Foto cortesía de www.tumblr.com/liza-tuktamysheva
Boulevard Bercy, 18:00 horas.
-¿He llegado puntual?
-Nunca has fallado.
-He hecho lo que me has pedido, detuve una pelea en Belén.
-Lo sé, pero no te he llamado para eso.
-¿Hice algo mal?
-No, pero debo reconocer que eres el ángel que más trabaja y tengo un encargo para ti.
-¿Cuál?
-Esta jovencita necesita quien la cuide, confío en ti.
-Lo haré ¿Actúo como guardián?
-Estarás más cerca, esta será tu única ocupación por ahora.
-¿Cómo debo presentarme?
-Te las ingeniarás, te sugiero iniciar ya.
-De inmediato.
-Ten cuidado.
-¿Hay algo?
-No te enamores, no toleraré otro desastre.
-Es una orden para mí.
-Te mandaré llamar de vez en cuando. Vete.
Boulevard Bércy 18:45 horas.
-Carlota es una noña - externó Adelina al visitar a la chica en el hospital y ver cómo se desvivía por unos muffins y un paquete de lunetas de menta con chocolate, al grado de reñir con los niños y hacer llorar a las pequeñas que le disputaban esos tesoros.
-¿Apenas te das cuenta? - dijo Tamara.
-Tiene edad mental de cinco años.
-La consienten mucho, por eso es medio inútil.
-¡Tú expresándote así! Genial.
-Estoy drogada.
-¡No! Ni se te nota, te ves firme en tu guardia, lúcida, fuerte... No ya en serio ¿Qué te metiste?
-Lo necesario para estar despierta, ahora largo.
-Oye, me hubieras pedido la cocaína y te la habría dado.
-Ay Adelina, por Dios, me la hubieras cobrado como si fuera no sé, joyas.
-Ja ja, ¿quién te dio el polvito?
-Los residentes de oncología.
-¿Tan pesado es pasar la noche aquí?
-Es una tortura, casi me vuelvo loca. Operarán a Carlota mañana para arreglarle el oído y luego son tres meses de reposo casi total y seis sin patinar.
-Si no quieres ser enfermera, sólo dilo.
-Sabes que el señor Ricardo necesita toda mi ayuda.
-¿Por lo de la memoria, no?
-Y porque hay muchos hombres en su familia, así que ya me jodí.
-Si necesitas algo fuerte, avísame, siempre lo encontraré en mi bolsa.
-¿Dónde compras las drogas?
-¡En cada lugar de París! Para evitarme problemas, pago en efectivo.
-¿Y cómo obtienes dinero?
-Se lo robé a Andrew Bessette, por si no te habías enterado.
-¡Sabía que eras tú! Debí denunciarte.
-La coca no te sienta bien, estás gritando.
-No aguanto más a Carlota Liukin, quiero mandarla al diablo.
-¿A qué hora te cambian?
-No tengo idea.
-Escápate.
-¿Qué?
-A Carlota ni le interesa que estés aquí.
-Su padre me mata.
-Cómo quieras, te veo en INSEP.
-¿Perdón?
-La diversión está conmigo y me la llevo, bye.
Tamara veía a Adelina en actitud misteriosa y después de ver como Carlota se levantaba de la cama para perseguir a quien le había arrebatado sus muffins, concluyó que no tenía sentido perder su tiempo en vigilarla.
-¡Adelina, espérame!
-¿No que no venías?
-Llamo a Haguenauer, digo que me intoxiqué con un sándwich y no puedo salir del baño.
-Mejor ni avises.
-Ricardo se va a enojar.
-¿Interesa?
-Sinceramente, no.
-Pasamos a INSEP y luego a un bar ¿te parece?
-Eres una niña ¿cómo rayos vas a pasar?
-Tengo conocidos, vamos.
Tamara bostezó y siguió a Adelina como si ésta fuera su compañera constante de parranda; aunque en el fondo desaprobara todo lo que hacía, prefiriendo que la chica se portara igual que Carlota y no como una idiota a sus escasos catorce años.
-No creo que me dejen entrar.
-¿Dónde?
-INSEP, por lo de mi problema con el doping.
-Las prácticas de hockey están abiertas al público.
-No sabía que te gustara ver a los chicos.
-¿Hay otra razón para ir?
-¿Tienen jugadores de treinta años?
-¿El entrenador cuenta?
-¿Es guapo?
-Se parece a Matthew McConaughey.
-Demonios, yo pensaba que me iba a entretener.
-Tamara, me sorprendes, ni dopada se te quita lo quisquillosa.
-Perdóname por no ser hipócrita con mis exigencias.
-Al paso que vas, cualquiera será bueno para ti.
-Cuando se me pase la dosis ya verás.
Ambas dejaron el hospital atrás para caminar por el boulevard mientras la niña revisaba sus pertenencias y retocaba su labial para preguntar después si su rostro se veía natural.
-Pues más o menos.
-Entonces tengo que quitarme el rubor.
-Te conocí con máscara de payaso ¿desde cuándo te importa no ponértela?
-Qué graciosa.
-Te ves bien, ya para.
-Tú eres la que necesita un poco de rímel.
-No tengo ganas de arreglarme.
-Allá tú, el maestro de hockey está muy lindo.
-En los sueños más estúpidos de cualquiera.
-Eres más amarga que el vinagre pero así te gusta vivir; yo tengo gente que ver y si lo arruinas te mato.
-Adelina, por favor, quedarte en la baba por un chico no cuenta como visita.
-¿Tú que sabes? Mejor pasemos y te quedas sentada sin decirme nada.
-Sólo te digo que me aburro.
-Mira la hora, el equipo de hockey ya casi termina.
Adelina se adelantó y se coló a las gradas de una de las pistas de hielo del centro deportivo al tiempo que sacaba unos patines y se los ponía con velocidad, en un afán por adelantarse a un grupo de jovencitas que admiraban a los jugadores.
-¿Qué haces niña?
-Oye Tamara, no me distraigas.
-¿Qué viniste a hacer?
-¡A ahuyentar a las mosquitas muertas!
-¿Tú qué?
-¿Ves al chico de uniforme negro?
-¿Cuál?
-El número 19.
-¿Ese que se ve muy feliz con las muchachas que se le acercan?
-¿Segura que la payasa no eres tú?
-Je, púdrete.
-Cualquier día.
-En lo que eso sucede ¿qué pasa con ese tipo? ¿te gusta o cómo?
-Es mi novio.
-Tiene el letrero en la frente, se ve clarísimo... Por favor.
-Casi se lo pongo el otro día, ¿doy la finta de que fui a entrenar?
-¿Hablas en serio?
-Es que le dije que soy patinadora.
-¿Por qué?
-Porque él juega hockey, es obvio.
-Los de hockey odian a las patinadoras.
-En la prehistoria en la que viviste eso era normal, ahora nos aman.
-¿Nos? Las aman, querrás decir.
-Como sea, ese chico es mío, tú puedes hacer como que vienes a observar.
-Si quisiera, le diría lo vil y farsante que eres.
-Pero no lo vas a hacer, au revoir.
Tamara cruzó sus brazos y vio como Adelina descendía hasta el hielo con paso apresurado.
-¡Rayos! ¿No puedes platicar con nadie? - le gritó la niña - ¡En la fila de atrás hay un chico que siempre viene! ¡Miguel Ángel te presento a Tamara, Tamara, él es Miguel Ángel!
La mujer se quedó callada y la chiquilla comenzó a deslizarse por la pista, haciendo señas. Fue tanta la insistencia, que Tamara volteó, contemplando al tal Miguel Ángel y saludándolo con la mano.
-Es guapo - pensó ella antes de ubicar de nuevo a Adelina, quien pronunciaba un "hola" prolongado y entusiasta al que el jugador de hockey respondía con un gran abrazo.
-Él es Nikolay Gorshkov, delantero del PSG - exclamó Miguel Ángel.
-Tiene muchas admiradoras.
-Pero Adelina es su novia.
-¿Cómo? ¿Adelina, la niña que estaba....? Embustera.
-Digamos que ella fue la menos empalagosa.
-¿Cuándo atrapó a ese chico que yo no me enteré?
-No lo atrapó, él pasó varios días tratando de convencerla.
-¿Cómo sabes?
-Cada que fracaso en un casting, lo único que se me ocurre es pasar aquí la tarde.
-¿Te va mal muy a menudo, verdad?
-A lo mejor debería pedir una oportunidad en el teatro.
-¿Tú conoces a Adelina?
-De vista, al igual que al equipo.
-¿Y cómo supo ella tu nombre?
-De tanto encontrarme; oye ¿puedo sentarme junto a ti?
-Adelante.
Tamara sonrió ante el hombre.
-¿Eres español?
-Como mi padre.
-¿De dónde eres?
-Madrileño como el foie gras.
-Por lo que me dijiste, asumo que eres actor.
-Uno que en la escuela interpretó a Shakespeare y en la vida real salió de extra en un comercial de jabón.
-¿Por qué visitas al equipo?
-Me relaja verlos y es una buena forma de no perderme los juegos de la temporada.
-¿Tienes amigos aquí?
-Gorshkov.
-Buena estrategia.
-¿Y tú? ¿Cómo pasas el día?
-Entreno a una patinadora.
-Se nota que no es Adelina.
-Afortunadamente.
-¿Eres algo de ella? ¿Su prima, una hermana?
-Sólo nos conocemos, por la patinadora.
-¿Por qué la acompañas hoy?
-Por diversión; iremos a un bar y me intriga ver con qué tontería sale.
-¿Bar? No creo que haya problemas.
-Es una niña.
-Acá atrás hay un restaurante que es como familiar y se llama "Bar's diner"
-¿Qué?
-Sirven un banana split que te mueres.
-Si me lo hubieras dicho ayer... No te creo.
-Si quieres te acompaño para que lo veas tú misma.
-No nos conocemos.
-Tampoco sé quien es Adelina y tú no conoces a Nikolay.
-Buen punto ¿seremos chaperones?
-Mmh, sí.
Miguel Ángel rió y miró hacia Adelina, que abrazaba insistentemente a su chico.
-¡Niña, hora de ir a otro lado! - externó Tamara con semejante escena y se levantó para ir por la chiquilla, misma que captaba el mensaje y se dirigía a ella.
-¿No me dejas otro ratito?
-¿Igual lo vas a llevar al "bar", no?
-No es un bar.
-Lo sé, pero se la pasarán mejor en otro lado.
-Está bien, voy por él.
-Luego hablamos, por cierto.
La chica asentó con mucha alegría y fue donde Nikolay Gorshkov para jalarlo del jersey y sacarlo de ahí inmediatamente.
-Ella es Tamara, él es Nikolay, nos vamos porque si no, no podremos comer en ningún lugar.
Tamara parpadeó con un poco de fuerza y vio como Adelina y su novio maltrataban sus cuchillas y enredaban las agujetas de sus botines cuando los introducían en una pequeña maleta, seguramente llevados por la prisa.
-No se olviden de mí - dijo Miguel Ángel.
-¿Conseguiste una cita, Tamara? Bien hecho - respondió Adelina; el sonrojo de la mujer era apenas perceptible y mantuvo su mirada baja al abandonar el recinto, sin abrir la boca y siguiendo a los otros tres por el boulevard sin interesarse en el camino, contemplando sus zapatos y experimentando un fuerte dolor en los talones, resultado de pasar una larga noche de pie.
-"Carlota se merece esto" - creyó - "Ella no cuidaría de mí; no lo hizo en el tren" - y poco después dejó la mente en blanco, como siempre que era incapaz de evitar sentir que hacía mal. Ni siquiera advirtió que doblaba la esquina y se formaba en una fila breve para que le asignaran un lugar en un restaurante que más bien era una cafetería.
-Hey, ¿estás bien?
-¿Miguel?... Estoy... Me perdí ¿qué?
-Ya casi entramos.
-Ah, qué novedad.
-Relájate, sólo es una hamburguesa.
Tamara abrió más los ojos y se impresionó cuando el hombre le cedió el paso y le ayudó cortésmente a tomar asiento cuando consiguieron entrar.
-Si quieres, podemos pedir que nos cambien.
-Aquí estoy perfecta.
-El menú está escrito sobre la mesa y si gustas, yo invito.
-Apenas te conozco, me haré cargo de mi cuenta.
-¿Y la de ellos?
-Adelina pagará su parte, no te apures.
-Vaya que eres tímida.
La mujer reaccionó clavando la vista en el menú, ignorando a sus acompañantes hasta el arribo del mesero. La música campirana era estridente.
-¿Qué ordenarán?
-Dos hamburguesas con doble queso, mucha cebolla rostizada, extra tocino y salsa cremosa de champiñones, dos órdenes de papas fritas y dos malteadas de vainilla con crema dulce y chocolate blanco - pidió Adelina mientras abrazaba a su novio.
-Un filete con gorgonzola y un flan con coco - añadió Miguel.
-Yo sólo quiero una ensalada de aceitunas con lechuga sangría y agua mineral - pronunció Tamara con rapidez.
-Tamara ¿Es todo? - preguntó Adelina para hacerle notar que estaba fuera de lugar.
-Pueden ponerle atún encima .... Rayos.
El mesero titubeaba con anotar la orden.
-Ustedes ganan, ¡quiero un filete en su jugo! pero la cama de ensalada no es opcional y tampoco el agua mineral.
-Enseguida.
Mientras les traían la comida, la mujer se tensaba más y estrechaba sus propias manos con fuerza para evitar dirigirse a alguien o asomarse a la parte baja del local, en donde otros comensales parecían andar de fiesta.
-Sus bebidas - anunció otra empleada y Tamara no tardó en dar un gran sorbo a la suya antes de mirar a la puerta.
-Creo que alguien tenía sed - bromeó Adelina.
-No mucha, es que me cansé.
-No nos vayas a contar tu día con Carlota porque te asesino.
-Jamás lo mencionaría.
-Habla con Miguel, el pobre anda muy callado.
La mujer volvió a sonrosarse y se cruzó de brazos, delatando la ansiedad en la cara volteando hacia cualquier lado.
-Sus platillos - dijo el mesero, sorprendido de que todos se alegrarán menos Tamara, que mordía sus labios como si su apetito se hubiese ido con sólo ver un filete de buen color.
-Bon apetite - expresó Miguel Ángel con naturalidad y los chicos lo tomaron como permiso para jugar con su comida mientras la mujer cortaba todo en pequeños cuadrados y apenas lo probaba.
-Espero que te guste la sazón, este es mi sitio favorito - le comentó él. Ella no respondió.
-No te quise incomodar.
-No es personal.
-Lo siento.
-Creo que yo me marcho.
Tamara se levantó y se fue a la calle sin más, provocando que Adelina tuviera que disculparse y retirarse, diciéndole a su chico que podía comerse lo que las dos habían dejado. Afuera, se percibía algo de calor.
-¡Tamara, Tamara! - llamó la niña, corriendo casi para alcanzarla - ¿Qué te pasa? ¡Trataste horrible a Miguel Ángel!
-¿Desperdicio comida y tu única preocupación es un tipo que ni me va ni me viene?
-Es un súper galanazo y tú .... ¡Él es lo más lindo que has tenido enfrente!
-¿Un actor? Qué gran cosa.
-¡Es un buen hombre, merecía que por lo menos lo miraras más!
-¡No le agradé, Adelina!
-¿Cómo le vas a caer bien si lo trataste como trapo sucio?
-¡De todas formas no iba a querer una segunda cita! Me deshice de él antes del portazo en la cara.
-¿Eh?... Honestamente ¿cuándo fue la última vez que tuviste sexo?
-¿Por qué te contaría semejante cosa?
-Porque es obvio que ya se te olvidó cómo atraer a un hombre.
-Claro que no, hasta los tíos de Carlota se pelearían por mí.
-¿Ese par de espantosos gañanes? Por tu bien, dime cuando dejaste de dormir con alguien.
-No es necesario.
-No desperdiciaste a Miguel Ángel por nada.
-He aprendido que sujetos como él no son para mí ¿satisfecha?
-¿Qué te hizo creer eso?
-Miguel Ángel ha de tener muchas chicas detrás de él y es carismático; esos siempre son problemáticos.
-¿Qué novios tuviste?
-Gwendal ... Y supongo que el otro idiota cuenta.
-¿El ciclista?
-No hay más.
-Demonios, estás en el hoyo ¿Cuánto llevas sin novio?
-¿No es obvio? Cuatro años.
-¿Has salido con chicos por lo menos?
-¿Gwendal, hace unos meses?
-No te pases.
-Tu amigo o lo que sea, Miguel, si me agradó pero nunca atraigo a hombres cómo él.
-¿No se te ocurrió que podía ser diferente?
-Él ni siquiera me volteó a ver porque me notara, lo hizo cuando nos presentaste a gritos, eso no es una buena señal.
-Si te esforzabas un poquito de seguro funcionaba.
-Se habría aburrido conmigo, no hablo mucho y no me gustan los desempleados o los que ganan poco; discúlpame con tu amigo si lo ves.
-Tamara ¿tú piensas que antes de Nikolay tuve otro novio?
-¿Eso a qué viene?
-A que no tengo idea de qué se trata y aún así quise probar. Ya no trabajo en la calle, tampoco robo o hago idioteces y le mentí con lo de los patines para que no creyera que soy como sus fans intensas.
-De las drogas mejor ni hablamos.
-Ese no es el punto. Tamara ¡tengo novio! ¿Entiendes lo que quiero decir?
-No.
-¿Eres tonta o qué? Si alguien debería temblar por lo que es, soy yo y en cambio tú lloriqueas: ¡Ay, soy fea! ¡Ay, no sé que hacer, no atraigo a Miguel Ángel porque no quiero! ¡Por Dios, Tamara! ¿Así te llamas adulta? ¡Tu actitud apesta pero que seas una idiota me enfurece!
-¿Terminaste?
-Creo que fue todo.
-Entonces no me hables de Miguel Ángel, ni de novios ni de nada. Si tú conseguiste que alguien no te considere la embustera que eres, te felicito y no te voy a delatar porque no es mi asunto, pero déjame en paz.
-¿Dónde vas?
-A terminar mi turno con Carlota.
-¡La odias!
-Pero me comprometí con su padre a ayudar así que no tengo opción, adiós.
Tamara atravesó el boulevard nuevamente. En el hospital sin embargo, se topó con Ricardo Liukin, quien de pie en la sala de Pediatría lucía descompuesto.
-¿Dónde estaba? - preguntó al verla.
-Salí a respirar un momento.
-¿Tanto tiempo? ¡Me contactaron de emergencia!
-¿Qué pasó?
-¡Eso debería saberlo usted! ¡Carlota se cayó por andar corriendo y no se podía levantar! ¡Van a operarle el oído urgentemente porque se le ocurrió pelearse por unos muffins y usted ¿dónde se metió? A respirar en lugar de detenerla.
Tamara eligió estallar.
-¡No tengo la maldita culpa de que Carlota sea una imbécil! ¡Si ella no se cuida yo no voy a hacer nada y si quería tanto los méndigos panecitos los hubiera pedido desde su cama! ¡No tengo ninguna razón para seguir aquí aguantando a la irrespetuosa de su hija y menos cuidándola porque es una idiota! ¡No soy su madre y si tantas atenciones requiere, entonces cuídela usted!
La mujer se dio la media vuelta y salió a la calle a tranquilizarse, mientras algunos médicos se sentaban en el suelo a descansar. Con sólo escucharlos, le dieron ganas de volver con Ricardo y disculparse; con la certeza de que las cosas con él se arreglarían solas.
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