"Disastro!" y "Un giorno maledetto" fueron los títulos con los que la prensa italiana llamó a lo ocurrido en Tell no Tales y hasta a Ricardo Liukin se le olvidó el castigo que le pondría a Carlota por haber perseguido a Marat por los canales. Corriendo, fue por ella y por Adrien a la escuela y se reunieron con Andreas en un bar de San Polo, viendo prácticamente en directo como se derrumbaba un edificio en Avenida Katsalapov durante una urgente evacuación.
-"Un tsunami y un sismo de grado siete se han suscitado a las nueve horas locales, siete de la mañana hora italiana, hay mucha confusión y gente corriendo. Hasta el momento se registra este colapso y uno en la calle Fontan, también se observó una explosión en el canal St. Michel que está arrasando dos vecindarios en estos momentos" - exponía una reportera intentando no asustarse con la multitud.
-Marchelier y Nanterre - susurró Ricardo.
-"Hay madres preguntando por sus hijos, no hay teléfono ni luz; parece que hay gente atrapada detrás de mí" - continuaba la mujer y entonces, Carlota Liukin echó a llorar, compartiendo la impotencia de no poder hacer nada.
Quizás por ello, los días que siguieron fueron monótonos. El consulado de Tell no Tales había logrado contactar a Ely, la tía de Carlota y ella relataba que faltaban fondos gubernamentales además del drástico desabasto de productos indispensables mientras los Liukin permanecían en el hotel Florida y no comentaban al respecto.
Sin embargo, cuando Carlota oyó que se habilitaban donativos en Italia, tomó la decisión de juntar dinero y después de ceder su mesada, caminó por la ciudad haciendo retratos y dibujos a 1€, juntando luego de una semana una cantidad decorosa que depositó en la cuenta de beneficiencia, esperando que realmente pudiera ayudar a alguien. También envió cobijas y peluches que le pertenecían junto con mensajes de aliento y en la escuela, el profesor Scarpa tuvo el detalle de organizar una pequeña colecta que le valió el reconocimiento del alumnado.
Pero cuando en las noticias apareció la nota con la euforia por el concurso de Miss Nouvelle Réunion, Carlota detuvo su esfuerzo y sintió un alivio momentáneo y espontáneo. Cuando se dio cuenta, estaba en el vaporetto equivocado y bajó en el barrio de Dorsoduro, frente a una calle grande que llegaba a San Polo. Pensando que haría bien en caminar por ahí, comenzó a dar un paseo y a tomar fotografías cuando notó que la gente se metía a los bares o a sus casas a toda prisa, dejando todo desierto. En los balcones colgaban banderas negriverdes con motivos naranjas y un poco asustada, aceleró el paso hasta que ni una incauta alma hizo ruido. Confundida, Carlota Liukin se introdujo a un bacarí con la intención de que le dejaran llamar a su padre y se topó con que no había asientos ni manera de acercarse a la barra. Quedando junto a una columna, notó que el televisor estaba en lo alto y el anuncio de un juego por la Copa d'Italia hizo que todo tuviera sentido. Era día de calcio y el Venezia se jugaba la eliminatoria contra el Chievo Verona de local, con buenas posibilidades de acceder a una siguiente ronda.
-Forza Spallatti, forza Neri! Venezia vincerà! - exclamaba un hombre con boina y a su alrededor, la gente portaba playeras blancas y bufandas del equipo mientras una mesera iba y venía con charolas de ciccheti, es decir, bocadillos, pinchos, tapas o como el lector guste llamarles. La cerveza y el vino blanco también corrían con regularidad y en un momento dado, Carlota descubrió a Tennant en un extremo del lugar, igual de entusiasmado que los demás ¿acaso era hincha del Venezia y nadie lo sabía? Para su sorpresa, así era y también llevaba un emblema consigo mientras comentaba que su jugador favorito, un tal Giovanni Marini, lo había llevado a enamorarse del club mientras perdía su tiempo viviendo en Jamal.
-Algo bueno debías tener - murmuró Carlota y alguien, viéndola con su vestido blanco, le colgó una bufanda y le puso un jugo de naranja enfrente. A fin de cuentas, la creían una de ellos.
Conteniendo la aversión por la bebida, la joven vio cómo iniciaba el partido. El estadio, en el que apenas cabían siete mil personas, registraba un lleno y era tan pequeño que daba cierta lástima verlo, sobretodo porque esa misma noche y por el mismo torneo se presentarían Juventus y AC Milan y el estadio San Siro era un coloso imponente tapizado de rojo con una pantalla gigante. Incluso, la propia casa del Chievo impresionaba en comparación.
-Forza Damiani! - gritó la mesera y los comensales recordaban que el mediocampista del equipo había sido novio de aquella mujer que tomaba asiento sobre la barra y se atrevía a descansar al momento de darse el silbatazo inicial.
-Rayos, me dio hambre - dijo Carlota y tomó la carta, buscando lo más barato, pero, al igual que con el jugo, alguien ordenó directo con el dueño del local y frente a la chica se colocó un plato de tradicionales ciccheti de sarde in saor, es decir, pinchos de sardinas con vinagre y piñones. Desconcertada, Carlota volteó a todos lados, descubriendo a un hombre de cabello oscuro, cejas pobladas y ligeramente encorvado que parecía brindar con ella. La botella que ese desconocido consumía era de un alcohol fuerte y cristalino de elaboración local y a esas alturas era claro que su intención era ponerse ebrio.
-Giampero es un buen hombre - dijo la sonriente mesera y Carlota inhibió su apetito de golpe.
-"Montella atraviesa el campo desde el costado izquierdo, encuentra a Voronin ¡perfecto pase a N'dour y Damiani manda el tiro justo al lado de la portería! Once minutos y Venezia y Chievo empatan sin goles"
-Cuando perdonas al rival y terminas en ceros, que te eliminen durante la vuelta en casa es casi dogma de fe - le comentó Giampero a Carlota y ella volvió a observar el televisor, constatando que el árbitro le robaba un penal claro al Venezia luego de que un defensor del Chievo pateara casi en el pecho a Neri. Los insultos en el bar subían de tono.
-"¡No puede ser! ¡Un segundo penal que no se marca! ¡Baronesi del Chievo le ha metido el brazo a un disparo de Spallatti en el área! ¡Nos están atracando!"- expresaba furioso el comentarista y, segura de que el asunto se pondría peor, Carlota dio un trago a su jugo. Cuando el reloj marcó veinte minutos jugados, el Chievo recibió un tiro libre y se anotó el primer gol frente al desconcierto de la defensa y el portero del Venezia.
-Te dije - escuchó decir la joven a Giampero y este finalmente bebió de golpe media botella de licor, quedando dormido sobre su mesa. Carlota comprendió que era momento de irse y salió a tomar el aire luego de dejar unos 3€ con la mesera en pago y tratar inútilmente de llamar al hotel Florida. En Venecia, la gente no sacrificaba una tarde de fútbol.
Comenzando a caminar rumbo a San Polo, Carlota pensó mucho en aquél hombre. Estaba segura de haberlo visto antes, quizás en una calle o en Rialto, siempre con un licor en la mano.
El Venezia continuaba perdiendo cuando Carlota decidió que iría junto al canal. Por fuerza, algún vaporetto debía llevar personas a Cannaregio o San Marco pero luego de recorrer un gran tramo, constató que, en efecto, nadie estaba trabajando e incluso, en el Gran Canale no se paraban ni las moscas. Los trabajadores del servicio de transporte contemplaban el juego desde sus oficinas junto a las taquillas y pronto, vio llegar al hermano de la infortunada Elena Martelli, mismo que arrastraba a Giampero hasta los asientos de la estación para recostarlo.
-¿Otra vez se bebió el salario? - dijo un hombre calvo.
-Si Vittorio lo ve, le quitan el trabajo.
-Giampero puede venir acá, siempre se necesita alguien que limpie los botes.
-"¿Vittorio?" - pensó Carlota y entonces recordó. Vittorio y Giampero eran los buzos que habían sacado a Elena Martelli del canal; o más bien Vittorio era el que la había reconocido y Giampero el que la sostenía aquella mañana tan triste. Desde el retorno de Burano, Carlota había visto a Giampero en Cannaregio, alistándose un par de veces para sumegirse durante las cotidianas inspecciones nocturnas y claro, en Rialto como suponía, bebiendo alcohol al mediodía.
-Aun se acuerda de la ex mujer - siguió bromeando el hombre calvo y descubrió a Carlota de pie, cerca de la orilla.
-No hay servicio.
-Lo sé.
-¿Qué haces aquí, niña?
-Estaba juntando dinero, señor.
-¿Para qué?
-Los damnificados de Tell no Tales.
-Veo que traes el bote ¿conseguiste mucho?
-No he contado.
El hombre calvo estaba a punto de decir de algo cuando Giampero exclamó "Oye, Dario ¿no es la niña de la que te hablaba Elena? Me debe algunas monedas"
Carlota entonces volteó hacia al joven Martelli, sintiendo que el rostro se le ponía rojizo.
-Es la que siempre vemos en la Fondamenta Cannaregio.
La chica pasó saliva y Giampero la observó cuidadosamente.
-Estabas vestida de rojo.
-¿Qué, disculpe?
-Cuando encontramos a Elena.
-Me está asustando.
-Hey, Dario ¿tu hermana también usaba abrigos rojos?
Carlota Liukin sintió frío y creyó que lo mejor era buscar otra parada del vaporetto y contarle a su padre lo que había ocurrido. En aquel instante, Giampero se incorporó y se introdujo en la oficina, prefiriendo ver el partido, cuyo segundo tiempo iniciaba y desconcertada por perder tanto tiempo, la joven dio media vuelta.
-¿Dónde vas? - preguntó Dario Martelli.
-A casa.
-Te llevo.
-No, gracias.
-Las calles se vaciaron, no es seguro.
-¿No verás el juego? - Carlota sonaba a la defensiva.
-Siempre tengo un radio.
-No lo conozco.
-Puedes quedarte aquí.
Carlota respiró aliviada y se colocó en un asiento junto a un bote, a la espera de que el servicio reanudara. El plan de ir a otro lugar quedó descartado pero la curiosidad la inquietó: ¿A Elena Martelli le había dado tiempo de notarla y conversar sobre ella? ¿Cómo sabía Dario Martelli que era ella y no otra? ¿Por eso la había observado tanto en el vaporetto de Burano a Venecia? Parecía una broma negra, casi a la espera de una siguiente víctima.
-Cuando recogí a Elena en San Marco, te señaló y dijo que estabas con un tal Safin. Más bien, lo reconoció a él.
Un fuerte latido angustió a Carlota.
-Elena lo vio en un torneo de Roma, mi mamá guardó una pelota que le autografió.
-Qué pequeño es el mundo.
-Les sacó una carta del Tarot, a mí me dio risa pero lo hacía con todos.
-¿Cuál fue?
-"Los enamorados"
"Lionetta dijo lo mismo" - recordó ella.
-Elena era muy fantasiosa, esas cartas nunca me han gustado.
-A nadie.
-¿Ves a Giampero? A mí hermana le salió el disparate de predecir que se casaría con él si pasaba de su onceavo cumpleaños.
-No era un buen futuro.
-Aunque lo habría preferido ¿sabes?
Carlota no respondió, sólo imaginó a Elena un momento soportando a ese borracho que de seguro sería un hombre viejo en poco tiempo.
-Giampero es un buen tipo, sólo le gusta beber de vez en cuando.
-De diario.
-Lo corrieron del Venezia cuando no quiso irse. Era un ave de la lateral izquierda.
-¿Ave?
-Porque corría muy rápido y por su costado no pasaba nadie.
-¿Qué pasó?
-Vino gente del Hellas Verona a contratarlo, le ofrecieron un millón al año, lo pensó y aceptó. Le fue bien y creímos que no regresaría pero el fútbol es un capricho.
-¿Lo despidieron?
-Un día cambiaron al técnico y Giampero volvió a jugar en el Venezia, nunca lo buscaron de otros lados y el equipo quiso enviarlo con la filial, él se negó y lo congelaron, luego le entregaron sus cosas y el fútbol se acabó. Suerte que los canales no le dan miedo, aprendió a bucear y eso aquí es un empleo más o menos bueno. Lo hace por seguir en un bacari de Dorsoduro con la gente, hay quien lo aprecia todavía. Si Giampero no habla de calcio, se bebe hasta la garrafa del vino de cocina.
-Pero me habló de fútbol y de todas formas está ebrio.
-Es porque juega el Venezia y ya sabe el resultado.
-También lo mencionó.
Los gritos de enojo se escuchaban por doquier.
-Elena vio cuando la mujer de Giampero se fue - agregó Dario Martelli - Quizás mi hermana sintió compasión y por eso sacó esa idea tonta.
Carlota sonrió un poco y giró su cabeza hacia Giampero, intentando entender a Elena. El tipo no parecía malencarado ni agresivo.
-¿Dónde estaba él cuando Elena....? - la chica se arrepintió en el acto de su imprudencia.
-¿Giampero? En este lugar ¿por qué?
-Es que creí...
-¿Qué insinúas?
-Disculpa, es que cualquiera puede ser sospechoso....
-¡Fuera de aquí!
-Perdón, de verdad.
-¡Vete!
-Lo lamento mucho.
Los gritos de Dario Martelli llamaron la atención de sus amigos y Giampero Boccherini entendió que la charla giraba alrededor de él. Risueño y tambaleante, se levantó de la silla y se aproximó a ambos.
-¿Cuál es el problema?
-Ella ya se va.
-¿Que no ves que se puede perder?
-La siguiente parada está a unos minutos caminando junto al agua.
-Oye, no seas tan agresivo con la niña.
-¡Habló de mi hermana!
-Seguro fue un accidente.
-Cree que eres culpable.
-No es la primera mujer que me toma por idiota.
-Giampero ¿qué haces?
-La llevo a su casa para que su presencia no te fastidie.
-¡No estás bien!
-Voy a vomitar encima de ella si quieres venganza.
Carlota sintió como Giampero sujetaba su muñeca izquierda y la jalaba en dirección al Rio San Polo, en franco camino a Cannaregio. Como ir a pie era cansado, sólo bastó con que él asomara la cabeza a otro bacarí para que le prestaran una góndola y al igual que Dario Martelli, un radio para enterarse de que ocurría con el juego.
-No voy a subir a esa góndola contigo - señaló Carlota temerosa.
-¿Por Elena?
-Porque tomaste mucho.
-No es lo peor que te puede ocurrir en Venecia.
-Todo está bien mientras no me ahogue en el canal.
Giampero suspiró profundo y se oyó por la radio que al Venezia le anulaban un gol válido y continuaba cayendo de local uno a cero.
-Vamos a perder, siempre lo supe - se lamentó él y se sentó en un borde. Carlota, desconcertada, se ubicó junto a él.
-Dario de seguro te perdona mañana.
-Lamento sospechar de ti.
-Siempre le dije a esa niña que soy un mal negocio; su madre golpeó mi ojo cuando el forense le dijo que se ahogó en perfume.
-¿No fue en el canal?
-Estaba llena de Poivre de Caron, el fiscal dice que vale mil dólares la onza; no podría pagar eso sin morir de hambre.
-Es espeluznante.
-Yo también sospecharía de mí.
-¿Por qué?
-El perfume de Elena olía igual que mi licor; nunca pensé que un aroma pudiera sobrevivir a esta agua podrida.
Carlota pronto supo que Giampero estaba triste.
-Quien la mató conocía sus rutas, su horario, puedo apostar que también memorizó mi cara.
Carlota se sentía incómoda.
-La policía me interrogó cuatro días y en el trabajo me acusan, por eso me quedo en Dorsoduro. De hablar del Venezia también se vive.
El partido culminaba cuando las luces del alumbrado se encendieron una a una y el ocaso comenzó a verse por la ciudad, anunciando que los días se volvían más cortos.
-"¡Chievo Verona ha eliminado al Venezia de la Copa d'Italia! ¡Escandaloso el arbitraje, una vergüenza el papel de los defensores! ¡Un robo!"
-Dogma de fe.
-¿Por qué bebes?
-Me gusta.
-¿Cómo?
-La sangre se me aligera y me llega a la cabeza, pasan unas horas y cuando estoy allá abajo - señalando el agua - todo se ve más claro. La noche que saqué a Elena, yo no había bebido ni agua mineral.
-¿De verdad?
-Fue un día muy pesado y el anterior el médico me advirtió que algo me creció y se encapsuló en la cabeza. De repente me sentí feliz de la salud de mi hígado.
Carlota no supo bien la causa, pero tal frase le causó risa.
-Soy como el Venezia: todas las zonas buenas nunca son la importante; quizás por eso no sorprende que el lateral izquierdo sea cumplidor hacia el frente, lo que quieren es que nadie salte su línea.
-¿Te dijeron cuánto te queda?
-Podría ser un tipo normal si ese tumor no crece. Es inoperable, está justo en el medio.
Ella recordó entonces a la madre de Joubert, enferma sin salida que había logrado verse rozagante.
-¿Alguien más lo sabe?
-La gente del bacarí de Dorsoduro, los camaradas del vaporetto, mis amigos de Rialto, los que estarán el día que muera.
Carlota Liukin intuyó que Giampero Boccherini viviría bastante pero también tuvo certeza, como si recibiera un susurro, que Elena Martelli había sido la primera en enterarse de lo que sucedía con él y no por sus cartas.
-A Dario no le gusta verte con tu padre.
-Lo suponía.
-Más bien, le entristece mucho verte con tus hermanos y tu padre dándote abrazos cuando sales de la escuela. Los lunes le toca la ruta de Venecia - Burano y se siente más tranquilo.
-Comprendo.
-En realidad le incomodan todas las niñas pero como Elena dijo que estabas con uno de los tipos de sus pósters, dudo que te olvide.
-Lamento haber pensado mal de ti.
-Malo que me creyeras bueno.
-Estoy segura de que Elena se habría comprometido contigo.
-Ese destino habría sido mejor.
-Su hermano dijo algo parecido.
-Elena pasó por mi puerta el día que me divorcié. Eso debió hacerle sentir lástima.
Carlota procedió entonces a pensar en aquél crimen, en ese rostro sonriente que transmitía tanto desconcierto y calma y si lo que Giampero le contaba era cierto, con toda seguridad Elena Martelli había tenido a ese hombre en su mente.
-"El Venezia ha sido eliminado de la Copa D'Italia por marcador de uno a cero, sólo resta recordarle que el sábado transmitiremos el juego de visita contra el Triestina en el arranque de la Serie B. Hasta luego" - se oyó por la radio y Giampero tomó un trago más de alcohol cuando Carlota decidió entrar al bacarí a hacer una llamada para que su padre la recogiera y de paso comer algunos cicchetti para no llegar al hotel a cenar algo más pesado. A Giampero Boccherini no le dirigiría la palabra después.
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