sábado, 23 de julio de 2011

Gritar tu nombre


A Brian Joubert

El viejo del muelle maquinó una conspiración, esperó el momento justo y poco antes del Masters, hizo que Carlota tomara la cena en Le jours tristes. Por primera vez en meses, la chica tenía frente a sí un platón de papas a la francesa con queso. Las comía con avidez, como alguien que no tomaba alimento en mucho tiempo. Judy sorprendida, mordía cohibida en la barra una rebanada de pizza y no cruzaba miradas para no hacerle notar sus desconocidos y nada habituales malos modales.

La cafetería se encontraba llena. Los comensales disfrutaban la lucha libre en televisión. Anton se presentó con unas flores marchitas. Increíblemente, las acababa de cortar. Durante días, intentó obsequiarle varias a su amiga y siempre se veía en la necesidad de desecharlas justo antes de saludarla. 

-¡Pero que mala suerte me ha caído! ¡Se me han echado a perder otra vez las rosas! ¿El cielo no quiere que me declare o qué?

El niño lo decía todavía como juego pero era la verdad. Al tomar asiento frente a Carlota, él también se desconcertó por la prisa con que ella saboreaba el tentempié que en secreto le sirvió la señora Becaud.

-¿Te traigo algo, Anton?
-Una malteada de vainilla.
-De milagro has alcanzado mesa.
-Suerte de chamaco.
-En un momento tendrás tu batido.
-Gracias, Judy.

La brisa jugaba su papel y Carlota comenzó a sentir frío. Gwendal no se había presentado para llevarla a casa. El niño tenía planeado llevarla en su bicicleta nueva y hasta una sombrilla ridículamente grande la cubriría. Pensaba que al dejarla en su portal, aprovecharía para hacerle la petición de noviazgo pero un ruido lo interrumpió.

En la puerta, un muchacho de dieciséis años saludaba a casi todos los clientes. Después de colocar en el perchero su chaqueta, se acercó a una mesera y le pidió el té del día; inclusive realizó una llamada en lo que servían. Cuando le buscaron un asiento, el único disponible se situaba junto a Anton. Un poco resignado, él pidió permiso.

-¿No les molesta?
-Adelante, hay lugar para todos.

Carlota volteó y al ver al chico que se sentaba, paró de comer. De pronto, un pudor la sonrojó. Él le sonrió.

-Si te incomoda puedo buscar otro lugar.
-No.. no hay problema.
-Ok ¿Se divierten?

Anton tomó la palabra.

-Estábamos conversando.
-¿Algo importante?
-A dónde iremos mañana.
-En el parque harán un festival medieval.
-Ya quedamos en acabar con las brochetas y bailar de brinquito.
-Jaja, qué genial ¿Y qué cuentas linda?

La chica Liukin abrió más los ojos ¿Linda? Nunca nadie se dirigió a ella de esa manera. Perdiendo la noción de lo que pasaba a su alrededor, en vez de darle una respuesta breve, le dijo su nombre.

-Soy Carlota Liukin.
-Joubert Bessette.

Al tenderse mutuamente la mano, una especie de electricidad los embargó. En ese instante, el voltaje comenzó a variar.

-Creo que es hora de dejarte en casa pequeña- Intervino Judy.
-Yo la acompañaré.
-No creo Anton, tu madre acaba de avisar que viene por ti.

Desalentado, el chico Maizuradze se limitó a sorber su malteada. Carlota se despidió y le prometió llegar temprano para alcanzar buenos lugares en las parrillas.

En la calle, ambas se tardaron debido a la multitud que corría para resguardarse de la nevada que comenzaba. Al doblar por Piaf, se toparon de frente con Ricardo y Gwendal. Éste último se disculpaba por no recoger a su sobrina; había tenido un día muy complicado en la notaría junto a su hermano.

-Te lo agradecemos Judy.
-No hay de qué señor Liukin.
-Iré por unos panecillos y así ya no te vas sola de regreso ¿Te parece?
-De acuerdo Gwendal.
-Los veo más tarde.

Una vez en su habitación, Ricardo conversó con Carlota. Gabriela se unió y llamó a sus hijos. En un hecho inédito, se reunían en un lugar que no era su comedor o su sala. Aunque Andreas tenía un aspecto un poco descuidado y Adrien se moría de sueño, las risas les quitaron de encima el tedio que arrastraban. No tardó su tío en volver y la velada fue más grata; se prolongó hasta las dos de la mañana.

Al fin sola, Carlota en su cama repasó el bochornoso momento con aquél apuesto jovencito de risa seductora. Casi podía jurar que él le coqueteó cuando se marchaba pero era tanta su inexperiencia en esos asuntos que se contentaba con imaginar que había sido así. De todas formas, el reloj se estacionó a las seis. Afuera, la falta de luz por un inesperado apagón sólo remarcaba las lámparas azules de la rueda de la fortuna y el puerto que funcionaban por estar conectadas a una planta independiente. Levantándose para contemplar tan hermosa vista desde su balcón, recibió al rocío que humedecía su rostro agradablemente.

-Así que te puedo encontrar aquí.

Ella se inclinó.

-"¡Cielos! ¡Es encantador!" - Se dijo a sí misma - ¿Porqué estaría aquí a esta hora?

Joubert la observaba contento. Las luces se encendieron de pronto pero parpadeaban como en el café.

-¡Tengo que entrenar! - recordó la chica- ¡Voy tarde!

Para fortuna, ella heredó la habilidad de su madre para estar impecable en pocos instantes. Con su maleta al hombro, salió a toda prisa.

-Te llevo.
-No, gracias.
-¿A qué hora debes estar?
-Seis y media.
-Faltan diez minutos.

Carlota lo pensó mucho pero el chico poseía motocicleta y no podía darse el lujo de llegar tarde. Tamara no toleraba la impuntualidad.

-¿Qué tan rápido eres?
-Con ésta máquina puedo volar.
-Pista de hielo número dos en Humanidades.
-¡Eres patinadora!
-Me van a matar si no llego.
-Ponte el casco.

La chica Liukin se transportaba escoltada por alguien a quién no conocía. Veloz, Joubert tomó el atajo que desembocó directo al centro de práctica. Las facultades de la Universidad de Humanidades eran un grato recorrido.

-Nos ahorramos dos minutos.
-Me salvaste la vida.
-Cuando necesites.
-Gracias.

Ella corrió. Su entrenadora y Verner la esperaban justo en la puerta.

Por curiosidad, Joubert entró a la práctica y se colocó en un sitio dónde nadie lo veía o escuchaba. Aunque Tamara de vez en vez percibía su presencia, al no estar segura, optaba por dejarlo pasar.

-¿Tenemos los programas listos Judy?
-Completamente montados.
-Bien hecho. Carlota, Verner, necesito examinarlos, acaben el calentamiento y comienzan sus ejercicios cortos, no quiero que paren, inmediatamente inician el largo.

Obediente, la chica ejecutó sus rutinas impresionando al escondido joven. La electricidad continuaba fallando, excepto cuando era turno de Verner, que escribía sus habituales notas sobre su compañera.

-Desde ayer no han podido arreglar el problema, Jean decidió no abrir hoy cuando una de las cafeteras se descompuso.
-Otra ventaja de no depender de la luz.
-¿Ironía, Tamara?
-Sarcasmo personal.

Carlota concluyó su quinto repaso y descubrió a Joubert. Ambos se vieron fijamente. Judy cuestionó.

-¿Sucede algo?

Verner preparaba sus combinaciones de salto en el segundo justo que se experimentaba una sacudida de corriente más. El sistema de enfriamiento colapsó y las lámparas estallaron. Él corrió dónde la jovencita.

-¡Reacciona niña!

Al tomarla de la mano, recibió una fuerte descarga.

-¡Dios mío! Debo sacarte.

Joubert se aproximó y Carlota lo siguió. Apenas dejaron de contemplarse, el corto circuito cedió a la tranquilidad.

-Verner no se hirió - Comentó Tamara al salir del recinto - Lo prudente es que se vayan, yo me encargo del reporte.

El viejo del muelle aguardó a que Judy arribara a Le jours tristes y le contara el incidente para vaciar las aceras y provocar una fuerte nevada. 
La fiesta del parque debió cancelarse, las líneas telefónicas murieron y el viento destrozaba las ventanas. Carlota y Joubert, solos, se disponían a despedirse en la enredadera que colgaba del balcón. Sorprendentemente, un inesperado beso surgió. El caos eléctrico se reanudó pero fue por última ocasión. La chica discretamente entró a su habitación y durmió el resto del día.

El domingo, el panorama era otro. El cielo despejado y el sol invitaban a salir de casa. Familias enteras no pudieron resistir ir a la playa. Carlota y Amy se citaron y compraron frappés. Como buena confidente, ésta última se impresionó con lo que relataba su amiga.

-¿Cómo es que puedes besar a alguien que acabas de conocer? ¡Ni siquiera sabes si se encontrarán por ahí!
-No le di mi teléfono, no pregunté nada.
-¿Y qué sientes?
-Que me desmayaré.
-¿Por lo menos valió la pena?
-¿¡Para qué miento?! ¡Sí!

Pero la sorpresa aumentó camino a Piaf. Joubert se encontraba en la puerta del edificio. Al divisar a Carlota, se acercó. Amy pensó que él era un poco mayor pero supo que no era preciso hacer comentarios.

-Hay una fogata en Katsalapov ¿Vamos?
-Debe estar David allá.
-¿David?
-Es el novio de Amy.

Inconscientemente, el joven Bessette y la niña Liukin se apartaban del resto. Se preguntaron miles de cosas. Él era músico, vivía en el vecindario Poitiers y trabajaba como asistente de escultor en el famoso atelier del artista danés Sven Hallgrim. Entre sus aficiones se encontraba el hockey y como buen tellnotelliano, resultó ser fan de Thomas y Joachim Alejandryi. Adoraba el sushi y leer en las noches.

-Iré a la escuela mañana y a entrenar.
-¿A qué hora nos veremos?
-El viernes es el Masters no puedo dejar de asistir a la pista, yo creo que hasta el sábado tendré tiempo.
-La semana será muy larga ¿Y si voy a tu práctica?
-Es abierta al público.
-Tanto mejor.
-A la una en punto.

Carlota suspiró y esperó impaciente el lunes.

El viejo del muelle se encontró a Joubert por la mañana y le pidió que lo ayudase a llegar al campo.

-¿Te sorprende tanta vitalidad en un veterano?
-Mi abuelo ya no sube montañas.
-A la derecha, me gusta la vereda. Lo que susurres en esa zona se oye en todos lados.
-Loco.
-¿Quieres probar?
-¿Sólo para decir hola?
-Te pregunto mozalbete: ¿Te has enamorado?
-Mmmh .. Me reservaré los detalles.
-Ayer estabas con esa muchachita, Carlota.

Joubert bajó la cabeza.

-Hace tres días que la conozco.
-¿Impresionado?
-Es muy bonita pero creo que es pequeña.
-Una Liukin siempre da miedo.
-No le temo a Carlota; podría ser mi hermana menor.
-No es de tu familia.
-¿Qué debo hacer?
-Ser honesto. Si das un paso que sea porque el mundo entero sabrá lo que sientes por ella. Sabia virtud de la gente aquí al sentir amor rápido y no andarse con tantos rodeos - extendiendo un papel - Ésta es su canción favorita, el rebote hará el resto.

Joubert se colocó al borde del vacío. Con una piedra comprobó el eco. Exhaló con fuerza.

-Sé que a esta hora has salido del colegio, te dispones a reunirte con tus amigos - pronunció inseguro - probablemente en tu cabeza esté más presente tu tarea, tus botines... Sé que no me encuentro allí .. En cambio puedo imaginar que has escrito "Joubert" en tu cuaderno, le contaste a tu amiga los detalles de cómo me encontré contigo el viernes, lo de la moto y .. Tal vez es lo más exprés que ocurrirá con nosotros pero .. ¡Te amo Carlota Liukin!

En las ramblas, los restaurantes y los apartamentos, la gente se detuvo intrigada. Carlota en Dubrova prestaba oídos a tan insospechada manera de enterarse sobre las intenciones de Joubert Bessette.
En las montañas, el jovenzuelo exclamó:

-¡Señor lo hice!

El anciano se marchó pero la inspiración no. Animado, susurró los versos de la melodía aconsejada.
El sonido de su voz cantante se percibió en cada lugar de la Tierra.



miércoles, 13 de julio de 2011

Las historias de amor nunca terminan. Segunda Parte (Los deseos contenidos)


"El vestido que llevé a la cena de fin de año fue un préstamo de Agathe, era azul pastel y la parte de abajo tenía miles de flecos de colores... Sinceramente, me alegré de que no fuera rojo, me habría sentido tan convencional.. Me hicieron un peinado alto y me puse un collar rosa de mi madre, el alcalde comentó que valía más que el Oksana Savoie, no sé si sea cierto..
Todo tenía la virtud de ser irrelevante en el bosque cuando me fugué con Matt... Miré su tatuaje en el pecho mientras él tocaba mi espalda casi desnuda, apenas cubierta con finas tiras de diamantes. ."

El diario de Lía fue hallado por Elliot Cohen en un compartimento secreto en el camarote nupcial del Oksana Savoie. Interesado en comprender ciertas costumbres, lo leía con avidez y procuraba tomar notas de cada detalle. Mientras revisaba el resto del escrito, una carta, al parecer no abierta, se hizo sonar al caer de la nada. Una corriente la levantó y llevó extraordinariamente a la mano del cronista que extrañado, desdobló la misiva.

Un saludo formal y una felicitación por boda no sugerían gran cosa; que llegaran a la mitad de la hoja era símbolo de aprecio y hasta buen gusto dentro de la rimbombancia de ese entonces. Halagar al amigo por el tesoro que había encontrado en la doncella prometida era requisito indispensable y resaltar sus cualidades podía ser tomado por cortesía... Pero que estuviera dirigida a ella y no a él era simplemente incongruente para un hombre en sus cabales y además, traicionero.

Elliot intuyó bien que en aquella sociedad de principios de siglo XX, la amistad entre los caballeros era tan importante que sacrificaban todo para seguir siendo leales. El joven que tuvo el atrevimiento de enviar tal correspondencia se arriesgó a perder el honor y brindarse la licencia de ser apasionado pudo costarle incluso la vida a manos de su padre en caso de ser pillado.

En este caso, se trataba, ante todo, de una declaración.

Alban Anissina era admirador de Lía Liukin, un soñador al que sólo detenía el hecho de saber que su mejor amigo estaba liado con la joven. En silencio, el médico le profesaba un amor incondicional y profundo. Se había encariñado con ella al saber de su labor de maestra, al irla conociendo y compartir cierta cotidianidad no pudo resistirse a su deslumbrante personalidad. En el mensaje, él se rindió ante ella y se disculpó por no haberlo manifestado antes. Lo que le hacía sentir era magia.

Elliot se apartó un poco de sus labores. Abrumado lo tenía el estudiar los objetos del barco y pensar en historias acarameladas no era algo que deseara hacer. Finalmente, Anissina no era el primero en fijarse en la mujer de otro y tampoco el último en tener la cobardía (o la valentía) de negárselo a sí mismo, soportarlo y después estallar aunque nadie, mucho menos la dama de sus deseos se percatara.

Sin duda alguna, para Alban la situación fue muy dura y al parecer, nunca lo superó: Cuando tuvo la epístola a su disposición, Audrey Phaneuf averiguó sobre el doctor en el sótano del museo que llevaba su apellido; ahí encontró más papeles y fotografías, todo consagrado a la joven Liukin. Usando el sobrenombre "musa de hielo" para referirse a ella, redactó una enorme cantidad de cuentos, ensayos y poemas, tan grande era su inspiración que había cajas inundadas de sus recuerdos.
Terminó muriendo de tristeza.

sábado, 2 de julio de 2011

Las historias de amor nunca terminan. Primera parte (microcuento).


Judy se conmovió al ver la reacción de Carlota cuando supo que participaría en el Masters y su estado de ánimo se vio afectado. Trabajó el resto del día y al anochecer, se quedó en la cafetería vacía, haciendo cuentas y preparando el pago de sus empleados. Con unas lagrimillas comenzó a retirar de las mesas las cartas del menú para colocar nuevas. Jean había ido a descansar temprano y la lluvia se dejaba sentir suavemente. El agua que escurría en las ventanas al llegar a las banquetas formaba una ligera capa de hielo. Gabriela, corría con la sombrilla sin evitar empaparse y arribó a Le jours tristes. Judy no escondía que estaba llorando.

-Disculpe, no hay servicio.
-Soy Gabriela Alejandriy y encargué pastelillos, dije que llegaría a esta hora.
-Qué olvidadiza, adelante ¿Café?
-No gracias, de todas formas traigo lo justo.
-¡Oh! Era cortesía, no me haga caso.
-¿Tiene un problema?
-No es nada.
-¿Su marido le hizo algo?
-¿Qué? No, no, Jean está durmiendo, es que hoy me emocioné mucho y las hormonas también me juegan malas pasadas.
-Perdone mi imprudencia, es que yo estuve en el coctel de la editorial cuando Jean Becaud la dejó muy mal parada.
-Él intentaba parecer un escritor maldito frente a sus amigos esa noche, ya lo hablamos, lo solucionamos.

Gabriela tomando la iniciativa, colocó un par de tazas sobre una mesa y Judy se sentó.

-Si necesita ayuda, confíe en mí.
-Gracias, pero de verdad estoy bien
-¿Ha trasnochado?
-Soy insomne.
-El remedio para eso es un vaso con leche caliente.
-He tomado varios y no funciona.
-Llámeme Gaby.
-¿En qué trabaja?
-Soy curadora de arte en la Galería Universitaria.
-Muy interesante, yo volví a mi carrera de Historia del Arte.
-Cuando era más joven cursé Diseño.
-Son estudios muy bonitos.
-Definitivamente lo valen.
-Ahora que está por iniciar el ciclo escolar no tengo idea de cómo voy a sobrevivir entre las tareas, este trabajo y el entrenamiento, ya formulé un plan pero las jornadas de clase son impredecibles.
-¿Usted es deportista?
-Coreógrafa de patinadores, sólo di una observación y ahora hago mancuerna con la instructora.
-Suena difícil.
-Más bien agotador..  Hoy la niña que está en el equipo supo que tendrá un torneo muy importante y estaba tan alegre porque rescató su temporada.. Le hace tanta ilusión que hasta sentí que el estómago se me llenaba de mariposas pero vamos a contrarreloj.
-Guardando las proporciones pero yo he estado igual.
-Traeré su pedido.
-No es urgente ¿Sabe? Yo también me casé joven.
-No la imagino Gaby.
-Tenía veintidós. No me arrepiento.
-Yo hace como ocho meses, ya cumplí los veintiuno... Espero durar con Jean toda mi vida.

Hubo un silencio por varios minutos, Judy suspiraba.

-Veo que tiene muchas flores.
-Llegaron hoy.
-Supongo que usted misma eligió los arreglos.
-Me habría encantado pero no. Hoy en la mañana mi colega hizo un entripado porque llenaron la pista de rosas y todas eran para mí.. Regresé y los del servicio de entrega dejaron todo lo que ve.
-Quisiera que mi marido tuviera esos detalles, Judy.
-Tal vez le demuestra lo que siente de otras formas.
-Él es muy expresivo con nuestros hijos pero conmigo ..
-Cualquiera sería tímido con usted.

Gabriela miraba con cierta conmiseración a la señora Becaud ¿Ella era tan ingenua? Por supuesto, no se trataba de la primera vez que observaba los gestos de anhelo y profunda devoción entremezclados con una actitud aniñada. Indudablemente, la chica se aferraba a creer en la existencia de un único amor pero todos se percataban de que había contraído matrimonio prácticamente con el primer hombre que llamó a su puerta. Para evitar un desaguisado, Gaby prefirió tomar rumbo y prometió recomendar el café a sus conocidos.

Nuevamente sola, Judy se dispuso a lavar la cafetera cuando descubrió una nota y una rosa. El espíritu de la campiña la contemplaba leyendo el mensaje escondido en la cocina, al tiempo que ideaba maneras de sorprenderla. Siempre seguía a la joven para saber cuáles actividades realizaba, qué le gustaba. Las flores en la pista y el local eran perfectas, pero ella, convencida de que Jean era el responsable de tales regalos, no dudó en correr a su alcoba, despertarlo y hacer el amor.

lunes, 27 de junio de 2011

El milagro que surgió en un humilde café


Septiembre 2001

El viejo del muelle comenzó a frecuentar Le jours tristes por las mañanas y Judy amablemente le dió la bienvenida. Los meseros comentaban que las propinas dejadas por él eran buenas y se desvivían por atenderlo. La señora Becaud, ajena a esto, procuraba hacerle un poco de charla.

-¿Cómo ha estado?
-Un poco cansado niña, he venido por tu repostería y a encargarte algo.
-Por supuesto, lo que se ofrezca.
-Que otro me dé las cosas, necesito que te sientes.
-¿Qué es lo que gusta solicitarme?
-Ayúdale a Tamara Didier con su trabajo.
-No tengo el placer de conocerla, creo que le fallo.
-Ve esta tarde a hablar con ella, di que es de mi parte.
-Yo con gusto le paso un recado pero no entiendo bien.
-La encontrarás en Steuer, entrégale esto y espera. Desempolva tus patines. Cuando vuelvas, deberás hornear más pan.
-Es un poco extraño.
-No tanto como el marido que tienes.

Judy miró al anciano con cordial desconcierto y pidió que le sirvieran café.

-Debo ir por mis botines.
-No llevas prisa.
-Pero afilar mis cuchillas toma tiempo, en las tiendas he visto que dan turno. Con permiso.
-Propio mujer.

En su recámara, la señora Becaud trató de no mirarse al espejo para no pensar en lo que el anciano había dicho acerca de esposo pero no pudo evitarlo mientras se preparaba para salir. Se acordó asimismo de su madre advirtiéndole que no se casara tan joven y de su maestro de historia que le insistió mucho para que no dejara la escuela por un escritor que de la nada, manifestaba un interés dudoso:
-"Parecerás más bien, su trofeo" - Se lamentó el docente cuando ella, enamorada como estaba, tomó un taxi para mudarse al departamento de Jean y a las pocas semanas, llegar a Tell no Tales, montar un negocio y trabajar elaborando maravillosos cupcakes que pocos probaban.

-Si viene Jean por favor díganle que tuve un encargo - solicitó a los empleados - Trataré de volver pronto.

Minutos más tarde, mientras esperaba que terminaran de acerar sus hojas, Judy logró reconocer a Carlota quién repasaba sus rutinas mientras Tamara Didier le daba indicaciones y Amy las grababa. Steuer era una calle en cuyas esquinas se ubicaban los almacenes de indumentaria deportiva y éstos con sus aparadores permitían ver lo que pasaba en esa pista al aire libre.

-¡Excelente Carlota! ¡Has mejorado mucho ese double axel*! se escuchó.

-Pobre niña, le han gritado todo el día - Mencionó la persona que hacía el recibo a Judy - Y es la primera vez que la halagan, su instructora es un poco quisquillosa.
-Tal vez la coreografía necesita más práctica. Las transiciones son pausadas y creo que el programa que montaron requiere velocidad.
-¿Usted es coreógrafa o algo así?
-Es sólo una impresión...  No sé, me disgusta el estilo de Michelle Kwan y cuando tratan de basarse en él se olvidan de los requerimientos artísticos.
-Media ciudad se volverá en su contra si la oyen.
-Creo que ese equipo necesita ayuda.
-Espero entonces que le tomen en cuenta. Aquí está, sería todo. Buen día.
-Gracias.

Algo nerviosa, Judy se aproximó a la entrenadora en plan de hacer un comentario; por la ligereza de sus pasos, llamó la atención de Didier, aquello le indicaba que se trataba de una persona entrenada.

-Hola.
-¿Puedo servirle?
-Mi nombre es Judy.
-¿Y bien?
-Tal vez no sea la persona más indicada, y tal vez no poseo experiencia pero creo que debe enfocarse más en corregir las transiciones**.
-Tuvimos una tragedia en las certificaciones gracias al mérito técnico, debemos trabajar mucho más en los giros y es evidente que usted no es experta.
-Han descuidado las secuencias de pasos y esas también se califican.
-Usted era de las de danza, seguro.
-Iba obligada a un horrible club cuando era pequeña y mis habilidades no eran muchas.
-Por sus pies puedo juzgar que tampoco le fue bien y le hizo al mundo un favor dejando el hielo en paz.
-Aprendí un par de cosas.
-Hacer cómo que bailaba.
-¡Cuánta arrogancia! ¡Gané una medalla de bronce en novice en el 93!
-La de su club de patinaje, es fácil apostarlo.
-Esa nunca lo obtuve pero sí la de Coupe de Nice.
-¿Quién era su pareja?
-Gwendal Mériguet.
-¡¿Era usted?! ¡El se quejó de tener que ayudar a una mocosa de trece años! ¡Jajaja aquello fue patético! ¡Tener que ver a un senior con una novata que se resbaló en la danza obligatoria, en la corta y la libre! ¡Jajaja!
-No se burle.
-Casi los descalifican porque Gwendal rebasaba la edad límite pero intercedió Pasquale Zazoui alegando lo del niño que dejó plantada a su partner.
-Pasé mucha vergüenza.
-Jejeje Soy Tamara Didier.

Judy temía darle la mano pero por educación lo hizo. Después de unos instantes embarazosos recordó su manda. Respirando profundamente le pasó el impreso. Era un cartel, Tamara lo desenrolló.

-Un anciano te lo envía.
-¿Usa gorra?
-Como boina.
-El venerable del muelle. Todos lo conocen.
-Yo no hasta hace poco.
-Oficialmente ya eres habitante de Tell no Tales, ese hombre mínimo ha saludado a todos alguna vez.

Revisando lo escrito, Didier se quedó asombrada. Era una convocatoria, pero no cualquiera: Otorgaba un lugar en los Nacionales de Patinaje Artístico de Tell no Tales y los requisitos para participar consistían en haber formado parte del certamen de certificación de nivel ese año además de la presentación de dos rutinas nuevas en tres semanas. El tradicional "Masters Classic", dónde muchos atletas se jugaban la última posibilidad de ir a una competencia formal se hizo extensivo a los novice, según se explicaba, por la ausencia de contendientes. No se entregaban preseas pero si una certificación automática que facilitaba la inscripción en otros concursos como el serial de clubes dónde el competidor con más medallas de oro en las pruebas asignadas se erigía como ganador.

-Judy ¿Puedo verla en la noche? Tengo un alumno nuevo a las siete que no da problemas.
-A esa hora estoy ocupada.
-Mire, apuntaré a Carlota enseguida. Por favor venga, estaré en la pista senior número dos en Humanidades.
-Me da pena pero la cafetería a esa hora tiene algunos comensales y alguien debe prepararles la cena.
-Entonces yo voy ¿Dónde queda?
-Mejor nos reunimos en la pista para poder platicar, pero a las ocho.
-Bueno, es razonable.
-Entonces me retiro para dejar la cocina a tiempo.
-Hasta luego.
-Hasta más tarde.
-No entre con zapatos ni a las gradas, soy muy estricta con el uso del calzado, lleve los botines, es para mantener en buen estado el inmueble.
-Entendido.

Una sonriente Tamara transformó su tono de voz de impaciente a uno más jovial

-¡Carlota! ¡Ve a casa! ¡Mañana te quiero temprano, a las siete!
-¡Bien! ¡A esa hora!

La instructora tardó más en llegar a la pista principal donde las estrellas del equipo tellnotelliano realizaban prácticas que en apuntar a su pupila en el Masters. En la mesa de solicitudes, Eva Fehr y Ryan Oppegard le preguntaban si contaba con la certeza de que su discípula podría soportar la presión ya que pensaban que la ansiedad era el factor del fracaso en agosto.

-Ella podrá con esto. Cualquiera que realice un axel sin titubear es capaz de hacer lo que quiera.
-Te adelantamos que uno de los jueces es Ingo Carroll y el estilo de tu chica no le gusta.
-Está dispuesto a poner el último clavo en mi ataúd, díganle que nos vemos en las Nacionales.
-Eso si se presenta, estará ocupado con sus junior y senior ¿Sabías que Michelle Kwan ya entrena con él de nuevo? Hace rato la vimos reconociendo las instalaciones.
-¿Kwan?
-En Nagano él la llevó a ganar medalla y quiere repetir en Salt Lake.
-Nagano, Nagano, me perseguirá siempre.
-El torneo comienza el día veinticuatro, pero la prueba femenil es el veintisiete, vamos estableciendo el orden de salida conforme van llegando así que en el programa corto ella será la número veinte. Su actuación será a las veintiún horas. Para la rutina larga haremos sorteo de grupos después de la clasificación preliminar.
-Entendido.
-Suerte.

Por la noche, era el turno de Verner Tomos para demostrar un avance. Él ya tenía cierto camino competitivo y con tal de continuar espiando a la niña Liukin se las arregló para que Didier lo admitiera. Judy Becaud llegó a tiempo y se notaba agotada. Con su look juvenil y desenfadado impresionó a Tomos quién notó en ella un parecido muy marcado con Carlota.

-¿Quién te dijo que te detuvieras Verner? -cuestionó Tamara - ¡Continúa, en diciembre necesitarás quedar entre los primeros cinco!
-¿Sesión difícil?
-La chica es un reto mayor. Soy la nueva coach de este patinador desde hace unos días, me dijo que la presentación de Carlota le gustó por la dificultad y el está buscando mejorar sus elementos de salto porque no es muy fino, según el historial de sus evaluaciones, lo penalizan mucho. Las advertencias inundan su carrera, eso le impide ir ganar medallas.
-El eterno detalle.
-Así es.
-Traje panquecillos, son un regalo.
-No como azucarado.
-¡Ouch!
-Démelos, agradezco mucho.
-¿Cuentan con algún patrocinador?
-Sólo Tomos, es una perfumería.
-Pensaba que tal vez podría intentar auspiciar el proyecto y viendo las circunstancias, eso incluiría a este muchacho.
-Es una disciplina muy costosa.
-No gano mucho en la cafetería y pensé organizar una kermés con las monjas. Hace tiempo di un curso de decoración de repostería con ellas y obtuvimos cierto beneficio.
-Eso no es mi prioridad ahora, mencionó que asimiló algo hace tiempo.
-Zazoui me enseñó un poco de montaje coreográfico.
-¿Modestia?
-No, es la verdad.
-El sonido me indica que usted sólo consiguió ser ejecutante de twizzles***, lo de los problemas en las transiciones de Carlota son algo de lo me percaté y de todas formas requiero de una persona con nociones de danza, todos los instructores cuentan con un bailarín que les ayuda a armar sus programas y estoy segura de que usted es la indicada.
-Lo que menos tengo es tiempo.
-No es de todos los días. Supongamos que de jueves a sábado.
-Pero también entraré a la Universidad y con tareas, exposiciones y similares se me irá el día.
-Viernes y sábado.
-Realmente me ofrece el trabajo ¿Va a confiar en alguien que nunca dió una?
-Hice el ridículo en unos juegos olímpicos y usted patina peor así que por default la preparación de deportistas es lo nuestro.
-¿Y tendré un sueldo?
-¿Bromea? A la semana usted se queda sin un centavo, mejor conserve su local. Mañana haré que los chavales se dediquen a ofrecer bizcochos.

Judy se retiró y caminó feliz cuando al atravesar las puertas de Le jours tristes se topó con su establecimiento lleno. Sus panecillos decorados estaban agotados y los meseros al distinguirla le pidieron ayuda con los inesperados clientes. El viejo del muelle se presentó y ella le contó como pudo todo lo ocurrido.

-Por hacerme ese favor te has ganado comensales. Acostúmbrate a la prosperidad.
-Ojalá así sea.

La señora Becaud no descansó esa noche; en la madrugada preparó canastas de cupcakes y para su mayor sorpresa, Carlota y Tomos ni siquiera protestaron cuando su entrenadora les hizo venderlos.

Gwendal que pasaba cerca del café, se aproximó a ver lo que pasaba. Tamara entonces le preguntó por saludo:
-¿Todavía te acuerdas de la niña a la que plantaron en Coupe de Nice?
-¿La que se cayó?
-Adivina a quién me encontré...
-¡No es cierto!
-Es en serio ¡Judy!

Al verla, el tío de Carlota se impactó. La chica de la que se burló durante años en tertulias y borracheras en Lyon y que fue humillada por Jean Becaud ahora lo miraba con sus grandes ojos verdes. Obviamente ella sabía quién era él.

-Buen día.
-Igualmente señorita, soy Gwendal Mériguet ocho años después.
-Judy Becaud y ya no uso cuchillas para dar pena.

Gwendal rió y se dispuso a ayudar a su sobrina con los panqueques comprándole varios; aunque se resistía, no dejaba de admirar a Judy quién se dió cuenta de que su piel se erizaba si él le dirigía la palabra.




*Axel
El patinador empieza hacia adelante, salta (como si se tratara de un paso de vals), hace por lo menos una vuelta y media (axel simple), dos vueltas y medias (axel doble), o tres vueltas y medias (axel triple)
en el aire y aterriza sobre el hielo.
Patinaje artístico
**Trancisiones
Son los cambios de ritmo en la coreografía de un patinador de acuerdo a la música que utiliza.
***Twizzles
Es una rotación con un solo pie. Es un elemento obligatorio en la danza.






miércoles, 22 de junio de 2011

La luna de sangre


Diciembre, 1914.

Nochebuena.

La ciudad se engalanaba para la entrega de regalos y las suntuosas orquestas para los conciertos de gala al día siguiente en los museos recién inaugurados. En las calles, los dorados recogían su último pago del año y se marchaban a casa con las manos casi vacías y llenas de hollín y grasa. El clima sería violento y esos hombres morirían en el camino; todos lo sabían y podía creerse ciegamente que se les dejaba partir a propósito.

En casa de Lía, el viento se escurría apagando la chimenea cada vez que su padre revivía las llamas y las mantas que cubrían a su madre parecían hojas de papel. Presintiendo que no pasarían la noche, la familia salió a buscar refugio en la iglesia aunque quedara lejos y les estuviera prohibido ir a esas horas pero el suelo asemejaba a las brasas.

-¡Qué rayos! No se puede andar.
-¿Y ahora papá?
-Veré la forma de no tener frío. Si puedes calienta el chocolate que queda.

Ella obedeció, pero los vecinos afuera no cesaban de preguntar a Goran que debían hacer. En un gesto generoso, la chica repartió bebida entre los que se acercaban, aunque no era poco, apenas quedó para los tres. Al cerrar la puerta, dejó de percibirse un poco el ambiente congelado.

-Mañana le pediré a Schultheiss que nos conceda quedarnos en el convento un par de días, esto se pondrá peor, si notas que tu madre desea dormir, no la dejes, cúbrela con lo que puedas y procura mantenerte atenta.
-¿Dónde irás?
-Por los hombres que han de estar sufriendo tratando de llegar con sus esposas.

Pero se desencadenó un terremoto ese instante, la campana anunció un tsunami.

-¡Ola hacia las montañas! - Gritó el vigilante de los acantilados.

Los campiranos abandonaban sus casas a toda prisa cuando un repentino fuego a pocos metros de la entrada de la ciudad se expandió rápidamente.

Un segundo temblor se presentó aún más inclemente y los habitantes de Tell no Tales optaron al fin por ver que sucedía. Los bomberos y la policía corrían para sofocar el fuego que tomaba dirección a los asentamientos rurales. Mostrando humanidad por primera vez, algunos se organizaron para salvar a la gente del campo. El padre Schultheiss los dirigía.

La familia Weymouth continuaba al interior de su hogar hasta que Alban Anissina gritó el nombre de Matt en la acera. El joven, pese a la oposición de su familia atendió.

-Pasa ¿Qué te trae aquí?
-La campiña se consume, todos allá van a morir.

Matt se asomó y al ver las cumbres encendidas pensó en Lía. Junto con su amigo, se precipitaron a sumarse al grupo de auxilio.

Mientras eso ocurría, Goran Liukin no hallaba senderos de escape y la laguna sería el primer sitio en el impacto de la ola.

-Iremos al norte y después trataremos de bajar al oeste, por ningún motivo vayan al sur.

Para después decir en voz baja:

-El viento nos está aventando a la lumbre..

Siguiendo las instrucciones, las personas prosiguieron hasta que una luz naranja los contuvo. La nieve que cubrió el bosque se había derretido.

-¡Todos al norte! - Repitió el señor Liukin. Desesperados, eligieron adentrarse aún más entre los pinos pero un estruendoso muro de agua los obligó a retroceder. Sin aparente salida, algunos subieron a las copas de los árboles buscando una ruta. Jorik logró visualizar un dirección a la izquierda y el grupo tendría suficiente tiempo para resguardarse al descender a una especie de calzada ocupada por los rusos inmigrantes.

Pero no todos contaban con suerte. Los primeros caídos debido a la pesadez del ambiente hacían resbalar a los que luchaban por continuar. Jorik le avisaba a los demás quién fallecía o se extraviaba pero dar la siguiente noticia lo llenó de espanto. El chico entre lloros anunció:

-Lía Liukin no está.

Goran tenía el corazón dividido ¿Ir por su hija o quedarse con su mujer? Las primeras cenizas de un siniestro sin control ya eran tan palpables que iba a resultar estúpido ir hacia ellas, con Daphneé enferma y sabiendo que nadie le procuraría atenciones era irresponsable arriesgarse, pero alguna vez también juró velar por su pequeña.

Cuando se logró controlar parte del incendio, Matt subió por la ladera. Horrorizado al llegar a la primer cumbre al ver que la devastación era inmensa, aceleró el paso. La vivienda de su novia estaba calcinándose, la gigantesca ola ni siquiera salpicó el lugar dando paso a la incoherencia.

El joven Weymouth se desplazó en paralelo a la catástrofe hasta verse, literalmente, con un túnel de fuego sobre su cabeza y un rugido escalofriante le privó del oído y posteriormente experimentó el sonido de un silbido incesante. Sin noción de la ubicación, una figura nebulosa batallaba con las bocanadas ardientes que le rodeaban. Por la esencia de violetas que acompañaba a tal ser, él se enteró de que era Lía.

Ella quedó atrapada cuando el aire arrastró una columna de llamas. Tosiendo, no pudo pedir ayuda y aunque resistía, el humo no daba tregua. Al aproximarse su prometido, lejos de sentir alivio, se angustió al extremo de gritarle, pero Matt no enseñaba algún gesto, no le hacía caso, le tomó de la mano y comenzaron a correr por la galería infernal hasta los acantilados pero las olas que se aproximaban eran más altas que las montañas y la confusión los paralizó.

El fuego iba tras Lía, el océano perseguía a Matt y ninguno lo había notado. Debido a la inminencia del choque con aquella pared líquida se despidieron. Ella se preguntaba porqué el chico no abría la boca pero lo abrazó y él cubrió sus ojos.

Dejándose llevar por el último reflejo de supervivencia, apenas pudieron evadir el primer resquicio de mar cuando se produjo un suceso extraordinario. Un tornado poderoso de fuego y agua se formó ante su mirada. El incendio se había terminado y el oleaje era absorbido por el remolino. Apostando todo, los dos trataron de huir.

En la ciudad, ver aquél fenómeno provocó pánico. De los integrantes de la improvisada brigada, Matt era el único que no había vuelto. Con el zumbido insoportable en los tímpanos, el chico zigzagueaba cuando tuvo una audaz idea; quizá no funcionaría pero al percatarse de que el sistema iba siguiendo sus pasos se desviaron lo más que pudieron y corrieron en círculos hasta tomar dirección de nuevo a los despeñaderos dónde se separaron y tomaron un camino distinto.

Unos casi imperceptibles copos de nieve se manifestaron y el mar comenzó a cristalizarse, el viento se volvió ligero y el tornado se desintegraba cuando la onda gélida lo solidificó. En un acto temerario, Matt retornó y desprendiendo la base con mucha dificultad desplazó el bloque al precipicio que al estrellarse en las rocas se redujo a inofensivos trozos de hielo.

Lía se colocó enfrente y él se limitó a besar su frente. Ella sólo le daba las gracias, se sentaron un momento y esperaron el amanecer para bajar a la urbanización.

El joven Weymouth, con ceniza y la ropa rota llevaba en brazos a la chica Liukin al momento de dejarla con su padre. Goran sentía un alivio profundo y no evitó que unas pequeñas lágrimas se escurrieran. Matt era el héroe de una jornada que contabilizaba veinte muertos en las montañas. Alban se apresuró a revisar las heridas de la pareja. Su amigo como pudo le transmitió sus molestias.

-Ese dolor de oídos se arreglará en unos días si descansa - Intervino el padre Schultheiss.

-"Así que era eso" - Pensó Lía - "Fui tan injusta en el bosque"

Los Weymouth estrechaban a su hijo y le dieron la mano al señor Liukin.

-Ha sido un honor para mi casta - Señaló Fabian Weymouth
-Reconozco la valentía de tan noble hombre, es signo de buena cuna - Contestó Goran e indicó a Lía:
-Puedes ir a visitarlo.

-¡La iglesia dará abrigo a los montañeses! - Anunciaba un monaguillo. El clima era como el verano y el Bourzat se adelantó.

-Habrá flores pronto - Dijo Daphneé, alegrando a su hija.
-Es hora de retirarse, todos merecen descanso.
-Por supuesto doctor Anissina, espero que vaya a visitar a mi esposa.
-Seguro señor Liukin.

Matt y Lía se dijeron adiós momentáneamente con un discreto beso. La luna aún era visible y estaba muy roja. Durante la noche nadie volteó a verla, pero en Tell no Tales eso significaba muerte y sobretodo, presagiaba la persecución de los malasangre; el tornado era el primer signo.