Carlota Liukin había sido operada del oído y permanecía en su cama mientras las niñas a su alrededor la miraban curiosas, contando las veces que releía Paris Match y se detenía en las fotografías donde aparecía junto a Joubert Bessette. Muchas aguardaban el momento en que ella comenzara a dibujar corazones.
-Tal vez nos pida una pluma rosa - dijo una, recibiendo a cambio una mirada de Carlota, que aparentaba estar feliz.
-¿Alguna sabe por qué se peinó hoy? - murmuró otra.
-¡Porque la visitará su novio!
-¡Qué lindo!
-Y dicen que la llevará de paseo.
-Pero no puede salir.
-Eso dijeron en la televisión.
"Pero no iré a ningún lado" pensaba Carlota antes de cambiar de página y contemplar de nuevo una imagen grande, en la que Joubert lucía muy sonriente y ella se reflejaba en sus ojos. La joven suspiraba por una razón que le era ajena.
-¡Él estará aquí! - exclamaban las chiquillas emocionadas por ser testigos de aquél encuentro que prometía emular el final de un cuento de hadas, uno para el que Carlota parecía preparada al portar un vestido debajo de su bata de convaleciente y unas sandalias cómodas. El maquillaje en sus párpados y el brillo labial sin duda impondrían moda si una cámara la captaba y todo apuntaba a que su médico accedería a un momento breve en el corredor para que ella se ahorrase ciertas miradas nerviosas en esa habitación en donde seguían hurtándole los dulces o enfureciéndola de vez en vez con la excesiva atención que le prestaban a todo lo que se le ocurría.
-¡Ya viene! - avisó la pequeña que vigilaba la puerta al distinguir la figura de Joubert registrándose en el pasillo próximo. Carlota se despojaba de su bata para dejar ver su atuendo azul cielo y un pequeño brillante en su collar más discreto.
-¡Está guapísimo y trae una chaqueta negra! ¡Carlota, te vas a morir cuando lo veas!
La chica carcajeó ante tal expresión, considerándola un chiste ¿con qué podía sorprenderla Joubert Bessette si su idea de lucir bien consistía en ponerse la primera playera que encontrase y acomodaba su cabello con los dedos? Más en contra: ¿Por qué estaba segura de que él sería tan descuidado? La costumbre tal vez.
-¡Carlota, retócate el rubor! - se oyó, pero ella no atendió el consejo y se sentó en una pequeña silla con cuidado de no inclinar su cabeza a ningún lado. Los murmullos no le molestaban.
-Ah, cuando sea grande, mi novio será como Joubert - le dijo la niña más entusiasmada. Alrededor, algunas colocaban corazones de papel.
-¡Está en la puerta! - gritó otra cuando vio al chico enfrente de sí, mostrando una gran sonrisa. Carlota apenas giró su cabeza, comprobando que ya conocía el atuendo entero. Ella le había halagado la chaqueta al conocerlo y ahora le rebotaba en la cabeza el hecho de que ambos se habían vestido exactamente igual al día en que se conocieron.
-Hola, Joubert.
-¡Carlota! ¿Cómo estás? ¿Te sientes bien?
-No he tenido mareos.
-Entonces te daré un gran beso.
El joven se aproximó a la mejilla de Carlota y ella fue recíproca, aunque le sujetó el rostro para verlo bien.
-¡Qué romántico! - declararon las chiquillas. A Joubert le dio un poco de gusto.
-¿Quiénes son ellas? ¿Tus nuevas amigas?
-Admiradoras, no les hagas muchas caso.
-¿Por qué? Hola, niñas.
-¡Joubert!
-Oh, perdón.
-No te rías.
-Estás celosa.
-¡Obvio, no!
-Pero te estoy viendo.-Ja ja, el celoso debería ser otro.
-¿Ah sí? ¿Por?
-He conocido enfermeros guapos y unos doctores apuestos estos días.
-Mentira.
-¿Puedes probar lo contrario?
-Claro que sí, a ti te han atendido muchas mujeres.
-¿Quién te dijo?
-¿Ves? Tenía razón.
-Bueno, pero tú de seguro eres más atractivo que todos los que vienen aquí.
-Merci, mademoiselle.
-Je je je.
-Traje algo especial, para los dos - mirando a una caja que él había colocado sobre la cama.
-Uh ¿qué es?
-Es que hemos pasado tanto tiempo en hospitales este año que, no sé, creí que nos caería bien tomarnos un tiempo .... ¡para un pastel, voilá!
-¡Gracias!
-Abre la caja, yo traigo esta mesa de acá.
-Es muy lindo de tu parte, Joubert.
-Es de nuestro sabor favorito.
-¿Chocolate con menta?
-Chocolate amargo con fresas.
-Ah... Ese me encanta... - y con un susurro inaudible añadió- Me encanta poco.
-No traje té.
-No importa, hay jugo de manzana.
-Tenemos suerte.
-Algo, gracias Joubert.
Carlota extendió su mano y él entendió que debía apretarla fugazmente.
-Te serviré una gran rebanada.
-Mmm quiero probar ya.
-Cuando salgas ¿crees que podríamos ir a conocer la ciudad?
-Eso es seguro.
-Hace mucho que no estamos juntos.
-Joubert, cuando caí en coma, todos iban a verme ¿es cierto que tú nunca faltaste?
-Ni un sólo día.
-¿Por qué ahora sólo me has visitado esta vez?
-Tu padre me prohibió verte.
-¿Cuándo?
-Al internarte.
-Supongo que entraste a escondidas.
-Gwendal me cedió parte de su turno.
-Recuérdame darle un abrazo.
-Hablando de abrazos, quiero decirte desde hace días que te extraño.
Ella enmudeció y se reservó una respuesta.
-Pero falta poco para que te recuperes y nos la pasemos bien, estamos en París.
-Me dijeron que debo guardar reposo.
-No me importa esperar.
-Pasará más tiempo antes de que pueda correr y hacer todas las cosas que me gustan.
-Soy paciente, verás que valdrá la pena.
Carlota miró a Joubert como si quisiera pretextar algo más, pero decidió exhalar profundamente para pasar a otro tema.
-Este pastel si está rico.
-Lo compré en Les Halles.
-Recuérdame pasar por otro en tu cumpleaños.
-Mejor en el tuyo, es más cercano.
-Tengo planes para ese día.
-¿Cuáles?
-Quiero ir a un baile, habrá uno en el salón La Seine.
Joubert pasó saliva, un poco desconcertado por el deseo de Carlota.
-Pero no te puedes mover en tres meses, creo.
-No quiero bailar, sólo ir.
-¿Por qué?
-Te verías muy guapo y yo usaría un vestido muy elegante.
-¿Cómo supiste del salón?
-En el periódico, por reservar cobran 50€.
-¿Baile de verano?
-La orquesta tocará valses y habrá papas fritas, se inspiraron en las fiestas de Napoleón.
-¿Quieres que rente un traje?
-¡Uno de príncipe, como si fueras heredero de Rusia!
Carlota se imaginaba en un gran vestido y con una tiara dorada.
-Entonces iremos.
-Te verás muy apuesto, Joubert.
-Copiaré el número ¿Cuántos boletos quieres?
-Sólo el tuyo y el mío.
-¿Segura?
-Mi cumpleaños me ronda mucho la cabeza, sólo voy a compartirlo contigo en una fiesta sencilla, con muchas flores y un paseo por el río.
-¿Por qué no invitarás a alguien más?
-Sinceramente, no lo sé.
Carlota volvió a llevar bocado a su boca mientras el chico rellenaba su vaso con jugo y le ofrecía una servilleta.
-Joubert, quiero disculparme - dijo la joven.
-¿Por qué harías eso?
-No he ido a ninguno de tus conciertos y no te he dicho nada de tu demo.
-Has estado ocupada y el año te está resultando difícil, te tienes que recuperar de muchas cosas.
-No, Joubert. Lo que quiero decir es que debí oír el disco y mentí cuando dije que me gustaba tu proyecto. Pensé que si te decía la verdad, te enojarías mucho.
-¿Lo guardaste?
-Lo olvidé en Hammersmith, perdón.
-¿Tú qué?
-Me di cuenta en el avión, no lo metí porque llevaba prisa.
-¡Te hice la copia hace meses! ¡Me hiciste creer que lo escuchaste!
-No fue por maldad.
-¡Alguien puede robarme la música! Había compuesto esas canciones para...
Joubert giró su cabeza hacia la puerta.
-Carlota ¿Alguna vez te hice algo? - preguntó al volverse.
-Nada, jamás.
-¿Qué está pasando? De un día para otro cambiaste, casi no me hablas y ahora siento que me rechazas ¿dije algo malo? ¿olvidé una fecha, quieres que sea más detallista o te molesté sin darme cuenta? Carlota ¿todo está bien y me estoy equivocando?
Carlota Liukin recargó su vaso sobre la mesa y bajó la vista con extrañeza: ¿Joubert Bessette consideraba que el problema era él? ¿Cómo se le metía tal cosa en la mente si para cualquiera sería evidente que ella era la causante?
-Joubert, perdí tu disco y lo lamento, no fue a propósito, ni para ponerte mal. Fue mi descuido, perdona.
La chica tenía expresión triste.
-Al menos grabé muchas veces.
-Joubert...
-Es increíble que me hayas mentido y con algo que es tan importante para mí.
El muchacho se levantó con rapidez y se colocó la chaqueta sin más; Carlota en cambio decía "Joubert, espera".
-Carlota, quiero estar solo, luego hablamos.
Joubert abandonó la habitación y Carlota fue por él, topándose pronto con un grupo de jovencitas que lo reconocían y detenían para obtener su autógrafo. Muchas se presentaban y otras juraban haberlo visto en un show case de un club en Le Marais.
-Tu música es impresionante - señaló una chica de cabello oscuro y piel bronceada que le coqueteaba abiertamente - Compré tu demo y no paro de cantar.
-¿En serio?
-Eres muy talentoso.
-¿Eso opinas? Gracias.
-¿Harás otro set?
-Estaré repartiendo publicidad en unos días.
-¡Ojalá pueda ir a verte!
-¿Cómo te llamas?
-Córalie, Córalie Pokora.
-Si quieres dame tu número y te marco para avisarte del concierto.
-¿De veras? ¿Harías eso?
-Sí.
-¡Ah qué emoción! Voy a invitar a mis amigas.
-Me parece bien, lleva a muchas personas.
-¿Cantarás "Merci, Lotte"?
-Es mi favorita.
-También la mía porque es muy romántica y tu cóver de "She's a rainbow" suena genial ¿Te inspiraste en Carlota, verdad?
-Las canciones eran para ella, pero si a ti te agradan, puedes dedicárselas a quien gustes.
-¡Gracias por todo! - se despedía Córalie con un efusivo abrazo y aprovechaba el momento para demostrarle a Carlota que le gustaba su novio y no tendría ninguna dificultad en ser más cariñosa, aun en sus narices.
-Eso es todo, Córalie. Nos vemos en el concierto, te aviso.
-Adiós, Joubert.
Córalie lanzó un beso al aire y Carlota se cruzó de brazos mientras Joubert la contemplaba celosa. Tan fuerte era la presencia de la "admiradora" que la joven Liukin se dio la media vuelta y retornó a su cama, no sin correr la cortina para que nadie la viera llorar.
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