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En esos días, la radio tellnotelliana comenzó a difundir un ritmo de Brasil llamado "sertanejo" y la aceptación fue instantánea. Algo había en aquél estilo que incitaba al baile casi en automático y las chicas se aprendían las canciones con mucha facilidad, aunque realmente ignoraban lo que decían.
La nueva tendencia implicaba que en la playa se improvisaran fiestas con bares que servían tragos abundantes y gratuitos y las jóvenes suspiraban por sus nuevos ídolos, la mayoría con aspectos de niños bonitos e inofensivos capaces de cantar cadenciosas y paradójicamente tiernas melodías; no obstante, al ser Bérenice una de las incautas, ésta declaraba sin pudor que su intérprete favorito era un tal Gusttavo Lima.
-¡Es tan guapo! - exclamaba cada que los locutores anunciaban alguna melodía que él interpretase.
Aunque en circunstancias normales habría censurado tal afición, Matt Rostov no se quejaba porque a raíz de la aparición de aquella música, la líbido de Bérenice había aumentado y aquello se traducía en actividad sexual más frecuente.
-"Deberías ponerte un poco celoso o terminarás muy enfadado... No veo la razón... Bérenice no es muy confiable."
Matt desestimó la sugerencia de su atinado razonamiento. Las personas no solían ver más allá de su nariz cuando estaban satisfechas, así que no le extrañó que esa misma tarde comenzara a anunciarse un concierto sorpresa y Bérenice se empeñara en aparecerse por ahí como auténtica fan.
-¡Va a estar Gusttavo Lima! - le insistía a su chico y él asentaba aunque dudaba que fuera buena idea por la extrema presencia policial en eventos masivos. Para prevenir motines, las autoridades locales (o lo que es lo mismo, la familia Izbasa) habían impuesto una serie de protocolos de seguridad con revisiones incluidas a las prendas de ropa, sin importar que el concierto en turno se celebrara al aire libre y fuera gratuito.
-Nos meteremos en problemas.
-¡Por favor, Matt! Me prometiste hacer algo divertido.
-¿Tiene que ser esto?
-Te lo recompensaré.
-¿Cómo?
-Jugando a lo que tú quieras.
-¿Perdón?
-¿O te hago un striptease?
Matt Rostov sonrió lujuriosamente y Bérenice lo estrechó comprendiendo que cedía.
-Entonces ya tenemos que irnos, gracias Matt.
El hombre la besó mientras perdía el sentido común.
-"Te lo advertí, Rostov" - pensó fugazmente.
En las calles, un ejército de jovencitas se dirigía hacia el escenario donde podía verse a Leo Rodríguez haciendo su prueba de sonido. Los gritos desaforados no desentonaban con el golpeteo constante de panderetas, silbatos, maracas y otras cosas para calentar el ambiente mientras comenzaban a hacerse visibles algunas banderas verde - amarelha para hacer sentir a sus ídolos como "en casa".
-"Lo bueno es que no necesito nada de eso" - cavilaba Bérenice que planeaba mantenerse lo más tranquila posible pero, con toda seguridad, llamaría la atención de Gusttavo Lima para decirle que lo admiraba y lo apreciaba, así que tomando una actitud de admiradora sin pudor, se lanzó hasta el frente apenas arribó al sitio indicado. Como arrestar a los Rostov en medio de la multitud no era una táctica conveniente por la posibilidad de fuga, la seguridad infiltrada optó por fingir demencia.
-¡Hola, Leo! - gritó la joven y aclamó todavía más cuando él le sonrió y agitó la mano. Las presentes imitaron el saludo pero no recibieron respuesta. De acuerdo al volante que se repartía, Rodríguez abriría el concierto y Lima le seguiría; al final estaba programado Michel Teló a quien la mayoría iba a ver.
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-¿Nos quedaremos hasta el final? - preguntó Matt.
-¡Claro! Si no, ¿a qué vine?
-Cómo quieras.
-Al final pasará lo mejor, no lo olvides.
Bérenice seguía sonriendo y aplaudiendo además de exclamar "comienza ya" a la menor provocación. Su presión surgió efecto y Leo Rodríguez comenzó a cantar a capella su éxito "Bará beré". La muchedumbre coreó a todo pulmón y saltó frenéticamente cuando irrumpieron los instrumentos. Como Rodríguez no contaba con otro sencillo popular, su interpretación duró diez minutos con guitarreos innecesarios y frases alabatorias a la ciudad y a su gente mientras los músicos de apoyo ya no sabían qué inventar para continuar con una actuación deficiente que era cubierta por el encanto del escenario.
-¡Buenas tardes Tell no Tales! ¡Ya viene Gusttavo Lima! - anunció un feliz Rodríguez. Bérenice en ese momento ató su cabello y se llevó los dedos a las mejillas, visiblemente emocionada. Matt Rostov no la reconocía, ella jamás se había puesto así e imaginaba que al entrar Lima a escena, la joven reaccionaría como una fanática beatle, de esas que aparecían en fotos blanco y negro.
Una ligera llovizna inició, como si la naturaleza quisiera apaciguar los caldeados ánimos, pero no hizo mella en la eufórica Bérenice.
-¡Te amo, Gusttavo! ¡Eres el mejor! - repetía la muchacha una y otra vez y daba giros sobre sí misma. Su entusiasmo delirante captaba la atención de los fotógrafos y del propio Lima que ingresaba al foro en medio de un recibimiento estruendoso y los primeros acordes de su canción "Cor de Ouro". El efecto era similar al del cantante anterior, con la diferencia de que Lima hablaba con el público para compensar su flaco repertorio y no dejaba de mirar a Bérenice, la única que se sabía otros hits no tan conocidos como "Fora do Comum" o "Refém", al grado de aprovechar la parte instrumental de esa última pieza para llamar discretamente a su road manager y pedirle que le entregara a la joven un pase de "fan meeting" en el hotel Luna Palace, cosa que se cumplió a los pocos minutos.
-Gusttavo Lima quiere hablar contigo - señaló la mujer. Bérenice, que apenas escuchaba por tanto ruido, agarró el boleto y mandó un beso a su ídolo mientras se percataba de que debía deshacerse de Matt si quería asistir a la cita. Tal asunto era fácil, sólo bastó con arrojar a su chico al remolino que bailaba slam justo detrás de las primeras filas.
-Dígale que iré cuando acabe Michel Teló - respondió Bérenice a la road manager, que a su vez hizo un gesto a su jefe para que supiera la respuesta afirmativa. Ninguna otra jovencita recibió una invitación parecida y el equipo de producción comentaba cosas disímbolas al respecto, concluyendo, eso sí, con que la invitada era la groupie en turno.
-"Eu já lavei o meu carro, regulei o som
Já tá tudo preparado, vem que o brega é bom".
Con esas notas, Bérenice se alborotó por completo. Era "Balada Boa" la canción número uno del chart en Tell no Tales y que llevaba dos semanas sonando sin parar además de ser la favorita de la chica del espejo. Al baile se le añadían toques de festividad descocada y la muchedumbre cantaba más fuerte. Gusttavo Lima entonces optó por subir a un par de jovencitas al escenario a bailar con él y de paso, decirle a Bérenice que "más tarde estaré contigo, no te pongas celosa".
-No me molesta compartirte - respondió ella con su característico guiño. Lima entonces se precipitó a concluir su canción y realizar una especie de introducción melódica a Michel Teló con acordes de "Ei, Psiu! Beijo me liga" una pieza que se estrenaba en la ciudad.
-¡Hasta la próxima vez, Tell no Tales! - exclamó Gusttavo Lima antes de que Teló irrumpiera cantando.
A diferencia de sus compañeros, Michel Teló contaba con la ventaja de que las canciones de su disco "Ao vivo" fueran sencillos promocionales en la radio tellnotelliana, por lo que no le fue difícil recibir loas y flores por doquier, fanáticas intentando tocarlo, sonrisas y la genuina admiración de las asistentes. Con su voz dulce, las persuadía de calmarse y logró dar una actuación lúdica pero mejor dosificada, cosa que delataba mayores tablas.
Su momento cumbre fue al cantar "Me Odeie" y "Gotas de Água doce", que a Bérenice le pareció muy tierna.
-"A veces es bueno que te canten casi al oído ... Qué bonito" - concluyó la muchacha. El set de Teló era tan largo que prácticamente podía decirse que era su concierto y lo demás no pasaba de ser un pésimo acto abridor con insólito encore. La noche caía en la playa y el romanticismo del brasileño contribuía a esa atmósfera de suspiros y discretos besos al aire.
-Ha sido una gran velada, le falta lo mejor - declaró el cantante - Nos iremos de aquí con mucha alegría.. Ustedes se saben esta canción, buenas noches y ¡a bailar!
Bérenice se unió al grito colectivo levantando las manos.
-"Nossa, nossa
Assim você me mata
Ai se eu te pego, ai ai se eu te pego
Delícia, delícia
Assim você me mata
Ai se eu te pego, ai ai se eu te pego"
Con ese coro, se dio pie al último instante de baile y las chicas siguieron la sugerente coreografía de su ídolo mientras duró. Éste se despidió escuetamente y se quedó a contemplar como el público se marchaba, a excepción de Bérenice que volteaba para todos lados con el fin de evitar a Matt.
-¿Quién es ella? - preguntó Teló.
-La nueva amiga de Gusttavo Lima, la tengo que llevar al hotel - contestó la road manager como si hacer ese trabajo le fuera pesado.
-Salúdala de mi parte.
-A la orden.
La mujer se aproximó a Bérenice y se colgó de su brazo para explicarle en qué consistiría su "fan meeting" y prometerle que sería inolvidable.
-Te invitará a su habitación, abrirán una botella de vino, platicarán de lo que se les ocurra y habrá foto autografiada. Si ocurre otra cosa ya es asunto tuyo ¿Está claro?
-Entiendo pero estoy nerviosa.
-Admiradoras, qué predecible ... Traga esta pastilla.
-¿Qué es?
-Un calmante ... No aceptes cosas cortesía del hotel ni te robes lo que haya.
-De acuerdo.
-Y algo más: Gusttavo regala caramelos cuando alguien no le agrada, no lo hagas enojar.
-Seguro que no.
-Pónte esta chamarra, te hará lucir mejor y retoca ese labial.
-Sí, gracias por todo.
-Como digas.
Ambas caminaron hasta el Luna Palace y el viento arreció al momento de pisar la escalinata del lujoso sitio. Al registrarse, Bérenice no se percató de la mirada maliciosa del staff y sola, usó el elevador hasta el piso veinte.
-¿A dónde tengo que ir? - se preguntó así misma y permaneció de pie en medio de un recibidor durante minutos que parecieron eternos.
-Meninha, aquí estás.
-¿Meni qué?
-Meninha, chica, muchacha, es portugués.
-Ah, qué bien.
-Gusttavo Lima, a tus órdenes.
-Bérenice, admiradora y estoy impresionada.
-Ven conmigo.
-¿Compartiremos una copa nada más?
-¿Te incomoda?
-No, es que ... Yo quiero conversar contigo, te acompaño a tu cuarto y ...
-Espera, espera ¿Quién te dijo que hablaríamos?
-Yo me moría por saber algo de ti.
-Todas dicen lo mismo.
-Perdón por eso.
-En la playa te veías diferente.
-No traía la chaqueta, eh...
-¿Dónde quedó la vocecita sugerente? ¿Fue mi imaginación?
-¡No!
-¿Venías nada más por un autógrafo y a creer que me comprendes sólo por darle cinco minutos?
-Jamás había estado en un "fan meeting".
-Oye linda, te invité porque creí que eras divertida pero no me agradas.
Bérenice enmudeció.
-De todas formas, gracias por venir. Te obsequio una canasta de paletas, buenas noches.
Ella tomó el regalo, deduciendo que la mala impresión en él era enorme y por eso se alejaba sin mirar atrás. Para evitar la vergüenza, se quedó en el recibidor varios minutos, viendo pasar a la gente de limpieza antes de que las puertas del elevador abrieran de nuevo y se topara con que Michel Teló se dirigía a su propia suite sin guardaespaldas o la road manager.
-Hola.
Ella saludó con desánimo.
-¿Noche difícil?
-Un poco.
-Ánimo.
-Me gustó tu actuación, eres muy tierno.
-Gracias por ese cumplido.
-Me divertí.
-Lo sé, te vi bailando y eres entusiasta.
-Creo qué te di la idea equivocada.
-No, no es así. Sólo mírate, tu sonrisa es natural y se nota que eres bastante libre.
-¿En qué sentido soy libre?
-Te sirvo una buena copa si me regalas una paleta.
-¿Tienes vino?
-Qué bueno que Gusttavo nos hace coincidir porque su cava no te habría gustado.
-¿Toma del blanco?
-¡Exacto! Eso no sirve para brindar.
-Sólo si fuera champange, pero eso tampoco es útil para relajarse.
-Tengo un tinto francés muy fino, un Delobel cosecha del '94 que te encantará.
-Acepto.
-Tomo la paleta y ojalá disfrutemos una velada tan agradable como tú.
Él desenvolvió el dulce y enseguida lo saboreó de tal forma que Bérenice dejó de sentirse despreciada.
-Anhelo que me pase algo hermoso.
-Tenlo seguro.
Se abrazaron tal y como él cantaba: dulcemente. Después él la condujo de la mano hacia un dormitorio aislado.
Nadie lo mencionó, pero era momento de cantar directo al tímpano, de sentirse apoyados, de arriesgarse a encontrar consuelo en el otro y vivir sin tomar en cuenta al mundo porque ya habría tiempo para eso. Ella así lo creía mientras la charla y los brindis fluían y llegaba el momento inevitable de aventurarse a sentirse efímeramente amada por un hombre que posiblemente no se atravesaría en su camino en alguna otra velada de desilusión y decepción.
Pese a Matt y el golpeteo inmisericorde de su imagen en la mente, Bérenice eligió perderse en su nuevo amante sin remordimiento inmediato. Él no era Edwin y por tanto, no lo haría trizas mientras lo acariciaba y mucho menos fingiría que lo quería un poco para darle una mísera esperanza por su incapacidad de terminar con él sin destruir todo alrededor de ambos y esta vez, quedar marcada para siempre, algo que pretendía evitar y aún no sabía cómo.
Tal libertad era oxígeno puro para una joven que todo el tiempo sentía como el amor asfixiante de Edwin interfería directamente con Matt y lo hería. Sobre este último sin embargo, no se necesitaba un esfuerzo sobrehumano para ofrecerle una disculpa, ni explicar motivos.
Bérenice aprovechaba sus aventuras para resolver sus dudas, para llegar a un instante de sobriedad que le permitiera reforzar su propio amor a Matt y pensar en hacerlo más feliz, cada vez conteniéndose menos.
Ante tal erásmico elogio de la locura, el silencio, fiel amigo de Bérenice, se ausentaba por gracia de la lluvia, que se empeñaba en recordarle a la mujer que disfrutara la noche.
Con cada beso, entregarse casi por entero a su amante era mucho más fácil.
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