Las revelaciones de Luca Fabbri no le sentaron bien a Gwendal, que pasada repentinamente la emergencia por el loco tirador de la tarde, decidió salir a fumar. En la calle apenas había un par de negocios abiertos y no fue sino hasta entrar a una tienda en la cercana calle Duchesnay que halló una cajetilla de marca decente.
Gwendal arrugó los ojos, extrañado. Podía aceptar que a Bérenice le fuera necesario un gran esfuerzo para balbucear las sílabas con cualquier lectura y no por ello tenía derecho a juzgarla por tales dificultades, pero no saber leer era algo que no le creía.
-Son 9€ - indicó el que atendía. Gwendal se disponía a saldar la cuenta cuando Bérenice Mukhin a su lado tomaba una caja de chocolates y recibía el anuncio de que el precio era mayor al del anaquel.
-Pero costaban 13€.
-El escáner dice que no.
-¿Entonces por qué la etiqueta de allí dice que son baratos?
-Acabamos de cambiar el orden de los dulces, pero esos chocolates siempre han costado 20€.
La muchacha buscó en su chaqueta y guardó sus monedas.
-Disculpe - murmuró y con la cabeza baja dejó la caja sobre el mostrador. Gwendal volteó a verla.
-También quiero esto - señaló él tomando los chocolates y pagándolos en el acto. Ella se marchaba y Gwendal la alcanzó en la banqueta.
-No olvides tus compras.
-No, gracias. Son tuyos.
-Insisto.
-Olvídalo.
-Tómalo como la invitación de un amigo.
Ella agarró la caja y sonrió en agradecimiento.
-Así está mejor.
-Los chocolates son para mi padre.
-Qué generosa.
-A él le gustan.
-¿Te cuento un secreto?
-¿Cuál?
-A mi hermano también le agradan.
-¿De la misma marca?
-No sé que les ponen pero son adictivos.
-Licor barato.
-Ha de ser.
-Te extrañé, tío Gwendal.
Él se sorprendió tanto por el abrazo que ni siquiera se le ocurrió preguntar la causa de que ella le nombrase "tío Gwendal" si no lo conocía y dudaba haber coincidido alguna vez.
-¿A dónde vas ahora?
-Me gustaría ir a casa.
-Te acompaño.
-¡Mi padre se alegrará por tu visita!
Gwendal volvió a desconcertarse y recargándose contra un poste, encendió un cigarrillo.
-Prometiste no fumar.
-Nada más en casa, afuera hago trampa.
-Acabas tres tabacos cuando sales y eso es diario.
-Sí... ¡Hey! ¿Cómo sabes?
-En uno de mis rondines descubrí que te detienes en la calle Dobrev o en el mirador de Nathalie.
-Qué observadora.
-Te vas a matar.
-Estoy consciente.
-Tu voz se enronquece y tu garganta se ha resecado poco a poco. Fumas mucho más de lo que puedo imaginar.
Gwendal se había percatado alguna vez pero no lo admitía: a menudo perdía la cuenta, sobretodo al mediodía y apenas contaba con un poco de control por la tarde.
-Ha sido un mal viernes - confesó ella.
-Concuerdo.
-¿Has sabido algo de Judy?
-No te conozco.
-Buena broma.
-No te recuerdo.
Bérenice lo miró con la pena de percatarse de que no estaba en el espejo, sino en el plano del Gobierno Mundial y del Gwendal con el que compartía el paseo sólo tenía una idea basada en un gemelo dimensional bastante más alocado.
-"Confundí las dimensiones otra vez, prestaré más atención" - pensó.
-No he hablado con Judy desde hace más de una semana y su café está cerrado. - Señaló él, queriendo ser condescendiente.
-¿El café Le jours?
-Le jours tristes.
-Lo siento, no arreglé esa pieza.
-No tengo idea de qué dices pero yo ya sabía que ese lugar desaparecería.
-¡Pero Judy abrió el café por ti!
-Te equivocas, el marido de Judy era el propietario.
-¿Judy Floost se casó? ¿Cuándo pasó?
-Hace un año y algo, incluso se cambió el apellido, ahora es Judy Becaud.
-Judy te amaba.
-Ella conoció a Jean Becaud mucho antes que a mí.
-No puede ser, ella sólo tenía que encontrarte y no a alguien más, ustedes deberían estar juntos.
-Me gusta como suena.
-En este mundo todo está al revés, hasta el valor de un chocolate corriente.
-He pensado lo mismo.
-Creo que llegué a arreglar las cosas cuando es tarde.
Bérenice mordió su labio inferior con reproche personal y observó a todos lados, segura de que se toparía con policías si continuaba con su rumbo.
-¿Podemos ir a la izquierda?
-No veo por que no.
-Subiremos escaleras ¿te importa?
-No, tú me guías.
-Gracias, tío Gwendal.
Ambos se encaminaron al final de la calle y ascendieron con calma porque el reloj indicaba las nueve, aún temprano para tomar alguna taza de café como sugería él; la calle Brel estaba arriba y su local contaba con servicio exprés.
-Esta escalera nunca acaba.
Con tal comentario, Bérenice se tomó la libertad de apagar el cigarro que Gwendal tenía a la mitad y de paso detenerse ante un anuncio luminoso.
-Ta ma ra Di.. Didi er ... y Luc.. Luca Fab.. Fabbri: Histo.. ria de am.. am amor rota - pronunció ella torpemente.
-Detesto "Realeza".
-¿Por qué?
-Es personal.
-A mí me gusta.
-¿Por los chismes?
-Por lo fácil.
-Esas cosas son para tontos, dudo que tú seas del grupo.
-No sé leer.
-En lugar de gastar tu tiempo con "Realeza", deberías buscar alguna novela o un poco de filosofía.
-Tengo el libro de un tal Dickens, pero no lo entiendo.
-¿Cuál es?
-Oliver Twist.
-Es la historia de un niño huérfano y pobre ¿qué tiene de complicado?
-No tiene sentido porque no sé de qué habla el cuento o lo que sea y nunca he podido recordar una sola escena, como si jamás lo hubiese abierto. Si pudiera comprender o remitirme a una sola escena de Oliver Twist no tendríamos esta conversación, si alguna vez pudiese emocionarme con esas letras sabría que valió la pena, pero por alguna razón, no sé leer.
Gwendal permaneció mudo ante tal revelación, asumiendo que "Realeza" estaba diseñada para no desgastarse pensando en el capítulo siguiente o en las relaciones entre personajes distantes; sólo se trataba de vender dramas presentados como grandes errores, situaciones que cualquier gente con mente burda encontraría familiares y vulgaridades editoriales que se justificaban por la incapacidad del público para leer de verdad. No obstante, él se sentía atraído por el
uso que Bérenice le daba a una palabra como "remitir", misma que en sus labios se tornaba enigmática.
-¿Sabes qué significa "remitir"?
-Algo así como ... No tengo idea.
-¿Quién te enseñó esa palabra?
-Matt la decía a menudo.
-¿Matt? ¿Quién es?
-Matt Rostov, mi novio... Ex novio.
Bérenice volteó hacia el anuncio de la revista por ultima ocasión y Gwendal se dio cuenta de que a ella se le humedecían los ojos.
-Perdón... Terminé con Matt ayer - señaló ella por aclaración.
-No te preocupes.
-He venido a buscarlo pero se ha negado a escucharme.
-¿Por qué?
-Ay, tío Gwendal, a veces actúo sin pensar.
-¿Qué ocurrió?
-Perdí su confianza, no preguntes más.
Bérenice y Gwendal continuaron observando la publicidad de "Realeza" durante unos minutos y pasado el efecto enganchante de la fotografía de Tamara, ascendieron en silencio hasta Brel, que resultó ser una manzana sin salida, de la que sobresalía su cafetería diminuta y claustrofóbica, lugar en el que ambos comprobaron que ni siquiera era recomendable flexionar los codos o intentar darse la vuelta. No saludaron y tomaron la carta.
-Quiero lo que él pida - ordenó Bérenice después de rendirse tratando de descifrar el menú.
-Yo beberé un espresso con vainilla, tú tienes opciones, mira.
Pero ella atisbó a Gwendal para recordarle con éxito su problema.
-Oh, lo siento, ah... Hay lattes, con jarabe de sabor, mousse, espuma de canela...
-Eso estará perfecto; espuma de canela por favor.
-¿Con chocolate o caramelo rojo? - preguntó el encargado.
-¡Caramelo!.
Al lado de la barra se hallaba un revistero y a pesar de la advertencia de no llevarse las publicaciones se notaba que los clientes las hurtaban por costumbre.
-Hoy llegó "Realeza" pero igual alguien se la lleva - comentó el chico.
-Jure que nosotros no - respondió Gwendal.
-¿Qué más da? Los rumores atraen a la clientela, qué bueno que Tamara Didier ya no viene por acá.
-¿Por?
-Vivía aquí enfrente y siempre nos compraba café americano. Yo no sabía que era tan mala, mire que meterse pastillas en el embarazo...
-Sí, bla bla bla.
-Es que una vez estaba contenta y nos presumió al tal Gwendal como si fuera un tipo de telenovela o algo parecido.
-¿En serio?
-La que sabe más es mi hermana, a mí no me interesó.
-Hasta que supiste lo demás.
-Esas mujeres son entretenidas pero sus rollos van y vienen, ahí tiene a Bérenice Mukhin que se va a un concierto y luego desaparece con un "famoso" sin que la "prensa" se entere.
-¿Quién le dijo? - intervino Bérenice exaltada.
-Mi hermana trabaja en el Luna Palace y me contó; como medio personal vio todo pues ya es un secreto a voces.
Bérenice se sonrojó un poco y sintió el gesto interrogante de Gwendal enseguida. El encargado no tardó en cumplir con la orden y sus clientes en salir. Afuera soplaba el viento.
-Así que tu problema con ¿Matt? es una infidelidad.
-¿Y tú eres el Gwendal de Tamara?
-Me habían advertido que esta clase de encuentros se dan en esta ciudad pero hoy nos tenía qué suceder.
-¿Qué?
-Funciona así: coincides con alguien y resulta que tienen problemas en común y después de confesarlos o saberlos de alguna manera, se dan consejos y hasta se vuelven amigos.
-Oh, el viejo del muelle también me dijo.
-Estábamos en que ¿Matt? te retiró la palabra y por lo que escuché, él tiene motivos.
-A ti te engañó una mujer y abortó a tu bebé.
-¿Cómo pudieron?
-¡Por favor! ¡No nos fuimos con quienes se nos pegó la gana nada más porque sí!
-En tu caso, eso parece.
-¡Tamara se dio cuenta de que no era bueno estar contigo!
-¿Matt se ganó lo que le hiciste?
-¡No!
-¡Pues yo no merecía lo de Tamara!
-Eso es diferente ¿quién permitiría que su hijo tuviera de padre a un papanatas?
-Justifícala, de todos modos apuesto a que Matt no es un imbécil pero el tipo con el que te fuiste, sí.
-¡Claro que no! Estuve con alguien muy gentil.
-¿Por qué?
-Me hizo sentir bonita.
-Qué infantil.
-Pero no dejé de pensar en mi novio.
-Sí, cómo no.
-Y te hago otra apuesta.
-¿Cuál?
-Alguna vez, Tamara te tuvo demasiada fe y aún ahora le da por creer en ti.
Bérenice sorbió un poco de espuma y se cruzó de brazos, sospechando que Gwendal le cuestionaría otras cosas.
-¿Hojeaste "Realeza", verdad?
-La reviso a menudo, no me hace sentir tan mal.
-¿Eso es lo que sí lees?
-Practico mucho aunque me trabo.
-¿Tú has pensado en por qué captas chismes y no algo mejor?
-Oh si, casi todo el tiempo.
-¿Qué has descubierto?
-Soy ignorante.
-Eso se resuelve.
-Fui a la escuela.
-Al parecer no fue suficiente.
-He intentado ser menos estúpida pero se va volviendo difícil, Matt alguna vez me explicó que era por falta de comida, ¿qué tiene que ver el estómago vacío con ser o no idiota? Hay personas con hambre eterna que son más despiertas, entienden los discursos de Matt, lo alientan, lo apoyan y hasta le dan consejos; en cambio, yo lo miro sin poder saber por qué nunca he tenido una buena idea o no comprendo lo que él desea decirme. Matt está tan estudiado, tan seguro y no puedo alcanzarlo. De repente me siento pequeñita y busco la manera de quitármelo, así que siempre me encuentro a algún chico que no preguntará de dónde vengo o si soy inteligente o no y se irá como si jamás me hubiese conocido mientras me convenzo que con todo y que soy tontita, amo a Matt y por él intento leer, aunque no consiga otra cosa que comprender chismes.
-¿Le eres infiel a Matt por una cuestión intelectual?
-Me desespera ser ignorante y algo tarada ¿Debía contestar eso?
-No considero que seas tonta.
-¿Y si Tamara hizo lo mismo que yo?
-¿Perdón?
-Tamara evitaba mirarte debajo del hombro pero también se exasperó; ella no quiso lastimarte pero se dio cuenta de que no estarías a su altura. La diferencia es que ella te abandonó y a mí me dejaron. Piénsalo.
Gwendal acabó el café de un sorbo y caminó junto a Bérenice de vuelta a casa, creyendo que ella se equivocaba al considerarse torpe. Él sentía que acababa de aprender algo y al final, era lo único importante.
Significado de "remitir": http://www.wordreference.com/definicion/remitir