miércoles, 2 de noviembre de 2011

El cuento del día de muertos


Dedicado a Javier Fernández

Ricardo fue por su hija a la escuela pero no venía solo. Acompañado por Joubert antes había pasado a la estación de tren. El tío de la chica, Lorenzo, se mudaría a la ciudad con su familia y aprovechando que la calle Miterrand era bonita, los primos fueron conducidos hasta el convento. Ella miraba todo con desdén, su hermano se había fascinado con el lugar.

-Carlota, te presento a tus primos Sonia y Javier.
-Hola ¿Qué hay?

Por alguna razón, Sergei pasaba por ahí y le tocó observar ese momento pero con lo que no contaba era con que Javier se acercaría.

-¿De verdad es usted? ¡En España es famoso! Hasta la izquierda vasca lo ha tomado de estandarte.
-Debo decir que su francés es deficiente.
-Mi pronunciación nunca ha sido buena.
-Y a todo esto ¿Qué clase de izquierda me utiliza para vender milagros?
-Los abertzale de San Sebastián. Soy Javier Liukin.
-Sergei Trankov.
-¿Puedo tomarle fotos?
-No soy tan carismático como el Che.

Por el gesto del chico, el rebelde supo que se trataba de un incipiente reportero y no tardaría en ir a buscarlo para llevarse alguna exclusiva.

-¿No le molestará si publico las imágenes en el diario de la Universidad de Barcelona?
-Desde luego que no.
-También le mandaré unas impresiones.
-No creo tener lugar con tanto retrato.
-Joder, ni hablar. 

Ricardo se aproximó y tomó a su sobrino por el hombro.

-Trankov está haciéndote una broma, si recibirá lo que le envíes.. Ya te acostumbrarás al sarcasmo. Disculpe Sergei, nos retiramos.

Carlota miró al guerrillero y éste le aseguró que había encontrado su bicicleta y se la devolvería pronto. La chica sólo asentó.

Mientras los Liukin caminaban rumbo a la iglesia, el sonido de las campanillas de los monaguillos capturaba la atención de los extranjeros; en cada esquina, sin embargo, Javier se detenía y comentaba:

-Como mola este sitio, no sé porqué no vinimos antes.
-Has de estar muy feliz por no ir a la escuela - replicó Sonia.
-Vale, que me he apuntado en la equivalencia y entro a clase el lunes; que no me fui de Barcelona sin la matrícula resuelta.  
-¿Y a mi qué me dices? Ni siquiera me preguntaron si estaba de acuerdo y tuve que dejar la facultad. Sólo me faltaba este semestre para terminar la carrera.

Al llegar a la catedral, un aroma a incienso y aceites florales inundaba el ambiente. 

-Harán un funeral. Menudo día para traer familia de fuera - pensó Ricardo. 

En la espera, Jean Becaud atravesó el atrio y le pidió a la gente que mantuviera despejado el centro. Gwendal llegó con atuendo de luto.

-Me llamó Judy para decirme que un general de la Marina le autorizó el traslado del cuerpo de su padre. La vi allá afuera. Está sufriendo mucho.

Una corneta precedió al cortejo fúnebre. Todos cuchicheaban sobre la señora Becaud porque era imposible no prestarle atención. Aún tenía el rastro de haber llorado excesivamente. Su marido la abrazaba de vez en vez. Tamara se situó junto a Carlota; también Verner hizo acto de presencia. 

-Pobre mujer - decían en las filas de enfrente.

Joubert bajó la cabeza y unas cuantas lagrimitas le brotaron; su novia se dió cuenta pero nuevamente Trankov se apareció y salió con Bessette, desconcertando a los Liukin pero no era el único al que ya le afectaba. Javier también abandonó su lugar. Sonia contuvo a los demás para que no lo siguieran.

-Mi hermano conoce a Judy. Fue la que casi nos lo mata de depresión.

El joven español se detuvo enfrente del féretro de Raymond Floost y volvió a accionar su equipo fotográfico así como a realizar notas. Jean enfureció pero su esposa excusó al muchacho:

-Es su trabajo, déjalo.

Sin poder siquiera mirarla a los ojos, el chico utilizó su mano para enviarle un tímido saludo pero ella, queriendo ser más afable pronunció un "Hola Javi".

-Me da gusto que estés con tu escritor.
-Gracias.
-Discúlpame, se me sale la vena informativa y no respeto ni a los muertos.
-Y es bueno, no hay problema.
-Jamás habría pensado que Floost era tu padre.

Ella calló.

-¡Que gilipolleces digo! ¡Venga Judy, que soy un desalmado!
-No, sólo sigues tu instinto ¿Cómo supiste eso?
-Me he enterao por el señor que está allá.
-¿Cuál?
-El que habla con mi tío Ricardo en la octava fila.
-Seguramente Gwendal lo mencionó sin mala intención... También vino Carlota.
-¿Conoces a mi prima?
-Nos vemos siempre, tu tío la lleva y la trae.
-Dale que Ricardo es muy protector.
-No hablo de él.
-¿Entonces de que tío?
-Del otro, del que está junto al papá de tu prima.
-¿Ese es? 
-¿No lo sabías? Si con Ricardo tiene gran parecido.
-Que se va a armar en cuánto lo vea mi padre... Pero no pensaré en eso y ya te he quitado el tiempo con chorradas. Mejor me voy antes de que empiecen las preguntas. Lo siento mucho Judy.

Lo cierto es Javier sentía que se le paralizaba la respiración y que había resistido demasiado tiempo frente a la señora Becaud pero no esperaba escuchar lo que Trankov advertía a Joubert al exterior.

-¿Se lo dices tú o yo lo hago?
-No me entenderá.
-Floost y yo te cubrimos el pellejo pero a ella no le tienes que esconder quién eres. 
-Carlota jamás va a querer verme ¿Sabes cuánto miedo me da?
-¿Y tú que crees que pasará si le sigues escondiendo lo de Cobbs?.. Suficiente con que haya un metiche  que meta la pata ¿O no Liukin? 
-Perdonadme ¿Pero qué es lo que desconoce mi prima y más vale que sepa?
-No te compete.

En ese instante, el oficio religioso concluyó pero la tensión entre los Liukin no tardaría en estallar. Lorenzo y Gwendal se toparon a las puertas de la iglesia. Quizá con el sentimiento de que era inapropiado violentarse, el mayor de la familia se limitó a tomar a Sonia de la mano mientras que Mériguet se mostraba asustado, pero fue peor a llegar al apartamento. Gabriela quería una explicación del porqué Ricardo había renunciado al trabajo y conseguido otro en una heladería cercana.

Lo único que Andreas le permitió escuchar a sus hermanos fue el grito de "¿Qué demonios te pasa? ¡¿A quién se le ocurre pasar de chef reconocido a un simple sirviente?!" para después salir huyendo al departamento de al lado, dónde sus tíos ya tenían las cajas listas para ser vaciadas. Joubert sólo temblaba de pensar que Javier le mencionaría algo a Carlota sobre la conversación con Trankov pero nada pasó.

A las nueve, Ricardo llamó a la puerta e invitó a sus parientes a cenar. El comedor estaba dispuesto pero a pesar del esfuerzo, Lorenzo no soportó más a Gwendal y arruinó el momento en el que se anunciaría algo delicado. Mériguet era empujado hacia la calle y la familia entera fue tras los dos hombres que se reprochaban culpas que tal vez no eran suyas. 

-No te metas - dijo un impositivo Andreas a su primo - Déjalos hasta que se cansen.

Pero Ricardo no tenía la misma idea. Sacando un poco de mal carácter, tranquilizó a sus deudos unos minutos. Ellos lo miraron. Todos prestaban oídos.

-Estoy perdiendo la memoria.

Se suscitó un silencio. Lorenzo estrujó a su hermano.

-¿Es todo lo que tenías que decir?
-Sí.

Después de la respuesta, Gwendal recibió un puñetazo de su consanguíneo mayor y se vio forzado a responder pero el joven Bessette, alterado y sudando proclamó:

Ettiene Bessette era mi abuelo y yo lo maté en Cobbs!

Todos se pasmaron ante su confesión. Se suponía que el asesino había sido Sergei Trankov o eso declaraba el difunto Raymond Floost cada vez que le preguntaban. Gabriela enseguida apartó a su pequeña pero ella forcejeó hasta soltarse. Ricardo también quiso que su hija permaneciera al lado de su madre pero no pudo sostenerla. Carlota quedó frente a Joubert.

-¿Sabes cuál es el problema? - manifestó la niña - Que creen que soy estúpida, que no puedo defenderme y que necesito una burbuja porque en cualquier momento va a llegar alguien muy malo y me va hacer daño.... Lo increíble es que ya me lo hicieron cuando me aventaron al mar, cuando me tuvieron en el piso intentando desvestirme y cuando me arrojaron petardos en el parque ¡Mírenme!  ¡Sigo aquí! ¡No me morí, no tengo cicatrices y no me interesa si me castigan porque hoy no duermo en casa! ¡Hoy quiero irme con él! ¡Amo a Joubert! 

Y se fue caminando, de la mano con su chico. 

-Está muy oscuro. Hay que ir por ella - sentenció Gabriela y Andreas obedeció. 

Cerca, en Helmut, Verner utilizaba un teléfono:

-¿Lord Shepard?
-El mismo.
-Habla el agente Neo 57 - 10 Verner. Proyecto Tomos.
-¿Con quién te enlazo?
-Dígale a los iluminados que ya encontré a la persona que les arruinó la intervención militar en Tell no Tales y que junto a Trankov es conspirador en contra del Gobierno Mundial.
-¿Para que nos serviría saber eso?
-Este sujeto tiene lazos con la portadora del plasma que buscan.
-¿Puedo preguntar quién es?
-Gracias a que Jeremy Poirier se descuidó un poco puedo ofrecerle un trato.
-¿Cuál?
-Al diablo con los Iluminati, obtenga el beneficio de la pureza genética en exclusiva.
-¿Cuánto me va a costar?
-Mantendré el precio en efectivo que puse a sus amigos pero usted deberá pagarme adicionalmente con una mansión en la Riviera francesa, un yate de lujo y un viñedo productor de Delobel.
-¿Y cómo mantendrá a mis socios ocupados?
-Tengo buenos señuelos y sé engañar.
-No le creo.
-La niña se llama Carlota Liukin.
-Bingo.

Shepard colgó pero Verner no estaba solo como pensaba.

-Le haces algo a mi prima y te va a doler mucho - amenazó Javier con un tono tranquilo.
-¿Qué puede hacer un reporterillo que ni hablar sabe?
-Yo nada, pero él sí.

Una bala impactó a Verner desde arriba. Sergei se deslizó por las paredes y apuntó a la cabeza del agente. Comenzó a burlarse.

-¿Y con esto pretendes verle la cara a los Iluminati? Ni a principiante llegas Tomos.
-¡No responderé si te pasa algo Trankov!
-¿Con un hombro lastimado porque no eres listo? Llevo siguiéndote horas... Qué pérdida de tiempo.
-Más vale encontrar a mi prima, deja a este perdedor llorando.

Javier y Sergei se alejaron y el viejo del muelle se quedó observando a Verner.

-Lárguese.
-No te pasó gran cosa, en diciembre ni te acordarás.
-Maldito Trankov.
-Si vieras lo que la maldad te ha hecho ¡Cuánta lástima das, hijo mío!

Finalmente Tomos se quedó solo y se levantó para ir al hospital en dónde le confirmaron que la herida no había sido más que un rozón.


jueves, 27 de octubre de 2011

Tercer Paréntesis (Espacio para la recepción de comentarios del lector)



Veinte capítulos. Veinte situaciones. Deportes, desilusiones, pesimismo, energía y amor. Esta etapa concluye después de dar tumbos, buscando la continuidad, la inspiración...

Pero mientras Eva siga coqueteando con el descaro, se nos aparezcan Carlota y Matt en sueños, Edwin lidie con sus problemas, Judy nos arrebate con su belleza, las grullas nos caigan, Poitiers siga aludiendo París, Gwendal se indigne, existan injusticias y las historias fluyan, No vivo aquí dará lata por mucho tiempo. De antemano gracias por continuar con esta aventura, ya que usted (o tú) estimado lector ya forma parte del corazón de este blog.

Ahí seguirá Joubert gritando nuestro nombre.

El guerrillero



Después de hacer la tarea con Amy, Carlota pasó debajo del puente que conectaba el barrio ruso con el centro. Con talante despreocupado se dispuso a ajustar sus agujetas y tomar su bicicleta. Con una gran sonrisa, consultó su reloj y comenzó a pedalear mientras atardecía. Iba lento, como si no le importara llegar a su apartamento. El viento que se tornaba de fresco a helado aún permitía abandonar el suéter por momentos y el otoño dejaba que ella de vez en vez se llevara algunas flores.

Fue en uno de esos lapsos que alguien robó su bici y desesperada se echó a correr pensando ingenuamente que alcanzaría al mal intencionado pero se un petardo cayó cerca de ella seguido por otros proyectiles. Sin poder ver a dónde se dirigía, terminó en el suelo.

-¡Atrapen a la niña! - se oyó bruscamente. Todo un grupo iba tras Carlota que consiguió levantarse y seguir hasta que un hombre tapó su boca y la derribó nuevamente. Presa del pánico, la chica fue llevada a un local en la parte interior de otro puente en Poitiers.

-¡Esconde a esta chica!
-¡Santo Dios! ¡¿Qué pasa?!
-Cumplieron su promesa. Nos atacan.
-¿La policía otra vez?
-Marinos.
-¿A dónde vas Seryozha*?
-¡Por nuestros camaradas! ¡¿Por quién más?! ¡Métete al sótano con ella!

Lubov Trankova cargó a Carlota y se encerró tal y cómo le habían indicado. La pequeña se atemorizaba pero fingía un gesto estoico: en la escuela le dijeron que si se conservaba serena, cualquier delincuente se desconcertaría y las posibilidades de sobrevivir se ampliaban.

-¿Cómo te llamas? - preguntó la mujer.
-Meryl - respondió Carlota con el primer nombre que le vino a la cabeza - Meryl Assenet.
-Lindo... ¿Qué hacías en el parque? ¿Nadie te ha dicho que en la tarde es peligroso?
-No sabía. Mis amigos y yo siempre pasamos por ahí.
-No son buenos tiempos. Toma una cobija y cúbrete, aquí te dará mucho frío. Te haré chocolate.

Siguiendo en su papel, la chiquilla hizo lo que se le sugirió y con mucho cuidado intentó localizar algún lugar que sirviera para escapar pero se percató de lo inútil que era intentar pensar en eso.

-Te dejaremos en tu casa pronto, no te alarmes pequeña - Aseguró la desconocida - Sólo espero que esto se acabe rápido... Ojalá no haya heridos ¿Sabes primeros auxilios?
-En la escuela me enseñan enfermería.
-¿No te afecta la sangre?
-Creo que no.
-Perfecto. Cuento contigo.

Dos horas pasaron y el sonido de las balas cesó. Un bullicio en la parte posterior le indicó a Lubov que podía salir. Sus compañeros estaban bien.

-¿Y la niña? - le preguntó Seryozha.
-Allá abajo.
-Iré con sus padres... Se replegaron los marines, les dimos una paliza.
-¿Y si la chica mejor se queda? ¿Qué tal si algunos oficiales se rezagaron y te apuntan?
-No cruzaré el parque, me iré por Republique. Nos vemos.

Él tomó a Carlota del brazo y le colocó un poncho. Estaba lloviendo.

Ante aquél hombre, ella no pudo seguir tranquila y rompió en llanto. Se detuvieron en medio de la oscuridad casi total.

-¡¿Porqué me persigues, Matt?!
-Te puedo hacer exactamente la misma pregunta.
-¡¿De dónde rayos saliste?!
-¡¿Más bien de dónde saliste tú?! ¡Me tienes viajando por el tiempo! ¡Ya no sé si mi nombre es Matt o es Sergei, si soy un espíritu o eres una demente!
-¡Es que no te hago nada!
-¿Estoy imaginando? .. ¿Vives cerca de aquí, verdad?
-Sí, pero no quiero que sepas dónde está mi apartamento.
-Ahora le llaman Piaf a esa calle. Eso no me lo puedes esconder.

Continuaron su camino hasta Le jours tristes. Carlota observó con cierta curiosidad a Sergei. Su pantalón militar, la playera oscura y las botas tenían manchas de sangre.

-A veces debo golpear gente para defender la ciudad - añadió - Y soy una celebridad por eso. Hace muchos años mis vecinos me habrían matado.
-¿Sueñas conmigo?
-Cada noche. Mi novia de 1915 ya reclamó y Lubov no tiene idea.
-¿Tienes dos mujeres?
-Cada una en su lugar. Es increíble que seas una mocosa, como siempre te veo convertida en adulta...
-Eres un infiel.
-¿No has comprendido que no soy dueño de mis actos?
-¿Porqué no sólo te marchas?
-El viejo del muelle me ha dicho que sólo haré tu voluntad. Aquí me tienes convertido en un insurgente y al segundo siguiente soy un enamorado de una dorada y dos más tarde merodeo en la campiña y poseo a toda dama que consideras hermosa. Eres mi dueña y eso deja de enfurecerme cada que recibo un beso tuyo. Qué raro que hayas decidido verme ahora.
-No debo estar aquí.
-Me iré a condición de que me permitas cuidarte hasta que estés con tu familia.
-¿Es un trato?
-Uno temporal. No me libraré de ti pero me dejarás descansar. Necesito reponerme, estoy cansado.

Sin más, él la sostuvo entre sus brazos. Al arribar al edificio, presionó el timbre. Gabriela abrió con premura.

-No permita que su hija ande sola por el parque. Prometo recuperar tu bicicleta Carlota. Buenas noches.

La pequeña se aferró a su madre. Ely miraba atónita mientras intentaba explicarle que Andreas y Ricardo habían salido a buscarla junto con Joubert, Anton preguntaba sin cesar por ella; inclusive Tamara pidió ayuda a la policía.

-¿Estás bien? ¿Te lastimó?
-No.
-¿Dónde estuviste?
-No sé. Una chica me metió a un sótano y no me dejó salir hasta que llegó él.
-Al menos te cubrieron... Llamaré a tu padre. Ely, haz que se dé una ducha y prepárale una pijama por favor.. Gwendal, tenemos té, sírvele una taza a Carlota.
-Enseguida.

Mientras la chica ocupaba el tocador, sus tíos conversaban en voz baja.

-¿Conoces al tipo que la trajo?
-Es Sergei Trankov. Lo he visto dando conferencias en la facultad de Filosofía. Lleva años combatiendo a la Marina. Entre los estudiantes es un héroe porque él y su grupo destruyeron instalaciones en Cobbs y a veces se presentan en mítines. Personalmente me atrevo a decir que me agradan. No son gente incongruente. Siembran su propia comida, diseñan su ropa y no le han tenido miedo a los escuadrones; defienden muy buenas causas, no me quejo de ellos.
-¿Crees que tengan experiencia en rescates?
-Han logrado fugas que son leyenda.
-Hay una muchacha en la base que me interesa salvar.
-¿Has estado allá?
-Acompañé a Judy Becaud a arreglar un asunto y me corrieron. Mientras esperaba mi tren, accedí a tomar unos tragos y una prostituta quiso darme el servicio pero me negué porque tiene trece años.
-¿Qué?
-Me dijo que si huye van a asesinar a sus compañeras y pensé que en la fundación en la que estás podrían ayudarme, tal vez demandando o por lo menos con una petición.
-Olvídalo, es Cobbs, no está sujeto a leyes o tratados internacionales. No puedo apoyarte pero Trankov sí. Lo puedes encontrar en el puente de la calle Amodio. Hay un café vegetariano que es barato.. ¿Estás consciente de que te estoy sugiriendo algo ilegal?
-Los marinos han violado a una niña. Haciendo un balance, lo mío será una inocentada.
-Ten cuidado.
-¿Otra sugerencia?
-Sergei tiene una frase .. "Un guerrillero no puede sacrificar su vida por la tierra si no sabe lo que es trabajar en ella".. Si te la menciona significa que aceptó tu propuesta. No cobra pero tampoco le ofrezcas una recompensa porque se ofenderá. Ve por la mañana. Seguramente estará ocupado en su huerta.

La chiquilla oyó la última parte de la charla y fue a su recámara. Con ropa limpia puesta, decidió ir a la sala y poco a poco fueron llegando su padre y sus amigos pero al ver a Joubert se precipitó a darle un fuerte abrazo y entre lágrimas pronunció su primer "Te amo".



*Apelativo cariñoso de Sergei. Los rusos tienen por costumbre utilizar apodos basados en el nombre de la persona que aprecian; normalmente un familiar.

martes, 11 de octubre de 2011

En el mirador

(Dedicada a un amor platónico: Gwendal Peizerat)

Gwendal arribó a Cobbs con Judy y después de esperar durante horas, se encontró con que sólo a él se le negaba el paso. Un artículo publicado en Le monde dos años atrás fue el motivo por el que se le consideró un periodista y todo lo que pasaba en la base era confidencial.

-También se le ha ordenado abandonar la isla.
-Soy ciudadano francés y hay un cónsul así que solicito una reunión con él.
-Aquí no procedemos de ese modo. Este no es un organismo multinacional como la ONU, es una sede administrativa del Gobierno Mundial. Le exhorto a abandonar las instalaciones y cualquier información que revele sobre esta plática será causal de juicio. Lo acompañaran dos oficiales hasta Tell no Tales. Que tenga buen día.
-Pasé aquí toda la noche por nada. 

La señora Becaud alcanzó a despedirse e ingresó a las instalaciones con desconfianza. Apenas y le permitieron comunicarse con su esposo.

-No se preocupe, Jean Becaud vendrá por usted, hemos mandado por él.
-Gracias capitán.
-Esta es la boca del lobo señorita. Yo mismo la escoltaré para que no le molesten.

Ella comenzaba a recorrer los pasillos oscuros del lugar cuando Gwendal caminó hacia la estación. Como le disgustaba el ánimo serio de sus vigilantes, optó por tararear un par de canciones, recibiendo una burla.

-¡Ea! ¡Que el reportero ha salido maricón!
-Más vale maricón confeso que reprimido ¿No?
-Y encima le quiere jugar al valiente.
-Al menos no escondo mis preferencias.
-¿Sabe lo que le hacemos a los afeminados?
-Supongo que los encierran y los besan en secreto.

Mèriguet sabía que había ganado la discusión y el marino que lo interpeló se alejó ofendido. El otro sólo se reía de su compañero.

-Discúlpelo, no sabe tratar con nadie.
-Eso ya lo noté.
-Si se enteran de que mi colega es gay lo despedirán y los tiempos ya no están como para conseguir seguridad social en cualquier trabajo.
-Seré cauteloso la próxima vez.
-¿Le parece si le invito un trago?
-¿Es que aquí hay bar?
-En algún lugar debemos encontrar mujeres y whiskey.
-Me acaban de echar, no lo olvide.
-El tren sale en dos horas.
-¿Usted paga?
-Siempre y cuando no se meta en una pelea.
-De acuerdo.

En Cobbs, el bullicio proveniente de la cantina era lo de menos. El humo del tabaco era asfixiante aún para un fumador consumado como Gwendal que elegía encender un par de cigarrillos afuera antes de que se le irritara la nariz. Las prostitutas no reparaban en hablarle y emplear sus artimañas para ganárselo como cliente pero él prefería aceptar los vasos con licor que le llevaba la hija del dueño del establecimiento hasta que se acercó una pequeña de trece años, con el cabello alborotado y un short muy sugerente. No hacía falta preguntarle a qué se dedicaba.

-5€ la hora - anunció ella.

Gwendal no ocultó su asombro y miró al lado opuesto. La niña se molestó.

-¡Por lo menos esconde que eres marica!
-¡Y dale con eso! ¿Tengo pinta de homosexual o qué?
-Ni siquiera te apetezco ¿Qué quieres que piense?
-Que te hago un favor y que las niñas no forman parte de mis gustos.
-¿Desde cuando los marinos y sus amigotes salen tan decentes?
-Desde que te topas con un tipo con una sobrina de tu edad.
-Ella ha de ser muy bonita entonces porqué vaya tío tan guapo que tiene.

Pronto, una chica que salía de un hotel cercano con un oficial preguntó que sucedía.

-Este extranjero no quiere contratarme.
-Ya te he dicho que si no te hacen caso te retires.
-Pero llevo días sin ganarme el pan, si no insisto muero de hambre.

Mériguet giró hacia la muchachita que lucía descolorida y un poco enferma. Sus zapatos estaban rotos  y no escondía un moretón en su rodilla provocado por caer de una escalera al escapar de la golpiza de un ebrio furibundo.

-¿Cuánto llevas sin probar bocado? - preguntó Gwendal.
-He perdido la cuenta, creo que ha sido una semana o un poco más.
-Haré que te traigan algo pero prométeme una cosa.
-Dispara.
-Irás a la escuela.
-Es más fácil que gane la lotería
-¿No te interesa tener un futuro?
-El único que puedo tener es que usted me dé comida y me contrate.
-¿No te gustaría convertirte en no sé, arquitecta o arqueóloga?
-Primero que no dice abogada o doctora.
-¿No lo has pensado?
-En este lugar si una se escapa le provoca la muerte a las demás. Ya ha pasado antes. 

Ambos se miraron como si a ella acabara de pasarle algo más horrible que lo que le ocurría cotidianamente. Con cierta compasión, Gwendal hizo que le trajeran un emparedado de pollo y un poco de fruta. La niña, sin bromear, le decía que no le cobraría absolutamente nada si decidía llevarla por ahí para "comportarse igual que un hombre con necesidades".

-Iremos a un lugar que te guste - aseguró la chiquilla.
-¿Para qué?
-Tú sabrás, pareces buena persona.

Hábilmente, ella se apoderó de la cartera de su nuevo amigo al percatarse de que no estaba dispuesto a seguirla. Él fue tras ella hasta llegar a un sitio apartado. La única panorámica digna de Cobbs se podía disfrutar en un mirador al lado de una basílica abandonada. Gwendal no ignoró tal belleza.

-Tontito, pudiste ahorrarte el cansancio si me hubieras dicho que sí.
-Soy incapaz de tocar a una mozuela.
-¿Lo dices por ella? - mostrando la foto que él guardaba de Carlota - No me equivoqué cuando supuse que es linda. 
-¿Ahora entiendes porqué te rechazo? Me la paso pensando en esta chica que es la hija de la persona que más aprecio en este planeta.
-Tu hermano.
-¿Cómo sabes?
-El señor que está al lado de tu sobrina se parece mucho a ti... ¡Bingo! ¡También hay chicos apuestos! ¿De dónde sale tanta gente agraciada?
-¿Podrías dejar de hurgar en mis cosas?
-Este alto no parece de mal aspecto y el flacucho se ve interesante ¿Cómo se llaman?
-Andreas y Adrien.
-¿Y la señora de cabello oscuro es su madre? 
-Así es.
-Tu cuñada parece de la realeza, qué porte se trae.

Ella continuaba sacando el dinero de Gwendal, papelitos doblados y algunos boletos viejos que él guardaba por costumbre, encontrando finalmente el rastro que buscaba.

-¿Ella es tu novia?
-¿Ahora resulta que no soy gay, verdad?
-¿La quieres?
-Tamara es sólo mi mejor amiga.
-No creo que a Judy le guste escuchar que la confundes con otra.
-¿Qué sacaste?

Sonriendo pícaramente, la niña le mostró la fotografía que él poseía de Judy, aunque no era la única. Otra imagen se había almacenado en su cartera: la de la famosa Coupe de Nice dónde la señora Becaud pasó a la historia personal de Mériguet por hacer el ridículo.

-¿Cuánto tiempo llevan juntos?
-Nada, ella está casada y yo sigo soltero. La conocí hace ocho años y no la volví a ver hasta ahora.
-¿Y porqué escribiste su nombre?
-Para que no se me olvidara. Cuando nos reencontramos no supe quién era y luego mi mejor amiga me la presentó por segunda vez así que le robé un retrato. 
-Los hombres no son más torpes porque se acaban los humanos ¿Cómo que no sabías quién era?
-Eso pasa.
-¿Y te gusta?
-¿Qué?
-A mi no me puedes engañar.
-Judy también me simpatiza.
-Mentiroso. Ella nunca va a estar contigo, por eso se fue con otro.
-No entiendo.
-Apuesto lo que quieras a que ella de bebé estaba enamorada de ti y tú andabas haciendo estupideces pero ahora ella creció y hasta se consiguió marido.
-Soy mayor por ocho años y cuando ella tenía.. Qué curioso, trece igual que Carlota y tú ... Las cosas no son como las piensas.
-¿Entonces porqué anotaste que le comprarás flores y la visitarás en su cafetería hasta que te haga caso?
Mejor ya vete, yo me quedo con 100€.
-¡Es todo mi..! Dinero.

La pequeña se perdió entre los edificios viejos y arruinados. Gwendal permaneció unos instantes más y partió no sin antes revisar que ella no le hubiese quitado otra cosa pero se topó con una tarjetita maltratada, él la leyó.

-P.D. Mi estimado forastero, mi nombre es Adelina Tuktamisheva. Ven cuándo quieras.

Eso era más que suficiente para llegar a Tell no Tales, contactar a Ely y denunciar la presencia de la chica en Cobbs; la hermana de Gabriela pertenecía a una organización que luchaba contra la explotación infantil.


jueves, 29 de septiembre de 2011

Ánimos de gala



(Para @giselasanti, porque pensé en ella al escribir este capítulo) 

Domingo 5:00 pm

Evan llegó al ensayo de la gala acompañado de su padre. Era la primera vez que éste se presentaba a ver a su hijo y se mostraba emocionado. El chico era el más feliz.

-Traten bien a mi papá - pidió a todos y se enfiló a ensayar. Con anticipación, el joven Weymouth tenía un número preparado.
-Mejor así, ahorramos tiempo. Saldrás justo después de Carlota Liukin.

Todo iba bien pero una exclamación desesperada detuvo la actividad.

-¡Enciendan el televisor! ¡Deben ver esto!
-¿Qué pasa?
-Es Raymond Floost, lo están llevando al cadalso.

Por temor a que Don se impresionara, Evan lo llevó a un lugar apartado. Todos corrieron al pasillo. En la transmisión, el único locutor que tuvo el valor de sostenerse ante las terribles escenas de un hombre condenado, no cesaba de realizar duras críticas contra la Marina y la tibieza del gobierno de la ciudad en el asunto. La indignación llevó a los universitarios a protestar en la calle.

-Es increíble, han pasado poco menos de diez años y ya regresamos a la barbarie prohibicionista - reclamó Casey en una entrevista en vivo - Ni siquiera le realizaron un juicio.

La imagen desgarraba. Lamentos y llantos hasta de gente que no conocía a Floost eran grabados.
Mientras tanto, Judy se tornaba pálida y corría hacia un teléfono. Su madre contestó inmediatamente para oírla sollozar varios minutos. Sin poder respirar, la joven colgó. Evan no supo si aproximarse a ella o no; el que sí lo hizo fue Gwendal.

-¿Te afecta mucho?

La señora Becaud sólo asentó.

-A mi también me pareció inaceptable pero no creo que te ayude ... ¿Necesitas algo?
-No .. ¡Aléjate!
-¡Oh, oh! Si dije algo que te molestó...
-¡No, Gwendal! ¡No estoy bien!
-¡Espera! ¡Guarda un poco la calma!
-¡No puedo, de verdad no puedo!
-Tal vez debemos caminar o no sé, ir por ahí.
-Quiero estar en mi casa, ocultarme entre una cobija afelpada, tomarme un chocolate con bombones mientras abrazo a un peluche y que mi papá regrese a contarme un cuento.
-Judy no estoy seguro pero te llevaré por un calmante y a descansar.
-¿Qué le voy a decir a mis hermanitos ahora? Ellos son chiquitos, no tienen ni diez años.
-¿De qué hablas?
-Busqué hace tanto tiempo a mi padre que no tengo cara para decirles que lo encontré y está muerto. Compraré un vestido de luto y preguntaré si me dejan organizar un funeral ¿Crees que los marinos accedan? Me han dicho que si no se reclama un cuerpo lo incineran en Cobbs.

Y mirando a Gwendal, Judy reveló un secreto:

-Raymond Floost es mi papá.

Evan, que aún escuchaba, se sorprendió sobremanera: El activista siempre dijo que no tenía familia.

-Yo te llevo a la base - Exclamó Mériguet y tomó a la señora Becaud de la mano. Ésta apenas se sostenía en pie. El joven Weymouth sentía lástima y decidió homenajear al antiguo cliente de la cantina dedicándole su actuación no importándole si a los organizadores les gustaba o no que realizara una declaración política al respecto.

-Todo mundo deje de ver esa basura y trabaje - Exclamó al volver al pasillo - Son las seis, el público llega en una hora y aún no estamos listos.

Unánimemente, los patinadores lo siguieron. A esas alturas, a Evan ya ni le cruzaba por la mente conocer a Carlota; más bien, creía oportuno preparar un discurso.

-¿Alguien sabe dónde está Judy? - preguntó Tamara.
-No se sintió bien y fue a su casa - contestó el chico, ocultando lo que había presenciado.

Con talante sombrío, el público colmó los asientos; era un auditorio familiar, en plan de convivencia y por lo mismo, las pancartas de los fans escaseaban. Después de un opening flojo, cada uno de los participantes intentó levantar el ánimo lo mejor posible y los pocos que lo lograron agradecían escuetamente. Cuando Carlota y Verner entraron en escena, su parodia chaplinesca causó entusiasmo a pesar de ser una improvisada rutina que se le había ocurrido a Ryan Oppegard apenas unos minutos antes aprovechando que los alumnos de Tamara estaban juntos. Los dos le darían entrada al invitado especial, pero Joubert decidió romper con el programa (en parte lo hacía por Evan, que buscaba un micrófono que sirviera) y colaborar en el espectáculo de su chica quién sólo reía con incredulidad.  Franz De Patie fungía como presentador y a punto de anunciar al joven Weymouth, éste se precipitó a pedirle la palabra.

-Perfecto, sólo déjame decir que vas tú.
-Bien, gracias.
-Me alegra saber que harás esto.

Cuando el chico fue a su lugar, se escuchó:

-¡Señoras y señores, con ustedes nuestro invitado especial, campeón del Grand Prix 2000 y medallista junior del mundo 2001, Evan Weymouth!

El muchacho miraba a los espectadores con nerviosismo y consternación. Humildemente saludó y se aprestó con lo que había dispuesto.

-Esta noche es triste para todo el país. Nunca pensamos que volveríamos a ver como masacraban a un vecino, un amigo, en Cobbs. Perdimos a una persona que, aprobáramos o no sus acciones, tenía el valor de no estar de acuerdo y demostrarlo. Nuestros reclamos cuando bloqueó el ferrocarril por el precio excesivo o pasamos una semana sin agua porque el pensó que las trasnacionales no deben venderla embotellada parecen tan infantiles... Admítanlo, fueron berrinches; al final le dimos la razón ¿Saben a qué Raymond Floost recordaré? Al que llegaba a la cantina de mi padre y tomaba un whiskey, planeaba su siguiente plantón y me decía que Casey Low -me disculpo de antemano por cierto- era una bruja pero se le hacía una mujer muy bella y de gran corazón.. Si ya sé que abucheamos a Low todos los días pero no había ocasión en la Ray no nos recordara que no hay qué juzgar a las personas. Esa fue una de tantas cosas buenas que le reconozco. Alguna ocasión juntó firmas para evitar que se talaran los cerezos dónde pretendían construir un hotel y un deportivo privado y también se arriesgó a ser arrestado por boicotear un discurso político de George Bush cuya visita que nos parecía insultante o cuando pidió que rescatáramos el festival del circo y tuvimos que ver como se vestía de payaso y se encadenó en la puerta del Instituto Cultural por quince días mientras unos artistas callejeros mostraban malabares... Esta gala va dedicada a su memoria y espero que lo honremos de la misma forma que el trató de honrar a Tell no Tales haciéndolo un lugar más agradable, más justo. Nunca olvidemos a Raymond Floost.

Los espectadores aplaudieron durante varios minutos y se entonó un cántico luctuoso. Los atletas aparecieron en la pista unos momentos para elaborar un pequeño altar de flores. Evan retornó a su sitio y una vez concluido el trabajo de sus colegas, esperó a que la música iniciara pero no ocurrió, así que observó a Joubert tratando de arreglarlo.

-Creo que Floost quiere hacerse notar - comentó Franz con nostalgia.

Evan trataba de ser lo más alegre posible, quizá rememorando las noches que el activista le hizo más ameno el duro trabajo que implica atender un local donde abundan el alcohol y los desesperados; pero también por Judy, que a esa hora se dirigía en tren a la base naval, sin fuerza para contarle a su familia de la tragedia y sintiéndose destrozada.