-Te ves hermosa de rosa, Courtney.
-A ti no te gusta este color.
-Eras la dama de honor más bella.
-¿Qué voy a hacer con este vestido?
-Venderlo en Dubrova.
-Es buena idea pero ¿no traerá mala suerte? La boda de la doctora Mazza se canceló.
-Eso sólo aplica con el atuendo de la novia.
-¡Matt Rostov! ¿No sigues esa superstición?
-Alguna debía tener.
-¡De verdad lo crees!
-Es que tiene sentido.
-Me sorprendes todo el tiempo, eres un hombre raro.
-Soy humano.
Courtney miró a Matt sin decidir entre sonreír o creerlo sarcástico y lo contempló arreglándose la corbata, como si estuviera cómodo y le interesara ser un poco vanidoso. No era en balde pensarlo, esa mañana Matt Rostov había aparecido con la cabeza rapada.
-¿Supiste que el tal Juan Martín se fue a emborrachar con tu primo Moussa?
-¿Cómo sabes eso, Matt?
-Me invitaron.
-Me alegra que no fueras.
-Juan Martín estaba muy mal.
-No lo culpo, estoy tan incrédula como él.
-Espero que no nos pase lo mismo.
Courtney se sobresaltó un poco y optó por seguir a Matt hacia la calle, tomándolo del brazo mientras recibían miradas de extrañeza. El color de piel de ella era la causa.
-Matt, nos perdimos el buffet que iban a servir.
-Esa es la verdadera tragedia.
-Lo peor es que pedí el día y ahora nada tengo que hacer.
-Tenía pensado ir por ahí después de comer.
-¿A dónde?
-Un paseo en el museo.
-Qué bonita rima.
-Pero ahora podemos tomar un café.
-Y comer un pastel de té.
-Buena idea, vamos.
Courtney hizo más rápido su paso para que Matt pudiera encontrar la pastelería y de paso, esquivar otras bodas porque en las capillas de la calle Piaf había parejas esperando turno y otras que salían en medio de lluvias de arroz.
-Ja ja ja, tengo comezón con tanto que me ha caído.
-Bueno Courtney, iremos a tu casa a arreglarlo.
-No es necesario.
-Qué alivio.
-¿Perdóname?
-¿Me acompañas a la alcaldía?
-¿Qué?
-Ja ja ja, creo que me río de nervios.
-Igual yo.
-Me quedé con las flores de los pajes.
-No lo había notado, Matt
-Mira, te sienta bien el ramo.
Courtney miró a Matt dulcemente y él la tomó de la mano. La alcaldía no estaba tan lejos.
Alcaldía de Tell no Tales 10:32 am.
-Veré si hay una cancelación pero si no, tendrán que tramitar una fecha y eso va a tardar cinco días, más lo que diga el juez.
-¿Si hubiera una cancelación?
-Pagarían el trámite exprés porque el juez se retira inmediatamente si los contrayentes no llegan.
-¿No hay tolerancia?
-No.
-¿Cuánto cuesta?
-300 €.
-¿Qué?
-Es que estarían tomando un turno de último minuto.
-Revise si hay uno.
-Claro.
Matt Rostov volvió a su sitio y a su alrededor las parejas no dejaban de entrar y salir de las salas que el área de Registro Civil tenía para celebrar bodas y registros de nacimiento. Cada ceremonia duraba poco menos de ocho minutos y los jueces se retiraban a las tres para descansar un poco.
-Matt ¿estás seguro? Podemos venir otro día o en un año.
-Courtney, cásate conmigo, ahora.
-¿Tienes fiebre?
-No.
-Tú y yo necesitamos tiempo.
-Dime que no quieres.
-Matt...
-Y enseguida nos vamos.
-¿Es en serio?
-Courtney, quiero casarme contigo.
-¡Se te ocurrió hace media hora!
-Y a ti también, por eso estás aquí.
-Es la adrenalina del momento con tantas bodas que hemos visto.
-¿Fiebre matrimonial?
-Sí.
-¿Mañana se nos pasa?
-Eso creo.
"Señor Rostov" llamó la recepcionista del Registro Civil y él se levantó a prisa.
-¿Qué ocurre?
-Si se va a casar le sugiero que pague y entre en la sala dos a las 10:50.
-¿Tan rápido?
-¿Lo toma?
"Sí" contestó Courtney vacilante y él se apresuró a pagar, recibiendo de la recepcionista un comprobante rosa y un prendedor blanco.
-Felicidades y suerte señor.
Matt sonrió y tomó a Courtney de la mano, precipitándose en ir a la sala dos al terminar unas nupcias ajenas.
Mientras tanto, Bérenice Mukhin y su familia entraban en la alcaldía. Ella, con su vestido y el bebé Scott de pajecito cosechaba halagos de quienes la veían y no tardó en hallar a Claudia Muriedas y a Kovac en recepción.
-¡Claudia, viniste! - gritó Bérenice.
-No me iba a perder tu boda ¿por qué no me dijiste que Kovac es el padrino?
Bérenice iba a contestar cuando el mismo Kovac dijo que la familia debía reunirse para una foto antes de entrar a la sala dos, aunque todavía faltaban algunos minutos. La atmósfera era muy romántica.
-Es una lástima que Marat no esté - comentó Luiz sin darse cuenta de que Micaela y Roland Mukhin suspiraban de alivio porque así fuera. Ese hombre era capaz de interrumpir la boda por cualquier pequeñez.
Bérenice continuaba platicando con Claudia hasta que el flash de la cámara se dejó ver y la instantánea resultante capturaba varios gestos divertidos.
-Esto ameritará un brindis de jugo en honor a los novios - agregó Kovac y enseguida repartió vasos con un líquido amarillo muy espeso, que afortunadamente no era de naranja.
-Bérenice, te ves muy nerviosa - susurró Luiz.
-No es nada, palmerita hermosa.
-Oye ¿invitaste a alguien más?
-No ¿por qué?
-¿Recuerdas al tipo que te dio un balonazo?
Bérenice volteó y se encontró con que Lleyton Eckhart se aproximaba a Claudia y Kovac, con la intención de permanecer con ellos.
-¿Qué hace aquí?
-No lo sé, tal vez le dijo tu amiga.
-Es su jefe.
-¿Cómo sabes?
-Ella me contó, Luiz.
-Como sea, entre más gente mejor.
-¿Por qué?
-Es más entretenido.
Bérenice fingió la sonrisa, tratando de mirar a Luiz y sin hablar mucho, únicamente para asegurarse de que su bebé continuara tan feliz como siempre.
-Relájate, es sólo una boda - mencionó Micaela Mukhin.
-Es cierto, es cualquier cosa.... Voy al baño.
-¿Justo ahora?
-Dame dos minutos.
Berenice corrió hasta un tocador cercano y sin dudar, humedeció su rostro mientras se le corría el maquillaje y las chicas presentes pensaban que estaba llorando.
-Tranquila - le repetían y ella secaba su rostro como podía, preguntando la hora.
-A las once me caso, me siento fatal ¿Alguien tiene labial?
Bérenice secó las gotas de sus rostro y después de recibir un lápiz rojo prestado, se miró al espejo por última vez.
-Gracias, estoy muy nerviosa, yo debo apresurarme.
La chica salió con prisa y corrió por el pasillo, casi segura de que era hora de presentarse con el juez. Su madre la esperaba ya.
-¿Dónde estabas?
-Me retoqué el maquillaje.
-Creo que se nota.
-¿El señor Lleyton ya se fue?
-¿Quién?
-El jefe de Claudia.
-¿Tu amiga?
-Ese.
-Kovac le dijo que se quede.
-¿Qué?
-La única que puede decirle que se vaya eres tú.
-No creo hacerlo.
-¿Por qué?
-Luiz quiere más gente.
-A ese Luiz le gusta estar rodeado de personas, qué suerte tiene.
-¿Suerte?
-De que la familia tiene amigos.
Bérenice disimuló su creciente incomodidad y le sonrió a Luiz al acercársele nuevamente, tomando su mano.
-Ya casi termina la boda de allá - pronunció Luiz mirando al salón dos - ¿Nos acercamos?
-Es una buena idea ¿Traes la licencia de matrimonio?
-Y el papel de tu cambio de apellido.
-Qué alivio.
-Te ves hermosa, Bérenice.
-¡Y yo te amo, mi palmerota preciosa!
La joven le dio un pequeño beso a Luiz y se colocó frente a la puerta, contenta de que ya era su turno y Lleyton se iría pronto. Apenas se recuperaba de tenerlo cerca cuando la pareja previa se daba la media vuelta con el acta de matrimonio y superado el contraluz se logró ver quiénes eran. Bérenice posó su mano en la silla de ruedas de su padre para no desmayarse.
-¡Fue tan rápido! - exclamó Courtney con una enorme expresión de alegría - ¡Tenemos que avisar en mi casa!
-Señora Rostov, usted decide esas cosas.
-¡Ya eres parte de la familia, Matt!
-De acuerdo pero primero hay que decidir a dónde vamos o si celebramos primero tú y yo.
-Iremos con mi madre.
-Bien.
-Y te comerás todo lo que te sirva...
-¡No!
-¡Lo harás!
Courtney guardó silencio de golpe y Matt posó sus ojos en Bérenice, impresionándole su figura y adornos, viéndose igual a como la imaginó si un día se hubieran casado. Sólo Lleyton Eckhart parecía darse cuenta del desconcierto de aquellos dos y antes de que siquiera Micaela Mukhin lo advirtiera, se aproximó a Bérenice para darle la buena suerte.
-Gracias, Lleyton.
-No te interrumpo, entren ya.
-Cierto, tengo que hacerlo... ¡Luiz vamos! ¿Dónde está Scott?
-Yo lo tengo - contestó un igualmente desconcertado Roland Mukhin y su hija se aferró a Luiz, caminando con prisa frente al juez, que se abstuvo de cerrar el libro de registros.
-Un minuto más y suspendo la ceremonia - bromeó.
-Pero llegamos, trajimos la licencia de matrimonio y el cambio de apellido de mi esposa - dijo Luiz, mostrándolos.
-Aun no los caso.
-Perdón, señoría.
Bérenice por su lado, no pudo evitar volver su cabeza a la puerta, topando sus ojos con los de Matt Rostov, que ya se iba de la mano con su esposa mientras intentaba resistirse a preguntar por la coincidencia. Courtney creía angustiarse cuando él sostuvo la puerta pero fue únicamente por cerrarla.
Al interior de la sala, el juez decía cosas que Bérenice no atendía como "de acuerdo a la Constitución de Tell no Tales, "la ley civil vigente establece términos" o "adoptar el apellido de uno de los contrayentes está contemplado en todos los ámbitos legales de la administración nacional" al tiempo que le rondaba por la cabeza el por qué Matt si podía casarse con otra y nunca con ella, más aun ¿por qué no había salido a perseguirlo y quedarse con él? Courtney jamás sería su competencia de recuperar a Matt y... Bérenice acabó llorando de verdad en su propia boda, arrepintiéndose más que nunca de haberlo traicionado en ese estúpido concierto. "¡Yo debería estar aquí con él!" pensó y enseguida, Luiz, por alguna razón de emoción genuina le apretó la mano izquierda.
-Si están de acuerdo con las cláusulas expuestas para la consolidación del matrimonio civil, la ley requerirá de su aprobación mediante la firma de la siguiente acta - expuso el juez, extendiendo un documento en papel rosado que parecía impreso por un artesano y no una copia ordinaria del formato gubernamental.
-Lo haré primero - declaró Bérenice y plasmó un garabato para luego ver a Luiz escribiendo su nombre.
-En orden de ley, Bérenice y Luiz Marinho han manifestado conformidad y el Estado declara la validez del matrimonio civil a partir de esta audiencia, felicitaciones - anunció el juez y la joven estrechó a Luiz con enorme fuerza, coincidiendo con la risa del bebé Scott, a quien sostuvieron igualmente. Otra pareja ya aguardaba su turno.
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