domingo, 8 de abril de 2012

El cuento de Pascua


A la nueva campeona del mundo: Grazie, Carolina Kostner! 
Foto de Remy Perthuisot©

Mientras Judy gimoteaba en el hospital y no se cansaba de pedirle a Gwendal una disculpa por arrojarle un tabique, Tamara caminó por el barrio ruso. Contrario a lo predecible, las calles no estaban repletas y poca gente se le acercaba para preguntarle acerca de Carlota, ya que no había podido asistir al mundial junior y no tenía fecha de regreso siquiera a entrenamientos. Didier procuraba tranquilizarlos diciendo que la niña se encontraba sana. Pocos se marchaban conformes.

-La prensa es más fácil de manejar que los espectadores - concluyó. A lo lejos, algunas niñas se dirigían rumbo a Steuer y otras al club de patinaje local, mismo que estaba tan deteriorado que tenía algunas zonas restringidas por el peligro que representaban.

Para nadie era un secreto que los vecinos más jóvenes pero del barrio Blanchard eran los que asistían a ese lugar con la esperanza de conseguir a través del deporte una vida mejor. La pobreza de aquella zona era en extremo alarmante y la deserción escolar, cosa de todos los días. Era por lógicas razones el sitio preferido de la mafia para reclutar carne de cañón y por su colindancia con el vecindario ruso y la solidaridad a diestra y siniestra; también se prestaba para los trabajadores "negros", es decir, los niños que trabajaban como especialistas de todo, en mercados, de mandaderos, de meseros o de asistentes de cocina; que cobraban unas cuantas monedas y casi no se quejaban porque sus jefes se aseguraban de darles comida.

Mientras la mayoría de los habitantes de Tell no Tales no pasaba por ahí, ni siquiera en el metro por los robos constantes; el viejo del muelle iba prácticamente a diario. La gente le apreciaba mucho y solían hacerle compañía para cuidarlo. En ocasiones, los chiquillos se arremolinaban en torno a él para recibir algún dulce o escuchar un cuento. Justamente, el anciano se dirigía hacía allá cuando Tamara lo encontró. Él le comentó que no podía andar mucho rato y que necesitaba de ella. Por supuesto, Didier no se negó, a pesar del miedo que Blanchard le causaba.

-No es un lugar tan malo. Sólo es feo, pero eso tiene arreglo, hija mía. No podía posponer mi visita, hay alguien que me preocupa por sobre todas las personas.
-¿Un enfermo?
-Hay muchas clases de dolientes.
-¿Es alguien que va a morir?
-Depende de qué muerte hables; pero en este caso no sería por padecimiento del cuerpo y aún hay cura.

Tamara se fue del brazo del venerable. Al entrar por la calle St. Germain, el panorama alegre se desvaneció por completo. Blanchard era un sitio gris, cuyas vecindades apenas dejaban espacio para callejuelas diminutas. Los cables de luz estaban deteriorados y el agua escurría por las paredes. Conforme se adentraba, la mujer captaba más cosas repugnantes como el sonido de un ebrio peleando o peor aún, un chillido constante, fuerte y lastimero a su derecha. Su voz interna le indicó no girarse a observar y fue la mejor decisión: El ruido provenía de un hinchado bulto que caminaba veloz, hambriento y alerta... Ese bulto era una gigantesca y feroz rata.

El olor se modificaba dependiendo de la esquina: unas eran casi intransitables por exudar una mezcla de basura y drenaje; otras ahuyentaban por el penetrante olor a plástico quemado de jeringas derritiéndose y las terceras, mezcla de colonias de limón y flores eran por mucho las más sórdidas. Coincidentemente, ahí vivían la mayoría de las familias. El anciano le diría a Tamara que apretara su bolso.

-¡Ya viene el señor! - gritaron algunos infantes y una multitud de pequeñitos se apareció en segundos. Didier sonrió espontáneamente y supuso que se quedaría a ver qué pasaba. Alrededor, algunos traficantes de drogas observaban la escena y aprestaban sus navajas ya que no confiaban en seres inferiores a un metro y cuarenta centímetros de estatura. Ellos sostenían que los chiquillos eran más peligrosos que los cárteles rivales y no se equivocaban: Cuando un grupo, conocido como los Korobeynikov fue cobrar una deuda a través del intento de secuestro de una chica, los mercenarios se vieron acorralados por cerca de trescientos niños, entre rusos y nativos de Blanchard, que les propinaron una paliza.

-Hoy no hay caramelos, chamacos - anunció el viejo - Hoy vine a recordarles porqué no deben apartarse del buen camino, ya que sus hermanos - señalando a los maleantes - han olvidado cómo ser felices.

Los enanos aplaudían y la mujer intentaba entender porqué. A lo lejos, se oían las campanas del reloj y los pajaritos. Algunas pelotas y panderos eran colocados a los pies del anciano, con la petición añadida de que los llevara al orfanato.

-Estoy contento por éstos críos. Aún son bondadosos, Tamara .. Pero algunos .. Algunos sólo crecen y pierden el rumbo.

Didier apartó los ojos de los mozalbetes al escuchar un cierre y los posó al frente. En una escalera, la silueta de Adelina Tuktamisheva se contemplaba claramente. Frente a ella, un hombre aparentaba conversar de cualquier cosa y cuando pensó que nadie lo veía, le extendió a la muchacha un par de billetes. Al parecer, la chica no estaba conforme con la cantidad y después de insistir, el sujeto sacó la cartera y le entregó más dinero.

-¿Me disculpa, señor? - exclamó Tamara con sobresalto - Voy a ver algo que me llamó la atención.
-Adelante, mujer. Haz lo que tengas que hacer. Por mí parte, te lo agradezco infinitamente.

La mujer atravesó la plazuela a paso rígido y observando a todas partes. Tomando un respiro, se introdujo a un rincón aún más oscuro que todo lo anteriormente recorrido. El sonido de sus tacones bajos provocó que Adelina le prestara atención. El extraño en cambio, se pasmó ligeramente.

-¿Qué haces, niña? Ya no se diga usted, caballero. Fuera de aquí.
-Él no se va a menos que yo lo diga - replicó la chica - Después de todo, me pagó por adelantado.
-¿Pagarte qué?
-Mi servicio especial; no creo que 500€ sean para platicar de lo pesada que es la vida.
-¿Puedo saber que es "servicio especial"?
-¿Qué te imaginas? .. Afortunadamente soy muy desprejuiciada. Si estás interesada, te puedo hacer un descuento, Tamara... Claro que si gustas un trío, yo te puedo quitar la timidez.
-Ah .. Wow ..
-Se nota que eres reprimida y frígida ¿Porqué no experimentas? Si mi cliente no tiene inconvenientes..
-¡Se terminó, señorita! Vas a bajar de esa escalera y vendrás conmigo por las buenas.
-Contigo ni por las malas.
-Perfecto .. Entonces hablemos de negocios.
-Tanto mejor.
-Dame tu precio ¿Cuánto pagará Carlota por cada vez que te quiera hablar?
-No te atrevas.
-Al parecer hay que desembolsar alguna cantidad para pasar tiempo contigo ¿Cuánto le pedirás a tu amiga? Digo, es sólo para saber cuándo se dejarán de ver.
-No la metas en esto.
-¿No? Por favor, Adelina; me conoces y aún así me tratas como una compradora. Si tu amistad es un producto, entonces fija cuánto cobras y Carlota podría juntar el dinero.

Adelina enmudeció y rompió a llorar. El desconocido se marchó sin más.

-¿Porqué haces esto?
-¿Hacer qué?
-Venderte.
-Qué poco tacto tienes ...
-No es mi estilo andarme con rodeos.
-Sólo deseo tener buenas cosas, dinero, comida. Lo hago para comer y para no pedir caridad.
-¿Tus padres saben de esto?
-Soy de Cobbs, no tengo familia.

Tamara se sentó al lado de la pequeña.

-Escucha, yo siempre he hecho esto. Sé que es asqueroso, pero toda mi vida he soportado marinos y extraños.. Cuando me rescataron, le dije a los guerrilleros que estaría mejor sola y no se me ocurrió que más hacer. Gwendal me regañó por robar y me dijo que iríamos con servicios sociales pero la marina tiene mi foto y no quise que se metiera en problemas. Él viene a verme siempre pero no sabe nada de mi trabajo.
-Es muy peligroso.
-No necesito que me lo repitan.
-Alguien como tú debería ir a la escuela.
-Si me gustara la escuela, iría a las que abren de noche y no hacen preguntas. Mejor hice un examen para acreditar todo lo que se tuviera que calificar y pasé.

Adelina se limpió la cara con un pañuelo gastado y se levantó. Su estómago reclamaba atención y comenzó a caminar.

-¿Te quedas? No te lo aconsejo, todo el que pasa por aquí podría confundirte con una prostituta principiante.
-¿En serio?
-Tu cabello está limpio, el maquillaje se aplicó con cuidado, la ropa es buena y tienes un bolso grande. Las profesionales sabemos que eso es impráctico si tenemos que correr. Las que están cuidadas, o son de lujo y es obvio que no viven aquí, o son chicas que empiezan y están demasiado necesitadas y obsesionadas por agradar.

Percatándose de que aquél precepto era cierto, Didier se fue con la niña. Unos cuantos rayos de sol llegaron a la diminuta calle contigua dónde se detuvieron en espera de la señal del semáforo. Un puesto de periódicos se levantaba tímidamente y Adelina comenzó a leer los titulares hasta encontrar una revista en cuya portada se mostraba a una mujer que no conocía y una cita: "Antes, las patinadoras se arriesgaban por ganar. Ahora se contentan con rutinas bonitas. Vas a una competencia y ves siempre a la misma clase de atletas.. Ellas nunca cambiarán las cosas como Tamara Didier o yo lo hicimos"

-Chica, han hablado de ti y no te has enterado.
-¿Quién?
-Si te llevas la revista lees el cuento completo.

Tamara se dirigió con el voceador y pagó el almanaque. Su gesto simulaba al de un coleccionista de libros que acariciaba la tapa de cuero de un ejemplar muy anhelado. Con premura retiró el celofán pero se abstuvo de leer hasta llegar a una cafetería cuyo menú se basaba en sándwiches.

-¿Qué dice?
-Pues es una entrevista con Surya Bonaly*, una vieja rival de equipo... No dice gran cosa; sólo habla de sus recuerdos, a lo que se dedica ahora, el futuro, consejos para quién decida competir...
-¿Y sobre ti?
-Que le sorprende verme como entrenadora... Supongo que pensó que yo me animaría a volver; claro, no sabe que no puedo... Fuimos grandes adversarias cuando yo era una niña. Era ella la "gran Bonaly" mientras yo intentaba ser alguien. Recuerdo que también estaba Laetitia Hubert* y un poco después debutó Vanessa Gusmeroli*.. Éramos un gran equipo. Si yo te contara.. Las batallas por el campeonato de Francia eran a muerte. No sé como rayos le gané a las tres y en competencias internacionales la historia era ligeramente distinta. De ese grupo, Surya fue siempre plata en mundiales, Vanessa en el 97 ganó un bronce y Laetitia nunca consiguió un podio que no fuera en junior o en Grand Prix. Ellas inventaban nuevos saltos todo el tiempo y yo sólo seguía el reglamento... Hay una anécdota: En el 95 Surya hizo dos rutinas increíbles y todo mundo creyó que al fin ganaría su título de campeona del mundo. Antes del programa libre, mi abuela (que nunca tuvo un buen carácter), me dijo que si yo no ganaba me iba a romper las rodillas. Yo estaba aterrada porque sabía que ella siempre cumplía lo que decía y me tocó ser la última en salir. Imagíname con toda la presión encima, mi abuela con su bastón mirándome con cara de "te voy a matar"; además Laetitia deseándome mala suerte en backstage cuando la alcancé a ver por la pantalla gigante y estaba Surya Bonaly observándome detrás de un biombo en la zona de prensa. Yo pensé que me caería y cuando terminé sentí que me iban a dar el cuarto o quinto lugar porque mi ejercicio no era muy bueno. Aguardé mis calificaciones con todo el miedo del mundo y en eso, aparece 5.9 y por allá un 5.8 y luego vi sólo 6 en presentación y mis ordinales en número uno. Terminé llorando de alivio y no de felicidad y Bonaly nunca me perdonó que le quitara esa medalla. Recuerdo que yo venía de haberle arrebatado el campeonato europeo dos años seguidos y se suponía que ese mundial era la revancha. Afortunadamente mi relación con ella no sufrió cambios que yo notara y en 97 la que me odió, fue Michelle Kwan que no era mi co-equipera pero éramos amigas .. Para ser sincera, ella me retiró el habla un tiempo. Al año siguiente, el equipo francés fue para todo fin práctico, un desastre. En olímpicos nos fue muy mal a todas y en el mundial yo .. Me sentía muy triste como para competir, me lesioné y no lo hice tan mal. Me alcanzó para un bronce, pero no podía saltar bien... Mi abuela estaba enfadada y me dijo que iba a sacarme los ojos.

Pronto, Tamara se dió cuenta de que Adelina usaba la revista como pretexto para evadirla. La pequeña no la observaba a la cara y comenzó a hacerle preguntas tontas sobre su abuela. Didier respondía con sí o no; era interrumpida cuando tomaba la palabra de forma más seria y al final, se terminó cansando. Intuyó correctamente que la niña estaba avergonzada y si quería lograr su confianza, debía hacer algo más que aprovechar una conversación nostálgica para preparar terreno. Una vez por terminado el emparedado, ambas se dirigieron al parque pero no pasaba nada.

-Estoy aburrida... Disculpa lo de frígida, chica.
-No te apures.
-Cambiar de ciudad no es cambiar de estilo de vida. No hay nadie que me extrañe o a quién le importe.
-A Carlota sí.
-Porque no sabe como me gano la vida.
-No pierdes nada si le cuentas.
-Me da pena hasta contigo.
-Porque te descubrí, es la verdad.

Las dos suspiraron.

-¿Qué te hicieron en los ojos, Tamara?
-¿Tengo algún rasguño? ¿Me cayó algo?
-Eres ciega.
-No.
-Entonces lo estuviste.
-¿Cómo sabes?
-Te guías por el oído. En Cobbs hay chicas que hacen lo mismo que tú ¿Qué te pasó?

Tamara guardó silencio y eso enfadó a Adelina.

-¡Quieres sacarme toda la sopa y no pones de tu parte cuando deseo saber algo de ti! ¡Eres igual de falsa que todo el mundo! ¡Qué irritante!
-¡Hey! ¡Hay cosas en las que no me gusta pensar!
-¡No intentes ser mi amiga si no vas a confiarme las cosas!

La muchacha estaba por levantarse pero Didier se incorporó primero y revisó el reloj.

-Mi entrenamiento en la pista va a comenzar ¿Vienes?
-¿A qué? Carlota no puede practicar, sólo perderías el tiempo.
-Creí que me seguirías. Aunque no lo creas, todavía entreno.
-No tienes tanta suerte, mala amiga.
-¡Ay! ¿Qué quieres que te diga?
-Porque no veías antes.
-Fue un accidente ¿Contenta?
-¿Qué accidente?
-En el metro, me caí, pasaron unos años, me curé. Es todo.
-¿Así de simple?
-Sí.
-¡Ah, oye! ¿Qué hizo tu yaya?
-¿Hacerme?
-Me dijiste que estaba furiosa ¿Te sacó las retinas?

Por unos instantes, Tamara experimentó la sensación de erizarse.

-¿Viste un fantasma?
-No.. Pero mi abuela no me castigó. Sólo dejó de ser mi maestra porque le fallé.
-Bueno, estoy satisfecha.. Andando, que seguro vas tarde.
-Claro, voy detrás de ti.

Ambas prosiguieron su dirección al tiempo que se ponían de acuerdo para vivir juntas. Como cambiar las costumbres de la pequeña no iba a ser fácil, Didier decidió nunca separársele, por molesto por fuera. El viejo del muelle se apareció nuevamente y las acompañó, pero al notarlo agotado, Adelina sugirió abordar un tren.
Mientras descendían por una escalera, Tamara recordó su pesadillezca rutina en Japón y el violento regaño que recibió; así como reproches posteriores que duraron jornadas enteras. También, se le vino a la mente la estación parisina dónde había perdido la vista y le pareció haber escuchado justamente "te arrancaré los ojos" antes de sufrir su percance. Esa ocasión la acompañaba justamente su abuela, quién en su lecho de muerte, confesó que esa tragedia había evitado más fracasos de su nieta y saberlo la hacía feliz.

*Surya Bonaly: Campeona mundial junior (91), campeona de Europa (90 a 94), participante olímpica (92, 94 y 98), medallista de plata del mundo (93, 94 y 95) y campeona de Francia (de 89 a 97)
Laetitia Hubert: Campeona mundial junior (92), participante olímpica (92, 94 y 98) y campeona de Francia (98 y 99)
Vanessa Gusmeroli: Medallista de bronce del mundo (97), participante olímpica (98 y 02) y campeona de Francia (00, 01 y 02)



martes, 3 de abril de 2012

Capítulo Cien: Gwendal, te amo. (Primera parte)


A Marina y Gwendal

Judy había ido al mercado del pescado y en un pasillo coincidió con Gwendal. Ambos se detuvieron en seco y evitando mirarse a la cara, se saludaron. Él iba acompañado de una mujer rusa que había conocido hacía un par de días en un club y al ser presentadas, la esposa de Jean Becaud supo que esos dos habían comenzado a salir. La desconocida poseía una expresión agresiva y glamorosa, propia de una modelo. Si se le observaba con más rigor, cualquiera se daba cuenta de que aquella mujer tendría más o menos treinta y cinco años y no era muy afable. Al tenderle la mano, la señora Becaud casi pudo jurar que su cortés gesto había sido recibido con desagrado y que la mujer la examinaba; seguramente para comparar atuendos y salir ganadora. Judy traía puestos unos viejos mocasines beige y un vestido de igual color, además de un suéter tejido café y su contraria estaba ataviada con un traje sastre marfil de una marca muy refinida y de tendencias ligeramente andróginas. Mientras la joven lucía pálida por no haberse maquillado, la otra parecía lista para una sesión de fotos de alguna revista de moda. Sintiéndose perdedora del duelo, Judy bajó la cabeza. 

-Tu novia es linda, Gwendal.
-Gracias.
-Fue un gusto, yo debo retirarme.
-¿Tan rápido?
-El trabajo me espera, yo sólo vine por calamares. El especial en el café será sopa de mar. Buen día. 

Con prisa, Judy caminó como una niña hasta la salida y quitó la cadena a su bicicleta antes de pedalear a excesiva velocidad y caerse a las pocas cuadras sobre un montón de bolsas de basura. Con la gente riéndose, ella se levantó mientras sacudía las cáscaras de sandía pegadas en su mejilla. No entendía porqué la gente cercana reía más fuerte cada vez y ella sintió que algo líquido caía sobre su mano. Miró hacia arriba sin encontrar nada y retomó el camino sólo para continuar derrapando en otras aceras. A la altura de Katsalapov, se estrelló nuevamente junto a unos botes repletos de desperdicios pero no se levantó. Estaba enojada y comenzó a remover las bolsas plásticas a su alrededor. Su atuendo ahora estaba manchado con salsa y en su cabello se habían atorado residuos de blinis y prianikis*. Percibió las manos húmedas y al remover huesos de pescado de su rostro, descubrió que lagrimeaba abundantemente. Resignada por el ridículo, permaneció sentada mientras algunas personas que no estaban enteradas de su accidente le dejaban monedas. 

-Este es un mal día - dijo mientras se recostaba y comprobaba que los calamares que había adquirido estaban regados y los gatos se peleaban por el botín mientras un turbio jugo marrón salía por un tubo casero de desagüe, empapándola por entero.

-¡No puede ser! - exclamó al momento de percatarse de que era agua de pescado descompuesto - ¡¿Las cosas pueden ser peores?! - preguntó y recibió por respuesta una nueva descarga pero de grasa de bacalao. A partir de ese momento, juró que jamás comería mariscos. No tardó mucho en sentir ardor en sus rodillas y supo entonces que estaba lastimada. Para terminar con el cuadro, al tratar de incorporarse, su coleta se trabó en la alcantarilla cercana. Sin un teléfono y sin la ayuda de nadie, comenzó a jalar su cabello pero entre más insistía, más se enredaba y entonces decidió arrancarse el mechón para liberarse. 

-¿Judy? - señaló una voz conocida - Permíteme, te levantaré.

La joven sólo sintió como se deshacía el nudo que la tenía atrapada y con rapidez se dispuso a huir a un sitio dónde nadie la viera, abandonando su bici y dando escuetamente las gracias. Corría sin cesar a pesar de que podía sufrir un percance y no reparaba en los semáforos por ningún motivo. A dónde fuera, oía el grito "¡Espera! ¡¿Dónde vas?!" y eso aumentaba su bochorno hasta que un nuevo baño, ahora con lodo acumulado en una esquina y levantado por un vehículo policial, le detuvo abruptamente. Su cuerpo estaba completamente cubierto y encima, olía verdaderamente mal. Ella trataba de escupir la espesa tierra acuosa que había entrado en su boca y al recargarse en una pared para lamentar su suerte, una monja le regaló un sándwich y un rosario pensando que la chica vivía en la calle. Como la religiosa estaba rodeada de niños, aprovechaba para enseñarles caridad y les pedía que no juzgasen a las personas que no tenían nada. Los pequeños entonces le obsequiaron más monedas. 

-Yo no ...
-No diga nada, mujer. Cómprese una ropa limpia y busque un sitio para no pasar mala noche. Que Dios la bendiga.

Confundida, Judy aguardó que el grupo se alejara, volvió a la pared y profirió:

-¡Malditos calamares! ¡Maldita gente sucia que no sabe cómo manejar su basura! ¡Maldito ayuntamiento que no trabaja para mantener la calle! ¡Malditos gatos y maldito día! ... Y perdí mis ¡Maldición, maldición, maldición! ¡Mis llaves! ¡Maldita porquería!
-¡Judy! Menos mal ¿Estás bien?
-¿Qué si estoy bien? ... ¿Qué si estoy bien? ¿Qué no se ve? ¡Demonios, el mundo se ha vomitado encima de mí! ¡Maldición, toda la ciudad lo ha visto y me lleva el demonio, tú también! 

La señora Becaud ahora lloraba porque Gwendal estaba parado a su costado y ella se hallaba impresentable. 

-Te sigo desde el mercado.
-¡No es cierto! ¿Porqué hiciste eso?
-Terminé mi asunto poco después de que te despidieras.
-Entonces viste todo lo que me pasó.
-No todo. Te perdí de vista hasta que te encontré en Katsalapov pero saliste corriendo cuando te desaté el cabello.
-¿Fuiste tú?
-¿No me viste?
-No.
-Luego me puse como loco a perseguirte ¿Porqué no me hiciste caso? Te habría llevado a casa. Lo bueno fue que levanté tus llaves.
-¡Ay, qué bien! Gracias.
-Vamos a que te quites todo eso.
-No iré a ningún lado. No puedo dejar que me vuelvan a mirar así. Estoy sucia y huelo a desechos varios. En serio prefiero quedarme aquí hasta que anochezca.
-Necesitas asearte y tirar la ropa. Yo te acompaño.

Gwendal la abrazó fuertemente y aunque ella le pedía que no lo hiciera, él tomó cieno para mancharse la cara y embarró su saco con aceite automotriz. 

-Has arruinado tu traje.
-No importa.
-¿Porqué? Yo parezco indigente.
-Por eso mismo. Ya somos dos.

Gwendal ofreció su brazo y ella, dubitativa, aceptó. A cada paso que daban, Judy más se apenaba y terminó dirigiendo al hombre en dirección contraria a Republique.

-¿Qué sucede?
-No me atrevo a entrar así. Sería muy vergonzoso que mis clientes o mis amigos me vean.
-Todo fue un accidente.
-Suficientes penas he tenido esta mañana, primero con tu novia y después esto.
-¿Mi novia?
-¿No te diste cuenta? ¡Ella era como una princesa y yo con mis fachas!
-Yo pienso que luces más hermosa.
-¿Bromeas? Ella estaba perfecta y cuidada, yo me puse la primer botarga vieja que encontré.

Él se detuvo un momento y la atisbó seriamente. La joven comenzó a temblar cuando Mériguet tocó su mejilla y le besó en la frente. 

-Para mí eres única y eso es mejor que perfecta.

Judy sonrió, pero le extrañó que le dijera algo como eso. Reservándose una reacción feliz, pensó en la forma de contestarle. No se encontraba cómoda con él y tampoco deseaba permanecer con la creciente molestia que le aquejaba.

-¿Qué haces con esa mujer?
-Lo mismo que tú con Jean.
-Es muy atractiva, felicidades.
-¿Porqué me felicitas? No es nada del otro mundo que yo decida tener una relación.
-Es que me cayó de sorpresa; no me contaste.
-Es algo muy reciente, no llevo con ella más que unos cuatro días.
-¿Lo sabe tu familia?
-Les mencioné algo pero no considero que lo hayan tomado en cuenta. 
-Espero que dure mucho.
-Te agradezco nuevamente.
-¿Cómo se llama?
-Daria.
-¿Porqué estaban en el mercado?
-Fuimos a buscar una locación. Ella es la editora de Vogue.
-Ahora entiendo tanto arreglo. Fue raro que alguien como ella pasara por ahí.
-Me invito a realizar una sesión para la edición de abril y es trabajo.
-Supongo que así queda explicado.
-¿Pasa algo?
-¿Nada ¿Qué quieres que ocurra? No la conozco.
-¿Daria te cae mal?
-¡Por supuesto que no! ¿Cómo me podría enfadar? No seas infantil, Gwendal.
-Entonces no hagas berrinche.
-¿Berrinche, yo?

Mériguet alzó la ceja y ella se ruborizó como nunca antes, pero le tomó de las manos y comenzó a dar vueltas con él. Los pocos transeúntes pensaban que presenciaban la escena romántica de un par de enamorados limosneros cuando ambos optaron por estrecharse de nueva cuenta. Quién sabe qué le diría Gwendal a Judy que ésta decidió volver a casa. A pesar de que los comensales desconcertados guardaron silencio al observarla pasar, la señora Becaud irradiaba buen humor, le pidió a las meseras que se hicieran cargo del café el resto del día y sin más, corrió al cuarto de baño a tomar una ducha en medio de discretas carcajadas. El reloj marcaba las cinco cuando descendió a la planta baja y se fue sin despedirse. Gwendal la esperaba en una esquina y al divisarla, se aproximó. Ella permaneció sin decir nada. Fue ahí cuando él perdió el control y la llevó a la playa. No importaba que el camino fuera largo y cansado, nada podía evitar que al fin pasaran una velada juntos. Los dos gritaban, corrían y rodaban por la arena y la marea mientras comentaban acerca de lo hermosa que se veía la luna durante la puesta de sol. 

Con la ropa humedecida por juguetear en las olas, se recostaron entre las rocas mientras brisaba y por primera vez en horas permanecieron en absoluto silencio hasta que Gwendal la tomó por la cintura y Judy entristeció. Ambos suspiraron.

-Estoy casada.
-Casada ... Qué palabra tan importante.
-Estoy enamorada, Gwendal.
-¿De quién?

Mériguet supo que no obtendría respuesta. Teniéndola tan cerca, él eligió conformarse con compartir esas horas. Las luces de Tell no Tales se reflejaban en la orilla del océano y se tornaban azul brillante. Judy entendió que era instante de separarse y retornar a su vida normal, sin sobresaltos e inusuales episodios. Le dijo adiós a Gwendal a una calle de Le jours tristes y como si nada, dió las buenas noches a su marido sin explicar el motivo de su ausencia y fue a su habitación a colocarse una pijama.

Durante la madrugada, ella despertó. Jean sintió como ella abandonaba la cama y se asomaba por la ventana. 

-¿Qué ves?
-Nada en particular ... Sólo es el insomnio.
-Voy por leche caliente.
-No te levantes, Jean; tuve un hermoso día y pienso en eso.
-¿Qué hiciste?
-¿Sabes? No importa, descansa. 

La joven lagrimeó unos segundos. No sabía qué pensar o qué excusa decirse a sí misma para no ser invadida por el recuerdo de los rizos de Gwendal cuando el viento los alborotaba o cuánto le había lastimado saber que él había encontrado a alguien; pero no pudo omitir los hechos e impulsivamente, se cambió de atuendo, peinó su cabello y salió rumbo al apartamento Liukin. Sabiendo que la puerta del edificio jamás se abriría, ascendió por la enredadera de Carlota y atravesó el cuarto de la niña en silencio, caminó sigilosamente en el pasillo y después de superar los nervios, giró la perilla de Mériguet. Él no se hallaba solo. Daria yacía en los brazos de Gwendal y su ropa a un lado. Judy cerró y cubrió su rostro antes de alejarse con el corazón roto. 

Sin tener a dónde ir, la señora Becaud presionó el timbre de Tamara. Su amiga la recibió después de reconocerla por la mirilla. 

-Pequeña ¿Qué ocurrió?
-Gwendal ... ¡Tenías razón conmigo! ¡Lo dejé pasar, Tamara! ¡Me hice tonta y ahora Gwendal está con alguien más! ¡Yo creí que él se quedaría todo el tiempo esperándome! ¡¿Porqué fui tan estúpida si lo amo demasiado?!..

Las dos se situaron en un sofá. Judy era inconsolable y Didier le facilitó una cobija afelpada.

-Conozco a alguien que te puede ayudar. Iremos con él por la mañana.
-¿Puedo saber quién es?
-Mejor después. Duérmete yo te cuido.
-Gracias por abrirme.
-De nada Judy. Cuando quieras.

Tamara permaneció en vela y levantó a la joven muy tarde, casi de mediodía. Ambas se encaminaron rumbo a la calle Raisa dónde Anton Maizuradze atendía un puesto de paletas congeladas caseras afuera de la pizzería de su padre. Aunque la señora Becaud no comprendía, su amiga le aseguró que él le daría la sugerencia más adecuada a su problema.

-Anton es .. Sé que muchísimas veces he dicho que es inmaduro e insoportable y no me agrada nada pero.. Ese niño la pasó muy mal cuando Carlota eligió a Joubert y lo ha asumido finalmente. Él sabe lo que estás pasando y harto a mi pesar, acepto que sabe cómo apoyar a quién se lo pide. Me gustaría hacer algo mejor por ti, pero no se me ocurre algo más sensato y los psicólogos cobran 300€ la hora. Dale una oportunidad.

Judy, que continuaba llorando, se acercó al mozalbete y después de cruzar unas palabras y recibir una paleta de cortesía, tomó asiento en un banco de madera y relató lo que sucedía. Anton le dió palmaditas, pañuelos, una teja de una obra inconclusa y preguntó la ubicación de las oficinas de Vogue.

-¿Para qué preguntas dónde están?
-Porqué tu problema no es él, es ella.
-No entiendo.
-Esa tipa es una frívola loca que te vió rarito y te trató mal.
-Anton, se supone que yo tengo que olvidarme de Gwendal.
- Noticias, chica: el tío de mi futura esposa no es el hombre que amas.
-¿Qué?
-Gwendal sólo te gusta y si estás sufriendo es porqué sabes que se fue a besuquear con una bruja. Tu asunto se resuelve con un ladrillazo, así que irás a la agencia, averiguarás dónde queda el despacho de esa hiedra venenosa y desde afuera le arrojarás esto.
-No resuelve nada.
-Entonces quédate con el coraje. 
-Creo que le pediré al cura una opinión.
-Bueno .. Pero igual te dirá que Jean es el dueño de tus quincenas. 

Más deprimida aún, la señora Becaud tomó el bloque de adobe y determinó ir a la redacción de Vogue; sin agredir a Daria porque el niño Maizuradze se había equivocado y realmente el embrollo era Mériguet, el hombre que amaba. Ella era responsable de que todo saliera tan mal y ahora debía decidir que sucedería con su matrimonio y con Jean. Entretanto, Gwendal se apareció y Judy, experimentando una sacudida de furia y celos, apretó el ladrillo y sin más, se lo aventó.

Blinis: especie de crepa tradicional de Rusia de relleno variable (salmón, caviar, papa)
Prianikis: dulces de jengibre que pueden estar rellenos de mermelada, chocolate o miel.

Gwendal Peizerat & Marina Anissina Montage: Why can`t I? (canción de Liz Phair) hecho por mí XD.


jueves, 8 de marzo de 2012

Comptine d'un autré eté: L'apres midi. (Cuento largo de la serie "París")


A Yann Tiersen, @MiguelBennets y al Woody Allen
que dirigió "Midnight in Paris"

Tamara se presentó en el hospital y el panorama resultaba desolador. Carlota no presentaba aparente mejoría y Judy había rendido su declaración tantas veces que hasta memorizada tenía su versión de los hechos; aunque no por eso, dejaba de ser cierta. Los Liukin también habían perdido la noción de las visitas que la niña recibía y los demás aprovechaban esa circunstancia para tomar a la interna como "confidente". Por supuesto, de haber podido, aquella pequeña se hubiera levantado por la risa. Las anécdotas que le contaban solían ser incidentes sin consecuencias o tonterías. Su cerebro seguía construyendo imágenes y no tardó en comenzar a activar la imaginación de forma más amplia. Secretamente, Carlota elaboró un mundo aparte en el cual distraerse mientras comprobaba que podía sentir dolor y lagrimear. No sabía porqué pasaba esto último y menos comprendía porque nadie se había dado cuenta; por lo que regresaba a sus pensamientos sobre un cielo con globos y un puente  sobre el mar en dónde era obligatorio atravesar con bicicleta o a pie además de leer un letrero: París, al final del camino.

Durante el trayecto, se podía contemplar a las ballenas, ver a personas de dos cabezas y artistas recibiendo monedas. Los payasos estaban todo el tiempo tristes y los malabaristas no tenían talento. En contraparte, los vendedores de algodón de azúcar realizaban trucos, sacaban confetti y celebraban los cumpleaños de los niños regalando boletos a la luna. La pequeña nunca recibió uno solo a pesar de que a cada hora, cambiaba el mes y cada dos minutos, el día.

A la mitad del puente, una cabaretera daba la bienvenida al "lado norte del mundo" y para pasar, sólo debía obsequiársele un beso y demostrarle buen corazón si se trataba de un hombre o niño. Si eran mujeres, había que probar que no se era chismosa; pero Carlota pasó sin ser examinada. La vedette precedía a la "construcción de pintura", porque parte del viaducto estaba hecho precisamente con tintas. Los árboles a los costados, y el agua (nombrado "arroyo del arcoiris" por el que la gente pasaba con botas para no empaparse) eran de colores. Algunos aprendices elaboraban bocetos o anotaban lo que grandes maestros sugerían; eso si no eran hostiles. Carlota podía ver a Cézanne explicando la importancia de la textura y al otro, al apasionado Caravaggio ahuyentando a los curiosos y obsesionándose con las expresiones de sus personajes mientras Raffaello Sanzio y Tintoretto compartían impresiones sobre la perspectiva. Fascinada por aquél universo, decidió permanecer en una banca mientras el arroyo aceleraba un poco su caudal y el viento soplaba.

-¡La damisela debería marcharse! - proclamó Picasso - Ese Caravaggio ha enloquecido ¿Acaso no eres observadora? Te ha estado apuntando con sus pinceles y no tardará en agredirte con ellos.
-Creí que jugaba.
-Ese canalla no soporta a los extraños.

El pintor español, de la nada, comenzó a formar sus famosas figuras de luz estroboscópica y en un momento dado, dibujó una sombrilla, misma que entregó a Carlota.

-Los vientos de Gibraltar son peligrosos de noche .. Y aún te falta camino.

La chica atisbó a Picasso mientras se preguntaba porqué la sombrilla no había desaparecido si era una de esas creaciones efímeras que al artista tanto le gustaban; pero no perdió más tiempo, se despidió con un ademán y prosiguió hasta la siguiente señal, no muy lejana. Una flecha de madera que anunciaba:

"Gibraltar. El alma de Europa"

En ese punto, Carlota creyó oír el susurro de un piano, pero las olas también hacían ruido y no tardó en percatarse de la presencia de sirenas. Dubitativa, ella dió un paso fuera de los colores y resbaló.
El piano se volvió más fuerte y un rayo de sol iluminó un diminuto espacio enfrente de ella.

-Aquí voy.

Sosteniéndose como podía, Carlota trataba de avanzar pese al golpeteo incesante del agua. Las sirenas
se lanzaban pelotas en medio de un ambiente inhóspito y con sus colas, agitaban más la cruel marea.
De vez en vez, lo que parecían luces de barco iluminaban más indicaciones:

"Recuerde: El estrecho siempre está oscuro". "Este puente no pasa por Madrid". "Ceuta, a su espalda". "ATENCIÓN: Después del puerto de Gibraltar, comenzará La Gran Curva. No se espante si de pronto no ve tierra. El paso por el cielo es inevitable. Usted verá el campo nuevamente en Andorra" "El camino pasa por Lyon y Nantes" "Buen viaje".

Algunos aventurados como Carlota marchaban lentamente y los dejó atrás pese a las ráfagas. Cada que sonaba el piano, esos extraños tapaban sus oídos y el mar arreciaba su furia. Sin embargo, la luz guía se acrecentaba y comenzaba a brindar calor por lo que la pequeña continuó dando pasos. Ignorando el cansancio, siguió adelantándose a los cada vez más escasos viajeros. Cuando la flecha indicó: "Puerto a dos metros" ella suspiró aliviada. Atrás quedaba la cortina negra y el resplandor.

En Gibraltar, Carlota avanzó un poco para llegar al "Rincón de los filósofos" que no era más que una sección de bancas como las del primer tramo del viaducto. Los sabios discutían las cuestiones más disímbolas; no exentas de gritonería. Mientras Kant trataba de mostrarle a Nietzsche porque sus teorías eran equivocadas, Aristóteles se maravillaba de saber que los cuatro elementos no habían sido el origen del universo. Más al fondo, Platón y Focault compartían el vino y nuevamente, un artista; Marcel Duchamp asombraba a Tomás Moro y Pico Della Mirándola con su cámara y sus cintas.

-¿Qué vas a querer niña?

Nuevamente, la cabaretera se presentaba pero como una agobiada mesera con traje de circo y tono de flojera.

-Agua.
-¡Rayos! ¡No me pagan propinas por algo que es gratis!
-Perdón, pero sólo tengo sed.
-Traeré limonada y si quieres.
-Bueno.
-Y espero ver cincuenta rublos cuando te sirva.
-No tengo dinero.
-Entonces ese tacaño de Nietzsche va a pagar tu cuenta.

Fue en ese instante cuando Carlota se percató de un individuo solitario. Los demás procuraban no pasar cerca.

-¿Ahora qué ves?
-¿Tan rápido?
-Toma tu limón y no molestes... Esos idiotas seguirán discutiendo hasta que se atrevan a matarse.
-No pueden, son filósofos. Son racionales.
-Si lo fueran, intentarían tocarme el trasero y me escucharían cantando. Sólo el bizco no da problemas. Lo abandonaron porque siempre tiene la razón.
-Pobre señor Sartre.
-Es el geniecillo de ojos divergentes que lo sabe todo.

La chica Liukin le sonrió a Jean Paul Sartre antes de dar un par de sorbos y retirarse. El final del camino aún distaba.

Al salir del puerto, Carlota se topó con que el puente estaba más despejado. La ligereza del aire invitaba incluso a correr y La Gran Curva parecía acortar distancias extraordinarias. En el cielo, volvieron los vendedores de algodón de azúcar, igual de amables que los sureños pero sin obsequios. Las notas del piano se dejaban sentir con mayor frecuencia y en ese tramo, a la gente le agradaba oírlo.

"Se regalan panquecitos de queso"

Con ese anuncio, la pequeña se animó a acercarse a un puesto. La dueña era una campesina cariñosa que vivía en las montañas de Andorra y se tomaba la molestia de alimentar a los cansados. De acuerdo a su discurso, ella tenía cabras en su granja y los panecillos daban la energía suficiente para soportar la caminata a París. En vista de que no tenía un sólo rublo, Carlota se llevó una caja con doce bizcochos.

En Andorra, el camino se convirtió en una alegoría de la soledad. De acuerdo a los carteles, pocos llegaban ahí. El gran filtro era el pesadillezco estrecho de Gibraltar y el puerto. Los valles estaban llenos de flores y a lo lejos, las aisladas casitas revelaban la existencia de rebaños mansos y vidas tranquilas. Más arriba, se apreciaba el tren y más letreros.

"Francia a cinco pisadas. Felicidades."

De no haber descubierto esa leyenda, ella habría pensado que seguía en el principado. El puente llevaba de nuevo dirección ascendente y debió gastar su primer panqué. Esa subida era pesada pero la melodía del piano era incesante ya y le gustaba tanto que sin advertirlo, estaba en Lyon; específicamente en un barrio llamado "Vieux Lyon" uno de los más viejos. Aquí si había personas y los universitarios inundaban las librerías. El río Ródano corría paralelo al puente pero la vista se volvió complicada y Carlota debió continuar cuesta arriba.

Camino a Nantes, el piano se tornó más fuerte. Si la pequeña se asomaba por el borde, veía viñedos y se percataba de la considerable altura del viaducto. El delicioso aroma a uvas frescas le provocó una sed terrible y por la carencia de líquidos, trató de compensar aquella sensación con un segundo panecillo. El sudor también hacía de las suyas .. Recordando que era su fantasía, se concentró lo mejor que podía y comenzó a llover ligeramente pero estaba tan cansada, que pasó de largo por Nantes. De todas formas, era imposible que tomara agua del Loira: los habitantes no se lo permitirían.

Finalmente, La Gran Curva presentó su lado más amable: Un descenso. Por inercia, la chica aceleró el paso. Debajo de la señalización: "París, cuatro kilómetros", una pequeña carpa era el último obstáculo para acceder a la Ciudad Luz. La vedette ahora domaba a un tigre y por su vestido, Carlota recordó el desfile ruso en diciembre. Entre ilusionistas y ranas falsamente "mágicas" la mujer se le aproximó.

-¿Otra vez tú? ¡Y ese piano! ¿De dónde sacaste esa musiquita?
-La he escuchado desde Gibraltar.
-Los rumores dicen que la música es el final del sueño.
-¿Cuál sueño?
-París desapareció gracias a esa melodía .. Y Andorra ya no existe. También el otro extremo del puente fue borrado del mapa. Sólo sobrevive la estructura de pintura y medio Gibraltar. Las sirenas ahora viven en tierra.
-¿Qué le pasó a París?
-Se diluyó en burbujas este verano...
-Aún no es verano.
-Como dije, esto es un sueño.. El sueño terminó.

Carlota comenzó a repetir "El sueño terminó, el sueño terminó" y el mundo alrededor acabó por extinguirse.

-El sueño terminó.

La pequeña abrió los ojos. Los acordes que había escuchado en el camino provenían de una grabadora colocada al lado de la cama y no correspondían a compositor conocido alguno. Sin un reloj o al menos las ventanas despejadas, supuso que eran las cuatro. Extrañamente, prefirió aguardar a que alguien entrara a la habitación. No deseaba alterar a nadie o causar una fiesta. Agradecía profundamente el encontrarse lúcida y que la fantasía había llegado a ser tan absurda que la consciencia finalmente había tomado el control.

Yann Tiersen - Comptine d'un autre ete (L'apres midi) 


miércoles, 7 de marzo de 2012

El caos


-Buenos días, busco a Joubert Bessette.
-Soy yo, mucho gusto ¿Con quién trato?
-Edwin Bonheur. Vine por el anuncio del piso en renta.
-¡Pase! ¿Le ofrezco algo? ¿Agua?
-No, gracias. Sólo deseo ver el lugar.
-Adelante. yo contesto cualquier pregunta.

A Edwin le sorprendía el espacio. De acuerdo al clasificado, en el número 27 del Edificio Ciprés en Poitiers, había disponible un loft de alquiler moderado y ventanas amplias; pero el loft resultó ser parte de un duplex cuyas dimensiones rebasaban las expectativas. A dónde volteara, encontraba puertas que daban acceso a grandes salones y una especie de bar en el que relucían algunas máquinas japonesas de baile, un karaoke y una mesa de billar así como una especie de desnivel que dirigía a un patio con una barra. El espacio estaba decorado con muebles vintage a todas luces costosos y pinturas diversas.

-No creo que esto sea lo que busco.
-¿No? .. Vaya, ni hablar.
-Sólo necesito ... Me conformaría con un simple cuarto.
-Podría rentarle eso.
-Disculpa, pero también esperaba que me atendiera el dueño o un arrendador.
-Llamaré a mi padre.

Joubert marcó enseguida pero nadie respondió. Lo intentó dos veces más sin resultado. Apenado, miró a Edwin y estrecharon manos.

-Lo siento.
-Supongo que tendrás suerte más tarde. El lugar es bueno. Gracias.
-De nada, señor.

El ángel se habría ido de no ser por el encargado del bar, que avisaba al joven Bessette que su padre deseaba que llegara a un arreglo inmediatamente y que no volviera a interrumpirlo en una reunión de la marina.

-¿Les urge mucho encontrar un ocupante?
-Mi padre es el de la prisa.

Se notaba que a Joubert no le agradaba la idea de compartir algo que verdaderamente parecía su espacio y que lo único que deseaba era encontrar un inquilino poco invasivo. Dado el precio, aquella objeción era justa.

-Lo tomaré.
-¿En serio?
-Necesito una habitación chica solamente.
-Bien, sígame. Aquí hay una.

Escondido en la última entrada al fondo de un pasillo, el dormitorio que el chico ofrecía era el indicado para Edwin: blanco, parecido al estudio casero de un arquitecto y con una cama que daba el aspecto de haber sido metida ahí en caso de quedarse trabajando hasta tarde.

-Tiene baño completo y focos nuevos.
-Me gusta.
-El ruido no será problema.
-Tanto mejor.

El muchacho comprendió que tendría compañía cuando el desconocido corrió la cortina.

-Supongo que la renta será más módica ¿Cierto?
-1000€. No puedo cobrar menos.
-Por la ubicación y el tamaño, de acuerdo ¿Cuándo podré ocuparlo?
-Siempre que no pase de mañana.
-Estoy conforme.
-Eh.. Mmmh .. Debo explicarle las reglas.
-Claro.
-Le mostraré el resto.

Ambos volvieron a la sala. El parque De Gaulle podía apreciarse perfectamente.

-El bar está a mi derecha. Siempre hay alguien en servicio pero no debemos entrar, mi padre lo prohíbe; pero si desea tomar una soda o jugo de tomate se le atenderá. El encargado irá a usted, sólo levante la mano o toque alguna campanilla.
-Entendido.
-Como buenos tellnotellianos no tenemos cocina pero sí algo parecido. En el desnivel se acaba de instalar una barra de sushi y cerca de la entrada está el refrigerador. Puede tomar lo que guste de ahí. Si es de los que van al supermercado, le recomiendo que sólo lo haga los lunes y por nada del mundo meta cerveza o algo así. El único alcohol en el apartamento es del bar y se surte todos los jueves... No se asuste si ve gente entrando con cajas ese día. No usamos la sala pero no veo inconveniente en que usted la aproveche. Traiga amigos de vez en cuando.

La voz del chico se arrastraba ligeramente mientras explicaba cómo funcionaba la chimenea y porqué el despacho siempre estaba cerrado como caja fuerte. Los dos miraron incluso una galería privada dónde los Bessette atesoraban antigüedades.

-También vea el siguiente piso, es por aquí.

Después de ascender por unas escaleras aún más ocultas que el cuarto rentado, Edwin se topó con un ambiente más casual, más liberador pese a los sirvientes que pululaban discretamente en ambos niveles. Las paredes, al igual que las anteriores también eran blancas, pero más desnudas, con apenas dos o tres cuadros abstractos. El oscuro piso de madera contrastaba con la luz que entraba por los ventanales y había más salones enormes pero con usos menos solemnes y decoraciones igualmente austeras. En el más grande se guardaban los instrumentos musicales de la banda del chico y también se empleaba para ensayar cada martes y miércoles. Al fondo, dos piezas más eran empleadas para tomar video.

-Amo Joubert, la señora Judy Becaud desea comunicarse urgentemente con usted.
-En un momento contesto .. ¿Me disculpa, Edwin?
-Adelante.
-Bienvenido.

El joven descendió al primer nivel. La servidumbre desapareció prudentemente.

-Hola, Judy.
-¡Ay, Joubert!
-¿Qué sucede?

 Judy no podía continuar hablando y Gwendal, que estaba a su lado agarró el auricular.

-¿Sigues ahí?
-Claro.
-Soy Gwendal.
-Hola ¿Podrías decirme qué ocurre?
-Ven al hospital.
-¿Por?
-No es bueno que lo sepas por teléfono. Estamos en urgencias. Carlota te necesita.
-Estoy saliendo.

El joven Bessette se colocó la chaqueta y le indicó a un criado que atendiera a Edwin y lo excusara. Corriendo, el chico descendió al estacionamiento del edificio y tomó su motocicleta para evadir en lo posible el intenso tráfico que paralizaba las avenidas aledañas al nosocomio. Aunado al calor, aquella circunstancia forzó al muchacho a despojarse de la chamarra y buscar la forma de eludir semáforos sin lograrlo. Un recorrido que normalmente le tomaba diez minutos, le costó una hora y se lamentó por no haber tomado el metro. Después de apartar un lugar para su vehículo, Joubert fue al área de urgencias pero no encontró a nadie. Preguntando a la recepcionista, supo que los Liukin estaban en traumatología pero no le dieron detalles. Al llegar al tercer piso, apreció a Judy hablando con la policía y a Ricardo con la mirada extraviada. Andreas y Adrien permanecían al lado de su padre sin una sola expresión en el rostro. Cerca del corredor, David salía de una habitación y Adelina estrechaba a un lloroso Anton que lucía un moretón en la mejilla derecha.

-Al fin - señaló Gwendal.
-¿Qué pasa?
-No te puedo decir mucho .. Amy acaba de perder a su bebé; hay que llenar unas formas.. Y esperar.
-¿Esperar?

Mériguet posó su mano en el hombro de Joubert que volteaba a todos lados.

-¿Dónde está Carlota?

Gwendal guardó silencio.

-¿Está con Amy? .. Bueno, no la interrumpiré.
-Ella no ..
-¿Fue al tocador, la cafetería...?
-Al quirófano.
-¿Qué? ¿Porqué?
-Trauma craneal ... La golpearon con un bat cuando terminó la práctica con Judy y cayó inconsciente. Le sacaron placas y tuvieron que..
-¿Quién hizo eso?
-No lo sé. Lleva ahí dentro treinta minutos. No sabemos cuándo terminará la operación... Era peligroso no tratarla lo más rápido posible.

El joven aguardó en silencio y de pie. Veía pasar a las enfermeras, a otros médicos dando las malas noticias. Cerca de él, una familia lloraba a un pariente muy querido. Ricardo ocasionalmente se levantaba y le agradecía estar ahí al igual que Ely. Franz De Patie, que se había enterado de la situación por el viejo del muelle, arribó para mostrar su apoyo. Al fondo se escuchaban los gritos de Amy que pedía saber lo que acontecía con su amiga.

Un cirujano preguntó por los Liukin dos horas después y éstos lo rodearon. Joubert sólo se limitó a escuchar.

-Cómo saben, Carlota fue diagnosticada con trauma epidural y lo que hicimos fue drenar la sangre que se acumuló y estaba presionando el cráneo.
-¿Se recuperará? - preguntó Ricardo.
-No me gusta dar éstas noticias pero ella sigue muy grave.
-¿Qué tanto? - cuestionó Joubert.
-Debido a que no la atendimos de forma tan inmediata porque esperamos las tomografías y la operación resultó demasiado complicada, ella cayó en coma.
-¡No puede ser! - murmuró Ely.

Ricardo debió tomar asiento nuevamente para no colapsarse. El chico Maizuradze sollozó más fuerte y el joven Bessette pidió ver a la pequeña pero no se lo permitieron.

-La tendremos en observación las próximas horas.

Sin embargo, a Joubert no le importó la negativa y se introdujo en la habitación de su novia en un momento de descuido. La niña portaba un vendaje pero era evidente que le habían retirado el cabello.
Al muchacho le impresionó esa postal. Ella parecía dormir apaciblemente. Con ternura, besó la mano de Carlota.

-Aquí estoy.

El joven arrastró un banco y se colocó junto a la cama mientras retiraba con insistencia algunas lágrimas.

-Hoy renté un cuarto del piso de abajo. Tenías razón en no quitar el aviso del periódico - pronunció a manera de charla - Lo alquiló alguien que parece buen sujeto... Se terminaron mis días solo. Me molesta pero no soy el dueño.

Joubert decidió no articular más sobre ese asunto. Le parecía que acababa de contar algo estúpido. Cómo no podía saber si ella percibía su presencia, apretó sus delicados dedos y comenzó a relatarle un sueño que era tan intrascendente como su anécdota con el inquilino, así que se inclinó por no continuar con eso.

El joven Bessette lucía triste y asustado. Por la mente le pasaron aquellos primerizos días al lado de Carlota: el rostro embarrado con queso en Le jours tristes, el paseo en moto al día siguiente con el extraño percance eléctrico que acabó en beso, la fogata de Katsalapov, la canción en la campiña y la sonrisa de ella al verlo cuando bajó a la ciudad, la excursión a Poitiers, el fallido Masters ...

-Cuando termine todo esto, iremos a la playa o mejor al campo y rodaremos por las colinas ... ¿Sabes que de tanto verte aprendí a patinar? Me gustaría compartir eso contigo para sostenerte con mis brazos para que nunca te lastimes... También te dedicaré todas las presentaciones de la banda, lo prometo...

Aunque era imperceptible, Carlota reaccionaba a la voz de Joubert y su mente estructuraba las imágenes de aquellas fantasías en una lucha desesperada por despertar que había sido desatada desde el primer segundo posterior al batazo.

-Hallgrim me recontrató. Voy a juntar el dinero para el palacete en Nathalie, voy a ponerte un jardín, una fuente.. Habrá un salón para todos los trofeos que ganes, un gran cuarto de baño y todo lo que quieras.

Retornando al sigilo, Joubert comprendió que no quería irse. Por angustia, el chico abrazó a la pequeña con todas sus fuerzas y recargó su cabeza en el hombro de ella antes de animarse a obsequiarle una caricia en la mejilla y susurrar en su oído:

-Te amo, Carlota.

Brian Joubert Courchevel Gala 2010 - Little Love from Vimeo.


viernes, 2 de marzo de 2012

Spasibo Zhenya!*



Salt Lake City, USA.

Los hermanos Alejandriy discutían violentamente en la cafetería de la villa olímpica y el equipo tellnotelliano rezaba para que los jefes de misión, los chismosos o algún delegado del COI no se aparecieran y el combinado de hockey sufriera la calamidad de ver suspendidos a su entrenador y a su jugador estrella. Ambos se reprochaban la derrota en su partido debut y no temían usar malas palabras o manotearse. Los compañeros de ambos sabían de sobra que no debían meterse.

-¡Si no perdimos miserablemente, fue por nosotros que nos cansamos de tu estúpido sistema!
-Pero no ganamos porque no les alcanzó, Joachim ¡De haberme hecho caso tendríamos el partido en la bolsa! ¡Te apuesto a que los checos no habrían podido sostenerse pero quisiste genialidad y ahora estamos a un paso de ser eliminados!
-Tú no te estás matando con mis hombres.
-¡No me importa que sean tus hombres! ¡Yo los dirijo!
-¡No tienes idea de cómo es el equipo!
-El equipo es igual a su capitán: incapaz.

Joachim azotó a Thomas en una mesa y procedía a golpearlo cuando una figura delicada se interpuso.

-¡Hey! ¡Basta! ¡Tranquilos, caballeros! ... Es sólo un juego.

Zhenya Plushy exhaló como si estuviera dispuesto a correr en caso de que las cosas empeoraran. Algunos le pedían incluso que se apartara.

-Fue suficiente, todo mundo a su lugar - externó Tamara - Bien hecho, Zhenya.

Los Alejandriy se miraron agresivamente pero no pasó más. Thomas buscó la cara de Didier al comprender su error pero ésta prefirió ir por una bandeja y comer en alguna mesa lo suficientemente apartada para que el jugador no recibiera ni un gesto de reojo.

-Mal y de malas con esos dos - comentó Haguenauer al encontrarse con ella.
-Thomas es un idiota.
-Mmhh ... Ayer te veías contenta con él.
-Creí que sería diferente.
-Los hombres, los hombres ... ¿Somos decepcionantes, verdad?
-Menos cuando sólo son amigos.
-Amén por eso.
-¿Qué nos queda? Es muy difícil encontrar un buen sujeto.
-¿Te gusta ese cro-magnon?
-No mucho.. Sólo hemos convivido aquí y eso que entreno a su sobrina.
-¿Prospecto descartado?
-A pulso.

Después de degustar una generosa ensalada y un yogur, Tamara salió a pasear por la villa y a buscar a Verner, quién con toda seguridad tendría una fuerte resaca. Algo había en la ciudad que no le llamaba la atención y si caminaba, la gente la detenía para la foto y para preguntarle la razón por la que no estaba compitiendo. Otros le aplaudían el trabajo que realizaba con Tomos al tiempo que le decían que tampoco lo habían visto y que lo felicitaban mientras dejaba que se escurrieran las horas.

Paradójicamente, ella se sentía extremadamente feliz. Conforme las pruebas iban cerrando actividades, se encontraba con que los espacios se encontraban vacíos y le encantaba meterse a la pista a contemplar los aros olímpicos y practicar sus movimientos en plena madrugada. Aunque cayera sin cesar, ella a menudo gritaba:

-"¡Tamara Didier lo hizo de nuevo!" "¡Otra actuación conmovedora!" "¡Ella es la campeona del mundo!" "¡Didier es la primer francesa en conseguir el título de campeona olímpica!"

Y acto seguido, ensayaba sus agradecimientos como cuando era niña. Era una costumbre que extrañaría pronto. El silencio, sus fantasías.. Al fin había pasado varios días sin pensar en Gwendal aunque él fuera quién contestara cada que llamaba a los Liukin para saber si seguían cuerdos.

-Ya encontré a Tomos, está borracho en un bar aquí cerca - pronunció Zhenya - ¿Qué haces aquí?
-¿Qué haces tú aquí?
-Regresé de la fiesta y vi cuando te metiste.
-Creí que nadie lo sabría... En fin, regañaré a Verner más tarde, ya fue demasiado.
-Jeje, es que aún no lo puede creer.
-Los jueces le regalaron.
-No es cierto. Lo que hizo Tomos fue asombroso ¿Cómo rayos lograste que dejara de ser mediocre?
-Ni idea.
-Un poco más y me quita la plata.
-¡Eso nunca habría pasado!
-Pues con los señores de las calificaciones nunca se sabe y antier fueron muy duros.
-Fuiste el mejor y te merecías el primer lugar. Te robaron, Zhenya.
-Esas cosas pasan.
-Cuando los jurados no son creíbles.
-¿Nunca estás contenta, verdad?
-¡Por Dios! ¿Verner en el podio contigo?
-Los milagros olímpicos, mujer. Esos le tocan a cualquiera y tú ya tienes un bronce como entrenadora. Tus bonos suben.
-Es una locura.
-Gritaste más fuerte que tu chico cuando supiste que esa medalla es suya.

Zhenya rodeó a Tamara con su brazo y se acostaron el el hielo.

-No todos cumplimos nuestros sueños, amigo.
-Lo sigues intentando.
-No es suficiente.
-Puedes hacer tus combinaciones triple - triple. Ayer le explicabas a Irina como hacerlas.
-Mis rodillas no me sostienen y lo de Astroskaya es porque quiere saltar así en el programa largo.
-Ah claro.
-¿Porqué el sarcasmo?
-Oí que te pidió que la entrenes para la próxima temporada.
-¡Jajajajaja!
-Tarasova ya no es una opción para ella y Mishin sólo quiere quedarse conmigo.
-Espero que no abandone a Lena.
-Muy tarde. Después de marzo adiós contrato porque no lo renovaron.

Ambos quedaron de frente, recargados en su costado.

-Spasibo, Plushy.
-¿Por?
-Apoyarme cuando quedé ciega y buscarme trabajo.
-¿Qué no haría por ti?

Ambos se observaron un minuto y después volvieron a colocarse boca arriba.

-Hay algunas cosas que no te he dicho.
-¿Qué será?
-La primera es que recuperé la vista.

Zhenya la estrechó al punto de quedar encima.

-Es temporal, no te emociones.
-¿Porqué no? Aunque sea por poco tiempo es maravilloso.
-Si tú lo dices.... Ahora va la segunda.
-¿Otra buena noticia?
-Lo de Gwendal ya terminó.

Plushy se posicionó al lado izquierdo.

-¿Eres libre?
-Ahora sí.
-¿Cuál fue su razón?
-Está enamorado de mi mejor amiga.
-¿Ella le corresponde?
-Judy está loca por él.
-¿Qué sientes?
-¡Se me hizo tan injusto! ¡Ella! ¡¿Qué rayos le vió a ella?! ¡Está casada! ¡Casada!
-Eso no tiene que ver.
-Lo sé.
-Déjalos vivir.
-Ese no es problema.
-¿Entonces?
-Antes de olvidarlo para siempre y sentirme idiota ...
-¿Eso es humor?
-Sí.
-Continúa.
-Quiero entender porqué sucedió.
-No .. Eso es otro mundo, es mejor no meterse.
-Es que.. Te explico: Judy conoció a Jean Becaud y se casaron. Él es su héroe y un patán, cosa que me importa porque realmente la quiero y ella era tan dichosa... Hasta que le presenté a Gwendal y ¡Bam! Enamorados.
-A veces un héroe y estar feliz no es suficiente.
-¿Bromeas?
-No, sólo digo los hechos. Piénsalo .. O pregúntales.
-No haré eso.
-El amor es complicado y retorcido.
-Al menos puedo ir quitando candidatos de la lista como Thomas Alejandriy.
-¿Él?
-¡Caíste en lo que me cuestionabas!
-Ya lo dije, ni modo.
-Mejor me pongo a practicar antes de que mis rodillas de gelatina se atrofien más.
-Lo lograrás.
-Gracias
-Pero grita que eres la campeona.
-¡Ah!
-Te oí. Yo hacía lo mismo y gracias a los jueces tengo cuatro años para soñar con el oro.
-Serás el campeón olímpico la próxima vez.
-Y espero que me observes.

Inmediatamente después de incorporarse, Tamara reanudó sus ejercicios y Zhenya permaneció a su lado dándole consejos hasta mediodía, hora en que Didier determinó que Verner debía parar su fiesta y volver a entrenar.

*Spasibo (спасибо): Forma en ruso de decir "gracias"

Carolina Kostner Montage 'Perfect'  en Vimeo. y en su versión original en Youtube dando clic aquí.
El video es de la autoría de Silvia Granata.