sábado, 27 de mayo de 2023

Cuatro años antes


Venecia, Italia. Junio de 1998.

-¿Maragaglio? Hola, quiero preguntarte algo.
-¡Katy, pasa! Bienvenida a la oficina, disculpa que esté tan oscura.
-Me dijiste que trabajabas en un sótano.
-Qué sorpresa.
-¿Qué cosa?
-Tu visita.
-Mis padres me pidieron que te preguntara algo.
-Adelante.
-¿Puedo tomar un curso al aire libre?
-Es una pregunta rara.
-Encontré el anuncio de unas clases de la Universidad...
-Inscríbete.
-¿De verdad?
-Si se trata de la escuela, ni siquiera me preguntes ¿Qué vas a estudiar?
-Es algo de física.
-Me parece excelente ¿Necesitarás algún material o que te lleve?
-Sólo tu permiso.
-Katarina, ni siquiera tenías que consultarme.
-Mis padres me dejarán si dices que sí.
-¿Por qué?
-Es que no conocemos bien la ciudad y ellos quieren saber si es seguro. Es por la mafia.
-No menciones esa palabra.
-Perdón.
-Toma tu curso, no hay ningún problema.
-Grazie, Maragaglio!
-¿Sabes en dónde te darán las clases o cuánto van a durar?
-Será en la Facultad de Ingeniería por ocho semanas.
-¿Cuándo empiezas?
-En septiembre.
-¿No interfiere con tus competencias?
-Con ninguna.
-Oh, excelente ¿Sabes quién será tu maestra?
-Maestro.
-¿Su nombre?
-No me han dicho.
-De acuerdo, te daré dinero para que compres lo de tu curso.
-Necesito otra cosa.
-Pídeme lo que quieras.
-Voy a ir a unas sesiones de entrenamiento extra lo que queda del verano y van a terminar a las siete ¿Puedo ir y venir sola?
-¿No saldrás de Venecia?
-Para nada.
-No me gustaría que estuvieras sola por la noche.
-Pero ¿Sí?
-Mandaré a alguien por ti.
-¡Maragaglio!
-No estaría tranquilo, Katy.
-¡Ay, por favor, me cuidaré mucho!
-Hay turistas.
-¡Iré directo a casa!
-Pero desde Grigolina son veinticinco minutos si no hay tráfico y la parada del vaporetto no es cercana.
-Pero iré cerca de Santa Maria della Salute y los vaporetti están casi enfrente.
-¿Qué vas a practicar?
-Danza.
-¿Estará tu entrenador?
-Sí.
-Vale, te doy permiso.
-Grazie di cuore!
-No puedo decirte que no, Katy.
-¡Iré a preparar mis cosas!
-Está bien, diviértete.
-Nos vemos.

Katarina se despidió con un beso en la mejilla y de tan feliz, casi chocaba de frente con una Marine Lorraine que vaciaba su escritorio con prisa y se iba despidiendo a lágrima viva de sus compañeros. Maragaglio alzó la ceja al verla y cerró su puerta inmediatamente.

Sin embargo, la ignorante Katarina Leoncavallo continuaba su día de forma más entusiasta y sorprendida de haberle podido mentir a Maragaglio sin despertar sospechas. Cuando la chica salió del edificio de Intelligenza, corrió hacia a la parada del vaporetto que debía tomar para llegar a Santa Maria della Salute y recorrer los barrios de Castello, Cannaregio y Santa Croce por fuera. El recorrido tomaba media hora y eso le daba la oportunidad de arreglar sus cosas, entre ellas un bloc de dibujo, un juego de geometría, lápices de diferentes tamaños y colores y hasta un borrador y abundantes plumas. La chica utilizaba su maleta deportiva para no ser descubierta por su familia y poder asistir a unas clases en paz, sin que fueran a recogerla o le estresaran recordándole su pesadillezca experiencia en la educación básica. Por ello, también había preferido recurrir a su primo y saber cuántos cursos más podría tomar cuando se diera la oportunidad.

Santa María della Salute estaba separada de la Piazza di San Marco por medio del Gran Canale y se situaba junto a una escuadra casi perfecta en la que se albergaban dos edificios vecinos y se podían ver Giudecca, la Iglesia de San Giorgio y un atardecer naranja imperdible. Katarina no conocía esas cosas más que en fotos y al descender cerca, se impresionó bastante de que estuviera muy vacío y pudiera caminar a sus anchas. Cuando estuvo frente al templo, no dudó en tomar asiento en la escalinata y aguardar por su curso, mismo que iniciaría en punto de las cuatro.

Pasados unos minutos, un hombre alto, con el cabello entrecano, anteojos y una camisa informal naranja con negro, llegó al lugar. El hombre contempló a la chica como si esta despertara su curiosidad y ella le miró segura de que sería su profesor. 

-Soy Edward Hazlewood, daré una clase aquí ¿Es turista, señorita?
-No... Vine por lo de Pintura Geométrica, me dijeron que sería aquí.
-Es un diplomado universitario para titulación de Arquitectura.
-Yo lo encontré como Extensión Académica, por eso me pude inscribir - replicó ella mostrando el papel que le habían dado en una oficina de la Universidad de Venecia. El hombre lo leyó una y otra vez y descubrió que la joven tenía la razón.

-¡No puede ser! Metí el curso para facilitar algunas graduaciones. La coordinadora de ciencias siempre me hace lo mismo, supongo que trabajaré así. Los cursos de Extensión Académica dan certificados ¿Necesita uno para tener créditos extra, señorita?
-¿De qué está hablando?
-Lo siento, entonces lo quiere como parte de un currículum y es una buena idea... ¿Sabe de geometría, trigonometría y algo de álgebra? ¿Qué edad tiene usted?

Katarina sonreía divertida por la actitud de Hazlewood.

-Tengo dieciséis.
-El curso está pensado para universitarios... Pero no le negaré la clase, por supuesto, si quiere aprender estoy dispuesto a ayudarle ¿Qué le han dicho sus maestros sobre su nivel de matemáticas?
-La última vez me dijeron que era muy bueno.
-Veremos muchas obras de artistas como Mondrian, Kandinsky, Hooper; incluso Rothko y Gris. Trataremos de encontrar perspectivas, replicar los ángulos, intentar relacionarlos con principios geométricos y hacer pinturas propias.
-¿Y el número aureo?
-Claro, he preparado dos lecciones al respecto.
-¡Voy a jugar mucho con mis reglas y compases! - se alegró aún más la joven y Hazlewood se sintió aún más temeroso, sobretodo porque el resto de los estudiantes del curso aun no se aparecían.

-¿Cuál es su nombre, señorita?
-Katarina Leoncavallo, un piacere.
-¿Qué? ¿Es hija del agente Maragaglio?
-Es mi primo ¿Lo conoce?
-Me sorprende.
-¿No le agrada?
-No es eso, es que ya sabe, los agentes de la policía vigilan todo el tiempo.
-Él no sabe que estoy aquí.
-Bien, supongo que sus padres vendrán por usted así que me quedo menos preocupado.
-Tampoco les conté.
-¿Qué cosa?

Hazlewood no decidía entre pedirle a Katarina que volviera a casa o llamar para que Maragaglio se enterara.

-Es que no puedo ir a la escuela y no quiero que me torturen en casa preguntándome por mis lecciones - confesó ella.
-¿Disculpe? ¿Torturar?
-Es que siempre me va mal en los exámenes, aunque estudie mucho.
-Pero ¿Por qué no puede ir a la escuela?
-Porque la última vez intentaron quemarme con ácido.
-¿Quién hizo eso?
-Mis compañeros de grupo en el liceo ¡Yo nunca me metía con ellos!
-¿Tiene miedo?
-Lloré cuando entré a la universidad a apuntarme y llamé a mi entrenador para que me llevara a otro lado.
-¿Entrenador? ¿Usted es deportista?
-Patinadora sobre hielo.
-¿Le va bien?
-Más o menos.
-Hay exámenes de recuperación de cursos.
-Quiero hacerlos, por eso vine aquí. 
-Estudiaremos cosas básicas... Básicas para mí.
-No siento miedo aquí afuera.
-Entiendo que un salón es muy cuadrado.

Katarina sonrió con la última frase y replicó:

-Y aquí la clase es triangular.
-Es cierto.
-Professore ¿Cree que aprenderé algo que me sirva en los exámenes? Es que me apunté a las lecciones de física.
-¿También metieron eso como extensión académica? La coordinadora me odia.
-¿Es nivel universitario?
-Era la intención. Katarina, no se desanime y asista, entenderá todo y por supuesto que le ayudará ¿Su prueba es en febrero, verdad?
-Sí y me gustaría terminar el liceo de una vez.
-¿Quiere ser universitaria?
-Supe que puedo estudiar astronomía y patinar al mismo tiempo, los calendarios de exámenes no se sobreponen.
-¿Le gusta el universo?
-Todos los días espero fotos nuevas del Hubble.
-Yo sería su maestro en varias materias.
-¿De verdad?
-En Astronomía hace falta mucho personal aunque no hay varios alumnos, la mayoría prefiere irse a Ingeniería mecánica o civil.
-¿Por eso puede dar otras clases?
-En realidad lo hago para ayudar a los chicos, muchos tienen dificultades con cálculo y estadística durante sus carreras y ha habido casos donde no saben dividir o restar.
-¿Es una broma?
-Ni siquiera ellos saben cómo lograron llegar a las ingenierías.
-Es que no puedo creerlo.
-Katarina, quiero darle un consejo: No le conozco y me ha contado un par de cosas que debería conversar con alguien en quien pueda confiar.
-¿Lo hice?
-Si no tiene con quien hablar, lleve un diario y procure convivir con más gente, sé que usted podrá congeniar con alguien.
-Lo siento.
-No se preocupe, yo jamás exhibo a mis alumnos y cuando me llegan a comentar algo, me lo callo. Puedo ayudarle académicamente y si no encuentra un amigo aquí afuera, sólo dígamelo. 
-Está bien.
-Prepararé mis acetatos, la clase debe iniciar.

Katarina Leoncavallo asentó confundida y contempló a Hazlewood intentando instalar un caballete al mismo tiempo que advertía que la conversación había parado porque alguien más iba llegando y otras dos voces se aproximaban por igual. En la mente del maestro sin embargo, comenzaba un remolino. El apellido Leoncavallo no le sentaba bien y le remordía la consciencia el conocer a la joven y no poder decírselo, pero ¿Cómo iba a creerle, si sabía de ella por un árbol genealógico encontrado en un libro y completado por una búsqueda de campo que había metido a la familia Hazlewood en problemas? ¿Qué debía hacer con ella? ¿Expulsarla? Su hijo Marco, que había investigado al respecto, no debía saber de la presencia de esa chica, no era positivo tenerla cerca. Se distrajo tanto, que llevó sus cosas al suelo, provocando una silenciosa y un tanto reprimida carcajada en Katarina, misma que acabó escuchando que Edward Hazlewood era demasiado torpe y no sería la única ocasión en que sus alumnos tendrían que auxiliarlo con sus accidentes y desastres. 
 

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