!
-Susanna, me gustaría que fuera así.
-¿Te van a trasladar?
-De vuelta a Milán.
Susanna estrechó a su marido, pero no se le ocurría la forma de decirle que prefería quedarse en Venecia a volver, como era seguro, a la casa Leoncavallo y sus artefactos viejos y muros testigos de gritos y heridas profundas. Milán no era un buen recuerdo para nadie ¿Por qué sería distinta la experiencia con un ascenso?
Maragaglio en cambio, tenía en mente todas las mentiras que acababa de contar. La verdad era que el diamante dorado seguía en resguardo en Intelligenza porque Carlota Liukin peligraba si descubrían su habilidad de llorar diamantes y él no iba a delatarla. Otra cosa importante era establecer a Katrina como su amante fija, por eso la mantendría en París, en un departamento discreto del Edificio Méliès. Y nada de hablar sobre Marine Lorraine, porque la boda en Tell no Tales era su venganza contra ella y nada que ver con un contrabando que existía, pero que no podía exponer aún.
-Maragaglio, hay un tema del que no podemos hablar porque están los niños y no te queda mucho tiempo, pero hay un sobre del que preferiría no haber sabido.
-¿El del ADN?
Susanna no logró resistir sus lágrimas y estrechó aún más fuerte a su esposo.
-No estoy listo. No consigo entender por qué.
Ella posó sus ojos sobre el rostro de él y notó esa tristeza silenciosa que contenía el llanto. Pero sabía que la situación era diferente por el gesto de abandono. El mismo rostro le había visto por la muerte de su madre hacía ocho años, a pesar de la enorme distancia y el rechazo que ella había demostrado siempre.
-Concuerdo en platicarlo todo antes de enfrentar a la familia. Las preguntas que les haré a ellos no son las mismas que voy a contestarte, Susanna. Todavía puedo vivir con lo que tú y yo leímos.
Susanna asentó y reanudó con fuerza ese abrazo. Maragaglio entonces supo que lo que resultara con Marine Lorraine, era indetenible.
Al cabo de media hora y de una ducha rápida, Maragaglio se dispuso a salir de la casa del señor Berton, con su abrigo negro, sus guantes, vestido de traje, pulcro y estilizado. Pero para Susanna, era un día normal, uno donde su marido iba a concretar una misión y le llamaría cuando pudiera para preguntarle si quería un regalo. Afuera, un vehículo acuático de Intelligenza Italiana aguardaba por él y la familia Berton salió detrás: Anna y su padre porque sabían perfectamente que estaba pasando en realidad; los sobrinos porque se despedían del tío favorito, los hijos porque no querían separarse de su padre y Susanna con su otro bebé, ella intentando no llorar como siempre que él se marchaba. Pero esa vez, el profesor Hazlewood también decidió despedirse, aunque en realidad, tenía la débil esperanza de detenerlo en sus intenciones.
-Maragaglio, deseo que tenga un buen viaje.
-Gracias, Hazlewood.
-Ojalá los inconvenientes no sean grandes.
Maragaglio comprendió enseguida.
-En estas situaciones deben asumirse.
-Pero no llegar a extremos.
-Podría ser necesario.
Entonces, Hazlewood advirtió en voz muy baja:
-Va a salir muy lastimado.
-Es un incendio.
Ambos disimularon dándose la mano, aunque Maragaglio miró hacia al frente, descubriendo al doctor Pelletier detrás del cristal de una ventana.
-Que ese idiota no esté cerca de mi esposa.
-Cuente conmigo.
-¿Por qué lo aceptó en su casa?
-Ha estado nevando.
-¿Es usted bondadoso?
-Pelletier es el cardiólogo de mi hijo.
-Manténgalo lejos, no queremos que le rompa los nudillos.
Maragaglio dedicó una última mirada amenazante a Pelletier y volteó hacia Susanna para besarla. Después de eso, finalmente subió al vehículo y se le consideró agente en servicio.
En la todavía clausurada ciudad de Venecia, ver caminar a Maragaglio hacia el canal levantaba una extraña expectativa entre los vecinos porque pensaban que era un hombre de aventuras interminables. En la ciudad llegaban a circular rumores de supuestos viajes secretos a Sudamérica para cazar mafiosos; otros decían que la mafia local retrocedía apenas sentían la presencia del hombre aquel y otros, que algún contrabandista lo mantenía en persecución y que al atraparlo, sería noticia nacional como en otras ocasiones. Verlo abordar la lancha de Intelligenza Italiana también tenía un encanto sofisticado, como el de una estrella de cine inalcanzable. Pero de nuevo Susanna rompió la imagen con su abrigo café, con sus botas con flecos y adornos coloridos de cuentas multicolor y claro, su delatado vestido hippie. Ella había corrido espontáneamente para darle a él su copia de las llaves de la casa, a dónde irían terminado el trabajo. Las llaves de Maragaglio estaban adornadas con plumas y un corazón bordado con el nombre de su mujer y él enseguida las colocó en un bolsillo de su saco, rompiendo la extrema seriedad de su atuendo, aunque sin restarse porte. Qué manera de recordarle a Venecia que ante todo, era un hombre casado con la mujer que más lo amaba en el mundo.
Pelletier por su parte, observó a Susanna caminar hacia la casa Berton con la mirada y la sonrisa más tiernas que nunca había visto; pero Anna, su hermana, no estaba feliz y no evitó regañarla.
-¡Tenías que ir detrás de Marabobo! ¡Ya métete, hace frío!
-Le di sus llaves.
-¡No las necesita! ¡Sabe que le abrirás la puerta!
-Se las decoré con plumas que cosí en el hospital, fue una sorpresa.
-Como si a ese imbécil le importara.
-¡Él le puso un corazón bordado con mi nombre!
-¿Por qué te emocionas? No entiendo.
-Es mi marido, Anna ¡Lo amo!
-¡Te fuiste a congelar por una tontería!
-¡Basta, Anna!
-Susanna, no quiero que sigas con tus actitudes de niña boba ¡Eres una adulta!
-¿Me dejas en paz? ¡Maragaglio se acaba de ir!
-¡Él debió quedarse a cuidarte!
-¡Él recibió una misión desde Intelligenza desde hace meses y la dejó por cuidar de los niños!
-¡Es lo mínimo que debe hacer!
-¡Estoy en casa! Las cosas han vuelto a la normalidad. Te pido que no te metas, Anna.
-¡Mi padre no te echa porque aquí están tus niños, pero no vas a volver cuando el infeliz de tu esposo regrese! ¡Esta no es tu casa! ¿Crees que estamos en una reconciliación familiar? ¡Mientras continúes casada con Maragaglio, tú no perteneces a nuestra familia! ¡Ya basta, pero contigo y Maragaglio, Susanna!
Susanna Maragaglio no replicó y bajó la cabeza. Anna Berton se dio cuenta de que había lastimado a su hermana y tomó distancia porque pedirle una disculpa no era algo que haría porque no se arrepentía de sus palabras. La propia Susanna comenzó a llorar en silencio, cubriendo su boca y entonces, Anna contempló de nuevo a Luc Pelletier, testigo de la escena, preparando unos pañuelos para salir y ofrecerlos.
-Venga, Susanna, volvamos con los niños. Luego discutimos esto - dijo la mujer y sin dejar de ver al improvisado vecino, dirigió a su hermana al interior. Pelletier sólo escuchó por parte de Fabrizio Antonioni que los Berton solían discutir en la calle por generaciones.
-Mejor vengan a comer la sopa - dijo Edward Hazlewood y Pelletier se alejó de la ventana, no sin pensar que se había tardado en salir a calmar a Susanna.
Ajeno a la situación en casa, Maragaglio navegaba con prisa hacia la terminal de Tessera. El avión a Port Elizabeth era de carácter oficial, aunque se camuflaba con turistas. Él pasaba directamente a la pista, así que alistó su identificación y su golden card para que nadie pudiera objetar su presencia. El frío en Venecia cedía con las nevadas por el resto del día y con ese tiempo contado, Maragaglio planeó las actividades de su viaje: Leer las cartas de su hijo mayor que había aprendido a escribir, revisar sus papeles sobre las facturas de diamantes vendidos en Tell no Tales, esquivar a las azafatas, llamar a casa a la mitad del vuelo y al aterrizar; volver a hacerlo al llegar a Hammersmith y en el tren y finalmente, avisar que había llegado a su hospedaje en el barrio Corse. Sin embargo, eso no descartaba devolver las llamadas a Katrina, quien le preguntaba cuando volvería a París a verla.
-Maragaglio llama... Voy a Tell no Tales como está planeado... Sigo con ese tema ¿Te molesta?.. No voy a tardarme más que unos días... Claro que te veré antes de reunirme con mi familia... En esta lancha nadie habla francés, no me preocupa... Me alegra que el apartamento te haya gustado... La renta está cubierta ¿Cómo vas con la tarjeta de crédito? ¿Me llegará un gran golpe?... Si te gustó, compra ese pantalón...Ir a París a verte es más que una promesa.
Katrina escuchaba a un Maragaglio de tono serio y eso la hacía sonreír, sobretodo por lo convincente que sonaba. Aunque en el fondo, le preocupaba tener que recoger los destrozos. Intuía que en la boda de Marine algo por fuerza resultaría en una consecuencia sumamente dolorosa.
Maragaglio de despidió de Katrina con un "te quiero" y sintió que a partir de ahí, la travesía se volvía más seria. Cerca de Tessera luego de navegar por veinte minutos debido a la falta de tráfico, él se dió cuenta de algo: su equipo se había reunido para desearle la buena suerte... Bueno, los que no tenían influenza. Un par de becarios, una pareja de agentes y la chica que preparaba el café. Todos ellos con la ilusión de que se llevara de última hora a uno como asistente en la investigación.
-Ciao a tutti! - saludó Maragaglio.
-Capitano! Le hemos traído un regalo y venimos a desearle suerte - dijo uno.
-¿Creen que no conozco sus intenciones? - replicó con severidad y descendió de la lancha ágilmente. El grupo reaccionó como niños recibiendo una reprimenda y quedó establecido que no estaba jugando. Aún así, los miraba con agrado.
-Regresaré a la oficina cuando sea posible ¿Alguien de Tell no Tales se ha comunicado o hay información importante?
-Hace un momento llamó el fiscal Lleyton Eckhart para decir que lo esperara en la terminal del "Tren del Cielo" y que espera que las nevadas en Vichy no lo obliguen a quedarse varado en las vías - dijo uno de los agentes.
-¿Alguna información útil?
-Se confirmó que Steliana Izbasa adquirió un diamante recientemente. Eckhart nos envió la copia de la factura.
-¿Cómo la obtuvo?
-Se entrevistó con la señora Izbasa.
-¿Por qué se adelantó?
-Le pareció adecuado.
-¡La alertó! No pierdo más tiempo, me voy ¿Los pasajeros abordaron?
-No todos.
-No importa. Arréglenlo con la torre de control. Los veo a mi vuelta.
Maragaglio caminó velozmente hasta el avión y lo abordó con la prisa de alguien que tendría que enseñarle a un desconocido cómo hacer una pesquisa de rutina. Entonces, le alcanzó otra persona.
-Agente Maragaglio, saqué el expediente que solicitó.
-No esperaba verte aquí.
-Necesitas compañera de viaje.
-¿Quieres tu despido irrevocable? Inteligencia Española pregunta por ti.
-De seguro te resultará interesante el tal Luc Pelletier ¿Qué nexo tiene con tu caso?
-Es lo que pretendo descubrir.
-Gracias por los papeles y hasta nunca, Alondra.
-¿Quieres que continúe al frente de la oficina?
-Para eso delegué a otra persona. Te vas a Madrid.
-¡Voy a delatarte con tu esposa!
-Házlo.
-¡Ella te va a matar!
-Estoy preparado.
-¡Te denunciaré con tus superiores! ¡Por esa tal Katrina has desviado fondos del Gobierno Mundial!
-Recibí la anuencia para darle una tarjeta de gastos. Aprende a perder.
-¡Merezco una explicación!
-Te la di hace días... Alondra, tú y yo sabemos que fue divertido, pero tengo una esposa.
-¡Estás cambiando de amante!
-No es personal, Alondra.
-¡Pasamos cuatro años!
-No seguiremos con esto.
-¿Ese tiempo te parece nada?
-El problema es que no puedo detenerme. Alondra, apártate ahora y quédate ilesa. Voy a un incendio.
Alondra no entendía las metáforas de Maragaglio, pero lo vio entrar al avión y la puerta cerrar detrás de él ¿Qué sucedía? ¿Por qué su otrora amante se marchaba abruptamente?
-¿A qué vas a Tell no Tales, Maragaglio? Sólo es una boda - pensó, sin indagar más porque el resto del equipo cubriría a su jefe inmediatamente.
Para Maragaglio, sin embargo, tomar su lugar significaba trabajar inmediatamente. Él mismo apagó el celular y comenzó a revisar los papeles de archivados casos variados que había encargado a su equipo. Existían avances, evaluaciones y recomendaciones, así que un viaje tan largo no podía ser aburrido. Incluso la azafata inició su servicio apenas el avión ascendió, aunque él sólo prestara atención al ofrecimiento de agua. A la escasa gente que lo rodeaba le impresionaba la cantidad de hojas blancas y notas de colores que él iba llenando de claves, de caritas felices o enojadas y de sus propias notas que eran severas. Si existía algo que desesperaba a Maragaglio, era resolver un caso después de leer el expediente. Aunque fueran tareas escritas de los pasantes.
-¿Por qué tengo que leer conclusiones tan malas? - se repetía cada vez y continuaba dando las calificaciones que le parecían justas. Cómo cada año, de su evaluación final dependía el futuro de los becarios y esta vez, sólo uno parecía ganarse su preferencia para continuar en el servicio, aunque sospechaba fuertemente que se trataba de un hacker al que aún no le veía la cara. La división de Informática rara vez le pedía una opinión, pero el prospecto era demasiado perfecto.
-Veamos, Thorm Magnussen, con qué me vas a salir hoy - murmuró para sí mismo. El expediente de Alondra sobre Luc Pelletier venía sellado y sí, con la insignia de los genios en computación que nunca sabían cómo y cuándo se infiltraba Magnussen hasta que les dejaba un desastre. El Gobierno Mundial ofrecía una enorme recompensa por el tipo, pero Maragaglio no iba a entregarlo mientras cualquier información, personal o de investigación, le fuera útil.
-Luc Pelletier, expediente 07834-2894745, ¿Policía nacional francesa?... ¿Policía nacional suiza? ¿Quién es este idiota?
A Maragaglio le alertó un momento. Los expedientes civiles no solían mostrar autorizaciones judiciales y la información se entregaba a discreción a los cuerpos de inteligencia que lo requerían ¿Y si Pelletier fuera un espía? El único remedio era guardar la calma y llamar a su equipo en Venecia si era necesario resguardar a su esposa.
-Luc Pelletier, ciudadano francés, cuarenta y dos años, nacido en Rouen el 17 de julio de 1960 ¿Comparte cumpleaños con Susanna?
Tal detalle lo hacía querer volver a casa, pero antes de tomar la decisión, continuó.
-Pelletier es médico titulado por la Escuela de Medicina de la Sorbona de París, residente del hospital de Saint Denis, con especialidad en cardiología por la Universidad de Zurich, residente en cirugía cardiotorácica por el hospital de la Universidad de Hamburgo y era jefe de cardiología en la clínica de la Universidad de Lucerna e investigador del síndrome de Marfan... Edward Hazlewood debió pasar mucho tiempo buscándolo para que atendiera a Marco.
Maragaglio pensó que quizás en el mundo académico era muy normal buscar especialistas para cualquier área sólo haciendo preguntas e intercambiando teléfonos con la esperanza de llegar al mejor cualificado y que este a su vez no rechazara un caso. De acuerdo al expediente, Pelletier había sido muy exitoso en el diseño de terapias para personas con cardiopatías y dictaba congresos sobre enfermedades congénitas.
-¿Por qué dejó todo por... Bueno, San Marco della Pietà? No lo conoce nadie - curioseó y volvió a sumergirse.
-Su padre tiene un programa de debate y análisis filosófico, literario y político en Francia; su madre es una ensayista y crítica cultural que también habla en televisión... ¿Los dos son ganadores del premio Nobel?... La madre es Ava Marie Pelletier y en el '66 ganó en literatura por sus ensayos sobre la dinámica social europea posguerra y su padre, un tal Jean Folke Pelletier lo obtuvo en matemáticas en el '77 por sus textos escolares... ¿El escribió ese maldito libro sobre cómo hacer cálculo mental de ecuaciones complejas? ¡Toda Europa te odia, imbécil Jean Folke Pelletier!
Maragaglio supo que desde antes de saber de Luc Pelletier, ya despreciaba a otro miembro de su familia sin conocerlo. Y sí, tenía razón junto con cualquier joven de 1977 o de 2002 de detestar la obra de un tipo que provocaba desvelos, exámenes reprobados y la obligatoriedad de estudiar sus trabajos.
-No puede empeorar... Educación... Luc Pelletier, internado Hallstead en Noruega, educación básica. Liceo Friedrich Wöeller, Hamburgo... ¿El hermano es Nobel de la Paz?... Jean Fuller Peletier, reportero estrella en Le Monde, galardonado en 1995 por denunciar el genocidio de Togo y Benin e impulsar la creación de los tribunales especiales para el genocidio en África... Desapareció al poco tiempo de saber del premio.
Aquello interesó a Maragaglio, que leyó lo poco que había reportado la policía suiza: Jean Fuller Pelletier le había llamado a su hermano, Luc Pelletier, un 19 de octubre de 1995, para verse antes de que partiera a una nueva misión humanitaria en los Balcanes. Ambos habían acordado encontrarse en una cafetería del centro de Lucerna, pero una llamada de último minuto hizo que Luc viajara a Venecia, sin concretar nada. El reporte francés de la desaparición lo había levantado Jean Folke Pelletier luego de recibir otra llamada dónde Jean Fuller le pedía que evitara que su hermano fuera a la cita en Italia a toda costa.
-¿Qué sucedió aquí? ¿Por qué insistir en ver al hermano y luego rogarle al padre que lo evite? No tiene sentido... O sí. El tipo era reportero y la única razón sería que sabía que lo estaban siguiendo... Pelletier levantó reporte en Italia, aquí está. Jean Fuller le dijo por teléfono que saldría hacia Bosnia vía Trieste... Luego le ¿suplicó? conversar en Venecia y Jean Fuller nunca apareció. Luc Pelletier habló con su madre la noche de la denuncia y enseguida se reunió con sus padres en París. Jean Fuller no ha aparecido en siete años y no hay rastro más que el de una bitácora en un hostal de Trieste el día 14 de octubre... 14 a 20 de octubre, última señal de vida en Venecia.
Entonces Maragaglio pensó. Luc Pelletier distaba de ser un entrometido convencional. Era un investigador forzado, un detective de cosas que a nadie le interesaban para que nadie se percatara de su verdadera misión; pero ¿No era contradictorio que ese interés nuevo en la sangre Liukin - Leoncavallo lo colocara potencialmente en el radar del MI6? ¿Qué buscaba en la familia? ¿Eran un rumor, una pista? O Pelletier no se atrevía a pedir ayuda, aunque era muy noble pensarlo.
-Además me entregan una notita, es hasta romántico - dijo en ironía, pero la información acabó por cambiarle el ánimo definitivamente.
"Dos cosas que debes saber: Trieste, Venecia y Bosnia igual a safari. Y tu ADN fue un hallazgo fortuito, Marine Lorraine quiso ayudarte. Ella no me conoce, no sabe que yo fui el responsable de descubrirte. Que el Gobierno Mundial no te importe".
Maragaglio destruyó el papel enseguida y decidió contestarle a la división de informática su veredicto sobre el ignoto becario. Fue un contundente "sí".
-"No nos toparemos en la oficina, el becario es una fachada, te metiste directamente conmigo y veré cómo cobrarte por lo que le haré a Marine... Pero acepto tu oferta, Magnussen. Provéeme de la información y yo te cubro la espalda hasta del mismo Sergei Trankov" - caviló para luego prender el teléfono, llamar a su equipo y darles el número del expediente italiano de Jean Fuller Pelletier.
-Quiero ese caso, trabajaré en él pasadas las fiestas de fin de año. Solicítenlo en el archivo escrito de la policía y no lo registren. La caja está sellada, así que despediré al que intente ser curioso - advirtió, sin aclarar que era un nuevo objetivo en solitario.
Conforme pasaban las horas de vuelo, Maragaglio intentaba armar el rompecabezas de las situaciones que lo mantenían ocupado, intentando a fuerza encajar las piezas porque estaba seguro que existía una historia adicional, un capítulo que ligaría cada guiño, un trozo que explicaba otro episodio, pero no hallaba la clave ¿Acaso este todo tenía que ver con el otro todo que todavía no alcanzaba a explicarse? Hasta que recordó el diamante que supuestamente le entregaría una ruta de lavado de dinero y el corazón desangrado y hecho añicos de Marine. Era hora de estudiar y lo hizo.
-Laurent Ferny, corredor de bolsa, treinta años. Explorador, maratonista, pescador deportivo. Su firma lo ha ascendido a administrador de bienes en el Landstrid Bank. Será el encargado de las cuentas de Industrias Izbasa... ¿Laurent será el lavador? Pero sería muy estúpido algo tan obvio. Si tendrá acceso a cuentas, a reserva de lo que ya haya averiguado Lleyton Eckhart, puedo asegurar que Ferny es un familiar, quizás no directo o tal vez un sobrino o un nieto. Pero si el plan es "limpiar" los ingresos ¿Cómo han conseguido que nadie preste atención al operador? Lo he descubierto sin esfuerzo, señor Ferny pero ¿A qué me estoy enfrentando? La familia Izbasa me causó un par de dificultades la última vez que estuve en París. Es evidente que de algún modo tienen que blanquear los ingresos derivados de las redes de Marian Izbasa, quien mantiene agencias de modelaje pero Katrina era explotada por los matones de ese infeliz. Si Laurent Ferny está adquiriendo tanto poder, es porque él ya ha justificado las entradas ilícitas de Marian antes.
Aunque no tenía pruebas físicas, Maragaglio tenía la experiencia para deducir con éxito las relaciones entre varios mafiosos ¿Los Izbasa contratando a un externo para manejarles el dinero? Ni en la fantasía más realista. Alguien lidiaba en la familia con la suciedad y sólo podía serlo el miembro más dispuesto a liderar si los planes se arruinaban.
-Steliana Izbasa, tiene cuento cuatro años... El nombre me suena, pero no sé de qué... Veamos, es millonaria desde siempre. Propietaria del valle de Tell no Tales, filántropa, aún dueña de Industrias Izbasa; ella gestiona sus cuentas y las familiares en el Landstrid Bank desde hace ¿Cinco años? Es un movimiento inusual para una persona mayor. Laurent Ferny ingresó como corredor de bolsa cuando todavía estaba en la universidad, tenía diecinueve años en la división de Landstrid Investments. Landstrid, banco... Suizo. Acusado de facilitar operaciones de transferencia de fondos a grupos mercenarios y de... Lavar dinero de vendedores de armas en la Guerra de los Balcanes.
Maragaglio sintió sed y enseguida abandonó el trabajo. Guardó todo, destruyó sus improvisados esquemas y mapas y se quedó pensativo, con el único consuelo de leer las cartas de su hijo mayor, quien le dibujaba como un héroe de caricaturas, siempre en paisajes soleados y con pasto.
-Voy a darte el mejor abrazo, hijo - pronunció y miró los trazos del niño un largo rato, deseando por un momento ser como ese hombre de crayola que siempre atrapaba a quien hacía mal y que llegaba a casa a cuidar de la familia. Maragaglio se preguntó si merecía que su hijo de cinco años le viera de esa forma tan inocente.
Alrededor de Maragaglio, no había mucho qué ver ni qué hacer. Algunas personas leían un libro, otras dormían, no faltaba quienes batallaban con sus propias criaturas, los solitarios y finalmente, él, quien apenas prendía su celular para descartar todos los mensajes. Nada importante o que valiera su tiempo, hasta que llegó una llamada.
-Maragaglio aquí ¿Quién llama?
-"¡Ay! Qué bueno que contestas ¡Soy tu hermanita Lou!"
-Hermana ¿Lou?
-"Respondiste a tiempo porque tuvimos la pesca de los enamorados y queremos tu bendición para Marine"
-¿Qué?
-"El padrino del novio habla con la novia después de que haya atrapado un pez. Marine necesita tu consejo porque se quedó con una carpa grande".
-¿Pesca? Lou ¿Está Marine contigo?
-"La tengo junto, habla con ella"
Maragaglio exhaló profundamente.
-"¿Maragaglio?... No contestes, por favor no contestes" - susurraba Marine y se alcanzó a escuchar en el teléfono.
-¡Hola, Marine! Estoy camino a tu boda, llegaré a Port Elizabeth en cincuenta minutos y con la otra conexión aérea y el tren, me verás en la mañana.
-"Hola, Maragaglio".
-Lou me decía que fuiste a ¿pescar?
-"Eh, sí, sí claro. Es una tradición de Corse ¿La recuerdas? Subí a un bote con papá y traté de agarrar algo. El agua es la laguna estaba clara y se vieron muchos peces".
-Parece que te fue bien.
-"Mi papá fue el que tomó la carpa, yo no pude... Estaba muy nerviosa, Laurent me miraba desde la orilla y todo el vecindario..."
-Tranquila, Marine, ya pasó.
-"No he podido dormir, los preparativos de la boda son estresantes".
-Es un evento grande.
-"¿A qué hora llegarás?"
-Antes de mediodía.
-"¿Podría hablar contigo cuando llegues?"
-Supongo que primero van a presentarme al novio y a algunos invitados.
-"Habrá una cabalgata".
-¿Caballos?
-"Antes de ir a Vichy, Laurent y yo acordamos ir al club ecuestre de Corse. Es nuestra única cita antes de la boda".
-¿Qué haré ahí?
-"Ser mi chaperón".
-Comprendo.
-"Nos vemos".
-Nos vemos, Marine. Te mando un beso.
Maragaglio colgó enseguida y de pronto, no supo qué sentir o pensar. Era la llamada más extraña que recordaba entre Marine y él y sin embargo, algo lo estaba haciendo sonreír. Se imaginó los caballos, recordó a Marine en una práctica de campo donde ambos habían terminado en el lodo con tal de que un equipo táctico no los detectara.
-Marine, en serio tengo que vengarme - concluyó al recuperar la seriedad y se dedicó a aguardar por el resto del traslado.

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