sábado, 23 de abril de 2011

El retorno del futuro



A Carolina Kostner

-Espera... ¿Nunca has comido jugo congelado?
-No.
-¿Ni siquiera paletas de almendra con coco o alitas de pollo?
-Nada de eso.
-¿Cómo es posible?
-No había nada así en mi otra escuela.
-¡¿Cómo que no?!
-Sólo comida sana.
-¡Esto es saludable! Es una paleta de jugo de manzana.
-¿Natural?
-¡David! ¡Dice Carlota que no ha probado las paletas!
-¿En qué planeta vives niña?
-En este.
-¿Y quieres una?
-Ahh ... Supongo que sí.
-Venga yo la compro.
-Gracias amorcito.
-De nada Amy, todo sea por nuestra nueva amiga. ¿Mañana van a la pista?
-Yo hoy tengo el ballet así que iré.
-¿Y tú?
-Cuenten con ello.
-Tu primer paleta con todo y el chocolate.
-Gracias.
-Muérdela.
-¡Sabe bien!
-Te dije Carlota. Te veo mañana.
-Nos vemos Amy, adiós David. ¿A las diez?
-A las diez en Raisa. ¡Viernes libre!
-Ja. Te llamo luego amiga.

Ely fue por Carlota a la escuela y después de misa y hacer la tarea, pasaron con Gwendal.

-Tu sobrina sana y salva. Llévala de compras por favor.
-¿A dónde?
-Carlota sabrá. Necesita todo un guardarropa.
¿Y porqué no la llevas tú?
-Ya no me da tiempo, tengo un concierto y debo ensayar.
-Está bien.
-La ropa debe ser de la sección junior.
-¿Ya tiene el dinero?
-Es la tarjeta de Ricardo. 
-¿Y no tendré problemas por usarla?
-Mi cuñado llamó al banco para autorizar.

Un poco desganado, dejó que la niña entrara a dónde quisiera. Carlota no iba a las tiendas que su madre frecuentaba. Entusiasmada, los locales para adolescentes fueron su objetivo y cuando su tío la cuestionó ella respondió:

-Las tallas junior ya no me quedan.

Después de mucho buscar y no decidirse, ella al fin encontró lo que las revistas de moda dictaban. Pasadas cuatro horas, ella regresaba a casa con todo y malteada en mano; pero se detuvo en seco delante de un aparador. Los trajes de patinaje eran bellísimos y los accesorios estaban primorosamente hechos a mano. Las chicas no dejaban de compararlos y de probarse todo. Entre ellas estaba la promesa Sasha Cohen. La niña Liukin le pidió autógrafo pero se retiró un poco triste.

Por la mañana, llegó puntual a la cita y se dirigió a Steuer que como cada fin de semana estaba llena. 

Cuando Gwendal advirtió que Carlota tenía el enorme deseo de patinar, supo que lo sucedido en el aparador no era un accidente. Decidió ayudarla. Le daría una sorpresa. El sábado, pidió informes en la pista del centro invernal.

-Buenas tardes.
-Buenas tardes. ¿Puedo ayudarle?
-Necesito informes sobre clases de patinaje.
-¿Para usted o un infante?
-Mi sobrina.
-Claro. Tenemos clases por grupo. La primera a las nueve de la mañana y a las trece y dieciocho horas. No tienen costo. También los sábados de las trece a las diéciseis.
-¿Individuales?
-Depende de la edad y el nivel pero no hay entrenadores por el momento. 
-¿Nadie?
-Todos están muy ocupados con sus torneos.
-¿Quiénes dan las clases grupales?
-Brian Graszi y Tamara Didier.
-¡Vaya qué sorpresa! No esperé encontrármela aquí.
-Este es el formulario de registro. Si su sobrina o alguien más desean llenarla, sólo deben entregarla en esta recepción.
-Gracias. ¿Puedo ver a la señorita Didier?
-Ya va a empezar el  horario de mantenimiento, ella es la última que sale.
-Excelente tarde.
-De nada.

Acércandose a la pista, Gwendal vió a Tamara aproximándose. El tiempo no pasaba en ella.

-¡Tamara!
-¡Gwendal! 

Después del abrazo, él la miró fijamente.

-Último lugar dónde pensé reencontrarme contigo. ¿Qué tal Lyon?
-Bonito pero ya me mudé.
-Bienvenido. ¿Qué te trajo aquí?
-Mis hermanos.
-¿Tienes más familia, Mériguet?
-Sí. Vine a conocer a todos y he decidido quedarme.
-Me alegra.
-¿Y tú?
-Ya ves. Así es la vida.
-Necesito un favor.
-Raro que lo pidas. ¿De qué se trata?
-¿Quieres un café?
-Perfecto. Esta tarde estoy libre.

En una de las cafeterías de Dobrev conversaron largamente sobre la escuela y sus antiguos compañeros hasta que el recordó lo que deseaba pedirle.

-¿Qué es?
-Mi sobrina quiere patinar y supe que tienes un grupo.
-No solo un grupo. Mi día está ocupado. Si llena el formulario sólo tiene que tachar mi nombre.
-No quiero que esté en un grupo.
-¿Entonces?
-Entrénala.
-¿Estamos hablando de algo más personal?
-Clases privadas.
-De ninguna manera.
-¿Porqué?
-Lo siento pero tengo trabajo. 
-Vamos, no creo que no tengas tiempo.
-Para dar una clase particular debo deshacerme de dos grupos y además la Universidad no paga por dar clases así.
-¿Y los demás?
-Tienen resultados internacionales, mucha trayectoria. Carroll, Oppegard, Tarasova, Fehr y Mishin llevan años formando figuras y no aceptan nuevos alumnos.
-Podrías comenzar a ascender si lo intentas.
-¿Cuántos años tiene la niña? 
-Doce.
-Peor aún.. Si fuera un poco más joven quizá.
-¿Qué tiene de malo?
-Un entrenamiento es para toda la vida y ella ya debería estar en Novice.
-Inténtalo.
-Le tengo que enseñar desde cero y tendría poco tiempo si aspira a competencia... ¿En qué pista entrenaríamos? La junior está asignada, lo mismo novice.. en senior nos echarían. La pista privada del club Isbaza es demasiado cara y Steuer no es un buen sitio.. Serían 800€ al mes lo que tendrías que darme.
-No es mucho para mí
-Ganas eso y más en los X-games... Además ¿Qué le podría transmitir? ¿Qué filosofía? ¿Qué motivación? Puedo con un grupo porque no me involucro pero .. No tengo nada qué le pueda servir, no soy un ejemplo. Me conoces.
-¿Temes transmitirle tu fracaso?

Tamara sentía lástima de sí misma.. Confrontar el pasado era doloroso y el presente era duro.

-¿No me ves? No puedo mover el brazo izquierdo, mis rodillas están destrozadas y no tengo vista.
-No se nota la ceguera, como todo lo haces con normalidad.. 
-Aprendí a intuir el espacio y mi oído es bueno.
-¿Cuándo pasó?
-Después de los Mundiales del 98. No pude volver a saltar bien desde Olímpicos y un día tuve un accidente en el metro. En el hospital supe que ya no tenía remedio... Me ofrecieron un trabajo aquí y yo estaba huyendo de las explicaciones y de la Federación que no dejaban de presionarme para comparecer y decir porque me caí tres veces y quedé en lugar dieciséis después de invertir mucho en mí. ¿Qué podía perder?
-¿Tú crees que a Carlota le va a importar eso? ¡Tamara das clases con tu condición! Ella se sentiría orgullosa de ti sólo por haber aceptado ser su maestra.
-¡Pero sabrá lo mal que hice todo! 
-Pero también que has salido avante.
-Dame una razón por la cual debo renunciar a parte de mi sueldo y enseñarle todo lo que sé.
-Porque es la única oportunidad que tendrás de hacerlo bien.

Pensándolo un poco decidió.

-¿Cuál es su turno escolar?
-Primer hora.
-¿Colegio?
-Sagrado corazón.
-¿Está en algún equipo?
-No.
-Dile a tu sobrina que entrenaremos a partir del lunes. Notificaré horario y sede a sus docentes.
-Te lo agradezco.
-Tomaré el riesgo.

En la noche, Tamara reflexionó largamente acerca de su nuevo reto. No sonaba descabellado, nadie lo había hecho antes. Valdría la pena.

El lunes en clase, antes de terminar las lecciones, la directora del colegio entró al salón de Carlota acompañada por una mujer en traje deportivo.

-Carlota Liukin, se le ha asignado equipo para acreditar la asignatura de Cultura Física.
Preséntese hoy a las trece horas con su entrenadora Tamara Didier en la Universidad de Humanidades. Su sede es la pista profesional senior número dos y su disciplina es el patinaje de figura.

La niña estaba sorprendida y por la emoción casi derramaba lágrimas. Gwendal que la esperaba a la salida le explicó todo.

-¿Mis papás saben?
-Es un regalo del que se enterarán en la cena.
-¡No! ¡Mi mamá no me dejaría ir! ¡Si le mencionan algo así se pone como loca!
-¿Estás castigada?
-No le digas nada.
-Pero .. 
-¡Mi mamá pidió que me vetaran de las prácticas y mi papá la apoyó!
-Tarde o temprano lo van a saber.
-Que no sea hoy - Dijo el viejo del muelle - Ya habrá tiempo de explicaciones.

Viendo la expresión de la chica, su tío accedió a guardar el secreto aunque desconocía los motivos.

En su primera lección, Tamara fue clara:

-Estoy ciega. No soy débil, ni necesito ayuda. Sé perfectamente como corregir una técnica. Concéntrate y aprenderás. No hay retrasos ni faltas a menos que estés muriendo... Y ahora a divertirse que no conseguí este horario fácilmente, como te darás cuenta estamos solas.

Mientras su pupila calentaba y seguía las primeras indicaciones, Tamara tenía en la cabeza el instante en el que ella misma había arruinado todo. En Nagano, teniendo más de lo necesario para ganar, optó por perder de la peor forma que pudo hallar. Si tuvo miedo al éxito o no, eso la marcó para siempre.. Pero llegó Carlota y gracias a eso el futuro volvía a estar en sus manos.

Por primera vez en tres años, Tamara decidió modificar sus recuerdos: en vez de las fallas, convirtió el principio de su final en saltos perfectos. 

1 comentario:

  1. Me encanto esta Historia de vida, de superación personal, sin duda; me inspiran estas historias para buscar mejorar como persona.

    Saludos
    Sergio

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