No fue sorpredente que Maurizio Leoncavallo enfermara de náuseas durante su sesión de entrenamiento y ese lunes por la mañana batallaba con un fuerte mareo mientras su estómago amenazaba con rebelarse. Luego de pasar revisión en la enfermería, llamó a Carlota Liukin para suspender su entrenamiento vespertino y se escuchaba tan mal que Ricardo Liukin se compadeció, decidió ir por él al club de hielo y en lugar de llevarlo a su casa, lo metió a una habitación en el hotel Florida para que sacara aquello que le hacía daño. Maeva Nicholas reía nerviosa.
-¿Qué le ocurre? - preguntó la mujer a pesar de saberlo.
-Le apliqué el remedio Liukin contra los nervios - replicó Ricardo.
-¿Cuál es?
-Un golpe seco en la boca del estómago. Infalible.
-Me gusta.
-Maurizio se sentirá bien en un rato más... ¿Quieres que prepare arroz?
-¿No tienes que volver al trabajo?
-Estoy cuidando a un amigo.
-¿De verdad?
-Lo que tiene Maurizio es una confusión.
-¿Cuál es la causa?
-Algo que no hizo.
-¿Cómo lo sabes?
-Su cuerpo lo rechaza fácilmente.
Ricardo no cerró la puerta del cuarto aquel y fue con Maeva a la cocina sin preocuparse gran cosa. Por otro lado, Carlota Liukin había llegado al hotel con varios litros de suero y la acompañaba Morgan Loussier, que simulaba interés sincero y en su lugar, se había imaginado un arrepentimiento de Maurizio Leoncavallo por erotizar a su hermana.
-Suena muy enfermo - advirtió Morgan.
-Pobre Maurizio ¿crees que se le pase?
-Mañana estará sano.
-El que va a morir es Tennant.
-No lo conozco.
-Es un... Es adoptado.
-Hermano tuyo.
-Maurizio está ocupando su baño.
Morgan carcajeó al instante y depositó la caja de suero junto a una cama pequeña. En aquel instante, el agotado Maurizio salió de su lugar y se recostó con enorme cansancio.
-Te trajimos bebidas - declaró Carlota.
-Se ve terrible - saludó Morgan y su entrenador apenas los miró luego de cubrirse con las sábanas y llorar en silencio.
-Te dejamos solo. Si quieres algo... Descansa - terminó la chica y se dio la media vuelta junto a su compañero. Ricardo los llamaba para que lo ayudaran con la comida y de paso vigilar a Morgan, que se sentía como en jardín de niños por tener que obedecer.
En esa tarde libre, los Liukin aprovecharon para hacer varias cosas: ir a la lavandería, limpiar sus habitaciones, ordenar sus documentos, realizar llamadas y pagar algunas cuentas. Todo lo veía Maurizio desde la cama y su dolor en el cuerpo que no le permitía dormir, preguntándose si de verdad se trataba de una familia como cualquier otra. A los Liukin les habían pasado tantas cosas y se habían rodeado de personas tan conocidas que era revelador saber que se trataba de siete individuos con jerarquía clara y rutinas aburridas, que lo mismo reían juntos de una tontería como un tropiezo o jugaban un poco rudo mientras se recriminaban los apodos. Adrien Liukin era "Nosferatu", Andreas Liukin "cabeza de dona" y Carlota Liukin, bueno, era una "cucaracha" y cada que se lo decían, ella respondía dando un golpe en el antebrazo sin importar quien fuera y exclamando "cállate". Por otro lado, Yuko Inoue, Miguel Ángel Louvier y Ricardo Liukin carecían de apelativos, lo que aumentaba el contraste con Tennant Lutz, a quien llamaban "idiota" con cierto afecto y que se podía percibir como el menos apreciado al mismo tiempo.
-Voy a revisar mis patines - anunció Carlota Liukin luego de acomodar un cesto con ropa limpia en su cuarto y tomar su bolsa de peluche rosa. A Maurizio Leoncavallo le sorprendió que ella entrara a visitarlo y se sentara en el suelo, recargándose en el colchón y dándole la espalda, aunque volteaba a verlo con una gran sonrisa.
-¿Cómo sigues, Maurizio?
-Me duele todo.
-Lo imaginé ¿Bebiste mucho?
-No.
-Tal vez comiste muchos cicchetti.
-Tengo hambre desde ayer.
-¿En serio?
-Carlota ¿por qué dejas que te digan "cucaracha"?
-Así me llevo con el "cabeza de dona".
-¿Quién?
-Andreas, es que le gustan mucho las donas.
-¿Cómo lo notaste?
-Va por una caja una vez por semana y está prohibido tocarla. Siempre lo acompaño.
-¿Por qué?
-Porque alguien tiene que comerse la dona de limón. Esa no le gusta a nadie pero no se desperdicia.
-Tu familia y los cítricos no se llevan bien.
-No.
-Yo no sé qué compra Katarina ni qué le da por comer.
-¿De verdad?
-Me enteré de que le agradan los bolsos negros porque mi primo me lo dijo. Propuse regalarle uno a Katy este año porque me acordé.
-Estás todos los días con ella, algo debes saber.
-Me hace reír.
-Katarina debe conocerte bien.
Carlota aplicaba abundante crema a sus patines y los cubría con cinta adhesiva. De paso, revisaba si tenía marcador blanco.
-¿Limpias tus patines, Carlota?
-Les pasé un poco de jabón hace rato pero como no hubo quien fuera a la lavandería, los dejé. Tengo remordimientos.
-¿Katarina te enseñó?
-La vi hacerlo ayer, antes de que se fuera a Nueva York.
-Le mostré ese truco cuando era niña.
-Lo aprendió bien.
-Carlota ¿puedo sugerirte algo?
-Sí.
-Tállalos como si no hubiera mañana.
-¿Funciona?
-Házlo así para quitarles todas las marcas.
-Oh, gracias.
-Te ayudaré.
-¿Seguro?
-No le digas a Katy.
-¿Por qué?
-Se enfadaría, es celosa.
-¿Por qué no fuiste con ella a Nueva York?
Maurizio suspiró luego de sujetar un botín de Carlota.
-Karin sabe qué hacer, es bailarina.
-¿Y tú?
-Katarina no me entendió.
-¿Es la primera vez que les pasa?
-No recuerdo otra pelea.
-¿Están enojados?
-Ella nunca me ha contradicho.
-Pero no la conoces.
-¿Qué música oyen tus hermanos?
-Andreas ama cosas como Def Leppard y Skid Row; Adrien oye bossa nova y samba.
-¿Qué?
-Tennant es súper fan de unos tal Blur y a Miguel le gusta el piano.
-¿Cómo te diste cuenta?
-Los escucho escogiendo discos todo el tiempo.
-Ni siquiera eso sé de Katarina.
-¿Por qué?
-Con ella me limito a hablar de patinaje y últimamente de mi boda.
-¿Antes?
-Cuando viví en Moscú, ella me decía que prefería que yo hablara. Sé cosas. Katarina no tuvo novio hasta que conoció a Miguel y nunca ha podido hacer amigas. Alucina los gelati pero los come porque cree que yo lo haría.
-¿No le gustan los helados?
-No pero le hacen pensar que puede compartirlos conmigo así que compra dos cuando estamos juntos. Si está sola, ni de chiste.
-Te quiere mucho.
-Le tengo miedo.
Carlota miró a Maurizio como si le sorprendiera estar de acuerdo con él y decidió no añadir comentarios; si acaso un "vuelvo en un momento" antes de salir de prisa. Se notaba que ese comentario no le había caído bien.
Maurizio empezaba a sentir que había sido demasiado confiado cuando pasó Andreas Liukin a la habitación junto con un plato de sopa de cebolla. El chico inclusive tenía la atención de acomodarle la almohada.
-¿Y Carlota?
-En un momento viene, recibió correo.
-Dejó sus patines aquí.
-Yo me encargo.
-Dile que los asée por ella.
-A mi hermana le quedan más brillantes.
-¿En serio?
-Todo le sale mejor que a cualquiera, excepto cocinar.
-¿No sabe?
-Si un día te ofrece un sándwich, dile que no.
Andreas parecía vigilar que Maurizio comiera.
-Temo vomitar.
-No lo harás, te aplicaron un remedio Liukin.
-¿Sirve?
-Mañana serás un tipo nuevo.
-Eso espero, tengo que trabajar.
-Carlota me dijo que estás atrasado.
-¿Ella te cuenta todo?
-Claro que no.
-Andreas ¿puedo preguntarte qué sientes por Carlota?
-¿Qué cosa?
-¿Amas a Carlota? ¿La quieres? ¿La estimas?
-Es mi mejor amiga.
-No se nota.
-La cucaracha me cubre así que yo hago lo mismo por ella.
-¿Te ayuda a ocultarle cosas a tu padre?
-Si le quieres decir así. Si alguien distrae bien a Ricardo es su "niñita".
-¿Qué ha hecho por ti?
-Ha inventado que hay bichos, me ha sacado por las ventanas, dice que la acompaño de compras y una vez se aventó enfrente de mis padres para hacerles creer que se cayó y se lastimó.
-¿Y tú por ella?
-La escondía de mamá cuando iba a patinar en Tell no Tales y a veces con sus novios pero dan mucho trabajo.
-¿Carlota es noviera?
-¿No se nota, verdad?
-Sabía de Marat y de un tal Joubert.
-No conociste a Edwin, ni a Guillaume. De Trankov ni hablamos.
-¿Tantos?
-Edwin no cuenta pero fue su primer amor, Guillaume es gay; Trankov... Bueno, lo conoces.
Maurizio Leoncavallo se sorprendió mucho. Era como ver a Carlota transformarse en otra persona.
-¿Nunca has escondido algo de Katarina? - preguntó Andreas.
-Una vez me comí una pasta que no le gustó.
-Algo de verdad, como un examen reprobado.
-Yo estaba en otro país cuando tuvo problemas en la escuela.
-¿Cuáles?
-No se adaptó, creo.
-¿Nunca te habló de eso?
-No le gusta que conversemos sobre lo que hace.
-Empieza a preguntarle.
Andreas no escondía que aquella escena le era extraña y al ver a Tennant llegar, lo hizo pasar.
-Estás a cargo.
-¿Qué?... ¿Por qué hay alguien en mi cuarto?
-Nos fastidies, Tennant.
-¿Por qué nadie me avisó?
-No te importa, idiota.
Tennant reconoció a Maurizio y supuso que debía verlo terminarse el plato. Al igual que Carlota, tomó lugar en el piso pero recargándose en la pared y viendo de frente.
-Perdona, Tennant - dijo Maurizio sin dejar de comer.
-Lo siento, vengo cansado.
-El señor Liukin iba a darme su habitación pero Maeva llegó.
-Dormiré con Miguel.
-Te compensaré.
-Déjalo así ¿Carlota trajo esa caja? Apuesto a que son sueros de mora.
-Ganaste.
-Son sus favoritos.
-¿Por qué lo supiste?
-Yo se los sugerí, luego le gustaron.
-¿Cómo la conociste?
-¿Por qué te interesa?
-Será que me da curiosidad. Entre ustedes se saben muchas cosas.
-No tantas.
-Oí que eres adoptado.
-A veces me llaman de esa manera; el resto del tiempo soy un idiota.
-¿Cómo llegaste con los Liukin?
-Me encontré a Carlota en un tren y no me despegué.
-¿De dónde vienes?
-De Jamal en Tell no Tales.
-¿Tienes más familia?
-Mis padres y mis hermanos.
-¿Por qué no estás con ellos?
-Dos están en prisión; mis hermanos por ahí.
-Perdona.
-Hace mucho que no veo a Emma ni a Stuart.
-¿Quiénes?
-Miguel es más mi hermano que mi hermano.
-No he podido hablar con él.
-¿Por Katarina?
-Justamente.
-Miguel puede ser muy serio y de pronto parecer mi papá.
-¿Es como el señor Liukin?
-Sin las locuras pero sí.
-¿Por qué le llamas "papá"?
-¿A Ricardo? No lo he pensado pero sin él no habría venido a esta ciudad.
-Dile que golpea fuerte.
-No es necesario, ya pasé por eso.
-¿Te aplicó el remedio Liukin, Tennant?
-¡Ja ja ja! Eso explica tu cara ¿Qué hiciste?
-Estuve tenso.
-Carlota dijo que te enfermaste ayer.
-Sólo no me sentí bien.
-Nos contaron que no te despediste de Katarina en el aeropuerto.
-¿Quién?
-Papá y Miguel.
-Le dije adiós antes. Comienzo a pensar que enviarla con Karin fue una mala idea.
-Esa si fue una sorpresa.
Tennant no sabía qué agregar y Maurizio ya le había prestado atención así que fingió leer un mensaje para al fin irse. Miguel charlaba con Andreas en el pasillo y Carlota revisaba sus cartas cuando a Ricardo Liukin se le ocurrió anunciar que después de un gran retraso, había arroz para todos y la comida/cena sería en la azotea del hotel, porque el aroma era fuerte.
-Señor Leoncavallo ¿cómo sigue? - consultó al pasar.
-Mejor, muchas gracias.
-Morgan se fue hace rato, sólo pasó a ver si usted estaba bien.
-Lo noté.
-¿Terminó la sopa?
-Ahora entiendo por qué sus hijos la adoran.
-Vamos por arroz.
-¿Más comida para mí?
-Será fuerte mañana, vamos.
Maurizio se levantó con inesperada energía y se dejó guiar por unas escaleras de madera vieja. A diferencia del piso en el que los Liukin se hospedaban, en los otros tres restantes había paredes descascaradas, fuertes olores a sal y humedad y escasos turistas que rara vez se dejaban ver en otros niveles.
-¿Le gusta este agujero, señor Leoncavallo? - rió Ricardo al abrir la puerta y se descubriera una parrilla, sillas y una Maeva Nicholas que no decidía entre abandonar el fuego o beber algo de jugo.
-Bienvenido al restaurante Liukin, único lugar en Venecia en el que se come de primera con invitación personal. Tome asiento, Leoncavallo, esto va por cuenta nuestra.
Maurizio eligió un lugar en el centro y vio llegar al resto de la familia, uno a uno, cada uno situándose en un punto fijo, con esa inquebrantable jerarquía que los hacía funcionar de alguna manera porque se notaba que era nueva y algunos no estaban de acuerdo. Carlota siempre estaba al lado de su padre; sorprendentemente Yuko Inoue parecía parte de la autoridad; luego Miguel y Andreas Liukin, Adrien al lado izquierdo de su hermana pero con cierta distancia y Tennant aun más lejos. Era como ver una asamblea desorganizada de algún grupo disidente improvisado. Maeva se colocaba detrás del líder, quedando claro que tenía cierta preferencia.
-¿Les molesta un plato un poco quemado? No me importa - confesó Ricardo y con ayuda de Maeva, sirvió un arroz similar al que había probado en Gentile Bellini, con una capa de camarón encima. Los chicos parecían encantados y compartían sus vasos de jugo de pera mientras se establecía una plática en la que Miguel relataba haber sacado restos de comida y una bolsa enorme de desperdicios del Gran Canale, así como la consistencia de sopa de ostión del contenido. Todos carcajeaban luego de imaginárselo y mientras daban ejemplos de lo más repugnante que se podía hallar en las profundidades, Ricardo se aproximó a su invitado. Los demás, salvo Maeva, no se fijaban en ellos.
-Arroz sin mariscos para que no recaigas.
-Gracias, señor Liukin.
-Llámame Ricardo.
-Qué bien, me gusta tutear.
-Maurizio, ten confianza.
-Me voy a sentir avergonzado.
-¿Qué va? Cumpliste la regla de molestar a Tennant.
-¿Qué tienen en su contra?
-Intentamos corregir su bocaza. No es fácil.
-¿Cómo ayudé?
-Entraste a su habitación, con eso te tendrá resentimiento unos dos días.
Maurizio sonrió y consumió un poco de arroz, asombrándose por el sabor fuerte pero agradable.
-Debió quedar un poco más seco. Lo mejoraré enseguida - agregó Ricardo y observó fijamente a un Maurizio que se abstenía de decir "¿qué?"
-Le preguntaste a mis hijos sobre cómo se llevan ¿puedo conocer el motivo? - consultó Ricardo y Maurizio bajó la cabeza.
-Quise saber cómo actúa Carlota con sus hermanos, es todo.
-¿Problemas con Katarina?
-Sí.
-¿Tiene que ver con el viaje a Nueva York?
-¿Fui tan obvio?
-Es una sorpresa.
-No estoy seguro de esa decisión.
-¿Nunca la has dejado sola?
-Jamás le había dicho que no.
-¿Qué te puso tan nervioso?
Maurizio apartó el arroz y Ricardo lo hizo mirar a la calle.
-Una amiga me visitó ayer y no fue algo que quiera recordar.
-¿Tan malo?
-Me ha hecho dudar sobre mi papel de hermano, Ricardo.
-Rayos...
-No toqué a mi hermana, lo juro.
-¿De qué hablas?
-La idea me ha causado asco desde ayer.
-¿Qué te dijo tu amiga?
-¿Puedo reservármelo?
-Claro.
-Es sólo que me he puesto a pensar si realmente conozco a mi hermana.
-¿Sabes qué comida le gusta, su color favorito, tiene mascotas?
-No, no y sí.
-¿En serio?
-Le regalé un sapo.
-Que Carlota no lo sepa, por favor. No quieres que se asuste y te mate de risa.
-Jajaja. A Katarina le dan miedo las cadenas.
-Qué extraño.
-Trabajó como asistente de un mago y no pudo quitarse una que le rodeaba el cuello en un acto con agua.
-Ahora tiene lógica.
-Pero sé muy poco de ella. La escuela nunca le gustó, no me enteré si al menos estimaba una clase o un maestro le caía mal. Escucha música todo el tiempo y no me he detenido a curiosear ¿Alergias? Desconozco si tiene alguna. No me detenía a pensarlo.
-Se arregla con una charla.
-Katarina y yo sólo hablamos de prácticas y cómo puede ganarle a Sasha Cohen. Cuando mucho, me pregunta por Karin.
-¿Por qué la dejas?
-A mi hermana no le gusta hablar de sus cosas... Mis padres tampoco saben mucho.
-No te ofendas pero tu primo la conoce mejor.
-¿Maragaglio? La investigó. No le rompí la cara, me la debe.
-No es eso. Él la cuida.
-También yo.
-¿Te sientes obligado?
-Ahora no pero yo era lo único que Katarina tenía.
-Creo que eres un buen hombre, Maurizio. Tu dilema no es si eres hermano o no; tu dilema es si quieres separarte.
-¿Qué quiere decir?
-Te sientes culpable... Como hermano menor, puedo decir algunas cosas.
Maurizio se apartó un poco más y Ricardo Liukin fue franco:
-Ser el mayor es un fastidio; al diablo.
-No es tan malo, Ricardo.
-Te haces cargo de las idioteces de los más pequeños y cuando quieres respirar, te asfixian. Si no sales corriendo, ellos se van trepando sobre ti.
-¿A dónde quiere llegar?
-Mi hermano Lorenzo es diez años mayor que yo y vaya que le di trabajo.
-¿En serio?
-Mi padre se fue. A los once años ¿quién tiene carácter para estar al pendiente de un bebé?
-Nadie, creo.
-Le arruinaba la vida a ese buen muchacho.
-¿Cómo?
-Nada de fiestas ni chicas, sin descanso porque tenía que trabajar y llevarme al colegio... Él no tenía que hacerlo pero era el encargado.
-No llegué a tanto.
-Lorenzo escapó cuando se dio cuenta de que su vida no era la mía. Me dolió pero entendí. Ahora tengo tres hijos y aunque Andreas no tiene muchas responsabilidades, sé que hay razón en molestarse por ocultar o reparar los ridículos de Carlota y Adrien.
-¿Perdón?
-Los tres piensan que no me entero. Andreas tiene una exhibición de surf de la que no me quiere decir. Lo planearon todo. Carlota me distrae con lo del viaje a París mientras Andreas pide permiso de pasar la noche en casa de su novia para presentarse en Lido el sábado temprano y Adrien aprovecha para pedirme dinero que seguramente le daré porque mi ánimo no será el mejor.
-¿Qué tiene que ver conmigo?
-Que estoy seguro de que has actuado igual que mis hijos alguna vez.
-No lo recuerdo.
-Bien ¿Cuántos años le llevas a Katarina?
-Ocho.
-¿Por qué te fuiste a Moscú, Maurizio? Carlota me dijo.
-Entrenar.
-¿Nada más?
-En Italia no había clubes como ahora.
-¿En dónde aprendiste a patinar?
-En el Agorà Milano.
-¿Cuándo te impusieron a Katarina? Apuesto a que inició con "lleva a tu hermana un rato y si le gusta la metemos a un grupo".
-Sonó a mi madre.
-Muy inocente el discurso. Es un sucio truco.
-A los trece.
-Esperaba otra edad.
-Los niños le daban miedo a Katarina así que yo la llevé de la mano.
-¿Cuándo tuvo el primer problema en la escuela?
-A los nueve.
-¿Con qué salió el angelito?
-Se puso a llorar en un examen oral de ciencias y se cubrió con el suéter luego de quedarse en un rincón.
-¿Qué hicieron tus padres?
-La llevaron a Agorà y me encargaron verla en su clase de ballet.
-¿Sólo la dejaron allí?
-Sí.
-¿Sucedió otra vez?
-Varias.
-¿Cuándo te hartó?
-¡No me molestaba!
-La verdad.
-Conocí a Jyri Cassavettes.
-¿Tu primera novia?
-No deseaba lastimar a Katarina diciéndole que amaba a una mujer.
-¿Por qué?
-Era una niña muy sensible. Cuando cumplí veinte, recibí la llamada de una entrenadora en Rusia que me ofreció una carrera y Katarina me hizo saber a mi regreso que la dejaron sola.
-¿Qué tan sola?
-Su entrenador de entonces era como su padre y mi primo me sustituyó. Me sentí culpable.
-Entiendo.
-Nadie quiere a Katarina en la familia.
-No es cierto, Maurizio.
-Mis padres nunca han sabido qué hacer con ella y los demás nunca han tratado a una mujer cercana. Usted nos vio, los Leoncavallo somos una familia de hombres y de repente ¿una niña? Si eran rudos, Katarina se escondía, si le exigían, se la pasaba disculpándose por fallar; los mimos la volvían gritona y las reglas estrictas la ponían triste. Sólo se llevaba bien con Jyri y supimos que le habría encantado tener una hermana.
-¿Tus padres no lo intentaron?
-No podían. Mi madre tenía cuarenta y cinco cuando nació Katy.
-¿Por qué no adoptaron?
-No sabría qué responder.
-¿Temes que Katarina vuelva estar sola?
-Seré ingrato. Gracias a ella, me volví entrenador, yo no tenía un centavo y me dio un contrato. Mis alumnos de danza llegaron porque Katarina les insistió; Carlota nunca habría aparecido en el club si mi hermana no hubiera sido generosa conmigo y me hubiese conseguido la plaza de head coach aquí en Venecia.... Me voy a casar, Karin tomará un tratamiento para volvernos padres lo más pronto posible y con la llegada de Shanetta y Morgan, estaré más ocupado que nunca.
-¿Buscas concentrarte en tu vida?
-Dejaré de ser el entrenador de Katarina cuando acabe la temporada.
-¿Se lo has dicho?
-Lo que sucedió ayer aceleró mi decisión.
-Ser el mayor es un fastidio.
-¿Ha charlado con su hermano, señor Liukin?
-Estamos acostumbrados a estar separados.
-Katarina no imagina que voy a romperle el corazón.
-Madurará.
-Tiene que olvidarme. Me dolerá obligarla a dejarme ir.
Ricardo Liukin le dio una palmada a Maurizio y al girar para volver con el grupo, halló a Carlota de pie, sonrojada y sin hacer ruido.
-¿Cuánto tiempo llevas ahí parada? - susurró Ricardo en su oído.
-¿Tal vez supe todo?
-Te voy a castigar.
-No.
-¿Cuál es tu excusa?
Carlota separó a su padre luego de asegurarse que el despistado Maurizio continuara sin saber qué ocurría a sus espaldas. El resto continuaba con su charla, ahora sobre películas de terror malas.
-¿Recuerdas que te dije que Katarina fue por un helado cuando Jyri se accidentó en ese sótano de los Leoncavallo? - murmuró la chica.
-Todavía lo tengo.
-Papá, algo anda mal.
-¿Por qué?
-Katarina no come helado.
-¿De dónde sacaste eso?
-Maurizio me lo platicó.
-¿Estás segura?
-Me di cuenta cuando mencionó a Jyri.
-¿Por qué te acercaste?
-Es que ...
-Si tienes respeto por Maurizio, volverás a tu lugar.
-¡A Katarina no le gusta el helado!
Ricardo tapó la boca de Carlota y la abrazó con fuerza.
-No lo digas, hija. No me hagas pensar lo que todos saben que no pasó - le sugirió y la hizo volver a su lugar. Maurizio Leoncavallo creyó que era una escena fraterna.