Berenice Mukhin descansaba en un parque del barrio Corse luego de pasar el día en el supermercado para bebés y lo primero que notó fue que había decoraciones rojas en cada edificio y árbol del lugar. La gente parecía festiva y luego de preguntar, se enteró de que Miss Corse Lorphelin, Marine Lorraine, contraería nupcias en un par de semanas con el corredor de bolsa, explorador y escalador Laurence Ferny. La familia del hombre en cuestión tenía abierta su casa para recibir a quienes quisieran dejar mensajes, regalos o comida para los festejos.
-Una boda en Corse es un acontecimiento - decía Lleyton Eckhart para después reconocer el envío de un tostador en detalle y que en las votaciones de Miss Nouvelle Réunion había sido injusto con Marine.
-¿Entonces te disculpas? - preguntó Berenice.
-Sí, es que no quería quedar mal con un amigo y voté por su hija aunque no me agradara. Hice mal pero al menos Marine se casará el día que planeó.
-¿Te invitaron?
-No, pero debo estar al pendiente de todas formas. El Gobierno Mundial me enviará un agente para investigar unos diamantes y tomando en cuenta que esta boda es de interés, tal vez obtengan algo.
-¿Diamantes?
-Alguien los trafica desde aquí.
Berenice no le dió importancia y Lleyton se rió por ello, deseando tomar el asunto con la misma ligereza. De acuerdo a los reportes que había leído, el agente Maurizio Leoncavallo "Maragaglio" de Intelligenza Italiana había detectado las exportaciones irregulares y el rastreo lo llevaba hacia Tell no Tales, dados los indicios del posible origen de las piedras. La policía local había inspeccionado las minas del país y descartado cualquier extracción ilegal, aunque ello aumentaba las dudas del gobierno.
-Investigaron el diamante que el señor Ferny le regaló a Marine por su compromiso - comentó Lleyton.
-¿Y qué tal?
-Es legal, comprado en una joyería formal y con papeles de sobra. Aún así, el tal Leoncavallo insiste en que hay otra joya irregular y tiene que hallarla. Al principio creyó que Sergei Trankov era el distribuidor, pero descubrió a otra mafia.
-No entiendo nada.
La mujer bostezó y Lleyton lo encontró gracioso, sobretodo porque sabía que no debía comentar del asunto aquel.
-El Gobierno Mundial puso al almirante Stendhal Trafalgar a cargo de la investigación y esperaba hablar con él, pero no podré. El tal Maragaglio es quien hace el trabajo y con quién trataré de resolver lo que salga.
Bérenice miró sonriente a Lleyton y este último optó por cambiar de tema al verla sorber una bebida con un popote verde fosforescente. Él la imitó enseguida.
-Sabe a medicina - comentó ella.
-Usaron mucho jarabe de coco.
-¿Cuándo habrá comida en la ciudad?
-Pronto darán permiso de cosechar la fruta de las granjas Izbasa.
-Mientes.
-En realidad, se negaron.
-¿Nunca has tenido hambre?
-No.
-El cuerpo duele, Lleyton.
Ambos continuaron mirándose en silencio hasta provocarse un mutuo ataque de risa, apenas interrumpido por el ligero llanto del bebé Scott para reclamar su leche.
-¿Aún tienes fórmula para alimentarlo? - preguntó él intentando contener la risa
-Tengo dos latas que compré antes del sismo - replicó ella con idéntica energía y luego de probar la mezcla, la dió al niño, mismo que bebió sin rechistar.
-¿Crees que encontrarás tus diamantes? - retomó ella.
-Nunca he procesado a un traficante de joyas, pero ha de ser emocionante.
-El Gobierno Mundial ha de saber quién los tiene.
-Eso es seguro, pero no investigan por eso.
-¿Entonces?
-Me dijeron que las piedras son extrañas y no han identificado la mina. Los joyeros que las han vendido dicen que son de alta calidad y una pieza puede ofertarse en 5000€ sin pulir porque pesan no sé cuántos quilates y se las están peleando en el mercado.
-¿Has visto una?
-El almirante Trafalgar me envió una muestra y revisé con un amigo.
-¿Qué tal?
-Prefiero ser linchado a vender mi alma. Le comuniqué a Maragaglio el precio del diamante y no sé por qué no le sorprendió.
-¿Y qué tiene que ver con Marine?
Lleyton sabía que ya lo había explicado, pero con Berenice no tenía dificultades en repetir una y otra vez cada cosa que ella le pidiera.
-Creíamos que su anillo de compromiso era de una pieza robada y resultó que no.
-Qué lástima, Lleyton.
-¿Te confieso algo?
-Dale.
-El tal Maragaglio sospecha que Marine recibirá la pieza traficada en su anillo de bodas.
-¡Qué emoción!
-Acepto que estoy feliz con esto, nunca me había topado con una intriga y no espero balas, pero sí delincuentes de cuello blanco ¡Al fin voy a llevar a juicio a gente de la bolsa de valores!
-¿Los diamantes están en bolsa?
-Así lavan dinero y bienes.
-Mi papá me habló de eso y dice que la gente juega con el dinero.
-No le llamaría así.
-¿Pero es parecido?
-Con tal de que me entiendas, te diré que sí.
-¿Pero como juegas con un diamante?
-Basta inventarse unos papeles llamados acciones y voilà! Entran en las operaciones interbancarias y de exportaciones. Hay un diamante en especial que todos codician, uno dorado.
Bérenice abrió más los ojos.
-Lo intentaron vender en Italia, pero es tan costoso que ningún joyero quiso adquirirlo. La Interpol lo buscó entre las grandes fortunas y los casinos y no hay rastro de él en ninguna parte. El agente Maragaglio lo detectó en Venecia, pero dice que el vendedor lo retiró de las ofertas y no ha sabido el paradero de nada.
-Tal vez lo encuentren tirado.
-Nadie dejaría descuidado algo tan valioso.
-Si no pueden deshacerse de él, lo harán.
-No me imagino hurgando en la basura.
-Es más fácil encontrarlo ahí.
-Jajaja, tal vez se halla hundido en uno de los canales y nosotros aquí sufriendo por encontrarlo.
Una nueva risa mutua interrumpió la conversación y le permitió a Lleyton pensar que quizás Marine Lorraine estaba en la mira por sus antecedentes en Intelligenza Italiana. Si alguien conocía las dinámicas de los traficantes era ella y ser beneficiaria de un costoso regalo era una condición muy tentadora, dado el valor de las pólizas de seguros. Tal vez, la mujer había aprovechado la información bancaria con la que trabajaba para triangular una operación que le garantizara la recepción de una joya o había escuchado las noticias y aprovechado los alcances de la institución donde la tenían contratada para asegurarse de cumplirse un capricho. Pero eran planes complicados de llevar a cabo, a menos que tuviera un contacto que también se beneficiara de las transacciones o fuera sólo una intermediaria con un comprador inescrupuloso. Entonces no sería su primera operación anómala.
-Me he divertido mucho en esta cita - exclamó Bérenice.
-Gracias por regalarme un Pacman.
-De nada, Lleyton ¡Aunque me debes ir a los videojuegos!
-Considéralo hecho.
-¿Cuándo te veré?
-La boda me tendrá ocupado así que el sábado me tomaré el día.
-Nos vemos aquí a las doce.
-Es perfecto ¿Te invito a comer después?
-¡Pizza de pistaches!
-¿Crees que encontremos?
-Ay, claro, no hay otra cosa.
-Es cierto.
-Lleyton, gracias.
-¿Por qué?
-Por vernos hoy, la pasé increíble en la tienda.
-De nada
-Si tienes una aventura con los diamantes, me invitas.
-Ese es trabajo policial y de abogados.
-Pero mira tus manos, te lastimarás si te toca ir al basurero.
-Me cuidaré.
Bérenice y Lleyton volvieron a carcajearse de sus pensamientos y a probar sus bebidas con gestos de desaprobación alegre mientras las decoraciones rojas se volvían más abundantes en el barrio Corse. Marine Lorraine llegaría de París en cualquier momento y según se rumoraba, había encargado su vestido de novia y la joyería que usaría en aquella ciudad.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario