Los botes o regata en Argenteuil (detalle).
Claude Monet, 1874.
Tell no Tales, 1999.
-Hemos tenido grandes dificultades para acceder a todas las tierras del valle. El notario me comunicó hoy que la extensión de Corse le pertenece a un tal Albert Damon y no podemos hacer nada al respecto. Nuestro apoderado intentó convencerlo y se negó a vender. Incluso se resistió a una compra hostil - anunciaba Steliana Isbaza en la comida familiar que cada verano celebraba para volver a dejar claras las jerarquías. Su hijo Nicolás escuchaba atento, pero sus nietos Marian, Zoey, Victor y Sandra jugaban entre sí y reían mientras molestaban a su primo Laurent al otro extremo de la mesa. Este acababa de tener una reunión tensa en el Landstrid Bank y batallaba por no responder su celular para prestar atención a su abuela. Incluso estaba sentado al lado de ella.
-¡Oye Laurent! ¿Nunca te han dicho en el trabajo que hueles a pescado? - gritaba Marian.
-No seas malo con él, mejor aviéntale una migaja de pan, mira.
-¡Qué bueno tiro, Zoey! Además de pescado, ahora olerá a sopa ¿Te imaginas lo que le dirán sus jefes?
-¡Cállate, Marian, qué asco!
-¿Por qué le sigues aventando pan?
-Porque ha de tener hambre ¿No ves que la gente de Corse no come?
Laurent no contestaba y limpiaba las gotas de sopa de su rostro controlando su furia. Desde un rincón, Règine, la sirvienta, le contemplaba apenas para no hacerlo sentir más avergonzado.
-¡Basta! - exclamó Steliana y sus nietos se calmaron al instante. El silencio reinó por varios segundos y la mujer continuó expresando su malestar.
-He meditado durante la noche y he decidido que esas tierras deberán ser de la familia. Si conseguimos el valle Liukin, esa porción también.
-Es una tierra muy pequeña, abuela. Si no te la dan, devalúala. Manda quemarla y enseguida te rogarán por un precio - añadió Victor.
-Eso ya se hizo ¿Crees que Albert Damon va a ceder al siguiente intento? - intervino Laurent.
-¿Qué propones, idiota? - replicó Victor.
-Primero averiguar para qué quiere el terreno.
-Ni siquiera lo utiliza.
-Lo defiende porque hay algo ahí que nosotros aún no sabemos. Déjenmelo a mí.
-¿Por qué te harías cargo, sardina? - preguntó Marian.
-Porque toda la ciudad sabe que ustedes son unos inútiles.
-¡A mí no me tratas de inútil en la vida, Laurent Ferny!
-Victor y tú quebraron la división de cárnicos de la corporación, algo que no habría ocurrido si me hubieran llamado. Y con todo respeto, Zoey, pero tú ni siquiera sabes en qué día vives... Abuela, yo tendré la información que necesitas, moveré contactos en el banco y hoy mismo te entregaré la cabeza de Albert Damon en bandeja de plata.
El joven se levantó inmediatamente.
-Pasaré a ver al abuelo. Se quedan en su casa, payasos.
Laurent besó a Steliana en la mejilla y se retiró hacia el pasillo que llevaba a la habitación de un muy anciano Joseph Kerr que portaba un tanque de oxígeno por un cáncer de pulmón que lo obligaba a pasar casi todo el día postrado. Apenas ingresó el joven, la enfermera abandonó el lugar.
-Abuelo, aquí estoy - saludó Laurent.
-¿Qué tal el banquete de tu abuela?
-Un éxito, como Navidad pero en julio.
-No me queda mucho de vida, Laurent, déjate de sarcasmos.
-Resistirás otro año, sigues fuerte.
-No sé si tienes fe o eres un pobre infeliz.
-Necesito tu consejo.
-¿Qué vas a querer de mí? Te llenaron la cabeza de humo en esas escuelas de Londres.
-Es por Leonora.
-¿La princesa de Inglaterra que dices que es tu novia?
-Realmente lo es, la presenté a mis primos el año pasado.
-Tú un rey y yo un niño de pecho, por supuesto.
-Abuelo, no me podré casar con ella si no consolido mi posición en esta familia primero. Los ingleses quieren que yo sea el presidente de Industrias Isbaza y dueño de algo.
-Eres el propietario de la que era mi parte de la compañía.
-Y te lo agradezco muchísimo, pero no está siendo suficiente.
-Sin un título nobiliario, no veo la forma de que heredes una corona.
-A través de la abuela, le prometí a Leonora la parcela Liukin donde estamos viendo si se puede plantar tabaco.
-¿La parcela Liukin? ¿La propiedad más importante de la familia?
-Si me caso con Leonora, se homologarán su fortuna y la mía.
-¿Le venderás la empresa a esos piratas?
-Leonora me ha propuesto matrimonio.
-¿Has bebido?
-El alcohol no me gusta.
-Repite eso de que te pidió que te casaras con ella.
-Lo hizo frente a sus padres. Mantendremos el compromiso en secreto hasta que se arregle este problema.
-Me cuesta creer lo que me cuentas.
-Mañana vendrá a conversar con la abuela y contigo.
Joseph Kerr miró hacia un espejo y luego hacia Laurent.
-Intentaré hablar con Steliana sobre volverte el apoderado legal de los bienes de Nicolás y sus hijos. Sus derroches no me tienen contento.
-Sería un gran paso.
-El Consejo de Administración no te dejará subir si no intervengo.
-Puedo volverme titular de la división de productos marinos que le dio mi padre a la empresa al casarse con mi madre.
-¿Y darle más motivos a tus primos para decir que hueles a pescado?
-Abuelo...
-No te precipites, Laurent.
El joven asentó y tomó asiento en una silla junto a la cama.
-Steliana está muy frustrada por la porción del valle que está en los acantilados de Corse. Debemos hacer algo rápido para solucionarlo.
-Abuelo, respecto a eso... He empezado a trabajar en lo que la abuela desea.
-¿Cómo?
-Albert Damon tiene sus cuentas en Landstrid Bank. Su esposa y sus hijas tienen fondos también ahí.
-¿Puedes hacer algo para paralizarlas?
-Algo más interesante: Que sigan activas porque es necesario que no sospeche.
-¿Qué tienes en la mente, Laurent?
-Rastrée la compra venta que llevó a Albert Damon a adquirir el terreno.
-Le dió dinero al maldito viejo Liukin, eso no es nuevo.
-Así no fueron las cosas. Acudí a la notaría de Centre donde se llevó a cabo el procedimiento y gracias a un amigo, descubrí que quien firmó no fue Goran Liukin sino su hijo, Goran Jr.
-¿Una operación ilegal?
-Un regalo.
-¿Nos vieron la cara con algo simple?
-Albert se prestó a una maniobra, eso es seguro. Nunca ha dado un centavo por esa tierra, pero ya hizo un testamento y la beneficiaria es una de sus hijas, Marine Lorraine.
-¿Me estás diciendo que Albert y Goran Jr. evadieron impuestos y se protegen en un esquema de prestanombres?
-Te estoy diciendo que es un regalo legítimo.
-Esos dos evadiendo...
Joseph Kerr comenzó a reírse y Laurent sostuvo su mano para evitar que perdiera la compostura y tuviera una crisis respiratoria. Aquello evitó que saciara su curiosidad y preguntara por qué Steliana y el propio Joseph siempre llamaban por nombre a los Liukin y sus aliados a diferencia de otros socios y enemigos.
Mientras Laurent permanecía con su abuelo, sus primos continuaban con sus juegos en el comedor mientras Steliana inútilmente trataba de contenerlos. Entonces, la conversación giró en torno a su tema favorito: Laurent Ferny y su eterno desdén hacia ellos.
-Ay, Laurent es un idiota - decía Zoey.
-Su última novia lo despreció ¿No te enteraste? - continuó Marian.
-¿Cuál? ¿La hija del banquero o la contadora de los griegos del yate?
-Una tal Lena que es súper modelo.
-¡No! ¿En serio? ¿Qué le hizo pensar a Laurent que puede estar con una de ellas?
-La quiso impresionar con joyas.
-Es un tarado.
-Igual que su padre con la tía Guinevere - dijo Victor y los tres se rieron más fuerte. Pero Marian no dejó escapar la oportunidad de expresar lo que había pensado desde niño.
-Sandra no conoció al viejo Ferny ¿verdad? Parecía un leñador y sudaba todo el tiempo, era asqueroso.
-¡Qué asco! - recordó Zoey.
-Se la pasaba regalándole cosas a la tía Guinevere ¿Se acuerdan de la cara que puso cuando el tipo le entregó el brillante de su familia? Y con la suegra al lado llorando porque le emocionaba.
Los tres no paraban de reír.
-El viejo Ferny era grande y con esa barba que no se quiso quitar nunca. Le heredó a Laurent el olor a pescado.
-No seas cruel, Marian.
-Zoey, tú piensas lo mismo que yo.
-Lo bueno es que Laurent no salió a su padre ¿Te imaginas?
-Lo habrían sacado a patadas del Landstrid Bank.
Règine continuaba en su rincón sin decir nada y miraba al mayordomo e incluso a Nicolás Isbaza reírse a costa de Laurent sin piedad, imitando la voz y gestos del viejo Ferny, un tipo que en vida parecía sacado de un cuento navideño y era un bonachón del que también habían abusado cuánto habían deseado. Pero ella sí tuvo tiempo de pensar un poco: El viejo Ferny había sido fornido, un hombre de trabajo duro que todos los días iba a la planta de conservas marinas de Corse para vigilar la producción. Mientras que la señora Guinevere había sido el vivo retrato de Steliana, pero con un carácter inestable, que siempre contemplaba la puerta del apartamento y las ventanas como si esperara a alguien. Guinevere había adorado a Laurent con locura y sufrido su ausencia por motivos escolares, al punto de morir con el corazón roto. Y el viejo Ferny la siguió al poco tiempo. Pero eso no borraba algo esencial: Laurent era el chico más lindo que Règine había visto y el único que no la trataba con las dobles intenciones de quienes adivinaban o se enteraban de que ella provenía de la campiña. Ese mismo Laurent que era delgado, atlético, de piel dorada y ojos miel, a diferencia de sus padres.
-¿Han terminado? Requiero soluciones a nuestros gestiones ¡No podemos seguir dependiendo de los amigos y los cargos de Nicolás! - refunfuñó Steliana, pero aquellos continuaron con su escarnio y burlas.
El bullicio pronto se escuchó hasta el lecho de Joseph Kerr y Laurent cerró la puerta sin evitar distinguir como Marian se llenaba la boca de comida y cuchicheaban algo sobre cómo sus tíos acostumbraban discutir por la repulsión que Guinevere sentía hacia Ferny.
-Tus primos hacen ruido y al ruido no se le atiende, se le elimina - dijo Kerr.
-Lo sé, abuelo.
-Pero aún no lo aprendes.
-¿Cómo lo hago?
-Aplícalo en tu plan: No lo compartas, ejecútalo.
-Mi única idea es ensuciar la cesión del valle.
-Mejor aprovecha la ley de forma más sutil.
-Puedo probar fácilmente lo que hicieron los Liukin con Albert Damon.
-El papeleo y otras cosas pueden darte una imagen de buitre, Laurent. Házlo más limpio.
-Escucho.
-¿Quién dijiste que heredará el valle?
-Marine Lorraine.
-¿Te has tomado la molestia de conocerla?
-No.
-Ese es un error que te va a costar. Lo mejor es ganarte el favor ¿Es fea? ¿Se casó? ¿Es una gaviota?
-¿Gaviota?
-Así se le llama a las cazafortunas de Corse. Esas jovencitas se saben muy bonitas, pero los millonarios conocemos sus intenciones, así que son diversión de un momento. Si esa mujer es una gaviota, será más fácil que nos dé sus tierras.
-¿Y si no lo es?
-Averigua todo: si trabaja, si estudia, si tiene amante o hay hijos. Si es soltera, la mujer es virgen.
-¿Por qué importaría eso?
-Los pescadores venden muy bien la virginidad si es el rico o el profesional el que se acerca a sus hijas. Si fuera el caso, verías que Albert Damon te haría énfasis en una pañoleta roja que se usa mucho en ese agujero.
-Es curioso pero justo hoy se cerró un trato con el astillero más grande de Corse.
-¿Qué tipo?
-Conseguí ser su corredor de bolsa. El astillero tiene un fondo de inversiones y yo voy a manejarlo desde mi oficina en Crozet. Sólo me han pedido visitar el astillero unas cuantas veces por semana. Me dijeron algo que no me quito de la cabeza.
-¿Qué es?
-Que se nota que soy uno de ellos. Me pareció ofensivo pero siempre me has aconsejado adaptarme al cliente y yo dije que sí. Cuando supieron mi apellido enseguida me dieron la cuenta.
-¿Mencionaste que eres un Ferny?
-Mi padre era dueño de la planta de conservas.
-Te arriesgaste demasiado.
-Ellos sabían que mi padre la había vendido al casarse.
-¿Con una Isbaza?
-Nunca he entendido porque no me dejan usar el apellido de mi madre. De todas formas me preguntaron si era cierto que mi madre era una Isbaza y dije que no.
-Isbaza no es un buen nombre fuera de Poitiers y Crozet. Debes ocultar de quién eres nieto a toda costa y hacerte de un nombre respetable. Relaciónate con alguien de ahí. Ese Albert Damon es un "músico famoso", te dará crédito en el barrio. Investiga a la tal Marine y enrédala.
-¿Qué dices?
-Si está casada, haz tratos manipulándola como te he enseñado a hacerlo. Que ella y su familia arriesguen sus bienes. Pero sé preciso, sé sutil.
-Le dije a la abuela que esta misma tarde le entregaría a Albert Damon.
-Entonces ve detrás de su hija. Ponte a trabajar.
Laurent asentó y apretó la mano de su abuelo.
-Antes de que te vayas Laurent quiero tratar otro asunto contigo, algo de hombres.
-Dime.
El anciano bajó la voz.
-¿Qué relación tienes con Règine?
-¿Quién es?
-La sirvienta, la joven. Te he enseñado a conocer los nombres de cada persona que te rodea.
-Lo siento, no suelo pasar tiempo con el personal.
-He visto como la miras y la sigues con los ojos cada que llegas de la oficina.
-No hablamos mucho.
-No soy ingenuo ¿Vas a la cocina a las diez sólo a tomar agua y decir "buenas noches"?
-Yo no hablo con la gente de servicio, me han dicho que eso no se hace porque no es conveniente.
-Por favor, Laurent. "Conveniente" significa muchas cosas. No has traspasado la línea porque Règine no es como las novias que te he conocido.
-Es linda, pero yo sólo le pregunto por su día, le cuento algo de lo que hago mientras tomo agua y ya.
-"Conveniente" es un término muy amplio. Te gusta, tómala ¿No quieres problemas? Consigue su silencio. Esas piernas y esos pechos no se dan en los árboles. Y esa boca que tiene. Todo listo para que tú lo disfrutes.
-No podría hacerle eso a Règine.
-Sería de lo más natural, es tu novia.
-Además, está Leonora.
-¿A cuál de las dos engañas, Laurent?
-Règine es...
-Ya sabemos que Leonora no es la oficial.
-Es con la que me casaré.
-Pero no con la que puedes ser amante.
Laurent rió nervioso porque no comprendía del todo lo que Joseph Kerr intentaba darle a entender. La sirvienta era sólo eso, aunque de vez en cuando compartieran un vaso de agua y el saludo.
-¿Qué vas a hacer ahora?
-Iré a la oficina, abuelo.
-¿Qué vas a buscar?
-La información de Marine Lorraine. No puedo retrasarme.
-Sé prudente ¿A quién le pedirás que te ayude?
-Al banco.
Laurent sonrió y estrechó la mano de su abuelo con más cariño, aunque le afectaba todo lo que se había conversado. Al regresar al comedor, pidió un vaso de agua mineral y se quedó pensativo.
-Esta familia es imposible ¿Cuándo van a comportarse? ¡No entienden la gravedad de nada! - gritaba Steliana, pero el ruido continuaba y entonces, Laurent susurró:
-Regreso al trabajo, en la noche te reportaré algo que sea útil.
Entonces, el hombre besó de nuevo a su abuela en la mejilla y se dirigía a la salida cuando Marian decidió decirle algo hiriente una vez más:
-¡Hasta acá se siente tu hedor! ¡Deja de bañarte en pescado y en vinagre!
Por alguna razón, Laurent vio fugazmente a Règine y a su abuela y supo que no podía evadir esas palabras por una vez. Entonces volvió velozmente sobre sus pasos, levantó a su primo con fuerza y luego lo sujetó por la camisa contra la pared.
-Debes tener más cuidado con el tipo que lava tu dinero y paga muchas compensaciones a tu nombre, Marian. Esta familia no va a seguir perdiendo capital sólo porque no se te para con una mujer de tu edad. Si tu hermanita Sandra es inteligente, ya sabe que enfrente de ti o sola, no puede estar.
-Sabes que la cuido de eso, Laurent - intervino una Zoey Isbaza que de golpe, se ponía seria. Victor se puso pálido.
-La última vez, nos contaste un apartamento y las colegiaturas de una niña de Blanchard, Marian - añadió Laurent en un susurro que sólo oyó su primo y luego volvió a alzar el tono - Si tocas a otra pequeña, te vas olvidando de mi respaldo en el banco. Yo tengo y administro tus cuentas. Mi seguro de vida es cada archivo que dejan tus porquerías ¿Qué harás si me apodero de tus millones? Hay mucho trabajo en la planta de Corse y muchos hombres fuertes y adultos con sus esposas adultas que no te dejarán ir a ningún lado porque te conocen bien - Laurent tomó un ostión y lo restregó en el rostro de Marian - Acostúmbrate a apestar a esto.
El joven soltó a su primo y enseguida fue a lavarse las manos. Zoey Isbaza retiró a Sandra de la mesa y Steliana observó a Marian con asco antes de ordenarle retomar su lugar.
Laurent se sentía abrumado, yendo al estudio a hacer llamadas y abrir una gran ventana para respirar. Poco después, Règine apareció con una bandeja y un vaso.
-Gracias, pero he bebido demasiada agua hoy.
-La dejaré aquí.
-¿Podrías prepararme una camisa nueva, por favor? Tengo manchas y voy a trabajar.
-¿También un pantalón?
-No.
-Cuando tenga la camisa, la pondré en su habitación.
-Mejor tráela porque no me da tiempo.
-Enseguida.
Laurent, aunque tratando de resistirse, apenas sonrió a Règine y la observó yendo por una puerta hacia otra estancia. Esa distracción fugaz le preocupó.
-Habla Ferny... Necesito unos datos en la oficina voy para allá... Es urgente... De Albert Damon... ¿Fue ayer a la sucursal de Corse? ¿Qué quería?... ¿Va a meterse a invertir?... No me conviene hablarle... Es... Nada... Es una de sus hijas... Quiero acercarme pero se podría malinterpretar... Marine Lorraine... ¿Es sorda? No me había dado cuenta... Es que... Sí, por eso no lo sabía. Marine es linda... No quiero proponerle un negocio a Albert Damon... ¿Justo hoy? ¿Dónde?... ¿La regata del Quai de Seychelles? ¿Cómo sabes?... ¿En el periódico? Es que nunca leo los espectáculos... Concierto a las... Tengo que irme ya, muchas gracias... Gracias, si averiguas algo más, enseguida dime, adiós.
Laurent colgó el auricular y enseguida supo que debía cambiar su atuendo por completo.
-No conoces a Marine - dijo una voz femenina.
-Es por un negocio. A veces se dicen esas cosas para que la información llegue sola - contestó él.
-¿Es por el valle, verdad?
-No puedo discutirlo contigo.
-Soy de la campiña, Laurent.
El joven Ferny volteó y descubrió a la sirvienta colocando su camisa perfectamente doblada sobre el escritorio.
-Voy a necesitar ropa distinta, mis planes cambiaron.
-Dime, Laurent.
-Me pondré un polo, calzado deportivo, pantalón casual... No gris, azul oscuro.
-Enseguida.
-No me es posible cambiarme aquí.
-Le diré al mayordomo.
-No es necesario.
-Lo hago ya ¿Sales por la puerta del servicio, Laurent?
Él se tensó y pensó en el consejo de su abuelo. Miró los labios femeninos, la parte que más le gustaba de esa mujer y esta vez, ella se percató.
-Tienes prisa - señaló la chica.
-¿Podemos encontrarnos cuando regrese?
-¿Qué? ¿Vernos? ¿Fuera de aquí?
A Règine se le iluminó la cara.
-¡No! Fuera de aquí no, me mata la abuela.
-¿Dónde, Laurent?
-¿Hay algún rincón en esta casa en donde no vaya nadie?
-¿Ninguno de ustedes?... El cuarto de servicio.
Laurent continuó mirando a Règine y se le acercó torpemente. Ella no lo rechazó y él la besó. La joven no se había sorprendido de ese gesto, sino de que finalmente ocurriera.
-Me encantas - susurró él.
-Lo sé, Laurent.
-Quiero verte esta noche.
-No vas a salir conmigo, no voy a aceptarte.
-Podrían vernos.
-Nadie sabe que trabajo aquí.
-Mujer, no es por eso.
-Yo no hago cosas a escondidas, Laurent.
Règine bajó la cabeza y salió del estudio a preparar la ropa de Laurent con lágrimas de furia. Él, que había sido educado y considerado, era como cualquier Isbaza a final de cuentas, así la retuviera un poco.
-¡Déjame trabajar, Laurent!
-Discúlpame, no pensé que te molestaría.
-Aprendiste muy bien de tu familia.
-Sabes que no debo estar en público con alguien como tú.
-¿Por que trabajo para tu abuela?
-Porque tengo un negocio entre manos.
-¿Por eso preguntaste por Marine Lorraine? ¿Qué vas a hacer?
-Tengo obligaciones.
-¿Qué planes tienes?
-Debo recuperar el valle.
-¿Qué tiene que ver Marine con eso? ¡El propietario es su padre!
-¡Ella es la heredera!
Règine detuvo su llanto y sus ojos se dirigieron al piso.
-El problema es que no tengo qué ofrecerte ¿Verdad?
-Mujer...
-Tus novias tienen joyas bonitas, son famosas y te dan algo a cambio. Yo sólo trabajo aquí.
La chica apartó a Laurent y fue por su ropa, no son reprocharse por haber aceptado el beso del cretino.
-Aquí está lo que necesitas - dijo ella luego de unos minutos.
-¿Corbata naranja? ¿Desde cuando tengo esto? Pedí otras cosas.
-Vas a un festival de Quai de Seychelles, necesitas algo de ese color.
-Es una regata.
-No sabes a dónde vas, Laurent.
-¿Y tú sí?
-Mis padres venden flores en ese barrio.
-¿No habías dicho que eras de la campiña?
-Mi gente baja a la ciudad a vender las flores, así que conozco Tell no Tales mejor que tú. En Seychelles están de fiesta y el naranja es el color del vecindario. Ponte la corbata, Laurent.
Él sintió como si lo hubieran regañado, pero en vez de sentirse extraño o quedarse pensativo, vio cómo Règine era quién le desabotonaba y colocaba las nuevas prendas, sin entender por qué.
-Siempre te delatas solo - siguió ella.
-¿A qué te refieres?
-He visto tu pantalón.
Ella terminó de arreglarlo e incluso de peinarlo. Laurent se sentía fuera de lugar.
-Tienes que conseguir más camisas de manga hasta el codo y acostumbrarte a tener el cabello levantado del frente.
-¿Por qué haces esto, mujer?
-Todo saldrá bien, te veré en la noche.
-No te entiendo.
-Siempre te vistes solo y hoy yo me hice cargo. Deja de buscarme si no puedes aceptarme.
-¿Buscarte?
-Yo no soy la que encuentra la manera de estar en la cocina mientras lavo platos.
Règine dio la media vuelta y regresó a sus labores en el comedor, mientras Laurent se llevó las manos al rostro y luego bebió el agua de su vaso casi olvidado para salir hacia el objetivo que había dispuesto. Debido a la corbata, se abstuvo de ser visto por el resto de la familia.
Ese día Tell no Tales tenía un sol esplendoroso y un lindo reflejo del agua del mar que podía disfrutarse desde cualquier punto. Las colinas del barrio Poitiers permitían contemplar a los vencindarios del sur y el Quai de Seychelles se distinguía por sus palmeras, sus playas de agua turquesa, sus tejados naranjas y sobretodo, una zona de muelles donde atracarían veleros de todo tipo de personas. La regata había iniciado el mediodía anterior en las playas de Jamal y la llegada de la primera embarcación se esperaba para las seis de la tarde. Entonces Laurent comprendió que estaba por entrar a un mundo que no le era tan desconocido, pero lo había olvidado un tanto. A la gente de Corse le encantaba construir barcos y pescar; a la de Quai de Seychelles, navegar. Y la gente de Corse había bajado desde el norte a verificar el desempeño de sus creaciones.
Albert Damon llevaba unos años retirado de la escena musical para dedicarse a su familia y algún negocio y su regreso al canto tampoco era sorpresivo en el país. Ese concierto en la regata era su primera presentación para la nueva gira y Laurent Ferny se enteraba de eso luego de encender la radio de su coche. Damon charlaba en una entrevista en vivo sobre retomar su vida en Corse, cuánto habían crecido sus hijas, su hijo que había decidido quedarse en Italia al lado de un tutor y su departamento familiar decorado con muchísimos recuerdos de ese país. Así, Laurent Ferny se enteró de que los Lorraine habían pasado cuatro años entre Venecia y Milán y ahora retomaban sus labores y sus vidas en Tell no Tales. Albert hablaba de sus primeras presentaciones en la ciudad y de ese viejo hit que había tenido con "It never rains" en 1972. Anécdotas de sus veranos de juventud y de algunos premios también estaban presentes en esa charla. Para Laurent, no era más que el recuento de la vida de un tipo sin una gran fama, sin fortuna y sobretodo, aferrado a una gloria que nunca sería. Pero era necesario escucharlo. Albert Damon parecía un tipo acostumbrado a la sencillez de la vida familiar, a tocar su guitarra en todos lados y tener muchos amigos.
-¿En qué me estoy metiendo? - se preguntó el joven al tomar la avenida Frontières, que conectaba toda la ciudad. Cómo el lector recordará, los tellnotelianos viven para caminar, así que Laurent reparó que debía detenerse en el límite del barrio ruso con Seychelles y bajar a pie hasta una sección que dividía la playa de una especie de plataforma de arena delimitada por una barrera de roca en donde estaba toda la gente. El tráfico aún así, era pesado, pero lo ocasionaba la multitud, así que conducir despacio mientras se solucionaba el problema era prudente. Además, una llamada obligaba a parar.
-Soy Ferny ¿Tienes algo más?... Sí, Marine... Bueno, es que Albert Damon es un cliente y de verdad no quiero que crea que me acerco con intenciones que no son... ¿Marine también trabaja para Landstrid? ¿Es ejecutiva de sucursal? Corse supongo... ¿Crees que me conozca? Por lo de la cuenta del astillero... Ella no va a esas cosas ¿Cómo sabes?... ¿El señor Damon cuida mucho a sus hijas? Tal vez no las trajo a la regata... ¿Lo hizo? ¿Estás seguro?... Ah, salió en sociales... Sólo quiero hablarle a su hija, ella es bonita... Gracias por desearme suerte... Mientras no me echen a palos... Espera, vengo en coche pero no puedo entrar en Seychelles... Estoy en calle Soleznyakov... ¿Tenemos un estacionamiento ahí?... Bien, Edificio Zlobina, ya lo vi ¿Qué tengo qué hacer?... Con mi identificación del banco, perfecto... ¿Los jefes vienen a Seychelles?... ¿Cuántas pensiones alimenticias se pagan acá?... Gracias amigo, te veré en la oficina pronto... Ojalá pueda acercarme a Marine... ¿Qué te presente a quién?... ¿Para qué quieres a la sirvienta de mi apartamento?... No, ni la noto, ya sabes que yo paso del personal... ¿Qué tiene que sea del campo?... No te vas a acostar con mi sirvienta... ¡Porque no voy a tener problemas! Te presento a cualquier otra mujer, pero a ella no.
Laurent terminó la comunicación y condujo con lentitud hacia una calle cercana, en donde los edificios comenzaban a contrastar fuertemente. El barrio ruso era precioso, pero monocromático y sin medias tintas: negro, gris o blanco en comparación con el naranja de ventanas y tejados de la calle al frente. El Edificio Zlobina era uno de los estacionamientos de los grandes jefes del Landstrid Bank en la ciudad y Laurent pronto se percató de que ya era uno de ellos, pero por su nueva misión, tenía que descubrir si lo escondía o no.
-¿Viene a la regata? - le preguntó el empleado.
-Sí, me invitaron a ver cómo llegan los botes.
-La gente de Corse viene a ver si gana uno de sus astilleros.
-Seguramente ganarán.
-Otros vienen a ver a Albert Damon ahora que regresó con sus hijas.
-Algo oí en el radio.
-Señor Ferny ¿Es cierto que usted ahora es el corredor del astillero principal?
-Es muy reciente.
-Mi familia tiene unos ahorros, nos gustaría invertir allí.
-Vaya a mi oficina el lunes, estoy en Crozet. Le daré mi tarjeta y veremos cómo hacer crecer lo que tiene.
-Se los agradezco, es que quiero pagarle la universidad a mis hijas; que no sean gaviotas.
-¿Son de Corse?
-Es bueno que usted tome las riendas, es uno de nosotros.
-Mi padre era el de Corse.
-El viejo Ferny era un hombre de fiar. Todo el barrio está con usted, señor.
El empleado le dio la mano a Laurent y este correspondió con una sonrisa cálida, pero sintiéndose desencajado y un tanto molesto por dentro. Si no le gustaba ser comparado, mucho menos le parecía grato que le mencionaran al viejo Ferny.
El show de Albert Damon estaba programado para las cuatro y media y Laurent salió del edificio Zlobina hacia el sur. En Seychelles, las banquetas estaban llenas de escalones y rampas y Laurent pensaba que estaba a punto de caer cada vez que llegaba a una esquina. También había más gente y notó que las familias, casi sin excepción, vestían algún detalle naranja y las niñas llevaban vestidos o conjuntos de singular tono encendido. La brisa de Tell no Tales aparecía, empapando todo poco a poco y eso, para cualquier habitante era una bendición, excepto para la gente de Poitiers o del distrito financiero de Crozet. Laurent se preguntaba si tantas molestias eran justificadas.
Los carteles de la calle anunciaban la "Gran Regata del Quai de Seychelles 1999" y se prometían actividades recreativas, comida familiar, exhibición de ski acúatico y el dichoso concierto que, curiosamente, tenía a la gente maravillada y expectante. La gente hablaba del cantante como "el ídolo de la ciudad" y ciertamente, era el músico más conocido que le había dado Tell no Tales al mundo. Pero bueno, eso había sido casi treinta años atrás, pero esa canción de "It never rains" era muy tarareada en el trayecto a pie. Laurent entendió de golpe que no estaba tratando con un tipo popular, sino con alguien importante para mucha gente aunque no pasara de ser un tipo normal el resto del tiempo. Si la importancia que le daba Seychelles a Albert era similar o superior o Corse, entonces no podía llegar afable, sino en otro papel ¿Cuál iba a ser el adecuado? ¿Humilde acaso? ¿Tímido? ¿Él mismo? Había que adaptarse ya ¿Qué hacían los pescadores y carpinteros de Corse cuando conocían a alguien? Y recordó. En el astillero le habían dicho que mantenían la costumbre de saludar a la distancia, agitando la mano, a la mujer que les parecía bonita. Si ella no volteaba a otro lado o se apartaba, tal vez existía interés. Entonces agradeció haber reparado en ese detalle.
El escenario donde cantaría Albert Damon era austero y simple, con un fondo negro, un par de reflectores y algunas luces, pero poco a poco, comenzó a verse la actividad. A lo lejos, Laurent distinguió al cantante y su familia cerca de la tarima, conviviendo como todos. Las chicas estaban vestidas de blanco con falda azul oscuro como cualquier chica de Corse y una llamativa pañoleta roja adornaba los cuellos de cuatro de las siete hermanas Lorraine. Ellas parecían contentas, excepto por una chica de piel canela y cabello café que luego de sonreír se sumergía en una especie de seriedad que la hacía aislarse un poco. Debido a la insistencia en tocar sus oídos y cubrirlos con su cabello, Laurent supo que era Marine.
La gente poco a poco iba acercándose al sitio del concierto y la brisa se volvió más fuerte, ocasionando que Laurent se viera completamente mojado de pies a cabeza. La sensación era desagradable para él, pero a su alrededor todos levantaban la cara y disfrutaban ese momento de frescura en medio de un verano tan caluroso. Al pisar la arena, él tuvo que renunciar a su calzado y conseguir una bolsa de tela para protegerlos y encima, adquirir lentes de sol porque no estaba acostumbrado a estar en un sitio tan luminoso. Le preocupaba que le confundieran con un turista, pero pronto, algunos carpinteros del astillero lo reconocieron por el agua que le pedía a un chico en un stand.
-¡Señor Ferny! ¡Bienvenido! ¿Vino a ver nuestros barcos? Ganará uno de Corse, por supuesto - decía uno.
-¡Les dije que es de los nuestros! - comentó otro.
-¡De seguro tomará un trago fuerte para resistir! ¿Quiere licor de frutas? ¡Acá le echamos agua mineral!
Laurent no entendía que ocurría y pronto, otro vaso rebosante de un líquido rojo oscuro, con hojas de menta y varias frutas llegó a su mano. Consciente de que era peligroso no seguir la corriente, dio un gran sorbo antes de apartar la bebida discretamente y acabar con su agua para quitarse el sabor, entre amargo y dulce. Pero alguien lo notó.
La familia Lorraine no era ajena a las noticias de su barrio y como todos, comentaban los nuevos movimientos financieros del astillero principal. Desde muy temprano esa mañana, el nombre de Laurent Ferny comenzó a circular como si fuera una bendición y algunas personas abandonaban las preocupaciones por sus humildes acciones. Pero Albert Damon no tenía nada de eso, ni sus hijas y sólo le había preguntado a Marine si conocía a tan singular personaje. Contrario a lo esperado, ella lo había visto una vez, a lo lejos, cuando había llevado un informe sobre las nuevas aperturas de líneas de crédito de los clientes individuales en Corse, así que no había hablado con él y en ese momento, ni siquiera había sabido quien era. Así que verlo aproximarse poco a poco y de forma un tanto involuntaria, la hizo prestar atención. Su padre también se preparaba para saludarlo, pero Laurent, más demostrativo, se detuvo apenas a escasos metros, miró fijamente a las hermanas Lorraine y cuando seis de ellas se alinearon como toda chica marinera para saber a cuál iba a saludar, él sonrió y su cabeza giró hacia Albert Damon, quien en lugar de mirarlo a él, debió atender a la propia Marine, que se hallaba tensa y por una vez, se animó a decirle que no quería estar ahí, que el ruido la aturdía. Aquello era el inicio de un ataque de ansiedad, pero algo hizo que ella contemplara un momento a Laurent, quien aprovechó para agitar su mano. Ella, más por cortesía antes de sucumbir al pánico, agitó su mano rápidamente. Esa fue señal suficiente para quienes observaban la escena y sobretodo, para Lou, la hermana menor inmediata de Marine, quién enseguida se entusiasmó y tomó la mano de su hermana.
-¿Puedo ser tu chaperona? ¿Me dejas? Ay, Marine ¡Por fin te gusta alguien! - expresó, pero su hermana se soltó para buscar refugio detrás de una cortina negra que colgaba del escenario . Albert Damon debía cantar pronto, pero la siguió enseguida para intentar calmarla. Lou por su parte, disimuló con una gran sonrisa y se acercó a Laurent Ferny para realizar su presentación.
-¡Hola! ¿Tu nombre es Laurent, verdad? El mío es Lou, gusto en conocerte... ¡Mi hermana se llama Marine y le encantará hablar contigo, ve a nuestra casa mañana! Vivimos en el edificio Nautonier, de la calle Voilier, en el distrito Lorphelin de Corse. Nuestro departamento es el de la plata baja ¡Hay un gran jardín y una bandera del barrio enorme!
-¿A dónde?
-¡Toda chica de Corse tiene su primera cita en casa con su familia!... Bueno, pero ya lo sabes ¡Eres un Ferny!
-Ah, por supuesto. Es sólo que creo que no le agradé a ella.
-¡Ay, claro que no! ¡Eres el primer chico que saluda, qué emoción!
-¿Qué?
-Es que mi hermana usa auditivos y a veces le da pena que se den cuenta.
-No hay problema para mí.
-Igual no te asustes, ella habla con normalidad y a veces parece que escucha mejor que yo.
-¿En serio?
-Te esperamos mañana para desayunar ¿Qué te gusta? ¿Croissants, huevos pochette, algo de jugo?
-Avena con fruta estaría bien.
-Tráele a Marine unas flores blancas.
-Gracias, lo haré.
-A las nueve, no llegues tarde.
-No. Hasta mañana, Lou.
-¡Nos vemos! ¡Ay qué emoción!
Laurent supo que había logrado lo más difícil, aunque eso significaba comenzar a prepararse de inmediato. No tardó en descubrir a Marine intentando controlarse y viéndolo a él al mismo tiempo y aunque no comprendía bien qué sucedía, era una buena señal y la tal Lou se aproximaba también para ayudar a su hermana y comentarle las noticias. Aunque tendría que quedarse al concierto, él supo que los primeros pasos habían salido excelente y no se movió de su lugar, sin que le interesara esta vez que la brisa volviera a empaparlo. Había un reloj digital anunciando la hora estimada de llegada de las embarcaciones y el cielo poco a poco se tornaba naranja intenso.
Mientras Albert Damon hablaba con el público, Lou sujetó la Mano de Marine fuertemente y ambas posaron los ojos en Laurent Ferny.
-Me siento mejor, Lou, gracias.
-¿Estás aturdida?
-La música de papá me gusta mucho.
-Si te quieres ir, te acompaño.
-Deseo estar aquí, con papá... ¿Por qué me ves así? ¿Es por lo que me pasó?
-No, Marine. Es por ese chico que está ahí, viendo a papá.
-Lou...
-¿Es lindo, verdad?
-Algo.
-¿Te ha gustado mucho?
-Se ve bien.
-Es que nunca te había visto portarte así con un chico. En Italia sólo le hacías caso a Maragaglio y te la pasabas de un lado a otro con él.
-Era mi jefe.
-¡En esta familia lo queremos mucho!
-Eso terminó.
-Los amigos nunca se van y Maragaglio es parte de la familia.
-Pero no lo veremos pronto.
-¿Te imaginas?
-¿Qué cosa?
-¡Que un dia Maragaglio venga a Tell no Tales y conozca a Laurent!
-¿Cómo se te ocurre algo así?
-¡Me presenté ante él y lo invité a desayunar con nosotros mañana!
-¿Perdón?
-¡Te arreglé una cita con Laurent!
-Lou, yo sólo lo saludé.
-¡Él está muy guapo! Y además te he estado vigilando ¡Te gusta!
-Es la segunda vez que lo veo.
-Lo has seguido desde que llegó.
-No le gustó el licor de frutas.
-¿Ves? Y te ríes poquito. Además ¿A quien le gusta esa cosa? Sabe a vinagre viejo.
-Lou, no estoy muy segura, no debiste invitarlo.
-Si no te agrada, mañana lo dejas.
Marine asentó y contempló a Laurent sin saber que este fingía que estaba pasándola bien durante la presentación de un Albert Damon, que de vez en vez, se giraba para asegurarse de que ella estuviera más tranquila. La primera embarcación en llegar y ganadora de la regata, era un velero de Corse de color azul marino y la mitad de los asistentes gritaron eufóricos por el suceso, aturdiendo a Marine. Laurent, que lo advertía, quiso aproximarse, pero los carpinteros le rodearon para festejar. La joven, que se había dado cuenta, comenzó a seguirlo como pudo con sus ojos, hasta que sus vecinos lo llevaron a la orilla del mar para que conociera a la tripulación triunfante. El concierto continuó mientras iban llegando más veleros y aquello le pasó la factura a Laurent: un olor a pescado y sal se impregnó en su ropa y él no podía tolerarlo. Se sentía asqueado y sucio.
-Miren, al fin llegó el velero que mandaron a hacer los de Poitiers. Se nota que no saben navegar - comentó alguien y Laurent por fin pudo abandonar el agua y ver el concierto finalizar.
Aunque las reglas lo obligaron a despedirse formalmente de quienes le reconocían, Laurent pudo regresar al edificio Zlobina sin más al caer la noche en pleno. El portero del turno le dejó revisar su auto y sacar unas cosas sin las preguntas del anterior compañero y aunque iba a costar, el joven Ferny pidió que asearan el interior por sentir que le había pegado la peste que traía encima. Iba a regresar a casa a pie porque no había más remedio y al pisar la calle nuevamente, se topó a Règine, quien se hallaba tan mojada como él.
-¿Escapaste, mujer?
-Me envía tu abuelo, Laurent.
-¿Ha pasado algo?
-La brisa pegó en las ventanas, así que me mandó a buscarte con una muda de ropa. Llevé todo al departamento de Crozet.
-Traigo el celular.
-No contestaste.
-Debió ser el ruido.
-¿Estuviste en el mar?
-Los de Corse me metieron.
-¿Cómo salió tu negocio?
-Desayunaré con los Lorraine.
-Todo salió perfecto.
Règine no era feliz de saberlo, pero no podía enojarse de ver a ese joven haciendo un berrinche de niño mientras pasaba la nariz con insistencia por su camisa.
-Te preparé una ducha caliente, vamos.
-Mujer, estás arriesgando el plan.
-Voy a cuidar de ti a partir de hoy.
La chica sostuvo a Laurent del brazo y lo dirigió por el atajo de la larga avenida Katsalapov hasta la calle Courrèges del muy callado y tranquilo barrio de Crozet. Como había muchos árboles y entradas secretas, la gente chismosa prácticamente no vivía allí, dada la dificultad de tener verdades, aunque fuera a medias. El edificio donde estaba el hogar de Laurent Ferny era de color blanco, estaba cubierto de plantas y flores y su piso, el quinto, era amplio y con ventanas que no permitían ver el interior. Al entrar, Laurent experimentó tanto alivio que respiró hondo y la sonrisa regresó a sus labios. Règine por su parte, dudaba bastante sobre qué seguía y únicamente le sirvió un vaso de limonada que él aceptó gustoso.
-Tengo que trabajar muy temprano, Laurent, debo irme.
-¿No te quedas, mujer?
-No veo por qué.
-No vayas afuera, también traes la ropa húmeda.
-Llegando a Poitiers lo resolveré.
-Te enfermarás.
-Estaré bien.
-Te estás alejando de mí.
-Es que no quiero que se haga más tarde.
Laurent Ferny se aproximó a la joven, descubriendo las pecas de su rostro. Ella no sabía qué esperar, pero las palabras que Joseph Kerr le había dicho antes de enviarla por su nieto le taladraban la cabeza.
-¿Quieres ver el amanecer conmigo? - preguntó él.
-Lo notarán en casa. No puedo perder mi empleo, Laurent.
-Te daré un lugar aquí, no te preocupes.
-Dices eso porque no arriesgas nada.
-Podría quedarme sin Leonora si no le explico lo de Marine.
-¿Y yo me quedo encerrada?
Él no contestó.
Para Règine, eso era suficiente. Revisó sus bolsillos, encontró la llave del departamento Isbaza y se dio la media vuelta. La voz del viejo Kerr la hacía llorar al recordarla y su sentencia sobre "retener" a Laurent, aún más. El tipo le había hecho hincapié en que era una simple sirvienta sin dinero, sin nombre, sin elegancia o una personalidad apabullante. Todo lo que ella tenía eran diecinueve años, unos pechos firmes, una boca seductora y un labial cereza y los podía usar para que su nieto no se fuera corriendo tras otra mujer. Ser sustituida por alguna novia o por una aventura de Laurent iba a ser humillante.
-¡No puedo irme! - expresó ella, tapando su boca y llorando. Laurent se acercó más y ella se recompuso un poco.
-La ducha está lista, deja tu ropa en la mesa del pasillo.
-Gracias, mujer.
-Ve ahora o me encargaré de que te caiga agua fría el resto de tu vida.
-¿Estás bien?
-¡Límpiate ya!
El joven Ferny asentó, yéndose al baño del corredor. Règine aguardó a que todas las prendas masculinas estuvieran juntas para depositarlas en la lavadora, pero no pudo más y también se despojó de lo que tenía. Temblaba, pero quedarse sin Laurent, sin la oportunidad de saber qué se sentía tenerlo consigo, era una tortura. Así entró a la regadera, aterrada.
Laurent la contempló con detenimiento, mudo, tranquilo, sin esa furia del beso en el estudio por la mañana. La joven tomó un jabón y a pesar del miedo, comenzó a limpiar la piel de él con la misma devoción con la que lo había vestido y aunque él pensara que lo mejor era controlarse, lo que solía pasar en su pantalón cada que estaba con Règine, volvió a sucederle, llenándolo de vergüenza.
-Siempre te delatas solo - expresó ella sonrojada. No sólo las palabras de Kerr la impulsaban a actuar de esa forma de la que ya se estaba arrepintiendo. También los consejos que las otras chicas de la campiña se compartían entre sí para que ningún chico perdiera el interés, aparecieron en su mente y luego de besar a Laurent, se deslizó por su cuerpo hasta quedar de rodillas.
Laurent se entregó al momento y estuvo consciente de que Règine lo complacía desde un afecto profundo y de forma inesperada, así que no la interrumpió, no profirió algún sonido que no fuera un suspiro sutil y no dudó en besarla y abrazarla cuando sus músculos se relajaron luego del clímax. Ella lloró silenciosamente y él la llevó a la cama solamente para confortarla, para decirle que él también la protegería cada vez que decidieran estar juntos. La noche afuera se tornaba más fresca. Y al amanecer, era Laurent quien descansaba en el pecho de Règine, aceptando con su cuerpo que ella le cuidara. https://youtu.be/jkSSyySgsD4?si=NeaK-xjs3My59gFv

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