martes, 10 de marzo de 2015

El capítulo entre Courtney Diallo y Matt Rostov


A los fans de Freema Ageyman ... Y a los de Courtney Diallo, también.

En el hospital de Tell no Tales hubo algo llamado "el día del infierno" debido a que los médicos disponibles así como personal administrativo debieron permanecer en funciones sin importar que sus turnos hubiesen culminado. Un sorpresivo derrumbe en la calle Grobokin había dejado una cantidad de heridos impresionante y en la vecina avenida Katsalapov, los cuerpos de emergencia hallaron a más durante horas. Aquello dio como resultado una madrugada muy pesada y poco paliativa.

Courtney Diallo había ido a un dormitorio a tomar la siesta, pero el ruido de la parte superior de la litera y las risitas de junto no le permitían cerrar el ojo.

-¿Por qué no van a un hotel?
-¿Por qué no te nos unes? - le respondieron.
-¡Yuck! ¡Paso con sus porquerías, ni siquiera los atenderé cuando les contagien gonorrea! - declaró y se levantó algo furiosa para salir sin cerrar la puerta. Se encontraba realmente cansada y ni siquiera había llamado a casa. Consciente de que iba a ser irresponsable atender a un paciente más, caminó tambaleando un poco hacia su refugio en el jardín, esperanzada de poder tomarse al menos una hora de sueño. Como el elevador cerraba, pidió que la esperaran y eso pasó, pero no como hubiera querido: Matt Rostov estaba dentro y con dudas, eligió tomar la oportunidad.

-¿Qué piso?
-Planta baja.
-Listo.
-Gracias.

Courtney le daba la espalda a Matt y se mordía los labios sin contenerse, esperando no hacer una tontería o decir lo que fuera. Tenía en mente que se había prometido no tener contacto con él y que lo superaría pronto, aun si guardara esa pequeña expectativa de que él le buscaría nuevamente.

-Aquí me retiro, tenga una buena mañana, doctora Diallo - pronunció Matt al arribar al cuarto nivel y descender para ir en búsqueda de algún enfermo al cual diagnosticar correctamente. Nuevamente sola, la mujer se dio de topes en la pared.

-¡No debo seguir con esto! ¡Me llamó "doctora Diallo"! ¡Doctora!

¿Qué? ¿Eso era todo? ¿Había pasado de "Courtney" a una simple desconocida tan rápido? Sí, el asunto se podía olvidar al día siguiente pero la facilidad con la que él lo había superado era casi insultante ¡Matt Rostov resultaba igual que todos los hombres! Y le preocupaba haber creído que era realmente distinto ¡qué coraje!

-En serio ¿por qué estoy pensando en él? ¡Es un idiota! - se lamentaba y se precipitó en ocultar su rostro para que no la vieran llorar cuando saliera del ascensor, tomando como opción b fingir una gripe, pero al mismo tiempo sabía que nadie se daría cuenta y más aún, a nadie le interesaría si por accidente llegaban a descubrirla. Al abandonar el diminuto espacio, sólo vio a algunos pocos pacientes marcharse, a gente insistiendo en saber si un pariente o amigo se hallaba por ahí, más allá observaba como suturaban a otros... Pero prosiguió sin detenerse hasta su escondite, ahí donde su privacidad estaba garantizada y podía lagrimear a gusto sin mirar el reloj, padeciendo la humedad sin que le incomodara totalmente. En su cama hecha de hojas recordaba como se ocultaba al lado de Matt y conversaban sobre ... Bueno es que él tenía razón, las cirugías y las consultas no servían para conocerse; cuando mucho habían platicado sobre Bérenice Mukhin y lo que significaba para él...¡Estúpida Bérenice que no dejaba a ese hombre un minuto en paz y no permitía que se fijara en otra! En fin, Courtney actuaba y quedaba como tonta, punto. No se dormía por estar pensando, no llevaba suéter y sin darse cuenta se movía tanto que el arbusto que la rodeaba parecía vivo. Ni siquiera diferenciaba entre llanto auténtico y berrinche.

La lluvia empezó o mejor dicho, la brisa marina más irritante. Empapada, ella debió retirarse al vestidor y aquello era lo peor que le podía pasar porque justo ahí se topó a Matt Rostov, mismo que buscaba despojarse de su bata e ir a casa. Ella no atinaba a escabullirse a la sección femenina y él la miraba con atención, afortunadamente sin distinguirle las lágrimas de las gotas que le escurrían por el rostro.

-Tenemos que hablar - dijo él sorprendentemente, colocando su bata en Courtney. La mujer se quedaba estática y él la tomaba de la mano, cortándole la respiración enseguida, provocando que caminara repentinamente a su lado ¿Ahora qué? ¿Se desprendía, lo golpeaba, lo seguía? ¡Matt Rostov no daba oportunidad de certeza alguna! Y ese rostro tan serio, tan inquebrantable, inexpresivo, menos daba señales de nada. Lo curioso era que se encerraba con ella en una habitación y por un momento le hizo creer que pasaría algo que de inesperado, terminaría sacudiéndola de una vez por todas.

-Courtney, ¿estás enojada conmigo?

¿Doble qué? Era evidente que no, es más ¿qué rayos pasaba? La mujer abrió más los ojos y su gesto de extrañeza inhibió un poco al hombre. Courtney no tenía idea de que decir al respecto, lo más fácil era admitir que sus ganas de reclamar bajo el lema "Matt Rostov, eres un idiota" eran muchas, pero igualmente la tentaba descifrar que misterio se traía quien frente a ella no deseaba escuchar ninguna respuesta y se había sonrosado sin motivo. Ahora él era la presa de los nerviosismo, como si hubiese sido quien pasaba semanas enteras sintiéndose ridículo. Y vaya que Matt Rostov no admitía emociones cuando lo ponían contra la pared y eso, por increíble que fuera, se lo ocasionaba ella, con la salvedad de que lo había descontrolado con su prematura atracción y su franqueza, obligándolo a asimilarlo antes de que la parálisis diera pie al alejamiento.

-Creí que el molesto eras tú.
-¿Por qué?
-No te acercabas.
-Parecía que no querías hablarme.
-Nunca ha sido así.
-Casi cada vez que nos encontramos, te vas.
-Lo mismo pasa contigo.
-No suelo contar con las palabras adecuadas, lo siento.
-¿Adecuadas para qué?
-Para contarte.
-¿Contarme qué?.... ¿Por qué estanos dejando de ser amigos? Es lo único que te pido que me digas.
-Lo que ocurre es que esto va muy rápido. Courtney, no he podido confiar lo suficiente, no es personal.
-Sólo repites que no es personal, ¿qué te cuesta abrirte conmigo?
-Tal vez no lo entenderías.
-Honestamente ¿quién eres tú?

Matt Rostov retrocedió un paso y miró al espejo, encontrándose el reflejo de Courtney sosteniendo su mano, expectante.

-Bérenice ... susurró.
-Terminé contigo, Matt.
-Permíteme aclarar las cosas.
-Ahórratelo, estás enamorado de tu ex novia, déjame en paz.
-No es toda la historia, Courtney. No es personal porque no pretendo lastimarte.
-Hasta aquí está bien, comprendo.
-Bérenice es la única mujer con la que he estado en toda mi vida, dejarla atrás no fue sencillo, me aseguro de que sea feliz.
-Se acabó, me voy de aquí.
-Lo único que deseo es que viva sin mí.
-¿Entonces ¿por qué le das consulta su bebé? ¿Eres el padre?
-El niño es mi paciente pero no tengo que ver con él. Bérenice lo cuida y tiene dudas, pero no tratamos otros temas, te lo aseguro. Si quieres que te diga que me dolió la ruptura y me afectó, no veo por que negarlo; pero ella tomo otra dirección y no la seguiré.
-¿Cuál es?
-Ahora es madre y tiene otra pareja, yo también cambié. No podía seguir siendo el líder de los Rostova, tampoco enfrentarme con la policía o cuidar a nadie de sí mismo; ahora tengo un horario, atiendo enfermos, consigo medicinas, realizo cirugías y ayudo de verdad. Con Bérenice al lado, jamás habría llegado aquí.
-Ni siquiera ganas dinero, no tienes casa o apartamento, consigues ropa no sé donde y duermes donde sea. Un aviso: eso no es progresar.
-¿Crees que me concentro en este hospital?
-Nunca sales.
-Me gustaría revelarte de donde provengo pero no debo confiárselo a nadie.
-No tengo tu tiempo.
-Soy médico general, vivo en Tell no Tales, tengo treinta y dos, me acuesto tarde, no oigo mucha música, no necesito mucha ropa y detesto que duden de mí, mi nombre es Matt Rostov ¿algo más?
-¿Cómo quieres que confíe en ti si vas a guardarme tus secretos?
-No puedo ser tan transparente, ni abrirme. Esto que ves, es lo que hay.

Courtney se consideró nuevamente defraudada. Insistir con Matt Rostov no tenía caso y era preferible abandonar cualquier simpatía.

-Quiero ofrecerte una disculpa.
-¡Eres un idiota, Matt! - gritó ella, tomando asiento en una cama y abrazando una almohada. Él se situó a su lado.

-Courtney...
-No me toques.
-No quería hacerte llorar.
-¿Por qué no te vas? Estaba mejor sin ti.
-No pienses eso.
-¿Qué vienes a buscar acá?
-Nada porque soy libre por primera vez.
-¿De qué me sirve?
- De mucho porque las cosas no serán iguales.
-¿Podrías ser concreto de una maldita vez?
-Courtney, mírame a los ojos.
-¡Explícate!
-No se acabó el mundo cuando decidí separarme de Bérenice y he descubierto que fue lo correcto. No tengo miedo del futuro, no me remuerde la consciencia, puedo ir donde me plazca y también acepto que ella me marcó y me cambió la vida pero lo digo sin sentirme enganchado ni ilusionado. Terminé esa etapa y me siento aliviado por avanzar.
-Me alegro por ti.
-Courtney, sé que te dije que hacerlo despacio era la opción.
-Detente.

Matt acarició la mejilla de la joven.

-Un día me desperté sabiendo que me gustas y me preocupaba que fuera tan pronto porque no era oportuno.
-Aquí vamos de nuevo.
-Debí decirte que sí en ese árbol en lugar de la estupidez que pretexté y tengo miedo de que no creas en mí, de que pienses que juego, pero será un error dejarte ir sin intentar estar contigo.
-Por dios, no sigas Matt.
-Hay detalles que revelarte y que cuestan trabajo, pero mereces que lo haga pronto porque confieso que te quiero, sin rodeos.

Courtney se confundía ¿a qué se debía tal cambio? ¿Era hora de la desconfianza absoluta? ¿Matt Rostov era un cobarde o se erigía como valiente o era un simple imbécil? Ante tal panorama, más valía pedir una prueba que apelar a los sentimientos.

-No te creo, Matt Rostov.
-Te comprendo.
-¡No hay manera de comprobar que no mientes! ¡Intento confiar en tus palabras pero no distingo una razón para hacerlo! Contigo todo ha sido un continuo "te gusto pero no te gusto", me sostienes que Bérenice es tu pasado pero no paras de mencionarla y ahora me sales con que me quieres pero no me dejas entrar en ti y saber quien diablos eres ¿Qué deseas?
-Estar contigo.
-¡Demuéstralo!
-Eres quizás la mujer más inteligente que conozco, por eso no tengo derecho a detenerte, pero ¿ves esto? - Matt sacaba de su bolsillo una especie de pelota pequeña.
-¿De qué se trata, es un juguete?
-Se llama balín rostov, es el único que conservo.
-¿Para qué sirve?
-Es lo que me permite regresar a casa, es mi secreto más grande.
-¿Es un recuerdo?
-Si hablamos de las veces que lo he utilizado y de como lo obtuve, sí.
-¿Es muy importante?
-Ese balín significa todo para mí y quiero que estés segura de que te mostraré quien soy gracias a él. Lánzalo.
-¿Qué dices?
-Arrójalo o mejor yo lo hago, mira.

Matt Rostov aventó el balín hacia una silla con la misma velocidad en la que lo recobró.

-¿Qué ...?
-Es útil para desbaratar cualquier cosa, hasta un edificio. También es la llave de donde soy. Querías una prueba, es esta, guárdala.

Courtney sintió los dedos de Matt desajustando su collar y colgando su balín como un dije.

-No le cuentes a nadie porque este es el primer secreto entre tú y yo.
-Matt...

Él sonrió espontáneamente y la abrazó enseguida, susurrándole "te quiero" irrefrenablemente, mientras ella se aferraba en contemplarlo alegrarse y desterrando sus inseguridades para brindarle una oportunidad, considerando que entre tanto misterio había algo de sentido en tan peculiar balín, como si hubiese recibido una extensión de él.

Cuando salieron de la habitación, poco después, era oficial: Courtney Diallo y Matthew Rostov iniciaban su noviazgo. 
Perdoname Todo by Amaury Gutiérrez on Grooveshark

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