domingo, 14 de septiembre de 2014

Los nuevos momentos (Serie "El árbol de la vida")


Imagen cortesía de tumblr.com e instagram @nathaliepechalat


Al abandonar el hospital, Bérenice se percató de que su padre merecía que le explicara la verdad sobre su ausencia y apenas atravesó el espejo, se encontró con que él la esperaba, echándosele en brazos en el acto y llorando.

-Vamos a casa, allá me cuentas todo.
-Perdón, papito, no te quise preocupar.
-Estás aquí, es lo que cuenta.

Ella se incorporó y miró atrás para tomar a Luiz de la mano y ayudarlo con los regalos del hospital mientras Roland Mukhin omitía preguntar de dónde venían tantas cosas.

-¿Qué pasó con el trabajo? ¿Tendrás problemas, Bérenice? - mencionó en su lugar.
-Yo la sustituyo unos días - aseveró Luiz.
-Gracias, jovencito. Hija, creo que este es el mejor de los novios que has tenido.

Ella miró al chico sin incomodidad y caminaron sonriéndose constante pero sutilmente, debido a que el llanto de la muchacha aun corría por sus mejillas y parecía pensar en cómo se le trabaría la voz al relatar lo ocurrido.

Las calles de la Tell no Tales del espejo aparentaban un aspecto más aceptable y Bérenice no tardó en saber que Luiz había barrido el vecindario para recibirla y reparado los escalones rotos de la escalera del edificio donde ella vivía. Las dudas la asaltaban respecto a las intenciones de aquél muchacho, experimentando por primera vez en su vida una suerte de miedo, como el que se tiene cuando llega lo que no se ha tenido nunca. La puerta principal de esa columna de apartamentos casi iguales nunca le pareció tan pequeña hasta que cruzó por ella después de constatar que vendrían unas jornadas nubladas de acuerdo a un vecino que se creía experto en predecir el clima y colocaba grasa en esa entrada para evitar el rechinar que molestaba a la anciana del primer piso.

Nunca, desde que su padre había vuelto con ella, Bérenice supo de gente que le ayudara a ascender con la silla de ruedas, ni visto la condescendencia de saludarlo.

-¿Cuándo cambiaron? - musitó.
-Al conocer a Luiz - le respondió Roland con idéntica intriga. Al ingresar los Mukhin a su departamento, Bérenice observó con pequeña alegría las ventanas rodeadas de flores y el piso de madera reluciente.

-Lo estuvimos arreglando para ti - confesó Luiz y ella se precipitó a situar sus regalos sobre la mesa del comedor y correr a su alcoba para sorprenderse de ver su cama tendida con sábanas nuevas; o al menos, las que ella había escondido para no gastarlas.

-Es hermoso.
-¿Ya viste la pared? Le dibujamos ramitas de cerezo, tu padre me dijo que antes te gustaban mucho.
-Siguen encantándome, gracias chico lindo.

Bérenice abrazó a Luiz y al obsequiarle un beso y acariciarle el cabello, dijo:

-Tengo que conversar con papá, puedes quedarte en el pasillo.
-Es mejor venir más tarde a buscarte.
-No, Luiz. Mi padre necesita de ti y si se pone mal, tú lograrás tranquilizarlo.
-No llores.
-Es que esta vez si lo defraudé.

La joven dejó a su novio y dio los pasos necesarios hacia su sala, lugar en el que su padre examinaba las hojas de una orquídea morada y pequeña. El señor Mukhin le preguntó "¿qué tienes? ¿quieres decirme algo?" y ella se arrodilló para verle el rostro. Era extraño, pero en el pasillo no se escuchaba nada y Luiz atisbaba a Bérenice acariciando las mejillas de Roland y la expresión de éste último que vacilaba entre el enojo y la disculpa. Se intuía que ella le estaba relatando con detalles todo lo que había hecho mientras el buen hombre se contagiaba de las lágrimas. Sin preámbulos ni insinuaciones previas, Bérenice se asumía irresponsable y tonta segundos anteriores a agitar la cabeza, ver al piso y revelar con aparente ahogamiento la pérdida de su bebé. Luiz supuso lo último con exactitud. La chica se recargaba en el regazo de su padre y este posaba sus dedos sobre su cabeza mientras asimilaba lo que iba escuchando.

Nunca un joven de la naturaleza de Luiz había comprendido sin mucho esfuerzo que el silencio podía tornarse más fuerte con los gestos adecuados. Bastaba con humedecerse los labios para indicar un sentimiento de contención y el señor Mukhin era tan expresivo que su tiesa postura se tornaba imperceptible. Bérenice por su lado fijaba sus ojos miel en la ventana, buscando el reflejo de alguien más antes de finalizar abruptamente con un nombre. En los labios de su padre se leía claramente un "¡él! al tiempo que la sentía más aferrada a estar de rodillas. No cabían mayores certezas: este no era un error cualquiera.

-Perdóname papito, por favor - clamaba ella y su padre le tomaba la cara, absteniéndose de darle una cachetada - Dime algo, papá.
-Niña, vete.
-¿Qué? Papá, regáñame, castígame con algo, prohíbeme salir del espejo...
-Te quiero fuera de mi casa.
-Pero...
-Creo que fui muy claro, Bérenice.

La chica se levantó con rapidez, horrorizada porque su padre no deseaba tenerla cerca y le negaba el habla desde ese momento.

-Papá, no...

Luiz se aproximó para apaciguar los ánimos.

-Llévatela, no me interesa si regresa o no.
-Señor...
-Tengo dinero en una cajita azul, que duerma en un sitio limpio.
-No tomaré sus billetes.
-Luiz, es en serio. La señorita va a otro lugar, aquí no es bien recibida y está muy grandecita para saber lo que hace, mañana recogerá sus cosas.
-Puede vivir conmigo.
-En donde escoja. Adiós Bérenice.

La joven estrechó a Luiz y él le besó la frente como consuelo.

-No le digas nada, conmigo estarás bien.
-¿Por qué me hace esto?
-Está molesto, hazle caso y mañana hacen las pases.
-¡Papá, dime por qué!
-Bérenice, piensa un poquito, tu papá necesita estar solo.
-¡Que me perdone!
-Dale tiempo, tranquilícense.
-¡No te quise defraudar, papito!..Te quiero.

Luiz tomó a la mujer de los hombros y prácticamente por la fuerza, la sacó de ahí. Ella atinaba a recargarse en la pared del corredor y sujetar al chico para no caerse.

-No tengo problemas si te limpias la nariz con mi playera.
-Me siento muy mal, no pensé que mi papá reaccionaría así.
-Al rato se le pasa el enojo, él es muy comprensivo.
-Me advirtió que evitara más locuras y fue lo primero que no hice.
-Pero no habrá nuevas ¿verdad?
-Tengo que disculparme más.
-¡Bérenice, espera! ¿Qué ganas llamando a la puerta? Tu padre también tiene qué pensar sobre esto.
-¡No sé que hacer, Luiz!

El chico miró a Bérenice a los ojos y la besó nuevamente en la cabeza.

-Tengo una idea, salgamos de aquí.
-¿Irnos del espejo? ¿A dónde?
-Veremos que hay. Lo primero es buscar algo de comer, te ves muy pálida.

Desganada, la joven siguió a Luiz sin permitirse mirar otra cosa que no fuese el cerrojo del departamento y no estaba segura de si estaba tomando la decisión correcta al no insistir con recibir una disculpa, considerando tal vez, que con un "perdón" extra, su padre se ablandaría y por lo menos le diría "ve a tu cuarto, estás castigada".

-Tell no Tales próspera, otra vez.
-¿Y ahora?
-Tenemos algo de presupuesto, ¿qué se te antoja?
-En realidad nada.
-Bérenice, no llores, tienes que descansar y ponerte contenta... Te traeré una bebida, ¿quieres agua o algo con fruta?
-¿Dulce?
-Perfecto, no te muevas de aquí, ya vengo.

La mujer se sentó en el suelo y permaneció estática, como si no tuviera qué hacer. Sin sus sensuales atuendos, ella no era notada por nadie o eso pensó cuando, por la tardanza de Luiz, alzó la cabeza y descubrió que en la calle próxima había un gentío y un desorden descomunal, despertándole la curiosidad.

-¿Qué pasa? - inquirió a la nada y por arte de magia, Lleyton Eckhart le contestaba.

-A alguien se le ocurrió que era buena idea organizar una convención de tecnología con entrada libre en el parque.
-¿Tec... qué?
-Eso mismo creo.
-¿Qué hace aquí?
-Mi amiga Maddie se vistió con una botarga, ni siquiera se ha dado cuenta de que huí de ella ¿Tú quieres ir allá?
-No entiendo de qué se trata.
-Los disfrazados dicen que es divertido.
-Pero no hay música.
-Todavía no es hora pero hay un torneo de cartas de no se qué caricatura y todos esperan el anuncio de una compañía de consolas.
-¿Videojuegos?
-¿Te gustan?
-¡Pacman! Aún recuerdo cuando recibí una copia, no recuerdo bien quien me la regaló.
-Ya no lo fabrican pero medio mundo habla de juegos de zombies.
-¿Quién querría jugar eso?
-Maddie por ejemplo.
-Bueno, cada quién. Me dio gusto verlo, señor.
-Luces tan diferente sin esos vestidos.
-Me cansé de usarlos, mi novio me ayudó a elegir ropa nueva después de salir del hospital.
-¿Novio?
-Es al que estoy esperando.
-No sabía que tú...
-¡Me dio un montón de cosas cuando me enfermé! Yo pensaba que él no había sido pero en estos días ha ganado algo y me está consintiendo mucho, es un amor.
-Pero yo ...
-Fue muy amable en ir a verme, señor, aunque fuera porque lo mandó la policía.
-Oh, Bérenice, era de rutina, no era mi intención molestarla.
-Está bien, lo veré luego.
-¿Regresarás tan pronto al trabajo?
-Me pidieron que tomara unos días; mi novio me sustituirá.
-Ah, el novio.
-Hasta pronto.

Lleyton sintió que Bérenice estaba cortando de tajo aquella conversación y él estaba quedando como idiota, no sabía exactamente la razón. Ella se alejaba de las jardineras y no tardó en perderla entre la creciente muchedumbre que se agolpaba allí con tal de pasar a la dichosa convención y presumir sus compras, o en todo caso su asistencia porque nadie imaginaba realmente de qué iba aquella fiesta de ventas.

-¡Bérenice! - gritó Luiz y ella se le apareció de frente.

-¿Dónde estabas?
-La gente se amontona, no quise estorbarles.
-Me parece bien, te traje un jugo.
-Está gigante.
-Lo conseguí allá adelante.
-¿En los videojuegos?
-¡Y con la pulsera durazno te hacen descuentos en comida!
-¿Qué?
-Ponte la tuya, sígueme.
-¿Cómo vamos a entrar?
-Hay una cortina por ahí donde pasan los VIP.
-¿Cómo te dieron las pulseras?
-¡Con la compra del jugo, me dijeron que era de un sabor premium!
-¿Qué cosa?
-¡Nadie en Tell no Tales come mangostán y tampoco jaca! Cuando los vi en el menú pensé que te iban a gustar.
-Hace tanto que no los pruebo ... ¿Entonces sabes leer?
-¡Adentro está divertido! ¡Hay una sección de Atari y una botarga!
-¿En serio?
-¡También un torneo de Pacman!

Bérenice se entusiasmó repentinamente y jaló a Luiz entre la multitud cuando este le indicó por donde llegar a un acceso para personas con pulsera durazno, mismas que estarían en las primeras filas de un lanzamiento "mundial" y en una fiesta lounge por la presentación de un prototipo portátil.

-Es como entrar a una caricatura - susurró ella al ver una especie de techo transparente e "inteligente" que funcionaba con paneles solares y proyectaba los logotipos de las compañías involucradas en la feria, los horarios de las conferencias y diversos colores.

-Wow ¡es un bonito lugar, Luiz!
-¿Qué tal el jugo?
-Está muy rico ... ¡Mira! Hay chicas disfrazadas como marineras, ¿qué dice el letrero de arriba?
-"Sailor senshi store"
-¿Qué venden?
-Juguetes y ¿cristales de plata? ... Son bastones de plástico, qué lastima.
-Yo habría querido uno, mejor veamos otras cosas.

En los primeros stands, Bérenice miraba con azoro una cantidad impresionante de muñecos y accesorios de diversos personajes que no conocía, productos de belleza y ropa japonesa; ella no perdía la oportunidad de probarse una que otra prenda y adquirir por unos centavos una mascarilla de algas rojas que prometía dejarle las mejillas como porcelana.

-Si el resto no fuera tan caro - comentaba ella cuando una edecán con peluca azul trataba de disuadirla de llevarse otro tratamiento facial o una crema elaborada con arroz. Luiz sólo contemplaba a su chica inundando de preguntas a cualquiera que quisiera ofertarle chucherías y sonreía cuando ella callaba.

-¿Habrá algo más interesante? - preguntó Bérenice al desalentarse finalmente por las ficticias gangas y porque recordó que más adelante estaban los juegos de Atari, su único interés restante en vista de que no entendería lo demás.

-Bienvenidos al área de cómputo y arte digital - les anunció otra edecán que escaneaba las pulseras durazno - Los llevaré a la sección de novedades para que las prueben antes de la conferencia de Capcom; también tenemos lo más reciente de Microsoft y prototipos de Apple ¿Les avisaron del sorteo de un PSP?
-Nadie nos habla de nada - contestó Luiz.
-Cuiden bien la pulsera, a las seis dirán quién gana. Disfruten nuestra galería multimedia y tenemos garden room para descansar. Veo que traen un vaso jumbo, permítanme verificarlo -Bérenice y su novio se miraron con desconcierto - ¿A quién le pertenece?
-A ella.
-Bien señorita, le coloco un distintivo azul, le da derecho a usar los prototipos de la compañía que guste.
-Sólo busco el Atari - replicó ella.
-Esa sección está detrás del área de prueba de Nintendo. Buenas tardes.

Los novios agitaron las manos por despedida y adoptando la actitud de entrar a un nuevo mundo, plagado de botargas que Luiz identificaba como "Kirby" o "Zelda" con sólo leer los letreros alrededor, siempre y cuando la luz roja de la dichosa exposición de arte le permitiera verlos.

-Un tal Ronald Lam programó las imágenes.
-Alguien avísele que es un pésimo artista - manifestó Bérenice poco antes de librar esa parte y toparse con un "Halo: Combat Envolved Experience" que no era más que un módulo para jugar, simular disparar armas láser y llevarse más juguetes inútiles.

-¿Se animan a retar a alguien? - dijo un joven y Luiz agarró el control de un Xbox a pesar de que no lo entendía. Se hartó rápido de la acción.

-Qué aburrido - manifestó y continuó curioseando al tiempo que su chica se topaba con una muestra de celulares recién llegados de Corea del Sur y reproductores de música portátil.

-Señorita, esto le parecerá increíble - exclamó un expositor.
-¿De qué se trata?
-De una pantalla táctil.
-¿Perdón?
-Toque.

La cara de Bérenice delataba un poco de miedo, pero por no quedar mal colocó sus dedos en el aparato.

-¡Ah! ¿Qué hice?
-La máquina estaba en reposo y volvió a ponerla en activo.
-¿Algo así como un descanso?
-Es para que ahorre energía pero justo ahora, usted ve el escritorio.
-¿Dónde? No hay ninguno aquí.
-Me refiero a los gráficos de la pantalla.
-¿Los dibujitos?
-Se llaman "íconos", presione uno.
-A ver ... ¡Lo descompuse!
-Je je je, no señorita, lo que pasa es que seleccionó un juego y está cargando.
-¡No entiendo!
-Ya está comenzando, ¿oye la música?
-¿Qué sigue?
-Si elige "Play" la partida iniciará, hay botón de "Settings" para configurar el idioma, el volumen, la apariencia de su personaje y "Exit" para regresar al escritorio.
-Qué lindo pero es hora de que vaya por allá, vine por Pacman.
-¿Es muy complicado, verdad?
-¿Qué?
-Explicar que acaba de pasar.
-Algo así.
-Es el futuro ¿por qué no lo sigue usando?

Bérenice sin embargo, dijo adiós, abrumada en parte por un prematuro exceso tecnológico que distaría mucho de conseguirse en el espejo. Lo último que alcanzó a oír fue el comentario de que esa pantalla era apenas un experimento rudimentario.

-Necesito descansar un poco - anunció ella a Luiz cuando éste dejó de lado su curiosidad por los teléfonos. El garden room era próximo y Bérenice se hundió en un puff apenas puso los pies en la zona.

-¡Cuánta comida hay para escoger! - agregó impresionada cuando volteó a los stands que la rodeaban. En cada mesa había una computadora, carritos de servicio con agua y té disponibles y un monitor en la parte central en la que se transmitía una partida de "Mario Party 4", cuyos personajes eran parecidos a los de la pantalla táctil. La chica notó enseguida que para solicitar el servicio, lo único que tenía que hacer era oprimir un botón plateado.

-Buenas tardes, ¿qué se les ofrece? - dijo una muchacha con buen humor.
-Queremos el menú - replicó Luiz.
-Tenemos pasta, hot dogs, crepas, ensaladas, pizzas, malteadas y sushi.
-¡Pizza! - exclamaron Bérenice y su novio al unísono.
-Tenemos individuales, medianas y grandes.
-¿Para dos?
-La mediana basta. Las variedades son: napolitana clásica, setas con queso de cabra, ajo, higos y uvas.
-¿Cuál prefieres Bérenice?
-Uvas ... Muchas uvas.
-De acuerdo, ¿me permiten escanear uno de sus brazaletes?
-Te toca, Luiz.
-20€ por favor. ¿Alguna bebida? Hay cerveza clara, vino, jugos de frutas, sodas italianas y agua carbonatada con sabor a flores.
-Estamos bien.
-En un momento traigo su orden.

Ambos asentaron ante la mesera y quizás delatando la ignorancia, omitieron abrir la laptop que tenían enfrente y se asustaban con el sonido del juego de "Mario" que los demás disfrutaban a su alrededor, aunque Luiz se sobreponía brevemente, encontrándoles gracia a los personajes y relacionando a su novia con la princesa Peach, que siempre necesitaba ser rescatada.

Bérenice lo abrazaba y se tapaba el rostro.
(Continuará)...

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