domingo, 3 de noviembre de 2013

El mundo sin cambios (Viviendo en 1984)


Habían transcurrido siete meses y Matt Rostov recibió la noticia de que le habían concedido el día libre y un permiso especial para presentarse en el torneo de gimnasia esa noche. El aviso le era dado en persona por Sophie Dufournet, a quién él recordaba por acompañar a una chiquilla llamada Émilie, que se apareció para visitar a Bérenice durante su estancia en el hospital con un enorme ramo de rosas. La mujer le dijo que podían caminar por el patio de la Escuela de Gimnasia para niñas y saludar antes de irse a una arena cercana para ver el campeonato. 

-Hoy hubo exámenes finales, Bérenice los pasó con nota de "A" con tres puntos extra en grado de ejecución.
-¿Todos?
-Mímica, ballet, danza moderna, interpretación, condición física, salto, asimétricas, suelo, viga y all around.
-¿Y matemáticas, lectura, ciencias?
-Las gimnastas aprenden a determinar valores de partida y elementos a los quince años; a calcular puntajes a los dieciséis. Es toda la aritmética y geometría que necesitan.
-¿Y qué tal Émilie? ¿Cómo salió?
-¡Ah! Sacó "D" más tres puntos en todo, menos en viga y suelo donde tuvo "C" más dos y "B" más uno. Clasificó como suplente en viga y alternante en suelo, tal vez compita hoy si Liudmila Tourisheva, Natalya Shaposhnikova o Nellie Kim renuncian al piso, ellas irán a los juegos olímpicos de todos modos, para el resto sólo hay dos spots.

Matt sabía que Sophie Dufournet era desafecta e indiferente con su hija, al igual que miles de señoras de la Tell no Tales del espejo, excepto por la gimnasia donde era cruelmente apasionada y solía denostar su amargura porque Émilie no cumplía sus expectativas: La niña estaba en ese colegio por una prestación laboral, no porque tuviera un gran talento. Sophie aguna vez había aspirado a ser una gimnasta importante hasta que un embarazo adolescente provocó que abandonara los estudios (si se le puede llamar así a entrenar a diario) y el gobierno le colocó como recepcionista de la escuela para que "aprendiera" de su error. Sin embargo, en la Tell no Tales del espejo existían circunstancias y personas que rompían los estándares de excelencia habituales por lo que, al final, Émilie Dufournet merecía un poco de justicia: si hubiera vivido en la Tell no Tales de Carlota Liukin, habría ganado todas las medallas y sido una estrella. En la Tell no Tales del espejo, no obstante era mediocre y encima suplente, lo que significaba que nunca concursaba, aunque ser alternante en suelo le aseguraba al menos ser considerada para un torneo futuro de segunda categoría.

-Entonces ¿Émilie estará participando?
-Sirviéndole el agua a Bérenice Mukhin, no creo que le den oportunidad de mostrar que es pésima.

Matt sin embargo, no creía que la pequeña no tuviera méritos, aunque fueran pequeños.

En sentido estricto, Émilie Dufournet era dueña de una gran empatía y un humor que podía ser muy leve o muy afilado dependiendo de lo que veía, tenía gran intuición del tiempo y cuando su madre le encargaba la recepción por sacar unas copias o ir al baño, era más eficiente que otras burócratas. En el receso, se la pasaba risa y risa y a menudo demostraba ser buena imitando a la gente, aunque el Pacto evitaba al máximo abrirle oportunidades en la escuela dramática por considerar que sus opiniones y habilidades cómicas eran inconvenientes, pero no la espiaban regularmente.

Bérenice en contraste, podía decir que Émilie era su mejor amiga, a pesar de que nadie concebía esa palabra ni en la imaginación. Las dos solían compartir sus raquíticos almuerzos, burlarse de sus profesores y en ocasiones, hablar de cualquier cosa, así fuese de sus rutinas diarias o de los colores de las cajas de gises. Para Matt Rostov, eso era increíble porque otras niñas no se trataban con fraternidad y el sistema fomentaba una incesante competencia que derivaba en odio entre ellas, aunque debieran trabajar juntas.

Justo en eso pensaba él cuando arribó al colegio y pasó junto al enrejado del patio, donde observó a Bérenice poniendo rostro de asco a su ración y a Émilie colocándose a su lado con un "hola", largo y despreocupado.

-¡Viernes de excelentes, nutritivas y elegantes tripas de gato! ¡Especialidad gourmet de la casa, finísimo! - dijo Émilie después de ver las tiras maceradas que su compañera estaba renuente a comer.

-¡Ja, ja!
-Perdón, pero por tu cara se nota que es asqueroso.
-Saben mejor picadas.
-Al menos están secas; con caldo son la muerte.
-¿A ti qué te dieron?
-Más tripas, pero en casa les pusieron curry.
-¿Curry?
-Como somos burócratas, nos regalan cosas para darle sabor a la comida.
-¿Sabe bien?
-Pues la tripas parecen pollo... Si quieres revolvemos las tuyas y así comemos las dos.
-Hecho.

Matt sonrió por eso.

-Mira a todas las estiradas, cómo se nota que sólo hablan de gimnasia y tonterías. - señaló Émilie - ¿No tienen qué hacer?
-Ja, no creo.
-¿Ya viste quiénes están allá? Tourisheva, Kim y Shaposhnikova, seguramente pensando en que somos monitas sin chiste.
-Nadie se les puede acercar.
-Hoy me tocó hacer los exámenes en el mismo grupo que ellas.
-¿Cómo saliste?
-Aprobé y soy alternante en suelo para hoy, mira, hasta en mi chamarra pusieron tres bandas grises, una amarilla y otra verde.
-Yo tengo las cinco azules.
-¡Vas a competir en todo!
-Contra ellas.
-¿Sabes qué nada más les importa que honrar al Gobierno Mundial y defender la bandera? 
-Eso es lo que se tiene que hacer.
-Sí, pero ellas creen que por ganar las medallas morirán como heroínas patrias o algo parecido.
-Y yo solo quiero un par para que el maestro no me riña el lunes.
-Con pasar las pruebas y no ser la peor de la escuela me conformo.
-¿Y como estuvieron ellas?
-¿En los exámenes? No te perdiste de nada, un brinquito por allá, un pie en la cabeza por aquí y nada más.
-¿Cómo?
-Hice más en viga que Kim, Shaposhnikova es una nerviosa de lo peor y Tourisheva lleva años reprobando.
-¿Cómo la dejan?
-La tienen en el equipo porque a la gente le agrada y le va muy bien cuando compite pero por este lugar creen que está muy vieja y quieren que renuncie un día de estos. Es lo malo de cumplir veintiséis y no retirarse a tiempo.

Bérenice ladeó su cabeza para dar la razón y probó las tripas aderezadas al mismo tiempo, constatando que la sazón se volvía aceptable.

-Pero ya hablamos mucho de gimnasia, mejor critiquemos el pelo: ¿Has notado que todas se hacen un chongo horrible? Es como si presumieran un chichón.
-¡Cierto! - contestó la niña Mukhin. En ese momento, Matt Rostov dejó de escucharlas.

Al interior del colegio se respiraba alivio; sí alivio, típico de profesores hartos que daban diagnósticos sobre las alumnas expulsadas al final de la semana. Muchas de ellas eran maravillosas pero no poseían fortaleza mental. A Matt Rostov le parecía injusto, ya que el gobierno mandaría a la mayoría a trabajar a las fábricas, sin posibilidades de asistir a otras clases.

-El médico Matt Rostov ha venido de visita - anunció Sophie Dufournet. Nadie le hizo el menor caso por atender a Elijah Maizuradze, que llevaba nuevas disposiciones respecto a Bérenice Mukhin.

-Agua caliente, buenas toallas, los mejores uniformes y por favor sepárenla de esa inútil de Émilie Dufournet.
-¡No puede hacer eso! - reaccionó Sophie.
-¿Por qué me contradice?
-Émilie ha mejorado sus notas desde que se hablan.
-Su hija es un desastre con patas y si no, un deshecho... A Émilie déjenla hacerse lo que quiera, nunca será buena en algo, terminará igual que esta señora que alega.
-Sí, será como usted diga. - intervino Rostov con un poco de sarcasmo.
-Ah, el doctor. Si no abre la boca nunca me entero de que también pierde tiempo de trabajo.
-El gobierno me quiere en la competencia.
-¿Para cargar las maletas? 
-De público.
-¿Quién autorizó semejante irresponsabilidad?
-¡Bérenice Mukhin pidió que viniera, el secretario del gobierno dijo que sí! - añadió Sophie.
-¿Cuándo comenzaron a cumplir los caprichos de una estúpida?

Elijah Maizuradze miró a Matt como si fuese un estorbo y lo recordó atendiendo a Bérenice con especial amabilidad antes de darle de alta. 

-"Otro civil con simpatía... Esto se volverá un problema" - reflexionó Elijah. Matt Rostov era el médico personal de Bérenice.

-Doctor, Rostov ¿Lo llevo con la niña? Estamos en descanso, más tarde será imposible hablar con las chicas, tienen que prepararse. 
-De acuerdo, Sophie. Me retiro.

Maizuradze lo miró con recelo y lo siguió hasta la puerta. Matt continuó hacia el patio y alegremente se acercó a Bérenice, que lo recibió agitando su mano. A la distancia, todo aparentaba normalidad pero Elijah supo que la niña experimentaba aprecio por Rostov.

-Se acabaron las visitas - ordenó Elijah Maizuradze a Sophie - Bérenice Mukhin no tiene a nadie.
-Enseguida mandaré un telegrama al Ministerio de Salud.
-Primero llévese a su hija y que no se vuelva a repetir lo de verla con Mukhin.
-Enseguida ¡Émilie! ¡Émilie es hora de peinarte, esa competencia no nos va a esperar! - gritó la mujer. La niña se despidió rápidamente de Bérenice y Matt Rostov y se aproximó corriendo a su madre.

-Vamos a que te aplique fijador en esos pelos, dime que ya traes el leotardo puesto.
-Sí, pero me queda chico.
-Mentira, te queda bien. Siéntate y dame un momento.

Sophie tomó lugar frente a su telégrafo y procedió a escribir, pero no para hacer la petición ordenada al Ministerio de Salud, sino para solicitar que Matt Rostov fuese transferido al colegio y se mantuviera con Bérenice, más uno extra al Ministerio de Deportes, colocando a Émilie como finalista de suelo en sustitución de la mismísima Liudmila Tourisheva por "realizar pese a nota, test satisfactorio".

Sophie Dufournet podía ser artífice de pequeñas venganzas personales pero herir su ego a través de Émilie y sobremanera Bérenice, costaba enfadarla a extremos insospechados y podía causar terremotos. El Gobierno Mundial no tenía absoluta idea de lo que, en realidad, ella era capaz. 

-Listo, señor Maizuradze, no tardaran en atender sus deseos. 
-Nunca me ignoran. Ahora vuelva a su insignificante vida.

Cuando él se dio la vuelta, Sophie sonrió.

-Idiota - expresó. Émilie se percató del buen humor de su madre y tomó su mano.

-Tendremos noticias, niña. Te pondré brillitos en la cara y sombra de arcoiris, una coleta y es hora de que uses las zapatillas de seda que el Pacto te mandó la semana pasada.
-¿Por qué?
-Va a llegar una hojita rosa en unos minutos. Me lo vas a deber.

Émilie no atendió más y se sometió al proceso de ser arreglada más de la cuenta. En el fondo, le disgustaban los maquillajes y otros horrores pero disfrutaba esos instantes de contacto físico con Sophie, en los que se imaginaba algo parecido al cariño materno.

-¿De qué color te pongo el listón? ¿Verde limón como el de la chamarra o marrón?
-¿El gobierno te aumentó el sueldo o por qué preguntas?
-No cruces la línea... Pero no me lo aumentaron. Mejor aprovecha que no estoy molesta ¿Por cuál color te decidiste, Émilie? 
-El verde me gusta.
-Ese será. ¿Te quedas quieta?
-Como árbol.

Émilie se sentó en el suelo y Sophie comenzó a elaborarle una coleta a la usanza del equipo titular, en una burla anticipada de lo que vendría. Las recepcionistas que volvían a ocupar sus lugares después de tomar bocadillos, admiraron la escena con mucha curiosidad.

-Bérenice no se queja cuando la peino.
-¡Pero me importa no ser calva!
-¡Te callas y esperas!
-¡Pero a ti no te duele!
-Tienes más nudos que un perro callejero.
-Nunca hemos tocado a un perro.
-Pero se nota el pelo enredado... Ya quedó.
-El nudo me aprieta.
-No me interesa.

La niña miró a Sophie con gesto de boca chueca pero no fue atendida y debió soportar que sus pestañas fueran rizadas después de colocarle sombras distintas en los ojos.

-Para la próxima, arráncame los párpados.
-No seas ridícula, Émilie. Por eso y de castigo no tendrás diamantina en las mejillas.
-¡Ay, que mal me siento! ¡Malísima!
-Mejor trae a Bérenice antes de que me tome el enojo en serio.
-¿A ella o al doctor Rostov?
-¡Lárgate!

Émilie salió corriendo como un bufón, agitando su chaqueta. En el patio, Bérenice y Matt charlaban sobre los golpes que ella resentía de las prácticas y las cortaduras por pasar horas en la viga de equilibrio.

-El otro día desgasté mis zapatillas y se rompieron. No me han dado nuevas.
-No está bien que te concentres tanto en un solo aparato.
-Mi maestro dice que me ha ayudado con la postura y a ser fuerte.
-¿Lastimándote? Atenderé el dolor de los talones cuando acabes la competencia pero deberías tener hielo a la mano.
-Sí, doctor.
-Mira, viene Émilie.
-Me gusta su cabello.
-Se ve ¿cómo le llamas a los sonrientes?
-"Felices". Ella se ve "feliz".

Émilie no tardó en aproximarse. 

-Te arreglarán, Bérenice.
-¿Lo hará Sophie?
-Mientras no te aplique tortura como a mí, está bien.
-Doctor Rostov, tengo que ir.
-Entiendo, adelante.
-Lo veré más tarde.

Bérenice y Émilie emprendieron camino con calma, procurando hablar después de tomar distancia razonable con Matt Rostov.

-Le das envidia hasta a Tourisheva.
-¿Por qué lo dices?
-Matt Rostov habla contigo y te da consulta.
-Es su trabajo.
-Pero las demás quisieran que él las atendiera en lugar de la chica de la enfermería.
-El Pacto me lo asignó.
-Pero a ti no te importa que Matt sea "atractivo".
-Explícame.
-Tourisheva lo invitará a salir, la escuché.
-¡No puede hacer eso!
-¿Por qué?
-Matt tiene veinte años.
-¿Eso qué?
-Pues, él es más joven.
-Ajá.
-Matt no aceptaría, ella no es su tipo.
-Pero son adultos y si volteas...

Bérenice miró hacia atrás, dándose cuenta de que Liudmila Tourisheva tomaba sitio junto a Matt. Quién sabe de qué conversarían porque él se comportaba sin la solemnidad acostumbrada.

-¡A él no le gustas, Tourisheva! - gritó una enfadada niña Mukhin. Sus compañeras abrieron la boca por semejante estilo de ponerse en evidencia. En la puerta, Sophie Dufournet la aguardaba con la misma sorpresa.

-Bérenice, qué bueno que llegas. Voy a ponerte labial y ..
-¡Ya basta! Tengo que entrenar.

Bérenice caminó velozmente hacia un salón solitario y se encerró en el mismo. Por la cabeza le pasaba Tourisheva, seguramente burlándose de ella, las chicas de la escuela murmurando, el propio Matt creyendo que era ingenua y pequeña y finalmente Émilie, que tal vez no le diría nada o le recordaría lo ocurrido más tarde. 

Por el enojo, la chica resolvió desahogarse repasando su ejercicio de viga, sin protectores o magnesia, recordando a la "perfecta" Tourisheva que siempre ganaba. Por coincidencia, ese aparato también era la especialidad de aquella estrella.

-Sí, claro. Me llamo Liudmila y me aman, gano con el puro nombre y bueno, repruebo mis exámenes porque soy ¡una patética engañabobos! y me gustan hombres inteligentes y me aprovecho de que Mukhin sea una niña estúpida... Y Matt no me gusta, esto es diferente yo ... ¿Por qué doy un paso para atrás al dejar esta cosa? Mi entrenador me va a matar si no me sale perfecto... ¿Y por qué hablo en voz alta? ¡Esta rutina es una basura! 

El sonido de las llaves que abrían el lugar le recordó que no estaba sola.

-¿Estás bien? - Preguntó Émilie.
-Debieron sacarme de aquí solo para el torneo.
-Eso harán.
-Entonces ¿qué quieren?
-Es Tourisheva.
-¿Qué hay con esa mujer?
-La borraron de la final de suelo.
-Es lo menos que se merece, vieja bruja.
-¿Qué es bruja?
-Mala y fea.
-La voy a sustituir.
-Bien hecho.
-Ahora ella me odia. 
-Ay, Émilie, le ganaste a una de las estiradas.
-Sophie me dijo que siempre no soy un fracaso.

Bérenice descendió de la viga y abrazó a su amiga.

-Matt Rostov se fue, avisó que te vería más tarde.
-Qué vergüenza.
-Pudo ser peor.
-¿Qué me está pasando? ¿Por qué me importa que él se vaya con Tourisheva?
-No tengo idea.
-A lo mejor se me pasa en unos días. 

Bérenice retomó su improvisado entrenamiento, escuchando a Émilie hablar sobre lo satisfecha que se hallaba de obtener una oportunidad en una competencia formal y de cómo Sophie lo presumía con sus colegas. Tan entretenida era, que el asunto de Matt Rostov quedó en el segundo plano.

(Cada ocasión que Bérenice Mukhin evocaba este episodio, terminaba deprimida porque su gemela dimensional, Carlota Liukin, pasaba por lo mismo, pero la diferencia era que ésta última no podía tener final feliz.)

viernes, 1 de noviembre de 2013

La mujer más bonita (Cuento de día de muertos)


A Nathalie Péchalat con admiración. / Foto tomada de tumblr.com/astarrry y editada con Pic Stitch.


Madrugada del sábado, Tell no Tales:

Ricardo contemplaba a Bérenice durmiendo en el sofá y de vez en vez, daba un sorbo al té mientras pensaba que al igual que a todos los Liukin, le había disgustado que la pandillera comiera con los dedos, hablara con la boca llena, riera escandalosamente y bebiera el vino como si fuera agua. Gwendal había sido responsable de invitarla a la cena familiar, de permitirle usar el tocador para darse una ducha y también de que se quedara a dormir, pero no tenía importancia. Sonia estaba disgustada de prestar una pijama y una muda de ropa, pero las chicas podian arreglarse. Bérenice había declarado su agotamiento por haber pasado dos días en la calle y parecía lógico perdonarle su falta de modales ya que aquello podía pasarle a cualquiera.

Mañana:

Bérenice se despertó en el momento que Javier Liukin le llevaba el desayuno. El aroma del café recién hecho era seductor.

-Hay croissants, fruta, salchichas y mantequilla.
-Gracias.
-¿Dormiste bien?
-Mejor que nunca... ¡Las salchichas están deliciosas!
-Qué bueno.
-¿Y esto es?
-Mantequilla.
-Un poco simple pero no está mal.
-Bueno, si le metes el dedillo te va a saber así, te pondré un poco en el pan y te va gustar más.
-¿Sabes cúanto tenía sin probar bocado antes de anoche? Creí que iba a caer muerta- la chica volteó hacia el comedor, los Liukin la miraron - Gracias por darme de comer, son todos muy generosos.

Tal comentario significó que la familia accediera a darle un lugar en la mesa.

-¿Te sirvo algo más? - le preguntó Ricardo.
-¿Podría darme más de todo? 
-Por supuesto.
-Nunca había probado algo tan delicioso, siento como si estuviera en una fiesta.

Ella sonreía tanto que ignoraba la curiosidad que provocaba.

-¿Qué harás hoy? - intervino Gwendal
-Llevarlos a Hammersmith ¿Empacaron?
-¿Perdón?
-Ayer avisé.
-¿A quién?
-Al señor Ricardo, le dije que conozco un atajo.
-¿Cuál?
-El espejo. Hay uno muy grande en Poitiers y solo caminaríamos poco tiempo.
-¿Otra vez, perdón?
-Atravesaríamos el espejo ¿Qué tiene de raro?
-Disculpe, señorita, no sabía que hablaba en serio - contestó Ricardo por decir algo.
-No se preocupe, estoy acostumbrada a que nadie me tome en cuenta, soy súper tonta. 

Hubo un silencio incómodo.

-¡Sonia! - exclamó Gwendal - ¿podrías acompañar a Bérenice a vestirse? 
-Ven, no nos tardaremos.
-Bueno, no he terminado mi plato.
-Hay que ir a Hammersmith - pronunció Adrien, para sorpresa de todos.
-Eso es cierto, seré muy rápida, preparen maletas.

Bérenice abandonó su lugar alegremente. Los demás se atisbaron entre sí.


Habitación de Sonia:

-Adoro tu clóset, la ropa china tiene mucho estilo.
-Es moda japonesa.
-No noté la diferencia.
-Era de esperarse.
-¿Qué usas?
-Una alaciadora.
-¿Para que sirve?
-Para alaciar, obvio.
-Pero tienes el cabello liso.
-Quiero evitarme el frizz.
-¿Qué es eso?
-¿Frizz? Cuando los cabellitos se salen de lugar.
-Ah... Lo olvidé.

Bérenice mordió uno de sus meñiques, como cuando fingía entender algo.

-Mi mamá me peinaba cuando era chiquita.
-Qué original.
-Siempre me hacía una trenza ¿Tú mamá también te ayudaba con tus coletas?
-Jugábamos al salón de belleza, yo quería ser estilista.
-En mi casa pensaron que me volvería científica.
-Eso era mejor que teñir cabello.
-Mi madre me ayudaba a maquillarme antes de las clases y sujetaba mi pelo con unas cintas de colores.
-¿Por qué usabas maquillaje?
-Me lo pedían, después ya tuve que hacerlo sola.
-Qué raro.
-No, el gobierno me metió a una escuela de deportes y siempre tenía que estar presentable.
-Nunca había oído algo así, de seguro a tu mamá todavía le es extraño.
-Mi mamá murió cuando cumplí diez años.
-Lo siento.
-La gente a diario muere, pero a ella le habría gustado verme ganar un montón de medallas.
-Mi prima Carlota dijo lo mismo en el funeral de mi tía.
-Supongo que le dolió mucho.
-Fue difícil.
-Al menos tú tienes a tu madre.
-Cuando le dije que no sería peluquera, hizo una fiesta.
-¿Qué quieres ser? 
-Cantante. Estuve en un colegio musical y todo eso.
-¿También cantar es carrera?
-Una muy competitiva, pero me tienes que responder ¿Por qué te volviste atleta? ¿Te detectaron?
-¿Detec.. qué?
-Notaron tu talento.
-Ah, es que en el recreo me la pasaba en dos manos o saltaba entre las rocas, era muy traviesa.
-Yo fui mala en deportes.
-Yo soy gimnasta.
-Qué bien.
-Lo malo es que no aprendí a hacer otra cosa.
-De algo te ha de servir.
-La verdad es que me habría gustado estudiar más y ser científica, como soñábamos mi mamá y yo. No la habría decepcionado con mis malas notas y tampoco sería una tonta.

Sonia la observó con cierta compasión y cambió el tema.

-¿Quieres que te alacie el pelo? 
-¡Sí!
-Siéntate y mira.
-¿Quedaré bien? 
-Te gustará, Bérenice, te lo prometo.

Sonia cepilló la cabellera de aquella chica sin darle tirones. En un santiamén, la pandillera se había ganado su simpatía.


Sala de los Liukin:

-"Esta madrugada la policía de Tell no Tales detuvo al cantante brasileño Michel Teló después de hallarse indicios de posibles vínculos con la pandilla Rostova. Aunque las autoridades han aclarado que es una acción preventiva y que se realizó un interrogatorio de rutina, se ha colado un video a los medios de comunicación donde se muestra al artista conviviendo con la famosa Bérenice Mukhin en el hotel Luna Palace de manera 'más que amistosa'. La versión de varios testigos confirma que Teló y Mukhin departieron en la suite de éste después de celebrarse un concierto gratuito. El cantante no ha hecho declaraciones públicas pero aseguró extraoficialmente que acababa de conocer a la mujer y no tenía conocimiento de su actividad delictiva antes de ser liberado".

Bérenice escuchó aquello al salir del cuarto de Sonia, se vio en la pantalla y colocó sus manos en su cabeza.

-Qué pena - murmuró.
-¿Estás bien?
-Todo mundo se ha enterado de lo que hice.
-Yo no supe, el video es inocente.
-No, tío Gwendal ... Me, me tengo que ir.
-Tranquila, no pasa nada.
-Se me va el aire.
-Toma un poco de agua. 
-¡Mi relación con Matt ahora si está muerta! Él de seguro ya se enteró de esta noticia... Si mi papá llega a saber se va a decepcionar, está enfermo y un disgusto lo puede mandar al hospital ... ¡Qué vergüenza! Yo... ¡Los veo a las seis en la calle Götze, no olviden las maletas! Gracias por todo.
-¡No te vayas! 


Calle Piaf, esquina con Helmut. Interior de una camioneta, semáforo en rojo:

-¿Qué te dijo la policía?
-Me pidieron que no vuelva.
-Habrá que evitar a la prensa cuando aterrizemos en Brasil.
-No hice nada malo.
-Enredarte con una criminal nos puede costar contratos.
-Vivo de los conciertos.
-Los patrocinadores te pagan las cuentas.
-Trabajaré más.
-Buena suerte, ojalá con esto aprendas a no confiar en nadie.
-Pues me gustaría volver a ver a Bérenice Mukhin.
-Para demandarla por manchar tu imagen.
-¡Para decirle que la pasé bien!

(Se oyen gritos provenientes del exterior:
-"¡No te vayas! Pensaremos en algo"
-"¿En qué, tío Gwendal? Perdí a mi novio, soy noticia mundial por algo estúpido, me tienen grabada ¿puede pasar otra cosa?")

-¡Hey, es la chica!
-No puede ser coincidencia.
-Tengo que hablarle.
-Michel, no hagas una idiotez. ¡Regresa!

El hombre descendió del vehículo y corrió hacia Bérenice.

-¡Mujer! - exclamó, ella no le atendió por continuar su discusión con Gwendal así que se arriesgó y se plantó frente a ella.

-¡Bérenice!
-Chico, no creí verte.
-La policía me preguntó por ti. Mírame, parezco cadáver, no me dejaron descansar.
-¿Cómo me encontraste?
-Iba circulando por aquí, te escuché, te vi... ¿De verdad eres Bérenice? Porque de día y sin maquillaje me gustas más, ¡sólo deseo decirte que eres hermosa! ¡Bérenice eres bellísima! ... La mujer más bonita.

La joven sonrió y no pudo contestar nada. Michel Teló respiró detenidamente y se alejó mirando hacia ella una y otra vez. Bérenice Mukhin permanecía de pie, experimentando una felicidad repentina, reconfortante. 

É amor pra valer (English lyrics) here: http://lyricstranslate.com/en/e-amor-pra-valer-true-love.html

sábado, 5 de octubre de 2013

De compras


Sí, lo sé, pero mi Fabian Bourzat NO inspiró este cuento y no encontré una mejor ilustración.

El sábado inició con los rayos del sol apuntando al rostro de Carlota, que desde su cama contemplaba un cielo bellísimo y cristales de colores, producto de una brisa cálida que auguraba alegría en Hammersmith. Tamara se había levantado y al parecer no estaba afectada por el asunto con Luca Fabbri.

-Supe de un buen sitio para desayunar, ¿quieres unos wafles?
-¿Sigo soñando?
-Oí a Sandra Izbasa diciendo que hay un lugar a veinte minutos que no está tan mal ¿vienes? 
-Me daré un baño.
-El señor Maizuradze nos invita a la playa después, ¿te parece?
-¿Puedo usar bikini?
-Por supuesto que no.
-¡Yo quiero!
-Me da mucho gusto pero no. Arreglé tus cosas, no te tardes.

Carlota saltó hacia la regadera y sin hacer ruido, Tamara salió de la habitación con una gran bolsa al hombro. El teniente Maizuradze estaba en el pasillo y se notaba que esperaba a Viktoriya, ya que no paraba de mirar el reloj y de apretar un tubo con bloqueador solar.

-Buenos días, Tamara ¿cómo está?
-Buenos días, estoy tranquila, gracias.
-¿Lista para un día de descanso? 
-Me emociona imaginar que me broncearé un poco.
-Excelente, ojalá sea un buen anfitrión...
Le confieso que no sé asar carne.
-Haguenauer sí, él le ayudará.
-Por las bebidas no se preocupe, confisqué la cerveza. Estas gimnastas rusas pensaron que me verían la cara.
-Bien hecho.
-¿A dónde va ahora?
-A desayunar, tal vez haga unas compras después.
-Llegaremos a las trece horas a la playa
-Seguro nos veremos allá, con su permiso.
-Propio. 

Ella caminó hacia el ascensor, coincidiendo con Haguenauer en el acto. Se saludaron apenas y se dedicaron a aguardar.

-Pasquale Zazoui se muere por hablar contigo.
-Me esforcé tanto en evitar ese día.
-¿De qué te ríes?
-Han pasado cuatro años, me encanta.
-Ay, Tamara.
-La junta no va a durar mucho.
-Será conferencia de prensa.
-No fingiré desvergüenza.
-Algunos tienen la intención de removerte como entrenadora de Carlota.
-Te darán el puesto.
-No voy a trabajar con ella.
-Pero la quieres ahorcar, aprovecha.
-Contactaron a Lena Tarasova, a ver si accede.
-Se negará.
-Deseo lo mismo.
-¿Motivo?
-Odio a Carlota pero no es para tanto.

Haguenauer sonrió con su broma, deteniendo la puerta del elevador y entrando detrás de Tamara. 

-Lo bueno es que la fama es efímera.
-¿A qué viene el comentario?
-A noticias de Tell no Tales.
-¿Qué pudo pasar? ¿Otro descerebrado?
-Un cantante en problemas por meterse con una "fan" que además es una delincuente perseguida. Arrestaron al tipo y lo tienen grabado. Los de la tele están felices.
-Esta ciudad le pega lo chismoso a cualquiera.
-¡No!
-¿Por qué me dices esto?
-Porque 'Realeza' ya no se vendió, esta "nueva exclusiva" fue para una revista de moda llamada "Rócoco" en su sitio web.
-A todo mundo le gusta "Realeza" 
-Regla de Hammersmith: Si no se vende en las primeras horas, ya pasó de moda.

A Tamara comenzó a darle un ataque de risa súbito y gozoso, no exento de un alivio profundo. 

-¿Cómo cambian las cosas, no?
-Quisiera ver la cara de Luca y de la gente que le pagó.
-Pero afuera de esta ciudad sigue siendo el presente.
-¿Qué más da? La estupidez extrema le ganó a la intimidad.
-¿De dónde sacas tantas frases, Tamara?
-Debería escribir un libro de pensamientos light, eso vende.
-Te estás tardando.
-Creo que todavía es temprano, la pseudo filosofía de la vida funciona con oficinistas treintones que oyen música ochentera.

Ambos descendieron en medio de suposiciones de cómo sería el
inexistente escrito, en un intento por relajarse y simular que no veían a los reporteros que hacían guardia a las puertas del hotel mientras entrevistaban a Sandra Izbasa para una emisión matutina en vivo. Por el ambiente, podían darse cuenta de que mucha gente conocida se hospedaba en el lugar y alcanzaron a distinguir a las chicas del equipo estadounidense de gimnasia a punto de irse de excursión. Otras chicas hacían lo mismo. 

-Al menos conocemos a las rusas.
-Amén.
-Le dije al señor Maizuradze que estarás en la parrilla.
-Me quería divertir, Tamara.
-Te necesito viendo a lo lejos.
-¿Para qué?
-Joubert Bessette no me da confianza y quiero disimular que me la paso vigilándolo.
-¿Cuándo te desharás de él? 
-Déjale ese asunto a Ricardo Liukin. 
-¿No vas a intervenir?
-Si Joubert fuera una molestia en las prácticas, ya lo habría corrido.
-Ese muchacho es peligroso.
-Pero no soy la madre de Carlota o una autoridad moral respetable, debo ser congruente.
-Más vale que Carlota esté sola el próximo mes a más tardar o cumpliré mi advertencia.
-Ahora yo digo "amén".

Oculto en un rincón, Sergei Trankov río por lo que había oído. No necesitaba ser genio para opinar que aquello era mala idea, que la niña se aferraría a Joubert entre más negativas recibiera para seguir junto a él y en un descuido terminaría enemistada con sus entrenadores.

-Detesto a Carlota - murmuró en mofa y se limitó a verla cuando se apareció en el lobby. Joubert no tardó en encontrarla y besarla en la frente, para envidia de las gimnastas y las turistas presentes. Transcurrieron unos minutos de charla y ambos se fueron en compañía de Haguenauer y Tamara.

-¿Podrías dejar de espiar e irnos? - pidió Lubov Trankova, recordándole al guerrillero que era un día de descanso. Él la rodeó con su brazo derecho y dejaron el lugar.

Afuera, la ciudad era una fiesta con globos y la gente aguardaba impaciente la tarde para el esparcimiento sabatino en la playa. A Trankov le llamó la atención que las carnicerías estuvieran llenas y las tiendas de autoservicio escupían gente eufórica. 

-Me comprometí con el señor Maizuradze a comprar las papas e ir a una parrillada - murmuró él, agradeciendo que se le había ocurrido desayunar en el hotel y podía gastar su tiempo en una larga fila rumbo a la caja. 

-¡Creí que tomaríamos el ferry! - recriminó ella.
-Olvidé pasar al supermercado ayer.
-Gracias por arruinarme la mañana.
-Discúlpame.
-Claro, lo que tú digas.
-No voy a discutir aquí.
-Yo tampoco, pero me debes una más. 

Él le concedió la razón e ingresaron a un centro de abasto que parecía excesivamente surtido y con precios no razonables. En cada pasillo se hallaban artículos poco comunes como aperitivos coreanos o bebidas chinas, frutas brasileñas y dulces sudafricanos. En el corredor de frituras, Trankov estaba tan deslumbrado que no podía decidirse entre marcas ucranianas o alemanas, así que Lubov, ansiosa por irse, tomó un par de botanas, creyendo que saldrían más o menos a tiempo para caminar o hacer algo; pero la lentitud del servicio hizo imposible albergar cualquier esperanza.

-Te lo voy a compensar, Lubov.
-Veremos.
-¿Estás enojada? 
-Quería pasar un día contigo, solos.
-En la noche podemos ir a cenar.
-Los restaurantes elegantes no existen en Hammersmith.
-O vamos al cine.
-Me gusta la idea.
-Relájate, después seremos tú y yo.

Lubov no contestó. Se notaba molesta e incrédula con los nuevos planes, así que puso mala cara. Poco a poco, las chicas que la rodeaban comenzaron a coquetear con Sergei sin ser correspondidas y Lubov se enfadó más.

-Deja de mirarlas. 
-No te pongas así.
-Soy tu mujer, que no se te olvide.

Sergei bajó la cabeza para obedecer lo que a todas luces era una orden. Los cuchicheos y las críticas no se hacían esperar de parte de las presentes y todas se compadecían de la actitud sumisa del hombre. Lubov ni parpadeó.

-¿Quién te invitó a esa fiesta?
-Las amigas de Vika.
-¿Por qué aceptaste?
-Me pareció divertido.
-¿Te das cuenta de que nunca dices "no"?

Trankov meditó la respuesta sin externarla. 

-¡Chico lindo! - se oyó, pero la voz correspondía a una jovencita impresionada con otro muchacho en una fila no muy alejada. Lubov y Sergei prestaron atención, reconociendo la voz de Carlota Liukin alegrándose por haber hallado botes de helado de distintos sabores y una hielera aparentemente eficiente. Joubert la tomaba de la mano y lucía unos lentes de sol que le concedían un aspecto rebelde. 

-¡Viene con su hermanita! ¡Qué tierno! - exclamó Sergei tan alto que Lubov no evitó la carcajada y Carlota transformó su faz risueña en una mueca de reproche.

-Perdóname, sorry.* - ironizó Trankov. Joubert, sin embargo alcanzó a percatarse del batallón de jovencitas que lo miraban, captando que el guerrillero se burlaba de eso y no de la chica Liukin.

-Ellos van a llegar a la caja primero ¿vamos? - sugirió el joven Bessette.
-No, a nosotros casi nos toca.
-Les decimos que pagamos juntos.
-Trankov está muy bien ahí donde lo ves.
-Es mi amigo, Carlota.
-Bueno, tráelo y sé feliz.
-¿Qué te hizo? Antes te agradaba.
-Meterse en lo que no le importa y espiarme cuando cree que nadie lo ve.
-¿Cuándo pasó?
-En el tren... Aunque no tiene importancia, exageré.

La niña sonrió falsamente, pensando en que Trankov sólo era capaz de enfurecerla con sus chistes en lugar de contar algo más delicado: En silencio, existía el acuerdo de guardar el capítulo de los cerezos, al menos por un tiempo.

-Entonces ¿le digo que se acerque?
-¿Por qué no? Él te cae bien.

Joubert llamó a Sergei Trankov, mismo que no dudó un segundo en acceder y saludar, admirándose de que Carlota pudiese crear la ilusión de que todo marchaba sin problemas. 

-Qué buena actriz eres, bebé. - cuchicheó.
-Cállate.
-No acabes con mi paciencia.
-Imbécil.
-¡Bruja!

Carlota se cruzó de brazos pero aparentó buen humor, aún cuando a su alrededor no cesaban de nombrarla "hermanita pequeña" con el único pretexto de halagar al joven Bessette. 

-Ojalá ya nos cobren - comentó este último incómodo.
-Pero si estás bonito - replicó Carlota, ocasionando una sonrisa pícara en su chico y el recibir un beso en la mejilla. 

-Gracias.
-De nada, guapo.
-¿Por qué tan halagadora? 
-Porque sí.
-Tú eres la bonita.

Joubert tomó a Carlota del hombro y ésta lo estrechó espontáneamente, Lubov los contemplaba con ligera envidia, producto de los sinsabores cotidianos.

-Él se ve contento - le comentó a Sergei - y ella enamorada.
-Carlota es una santa.
-Todo un angelito.
-Qué "encantadora" niña... Joubert ¿no habían ido a desayunar?
-Tamara nos obligó a comer rápido y nos  mandó aquí.
-¿Qué hora es?
-Casi la una.
-¿Nos hemos tardado tanto? 
-¿Cuándo llegaron?
-Diez de la mañana.
-Nosotros no tenemos mucho, como media hora.
-Mejor hubiéramos ido a otro lado - dijo Lubov a Sergei, un poco más enojada que antes, pero ella eligió calmarse y trenzar el cabello de Carlota que no se inmutó.

-¡Allá hay otros guapísimos! - dijo imprevistamente otra jovencita. El espectáculo de adolescentes y veinteañeras avisándose entre sí para posar sus ojos en galanes imposibles era costumbre en Hammersmith y en parte influía en la lentitud de cualquier servicio o la creación de tumultos callejeros. No era porque los hombres de la ciudad fueran atractivísimos, sino por los estereotipos de las telenovelas, que los ponían a competir por el cuerpo más musculoso, la risa más carismática y la actitud más varonil. Las chicas, comprendiendo que no eran tan bellas como las actrices, jugaban el rol de cenicientas desesperadas que tal vez tendrían suerte y atraerían a uno de estos falsos adonis, sin importar que nunca pasaba.

Para la desgracia de todas, esa fue la razón por la que Carlota comenzó a ser rodeada por estos especímenes, que abusando del poder que ejercían, lograban que las jovencillas les cedieran su lugar.

-Hola - dijo uno.
-Te ayudo con tus cosas - señaló otro. La niña Liukin se hacía la desentendida y se le encendían las mejillas con la lluvia de cumplidos que seguía.

-Estamos en un supermercado, ¿qué carambas pasa? - gritó Lubov, enterándose al instante de que Carlota poseía la apariencia requerida para estelarizar campañas publicitarias o series dramatizadas. 

-Nunca serás una diva, bebé - musitó Trankov. Carlota se volvió a mirarlo con irritación y él se limitó a continuar con su risa, seguro de que Joubert ni se percataba por atender, igual que Lubov, la surreal escena alrededor.

-¿Por qué no avanzamos? 
-Falta poco, Joubert.
-¿Sí estoy bonito?
-Estos musculosos están horribles, tú eres guapo.
-Gracias, Carlota.

La niña apretó sus manos, esforzándose por no ver a otra dirección que no fuera el piso. 

-¡Pervertidos! ¡Esta pequeña sólo tiene trece años, déjenla en paz! - protestó Lubov - ¡Y todas las señoritas deberían buscar algo que hacer en lugar de ver a estos monstruos que tienen el cerebro en el bícep izqui... Quién es él!

La chica Liukin frunció el seño y giró hacia atrás, sorprendida por la conducta impulsiva de Lubov, motivada por un desconocido de físico impresionante. Claro, Carlota curioseó y al descubrir al sujeto de interés, casi se le salen los ojos de las órbitas.

-Es tan sexy que me estoy derritiendo más que el helado.
-Ahora entiendo todo, me retracto de haber pensado que las tipas en este lugar son cabezas huecas.
-Nunca me quiten esta vista.
-Qué bueno que vine.
-Yo también me retracto, los músculos de ese hombre si son hermosos... Joubert, te voy a poner a hacer ejercicio.
-¿Qué? - contestó el desconcertado joven Bessette, que optó por abrazar de nuevo a la niña para evitar que admirara más tiempo al muchacho que alborotaba a las demás, pero salió mal.

A espaldas de Joubert, Sergei Trankov intentaba hacerse de la atención de Lubov y al no conseguirlo, tuvo la idea de quitarse el chaleco y la playera. Apenas lo hizo, Carlota soltó discretamente a su novio, permaneciendo boquiabierta y sobremanera sonriente ante el guerrillero, mismo que enseguida se cubrió.

-Niña loca - comentó.

Aprovechando que Joubert ni siquiera se enteraba, la chica sacó un bote de helado y comenzó a comerlo para bajarse la emoción, mientras entendía el por qué del apodo de "príncipe encantador" y se percataba de que en la playa no se repetiría la escena para beneplácito individual, que ninguna otra extraña en Hammersmith podía presumir de haber visto el torso del guerrillero y además tenía un secreto digno de guardarse, ya que la postal de Sergei Trankov revelaba una imagen maravillosa, impresionante, perfecta.


 
*Diálogo de la teleserie 31 minutos durante el episodio "El fin del mundo".