Fotografía por cortesía de Elaine Lin y nathfab.tumblr.com
-Doctor - le dijo una mujer morena de piel apiñonada, doctora también - ¿Lo mandaron a esperar a la chica que se enfermó en la playa?
-Sí ¿ya tienen el quirófano listo?
-¿Trankov? - expresó ella al verle el rostro.
-Matt Rostov, no se confunda.
Él se aproximó más a la entrada de los paramédicos y vio claramente como Bérenice era bajada en camilla con una urgencia que nadie había visto antes en el lugar. La joven presentaba una hemorragia hasta ese momento indetenible y parecía inconsciente; le reportaban fiebre.
-Es un aborto espontáneo, a veces se ve escandaloso - comentó Matt Rostov con una frialdad impresionante.
-¿Y la fiebre?
-Creí que al verla, le quedaría todo muy claro, doctora.
-Yo debo hacer análisis.
-Se los ahorro: esa mujer padece desnutrición.
-¿Cómo sabe?
-Vuelva a sus libros, señorita.
Matt Rostov avanzó hacia la sala de operaciones y sin quitarse la bata o colocarse un cubrebocas, ordenó al personal ir a la galería. Como todos lo creían Sergei Trankov, muchos pensaron que de no irse tranquilamente, aquél hombre tomaría represalías. La doctora del principio se colocó a la distancia, como espectadora.
-Veamos Bérenice - expreso él mientras se colocaba guantes - Apuesto a que no es tan grave - y procedió a intervenir con la actitud de alguien que parece hacerlo cada cinco minutos. Por su técnica extremadamente precisa y veloz, la doctora se impresionó.
-¿Dónde aprendió eso? - le preguntó.
-La morgue.
-No veo tanta sangre ahora.
-Sólo la necesaria.
-¿Me enseñaría a trabajar así?
-Practique, no cuesta.
Matt Rostov no tardó en mirar a Bérenice y la examinó con calma.
-El embrión no se formó, es todo.
La doctora permaneció en silencio, contemplando como Rostov procedía a terminar con la hemorragia de su paciente y anunciaba que había removido cualquier residuo, descartando desgarres o alguna lesión.
-Quedaba poco que hacer. Llévenla a descansar, inúndenla de vitaminas y hagan un ultrasonido en la mañana, esta mujer no tarda en despertar.
-¿Por qué se presentó la fiebre? - insistió la cirujana.
-Porque tuvo dificultades para expulsar el saco gestacional. Vigílela y hágale un exámen completo.
Matt procedió a arrojar el instrumental, la bata y los guantes a la basura, etiquetó unas muestras del sangrado de Bérenice y él mismo la preparó para ser llevada a terapia intermedia.
-¿Quiere que me encargue de su reporte?
-Lo haré yo mismo, doctora... Por favor, cuide bien a esta chica.
-¿Dónde va?
-A acabar mis notas, claro.
Matt sonrió y abandonó la sala para recargarse en la pared del corredor y proceder a elaborar su registro detallado de lo ocurrido, así como su método de diagnóstico y un comentario adicional sobre el tratamiento que aconsejaba suministrar a Bérenice para darla de alta en unos días, tomando en cuenta que su aborto se había complicado. Quién sabe de dónde sacó él una manzana amarilla y la mordió antes de firmar su escrito.
Por otro lado, Luiz permanecía sentado frente a la recepción de urgencias, serio y callado, intentando no juzgar porque no encontraba una razón, prefiriendo mantenerse a la expectativa y preocuparse al recordar la vulnerabilidad de Bérenice al desmayarse o, sin dramatismos, en el cine, cuando de lo más entusiasmada, le dio por sorber una bebida helada y compartir sus palomitas a pesar de que moría de hambre.
-"¿La quieres?" - se cuestionó sin brindarse una respuesta inmediata y poco después la vio pasar en camilla, siguiéndola en el acto.
-¿Cómo está? - inquirió a la doctora.
-¿Usted es familiar de esta chica?
-Su novio ¿eso cuenta?
-Llene esta forma, cuando pase a recogerla le explicaré todo.
El joven quedó de pie ante una sala atestada de enfermos, incapaz de escribir media línea.
-¿Algún problema?
-¿Puedo acercarme a ella?
-Necesita descanso, todo esto fue muy fuerte.
-¿Qué le dio?
-¿Puso los datos?
-¿Qué? No.
-Como esta chica fue atendida por Sergei Trankov, la haré pasar por mi paciente ¿Cómo se llama?
-Bérenice Mukhin.
-Entiendo, le inventaré un apellido. ¿Edad? ¿la sabe?
-Veintidós años.
-Pondré que vive en Blanchard. Dígame su nombre, muchacho.
-Luiz Marinho.
-¿Relación?
-Le dije que soy su novio.
-Lo registraré como marido, así podrá quedarse ... ¿Puedo saber cuántos años tiene? Es mera formalidad.
-Diecinueve.
-Qué jóvenes son ... Usted también se ve débil, ¿ella le mencionó algún malestar, tuvo una enfermedad reciente o alguna infección? ¿VIH?
-Hoy dijo que tuvo un cólico y antes de desmayarse me dijo que perdería a su bebé, de lo demás no sé.
-¿Cuál es su dieta?
-¿Cuál va a ser? Tenemos hambre todo el tiempo, ella acaba de conseguir un trabajo y de vez en cuando yo gano algo, en los últimos días hemos probado algunas cosas pero nada más.
-¿Qué cosas?
-Pan, café, verduras, frutas ... Palomitas el otro día, no siempre podemos comer algo.
-¿Alcohol?
-Nada, ni cigarrillos.
-Trankov tenía razón.
-¿En qué?
-Tal vez los análisis nos digan... Lo siento.
-Entonces no construiré una cuna.
-¿El bebé era suyo?
Luiz bajó la cabeza y sorpresivamente contestó que sí.
-Le daré un momento con ella, cuando vuelva le pediré que aguarde afuera - señaló la mujer. El chico asentó y se aproximó a Bérenice para acariciar su frente.
Por otro lado, la doctora abandonó la habitación y se topó a Lleyton Eckhart con algunos policías y personal de la fiscalía; alguien había dado el soplo respecto a Sergei Trankov actuando como Matt Rostov.
-¿Qué sucede?
-Buenas noches, nos avisaron de la presencia de un terrorista.
-Para eso si vienen rápido, para lo demás no.
-¿Ha habido problemas?
-Las riñas entre mafiosos en varias alas de este hospital, por ejemplo.
-Lamento que nadie haga caso a los llamados, giraré instrucciones para que este sitio sea más seguro ... ¿Usted sabe quién fue la doctora que auxilió a Trankov y a quién operaron?
-Ah ... Bien, yo he estado haciendo guardia en esta área.
-¿Nadie sospechoso ha entrado?
-No ... ¡Nadie! Revise los registros.
-Es que en recepción dejaron un reporte escrito por Trankov y firmado con ese pseudónimo que ha adoptado, pero no dio el nombre de su paciente ... Ahora resulta que ese tipo hasta es cirujano; si ve algo fuera de lo normal, comuníquelo a los oficiales.
-Claro, un gusto conocerlo señor fiscal.
Eckhart estrechaba la mano de la doctora cuando Maddie Mozer se asomó a la sala de atención y decidió cortar de tajo la búsqueda del falso Trankov.
-Lleyton, ven a ver esto - señaló y él fue a averiguar de qué se trataba al tiempo que la doctora ponía pies en polvorosa.
-¿Qué le ocurrió?
-Es obvio que se siente mal.
-La vi en la cantina.
-¿Fuiste a verla?
-Quería encontrar a Don Weymouth y saber si el festival de la playa era un rumor.
Lleyton Eckhart posó su mirada en una agotada Bérenice Mukhin que parecía sumergida en un sueño poco profundo y molesto. El hacinamiento en terapia intermedia sólo ofrecía el marco para hacerla lucir más delicada.
-Maddie, dile al director de este lugar que quiero hablar con él.
-¿Qué vas a hacer?
-Llamar a una florería.
Eckhart se aproximó a Bérenice y se sobresaltó un poco de hallar al chico de cabello alborotado de horas atrás, mismo que se disponía a colocar una compresa de agua fría a la joven y acomodarle la almohada.
-¿Sabes por qué ella esta aquí? - preguntó Eckhart.
-Le dio fiebre - mencionó Luiz escuetamente, sin interés de saber por qué el otro hombre estaba allí.
-Espero que se recupere pronto, con tu permiso.
Luiz ni siquiera se despidió pero salió con el desconocido y se quedó junto a la máquina que expendía café, indeciso entre volver junto a la cama o esperar a que todo acabara.
Entretanto, era Matt Rostov el que ingresaba a la habitación donde habían puesto a Bérenice. Él no pensaba en quedarse pero le pareció pertinente estar con ella un poco, comprobar si podía entenderla.
-Bérenice, debemos hablar, sé que estás despierta.
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