domingo, 20 de agosto de 2017

El descanso en Burano: La fiesta de espuma


Llegó el sábado y los Liukin se reunieron a las once de la mañana en la Fondamenta San Mauro para dar su propio paseo por Burano. Adrien y Marat habían ido de pesca temprano y por ello, a nadie sorprendió que llegaran con cierto retraso y en el caso del niño, Ricardo tuviera que acompañarlo para ayudarlo a vestirse apropiadamente.

-¡Marat sabe atrapar peces grandes! ¡Marat sacó un rombo! - gritaba el niño sin cesar y se oía por toda la calle mientras el aludido saludaba a los demás y contaba como había sostenido un enorme pez con un sólo brazo. Mientras Yuko, Miguel y Tennant comentaban que nunca podrían hacer lo mismo, Carlota apartaba su mirada y prefería cruzarse de brazos, manteniendo un rostro serio que Marat no conocía. Aprovechando esa circunstancia, Tennant Lutz cambió de tema pronto y le preguntó si iría con ellos al Museo di Merletto, recibiendo la negativa por respuesta.

-¿Qué has planeado?
-Tengo una cita.
-¿A dónde vas a ir?
-A Torcello, parece que hay un buen bar.
-Es una lástima que ni Carlota ni yo podamos acompañarte ¿Irás con una chica?
-Sí, una muy agradable.
-¿Cuándo la conociste?
-Ayer.
-Estuviste con Carlota todo el día.
-Fue en el restaurante en el que estuvimos.
-Ya me extrañaba que no te acercaras a nadie, suerte.

La joven Liukin fingió que no le interesaba y comenzó a hablar con Yuko de cualquier cosa hasta que Andreas decidió adelantarse y lo siguió sin más. Ella sólo hizo un gesto de despedida a Marat.

-Andreas, no te separes de mí.
-Ya vas a empezar.
-¿Qué?
-Carlota eres odiosa, además no vengo contigo.
-Pero vamos a estar juntos.
-Si cierras la boca, tal vez diga que me acompañas.
-¡No seas grosero!
-Si no fuera por Ricardo no iba contigo a ningún lado. Qué bueno que Marat puede irse y dejarte sola.

Carlota no agregó palabra y cabizbaja continuó a paso lento un buen tramo, cuando Miguel y Tennant le dieron alcance. Con este último no quería estar.

-Tennant, quiero que sepas que no te queda ser un cretino.
-¿Ahora qué hice?
-¡No te vuelvas a acercar a Marat!
-¿Qué te pasa?
-¡Nunca me hables!

Carlota siguió su camino hasta que su padre se reunió con ella y lo tomó del brazo, calmándose y con disposición de disfrutar el paseo. Miguel únicamente la miraba con la convicción de que algo andaba mal mientras ella aprovechaba para releer el volante que le había arrebatado a Tennant el día anterior, queriendo entenderle algo más allá de las palabras "Mazzorbo", nombre de la isla a escasos minutos de Burano y por la que se podía cruzar a pie por un puente al oeste y "festa" cuyo lógica traducción es fiesta. Los chicos que promocionaban el evento continuaban recorriendo las calles con sus maracas y aros y pronto los Liukin coincidieron con ellos en la Piazza Galuppi, deteniendo uno a Carlota.

-A mezzanotte! - le dijo señalando el papel y ella lo guardó, pensando que si veía a Marat y este no se hallaba ocupado, le preguntaría de qué se trataba.

-Cuando volvamos a Venecia recuérdenme que en Burano hay gente más extraña - comentó Ricardo y Miguel expresaría estar de acuerdo, sobretodo cuando al ingresar al Museo di Merletto, los demás comenzaron a tratar al niño Adrien como si fuera a quebrarse igual al cristal porque algo estaba fuera de lugar.

-La única ventaja es que Adrien no paga - susurró Andreas y Carlota se dedicó a mirar la exposición sin especial interés. Yuko quería acompañarla pero Miguel Ángel se le adelantó para evitar que la tentación por el teléfono la invadiera y de paso, saber si podía ayudarla.

-Hola Miguel.
-¿Se encuentra bien?
-Sí, un poco distraída.
-¿Le gusta este lugar?
-Los encajes son tan bonitos ¿Crees que deba comprar más hilo para hacer los míos?
-Puedo conseguirle varios en alguna mercería ¿Quiere venir?
-Tal vez luego.
-¿Todo bien?
-Sí, sólo esperaba un mensaje.
-El señor Safin ya aparecerá, no se preocupe.
-No, no creo que me llame ¿Cómo sabes que pensaba en el?
-No fue muy cortés con Tennant, señorita.
-Ah, por eso.
-¿Le está pasando algo?
-Es que Marat se fue con alguien que no conozco.
-Puedo buscarlo.
-No es necesario.
-No dude en pedirme que vaya si presiente que algo anda mal.
-Gracias Miguel.

Carlota suspiró con alivio y Miguel volvió a su sitio junto a Tennant, que a ese punto sonreía como si se librara de algo.

-¿Irías por Marat? ¿En serio, Miguel?
-Basta que lo diga la señorita Liukin.
-Él puede hacer lo que quiera, es un adulto.
-Está preocupada.
-Pero lo que Marat decide no le incumbe y a ti tampoco.
-Y lo que Carlota desea tampoco te importa.
-Te equivocas, a mí si me interesa.
-Ella tiene razón, no te queda ser cretino.
-Y a los dos se les olvida que Marat se va el lunes.

Tennant había ganado la discusión y la razón también. Carlota no podía apegarse a un chico que, siendo honestos, sólo había sido de valiosa ayuda y posiblemente nunca cumpliría su promesa de visitarlos en diciembre.

-Carlota defendió a Marat - señaló Yuko a riesgo de ser inoportuna.
-¿Cómo lo supiste?
-Me lo contó Adrien.
-Eso no cambia las cosas, él ya se va.

Yuko calculó que Carlota también había oído y era la primera consciente de las circunstancias cuando esta se adelantó de nuevo para ver ropa antigua en una sala aledaña y se resistía a sacar del bolso su teléfono, repitiéndose que al final del día todo estaría bien. El museo no era muy grande y Ricardo Liukin no tardó en verlo todo junto a Adrien y Andreas, a quiénes les daba igual la exposición, divirtiéndose a costa de la apariencia de Tennant y su nueva actitud de sabelotodo, que desde Mónaco lo tenía instalado en un pedestal por los demás y que ni así impresionaba a Carlota, que daba por concluida la estancia en el museo cuando su padre anunció que la siguiente escala familiar sería la "Casa di Bepi", sitio altamente recomendado para hacer un alto y disfrutar de las fachadas coloridas. Al salir de nuevo a la calle, volvieron a toparse con el grupo que difundía la fiesta de Mazzorbo y los siguieron a la Via Baldassare Galuppi, que según el mapa debía llevarlos a la Calle Daffan, en donde, por mera mala suerte, se toparon con una gran cantidad de turistas, todos formados para tomarse la foto  y que no permitían el paso. Los Liukin eligieron esperar bajo la sombra de un árbol y Carlota creyó ver pronto a Marat pasando cerca. Los demás no le dirigían la palabra.

23:00, Hotel Mazzini.

Los Liukin habían recorrido Burano entera en escasas horas y luego de asolearse buscando licores originales, habían pasado el resto del día jugando en la alberca, viendo el anochecer inclusive. Carlota se había divertido mucho nadando con sus hermanos y ahora se daba cuenta de que no quería dormirse. Cuidándose de que Yuko no la viera, ella disfrutaba asomarse a la calle solitaria y distinguió a Marat arribando al hotel. El chico estaba solo y se topó con que no podía entrar debido a que, por el horario de atención, había un candado puesto del otro lado de la puerta.

-Hola - saludó él volteando hacia arriba.
-Puedes subir hasta acá.
-Se darían cuenta, comparto cuarto con Tennant.
-¿Dónde estuviste?
-En Torcello y navegué por ahí.
-¿Por ahí?
-Sí, nada especial.
-¿No estuviste en esta isla?
-En ningún momento.
-¿No eras tú el que vi en Casa di Bepi?
-Fui a Jessolo.
-¿Dónde?
-Creo que me confundiste.
-Eso debió ser.
-¿Por qué no estás durmiendo?
-Quería asegurarme de que estuvieras bien.
-Gracias.
-Oye, hay algo que quisiera saber.
-¿Qué?
-Ayer le quite esto a Tennant ¿Qué es?

Carlota fabricó una pelota de papel y la lanzó a Marat, que después de atraparla, la extendió y la leyó un par de veces para traducirla bien.

-"Gran fiesta de espuma en Mazzorbo a mezzanotte"
-¿Qué dijiste al final?
-A medianoche, perdón.
-¿Cuándo es?
-Mañana en una hora.
-Voy a ir.
-¡No!
-Ya estás afuera, espérame.
-¡Carlota estás loca!
-Sólo me pongo los zapatos.
-No te voy a llevar.
-Contigo o sin ti iré a Mazzorbo ¡es una fiesta de espuma!
-¿No tienes idea, verdad? Vas a acabar mínimo empapada y resfriada.
-¿Tú has ido a una?
-Sí, un par de veces... ¡Oye, no cambies esta plática!
-Sosténme.
-¡Tu padre me va a matar!
-Prometo que llegaremos temprano.
-¿Por qué quieres ir a una fiesta?
-¿Me vas a seguir o qué?
-No entiendo qué estás haciendo.
-Me lo debes.
-¿Qué demonios?
-Te fuiste sin mí a quien sabe dónde.
-Porque puedo.
-¡No conocías a tu cita!
-Hace una semana no sabía quien eras tú.
-Eso fue diferente.
-¿Estás enojada porque me fui con una persona que tuvo el detalle de invitarme?
-Qué fingió que te golpearon.
-¿Tienes pruebas?
-No ¡pero sé que fue así!
-Carlota, vuelve a tu cuarto.
-Voy a irme sin ti, tal vez sea más entretenido.
-¡Carlota te voy a regresar!
-¡Cállate Marat!
-¡Por lo menos quítate las trenzas, pareces una niña y no te dejarán entrar!

Carlota Liukin respondió tomando rumbo por Fondamenta San Mauro y Via Marcello, en donde se podía llegar al puente de Mazzorbo. Marat sabía que no estaba frente a un desplante común y supo que la chica estaba dispuesta a todo con tal de que le permitieran el acceso puesto que volvía a soltar su cabello y pintaba sus párpados con azul oscuro. Con sandalias, bolso, blazer, blusa con estampado de flamecos y short de mezclilla, podía ser probable que la joven causara confusiones y en su interior, lo único que buscaba era llamar la atención de Marat, porque lo más seguro era que no volviera a verlo una vez terminadas esas pequeñas vacaciones y anhelaba pasar con él cuánto tiempo se pudiera y agradecerle en todo momento por lo sucedido en Montecarlo.

El puente a Mazzorbo era muy largo y varias personas transitaban por él. De acuerdo al croquis de la invitación, la Strada del Cimitero y la Fondamenta di Santa Caterina conducían a la Fondamenta Mazzorbo y a un gran terreno detrás de unos trigales; para no tener problemas de admisión, había que pagar una cuota de 10€.

-¡Carlota, no vayas rápido! - exclamaba Marat cuando los adornos flourescentes aparecieron en las cabezas de quienes se presumía, asistirían al mismo lugar. Carlota recibió una corona de plástico amarilla y Marat un brazalete en rojo y había guías indicando por dónde llegar más rápido, aunque la chica prefería seguir las instrucciones del volante.

A mitad del puente, ella se detuvo un momento. El agua estaba calmada y hacía un poco de frío, tal vez llovería un poco y luego de revisar el reloj, se dio prisa. El cruce a Mazzorbo no era seguro de noche y recordar de pronto que Geronimo advertía sobre la mafia la intimidó un poco; sin embargo, la vibra en aquella isla era relajante y al descender, no dudó en correr con Marat hasta lo que parecía un gran parque arbolado en el que se reunía una multitud. Había gente de Venecia, Murano y otras islas de la laguna, los infaltables turistas, invitados desde Mestre y Jessolo y un nutrido grupo de veinteañeros ingleses que repartían lo que Marat distinguió como piercings también fosforescentes. Carlota no tardó en recibir el suyo mientras le cobraban la entrada y lo examinó antes de guardarlo en su bolsa.

-No lo saques de ahí - dijo Marat.
-¿Por qué?
-¿Te parece bien si me encargo de las bebidas y todo eso?
-Bueno.
-¿Quieres un jugo?
-Estaría bien, gracias.

Carlota volvió a sujetar su cabello y decidió brincar en el pasto, como siempre que se preparaba para bailar. Ya había algo de música y la espuma sería lanzada desde unas máquinas que estaban a los costados. Había aerosoles, fuentes, palmeras y albercas de plástico, aros para jugar hula hula, lentes de cartón y un gran surtido de juguetes como pelotas, delfines inflables y pistolas de agua. La fiesta de espuma era en realidad un rave en el que lo mejor para sobrevivir era mantenerse alejado de la multitud cuanto se pudiera.

-Conseguí naranjada con granadina.
-¿No había otra cosa?
-Agua.
-Qué buena bebida me trajiste.
-¿Verdad?
-Tú tienes cerveza.
-Sólo una.
-Marat ¿crees que suban el volumen?
-Nada más que pase la primera hora.
-¿Sirven canapés?
-Algunos.
-¿Qué tienes?
-A las dos de la mañana nos vamos.
-¿Qué?
-¿No entiendes en qué te metiste?

Carlota hizo gesto de extrañeza y el flashback de la fiesta en Jamal le llegó de golpe, sólo que en esta ocasión no iba a correr. Inhibiéndose un poco, dio unos sorbos a su bebida y comenzó a menear su cabeza para entrar en ambiente.

-Ya van a tirar la espuma ¿nos acercamos?
-Bueno, pero quiero mi delfín.
-¿Para qué?
-No me ganarías en una pelea de inflables.
-No te separes de mí.
-Claro que no, Marat.
-Y no hables con nadie.
-Hecho.
-Vamos.

Carlota y Marat se acercaron a la creciente muchedumbre y el volumen de la música aumentó considerablemente, volviendo difícil que se escucharan entre sí. Pronto, la espuma comenzó a caer por todas partes y la gente bailaba frenética mientras el dj cambiaba de ritmo con frecuencia.

"Hasta ese tipo está drogado" pensó Marat y tomó a Carlota de las manos para que nadie intentara arrastrarla al remolino que se formaba ocasionalmente cuando la música ska invadía una mezcla sin sentido. La chica batallaba con sus zapatos llenos de pasto cuando alguien le echó espuma en la cara. Marat no contuvo la risa.

-Me aventaron crema batida ¡está pegajosa!
-¿Quieres limpiarte la cara?
-No te burles.
-¡No te la comas!
-Está dulcísima, sabe a fresa.
-Te acompaño, vamos.

Carlota tuvo que dirigirse a la fuente inflable del lugar y enjuagaba su rostro conteniendo su resistencia al agua veneciana cuando se sintió muy eufórica. Quiso ignorarlo pero inició una pequeña guerra de globos rellenos de agua y sin saber por qué lo hacía, comenzó a tomar jugo de uva de otra mini fuente con frecuencia.

Marat pensaba que Carlota se estaba tornando rara y la sostuvo un momento, notando que sus pupilas se dilataban un poco más de lo normal. Él también comenzó a experimentar un fuerte golpe de energía y entonces notó que los aerosoles de crema batida eran los responsables.

-Nos dieron algo.
-¿Qué dices?
-Carlota, estamos dopados, vámonos.
-Me siento muy bien.
-Yo... Igual.

A los dos los dominó una gran alegría y utilizaron lo que encontraban en la alberca como aros y collares. En un momento dado, alguien levantó a Carlota en hombros y ella se puso su corona fluorescente además de gritar algo que por el ruido no se escuchó. Poco más tarde, la chica resbaló y cayó en una alberca de pelotas, desatando una nueva batalla campal que contagió a la multitud. Los inflables volaban con generosidad y Marat no tardó en obtener el dichoso delfín que ella quería y un flamenco rosa neón de gran tamaño.

La dosis que Carlota había consumido con el merengue había terminado su efecto en una hora. Luego de recibir en mano su delfín, la chica permaneció sentada junto a una fuente de chocolate sintiendo un gran cansancio y pronto se me acercó un mesero con una piña colada que no dudó en aceptar.

-¿Eso tiene alcohol? - le preguntó Marat.
-Parece que no.
-Menos mal.
-¿Qué pasó?
-Nos drogaron, Carlota.
-¿Con qué?
-La crema.
-¿Eso se puede?
-Parece que sí.
-Te guardé una pelota.
-¡Oye! Me diste en la ceja.
-Jajajaja, perdón.
-¿Te vas a dormir?
-Me dan ganas pero tengo mucho calor.
-Te pediré otra bebida.
-Una de color azul.
-Esas tienen vodka.
-Otra piña colada.
-Hecho.

Marat se fue a una barra junto a una bocina inservible y luego de ordenar un par de jugos, observó a Carlota abriendo una botella que la salpicó de espuma.

-¿Qué haces? - le gritó y se acercó, constatando que un par de copas yacían en el pasto y ella las llenaba con champagne.

-¿De dónde sacaste esto?
-De una mesa aquí atrás, nadie las ha tomado.
-Deja eso, traje tu jugo.
-¿No quieres brindar?
-Con esto no.
-Marat....
-Nos tenemos que ir.
-Lo sé.
-Acabas tu vaso y volvemos al hotel.

Carlota asumió que él estaba enfadado y tomó su piña colada velozmente pero al levantarse, eligió llevarse el champagne para no desperdiciarlo.

El camino rumbo al puente estaba desierto y ambos se quedaron sentados en la orilla que estaba junto, viendo a lo lejos a la guardia nocturna y las luces de las islas cercanas. Burano se veía muy oscura.

-¿Trajiste el champagne?
-Los Liukin jamás tiramos el vino.
-Tampoco los Safin.
-Te vas el lunes, Marat.
-Debo reportarme en entrenamientos.
-Quiero brindar por ti.
-¿Por qué?
-Has sido la persona que más nos ha ayudado en estos meses. Sacaste a papá de prisión, te peleaste por mí, pagaste las cuentas....
-Eso no lo hice.
-¿Y todo lo que me invitaste?
-No te fijes en eso.
-No sé cómo devolverte el favor.

Marat abrazó a Carlota y accedió a tomarse la copa.

-Hay que volver a Burano.
-Iré descalza.
-¿De verdad?
-Mis pies son un asco ¿Qué hora es?
-Dos de la mañana.
-¡No es cierto!
-Vámonos.

Carlota siguió a Marat por el puente pero al estar agotada se sentó a mitad del mismo y él la imitó, no sin antes dar un gran trago a la botella.

-En Jamal hice casi lo mismo.
-¿Por eso conociste a Tennant?
-En parte.... Me tiré un martini encima después de asaltar la maleta de mamá; todo porque me retó una rubia tonta que era amiga de Joubert.
-¿Te castigaron?
-No pero no había ido a ninguna fiesta desde ese día.
-No te creo.
-Hubo una en Tell no Tales pero con papá y mis hermanos.
-Oh, entiendo.
-Dame eso.
-¡No lo tomes!
-Está rico.
-El alcohol no nos hará bien.
-¿Qué habrán echado a los aerosoles?
-No lo sé.
-¡No me avientes burbujas!
-¿No te gustan?
-Prefiero las del champagne.

Carlota bebió un gran trago y bailó enseguida. El volumen era tan alto en Mazzorbo que aun se escuchaba la música y como ella no quería volver al hotel, se quedó hasta que Marat acabó el contenido de la botella y le lanzara más pompas de jabón que reventaban enseguida.

-Creo que ya fue mucho, señorita Carlota.
-No hables como Miguel, por favor.
-¿Por qué te llama así?
-No tengo idea pero me auxilia mucho.
-Se nota.
-Últimamente no lo ha hecho tanto pero si necesito algo lo consigue enseguida.
-Lo dejamos así.
-Mejor.
-Pero vámonos aunque no quieras.
-Gracias por traerme, Marat.

Carlota caminó de la mano de él hasta Burano. De vuelta en la Via Marcello, él notó que había otra fiesta en un local de dos plantas y cómo no estaba tan concurrida, el organizador hacía entrar a los que encontraba y prácticamente apeló a la compasión de la chica que no tuvo corazón para rechazarlo.

-¿A qué hora volveremos?
-En un ratito.
-No pongas cara de súplica.
-Marat...
-Quince minutos.
-De acuerdo.

Los dos ingresaron a un lugar iluminado con luz negra en donde la escasa concurrencia bailaba con mucho entusiasmo y al igual que en Mazzorbo, se repartían accesorios fluorescentes.

-Me dieron una corona rosa.
-¿Otra?
-¿Y a ti?
-Un aro.
-Genial.
-¿Tienes sed?

Como Carlota asentara, él pidió un par de jugos que se tornaban azules y rojos cuando les añadían un colorante y algo de jarabe de maíz. Los popotes con sus caprichosas formas brillaban y segura de que no volvería a toparse con un dopante, ella tomó un bote de palomitas.

-¿Quieres bailar?
-¿No estabas cansada después de que alocaste en la alberca de pelotas?
-Sólo mueve la cabeza.
-Bien.
-¿Por qué te ríes?
-No lo sé ¿Porque tú lo haces?

Claro que Carlota y Marat no se quedaron el cuarto de hora pactado. Las canciones eran bastante buenas para ignorarse y se las sabían todas mientras brincaban para divertirse. Avanzaba la noche y el sitio empezó a llenarse de aquellos que iban buscando más calma luego de que la fiesta en Mazzorbo se saliera de control y llegaran los carabineri a terminarla.

-Caímos en un buen lugar - comentó Marat y continuaron las horas pasando hasta que salió con Carlota al despuntar el alba. Hambrientos, empapados aun, risueños, cantando y con hambre, terminaron afuera de una pizzería que nunca cerraba, tomando asiento en el borde de un canal de la Fondamenta San Mauro.

-¿Diavola o cipolline?
-¿Qué?
-¿Pizza picante o de cebolla?
-Picante.
-Lo sabía.
-¿Perdón?
-Sólo compré picante.
-Le falta salsa tabasco.
-¿Comes eso?
-Algo pero de todas formas me caso con esta pizza.
-Tú te casas con toda la comida.
-Es la mejor que he probado, sí se nota que estoy en Italia.
-Me divertí mucho.
-Igual yo.
-Ahora sí tenemos que regresar.
-Gracias, Marat.

Carlota estrechó al chico y besó su mejilla, incorporándose luego y corriendo al hotel Mazzini, en donde la recepcionista los vio con sorpresa mientras abría y le hacían la seña de guardar silencio. La joven Liukin entró a su habitación por la ventana y enseguida se cubrió con las sábanas hasta la cabeza, despistando a Yuko que iba despertando y a su padre, que abría para dar los buenos días.

-¿Durmieron bien?
-Sí papá.
-Tennant me dijo que el señor Safin acaba de llegar.
-¿Tan rápido?
-¿Perdón, Carlota?
-Nada, es que pasó todo el sábado afuera.
-Al parecer viene de una gran fiesta.
-Iré a saludarlo más tarde.
-Bueno, las espero para desayunar.
-No nos tardamos
-Nos vemos en el lobby.

Ricardo cerró y Carlota corrió a darse una ducha, aliviada de que no la hubieran descubierto. Tenía cierto dolor de cabeza y ocupó gran cantidad de dentífrico y enjuague bucal para despojarse del sabor a alcohol y pizza. De la ropa se encargaría luego, de todas formas olía al jabón de la espuma y las manchas azules se quitaban con simple agua.

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