jueves, 6 de septiembre de 2018

Una revelación oscura


Domingo, 4 de noviembre de 2002. Murano, Italia. 3:00 a.m.

Luca Scarpa y su esposa no podían dormir luego de que ella sufriera un ataque de pánico y después de abrir la puerta de su habitación, él regresó a la cama a confortarla. Desde hacía días, el tema de Katarina Leoncavallo había rondado en la conversación entre los dos y finalmente él se atrevió a preguntar qué había ocurrido con aquella joven durante una competencia. Como él le contara sobre Carlota Liukin y su incidente en un torneo con aquella chica, la mujer decidió revelar lo sucedido nueve meses atrás.

-En Salt Lake nadie quería compartir habitación con Katarina y Barbara Fusar Poli dijo "bene, me quedo con ella", entonces yo iba a verla y todo normal. El día que compitió con Maurizio y él se cayó, Barbara lloró toda la noche y abiertamente me confesó que estaba harta de que le fallara.
-¿Katarina estaba ahí?
-No, nos habría matado. Se metió en muchos problemas por el hermano.
-¿Qué hizo?
-Katarina se peleó con Elena Sokolova porque saludó a Maurizio en un elevador, se hizo de palabras con Sasha Cohen por un favor que pidió y Marina Anissina la cacheteó porque le reclamó sobre un entrenamiento con él. Katarina no quería a nadie cerca de Maurizio y estaba imposible calmarla.
-¿En qué parte entras tú?
-Ay Luca... Cuando Katarina ganó su medalla, todos estábamos como en shock y Maurizio quiso festejarlo, lógicamente. Barbara me llama para decirme que en la Casa d'Italia en la villa olímpica iban a hacer fiesta y que fuera. Llegué tarde, como a las once de la noche y Katarina ya no estaba, se había ido a dormir y punto. Maurizio se quedó cantando y tontería y media; no sé cuánto tiempo pasó y se acabó la bebida. Barbara me dijo que en la habitación de Maurizio había una caja con botellas de vino y me ofrecí a ir porque todos se estaban divirtiendo. Me puse nerviosa pero subí por el ascensor, abrí, la caja estaba sobre un mueble pero tenía que pasar al tocador y cuando salgo, Maurizio sostenía a Katarina. Yo...
-Estoy aquí, calma.

La mujer ahogaba apenas sus sollozos e intentaba controlar su pánico apretando una pelota.

-Luca, nadie me creería.
-Yo sí.
-Es que me da asco ¿sabes?
-¿Qué presenciaste en ese cuarto?
-Por Dios, Luca. Casi me vuelvo loca de miedo por esto.
-Pero tienes que dar el paso, no podemos vivir despertando a cada hora porque tienes una pesadilla o sientes que estamos encerrados.
-Perdóname.
-Tampoco puedo salirme del trabajo porque te pusiste mal en el mercado o en un vaporetto.
-Es que te entiendo.
-Kati, tenemos que ponerle un alto a Katarina Leoncavallo ¡Va a destrozarle la vida a su hermano!
-No estoy segura de que sea capaz.
-Investigué y Katarina le ahuyenta a potenciales alumnas o las lastima. A Carlota Liukin le ha querido hacer daño y la amenazó; además, se hizo novia de uno de sus hermanos... Kati, reacciona. Esa arpía se está metiendo con una familia y son mis amigos.
-Ni tú quieres que lo vi sea verdad.
-Pero es mejor que seguir sufriendo. No voy a aguantar más.

Luca Scarpa se puso los zapatos y su esposa comprendió que él se iría a un hotel a pasar el resto de la madrugada.

-No te vayas.
-Mi paciencia se está agotando.
-Luca, tienes que comprender....
-¿Qué cosa?
-Esa mujer es peligrosa.
-Si no la detienes, con mayor razón me puedo ir.
-¡Luca!

El agotado hombre ajustó sus zapatos y se dispuso a marcharse a toda prisa. Su esposa lo siguió a la sala.

-¡Espera! No puedo estar sola ¡me siento muy asustada!
-Morgan te puede acompañar.
-No lo metas en esto.
-¡Tú no lo arriesgues con los Leoncavallo!
-Shanetta y Morgan vinieron a pasar unos días.
-Morgan no puede volver a Tell no Tales.
-¿Por qué no?
-Tu sobrino golpeó a su entrenador y lo echaron.
-No sé nada.
-¡Porque sólo me lo dijo a mí!
-¿Qué va a hacer ahora?
-Consiguió lugar con Maurizio Leoncavallo.
-¿Qué dices?
-Tienes que confiarme lo que sucedió en Salt Lake.
-¿Morgan va a entrenar con Katarina?
-La que más me preocupa es Shanetta. Esto no depende más de ti.

Kati Winkler Scarpa sentía que le faltaba el aire y corrió a la cocina a abrir una ventana y servirse un poco de jugo mientras su marido se aseguraba de que Morgan y Shanetta no estuviesen despiertos antes de tomar asiento junto a ella.

-No podemos gritar esta noche.
-Lo siento, Luca.
-Lamento presionarte, es que pienso en nosotros.
-No debí ir por ese vino.
-No podías saberlo.
-Lo sospechaba ¿sabes? ¡Todos lo sospechábamos!
-¿Qué Katarina Leoncavallo está mal de la cabeza?
-Que está enamorada de su hermano.

Luca Scarpa sacó un poco de ginebra y lo bebió de golpe.

-Kati, responde: ¿Maurizio lo sabe?
-Sí pero no lo admite.
-¿Cómo?
-Él la adora y odia que le insinúen lo que está ocurriendo. Ella lo abraza, lo besa, lo sorprende, lo aparta, juega con él y Maurizio no tiene el valor de separarla.
-¿Qué sabes al respecto?
-Él no quiere herirla ¡Katarina se moriría!
-No tiene sentido, él se va a casar.
-No pasará. Si su hermana se lo pide, se cancela.
-¿A tanto llegan?
-¡Ella me encerró porque los descubrí quitándose la ropa!

Luca Scarpa consumió otro trago mientras intentaba imaginar qué clase de hermanos eran esos dos.

-Salí del baño y Katarina se fingía ebria, Maurizio se reía de todo lo que le decía. Estaba completamente borracho.
-¿Estás segura?
-No quiero justificarlo pero se ahogaba en alcohol.
-¿Qué pasó ahí?
-Ella de repente le dijo que era un hombre muy guapo y que se casaría con él; Maurizio contestó que era una buena hermana y que fuera a dormir. Katarina preguntó si podían estar juntos y él no se negó, le dijo que ocupara la cama y que tenía una playera que podía usar de pijama.
-¿Por qué te quedaste tanto tiempo ahí dentro?
-No quería que se dieran cuenta. Yo iba a entrar otra vez al tocador cuando ella abrazó a Maurizio y lo besó cerca de la boca. Él la quiso quitar, te lo juro.
-Kati, respira.
-Vi que ella bajó el cierre de su vestido, luego comenzó a darle besos a su hermano en los oídos y en el cuello. Pensé que él iba a aventarla pero ella desabrochó su brassiere y Maurizio se encendió.
-¿Qué?
-Él la desnudó y ella le quitó la camisa. Me dieron náuseas.
-Eso es serio.
-Maurizio paró de golpe y empezó a carcajear, ella preguntó si estaba bien y oí algo como "Katarina, creo que bebimos demasiado. Te veo mañana". Pensé que había terminado pero ella se le colgó del cuello y le pidió que no se marchara.
-Dime que ese idiota reaccionó.
-Katarina le dijo que quería hacer el amor con él y Maurizio miró alrededor y le respondió que no porque es su hermana.

Luca Scarpa creyó que le dolían las sienes.

-¿Cómo te descubrieron, Kati?
-Grité.
-Por Dios.
-Ambos voltearon a verme y sólo pude pedir perdón. Maurizio dijo que ya se iba y corrió deprisa. Me salí y lo vi vomitando sobre unas plantas afuera del edificio.
-¿Qué hizo Katarina?
-Me fui de ahí a caminar, no sabía qué hacer; se me ocurrió volver a la fiesta y entonces Katarina me encontró cerca de unos autos y me sujetó por detrás, me metió un pañuelo a la boca y me puso cinta para que no lo escupiera, luego me ató las manos y me arrastró a un depósito de escobas para encerrarme. Quitó el foco y puso un trapo debajo de la puerta para dejarme a oscuras cuando amaneciera. Ese lugar era muy pequeño, no me podía mover y más de una vez pensé que me estaba asfixiando.
-¿Quién te encontró?
-El de la limpieza por la mañana.
-¿Por qué no me dijiste que Katarina Leoncavallo te quiso matar?
-¿Para qué? Cuando me destaparon la boca, estaba muy aterrada e inventé que me habían hecho una broma.
-¿Por qué no la delataste?
-¡Porque Maurizio no se acuerda de nada!
-¿Cómo va a olvidar a su hermana desnuda?
-¡Le iba a contar lo que Katarina hizo pero él estaba preguntándole a todos qué había pasado durante su borrachera!
-No lo creo.
-Supe que Maurizio regresó a la fiesta y bebió de una botella de tequila antes de quedarse tirado en el piso junto a sus amigos. Realmente perdió esa noche.

Kati Winkler estrechó a su esposo en medio de un llanto enorme y el temor que arrastraba desde esa breve reclusión que agudizaba su eterna claustrofobia. El silencio en la calle y en la casa era profundo.

Sin embargo, en el pasillo cercano a la cocina, Morgan Loussier parecía muy serio ¿Se acababa de enterar del secreto de los Leoncavallo? Por supuesto y le excitaba tanto pensarlo que se recostó en su cama a estimularse un poco. Esos hermanos eran un motivo más para presentarse al entrenamiento de las siete de la mañana todos los días sin chistar.

Transcurrió la madrugada y el sol comenzaba a iluminar Venecia cuando el equipo Leoncavallo se presentó al último entrenamiento intensivo previo a la partida de Katarina y Maurizio a Nueva York. El vuelo estaba programado a las veintiún horas con una breve escala en Londres y hasta donde se sabía, la chica había pasado la noche en su prueba de vestuario en el taller Bassani junto a Carlota Liukin y ambas repasarían sus rutinas con la indumentaria nueva. Las dos llevaban caras terribles.

-Buenos días ¿gustan chocolate caliente? Traje para todos- les preguntó Morgan Loussier en la banqueta de la calle Grigolina.
-Qué detalle, ¡gracias! - le replicó Carlota Liukin y sus compañeros Cecilia Torn y Jussiville Partanen, así como Juulia Toivonen y Matthias Versluis aceptaron la invitación. Shanetta James llevaba el suyo desde hacía unos minutos atrás y sólo quedaban los de los Leoncavallo.

-Katarina, tengo uno para ti - mencionó Morgan pero ella ni siquiera lo volteó a ver.

-Se pone así porque Maurizio no ha llegado - susurró Cecilia a los demás y Shanetta comentó espontáneamente que aquello era una grosería. Iba a decir otra cosa, pero pasó un bote por el canal de la Calle Fabbri y al detenerse en la esquina con Grigolina, saltó un chico con una gran sonrisa, un ramo de flores y otro vaso con chocolate.

-¡Katarina!
-¡Miguel!
-Vine a desearte un bonito día.
-Muchas gracias.
-Te compré un chocolate.
-Muy bien.
-Espeso, quemante y con un toque de vainilla.
-¡Justo lo que quería!

Katarina abrazó a Miguel y él correspondió con un pequeño beso en los labios. El grupo sufría de escalofríos.

-¿Ella tiene novio y yo no? - se quejó Cecilia Torn.
-¿Ese es tu hermano, Carlota? - preguntó Morgan socarrón.
-Se llama Miguel - añadió la joven Liukin.

Los presentes notaron que Carlota sentía poco menos que pena ajena al respecto y estimaba tanto al tal Miguel que no deseaba una discusión con él. Suficiente tenía con que Andreas y Tennant alucinaran a Katarina abiertamente.

-Son tan raros - susurró Morgan y Carlota supo que se lo decía a ella.
-Es la tercera vez que lo escucho.
-Porque no es mentira ¿cuándo empezaron?
-Hace una semana.
-¡Pensé que llevaban más tiempo!
-Lo he sentido como una eternidad.
-Él no es su tipo.
-No te metas, Morgan.
-Disculpa, es que un novio de Katarina es como un unicornio en la sala ¿Maurizio no se molesta?
-¿Por qué? Él le dice que pase tiempo con mi hermano.
-¿No está celoso?
-Al contrario. Creo que descansa cuando ella se va con Miguel.

Carlota acabó con su vaso y se aproximó a saludar a su hermano. A Morgan le sorprendía ver que Katarina parecía muy feliz y mientras el grupo pensaba que era excesiva, él podía notar la fascinación de esa chica por los abrazos, por las miradas y por decir "novio" porque no dudaba en presentar a Miguel anteponiendo ese título cada dos frases.

-¡No quiero que te vayas! - exclamaba Katarina.
-Tengo que cubrir mi turno - contestaba Miguel.
-Me voy a Nueva York, quédate conmigo hoy.
-No puedo faltar.
-¿A qué hora te puedo ver?
-Salgo a las cuatro.
-¿Vendrás aquí?
-¿A qué hora acabas?
-A las seis.
-¿Quieres que te vea practicar?
-¡Tienes que ver el vestido que Maurizio me escogió! ¡Es precioso!
-¿De verdad?
-Arregló mi rutina también y todo te gustará.

Morgan Loussier pasó saliva a su distancia.

-Yo le dije cómo moverse - recordó.
-No importa lo que hagas, siempre dirá que fue Maurizio - replicó Cecilia Torn.
-Interesante.
-¿No te enoja?
-Nunca me enfadaré por esto.

Nadie entendía por qué Morgan estaba con la sonrisa a flor de piel y al dar las siete y media vio a Maurizio Leoncavallo arribando acompañado.

-Prepárense, habrá sangre - dijo Jussiville Partanen.
-Katarina odia a esa mujer - añadió Cecilia.
-¿De qué hablan, nerds? - intervino Morgan.
-Maurizio viene con Karin Lorenz y se lleva horrible con  Katarina - respondió Jussiville.
-¿Por qué?
-Es la novia de su hermano.

Morgan no reprimió su carcajada y se emocionó por su entrenamiento. Su compañera Shanetta le pedía calma y los demás se desconcertaban por esa actitud mientras Katarina ponía mala cara y se enteraba de que pasaría gran parte de su sesión en el salón de danza reafirmando sus figuras de cisne mientras Maurizio se dedicaría a ejercitar los saltos de Carlota y Shanetta, Morgan iría a gimnasio y los chicos de danza practicarían sus elevados al lado de la pista. A cada uno se le daba un organigrama con sus horarios del día.

-¿Cuándo probaré mi vestuario? - preguntó Katarina.
-A las tres - le aseguró Maurizio.
-¿Y luego me regresarás con Karin?
-Reforzaremos tu avance con la coreografía.
-Necesito más trabajo de pista.
-En Nueva York.
-¡Miguel quiere verme arreglada y no podrá!
-Lo hará en Skate America.
-Mauri...
-A trabajar.
-Oye ¿por qué llegaste tarde?
-Me llamó Kati Winkler porque le urgía verme.
-¿Para qué?
-No supe, quizás sea nada.

Maurizio abrió la puerta y encendió las luces de la pista y el grupo lo siguió para iniciar sin tardanza los ejercicios de calentamiento. Katarina, además de inconforme, lucía inquieta. No le gustaba la idea de que su hermano intercambiara palabras con Winkler y trató de averiguar el número de aquella mujer sustrayendo el teléfono de su hermano. Miguel por su lado, buscaba despedirse de ella y la abrazó inesperadamente por la cintura, ocasionando que ella se asustara.

-¡No vuelvas a hacer eso, Miguel!
-Perdóname, es que tengo que irme y quiero besarte.
-Lo siento, no quería enfadarme.
-Está bien, no se repetirá.
-¡No es eso! ¡Te espero a las cuatro!
-¿De verdad?
-¡Te quiero mucho, Miguel!

La muchacha juntó sus labios apasionadamente a los de su novio y le dijo adiós mientras Maurizio parecía aprobar aquello desde su distancia y daba las primeras instrucciones a sus alumnos. Tan ocupado estaba que no advirtió que su hermana hurgó en sus llamadas en cuanto Miguel atravesó la entrada y se enlazaba con Winkler para intimidarla.

-¿Kati?... Sé que estás ahí ¿Quieres acercarte a Mauri o buscas que te arranque los ojos? ¿Necesitas otro cuarto de escobas?
-"Qué bueno que quien habla es usted. Significa que no sabe que ya está hecho".
-¿Quién es?
-"Es bueno que no me reconozca, señorita Leoncavallo, pero sus planes cambian hoy. Hasta nunca".

El interlocutor terminó con la conversación y Katarina observó por todo el club, poniéndose a buscar a Kati Winkler en cada rincón, creyendo que no podía ser posible. Tal era su desesperación que no atendía las indicaciones de integrarse a las actividades.

-¡Katarina Leoncavallo! ¿Quieres la baja de Skate America? - gritó su hermano - ¡Un paso más hacia donde vas y suspendo hasta enero!
-¡No lo hagas!
-¿Qué te pasa?

La chica miró a Maurizio con vergüenza y confundida, se aproximó con la cabeza baja.

-Karin, llévala contigo. Que ensaye lo que sea necesario y no quiero verla por aquí en todo el día - ordenó Maurizio y su hermana no siguió resistiéndose.

-¡Los demás sigan trabajando! - exhortó Maurizio y por vez primera, Morgan Loussier decidió hacer caso. Al igual que todos, intentaba no sentirse como invasor en un espacio privado y supo entonces que existía una tensión latente entre los Leoncavallo que, en el caso de su entrenador, era apenas perceptible y no correspondía al apasionado talante de Katarina ni a las intenciones de ésta ¿De qué se trataba esa relación en realidad?

El disgusto de Maurizio duró más de la cuenta y al finalizar la dinámica grupal, salió a respirar mientras Carlota y Shanetta se colocaban los patines y los equipos de danza cambiaban su calzado. En la banqueta no había ni un alma y Venecia parecía muy vacía; lógico después de la gran fiesta de difuntos. Él no deseaba volver porque el ambiente era terrible y consideraba dejar la puerta abierta cuando Kati Winkler decidió pedirle unos minutos. No había nadie.

-Maurizio...
-¡Ciao! Quedamos en vernos a mediodía, no tengo a quien encargarle los entrenamientos.
-Es importante.
-No tengo tiempo, estoy atrasado y no he hecho nada.
-Debo hacer esto. Toda la noche le di vueltas pero es hora de que lo sepas.
-¿Te sientes bien?
-No.
-Ve a casa, cuando vuelva a la mía te llamo.
-¡No!
-Kati, no es bueno verte aquí ¿Te puedo visitar cuando acabe mi sesión?
-Si no hablo ahora, no podré atreverme y yo creo que eres un hombre bueno.
-¿A qué te refieres?

Kati Winkler tomó un calmante enseguida.

-Los nervios me van a matar.
-¿Tomas pastillas, Kati?
-Sin ellas no puedo funcionar.
-¿Todo bien?
-Te contaré lo que sucedió en Salt Lake cuando te embriagaste.
-Jajaja ¿la fiesta de Katy? Me contaron.
-No todo.
-No tiene importancia, tomé más tequila del que podía soportar.
-Katarina no me encerró por nada.
-Confesó la broma y se disculpó.

La señora Winkler aspiró hondo.

-¡Katarina no me encerró por nada! - alzó la voz.
-No te entiendo y honestamente, no voy a platicar de eso.
-¿Lo recuerdas?
-¿Qué?
-¡Sabes qué hiciste en Salt Lake!
-¿Hice qué?
-¿Cómo puedes dormir? ¡Es tu hermana!
-¿Qué tiene qué ver Katarina?
-¡Eres tan cínico! ¡Casi muero en ese cubo de escobas por tu culpa!
-¿Perdón? Yo no te dejé ahí ¡estaba en la fiesta que hice por la medalla de mi hermana! ¿De dónde sacaste eso?
-¡De qué los vi!
-¿De qué estás hablando?
-¡Ibas a tener sexo con ella!

Maurizio hizo gesto de rechazo y su estómago se revolvió enseguida pero resistió. No era posible concebir tal locura y en todo caso, Kati Winkler parecía corroborar los rumores de que sufría alucinaciones. Lo que él recordaba del festejo en Salt Lake era lo que habían dicho de quedarse abusando del karaoke, haciendo competencias con shots de tequila y su terrible resaca de casi dos días.

-¿Cómo puedes decir algo tan sucio, Winkler?
-Porque juro que pasó.
-Yo no haría eso, nunca con mi hermana ¡es un asco!
-Sabía que no me creerías, estabas borracho cuando entraste con ella a tu cuarto ¡Yo desearía no ser testigo!
-Largo.
-Maurizio, puedo probártelo.
-¡Fuera de mi vista!
-¿Perdiste la camisa esa noche, verdad?
-¡Cállate!
-¡Ella la tiene! ¡Se la vi puesta cuando me atacó!
-¡Cierra la maldita boca!
-¡Katarina está enamorada de ti!
-¡Vete porque siento que voy a partirte la cara, Winkler!
-Lo que me da tristeza es que tengas terror de decirle que no la amas.
-Déjame en paz.
-Ocultarle la verdad te está lastimando
-¡Aléjate de mí!
-Tal vez me equivoco y la amas igual que ella a ti.
-No.
-¿Por qué no la puedes enfrentar?

Kati Winkler se sintió liberada y Maurizio tuvo que deshacerse del nudo en sus entrañas sobre el canal. En ese instante, sus discípulos aparecieron con preocupación.

-Maurizio ¿te sientes bien? - pronunció Carlota Liukin.
-¿Por qué dejaron el entrenamiento?
-Tardaste mucho.
-Tienes razón.

Él se incorporó y se asustó de ver a su hermana delante suyo. Un poco agitado, la miró a los ojos.

-Perdóname, Katarina, pero no te acompañaré a Skate America, no me necesitas.
-Eres mi coach, debemos asistir y estar juntos - dijo ella.
-Tus saltos son excelentes pero lo demás es un desastre. Karin irá contigo porque va a ajustar más detalles de los que yo puedo notar.
-¡Quiero vencer a Sasha Cohen, no lo haré sin ti, el programa no está listo!
-Irás con una coreógrafa, saldrá bien.
-¿Por qué me vas a abandonar?
-No...
-¿Hice algo mal? No me he portado bien pero lo puedo compensar ¡haré lo que me digas!
-Viajarás con Karin.
-¿Qué vas a hacer aquí? ¡Nunca nos hemos separado en un torneo!
-Shanetta y Morgan requieren que me ocupe de ellos y Cecilia y Jussiville no andan bien. Con Matthias y Juulia estoy atrasado, entiéndeme.
-¡Me prometiste que iríamos a Nueva York!
-La lamento bastante.
-¡Mauri!
-¡No iré contigo, es todo!
-¡Quiero ganar!
-¡Lo harás! Yo festejaré porque vas a calificar al Grand Prix Final y te daré un abrazo a tu vuelta.

Los demás no daban crédito y Katarina lloraba como si viviera una tragedia.

-Katy, es necesario ¿comprendes? Tenemos que separarnos de vez en cuando. Eres profesional, aplica lo que te enseñé y tendremos una celebración; en París es posible...
-¿Si obtengo medalla me llevarás a París?
-Katarina, te veré...
-¡Siempre he querido conocer Francia! ¡Grazie, Maurizio!
-¡No he terminado...!
-¡Haré todo por ir contigo a París! ¡Ti amo, Maurizio, ti amo tantissimo!
-Eres mi hermana.... Mi hermana.

Los demás se atisbaron entre sí con la seguridad de que no podían dejar ese sitio a pesar de lo inoportunos que sentían y Karin Lorenz decidió que no seguirían en aquella situación. La mujer tomó los hombros de Katarina y le ordenó regresar a la lección de ballet sin hallar una mala cara. El resto del grupo se introdujo lentamente al club de hielo y Carlota Liukin permaneció cerca de Maurizio, dándose cuenta de que él lagrimeaba un poco.

-¿Ya se fue Kati Winkler?
-¿Estuvo aquí?
-Carlota ¿debí negarme a premiar a Katarina con unos días en París?
-No puedo saberlo.
-Es mi hermana y no puedo creer que haya gente que quiera ver otra cosa.
-¿Cómo qué?
-¿No dudas de mí?
-No.
-Katarina es mi hermana solamente, te lo juro.
-Lo sé.

Carlota Liukin abrazó a su entrenador sin querer comprender de qué le estaba hablando. Asomado, a Morgan Loussier sólo le quedó la duda sobre lo que había presenciado y suspiró pensando en Katarina Leoncavallo, ese cisne salvaje y negro que toda la vida había estado presente, aguardando por el día en que no pudiera contenerse más.

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