Hay que señalar algo: a la joven Liukin le daba exactamente igual leer o no todo lo que le mandaban, porque le parecía que ya sabía cuáles eran sus pendientes y le irritaba que los demás se empeñaran en recordárselos. Por eso, cuando Haguenauer la llamó por teléfono a la hora de la comida, ella lo dejó esperando, sin importarle que el enlace al tren fuera costoso o que el recepcionista realmente se enojara por su tardanza. Inclusive Joubert, que la acompañaba a esa hora por una fortuita coincidencia no podía creer lo que veía.
-Señorita, se han tomado la molestia de traerle un auricular - suplicaba un guardia.
-Debieron ahorrárselo o responder por mí.
Carlota demoró en terminar con sus alimentos y se atrevió a tomar como postre un helado grande; pero la rebeldía se le acabó en cuánto distinguió al teniente Maizuradze entrando al comedor y dirigiéndose a la mesa cercana donde ella.
-Diga que contestaré en la recepción y le ofrezco disculpas, oficial - señaló la chica que se levantaba cortésmente para abandonar el salón, obligada finalmente a responder por algo. Cuando llegó a la recepción, sobra resaltar, el encargado no lucía feliz y le indicó secamente que tomara la cabina que deseara. Para evitarse ser observada, Carlota entró en la número ocho con rapidez.
-¿Hola?
-Eres increíble, Liukin. Tu grosería rebasó todas las que me han hecho una gran cantidad de medallistas olímpicos y lo grave es que todavía no eres nadie en este mundo de las pistas ¿Ya leíste tus asignaciones para la temporada?
-Cinco veces.
-Perfecto, me imagino que estarás preparada para tu torneo en Hammersmith en cuarenta y ocho horas ¿Verdad?
-Sí .. Eh, mis programas están preparados.
-Ajá ¿Cuál va a ser tú música?
-"Sabre dance" ... Tú sabes algo rápido y divertido.
-¿Es para tu programa corto o para el libre?
-Corto.
-Me imagino que tu programa libre también tiene una estructura ya ensayada.
-Claro ¿Que creías?
-Que mientes descaradamente, no te has enterado de tu calendario y no tienes disposición de entrenar, te importa un comino el tiempo de los demás y si no presentas tus rutinas en dos días, se acabó porque te aseguro que serás despedida. A diferencia tuya, yo no estoy jugando. Tienes el abierto de Hammersmith y además el Másters d'Orléans en tres semanas. Te aviso que Copa de China y Trofeo Bómpard estarán programados para noviembre. La federación te subió a senior, por si te importa. Envíale mis saludos a Tamara que de seguro ha montado un "Sabre dance" precioso y que me muero de ganas de ver. Buenas tardes, Liukin.
Carlota palideció y corrió a leer sus recados, dejando el auricular descolgado. Al llegar a su habitación, se encontró a Tamara, a quién no veía desde la noche anterior. A la mujer le había sentado mal irse de fiesta y estaba enferma; Zhenya se había propuesto cuidarla.
-¡Al fin apareciste, niña! ¿Dónde estabas?
-No pude dormir, caminé por los vagones.
-Mira, qué bien.
-Llegaron mis asignaciones, Tamara.
-Ya lo sé, las recibí hace un mes.
-¿Ya sabías lo de Hammersmith?
-Te quebraron la cabeza, no ibas a entrenar así.
-¡Haguenauer quiere ver el trabajo pasado mañana!
-Causaremos baja, tu neurólogo dijo que "nada de saltos ni giros hasta nuevo aviso"
-¡Me quiero morir!
-Qué alentadoras palabras.
-Perdón ¿Qué te pasó?
-Me dió fiebre y me intoxiqué con alcohol.
-Era más fácil decir resaca.
-¿Qué le dijiste a Haguenauer?
-Que montamos "Sabre Dance".
-No suena descabellado, te tomaré la palabra, Liukin. Con eso vamos a entrenar pronto.
-Todo va a salir mal.
-Haz dibujitos, imagínate una rutina, cuando me sienta bien platicamos.
-De acuerdo.
-No le digas a nadie que me viste así.
-Prometido.
-Sal de aquí.
Carlota hizo caso. En el pasillo la interpeló Adelina.
-Ji ji ji ¡hola!
-¡¿Tú?!
-¡Qué bueno verte!
-Encima me abrazas.
-¡Porque eres mujer muerta!
-Y te burlas de mí, qué espanto.
-Relájate, Carlotita. Te compré un regalo.
-¿A mí? ¿Qué haces aquí?
-Pasarla bien, como vi que tomaste este tren pensé "¿Por qué yo no?" Y honestamente, te he visto meter la pata todo el camino. Ni siquiera sabes con quién ir de boca floja, con 5€ el cantinero me contó todo lo que le dijiste.
-¡Maldita perra!
-¡Oye! ¡Me impresiona tu boca! Bueno, también que no insultes al chismoso.
-¿Por qué le pagaste?
-Tengo mis truquitos, aunque es más pecador el que cuenta las indiscreciones de los demás que la que pregunta por ellas.
-Eres una horrible persona.
-¿Ahora qué? ¿Vas a llorar?
Acto seguido, la chica Liukin lagrimeó con fuerza porque sentía que habían abusado de algo suyo. Adelina, que no se distinguía por su delicadeza le echó más leña al fuego al revelarle que también había visto a Trankov llevándola a su habitación y preguntándole qué había hecho con él.
-¡¿Podrías dejarme en paz?! ¡Te detesto, Adelina! ¡Cállate ya!
-Sabía que por algo eres mi amiga.
-¡No soy tu amiga!
-Le dices a la gente que la odias con tanta franqueza que sólo por eso eres confiable.
-¡Tú no tenías que enterarte de mis cosas!
-¡Tú no tenías que darle besitos a otro que no fuera Joubert!
-¡Te voy a dar un golpe en la cara!
-Inténtalo y te verás en el hospital de nuevo, aunque te conviene para que Haguenauer no se entere de que no has trabajado.
-Me va a dar un ataque.
-Te ayudo.
-Aléjate de mí.
-Pero déjame entregarte un regalo.
-¡Con un demonio, Adelina! ¡¿Qué cosa me daría alguien como tú?!
-Acompáñame y verás.
-¡¿No podrías traerlo?!
-Tomaré un carrito de servicio.
-Si yo sugiriera algo como eso, dirías que es una ridiculez.
-Pero no lo dijiste tú.
Adelina juntó sus manos, se rió nuevamente de Carlota y permaneció mirándola llorar durante un buen momento.
-Haces tormentas en vasos de agua.
-Honestamente, Adelina ¿Quién te crees?
-Me creo yo misma.
-Robas mis tenis, esculcas mis cosas y encima te atreves a tocarme ¿Qué clase de ... ?
-¿De qué?
-¡De rata vomitiva! ¡Lárgate! ¡Vete a molestar a cualquier imbécil y deja de comportarte como callejera!
Adelina podía soportar lo que fuera, incluso que la llamasen "ramera", pero jamás "callejera". Esa palabra era el nombre que los marinos le habían dado en Cobbs y como tal, prefería dejarla en un pésimo recuerdo; por tanto, perdió los estribos y propinó a Carlota un puñetazo en el rostro.
-¡Ouch!
-Aprende a cerrar la boca.
-¡Me duele mucho! ¡Doble ouch! ¡Me sacaste sangre! ¡Me duele la cabeza!
-Eso te enseñará que la sinceridad es buena pero no abuses. Espérame aquí, voy por tu obsequio.
-¿No traerás a un doctor?
-¿Por un rasguño? Cúrate sola.
La joven Liukin se recargó en la pared y se dedicó a llorar de nuevo; no de un berrinche sino porque el golpe en el pómulo había sido demasiado fuerte. También se recriminó el no haber sido ella la que propinara la agresión como había amenazado. En el corredor no había nadie para auxiliarla
-¡Ay, no es cierto, me cortó la cara! ¡Voy a matar a esa bruja! ¡Adelina Tuktashashasha o como te llames, te patearé el trasero!
Pero Adelina apareció a los escasos segundos con el carrito de servicio y una enorme caja con un moño azul.
-Es para ti.
-Llévatelo.
-¡Gasté mucho dinero en una casa de madera y ahora la recibes!
-¡¿Por qué?
-Intentaba ser amable, pero lo que hacen los demás por ti, te importa un pepino. Al menos dale un poquito de valor a tu juguete nuevo ya que no te acordarás porqué te lo dieron ... Ya no se diga quién.
Carlota se sentó en el piso y contempló el regalo sin ánimos de tocarlo siquiera. Sabía que al interior de la frágil estructura de cartón había algo hermoso pero su mal reprimido espíritu de niña le avergonzaba mucho.
-¿Qué esperas? - expresó Adelina con impaciencia mientras Sergei Trankov salía de su escondite y la muchacha Liukin entrelazaba sus manos para contenerse el mayor tiempo posible.
-Todo lo que le exijas a Carlota es en vano, Adelina. Ella nunca ha tenido que esforzarse por cosa alguna, no conoce el hambre, ni le interesan las ofertas cuando compra ropa. Carlota Liukin es superficial, inestable y soberbia, con una vanidad inmensa que la vuelve insoportable. Es una chica narcisista y egoísta por default, que no identifica los sentimientos ni las intenciones de nadie, a menos que se colabore con su delirio de chica bonita y casi semidiosa, que no tolera o aprende de sus errores ¿Para qué quieres ser amiga de alguien que se desprecia tanto? Es una persona que ni siquiera se odia por no ser lo que los demás esperan de ella. Carlota se odia por ser una chiquilla que no sabe lo que quiere ni para dónde va. No tiene identidad más que su imagen de adorable y tierna niña que siempre será hermosa. Mírala, llora y luce impecable, le sangra la cara y permanece perfecta, es imposible no sentir compasión por ella. Pero la verás en unas horas, riendo, recibiendo halagos y a Joubert convenciéndose de que fue buena idea olvidar que tiene dieciséis porque Carlota es valiosa y lo comprende. Lástima que Anton, David y Amy sean sus amigos, porque ellos si la quieren.
Adelina se retiró a su habitación, decepcionada y con llanto inicial. Sergei Trankov permaneció en el pasillo porque aún tenía la esperanza de que sucediera algo que modificara su concepto de Carlota o le demostrara que la chica usaba un personaje por falta de confianza en sí misma. No tardó mucho. La joven Liukin abrió su regalo, asombrándole el tamaño y lo minucioso de los detalles de una casona desplegable, diseñada para jugar con unas muñecas diminutas, también de madera que reposaban en una sala elegante. Una de ellas le llamó la atención particularmente ya que que representaba a una patinadora con tutu y una medalla en el pecho. En el área dónde estaba el jardín de la mansión, había una especie de lago y cuando Carlota posó la figurilla en él, la música comenzó a sonar, como si se tratara de una cajita vieja. La sonrisa le brotó de inmediato y se dedicó a jugar con todas las piezas; invitando incluso a Joubert cuando este se apareció.
-Señorita, se han tomado la molestia de traerle un auricular - suplicaba un guardia.
-Debieron ahorrárselo o responder por mí.
Carlota demoró en terminar con sus alimentos y se atrevió a tomar como postre un helado grande; pero la rebeldía se le acabó en cuánto distinguió al teniente Maizuradze entrando al comedor y dirigiéndose a la mesa cercana donde ella.
-Diga que contestaré en la recepción y le ofrezco disculpas, oficial - señaló la chica que se levantaba cortésmente para abandonar el salón, obligada finalmente a responder por algo. Cuando llegó a la recepción, sobra resaltar, el encargado no lucía feliz y le indicó secamente que tomara la cabina que deseara. Para evitarse ser observada, Carlota entró en la número ocho con rapidez.
-¿Hola?
-Eres increíble, Liukin. Tu grosería rebasó todas las que me han hecho una gran cantidad de medallistas olímpicos y lo grave es que todavía no eres nadie en este mundo de las pistas ¿Ya leíste tus asignaciones para la temporada?
-Cinco veces.
-Perfecto, me imagino que estarás preparada para tu torneo en Hammersmith en cuarenta y ocho horas ¿Verdad?
-Sí .. Eh, mis programas están preparados.
-Ajá ¿Cuál va a ser tú música?
-"Sabre dance" ... Tú sabes algo rápido y divertido.
-¿Es para tu programa corto o para el libre?
-Corto.
-Me imagino que tu programa libre también tiene una estructura ya ensayada.
-Claro ¿Que creías?
-Que mientes descaradamente, no te has enterado de tu calendario y no tienes disposición de entrenar, te importa un comino el tiempo de los demás y si no presentas tus rutinas en dos días, se acabó porque te aseguro que serás despedida. A diferencia tuya, yo no estoy jugando. Tienes el abierto de Hammersmith y además el Másters d'Orléans en tres semanas. Te aviso que Copa de China y Trofeo Bómpard estarán programados para noviembre. La federación te subió a senior, por si te importa. Envíale mis saludos a Tamara que de seguro ha montado un "Sabre dance" precioso y que me muero de ganas de ver. Buenas tardes, Liukin.
Carlota palideció y corrió a leer sus recados, dejando el auricular descolgado. Al llegar a su habitación, se encontró a Tamara, a quién no veía desde la noche anterior. A la mujer le había sentado mal irse de fiesta y estaba enferma; Zhenya se había propuesto cuidarla.
-¡Al fin apareciste, niña! ¿Dónde estabas?
-No pude dormir, caminé por los vagones.
-Mira, qué bien.
-Llegaron mis asignaciones, Tamara.
-Ya lo sé, las recibí hace un mes.
-¿Ya sabías lo de Hammersmith?
-Te quebraron la cabeza, no ibas a entrenar así.
-¡Haguenauer quiere ver el trabajo pasado mañana!
-Causaremos baja, tu neurólogo dijo que "nada de saltos ni giros hasta nuevo aviso"
-¡Me quiero morir!
-Qué alentadoras palabras.
-Perdón ¿Qué te pasó?
-Me dió fiebre y me intoxiqué con alcohol.
-Era más fácil decir resaca.
-¿Qué le dijiste a Haguenauer?
-Que montamos "Sabre Dance".
-No suena descabellado, te tomaré la palabra, Liukin. Con eso vamos a entrenar pronto.
-Todo va a salir mal.
-Haz dibujitos, imagínate una rutina, cuando me sienta bien platicamos.
-De acuerdo.
-No le digas a nadie que me viste así.
-Prometido.
-Sal de aquí.
Carlota hizo caso. En el pasillo la interpeló Adelina.
-Ji ji ji ¡hola!
-¡¿Tú?!
-¡Qué bueno verte!
-Encima me abrazas.
-¡Porque eres mujer muerta!
-Y te burlas de mí, qué espanto.
-Relájate, Carlotita. Te compré un regalo.
-¿A mí? ¿Qué haces aquí?
-Pasarla bien, como vi que tomaste este tren pensé "¿Por qué yo no?" Y honestamente, te he visto meter la pata todo el camino. Ni siquiera sabes con quién ir de boca floja, con 5€ el cantinero me contó todo lo que le dijiste.
-¡Maldita perra!
-¡Oye! ¡Me impresiona tu boca! Bueno, también que no insultes al chismoso.
-¿Por qué le pagaste?
-Tengo mis truquitos, aunque es más pecador el que cuenta las indiscreciones de los demás que la que pregunta por ellas.
-Eres una horrible persona.
-¿Ahora qué? ¿Vas a llorar?
Acto seguido, la chica Liukin lagrimeó con fuerza porque sentía que habían abusado de algo suyo. Adelina, que no se distinguía por su delicadeza le echó más leña al fuego al revelarle que también había visto a Trankov llevándola a su habitación y preguntándole qué había hecho con él.
-¡¿Podrías dejarme en paz?! ¡Te detesto, Adelina! ¡Cállate ya!
-Sabía que por algo eres mi amiga.
-¡No soy tu amiga!
-Le dices a la gente que la odias con tanta franqueza que sólo por eso eres confiable.
-¡Tú no tenías que enterarte de mis cosas!
-¡Tú no tenías que darle besitos a otro que no fuera Joubert!
-¡Te voy a dar un golpe en la cara!
-Inténtalo y te verás en el hospital de nuevo, aunque te conviene para que Haguenauer no se entere de que no has trabajado.
-Me va a dar un ataque.
-Te ayudo.
-Aléjate de mí.
-Pero déjame entregarte un regalo.
-¡Con un demonio, Adelina! ¡¿Qué cosa me daría alguien como tú?!
-Acompáñame y verás.
-¡¿No podrías traerlo?!
-Tomaré un carrito de servicio.
-Si yo sugiriera algo como eso, dirías que es una ridiculez.
-Pero no lo dijiste tú.
Adelina juntó sus manos, se rió nuevamente de Carlota y permaneció mirándola llorar durante un buen momento.
-Haces tormentas en vasos de agua.
-Honestamente, Adelina ¿Quién te crees?
-Me creo yo misma.
-Robas mis tenis, esculcas mis cosas y encima te atreves a tocarme ¿Qué clase de ... ?
-¿De qué?
-¡De rata vomitiva! ¡Lárgate! ¡Vete a molestar a cualquier imbécil y deja de comportarte como callejera!
Adelina podía soportar lo que fuera, incluso que la llamasen "ramera", pero jamás "callejera". Esa palabra era el nombre que los marinos le habían dado en Cobbs y como tal, prefería dejarla en un pésimo recuerdo; por tanto, perdió los estribos y propinó a Carlota un puñetazo en el rostro.
-¡Ouch!
-Aprende a cerrar la boca.
-¡Me duele mucho! ¡Doble ouch! ¡Me sacaste sangre! ¡Me duele la cabeza!
-Eso te enseñará que la sinceridad es buena pero no abuses. Espérame aquí, voy por tu obsequio.
-¿No traerás a un doctor?
-¿Por un rasguño? Cúrate sola.
La joven Liukin se recargó en la pared y se dedicó a llorar de nuevo; no de un berrinche sino porque el golpe en el pómulo había sido demasiado fuerte. También se recriminó el no haber sido ella la que propinara la agresión como había amenazado. En el corredor no había nadie para auxiliarla
-¡Ay, no es cierto, me cortó la cara! ¡Voy a matar a esa bruja! ¡Adelina Tuktashashasha o como te llames, te patearé el trasero!
Pero Adelina apareció a los escasos segundos con el carrito de servicio y una enorme caja con un moño azul.
-Es para ti.
-Llévatelo.
-¡Gasté mucho dinero en una casa de madera y ahora la recibes!
-¡¿Por qué?
-Intentaba ser amable, pero lo que hacen los demás por ti, te importa un pepino. Al menos dale un poquito de valor a tu juguete nuevo ya que no te acordarás porqué te lo dieron ... Ya no se diga quién.
Carlota se sentó en el piso y contempló el regalo sin ánimos de tocarlo siquiera. Sabía que al interior de la frágil estructura de cartón había algo hermoso pero su mal reprimido espíritu de niña le avergonzaba mucho.
-¿Qué esperas? - expresó Adelina con impaciencia mientras Sergei Trankov salía de su escondite y la muchacha Liukin entrelazaba sus manos para contenerse el mayor tiempo posible.
-Todo lo que le exijas a Carlota es en vano, Adelina. Ella nunca ha tenido que esforzarse por cosa alguna, no conoce el hambre, ni le interesan las ofertas cuando compra ropa. Carlota Liukin es superficial, inestable y soberbia, con una vanidad inmensa que la vuelve insoportable. Es una chica narcisista y egoísta por default, que no identifica los sentimientos ni las intenciones de nadie, a menos que se colabore con su delirio de chica bonita y casi semidiosa, que no tolera o aprende de sus errores ¿Para qué quieres ser amiga de alguien que se desprecia tanto? Es una persona que ni siquiera se odia por no ser lo que los demás esperan de ella. Carlota se odia por ser una chiquilla que no sabe lo que quiere ni para dónde va. No tiene identidad más que su imagen de adorable y tierna niña que siempre será hermosa. Mírala, llora y luce impecable, le sangra la cara y permanece perfecta, es imposible no sentir compasión por ella. Pero la verás en unas horas, riendo, recibiendo halagos y a Joubert convenciéndose de que fue buena idea olvidar que tiene dieciséis porque Carlota es valiosa y lo comprende. Lástima que Anton, David y Amy sean sus amigos, porque ellos si la quieren.
Adelina se retiró a su habitación, decepcionada y con llanto inicial. Sergei Trankov permaneció en el pasillo porque aún tenía la esperanza de que sucediera algo que modificara su concepto de Carlota o le demostrara que la chica usaba un personaje por falta de confianza en sí misma. No tardó mucho. La joven Liukin abrió su regalo, asombrándole el tamaño y lo minucioso de los detalles de una casona desplegable, diseñada para jugar con unas muñecas diminutas, también de madera que reposaban en una sala elegante. Una de ellas le llamó la atención particularmente ya que que representaba a una patinadora con tutu y una medalla en el pecho. En el área dónde estaba el jardín de la mansión, había una especie de lago y cuando Carlota posó la figurilla en él, la música comenzó a sonar, como si se tratara de una cajita vieja. La sonrisa le brotó de inmediato y se dedicó a jugar con todas las piezas; invitando incluso a Joubert cuando este se apareció.
He conocido a varias personas como Carlota, me hiciste recordar algunos compañeros del trabajo y de la escuela. Me encantó. :).
ResponderBorrarIngrid,
ResponderBorrarSiempre he admirado la facilidad y el oficio para escribir. Eres excelente. : )