martes, 6 de junio de 2017

El cuento de Carlota, Ricardo y Marat


Canale di Cannareggio, Venecia, Italia.

-Me encantó el sándwich de la plaza.

-Dile "panino" o toda Italia te odiará de por vida.
-En París hay unos de jamón por los que te mueres.
-No los probé.
-¿En serio, Marat?
-Llevo dieta de tenista, con jugos y pescado.
-¿Lo que comimos en Mónaco?
-Para serte sincero, sí.
-¿Por qué hablamos de comida?
-Veo tu cara y pienso en un gelato de ron.
-No tengo cara de helado.
-Sí la tienes, mira, te embarraste de este de amaretto.
-¡Ay no, Marat! Me llenaste hasta el pelo.
-Me ganaste la competencia.
-¿Cómo quedamos?
-Con este, trece gelati a diez.
-¿Tanto?
-Tu padre me advirtió que tienes un trofeo.
-¿Por qué comeré demasiado helado?
-Gelato .
-Como sea.
-Tal vez eres adicta al azúcar.
-Sigo dieta de patinadora.
-¿Lo mismo que comimos en Mónaco?
-Para serte sincera, sí.

Carlota y Marat se rieron mucho mientras continuban viendo la marcha de los vaporetti, sentados en un borde. Esperaban subir en uno para llegar rápido al Ponte degli scalzi y bajar a Calle Priuli Ai Cavaletti, donde se hallaba el hotel.


-Marat ¿Vendrás a visitarme alguna vez?

-Supongo que sí, el tour llega cada mayo a Roma.
-¿Hasta mayo?
-Bueno no, pasando Copa Davis. La semifinal es en pocos días y si no nos eliminan, te veo en diciembre.
-¿Es una promesa?
-Lo prometo.
-Es que decimos tantas cosas que no cumplimos...
-Hay algo que quiero preguntarte.
-¿Qué?
-¿Sergei Trankov?
-No volveré a verlo.
-¿Segura?
-No lo veré ahora, más bien.
-Esa es una gran diferencia.
-Marat ¿crees que estoy muy loca?
-Sólo te oí hablar de él una vez.
-En París también estuve con Guillaume y creo que con eso, Joubert me va a matar.
-¿Quién es Guillaume?
-Mi gran amor platónico.
-Jaja, vamos.
-Creo que es gay.
-¡Jajaja!
-Si, lo sé.
-El amor te vuelve loca.
-¿Cómo te fue con Ana en Mónaco?
-Gracias por tu consejo.
-De nada.
-Si fueras despacio, te iría mejor.
-Creía que ya no era una niña.
-Ya no eres una niña.
-¿Tú crees?

Marat asentó y ambos se dedicaron a terminar sus helados, únicamente para confirmar el resultado del reto. Aun había mucha gente caminando por
Canareggio.

-Así que aquí los encontramos - declaró Tennant Lutz al poco tiempo.

-¿Dónde estabas? - preguntó Carlota.
-Fui con Adrien a San Marco, creí que estarían allí.
-Si fuimos.
-Entre con él al Palazzo y al Duomo, fue interesante.
-¿Tú qué?
-No sabía que Adrien entraba como discapacitado, ni siquiera hicimos fila o nos cobraron.

Carlota y Marat se miraron como si hubiesen hecho una tontería.

-¿Por qué no se nos ocurrió?
-Habríamos visto el Palazzo.
-Y San Marco.
-Gratis.
-Sin que nos echaran, Marat.

Tennant se echó a reír, permaneciendo de pie.

-¿Vienen? Conseguí una góndola con 20€, Adrien está esperándonos.

Carlota y Marat se levantaron y siguieron a Tennant hasta una embarcación pequeña, en donde el menor de los Liukin aguardaba con un cubo de rubik al que resolvía una y otra vez.

-Te dije que eran ellos, Tennant - señaló el chico por saludo.
-Conseguí el llavero que pediste.
-Ajá.... Oye Tennant ¿tú crees que Marat vaya a pescar con nosotros mañana?

Tennant respondió que no sabía y Marat les recordó que regresaría a Mónaco temprano.

-Qué lástima - dijo el joven Lutz sarcástico y aguardó a que Carlota tomara asiento para colocarse junto a ella.

-¡Hola, Marat! ¿Ya eres mi cuñado? - preguntó Adrien.
-No, no, somos amigos.
-Es que Carlota sólo come helado con sus novios.
-Eso no es cierto - replicó ella, dándose cuenta de que Marat estaba detrás.
-¿Comerías helado con Tennant?
-Alguna vez me invitó uno.
-Pero no es tu novio.
-No.
-¿Hoy sólo comiste uno?
-Marat y yo nos retamos.
-También retaste a Joubert cuando era tu amorcillo.
-Eso fue diferente.
-¿Ves como Marat si es tu novio?

Ese comentario que le habría molestado antes, ahora le daba a Carlota mucha risa y optó por permanecer viendo el canal desde esa góndola pequeña.

-Ojalá pudiera subirme a una de éstas a diario - suspiró y tomó una foto del recuerdo. El trayecto se volvió lento y silencioso y el gondolero miró a los pasajeros como si reconociera el cinismo de quiénes viven en Venecia y sienten que morirán de éxito. En un momento dado, reconoció a Carlota e improvisó un recorrido pequeño por los estrechos canales de Canareggio, viendo ésta puentes imposibles y callecitas más encondidas, en dónde los turistas no habían llegado.

-Siamo vicino al Ponte degli Scalzi - anunció el gondolero y Marat respiró aliviado, había sido un viaje cansado desde el principio y ahora deseaba tomar un respiro antes de irse. Carlota daba la misma impresión y pronto, se quedó dormida. Marat sintió como ella se recargaba sobre él.

-Yo la llevo - declaró enseguida y al llegar a la orilla, la tomó en brazos. Tennant se sintió como un gran idiota y se conformó con ir al lado de Adrien que, imitando a los locos del Ponte Rialto, acabó empapado en pleno canal de Canareggio.

-Voy por él - anunció Tennant y se arrojó también, pero fue tal su torpeza que olvidó que no sabía nadar y comenzó a hundir a Adrien en un intento por mantenerse a flote.

-¡Este idiota! - gritó Marat pero tenía a Carlota y como ella no reaccionaba, suspiró profundo.

-Perdóname por esto - susurró y se arrojó con ella. Nada más sentir el agua, Carlota despertó.

-¡Tennant, sujétame! - continuó Marat y dejó a Carlota a un lado - ¡Idiota, harás que me ahogue, cálmate!
-¿Qué hiciste, Marat? ¡Esto es asqueroso! - reclamó Carlota y vio al otro forcejear y darle un puñetazo a Tennant Lutz, que ante aquello, se volvió dócil y pronto pudieron sacarlo del agua.

-¡Por Dios, la policía otra vez! - se lamentó la joven.

-Siamo all'angolo di Priuli Ai Cavalletti, di fronte al Canale di Canareggio, vicino alla Fondamenta Venier - mencionó una oficial en su radio y los miró inquisitivamente.

-Se tratta di un incidente, signorina
-¿Qué?
-Was it an accident?
-Do you speak french?
-Claro ¿Esto fue un accidente?
-Creo que sí.

Carlota se sentía confundida.

-Nuestro amigo Tennant resbaló en el puente y saltamos por él - declaró Marat y los demás optaron por seguirle la corriente.
-¿Los tres?
-Tennant no sabe nadar.

Adrien se echó al piso a carcajear.

-Mi hermano es autista - añadió Carlota.
-No sé bien que pasó aquí pero su amigo Tennant está sangrando.
-Fue mi culpa, me asusté y Marat no pudo hacer otra cosa - concluyó Tennant y por la vergüenza se separó de ellos para ir al hotel.

-Bueno, si su amigo no tuvo otro problema, supongo que los dejo ir.
-Gracias, oficial.
-Esto es una advertencia, la próxima vez los llevo a la comisaría.

Carlota y Marat pasaron saliva y levantaron a Adrien, mismo que los siguió sin controlarse.

Mientras tanto, Tennant Lutz entraba al hotel a toda prisa y Ricardo lo topaba en la escalera.

-¿Qué te ocurrió?
-Nada - dijo el chico y se precipitó en su habitación para darse una ducha. Poco después, Carlota y los demás llegaron a la recepción.

-¿Qué rayos les pasó?
-Adrien se arrojó por el puente, señor.
-¿Disculpe, Marat?
-Tennant fue por él pero no sabía que no puede nadar y me arrojé para salvarlo con Carlota...
-¿Qué está diciendo?
-Ah... Me tiré con Carlota.
-¡Maldito imbécil!
-¡Papá! - se interpuso Carlota.
-Ella se durmió y no la pude despertar, no quise dejarla en el puente.
-¿Quiere que lo mate, señor Safin?
-¿Qué habría hecho?
-Pedir ayuda a cualquiera ¡Carlota, ve a asearte! Adrien, no vuelves a salir solo y usted señor Safin...
-Lo siento mucho.

Carlota iba ascendiendo las escaleras cuando vio como Ricardo, fuera de sí, golpeó a Marat en la cara. Asustada y llorando, tomó un baño, pensando que tenía la culpa: "¿Por qué me dormí?" intentaba contestarse y de pronto, se arrepintió de reclamar por caer en el canal. Al finalizar su arreglo, se topó con que su padre estaba en el pasillo.

-Carlota ¿por qué te fuiste con Marat sin avisar?
-Te dije que me iría de paseo.
-Te pedí que me esperaras.
-No te escuché.
-No es excusa.
-Papá...
-No tienes disculpa.
-Golpeaste a Marat.
-Te puso en peligro.
-¡Salvó a Tennant!
-¿Por qué te dormiste?
-Estaba agotada, creo.
-¿Viste cuando supuestamente Adrien se aventó al canal?
-No.
-Entonces Marat no tiene coartada.
-¿Le preguntaste a Adrien?
-Sabes que tu hermano no lo haría.
-¿Y que hay de Tennant? ¡Él te podría contar todo!
-Carlota, estás castigada.
-¿Ahora por qué?
-¿Por qué nunca prestas atención?
-¿Perdón?
-¡Te sales sin permiso, te pones en riesgo y encima defiendes al señor Safin!
-¿Cuándo hice eso?
-¡Te colocaste frente a mí cuando reclamé!
-¡Y tú lo golpeaste después!
-¡Estuviste en riesgo por su culpa!
-¡Ni siquiera sé que pasó!
-Ahora te queda claro que no prestas atención.
-¡Papá, pregúntale a Adrien y a Tennant!
-Me basta y sobra con lo que vi cuando llegaron.

Carlota iba a insistirle a su padre cuando Marat pasó frente a ella con su maleta y sin pronunciar palabra.

-¡Marat, espera!
-Él ya se va y tú harías bien en quedarte en tu cuarto.
-¡Marat, no salgas!
-¡Basta Carlota! El señor Safin se marcha y tú te quedas.
-¡Nos ayudó en Mónaco, papá!
-Y te arrojó al canal ¿imaginas que habría pasado si no te despiertas?
-¡Me habría sostenido!
-No entiendes, como siempre.
-Gracias a él, estamos aquí.
-Estuviste en peligro.
-¡Suéltame!
-No te permito ir tras él.
-¡Marat salvó a Tennant!

Carlota miró a su padre y éste la sostuvo firmemente hasta que ella, invadida por una furia contenida dejó escapar un "eres un idiota, papá", desarmándolo en automático.

-Carlota...
-No me vuelvas a hablar.

Ella se soltó y corrió gritando "¡Marat, Marat!" por toda la calle.

Mientras tanto, Tennant se intrigó por el alboroto y luego de ver a la joven Liukin por la ventana, bajó de inmediato a la recepción.

-¿Por qué Carlota se fue?
-Por Marat.
-¿Es un chiste?
-No.
-¿Por qué no va a detenerla?
-Carlota dijo que Marat te rescató y no le creí. Tennant ¿qué pasó en el canal?
-Adrien se lanzó al agua y yo detrás de él.
-¿Adrien?
-Marat llevaba a Carlota así que quise ayudar pero jamás aprendí a nadar y él acabó rescatándome.
-¿Por qué no dejó a Carlota en el puente?
-Ella estaba dormida ¿qué habría hecho usted?
-Cualquier cosa, menos arriesgar a mi hija.
-Entonces ¿por qué está sola mientras va por Marat?

Ricardo se quedó pasmado. Tennant tenía razón y si repasaba las cosas con detenimiento, no era la primera vez. En Mónaco y en París, posiblemente en Hammersmith y por supuesto, en Tell no Tales, Carlota iba detrás de alguien: Edwin Bonheur, Joubert Bessette, Sergei Trankov, Guillaume Cizeron.... Marat Safin.

-¿Se va a quedar ahí? - cuestionó Tennant.
-Cometí un error con Carlota.
-Aun está a tiempo de alcanzarlos.
-El error de siempre.
-Tiene que retractarse.
-Carlota me perdonará ¿verdad?
-La disculpa no es con ella y usted lo sabe.
-Recuérdame reprender a Adrien cuando resuelva esto.

Tennant asentó y contempló a Ricardo salir a prisa, no sin seguirlo y prever que Carlota se hallaría la mar de enfadada y no concedería a su padre ni el beneficio de la duda.

Mientras tanto, Marat se aproximaba a la estación de tren de Santa Lucía, no muy lejos del hotel. A Carlota le sorprendía lo veloz de su paso, orillándola a correr. Si preguntan por qué Marat no atravesó un espejo, fue porque no tenía la costumbre y de todas formas, él había salido de aquella dimensión sin la intención de volver.

-¡Marat, espera!
-¡Tuve suficiente!
-¡Fue mi culpa, Marat! Si no me hubiera dormido...
-¡No se trata de ti, Carlota!
-Papá te hirió, perdón.
-¿No crees que ya hiciste demasiado? Regresa con tu padre.
-¿Hice qué?
-Traerme a Venecia, gracias.
-Marat, me hiciste un favor, lo quise compensar.
-Fue divertido, adiós y gracias.
-¡Marat!
-Sé lo que intentas pero tu padre me echó.
-¡No es justo!
-Él tiene razón, te arriesgué a lo inútil.
-¡Tennant y Adrien saben qué pasó!
-Obedece a tu padre.
-Marat, confío en ti.
-Pero él no.
-Te estoy apoyando, yo te creo.
-Carlota, le importas demasiado a tu padre.
-¡Eso no es cierto!
-¿No te das cuenta? Adrien se arroja por un puente y reacciona como si lo esperara, le dices que rescaté a Tennant y tampoco se asusta; le digo cualquier cosa de ti y enseguida salta como una bestia.
-Marat....
-Estoy molesto pero entiendo. Ciao.

Carlota se quedó sin habla y extendió su mano para evitar que él se fuera sin lograrlo. Cuando Ricardo llegó, la chica lloraba como una fuente y al igual que en Hammersmith, estaba postrada sobre sus rodillas. Tennant la incorporó y le abrazó en el acto.

-¡Señor Safin! - clamó Ricardo y el otro se detuvo, dándose cuenta de que ocurría detrás.

-Esto ni siquiera es por nosotros.
-¿Qué habría hecho en el puente?
-Carlota estaría en el piso, después correría por ella. Si lo nota, la dejaría sola.
-¿Cree que debí decidirlo así?
-No por qué igual estaría angustiado.
-Me voy, señor Liukin.
-Carlota vino por usted a causa mía; ambos estamos siendo orgullosos y la única que llora es ella.

Marat entendió de golpe. Ricardo se disculpaba, no por él ni por sus acciones, sino porque Carlota era un motivo demasiado fuerte. Se había equivocado por ella y ahora tenía que hacer acopio de voluntad para resarcirlo.

-De acuerdo, pero es por Carlota.
-Gracias.

Carlota Liukin oyó lo último y se acercó a Marat para apretarlo mucho. Ricardo en cambio, supo que tendría que doblegar el esfuerzo. No había escuchado a su propia hija otra vez pero la cuerda estaba a nada de romperse.

-Perdóname - le susurró y ella eligió caminar de vuelta, sosteniendo la mano de Marat y sin voltear a ver a su padre.

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