lunes, 3 de agosto de 2026

La cabalgata (La boda de Marine X)


Tell no Tales. Viernes, 29 de noviembre de 2002.

La mañana iniciaba en el departamento de Steliana Isbaza en Poitiers y Laurent Ferny revisaba junto al mayordomo su equipaje y su itinerario de viaje, cuando Sandra Isbaza se presentó con el fin de saludarlo y pasar la mañana al lado de su abuela. El clima aún era soleado, aunque las nubes anunciaban que el frío llegaría en dos días más.

-¡Vine a felicitarte por tu boda, Laurent! No se habla de otra cosa en la ciudad.
-Gracias, prima.
-Es una lástima que no pueda acompañarte, sabes que en serio quería estar ahí.
-Me habría gustado.
-¿Nadie puede saber que eres un Isbaza como yo, verdad?
-Creo que no les caería bien.
-¿Marine lo sabe? 
-Por supuesto.
-¿Te aceptó sin reproches?
-Sí.

Para Laurent Ferny, mentir era lo más natural en cualquier relación y pensó que le dolía hacerlo cuando se trataba de Sandra, quien lo abrazaba fuertemente. 

-Te he traído un regalo - siguió ella al soltarse.
-Una cajita... Me gustan las cajitas.
-Lo sé.
-¿Es una rana de chocolate?
-Sólo ábrela.
-No entiendo el color de la envoltura ¿Es magenta?
-Por las novias de Corse.
-Veamos... 

El rostro de Laurent se illuminó.

-Quiero que los uses en tu boda, Laurent.
-¿Son de plata?
-Oro blanco. Los mandé limpiar en la joyería de la calle Deschamps después de ir a la caja fuerte. Me dijeron que eres una estrella en Landstrid Bank.
-¿Son los del abuelo?
-Quiero que tú los conserves, siempre has estado para la familia y sé que el abuelo significa mucho para ti.
-Los pondré en mi traje de novio.
-¿Será mi forma de estar presente?
-Sí.

Sandra volvió a estrecharlo y Laurent sonrió sorprendido por haber recibido los gemelos de Joseph Kerr, creyendo que era un signo de buena suerte. Él valoraba grandemente la memoria familiar y seguía siendo leal a su legado y negocios, deseoso de dejar una huella igual de grande siguiendo sus consejos y estrategias. 

-Me quedaría pero me esperan en Corse para un evento de caballos - anunció Laurent. 
-¿Regresas para cenar?
-Eh, no. Llevaré a Marine y su familia de viaje a Vichy.
-¿Antes de la boda?
-Ella ha estado tensa y sinceramente, yo también. Iremos a jugar en la nieve y tener asados familiares... Te veré cuando vuelva de la luna de miel.
-¿Cuándo será eso?
-Víspera de Navidad.
-¡Buena suerte, Laurent!
-Gracias, Sandra.

Ambos sonrieron y luego de ordenar que llevaran su equipaje a casa de la familia Lorraine, Laurent fingió atender una llamada urgente que lo llevó al estudio. Ahí le esperaba Règine, a quien besó efusivo.

-Casi me dejas sin respirar - sonrió la joven.
-Me voy a Vichy.
-Adiós.
-No te enojes.
-No te vas a deshacer de mí.
-Me harás falta, mujer.
-Créeme que no.

Règine posó sus manos en el pecho de Laurent y luego se juntó a su cuerpo.

-Tengo prisa.
-Tu pantalón dice otra cosa.
-Nos van a descubrir.
-Marco mi territorio, Laurent.

Ella se deslizó hacia el cierre y Laurent cedió mientras la miraba colocarse de rodillas, como la primera vez que se habían involucrado. 

-Voy a extrañarte, Règine - admitió él y entonces se sintió listo para ir por su futuro al barrio Corse.

Eran las nueve y quince de la mañana cuando Lou Lorraine finalmente recibió el aviso que esperaba en la voz anhelada y corriendo, bajó hacia el jardín delantero del edificio Nautonier dónde su padre y Goran Liukin Jr. parecían conversar con cierta tensión mientras miembros del comité de Miss Corse aguardaban por Marine para llevarla al club hípico y hacerle una sesión de fotos con el anillo de compromiso puesto. La novia aún no se decidía a salir y se sentía nerviosa.

-¡Lou, siento que me voy a desmayar! - declaró Marine.
-¿Quieres que te revise?
-Estoy llorando.
-¿Estás emocionada?... Te veo ¡Y estás muy feliz, hermanita! 
-¿Qué dices, Lou?
-Es que Maragaglio está llegando a la ciudad y hoy llevas puesta la esmeralda que te regaló ¡Siempre lo haces cuando estás contenta!

Marine creyó que iba a sucumbir, pero no tardó en ver por la ventana a Laurent llegar y su rostro mostró una sonrisa grande. 

-¡Laurent está aquí! ¡Laurent está aquí! ¡Laurent está aquí! - gritó Lou agitando a su hermana y dándole un beso en sus cabellos.

-Iré con papá y te veré en la cabalgata ¡Yo me llevo a tu novio!
-¿Qué dices, Lou?
-Alguien tiene que recoger a Maragaglio en la estación y yo no me lo voy a perder ¡Laurent va a conocer a nuestro hermano mayor!
-¿Tan pronto?
-¡El padrino y el prometido tienen que congeniar! Te cuento cuando estemos juntas.
-No vayas a ser imprudente, Lou.
-Me comportaré muy bien con Maragaglio ¡Tendremos un bonito día, Marine!

Lou se separó y fue directo con su padre a anunciarle lo de Maragaglio. A lo lejos, Marine se dió cuenta de que Laurent la veía y se apartó de la ventana con un gesto que él confundió con su supuesta timidez.

-Sería conveniente que Laurent nos acompañe a recibir a Maragaglio a la estación de tren - se alcanzó a escuchar, pero Marine no se atrevió a asomarse, así que no vio a su padre, a Lou, a Laurent y a Goran Liukin Jr. tomar camino rumbo a la estación y tampoco supo que el Comité de Miss Corse había puesto flores magenta como decoración en la calle.

Poco antes de las diez de la mañana, un tren proveniente de Hammersmith llegó a Tell no Tales. En su interior, la calefacción funcionaba sin contratiempos y era cómodo, aunque fuera una máquina vieja. El invierno ya había descendido a las montañas y llegaría puntual a la ciudad apenas llegara el primer minuto del mes de diciembre. Pero el aire que erizaba hasta la piel más curtida arribó junto al visitante más esperado del lugar. Maurizio Leoncavallo "Maragaglio" descendía en el andén luciendo un impecable polo blanco, pantalones grises y mocasines también grises. Su reloj era discreto y los lentes que se ajustaba parecían realzar sus ojos aceitunados. Él miraba hacia todos lados y pronto descubrió a la primera persona que le buscaba: otro hombre de gabardina camel, traje oscuro y abrumado por algún retraso. Era Lleyton Eckhart y no le impresionaba en absoluto.

-Maragaglio aquí y cualquier cosa que me diga sobre el diamante o los Isbaza, no es novedad para mí - saludó y Lleyton se descolocó un momento, pensando en que no había manera de que el otro supiera lo que él había averiguado.

-Dudo que quiera investigar a Laurent Ferny sin ayuda.
-Pierde el tiempo, Eckhart. Laurent Ferny Isbaza no entregará ningún diamante. Lo mejor que puede hacer es dejarme tranquilo, tengo un paseo familiar en Vichy.
-Esta faltándome al respeto.
-Puede venir, pero no se meta.
-Es mi caso.
-Es un evento con mis amigos. Arruínelo y le costará un enorme papeleo con el Gobierno Mundial cuando lo despidan.

Lleyton no replicó, pero se dió cuenta de que estar cerca de Maragaglio iba a desvelarle cualquier secreto, así que le dijo que lo seguiría.

-Honestamente, me da igual - declaró Maragaglio y se encogió de hombros.

La estación de Tell no Tales estaba rodeada de árboles y su techo cristalino hizo que Maragaglio se percatase de que, tal y como el nombre lo anunciaba, se encontraba en el cielo. O más bien, sobre una capa de nubes que con un espejo asemejaba el mar. Los turistas se tomaban fotos, pero él recuperó el sentido y descendió unas largas escaleras hasta el corredor donde un sinfín de tiendas y puestos de periódicos ofrecían cualquier cantidad de artículos que se podían encontrar en otro país, en alguna parte contaminada por la urbanización. Sin embargo, el techo seguía siendo transparente y la luz que entraba era cálida, así que eso relajaba los ánimos y permitía ver a una persona que hizo a Maragaglio sonreír.

-Llegamos tarde, me disculpo.
-No se preocupe, prefiero verlo aquí.
-¿Cómo ha sido su viaje?
-Sencillo, afortunadamente. Me da gusto por fin estar con la familia, señor Lorraine.

Maragaglio abrazó a Albert Damon fraternalmente y pronto levantó la vista. Un joven de cabello castaño claro, piel dorada, una barba apenas insinuada, sin duda delgado pero atlético y de aspecto confiable, iba unos pasos atrás y sonreía de manera natural, como cualquier bienintencionado. El pantalón era marinero, gris y con botones plateados. La camisa blanca con mangas de tres cuartos, impecable. Laurent Ferny también había optado por los mocasines y a diferencia de su suegro, ninguna cadena o joya adornaba su atuendo. Maragaglio debía ganarse el favor del padre de Marine a toda costa, así que enseguida se mostró afable con el desconocido y extendió su mano.

-¿Él es Laurent? Es un placer conocer al novio de Marine, me han dicho que necesitas un padrino.
-Han surgido contratiempos con eso - replicó el otro.
-En todo caso, se trata de la familia, así que te ayudaré.
-Usted es el famoso hermano mayor de Marine, me han hablado bastante al respecto.
-Y vengo a honrar mi fama. Como serás de la familia, alguien tiene que ayudarte con Marine.

Maragaglio enseguida notó que Laurent buscaba información y por tanto, le había cerrado la posibilidad con su última frase. Albert Damon disimulaba la incomodidad, pero por algún motivo, se inclinó por respaldar a su "hijo mayor" estrechandolo de nuevo y expresando un "nos alegra que hayas podido venir". Él notó enseguida que Albert lo tuteaba y ese detalle le intrigó más que cualquier juego paralelo.

-Supongo que en este momento iremos con la familia. En serio es bueno conocerte, Laurent - remató Maragaglio antes de que este, con tal de no desprenderse de su piel de novio atento, se ofreciera a llevar la única maleta del invitado.

-¿Viaja ligero, Maragaglio? - notó Laurent.
-La ropa italiana no es muy pesada y planeo comprar ropa de invierno en Vichy. 
-¿Le gusta la ropa de marca? 
-¿Los pescadores saben de eso?
-Trabajo en un banco.
-Entonces ha de recibir unos bonos de vez en cuando. 
-Me recomendaron una tienda de ropa y artículos deportivos en el trabajo.
-Prefiero la marca Leoncavallo.

Laurent no entendió, pero Albert Damon sí y parecía captar que Maragaglio no pensaba revelarle nada sobre sí mismo al prometido de Marine. De todas formas, sí existía la compañía Leoncavallo, aunque sólo diseñara vestidos de novia y fuera propiedad de Enzo Leoncavallo, tío de Maragaglio.

Maragaglio continuó caminando y observaba a todos lados para notar los cambios desde la última vez que había estado en Tell no Tales, dando la impresión de estar distraído. Pero algo lo detuvo abruptamente. Goran Liukin Jr. caminaba directo hacia él con ese aire despreocupado y al mismo tiempo provocativo de los nómadas sin rumbo que abandonan todo. Y frente a él, mantener el rol y el guión por un pequeño segundo fue complejo. Una respiración profunda y morder la punta de su lengua, fue suficiente.

-¡Maragaglio! No ha pasado mucho ¿Cómo están Carlota y los chicos? Se que estuvieron en Finlandia pero la verdad mandé un mensaje, recibí una llamada y ya no supe más.
-Carlota volvió sin contratiempos a París.
-Es una buena noticia ¿Ahora podrás disfrutar de la boda?
-Sí.

Maragaglio pasó saliva cuando Goran estrechó su mano y siguió actuando como podía. Albert Damon estaba por intervenir cuando un torbellino se abalanzó sobre el invitado y este sólo pudo estrechar su suerte.

-¡Maragaglio, qué emoción! - gritó Lou Lorraine.
-Hola, qué sorpresa.
-¡Te extrañé muchísimo! ¡Todas te queremos ver!
-Gracias Lou, eres muy amable... Tengo que dejarte en tierra.
-¡Pasaremos mucho tiempo juntos! ¡Soy la madrina de Marine!

Lou gritó emocionada y acto seguido, besó la mejilla izquierda de Maragaglio. Luego, ya con los pies en el suelo, se separó de él.

-¡Laurent! Te juro que amarás a nuestro hermanito ¡Maragaglio es el mejor!

Laurent asentó con la sonrisa más amplia y sólo le quedó como remedio seguir al grupo con el equipaje sin quejarse. Goran Liukin Jr. comenzó discretamente a reírse del novio y para su sorpresa, Maragaglio reaccionaba igual, aunque él podía ser más libre de burlarse y hacerlo pasar por una carcajada compartida con Lou, quien se colgaba de su brazo y recargaba su cabeza en el hombro. Eso último no le agradó a Albert Damon, aunque por prudencia no lo demostró, limitándose a voltear hacia Goran con seriedad.

-No te preocupes, esta vez nadie tocará a tu hija - aseguró el señor Liukin en voz muy baja. Laurent Ferny no escuchó, pero algo le indicaba que no se había ganado el favor de las hermanas de Marine del todo y le enfureció ver a Maragaglio teniendo toda la atención de su cuñada.

-¡Vamos a montar a caballo y Marine estará tomándose fotos! - siguió Lou y luego, bajando la voz, añadió - Cuando terminemos, nos iremos a Vichy ¡Jugaremos en la nieve! Te haré un muñeco de nieve y nos sentaremos a tomar chocolate.
-Aprovecharé para conversar con Marine cuando estés cansada.
-¡Ay! ¿Por qué Maragaglio?
-Por que no podría hacerlo con unos copos en mi boca.

Lou se rió más y se apartó un poco, hacia donde estaba Laurent.

-Tienes que agradarle a mi hermanito. Maragaglio no es tan fácil de ganar.
-¿Es un tipo complicado, Lou?
-Es muy desconfiado.

Mientras Laurent respiraba hondo y trataba de no abrumarse antes de tiempo con la energía de su cuñada, Maragaglio pasó saliva, pensó en lo que acababa de ocurrir y se expresó un "¿Qué rayos fue eso?", sin evitar voltear y hallar la sonrisa de Lou al instante. Luego se enfocó en ir hacia el frente y recuperó su talante serio para enfrentar lo que viniera. Entonces supo que debía distraer a Lleyton Eckhart y ejecutar sobre la marcha su plan de conquista y descarte, sin esperar por los momentos a solas. Establecer mayor jerarquía, dada la actitud de Laurent Ferny se volvía vital.

El auto de la familia Lorraine era un modesto y viejo Opel corsa de color verde y se notaba que se usaba poco, dado que en la ciudad no se acostumbraba mucho hacer algo diferente a caminar. Había incluso una estación de metro junto al ferrocarril y Maragaglio no evitó recordar un episodio junto a Marine en el asiento del frente, cuando se protegían de la lluvia y las hermanas de ella los vigilaban y bromeaban desde una puerta cercana. No importaba que Laurent depositara su equipaje en la cajuela o que Lou se sentara enmedio de su cuñado y él, algo le remitía con fuerza a la conversación con Marine de ese día, tan banal, tan tonta, sobre lo mal que sabían las naranjas y el olor a tierra mojada. Y de pronto, Lou lo tomó de la mano, devolviéndolo a la escena concurrente. Ella le miraba con buen humor y volvía a recargarse en él.

-¿Te sentarás junto a mí en el tren, hermanito? - dijo Lou y Albert Damon intervino por fin mientras aseguraba su cinturón y se hacía del volante.

-Te sentarás con tus hermanas, sabes que Maragaglio tiene mucho que arreglar con Laurent y con Marine.

Maragaglio levantó la vista y miró un momento a Albert aprovechando el espejo frontal. Laurent a su vez giraba su cabeza en dirección a su improvisado padrino, aunque eso significó constatar que no le hacía caso. Goran Liukin Jr. tampoco pudo evitar mirar de reojo a Albert, aunque comprendió que era parte del plan. Maragaglio sin embargo, se desconcertó y pese a seguir con su propia actuación, por un momento dejó de entender lo establecido para tratar de intuir o adivinar la jugada que tenía enfrente.

Llegar a la ciudad implicaba pasar siempre por esa extensión de la campiña en dónde no pasaba casi nadie, excepto los campesinos con sus carretas para recolectar las flores que se ofrecían en las plazas. De acuerdo a Laurent Ferny, el ramo de novia de Marine ya había sido encargado con uno de los vendedores que llegaba al centro de la ciudad y estaría hecho de azahares blancos junto a un listón magenta. Maragaglio no pudo resistirse.

-A Marine le gustan las orquídeas blancas y las perlas. Estás a tiempo de cancelar las flores y darle a ella algo que le encante.

Maragaglio volvió a sorprenderse a sí mismo por tener en la memoria tal detalle. Laurent se sonrojó en cambio y miró por la ventana respirando hondo. 

-Acabas de recibir el primer consejo de tu padrino, sabes lo que eso significa - mencionó Lou y su cuñado, forzádose a sonreír, le extendió a Maragaglio su prendedor de alcatraz, distintivo que indicaba su importancia y que le daba la libertad plena de acercarse a la novia. Lou lo colocó en su hermano mayor y lo miró a los ojos por varios minutos antes de volver a recargarse en su hombro y sostenerlo por la cintura.

-Lou, deja a Maragaglio en paz - mencionó Albert Damon calmadamente y Goran Liukin Jr. le susurró de nuevo que nadie tocaría a su hija. Maragaglio igualmente volvió a pensar "¿Qué rayos está pasando aquí?" y pasó el resto del trayecto deseando descender del vehículo.

El Club Hípico de Tell no Tales era un lugar muy concurrido por las familias de los distritos de Corse y era común ver excursiones escolares y familias enteras conviviendo con ponies, patos o disfrutando alrededor de un arroyuelo. El lugar era una reserva boscosa y un parque público, aunque los jinetes que practicaban equitación tenían un espacio aparte y los senderos de cabalgata solían cerrarse para rituales privados del barrio Corse, como las bodas y su exigida reunión para un paseo entre la novia, el novio y sus padrinos. Mientras montaban a caballo, los cuatro afinaban detalles de la boda. Lou estaría con Laurent; Marine se contenía al extremo de mostrarse ilusionada por ver a Maragaglio, aunque no lograba entender qué era lo que le emocionaba tanto. Como toda novia corsa, Marine llevaba pantalones magenta y apenas llegó al club, fue enseguida a las caballerizas a elegir el ejemplar para su sesión de fotos. Pero en lugar de posar con glamour, Marine decidió ayudar a preparar a una hembra azabache con su limpieza y equipo. El comité de Miss Corse parecía complacido con la disposición de la novia, aunque ella ocasionara que las fotos se tomaran a distancia. Pronto, otro caballo, también negro, se aproximó a Marine espontáneamente, así que accedió a cepillarlo. Al hacerlo, unas lagrimillas rodaron por su rostro.

Cuando se reportó que un Opel Corsa entraba al club, el personal se alistó para recibir al padrino de la novia con instrucciones claras. Los caballos de Laurent y Lou estaban listos y se preveía que tomarían el sendero este, mientras la novia y su padrino se irían por el oeste para reunirse al final en otras caballerizas. Como era necesario un chaperón para cuidar a cualquier mujer corsa, había dos guías, dos jinetes que también podían atender alguna emergencia y traían radios en el bolsillo. Maragaglio no se sorprendió por los protocolos, sino por la velocidad. Como el tiempo para el viaje a Vichy era limitado, urgía realmente su presencia y apenas bajó del auto, un séquito le colocó el equipo para montar. Laurent y Lou enseguida recibieron el suyo y fueron apartados del padrino. Lleyton Eckhart, quien había llegado un poco después, miraba con extrañeza todo aquello y supuso que no haberse parado mucho por el barrio Corse hacía que no se sintiera cómodo con sus tradiciones.

-¿Dónde está Marine? - preguntó Maragaglio, a lo que una mujer contestó que se hallaba "con los caballos". Observando, él se dió cuenta de dónde ir y sin mediar palabra, enfiló sus pasos por varios metros hasta una puerta verde claro de madera. El interior estaba vacío de gente, excepto la novia y todo porque al arribar el padrino, se respetaba ese contrato no dicho de privacidad. El fotógrafo se había salido y el comité de Miss Corse parecía contento: Si Marine Lorraine proyectaba una imagen de amante de los animales y comprometida con el parque y costumbres de sus vecinos, el barrio aún podía obtener el título de "Miss Comunidad", premio vacante de Miss Nouvelle Rèunion y que era tan prestigioso como la corona de belleza. A Maragaglio le pareció que era innecesario, aunque no opinó al respecto y atravesó hacia el interior. El silencio se quebró apenas con el crujir de la madera.

A escasos pasos, abrazando todavía a uno de los caballos, Marine Lorraine reconoció el olor de Maragaglio, el sonido de sus pisadas, su respiración acelerada y sobretodo, ese suspiro ligero previo a dirigirle la palabra. Ella no pudo ocultar la felicidad, aunque no se soltaba.

-¡Marine! He venido a tu casamiento, como lo prometí - saludó él. A ella se le congeló el gesto un segundo.

-No tuve dificultades para llegar, creí que sería tardado, pero la nieve no ha llegado. Me dijeron que en Vichy apenas esta noche nevará - continuó él - Lo cual es bueno porque podremos jugar con tablas en el resort que reservó Laurent. Tu novio me cayó bien, parece un tipo serio y parece que ser su padrino tiene como ventaja acercarme a ti.

Marine pasó saliva, aunque optó por seguir sosteniendo al animal y Maragaglio entendió que estaba acelerando el ritmo con sus palabras, así que tomó un cepillo y aprovechando que la yegua continuaba ahí, decidió peinar su crin.

-Ya la peiné - por fin habló ella.
-Pero le gusta ¿Ves cómo insiste?
-¿Eres experto en equinos, ahora?
-No, Marine, pero me gusta consentirlos... Mira, le agrado.
-¿La montarás?
-No sé.
-La alisté.
-Si quieres, la tomo.
-Veo que traes el prendedor de alcatraz.
-También tú.
-Me lo dió Laurent.
-Lou me lo puso cuando él se lo dió.
-Maragaglio, esto es tan extraño.
-¿Por qué lo dices? 
-Juraría que tramas algo y al mismo tiempo... ¡No sabes cuánto me alegra que hayas venido!

Marine no pudo ocultar más su felicidad y se arrojó a los brazos de Maragaglio, quien en lugar de congelarse, se permitió disfrutar del abrazo por los segundos que duró. Ella, que había tenido la mirada apagada y perdida, de repente volvía a la vida y ambos se miraron a la cara por segundos que se sentían eternos.

-Tenemos que hablar, Marine.
-Estoy de acuerdo.

Maragaglio sabía que no había testigos, así que decidió clavar su primera daga sin preámbulos. Contrario a lo esperado, una rabia triste se apoderó de él y por un momento, dejó la actuación para dejar ver un rostro iracundo y herido.

-Lo del ADN realmente me hirió Marine.

Ella no pudo disimular y el llanto salió como un borbotón.

-¡No pensé en ese momento!
-¡Hiciste llorar a Susanna!
-¿Qué dijo tu esposa?
-¡No he podido hablar con ella, no quiero...! ¡No tenías derecho de mandarle nada!
-¡Perdóname!
-¡No estaba listo para saber! ¡Por algo no busqué a mi padre! Marine ¿Cómo te atreviste?
-¡Quería llamar tu atención, lo siento! 
-¡Llevas cuatro años llamando por teléfono! ¿Qué más atención querías? ¡No puedo ser tu amante, niña! Tú y yo terminamos ¡No tenías derecho de vengarte! ¡Eras mi amante, no mi mujer! ¡Sabías que no dejaría a Susanna por ti!

Marine no pudo responder y bajó la cabeza.

-Dijiste que estabas pagando lo que me hiciste ¿Me mentiste, Maragaglio?

Él suspiró y luego miró los ojos de ella. Quería terminar el primer acto, pero en ese momento, el cuerpo lo traicionó.

-Dejé a Katarina irse con un muchacho y lo primero que hice fue pensar en ti.

Maragaglio tenía sus manos en el rostro de Marine y se colocó a su altura.

-¿Cómo voy a sobrevivir a mi padre aquí?
-Maragaglio, perdóname.
-¡Goran Liukin Jr. está ahí y no le importo!
-Maragaglio...
-¡Me abandonó y ahora me trata como si no hubiera arruinado mi vida! 
-¡No te quería lastimar así, eso es verdad!
-¿Sabes cuántas ganas tengo de matarlo ahora? ¡Y no se va arrepentir jamás! ¡Nunca le ha dolido abandonar a nadie!

Marine quería arrodillarse para suplicar perdón, pero Maragaglio fue quien cayó primero, queriendo esconderse y morder sus nudillos. Pero ella prefirió levantarlo y abrazarlo fuertemente. Él se quedó pasmado un momento y se dió cuenta de, otra vez en cuestión de minutos, estaba cediendo ante la sensación de estar con Marine. Habían pasado cuatro años. Y el abrazo era cálido y especial. 

-Debo ignorarlo - pensó él y se soltó, aunque sostuvo los dedos de Marine.

-Si quieres hacerme daño, me lo merezco - lloró ella.
-No, Marine.
-Es a lo que has venido ¿Por qué más estarías en mi boda? ¡Destrúyela, destrózame, dile a Laurent de nuestra historia! Te conozco, Maragaglio. Quieres vengarte ¡Y quizás deseo que lo hagas!

Maragaglio negó con la cabeza cuando logró recomponer su personaje.

-He traído tu vestido de novia. No necesito derrumbar nada, no he viajado tanto para hacerte sentir avergonzada. Vengo a despedirme, Marine. Y si tengo que apoyar a Laurent para que tengas tu final feliz, entonces soy el primero en decirte que te cases con él. 
-No tengo la fuerza de decir que lo amo.
-¿Te ha preguntado?
-Le he asegurado a mi padre que quiero a mi prometido.
-Somos amigos, Marine. Vamos a platicar de verdad, te ayudaré a casarte. 
-Hace poco te rogué por volver a tu lado.
-Estarás mejor sin mí.
-Si tu revancha es que yo sea esposa de Laurent, estoy de acuerdo.
-Marine, no te estoy castigando.
-¡Quiero que esta pesadilla termine!
-Entonces corre por tu prometido.

Marine iba a romper en llanto, pero Maragaglio llamó a Laurent y este último entró a la caballeriza con curiosidad. Apenas iba a preguntar qué sucedía cuando Marine Lorraine tomó su rostro y lo besó con la pasión que la asaltaba en ese momento.

-¡No es la primera vez que se besan así! - exclamó Lou que también iba entrando. Maragaglio giró con sorpresa.

-¿Qué dices?
-Marine y Laurent se besan como si quisieran comerse la boca.
-¿Los has visto?
-Soy chaperona... Pero no le digas a papá, por favor.
-Los novios se besan.
-Pero no en Corse.

Maragaglio miró a la pareja y algo en él se disparó. Una molestia, un pensamiento sobre golpear a Laurent, sobre estrellarle la cabeza contra una banqueta. 

-Eh, basta. Hay que tomar los caballos, debemos ir a Vichy después.

Marine se apartó de Laurent luego de la orden de Maragaglio y enseguida se colocó el casco para montar. Su prometido la veía con una incontenible euforia y Lou, feliz, lo jaló para ir por su lado. Maragaglio y Marine quedaron de nuevo solos, pero no podían dirigirse la palabra. Ambos intentaban ver hacia otro lado y terminaron de alistarse para su paseo. Estaban incómodos, ambos con la certeza de equivocarse y Maragaglio, determinando que debía recuperar terreno, quebrantó su propia regla de torturar a la mujer con su deseo. Sin advertencia, sin señales, probó la boca femenina. 

Marine perdió el aliento, la cordura y la noción del tiempo por un instante. El recorrido juntos sería silencioso, íntimo. Y la venganza había concluido exitosa su primer capítulo.