Cuando acabó el concierto, Matt Rostov se aprestó a buscar a Bérenice entre la multitud y a pesar de que casi todas las asistentes la habían visto, ninguna lograba darle razones de dónde se hallaba.
-"Maldita sea ¿Cómo la perdí?" - se reprochaba al tiempo que se aproximaba a las vallas de contención que el equipo de producción comenzaba a retirar lentamente.
-Vine con una chica que traía un vestido morado y una banda en la cabeza ¿Alguien la recuerda? - preguntó con la certeza de que nadie contestaría. No imaginaba donde podía hallar a su novia y continuó caminando por el lugar hasta rendirse.
Matt se marchaba por una calle pequeña mientras recordaba que Bérenice no atravesaría reflejo alguno al no llevar un balín rostov y mucho menos se iría con la lluvia que amenazaba con convertirse en diluvio.
-¡Bérenice! ¡Bérenice! - llamaba una y otra vez. La gente lo miraba con interés mutando en indiferencia.
-La vi yéndose por la orilla del mar hacia el este - intervino un amable oficial. Matt le agradeció mucho y volvió a la playa sin percatarse de que el único policía decente de Tell no Tales era, en realidad, un ángel.
-"¿Por qué te fuiste mujer?" - se cuestionaba Matt al apresurar el paso y darse cuenta después de varios metros que caminaba por un terreno peligroso y sin más alumbrado que las linternas de los abundantes dealers que con esas condiciones trabajaban, sin faltar los adictos golpeados por no pagar sus deudas. En el sitio se evidenciaba la mofa que el gobierno y sus reglas recibían y la mafia sabía de su poder y alcances pero, por motivos desconocidos, los amos del bajo mundo preferían hacerse a un lado.
Temerariamente, Matt Rostov se acercó a un vendedor de cocaína que le pedía una moneda y tiritaba de frío.
-No traigo más de 1€.
-"Maldita sea ¿Cómo la perdí?" - se reprochaba al tiempo que se aproximaba a las vallas de contención que el equipo de producción comenzaba a retirar lentamente.
-Vine con una chica que traía un vestido morado y una banda en la cabeza ¿Alguien la recuerda? - preguntó con la certeza de que nadie contestaría. No imaginaba donde podía hallar a su novia y continuó caminando por el lugar hasta rendirse.
Matt se marchaba por una calle pequeña mientras recordaba que Bérenice no atravesaría reflejo alguno al no llevar un balín rostov y mucho menos se iría con la lluvia que amenazaba con convertirse en diluvio.
-¡Bérenice! ¡Bérenice! - llamaba una y otra vez. La gente lo miraba con interés mutando en indiferencia.
-La vi yéndose por la orilla del mar hacia el este - intervino un amable oficial. Matt le agradeció mucho y volvió a la playa sin percatarse de que el único policía decente de Tell no Tales era, en realidad, un ángel.
-"¿Por qué te fuiste mujer?" - se cuestionaba Matt al apresurar el paso y darse cuenta después de varios metros que caminaba por un terreno peligroso y sin más alumbrado que las linternas de los abundantes dealers que con esas condiciones trabajaban, sin faltar los adictos golpeados por no pagar sus deudas. En el sitio se evidenciaba la mofa que el gobierno y sus reglas recibían y la mafia sabía de su poder y alcances pero, por motivos desconocidos, los amos del bajo mundo preferían hacerse a un lado.
Temerariamente, Matt Rostov se acercó a un vendedor de cocaína que le pedía una moneda y tiritaba de frío.
-No traigo más de 1€.
-No importa, estoy hambriento.
-Oye, ¿te podría hacer una pregunta?
-Por ayudarme, yo canto.
-¿Pasó una chica por aquí con vestido corto y una banda en la cabeza?
-Hace rato vi a una, se fue por la orilla, la acompañaba una tipa ... No estoy seguro, la de vestido se estaba poniendo una chaqueta y estaba guapa, se tomó una pastilla y desapareció.
-¿Qué?
-La otra de seguro la quería drogada porque estaba muy impaciente y se aseguró de que se pasara esa cosa.
-¿Tienes idea de a dónde pudieron ir?
-Más allá hay un hotel.
-¿Cuál?
-Luneta.. Luna algo. A veces los huéspedes vienen a comprarnos polvos mágicos.
-¿Tu novia? Jajaja. Apresúrate, no vaya a ser.
-¿Qué insinúas?
-Hay mucha gente en el lugar y también los tarados que cantaron en la playa. Igual y tu chica se alocó y fue tras ellos.
-Buen punto, gracias.
-Suerte, amigo.
Matt Rostov se alejó corriendo. El clima empeoraba y no había señales de tal hotel en ninguna parte.
-Debo ir más rápido ¡Rayos! - gritaba y se esforzaba en no caer fatigado o perderse. Para ese instante, era imposible alcanzar a Bérenice en el exterior y le preocupaba que algo malo le hubiera pasado. De no ser porque a lo lejos comenzaron a observarse algunas luces, él habría acelerado el paso aún más.
Mientras tanto, en el lobby del Luna Palace había mucho movimiento. La road manager arreglaba los detalles para el traslado a la estación de tren y daba instrucciones al personal de seguridad privada y del lugar para evitar que alguna admiradora se colara o los demás huéspedes molestaran a sus representados; sin olvidar que Bérenice estaba en una suite y nadie podía dirigirle la palabra.
-Habrá periodistas en la mañana, más le vale a esa chica ser muy discreta o le rompo la boca. Asegúrense de que se vaya antes de las ocho... ¿Ya se climatizó la habitación de Leo Rodríguez? Se quejaba de que estaba muy fría... ¿Gusttavo Lima ya pidió su champaña?
-Ya arreglamos el problema con la temperatura pero nadie nos ha pedido botellas - contestó una trabajadora - Si gusta, podemos mandarla de todos modos.
-No es necesario, si ve a la chica que traje, de preferencia escóndala o sáquela por la cocina.
-No lo olvidaré.
-Le dije a esa fanática que no aceptara cosas del hotel, así que no le ofrezca ni el desayuno, le encargo todo, buenas noches.
-Confié en mí.
-La mataré si algo sale mal.
La empleada suspiró de cansancio y se limitó a coordinar a los demás para no arruinar la estancia de los huéspedes. Al contrario de sus compañeros a ella comenzó a importarle pescar a Bérenice y sacarla por la puerta trasera.
-Esas admiradoras son tan inconscientes - dijo al aire.
Cuánto más se aproximaba Matt Rostov, la atmósfera en el Luna Palace se iba tensando y con la lluvia las cosas se complicaban. El personal curioseaba y se apostaba a que la dichosa fan iba a hacer alguna tontería y nadie se perdería una bochornosa escena.
-Buenas noches, tengo un reclamo - inquirió uno de los huéspedes sorpresivamente - Nadie me ha informado sobre los mensajes que pudiera tener.
-Disculpe señor Bonheur, en un momento le atiendo.
-¿Por qué la tardanza?
-Hay unos clientes un poco difíciles y estoy a cargo. Me pidieron que vigile a una muchacha que podría ocasionar problemas.
-¿Por qué la dejaron entrar?
-Fue a petición de un artista famoso, usted sabe: Les gusta una chica, la invitan y luego hay que evitar que alguien se entere.
-Eso no justifica el mal servicio que me están dando.
-Señor, me encantaría que usted fuera mejor atendido pero entiéndanos un poco. Hay tres cantantes famosos hospedados y la seguridad y casi todo el personal están a su disposición por petición de las autoridades. Hoy hubo un concierto en la playa y fue complicado contener a las chicas que asistieron, la policía tuvo que coordinarse para que ellas no anduvieran por aquí y de todas formas una logró venir. No está en mis manos.
Cuando el cliente iba a reiterar su reclamo, apareció en el lobby Gustavo Lima junto a la road manager. Se veía molesto y hablaba airadamente.
-La tal Bérenice resultó aburridísima y la despaché rápido. Me debes una canasta de de dulces.
-¿Fue tan mala?
-Es de esas que quieren hacer la plática y ser casi psicólogas.
Ambos se acercaron a la encargada y le avisaron que tanta atención no era necesaria puesto que la inoportuna fan ya se había ido.
-Nadie ha salido, excepto ustedes.
-Le dije adiós a la chica hace mucho.
-¿Cómo se llama la señorita ?
-Bérenice.
-¿En qué habitación debía estar?
-En la suite dos del piso veinte pero no hay de qué preocuparse.
-¿No me escuchó? Nadie ha venido por aquí, preguntaré a seguridad en la puerta de atrás y en el estacionamiento.
La encargada enseguida contactó a sus compañeros, mismos que le afirmaban que nadie andaba por ahí. Asimismo, las cámaras no tenían registrados movimientos recientes.
-Los de vigilancia se pondrán a buscarla, ella no ha abandonado el hotel.
-Le pedí que se hiciera cargo.
-La vamos a encontrar, se lo prometo, alguien debió haberla visto... Preguntaré a los de limpieza.
La encargada se estresaba y en la puerta comenzaba una pelea ya que un hombre intentaba ingresar como fuera.
-Disculpe mi impertinencia pero ¿quién va a resolver mi problema con los recados?
-Le juro que resolveré lo suyo, señor Bonheur ¿Qué rayos pasa afuera? ... Eh, deme un minuto.
La mujer se precipitó a averiguar qué sucedía en la escalera de acceso y se topó con un joven que insistía en pedir un favor.
-Ay por Dios, suéltenlo. Sólo tenían que decirle que nadie puede estar aquí.
-Estoy buscando a alguien.
-No podemos ayudarlo, tenemos un caos aquí dentro.
-Contéstenme una pregunta, por favor.
-Bueno.. diga.
-¿Han visto a una chica con vestido corto morado y una cinta hippie en la cabeza? Se llama Bérenice, alguien me contó que estaba caminando en la playa y venía en esta dirección.
La empleada recordó entonces que Gusttavo Lima había mencionado tal nombre.
-¿Podría esperar aquí? Revisaré los registros ¿Sabe el apellido de la señorita que busca?
-Bérenice Mukhin.
-Aguarde, le diré si está aquí o no.
-Gracias.
-En caso de hallarla ¿Cuál es su nombre, caballero?
-Matt Rostov, soy su novio.
-De acuerdo, espéreme.
La mujer entró cubriéndose la boca, dándose cuenta de que el enredo se estaba volviendo grande.
-¿Ya hallaron a la invitada del señor Lima? - interrogó.
-Hay un problema - contestó un vigilante.
-¿Cuál?
-Un conserje la vió con Michel Teló y al parecer se encuentran en la suite tres.
-Al menos sabemos dónde está. Señor Lima ¿Recuerda qué ropa llevaba esta chica?
-Un vestido de satín morado y una ridícula cosa en la frente.
-No puede ser... ¿Tienen alguna idea de qué podría estar haciendo con el señor Teló?
-Qué pregunta tan estúpida - intervino la road manager - Uno de mis clientes la rechazó pero el otro no. Elegimos este hotel por su supuesta experiencia manejando a las groupies ¿Qué cree qué pasa con ellas cuando se quedan con un cantante? Usted lo sabe.
-Ojalá no sea la misma Bérenice por la que acaban de pedir informes.
La encargada abrió el libro de visitas, suplicando que no pasara a mayores, pero Bérenice en su ingenuidad había firmado con su nombre íntegro.
-Sí es ella- externó con pesar - ¿Por qué tenía que venir su novio a buscarla?
-Deshágase de ese sujeto cuanto antes.
-Trataré, le inventaré algo ... Señor Bonheur .. ¿Me tendría un poquito más de paciencia?
La mujer se dirigió a la escalinata, pero no tuvo corazón para mentirle a Matt al verlo empapado y angustiado. Sabía que él se molestaría pero no merecía lo que le estaba sucediendo.
-¿Señor Rostov?
-¿Tengo que seguir preguntando por Bérenice en otro lado?
-Me.. Me temo que no.
-¿Le avisó que estoy aquí?
-No es posible.
-¿En dónde está?
-En el piso veinte.
-¿Puedo pasar?
-Debo negarme.
-Bérenice vino con alguien.
-Era la invitada de un huésped.
-¿Quién?
-Gusttavo Lima.
-Qué extraño. Alguien me dijo que estaba con una mujer.
-Los famosos son así, todo lo manejan con intermediarios.
-¿En qué cuarto está?
-Ella no se encuentra con Lima.
-¿Entonces?
-Se quedó con Michel Teló en una suite, no puedo informarle cuál.
-¿Me permite quedarme en el lobby?
-Tampoco puedo dejarlo pasar.
-Bien, esperaré a Bérenice. Supongo que va a tardarse.
Matt Rostov descendió los escalones y tomó asiento en la arena. La empleada ya sentía pena.
-Pobrecillo, dénle café y una sombrilla.
La mujer volvió a su puesto y sin decir palabra, buscó los mensajes que le habían solicitado.
-¿Edwin Bonheur?
-Sí.
-Tiene dos recados ¿Los mando a su habitación?
-No, los leeré de una vez.
-Perdónenos por todo esto. La señorita Bérenice Mukhin es nuestra prioridad, se nos salió de control. Yo sé que esto nada tiene que ver con usted pero el trabajo de muchos de nosotros depende de que no haya otro descuido.
-¿Bérenice Mukhin?
-Habrá un escándalo en los medios y con las admiradoras de Michel Teló si no la sacamos de aquí, hasta su novio vino a buscarla y usted imaginará qué está sucediendo. De verdad lamento que esto nos haga deficientes con usted y otros huéspedes cuando ni siquiera debería importarles.
-No se excuse, yo ... ¿En serio es Bérenice Mukhin?
-¿La conoce?
-Seguramente la veré cuando pase por aquí.
Edwin tomó asiento en la sala más próxima y después de comprobar que sus recados se limitaban a una respuesta del general Bessette por haber dejado el dúplex y el reembolso del último mes de renta, se asomó al exterior. Matt Rostov tenía la mirada perdida y revisaba de vez en vez su reloj. En su rostro se manifestaba decepción y rabia matizadas por una expresión triste. A su alrededor, la tormenta parecía no tener fin.
-"Bérenice ¿Qué hiciste?" - se preguntó Edwin. De todos los hoteles de Tell no Tales, había ido a parar justo en el mismo donde se hallaba aquella joven que él también amaba y experimentaba idénticos celos a los de Matt Rostov, uniéndosele en el desvelo y en una especie de desolación inmensa.
Mientras las caras largas eran la constante de la planta baja, Bérenice abría los ojos y se aferraba en contemplar con fascinación su nítida imagen proyectada en cristal. No imaginaba la hora pero quería prolongar el sosiego con el abrazo de su amante y sentir su aliento al besarla. Él cayó rendido pronto pero ella exprimió sus instantes de libertad decidiendo irse antes de que él despertara en punto de las siete. Faltaba mucho pero sintió que entre más se aclaraba su reflejo, más tiempo se escurría. Había razón en eso: al levantarse experimentó la sensación de que habían transcurrido apenas segundos, segundos en los que Matt padecía molestias y sufría en silencio, pero ella creía que él estaba en otra parte. Se colocó el vestido, lavó su rostro y sacudió su cabello poco después de tomar su canasta con paletas. La cinta de su cabeza lucía hermosa.
-Perdí los zapatos, ni hablar.
Acto seguido, se aproximó a la cama y dio un beso en la frente a Teló como despedida. Sigilosamente dejó la suite y en el elevador respiró tenuemente, en paz. Ahora pensaba en volver a casa.
Las manecillas marcaban las seis de la mañana cuando Bérenice se apareció en el lobby, acaparando las miradas al instante.
-¡Señorita! - gritó la encargada - Menos mal que la veo.
-¿Me necesitaba?
-Debe salir por la puerta de atrás.
-¿Por qué?
-Me lo pidió la gente de Gusttavo Lima pero creo que es mejor que yo se lo aconseje o tendrá un mal rato.
-¿De verdad?
-Alguien preguntó por usted y no quise engañarlo, perdón.
-¿Matt?
-Matt Rostov. Está afuera, le cayó la lluvia y se quedó esperando.
-¿Cómo me encontró?
-A lo mejor alguien le contó.
-Hizo tanto frío ¡Ay no!
-Estuvo muy asustado pero ahora ha de sentirse enfadado.
-Iré con él.
-Pero ...
-¿Gusta un dulce? No creo acabarlos.
-No, gracias.
-Me voy, buen día.
Bérenice suspiró. Matt desde su sitio la observaba con sentimientos encontrados. Ella se enfilaba a la salida, bajando el rostro, como dándose cuenta de su error, por lo que se sobresaltó cuando escuchó su nombre.
Bérenice se topaba con la realidad bruscamente y ésta se presentaba en forma de inesperado encuentro, de maldición, en la figura de Edwin Bonheur, del que se creía librada mientras acariciaba a otro hombre. Lo miró con desencanto pero con esa fatalidad de no querer dejarlo ir todavía. Con voz apagada se atrevió a decir:
-2 de agosto en París. No faltes.
Edwin anotó la fecha inmediatamente. Bérenice en cambio siguió su rumbo al frente, con los ojos humedecidos pero sin derecho a llorar. Matt sacudió la cabeza y cuando ella dejó atrás la escalinata, la tuvo de frente. El arrojó violentamente al lado derecho el vaso con café que le habían dado.
-¡Demonios, Bérenice!
-Tranquilo.
-¡No hables!
-Lo siento.
-¡Todo es mi culpa, mujer!
-Matt ...
-¿Cuánto más voy a soportar? Te he tolerado a tus compañeros de gimnasia, a mis ex amigos, a tus novios segundones y los que se te ocurren, ahora pasa esto ¿Tengo un letrero que indica que puedes verme la cara cuando se te antoje? ¡Qué clase de imbécil soy!
-Perdóname.
-¡Ese es el maldito problema!
-Déjame contarte...
-¿Qué me vas a relatar? ¡Te acabas de acostar con otro! Y no metas ese pretexto de que no lo planeaste porque me he cansado de oirte con lo mismo.
-Lo hice sin querer.
-No, Bérenice, al contrario. Acepta que quisiste y acabemos con esta idiotez porque si te miro a los ojos voy a perdonarte y volveremos a contar los días para tu nuevo engaño.
-No pensaba, Matt.
-No pensabas en mí porque nunca piensas en mí. Tú eres lo único que existe en esta relación, nunca hay espacio para nadie, todo tiene que ser tu voluntad y yo ¿dónde quedo? ¿Estás conmigo porque soy el que no te molesta con sus preguntas de novio inseguro, no se enoja porque lo ignoras y no te maltrata para controlarte? ¿Sólo sirvo para ayudarte y andar detrás de ti para cuidarte? ¿En tan bajo concepto me tienes que me pisoteas y te vas con otros?
-Las cosas no son así.
-¿Cómo son?
Bérenice calló. Matt no podía ofrecer más resistencia pero antes de sucumbir a las ganas de disculparla, Michel Teló se apareció. Ella cambió su expresión de vergüenza a una de terror cuando su novio captó que aquel ocasional amante era encantador, vivaz, lleno de furia y fuerza. Él significaba algo y Matt no iba a aceptar tal circunstancia.
-Olvidaste tus zapatos, como cenicienta - dijo un alegre Teló. Matt Rostov giró sobre sus pasos. Bérenice fue tras él.
-¡Matt! ¡Matt! ¡Espera, te explico todo! ¡Matt!
-¡Ya basta, mujer!
-Matt..
-No soy capaz de perdonarte, esta vez no, lo lamento pero se acabó, llegaste a mi límite Bérenice. Ni siquiera tengo dignidad, ni merezco otra burla.
-¡Matt! ¡Matt no te alejes! ¡Matt! ¡Matt!
Bérenice estaba fuera de sí, suplicando por una oportunidad, arrastrándose casi. Matt se abstenía de voltear con tal de no sentirse más humillado porque había tenido suficiente. Edwin entonces se aproximó a ella y la estrechó para contenerla.
La joven se entregó al llanto y Matt Rostov se detuvo, como si le pareciera injusto marcharse sin ella. La contempló un par de segundos, no se atrevía a odiarla y tampoco a tomarla en brazos. Bérenice se apartó de Edwin y con timidez, comenzó a caminar.
-¡Ya basta, mujer!
-Matt..
-No soy capaz de perdonarte, esta vez no, lo lamento pero se acabó, llegaste a mi límite Bérenice. Ni siquiera tengo dignidad, ni merezco otra burla.
-¡Matt! ¡Matt no te alejes! ¡Matt! ¡Matt!
Bérenice estaba fuera de sí, suplicando por una oportunidad, arrastrándose casi. Matt se abstenía de voltear con tal de no sentirse más humillado porque había tenido suficiente. Edwin entonces se aproximó a ella y la estrechó para contenerla.
La joven se entregó al llanto y Matt Rostov se detuvo, como si le pareciera injusto marcharse sin ella. La contempló un par de segundos, no se atrevía a odiarla y tampoco a tomarla en brazos. Bérenice se apartó de Edwin y con timidez, comenzó a caminar.
Es lo mejor que pudo haber hecho Matt, dejarla. Por dignidad. Ya se encontrará otro tonto Berenice.
ResponderBorrarSaludos Ingrid
Carlos