-Es que el joven no ocupa un rango todavía.
-Se tiene que leer 'Príncipe Joubert de Mónaco', esto es serio y quiero fotos de la entrada de su madre a visitarlo. Ella está por llegar, no quiero errores.
-Falta que nos pida la portada.
-¡Excelente! Dénmela.
-Pero haremos un homenaje a las víctimas.
-Joubert casi muere por estos locos, nadie se va a molestar si lo vuelven mártir.
-No podemos acceder a su petición.
-¿Pero pueden recibir mis cheques cada mes? Arréglenlo.
-No hemos mandado a imprenta, cambiaremos lo que pide.
-Así me gusta, avísenme cuando esté listo, adiós."
Tal era la llamada entre Andrew Bessette y el editor de la revista "Hola", quien a menudo accedía a cualquier capricho con tal de llevar a su bolsillo generosas cantidades y uno que otro favor que cobrar cuando una celebridad lo metía en problemas. Desde hacía dos meses, el general Bessette no escatimaba en gastos para aumentar la popularidad de su hijo y de paso la suya, que disminuía un poco luego de causar escándalo en Hammersmith y aparecer en "Hola" era tan provechoso que hasta en la tragedia ambas partes habían negociado; nada raro en el mundo de los socialités.
Por supuesto, Andrew Bessette se hallaba en el hospital de Saint Denis y sólo necesitaba la llamada que le indicara que podía salir de su escondite.
-Sigue llorando Carlotita, te verás preciosa en las fotos - murmuró después de ver a la jovencita conversando con Trankov, pensando en cómo explotar esa angustia - Mon Charlotte ¿por qué siempre estás con el ánimo perfecto para ahorrarme trabajo? Te haré muy famosa, mon princesse, muy famosa.
A Andrew Bessette le fascinaba ver a cualquier niña de porte elegante y comenzaba a preferir aquellas que le recordasen a Carlota Liukin, así lo molestara Adelina Tuktamysheva cuando se le atravesaba en el camino, diciéndole que "cada vez eres más descarado al tirar tu baba".
-No tengo remedio - siguió él al oír la voz de una tal Córalie que, enterándose en las noticias de que Joubert estaba grave, había acudido a verlo.
-Hola, soy Andrew Bessette ¿tú...?
-Córalie Pokora... ¡Deme su autógrafo por favor!
-Con todo placer.
-Ay, pero... Lo siento ¿Cómo está Joubert?
-Delicado, necesitará transfusiones pero lo declararon estable y Carlota Liukin lo cuida así que estoy tranquilo.
-¿Carlota?
-No me digas ¿viniste a ligarte a mi hijo?
-Él es un amigo.
-Claro y yo soy James Bond.
-Es muy guapo, se parece a usted, suegro.
-El molde original está mejor ¿no crees?
-Ah...
-Te daré lo que quieras si me sigues cuando te diga.
-¿Quién se cree?
-Dinero, joyas, ser una celebridad; eres bonita, puedo ayudarte con Joubert.
-¿De verdad?
-Carlota es aburrida y tú ... Sé obediente, espérame.
La chica desconfiaba un poco pero se quedó en la penumbra mientras el general Bessette contestaba otra llamada y se iba a la sala de espera. Adelina Tuktamysheva se le aparecía junto, con risa cínica.
-Al menos sácale dinero.
-¿Tú quién eres?
-Soy nadie, pero tú eres Córalie y eres muy tonta. A los hombres como Bessette hay que hincharlos de ego y ni sueñes con que te acercará a Joubert a cambio.
-Vete.
-Despierta idiota, te esfumas en este momento o bien, pónte el precio muy alto porque no querrás que se termine y quedarte con el recuerdo de la diversión solamente.
-¿De qué me hablas?
-¿Por qué crees que Andrew te pidió que lo esperes? Tú le resultas una más, no te creas tan especial.
-Adiós.
-Piensa, te dará de todo y aprovéchalo porque las morenas no le gustan... Excepto yo. Además, por algo te quedas aquí y no corres por Joubert.
Córalie pensó en acercarse a la sala de espera con el general Bessette para contradecir a Adelina, pero el tipo se aproximaba a su vez a Carlota Liukin para estrecharle la mano y darle un abrazo mientras le agradecía haber auxiliado a Joubert.
-Fuiste muy valiente - dijo Bessette en voz alta - No alcanzo a agradecerte, Carlota, de verdad gracias por traer a mi hijo.
La joven Liukin no decía cosa alguna, quizás porque se había impresionado con la actuación de un hombre que estaba más ocupado en voltear a la puerta.
-¿Cuándo viene tu familia?
-Mi tío Joachim le llamó a los demás, no sé donde se metió.
-Te acompañaré en lo que vienen por ti ¿quieres algo? - Bessette giró hacia las enfermeras - Tráiganle un abrigo y un chocolate caliente - y volviendo a Carlota - ¿Te gusta con bombones, corazón?
-No se moleste.
-Claro que sí, que te pongan lunetas también.
Las atenciones eran halagadas por los presentes, que comentaban sobre el "acto de heroísmo" de Carlota Liukin al sostener a Joubert hasta la puerta del hospital y su entereza, ignorando deliberadamente que había llegado en ambulancia.
-Necesitas ropa, unos zapatos bonitos, ¿te presto mi teléfono? Llama a tu padre.
-No es necesario, señor Bessette.
-Carlota, entiéndeme, estoy en deuda.
La joven Liukin no atinaba a contestar y dio un sorbo a su chocolate cuando se reflejaron varios flashes y se oyó mucho bullicio. El general Bessette se levantó a prisa y fue donde los periodistas, quienes no eran claros con sus preguntas y apenas se habían detenido en la puerta de madera que separaba la sala de espera de la recepción.
-Baja la cabeza, Sergei - sugirió Carlota al guerrillero cuando este tomó asiento a su lado.
-¿Quién habrá venido?
-No alcanzo a ver... Ay, me tomaron una foto.
-Bien.
-La luz me lastima.
-Empezó el circo.
-Menos te podrás ir.
-No pienso hacerlo.
-Si te reconocen...
-Lutz me tapa.
-¿Por qué habrá tantas cámaras?
-Se supone que Joubert y tú son "famosos".
-A diario publican que me amenazaron de secuestro.
-¿Y es cierto?
-¿Y si el tiroteo fue por mí?
-Prometo averiguarlo, aún así dudo que lo hayan hecho para llamar tu atención o asustarte.
Carlota y Sergei fijaron su vista al frente, omitiendo atender la reacción de un sorprendido Tennant Lutz que se apartaba como si el mar acabara de abrirse. Los flashes eran más intensos cuando dejaron de verse de golpe, ya que la entrada era asegurada para evitar a los curiosos y ciertas exclamaciones de admiración quebrantaban el ambiente trágico alrededor. Carlota sólo giró su cabeza cuando alguien comentó que "a Joubert Bessette lo rodean las hadas".
-¡Dios! Sergei, no te imaginas ...
-¿Qué pasa?
-Conocemos a esa mujer.
-¿Cuál?
Ataviada totalmente de blanco y con una enorme estola del mismo color, una mujer, delgada y preocupada, caminó por la estancia con los ojos humedecidos y el rostro ligeramente inclinado hacia abajo. Su vestido y sus guantes indicaban que venía de alguna fiesta y sus joyas, de diamantes pequeños y muy brillantes le resaltaban. Al pasar junto a Carlota y Trankov, les miró con una sonrisa pequeña y siguió hacia el cristal de la habitación de Joubert, llorando al instante. Andrew Bessette la sostuvo.
-¡Es Alena Makarova! - hizo notar Carlota y el guerrillero eligió el silencio.
-Alena, todo estará bien - señalaba el general Bessette - Lo importante es que atendieron a nuestro hijo a tiempo; Carlota Liukin lo salvó, ¿no quieres saludarla?
-Quiero abrazar a mi niño.
-No se puede todavía, hablaré con el director para que podamos estar cuanto deseemos.
-Andrew ¿por qué ahora? ¡Al fin seríamos una familia!
-No te alteres, estás convaleciente, ven aquí, descansa.
-¿Dónde está Carlota?
-Atrás de ti.
-¡Gracias! ¡Muchas gracias angelito!
Carlota no supo como responder y Trankov la miró de sobra confundido.
-No esperaba a la madre de Joubert.
-Tampoco que fuera ella.
-¿Por qué trabajaba en ese club de hielo?
-Me dio, nos dio una clase, Sergei.
-¿No se supone que está enferma?
-Tenía cáncer, Joubert me contó.
La mujer se levantó de su sitio y se plantó frente a Carlota.
-Hemos vuelto a vernos, señorita Liukin.
-Señora...
-Alena, por favor.
-A Joubert le hará bien que usted le hable.
-Gracias por ayudar a mi hijo y Trankov, gracias por venir.
-Alena, nosotros...
-No digas más, Carlota, dame tu mano, vamos con Joubert.
Carlota Liukin accedió y se colocó de nueva cuenta de frente al cristal, contagiándose de las lágrimas de Alena, quien olvidaba su cansancio y problemas para mantenerse de pie, así sus ojos terminaran entrecerrándose y se quitara los zapatos para no perder de vista al indefenso Joubert.
Por su cuenta, el general Bessette se abstenía de aproximarse a su esposa y en un descuido, retornó con Córalie Pokora, misma que se iba enterando que no le darían el paso con Joubert.
-¡Dijiste que estaría cerca de él! - reprochó.
-No por ahora.
-Entonces no hay trato.
-Como quieras, pero luego no te arrepientas.
-¡Idiota!
-Miau.
-¡Atrás!
-Córalie, me gusta tu piel tostada, tu boca, para ser morena no te digo que no.
-No me toques.
-Oye, mírate y mira a Carlota Liukin ¿crees que los Bessette la cambiaríamos por... bueno, tú? No eres elegante, no tienes personalidad, careces de talento y tu gracia es vulgar.
-Carlota es aburrida.
-Pero refinada y dotada de un aura que la pone por encima de los mortales. Tú aspiras a despertar simpatía pero las virtudes no son lo tuyo.
-Adiós, imbécil.
-¡Hey! No me hagas perseguirte.
-¡Eres asqueroso!
-Caerás.
-Cretino.
-¿No te resistes, verdad?
-Eres muy sexy.
-Vámonos.
-Pero tu esposa...
-Córalie, no hagas preguntas y mantén el secreto.
-¿Me darás lo que me plazca?
-¿Cómo qué?
-Quiero ser modelo.
-Concedido.
-Y joyas, fiestas, un yate...
-Me vas a costar.
-¿Como sé que cumplirás?
-Escucha.
Andrew sacó su celular y contactó nuevamente al editor de "Hola". Córalie en cambio, contempló a Carlota Liukin y dándose cuenta de que no tendría otra oportunidad, decidió acceder a los deseos del general Bessette.
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