miércoles, 11 de enero de 2017

Las noches de Mónaco: The path in the wind (Fin de la serie)


Los Liukin miraron el Palacio Real de lejos. Monaco - Ville era un barrio tan pequeño que ninguno atinaba a descifrar las razones del por qué casi nadie se daba tiempo de conocer todo, tal y como habrían hecho de no tener inconvenientes. La parte más alta del país estaba a unos escalones de distancia y el Boulevard du Jardin Exotique estaba repleto de edificios de departamentos y pequeños locales de souvenirs que vendían caro, además de un tránsito ligeramente pesado. Marat relataba que la gente bajaba hacia Montecarlo, Fontvielle, Larvotto y La Condamine para trabajar y que, salvo algunas callecitas de Le revoires, el norte de Mónaco era habitado por la clase media. Los Liukin notaban apenas el contraste; se hallaban en el vecindario de Moneghetti y parecía una extensión de cualquier barrio opulento de Tell no Tales.

Conforme seguían, más gente hallaban que reconocía a Carlota y la paraban para pedirle autógrafos o una foto, sin ignorar a Marat Safin que atraía a las chicas. Adrien se les pegaba para ahuyentar a las coquetas y los jalaba al frente para recordarles que no tenían mucho tiempo. El parque cerraba temprano.

-Oye Tennant, ¿estás bien? - Recordó Ricardo preguntar mientras reconocía la entrada y la taquilla a unos metros de distancia.
-Sí, mucho mejor.
-Hoy te ves un poco decaído.
-No he dormido.
-Creo que nadie.
-Gracias.
-De nada, Tennant.

El joven Lutz estaba tenso y por un momento deseó que su olfato lo engañara. Se estaba llenando de pánico porque no lograba distinguir de donde provenía lo que lo inquietaba.

-¡Carlota y Marat, terminen ya! - ordenó Ricardo y ambos apresuraron sus garabatos para juntarse con los demás en la entrada del jardín y recibir sus boletos. A esas alturas era muy normal que ambos estuvieran riendo sin razón alguna y caminaban uno junto al otro sin adelantarse o atrasarse entre sí.

-Carlota, tú vienes conmigo - ordenó Ricardo y la tomó de la mano, entrando al jardín.

-¡Vamos a ver cactus Marat! - dijo ella con cierta emoción y su hermano Adrien se pegó a él y a Yuko para que nadie se atreviera a apartarlos. Andreas y Miguel no tenían interés y mejor charlaban con Tennant sobre chicas.

-Señor Safin, quiero agradecerle las atenciones que tuvo con nosotros - señalaba Ricardo - Queremos despedirnos de usted.
-No fue nada.
-Respondió por nosotros en la Comisaría, le debemos ese favor.
-Créame, está bien, lo hice porque ¿usted cree que lo sé? No lo sé, sólo pasó y la verdad yo agradezco que me acompañaran a la recaudación. Estamos a mano.

Carlota apretó más a su padre y comenzó a contemplar algunas flores cuyas placas decían que provenían de África. Ella las conocía bien, algunas florecían en Tell no Tales en verano y en su enredadera crecían orquídeas rojas de vez en cuando.

-Me siento en casa - confesó ella y pronto descubrió una rana en una fuente.

-¡Ay por Dios quiten esa porquería! - gritó, causándole risa a su familia.
-Es un lindo animal - contestó Marat sosteniéndolo con sus manos y aproximándoselo a la cara.
-¡Déjalo en donde lo encontraste!
-Tú lo hallaste, hasta se parece a ti.
-Claro que no ¡quítalo!
-Es inofensivo.
-Esa cosa es del diablo.
-Ja ja ja, ¿qué tiene que ver?
-Ahora imagina como se pone cuando ve un sapo - comentó Andreas socarrón y Marat soltó a la rana en la fuente, procurando que Carlota no la viera más.

-¿Por qué te dan miedo? - quiso saber.
-No lo sé, me causan pesadillas.
-No te creo.
-En serio, ni siquiera las tolero en peluches.

Ricardo abrazó a su hija y le susurró que estaban por entrar a la sección de "Cactáceas de África Austral", pidiéndole que se calmara en añadidura y respirara hondo. A partir de ese momento, el jardín se convertía en un relajante paseo en un estrecho puente de madera que conectaba con pequeños andadores y pabellones con cactáceas de todos tamaños, más las que se hallaban alrededor de ese mismo puente. Los Liukin, sin embargo, aun no podían ver nada hasta llegar justamente al siguiente módulo.

-¿Todo está bien con ustedes, Andreas? - consultó Ricardo.
-Tennant se está retrasando.
-Deténganse todos ¿ahora qué?

Era cierto que Tennant caminaba despacio pero aun no manifestaba su resistencia a adentrarse más.

-Tomé agua, perdón - se excusó.
-¿Te sientes enfermo?
-Descuide, señor Liukin, sólo tengo sueño.
-Controla esos bostezos.
-Sí, perdón - concluyó Tennant, retomando el camino e ignorando el susurro de Miguel de que podía ayudarlo. Entre más se aproximaban al primer módulo del jardín, el olor más alertaba al joven Lutz y sudaba frío mientras la mirada se le extraviaba. Quería correr pero el cuerpo sólo le respondía para ir hacia adelante.

-Tennant - se oyó en un murmuro y éste se apresuró en alcanzar en Miguel hasta el primer pabellón.

-¿Cuándo veré un cactus? - consultaba Adrien antes de callar y percatarse de una sombra detrás de Tennant que parecía a punto de tomarlo por la cintura.

-Papá, tenemos un problema - dijo.
-¿Otro?
-Atrás de ti.

Los Liukin voltearon y contemplaron a un chico abrazar a Tennant para después colocársele enfrente y besarle los labios.

-No se preocupen, los Liukin somos gay friendly - dijo Andreas incómodo cuando el desconocido le guiñó un ojo.
-Tennant, ven aquí - ordenó Ricardo y el chico se le aproximó con la cabeza baja y el rostro alterado.

-¿Quién es? - preguntó Miguel adoptando una posición protectora.
-Veo que no me conocen, juraría que Tennant olvidó mencionarme.

Marat entonces contempló al joven Lutz, advirtiendo que éste intentaba no perder el carácter.

-Soy Stendhal, vine a ver a Tennant.
-Entendemos pero estamos en un paseo familiar.
-Lo siento, señor Liukin.
-Si gusta hablar con él, será más tarde.
-Seré paciente.... ¡Te amo Tennant!

Todos abrieron la boca con sorpresa.

-Qué directo - reaccionó Marat.
-¿No cree que es inoportuno, Stendhal? - continuó el señor Liukin - Podría esperar a que salgamos y luego aclarar lo que guste.
-Tennant es quien debe decidirlo ¿no cree?

Pero el joven Lutz giró sobre sí, intentando recordar lo que había pasado en París.

-Vete Stendhal - musitó y el otro sonrió incrédulo.

-Que te vayas.
-No es en serio.
-Sal de aquí.
-No.
-Si me amas, vete.

Tennant nunca había sonado tan suplicante.

-Yo te necesito.
-No te me acerques Stendhal y no hagas una escena.
-Tú no quieres que me dé la vuelta.
-Es lo mínimo que podrías hacer, estás molestando a las damas.
-¿Esa idiota de China y Carlotita tonta?
-¡Basta, lárguese! - gritó Ricardo.
-¿Qué pasa, Tennant? ¿No puedes defenderte solo? ¿Eres ese cachorrito con el que pasé la noche?
-Suficiente, llamaré a seguridad.
-¡No se meta, Liukin!
-¡Me meto desde que ofende a mi hija!
-Siempre me he preguntado por qué Carlotita tontita es el centro de atención y ahora lo entiendo.
-¡Cállese ya!
-¿Ella les duele, verdad?
-No voy a contenerme.
-¿Qué te hace especial, Carlota? Me tienes celoso por Tennant.
-¡Carlota, adelántate! - gritó Ricardo y la chica sostuvo a Adrien mientras Yuko los cubría.

-¡Fuera de aquí o no respondemos! - amenazó Ricardo.
-Los hombres Liukin se toman en serio su papel. Oye Tennant ¿te adoptaron o qué?
-Puedes meterte conmigo, con Carlota ni con el pensamiento - le respondió el aludido.
-Eso quería escuchar.

Stendhal se descompuso en aquél instante y llenándose de ira, golpeó a Tennant en el pómulo derecho, llevándolo al piso.

-¡La odio, la odio, la odio! - exclamó el enloquecido Stendhal y con tal de llegar donde Carlota, se abalanzó sobre Andreas y Miguel. Por defenderlos, Ricardo se lanzó a atacarlo frontalmente pero fue derribado y Stendhal esquivó a Marat, entrando al pabellón.

Carlota y Adrien corrían sin detenerse mientras Yuko le pedía a los encargados de seguridad que fueran a la entrada a controlar a un desquiciado. Los gritos de los Liukin se percibían por todos lados, Stendhal dio alcance a la mujer y la aventó a un cactus nutrido de espinas. El obstáculo que restaba era Adrien y este determinó enfrentar al otro para ganar tiempo.

-¡Corre Carlota! - gritó y justo Stendhal estaba por pasarlo cuando se le ocurrió aventarle un pescado de plástico como proyectil directo a los ojos. El otro respondió sacándolo del pabellón y arrojándolo por el puente aunque el niño se sostuvo y como pudo se puso a salvo.

-¡Carlota! - vociferó Stendhal y la joven no miró atrás. A ella le parecía absurdo que el desconocido deseara herirla y no se quiso imaginar que había hecho Tennant para enfadarlo así. Al llegar a otro pabellón lleno de turistas, él le sujetó de la blusa, rompiéndola.

-¡Suéltame!
-¡Te odio!
-¡Me estás lastimando!

Stendhal estaba por atizarle un derechazo a Carlota cuando un golpe seco de ella le fracturó la nariz. Lleno de rabia, él le devolvió el empellón y pretendió apuñalarla. Stendhal consideraba una afrenta que alguien le tocara y si podía darle una lección a Tennant y a los Liukin era momento de hacerlo.

-Te odio, Carlota.

La joven Liukin temblaba de miedo y se defendía con sus delgadas manos, sobrepasada por la rapidez de Stendhal que, al decidir en que lugar clavaría su navaja fue sorprendido por un poderoso puñetazo con el que le sangró la boca.

-¡Marat! - gritó Carlota al incorporarse y ver a aquél golpeando sin tregua a Stendhal, hasta dejarlo casi inconsciente.

-Carlota, toma mi suéter.

La chica cobró sentido de que estaba expuesta y se cubrió enseguida. Llena de vergüenza, se echó a correr cuando Marat se distrajo.

-¡Adrien!
-Anda, que Marat sabe pelear.
-¿Todos están bien?
-Ya vienen así que creo que sí.
-Su amiga viene adolorida.
-Le ayudaré con las espinas.
-¿Qué vamos a hacer con este idiota?
-Que lo decida Tennant.

Ricardo, Miguel y Andreas miraron impresionados la escena y Tennant se llevó las manos a la cabeza.

-¡Nadie lo puede tocar!
-¿Qué?
-¡Stendhal no es normal!
-¿Qué dices?
-Marat, este imbécil pertenece al Gobierno Mundial.
-No trae insignias.
-¡Si se entera de que eres ruso te va a usar de advertencia!
-¿Qué tan importante es este tipo?

Tennant susurró al oído de Marat y este comenzó a dar pasos hacia afuera.

-¿Dónde fue Carlota? - notó Yuko
-¡Carlota, Carlota! - llamaron todos y abandonaron el jardín velozmente, seguros de que ella había decidido perderse, tal y como hacía en Tell no Tales.

Marat Safin sin embargo, decidió no ir al mirador del barrio de Saint Michel ni a Roquebrune, en donde los demás suponían que la jovencita se hallaba. Subiendo hasta el borde de un acantilado, imaginó que Carlota estaba en una diminuta pradera de Moneghetti por la que rara vez pasaba alguien, el pasto y la tierra eran resbalosos y la inclinación era de tomar en cuenta.

El viento comenzó a soplar en Mónaco con un poco de violencia y Marat caminó despacio en cuanto vio a Carlota llorando entre las flores y un árbol. El suéter le quedaba tan grande que parecía un vestido.

-Carlota....
-¡Marat! ¿te lastimó? ¿Cómo te sientes?
-Pregúntale al otro, yo gané.
-Gracias.

Carlota se echó en brazos de Marat.

-Tu padre está preocupado.
-¿No le hicieron daño?
-Nada.
-Temí que ....
-Ya pasó.
-¡Me sangró la nariz, me duele mucho!
-Estarás bien ¿todavía respiras?
-Sí.
-Al menos no te la destrozó.
-¡Tennant no me gusta ni nada!
-No fue por él.
-¿Fue por mí?
-Quiso molestarlos contigo, creyó que tú les dolerías más.
-¿Por qué?
-Porque ese tal Stendhal es un prepotente, nadie le ponía un alto.
-No le hicimos nada.
-Él no necesitaba motivos.
-¡Gracias Marat!

Carlota besó a Marat en la mejilla y no lo soltó en mucho tiempo, como si envolverse en sus brazos le hiciera sentir segura. Él no se sentía capaz de despedirla y le permitió tranquilizarse mientras una esencia de violetas comenzaba a hipnotizarlo.

-Tu perfume es ...
-No uso, Marat.
-Hueles a flores.
-Ha de ser mi shampoo.
-Ja, ja, tu cabello huele a cereza.
-Esto es curioso.

Ambos se soltaron y se levantaron pero el viento sopló más fuerte y desde el norte, sin advertencia, una lluvia de hojas y flores rosas comenzó en Mónaco, cubriendo la padrera en primer lugar.

-Marat ¡se parecen a las flores de los cerezos!
-¿Cerezos?
-¡Le dije a Yuko que no sólo se dan en Japón! Toma una, son hermosas.
-Mejor observa el cielo.

Un color rosa, algo intenso, comenzó a verse en todo Mónaco y la lluvia de flores cubrió las calles y el mar, impresionando a propios y extraños que tomaban fotos por lo inusual del suceso.

-Qué hermoso.
-No veo mis pies.
-Tampoco los míos.
-Carlota ¿quieres un ramo?
-Juntemos flores.

Carlota y Marat levantaban ramitos cuando la fragancia de violetas envolvió a los dos y los acercó cara a cara.

La sensación de embriaguez que siempre acompañó a las mujeres Liukin en momentos similares, traicionó a Carlota. Y es que se trataba de una embriaguez que despojaba a su dueña de la voluntad y la convertía en presa fácil de una sensibilidad extrema en la piel.

Carlota perdió la noción del tiempo, de sus pensamientos y de sus nervios, sólo reconocía a Marat frente a sí y a las flores que no paraban de tocarlos al caer.

El viento se percibió por última vez y ella cerró los ojos. Marat, hipnotizado, se le aproximó un poco más. Les bastó un roce de manos.

sábado, 7 de enero de 2017

Las noches de Mónaco: Vamos a conocernos.


¡Feliz Navidad Ortodoxa!

El amanecer iniciaba en Mónaco y Marat Safin caminaba por la playa sin más pretensiones que la de pensar. Iba solo, callado, tan absorto en sí que no atendía los primeros rayos de sol al detenerse para mojar su pies. Bérenice acaparaba su mente e imaginaba recorriendo con los dedos su espalda y sus labios. Contrario a lo que se podía suponer, aquella no era una fantasía nostálgica ni lujuriosa; era una llamada de atención personal de que más valía tener claro que ella lo había abandonado y de una manera un tanto humillante si era honesto. No es pertinente contar la historia, Marat mismo omitía los detalles y hacerse mala sangre con Matt Rostov era lo más estúpido que había hecho. En el espejo los sentimientos suelen durar bastante más tiempo; el amor se agota tan despacio que Marat se había librado sin darse cuenta y justo se hallaba allí para aceptarlo en calma.

Él pasó parte de la madrugada en casa de Anna, terminando con ella definitivamente. Recordaba que después había ido a su apartamento por una ducha y Adrien Liukin le había llamado para invitarlo a pasear en Monaco-Ville y pasar al Jardín Exótico, aceptando en el acto. Eso último le confortaba porque no tenía que lidiar con los Safin, mismos que desde las cuatro lo molestaban queriendo saber que le pasaba por la cabeza. Y de vuelta al asunto de Anna, lo cierto era que Carlota Liukin le había infundido el valor; durante la cena había tenido el detalle de aconsejarle no dar ilusiones. Claro, era una recomendación inocente, ella había tenido una buena intención; él quería agradecerle de todas formas.

Al dar las nueve, Marat se colocó sus sandalias y caminó hasta el hotel Métropole, enterándose por un reflejo que Mikhail Safin lo seguía. Optando por ignorarlo, saludó como si nada a Tennant Lutz y Andreas Liukin.

-¿Han visto a Carlota?
-¿A ti te gusta mi hermana? - se burló Andreas.
-Otro más ¡que no!
-Adrien lo anda diciendo.
-¿Por qué le haces caso?
-Porque es un niño raro.
-Toda tu familia es rara.
-Lo que pasa es que nadie nos veía pelear.
-Adrien me dijo que irán por licor de granada.
-Ese enano es un chismoso.
-Sé dónde conseguirlo.
-¿En serio? - preguntó un irónico Tennant Lutz.
-En la parte vieja de la ciudad hay una o dos calles peatonales en las que vive gente común y corriente.
-Qué novedoso.
-Tennant, hay una puerta verde de madera en la que hay que preguntar, pasaremos por allí.

Marat percibía la hostilidad de Tennant pero no le prestaba atención y mejor se dedicaba a bromear con Andreas sobre el casino, contándose mutuamente las farras. En ese punto, el mismo Tenant se preguntaba por qué sentía envidia y Marat parecía el blanco perfecto de un puñetazo, no obstante, cada que le daban ganas de concretarlo, se acordaba de que aquél había pagado su multa y Carlota intentaba retribuirlo como podía.

-Te debo una, Marat - pronunció Tennant resignado y se cruzó de brazos hasta que Ricardo Liukin apareció con Yuko y Adrien, que se rehusaba a dejarla ir y se aferraba a su cintura.

-Se nota que el enano es hombre - comentó Andreas y Marat y Tennant rieron con él.

-Carlota viene en un momento, está haciendo un drama porque se le cayó un broche del pelo - dijo el niño, que enseguida se echó en brazos de Marat.

-Eres el primer novio de Carlota que me parece un buen tipo ¿cuando le vas a regalar a flores?
-Tu hermanita es muy pequeña.
-¡Pero te gusta!
-¡No!
-¿A Carlota le gustarás igual? Si le compras violetas, será tuya hermano.
-No, no, a Carlota la respeto mucho.
-No te quejes si Tennant te la gana.

Marat y Tennant se miraron en suspenso, incómodos por la impertinencia de Adrien, a quien Ricardo, discreto, comenzó a reprender. En realidad, Carlota se había retrasado un poco a causa de un mensaje que había recibido desde París pero después de un breve instante, se le vio salir hacia la escalinata con el semblante serio.

-¿Todo bien, Carlota?
-Era la mamá de Joubert, llamó para avisar que todo está igual.
-Lo siento pero ¿cómo supo que nos hospedamos aquí?
-Supongo que por la prensa de ayer.
-Puede ser.

Marat y Tennant continuaban mudos, al grado de que, al mirar a Carlota, ambos abrieron ligeramente la boca. No era por su cabello recogido con dos rizos sueltos para enmarcar su rostro, no era su atuendo de shorts y una playera de manga larga amarilla y claro, tampoco eran sus tenis de bota ni su bolso clutch.

-Más tarde te dejaré llamar a París.
-Gracias, papá.
-Bueno, saluda al sañor Safin que amablemente fue invitado por tu hermano Adrien a nuestra excursión.
-¡Marat!

Carlota estrechó a Marat por saludo y Adrien los apretó a los dos.

-¡Abracémonos los tres! Amo a mi cuñado nuevo.

Carlota soltó a Marat inmediatamente y miró a su hermano como si no le hiciera gracia, apretándolo en venganza cuando aquél retornó a su fingido autismo.

-Dejense de tonterías y compórtense - señaló Ricardo y Carlota se percató de que se hallaba junto a Marat todavía.

-Quiero que por una vez tomemos un pacífico paseo sin gritos, tirones de cabello, golpes a discreción o recriminaciones, no tienen cinco años - exhortó Ricardo, pero conociendo a sus hijos, advirtió:

-A la primera falta de respeto se quedan sin dinero por tres meses más, nada de chocolates ni clases de snowboard y confisco patines ¿quedó claro?

Los tres chicos Liukin asentaron enseguida y Tennant fue el designado para vigilar a Andreas. En ese momento, Adrien volvió a sujetar a Yuko y comenzó a ir con ella, obligando a los demás a caminar.

En Mónaco la gente no acostumbraba ir a pie y quizás esa diferencia volvía únicos a los Liukin ante los ojos de Marat, sobretodo cuando Ricardo decía que en Tell no Tales la gente vivía para recorrerlo todo con un par de zapatos.

-Es un país más grande, nosotros deberíamos ser los esclavos del semáforo.
-Conocí muy poco, así que no lo sé.
-Señor Safin, usted ya sabe como es Tell no Tales, sólo que no lo ha notado.

Marat se sorprendió un poco por la respuesta y continuó dando pasos hasta el cercano barrio de Monaco-Ville, la parte más vieja del principado y quizás la más bonita, la más clasemediera a momentos. A los Liukin les habían recomendado ir a la Rue Basse y como su tiempo era escaso, únicamente preguntaron a Marat cómo llegar. La Rue Basse era estrecha y por la hora, poco transitada. Era un sitio más de almuerzo que de desayuno pero no pintaba mal y justo al pasar por la pizzería "La tavernetta", encontraron que había una pequeña casa junto, en dónde vivían unos musulmanes ilegales que vendían el dichoso licor de granada sobre una gastada mesa de madera. La mujer que atendía reconoció a Marat y claro, la puerta verde estaba abierta.

-15€ para ti - le anunció y los Liukin lo miraron interrogantes.
-Es para un amigo... ¿Tennant, no estabas interesado?

Tennant se reía burlonamente y se aproximó a la vendedora para pedirle que le permitiera "sentir" el espíritu del licor.

-¡Prueben todos! - declaró la muchacha, extendiendo pequeños vasitos a los Liukin.

-Huele bien, es fuerte, me impresiona el destilado del alcohol, buen balance con el azúcar de caña, la cáscara de naranja y la canela, ¿tiene cardamomo?
-¡Ya entendimos cerebrito! ¿te gustó o no? - gritó Adrien.
-Es noqueador.

Ante tal definición, los Liukin se miraron mutuamente y con excepción lógica de Adrien, lo probaron de golpe.

-¡Quema, quema! - gritó Carlota.
-Tienen prohibido beberlo - declaró Ricardo cuando Tennant extendió un billete y le cubrieron la botella con una bolsa oscura.

-Es una sorpresa verte, Marat - continuó la vendedora.
-Vine con unos amigos a desayunar.
-¿Desayunar? Ese no es problema, mi hermano Yousef trabaja en "Le petit bar".
-Preguntaré por él.

Marat se despidió de la chica y los Liukin lo imitaron, seguros de que se habían enterado de algo que no querían pero no iban a profundizar. Por supuesto, el joven Safin conocía "Le petit bar" y advirtió que la carta era pequeña, además de la dificultad de hallar una mesa. A los Liukin les daba igual, mejor le contaban a Marat las proezas de comer en Tell no Tales.

-¿Todos van a los restaurantes?
-Tres veces al día - aseveró Carlota.
-¿Ustedes también?
-Nos veían raro por tener cocina en casa.
-Es muy extraño.
-Yo iba al local de una amiga por la noche.
-Las filas de restaurante están en nuestro ADN - bromeó Ricardo y recorrieron la calle brevemente hasta dar con un edificio pequeño de cantera, con mesitas en el exterior y un enorme toldo que daba la impresión de cubrirlo todo. El sitio estaba lleno como siempre, la calle no.

-Bonjour, lamentamos hacerlos esperar, bienvenidos a "Le petit bar".
-¿Podría atendernos Yousef? - dijo Marat.
Ma per questo! Un minuto, per favore.

El hostess se retiró un momento.

-¿Qué dijo? - preguntó Carlota.
-Que "por supuesto" y que le demos un minuto"; en Mónaco mezclan italiano con francés.
-¿Sabes italiano?
-Nada pero de tanto vivir aquí aprendí algunas expresiones.
-También sabes español.
-Sí, viví en Valencia ocho años ¿cómo lo sabes? ¿Me escuchaste?

Carlota bajó la voz y comenzó a charlar en perfecto español ibérico:

-Leíste el letrero de un bar que abre en la noche.
-¿Me entiendes entonces?
-Demasiado, no lo digáis, nadie sabe.

Carlota y Marat rieron apenas, siendo interrumpidos por el hostess, que les asignaba una mesa junto a una ventana y se apresuraba en dejarles la carta.

-¿Alguna recomendación, Marat? - consultó Ricardo.
-La entrada de tapas es muy buena y el risotto de remolacha.
-Pediremos eso.
-Sugeriría la carne tártara con un tinto Chateau Montus Cuvée '96 de Madiran - intervino Tennant, sorprendiendo a Marat.
-Nunca he comido carne tártara aquí ¿Cómo sabes que es buena?
-Tengo un olfato original.
-Y eliges el vino porque eres un experto ¿verdad?
-No, ese también me lo indica la nariz.

Marat miró a Tennant fascinado por sus respuestas y mucho más cuando éste último ayudó a Adrien a elegir una hamburguesa para acompañar con agua de rosas. Cuando el mesero tomó la orden, el mismo joven Lutz le indicó como servir cada plato y bebida de forma tan educada que daban ganas de aprender modales.

-Gracias Tennant - dijo Carlota y aguardó con paciencia la llegada de los platillos, platicando con su familia de un disco de jazz que acababa de escuchar. Los Liukin jamás hablaban de sí mismos en la mesa y no tardaron en preguntarle a Marat sobre alguna exposición o curiosidad que hubiese visto, resaltando una vieja anécdota de una serpiente entre sus cosas durante un torneo en Australia.

-¡Qué horror! - exclamó Carlota.
-¿Por qué?
-¿Era venenosa?
-Sí, tuve que llamar al Centro de Control de Animales y me pusieron antídoto, la pasé mal.
-¿Estabas jugando?
-En una práctica del Torneo de Melbourne.
-¿Tienes la cicatriz?
-En el hombro, mira.
-No es necesario, señor Safin - pronunció Ricardo - Le creemos.
-¿Y ese tatuaje? - siguió Tennant.
-El símbolo chino del mono.
-Ese no, el que tienes en el otro brazo, abajo de un ojo.
-Es nada.

Marat no ocultó su desconcierto y se colocó su suéter verde de nuevo, reprochándose por querer mostrar la cicatriz descuidando un detalle inapropiado.

-Disculpe, señor Safin, no queríamos inportunarlo - se excusó Ricardo.
-Nada de eso, es mi camiseta, es muy traicionera.
-Suele ocurrir, ojalá no lo evidencie otra vez.
-No volveré a preguntar, perdón - señaló Tennant y Marat aceptó su palabra rápidamente.

Al percatarse de que su reflejo se distinguía bien en la ventana, Marat se juró ocultar el tatuaje a quienes se interesaran en él. No era un secreto que lo tenía, al menos que él decidiera relatar su significado.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Las noches de Mónaco: La hora de estar juntos.


La comida por la recaudación estaba terminando cuando Yuko pasó al tocador para lavarse las manos y retocar su maquillaje. Apenas pensaba revisar sus mensajes para llamar a Thorm Magnussen cuando un hombre la tomó por el cuello y la arrastró hacia la calle, azotándola en el pavimento.

-¡Te ordené que me avisaras todo! ¿Qué hace mon princess con ese idiota? ¿Dónde lo conoció? ¡Contesta, maldita perra!

Yuko se cubrió la cara y comenzó a llorar.

-¡Responde estúpida!
-¡Lo conoció ayer! ¡Carlota lo conoció ayer!
-¡Eso ya lo sé!
-¡Fue aquí en el club!
-¿Qué estaban haciendo?
Andereas se perdió y Carlota fue a buscarlo! Marat nos ayudó.
-¿Por qué?
-¡Él quiso ver a Carlota para la recaudación!
-¿Qué?
-El señor Safin se enteró de la caridad y quiso llevar a Carlota, no sé por qué.
-¡Idiota inútil!
-¡El señor Ricardo no quería venir, Carlota insistió!
-¡Me averiguas qué pretende el idiota de Safin o el negocio de tus padres quiebra!
-¡Está bien, le llevaré mi informe en la mañana!
-Aprovecha que vienen saliendo ¡Lárgate ya!

Yuko se levantó llorando y corrió donde Carlota, que en ese momento conversaba con Marat en voz alta mientras descendía la escalinata del country club.

-¿Entonces te vas mañana?
-¡Sí!
-¡Diviértete en Italia, Carlota!
-Spasibi, spasi..... ¿Cómo era?
-Spasibo.
-Gracias Marat.
-¿Bebiste vino?
-¡Tal vez una copa!
-Arrastras la voz.
-¡No!
-¡Te estoy escuchando!

Los dos experimentaban un ataque de risa y detrás Tennant Lutz declaraba que nunca había visto a Carlota borracha.

-Carlota y Marat, no se adelanten - ordenó Ricardo, cansado como para ceder un poco y dejar que el joven Safin se quedara con ellos un poco más.

-Me agrada tu novio - declaró Adrien.
-¡Que nada que ver! - contestó Carlota.
-Paren con eso - ordenó Ricardo y vio a Yuko aproximarse con la cabeza baja. Miguel la notó triste.

-Señor Ricardo ¡perdón por salirme de la cena! - exclamó ella abrazándolo. Yuko parecía mareada pero prefirió susurrar al oído de él:

-"Señor, tenemos un problema"
-"¿Cuál?"
-"El general Bessette me envió a espiarlos"
-¿Qué?
-"Disimule, él cree que le tengo miedo"
-"¿Usted trabaja para Bessette?"
-"Sí y no, en el camino le explico".

Yuko se calmó y fingió cierto grado de ebriedad y de hambre mientras los demás comentaban como les había ido en la cena.

-Carlota no paró de bailar - inició Marat - Me dejó cansado.
-Carlota agota a sus novios.
-¿Eres Adrien, verdad? Tu hermana ni siquiera puede ser mi novia.
-Yo me comí sus flanes mientras daban vueltas.
-Si todo tiene el tamaño de un timbre postal....
-¿Oyeron? Marat piensa como un Liukin.
-¿Carlota, de verdad bebiste una copa? - intervino Ricardo.
-Tal vez .... ¿Dos o tres? - respondió ella.
-Te di permiso de una.
-Tenía sed y nadie me sirvió agua y además me quedé hambrienta.
-Hay que conseguirte café.
-Oye papá ¿por qué Tennant y tú estaban rechazando el vino blanco?
-Por corriente - admitió Tennant - ¿No bebiste de ese?
-Sólo tinto.
-Ese era bueno.
-Sabía a dulce de rosas.
-¿Pensaste que era jugo? - preguntó Marat perspicaz.
-¡Sabía como uno que venden en Tell no Tales y la botella era igualita!
-¡Estás ebria! - se burló Andreas Liukin.
-¡Cállate idiota!
-Calme señorita - dijo Miguel Ángel.
-¡No te vi donar a la caridad, Miguel!
-Pero lo hice, señorita; lástima que no se recaudó mucho.
-Lo había olvidado ¿cuánto se juntó?
-Tres millones - replicó Marat.
-Es una miseria, malditos capitalistas.

Los Liukin rieron al unísono. Las palabras de Carlota sonaban graciosas por la ironía, por su aspecto, por cómo era, incluso Marat apenas podía creer que tal chiste proviniera de ella.

-Será mejor si nos vamos - sentenció y la colgó de su brazo para que los demás lo siguieran.

-¿Vamos al hotel? ¡Me quiero dormir! - exclamó Andreas.
-¿Ahora el muchachito quiere dormir? ¡Primero vas a devolver lo que ganaste en el casino y pagar lo que me debes!
-No te azotes, Ricardo.
-¡No me faltes al respeto que soy tu padre!
-¡Tengo hambre! - gritó Adrien - ¡Esos capitalistas prometieron darme comida y me mandaron a .....!
-¡Cállate Adrien!
-¡Tengo hambre, papá!
-En el hotel comes algo.
-¡La comida sabe a cartón en la basura!
-Lo sé pero ningún lugar familiar o decente está abierto a las diez de la noche.
-Yo conozco uno - dijo Yuko tímida - Es un local de sushi en Montecarlo.
-Se cuál es, hay una banda transportadora en todo el local, nunca he entrado - añadió Marat.
-Adrien no come pescado - aseguró Ricardo pero el chico se cayó por la risotada.

-¡Que no como pescado, qué tontería! ¡Jajajaja! - reveló Adrien.
-Levántate.
-Nada más no me como lo que pesco, jajajaja, hasta lo regreso, jajajaja.

Marat recogió al niño.

-¿Te gusta pescar? A mí también.
-Carlota ¿tu novio me puede llevar por peces?
-No es mi novia, ya quedó claro.
-¿Pero lo va a ser?
-Ponte a pensar en comida.

Yuko se animó un poco y dio pasos más ligeros, adelántandose y guiándolos por la gran avenida que conectaba casi todos los vecindarios de Mónaco, advirtiéndoles que los clubes nocturnos escupían gente y no se separaran. Miguel y Tennant escoltaban a Andreas para evitar que volviera a escapar y Ricardo miraba a todos con gran atención, reconociendo en su interior que la idea de cenar le seducía sobremanera. Sin embargo, no tuvo tiempo de detenerse cuando comenzaron a toparse con los turistas fiesteros, mismos que formaban una multitud en torno a un local de moda con temática neón. Un grupo de ellos los invitaban a parrandear y alguien vomitó sobre los zapatos de Marat, además de robarle el saco y la corbata de moño.

-¡Qué asco, por Dios! - externó Carlota tapándose los ojos, sin perder la sonrisa.
-En un descuido harás lo mismo.
-Claro que no.
-Perdí los zapatos y los calcetines.
-Hay un bote de basura aquí.
-Ahora voy descalzo.
-Tengo gel, limpia tus manos.
-Muchas gracias, Carlota.

Contemplarlos reír ocasionaba que Tennant se cuestionara que tenía que hacer para que la joven Liukin le volteara a ver al menos una vez.

-Hay que subir dos calles en esta esquina - llamó Yuko y señaló la puerta del restaurante. Adrien pasó a su lado corriendo y los demás lo imitaron; Ricardo en cambio se quedó junto a ella.

-Bueno, Yuko ¿Ahora sí me va a decir que hace con Andrew Bessette y por qué tuvo el atrevimiento de acercarse a mi hija?
-¿Tan al garano?
-Usted se nos acercó tan fácilmente, por un momento le creí que viajaba sola, pero debí ahuyentarla igual que a una plaga.
-Trabajo para el general Bessette desde hace trece años, inicié como asistente contable de un casino que él tenía en Tokio.
-Al parecer fue muy buena.
-Le llevaba las cuentas y auditaba los casinos en Niza hasta que....
-¿Hasta qué?
-¡Qué susto!
-Usted empezó.
-Un día el señor Bessette llegó a la oficina y me dijo que estaba interesado en una niña llamada Carlota que era novia de su hijo.
-¿Interesado?
-Me mandó llenarla de regalos y no sé cómo pero cuando supo que ustedes se mudan, me envió para averiguar dónde.
-¿Qué tanto sabes de mi hija?
-Todo.
-¿Qué es todo?
-Historial médico, calificaciones escolares, gustos, novios color favorito, comida preferida, talla de zapatos.... ¿Está enojado?
-¿Por qué aceptó hacer esto?
-Mis papás tienen un local de pescado en Honshu y el general Bessette me amenazó con cerrarlo.
-Claro, adiós.
-Es que no es todo.
-¿No lo es? ¿Con qué me va a sorprender?
-Trabajo con Sergei Trankov desde hace un año.
-¿Qué?
-Me lo pidió y ahora que se fue y no sabemos dónde, me ofrecí a cuidar de Carlota y..
-Yuko, no le doy un puñetazo porque nadie entendería que lo merece.
-Le prometí a Trankov que no dejaría que Bessette toque a Carlota.
-De eso me encargo.
-Bessette quiere saber por qué Marat está con Carlota y le escondí lo de la comisaría.
-¿Alguna otra cosa?
-Recogeré mis cosas y me voy ya.
-Por favor.
-Lo siento.

Yuko iba a dar la media vuelta cuando Adrien se apareció y la apretó.

-¡Conseguimos una mesa! ¿Por qué se tardan?
-La señorita Yuko tiene que irse.
-¿A dónde?
-A su trabajo.
-¿Ahora? ¡Vas mañana!
-Le llamaron de emergencia.
-Esa no se la cree ni Tennant
-Suelta a Yuko...
-No es mala persona - terminó el niño y sostuvo a la mujer tan fuerte que prácticamente la arrastró al local.

-Necesito tu ayuda, nunca había visto esto.
-Adrien san, yo debo irme.
-¿Mi papá supo que eres espía?
-¿Qué?
-No soy tonto y quiero que me ayudes.
-¿A qué?
-¿Cómo agarro los palillos?
-Me voy ya
-¡Siéntate!

Adrien sostuvo la mano de Yuko y la situó junto a él en una mesa junto a la pared en la que además existía un grifo del que salía agua caliente. Una banda giratoria también pegada a la pared y un riel superior eran novedades para los Liukin, especialmente para Carlota, acostumbrada a elegir a la carta y no a ver cientos de rollos de arroz pasar a su lado. También existía una especie de pantalla táctil muy básica en la que se podían ordenar platillos que no se trasladaban por la banda tradicional.

-¿Quieren beber algo? Hay sodas, vodka y cerveza - dijo Carlota, apropiándose de la pantalla.
-Cerveza está bien para mí - señaló Marat - ¿Alguien más?
-Otras dos para Tennant y para mí - agregó Andreas.
-Creo que necesito una - indicó Yuko.
-¿Asahi o Sapporo?
-Asahi es muy buena - externó Tennant.
-Papá ¿tu quieres? - dudó Carlota y Ricardo asentó.

-Ordené cinco cervezas, creo que yo pediré soda ¿que le damos a Adrien?
-Puedes hacerle té de matcha, toma un vasito y agarra el bote negro junto a las servilletas, el grifo es para que prepares la bebida.

Carlota abrió un bote metálico y se impresionó de ver el polvo de té antes de dárselo a su hermano.

-Bueno, ¿cuando empiezan a comer? - reclamó Adrien y Marat colocó un platito frente a Carlota.

-¡Sushi de pulpo! Es mi favorito.
-¿En serio?
-¡Gracias Marat!

Ante eso, los demás comenzaron a elegir entre rollos de cangrejo, camarón o calamar, tomaban pequeñas raciones de miso u ordenaban sushis especiales a través de la pantalla. Poco después, un tono musical les anunció que por el riel superior arribaban las bebidas y Marat cortésmente las repartió entre todos, llamándole la atención una botellita rosa que pertenecía a Carlota.

-Es sabor sakura - admitió ella.
-¿La ordenaste por curiosidad?
-Es cierto.
-Al menos no es vino.
-¡Oye, no te burles!
-No fui yo el que lo confundió con jugo.
-¡No me emborraché!
-Nunca dije que lo hiciste.
-¡Ya no arrastro la voz!
-Ahora gritas.
-¡Prueba el kappa maki!
-No me gusta el pepino, tú come erizo.
-Es muy bueno, un poco salado ¿probaste el de ostra? Abre la boca.
-Es el mejor.
-Ese es el de vieira.
-Wow, pero no rebasa el de atún.
-¡Justo pensaba en atún!

Carlota y Marat se alimentaban mutuamente y no paraban de compartir risitas, así su conversación fuera escasa y los demás no pudieran entrar en ella. En un momento dado, Marat rodeó el hombro de Carlota y ella reaccionó dándole un beso en la mejilla, sonrojándose y sonrojándolo. La chica estaba ligeramente ebria.


¡Feliz año 2017! Muchos buenos deseos para todos y gracias por su seguimiento y cariño.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Las noches de Mónaco: El cuento de Navidad


¡Feliz Navidad!

Después de leer la carta de Trankov, Carlota salió a respirar al jardín del hotel, preguntándose por qué no la había descubierto antes. No obstante, lo que más le importaba era saber a dónde había ido él, porque no creía que se hubiera marchado para no encontrarla nuevamente.

Con un poco de lágrimas, la joven miró el mar, que le recordó mucho al de Tell no Tales antes de la llegada de las grandes olas. Era septiembre así que aquellas no tardarían en azotar la ciudad y dada la emergencia, era de suponer que nadie estaba preparado para hacerles frente.

Comenzando a preocuparse, Carlota optó por ir con su padre en la recepción pero en lugar de eso, coincidió con Marat en ese mismo jardín. Por agradecimiento todavía, lo saludó con un abrazo, siendo correspondido porque era muy inocente.

-¿Lista?
-¿Smoking? ¿Tan formales son los caballos?
-La comida es de gala.
-Necesitaré un abrigo para no desentonar.
-Creí que nos veríamos más tarde.
-Salí un momento a ver el mar.
-Y por Sergei Trankov.
-¿Qué?
-Hablas alto, te escuché.
-Ay dios.
-Nadie lo delataría de donde vengo.

Carlota miró a Marat con temor.

-¿Estás enamorada de él?
-De Joubert Bessette.
-Al general Bessette le encantará verte en la exhibición.
-¿Lo invitaron?
-Realizó su donativo.
-Qué bien, tal vez él logre que recaudemos más.
-¿Te lo estás tomando en serio?
-Di el dinero que tenía.
-¡Oye, me estás haciendo sentir mal! No he dado un cheque.
-¿Pero lo harás?
-Lo traigo en la solapa.
-¿Puedo preguntar por qué estás haciendo esto?
-Porque me tocó ver los derrumbes, nada más.
-¿Por qué estabas en Tell no Tales?
-Por un torneo de tenis, quería entrenar.
-¿Para qué?
-La Copa Davis.
-¿Qué es eso?
-¿No ves el tenis?
-Eh, no, no.
-Bueno, si un día te das la vuelta por París...
-Si me dejan ir....
-Me verás por televisión.

Carlota se rió y Marat lo encontró gracioso, provocando que ambos dieran un paseo por las áreas comunes del Métropole y conversaran sobre tenis, enterándose ella de la clase de deportista que era Marat.

-¿Cuarto del mundo? Entonces no eres un cualquiera.
-Me ha ido bien, debería ganar más slams tal vez.
-¿Slams?
-Torneos grandes.
-Ah, capté.
-Alguna vez le gané a Pete Sampras ¿no te contaron?
-Para nada ¿ese quién es?

Ambos estallaron en risas y él comprobó que habían hablado muy fuerte pues al llegar a recepción la gente los miraba con extrañeza.

-Debemos comentar en voz baja - sugirió Marat murmurando.
-¿Por qué?
-La gente nos va sacar de aquí.
-Entonces es educado hablar como chismoso.
-Tienes sentido del humor.
-¿Lo crees?
-No te estarías riendo.

Los dos continuaron su conversación feliz hasta que Ricardo se apareció con la familia Safin. A ninguna de las partes le agradaba la idea de asistir a la caridad y menos ver a la joven Liukin con Marat puesto que no eran amigos.

-Los esperábamos - los recibió Ricardo - Carlota, pónte un sueter y te quiero junto a Adrien en todo momento. Señor Safin, gracias por su invitación, lo dejamos con sus parientes, buen día.

Carlota se despidió de los Safin agitando la mano pero a Marat le dio un abrazo antes de alejarse. Adrien la jaló para que no la regañaran.

-Tu novio no le gusta a papá - le dijo al tenerla junto.
-Marat no es mi novio.
-Si nos saca del hoyo y nos invita a comer obviamente es tu novio.
-Deja de fastidiar.
-¡Carlota tiene novio!
-¡No me molestes, Adrien!
-¡Basta! - interrumpió Ricardo - ¡Carlota tiene prohibido tener novio así que no quiero saber más del señor Safin ni de nadie. Cuando se acabe la recaudación nos vamos a Venecia y se acabó!

Los Safin habían permanecido en su lugar, un poco expectantes por los Liukin que parecían ser un poco caóticos y de pésimo talante.

-Marat tampoco te quiero cerca de esa chica - señaló Mikhail Safin y el otro se encogió de hombros, restándole importancia. Era tal su desinterés que ni siquiera había advertido que su novia Anna aguardaba por saludar.

-¡Marat, te extrañé! - dijo la chica estrechándolo.
-Gracias.
-Dinara me dijo lo que has hecho apenas volviste, es muy generoso de tu parte.
-No es la gran cosa.
-También donaré, lo que estás haciendo es muy lindo.

Marat respiró hondo y una vez que Carlota desapareció de su vista, su familia y él emprendieron marcha.

En el country club de Mónaco habían iniciado las carreras desde temprano. La recaudación había llegado a su primer medio millón de dólares sin las donaciones anónimas que se contaban a parte y los patrocinadores se comprometían a entregar sus respectivos cheques durante la comida. Las apuestas se hallaban en ebullición y el príncipe Valerio Gambella comprometía 15000 € a un caballo que había ganado dos derbys en la temporada. En la competencia de salto se había inscrito un conde alemán y por su destreza atraía la preferencia de los profesionales.

-¿En dónde nos vinimos a meter? - preguntó Ricardo cuando al llegar, el personal del club les asignó mesa en medio del salón y sus hijos corrían a la terraza para ver la pista, eligiendo inmediatamente un caballo favorito. La gente apenas iba llegando para descansar del sol y de las quinielas y pronto, Yuko arribó con Andreas. El chico no parecía tener resaca y portaba un smoking nuevo mientras presumía un reloj y ser nuevo rico.

-Escúchame bien, miserable: Estás castigado y vas a devolver todo lo que ganaste en el casino antes de que te acuse de ladrón y tu hermana te va a matar.
-¡Cállate Ricardo!
-¡No me faltes al respeto!
-Toma tu tarjeta, aposté con ella.
-¡Imbécil!
-¿Qué? Ganaste dinero, Yuko me ayudó.
-¿Qué dices?
-Me dijo cuando apostar, así que vas a ver tu saldo y vas a agradecer.
-No seas idiota.
-Yo estaría ordenando champagne si fuera tú.

Andreas fue a ver a sus hermanos y Yuko, sonrojada, se sentó junto a Ricardo.

-¿Cuándo lo ayudó?
-En la madrugada, es que estaba perdiendo mucho dinero.
-¿Por qué no me avisó?
-Es que ... Andereas me dijo que quería el dinero para ir a Venecia sin necesidades.
-¿Necesidades de qué?
-Económicas.
-Yuko, se lo digo de una vez: Esfúmese después de la comida porque después de esto me queda claro que ni en usted confío.

Yuko permaneció muy seria en su asiento y vio a Carlota y Adrien saltando y gritando por la carrera sin que los invitados hicieran caso. Momentos después, Andreas tocó el hombro de su hermana y recibió un puñetazo por respuesta que lo dejó en el piso. De nuevo, nadie atendió salvo Ricardo que rió burlón.

-Yo habría hecho lo mismo - comentó al levantarse e ir a calmar a sus hijos porque Adrien colocaba su pie sobre la espalda de Andreas para luego caerle encima. Yuko alcanzó a apreciar que los gemelos Liukin chocaban manos, satisfechos por su venganza y Ricardo levantaba a su hijo mayor para llevar a esos tres a la mesa.

-Suficiente desquite han tenido, ahora quiero a tres civilizados niños disfrutando una comida y aplaudiendo tonterías.
-Siempre dicen tonterías - notó Adrien.
-Conviene que crean lo contrario y si los tres se comportan, tal vez les den una copa de vino.

Los hermanos Liukin se miraron con complicidad y comenzaron a mostrar etiqueta, no en balde Ricardo había sido chef y por ende, sabían que no les mentía.

A pesar de ser miembro de la familia Safin, Dinara no se había enterado de la molestia de su padre con los Liukin. Aquello se debía a su entrenamiento matutino y a su natural costumbre de enterarse cuando no existía remedio, razón que la motivaba a pedir lugar junto a Carlota y saludarla con agrado.

-¡Buenas tardes! - exclamó y se apresuró igualmente a sugerir que las mesas fueran unidas - ¡Marat estará junto a Carlota y yo junto a mi hermano y mis padres con el señor Liukin!

Ricardo quiso detenerla, pero era tan entusiasta que los meseros le hicieron caso y colocaron nombres frente a cada lugar para indicar la reservación.

-¿Podría ser partícipe de su convivio? - pronunció Andrew Bessette al salir de sorpresa entre los invitados - Tomaré sitio junto a la señorita. .. Disculpe, ¿me diría su nombre? - mirando a Yuko, cuyo rostro reflejaba su desconcierto.
-Yuko Inoue.
-Andrew Bessette ¿me permite?
-Claro.

Yuko estaba frente a Carlota.

-¿Cómo sigue Joubert? - preguntó Ricardo, incómodo.
-En observación, no responde todavía.
-Creí que usted se quedaría con él.
-Hay mucho que hacer aquí, labores de gobierno.
-¿Incluye las beneficencias?
-Se sorprendería al ver lo indispensable que es la realeza.
-Por algo hay una princesa llamada Roxanne.

Andrew Bessette optó por tomar la respuesta de Ricardo como un mal chiste y prefirió seguir con el tema de los fondos que se enviarían a Tell no Tales al término de la velada.

-He donado una cantidad muy generosa, señorita Carlota.
-Muchas gracias.
-Me alegra verla aquí, es muy lindo de su parte querer cooperar.
-Cuando me enteré, deseé hacer algo; el señor Marat Safin me invitó.
-¿Quién?

Andrew Bessette volteó a ver a Yuko con irritación, disimulándolo con una risita idiota.

-Marat Safin.
-Con razón la señorita Safina ha pedido las mesas unidas. Creí que se conocían de alguna parte.
-Apenas ayer coincidimos.
-¿Tan rápido aceptaste una salida familiar?

Los Liukin y Dinara guardaron silencio, pero Adrien estaba dispuesto a deshacerse del general Bessette y aprovechando que el tipo había tomado un par de copas, agarró la botella y la agitó, manchando la camisa de ese estúpido.

-¡Qué desastre! - exclamó Bessette.
-Lo sentimos tanto - replicó Ricardo con ironía.
-Disculpa, Carlota, debo retirarme para poder cambiarme.
-Vierta vino blanco en la mancha y recuperará su atuendo.
-¿Acaso es gracioso, señor Liukin?
-¿Olvidé decirle que Adrien es autista y muy curioso?

Andrew se retiró enojado y los varones Liukin festejaron la travesura, como si aquello fuese a dar una lección al general.

-No fue divertido - protestó Carlota.
-¡Ay perdóname! - carcajeó Adrien, contagiando a Yuko y Dinara. Poco después aparecieron Miguel y Tennant, también burlándose.

-El que le haya hecho la mancha a Bessette se ganó mi respeto - declaró Tennant.
-Lo hemos visto echando lumbre. No me gustan las maldades pero creo que se lo merece - terminó Miguel y ambos se sentaron junto a Adrien que jugaba con la botella.

Carlota se había cruzado de brazos y su rostro permanecía tieso cuando notó que los invitados llegaban en mayor número. Iban a dar las dos de la tarde y por ende, la comida iniciaría en punto, así que tuvo expectativas de ver pronto a los Safin, quienes, por su número, ocuparían los asientos, dejando a Bessette fuera. En el fondo, no le causaba problema y una parte de sí quería ver personas diferentes en su mesa, así convivieran aparte. Luego miró la silla vacía junto a sí, satisfecha de saber que Marat estaría con ella.

De hecho, los Safin entraron poco antes de cerrarse las puertas y Dinara les llamó discretamente. Los Liukin adivinaban sus gestos de desagrado pero Carlota recibió a Marat con otro abrazo y se apresuró a darle su sitio.

-¡Tu hermana quiso ponernos juntos!
-Dinara.... Está muy bien.
-Saluda.
-Claro, eh, buenas tardes señor Liukin.

Ricardo y Marat estrecharon manos.

-Trajiste a toda tu familia.
-Creo que somos muy unidos, Carlota.
-Nosotros trajimos algunos amigos pero creo que los conoces.
-Desde luego, tuvimos una gran presentación frente al juez.
-No me has contado cómo los sacaste.
-Pagué con tarjeta.

Algo provocaba risa en Carlota cuando Marat quiso decirle cómo había sacado a Ricardo y a los demás de prisión, así como interés cuando el tema cambió a la caridad y él le entregó un recibo bancario para mostrar que había cumplido con su parte.

-¡Bienvenidos a la "Edición 2002 de la Exhibición Hípica de Mónaco" - inició un presentador en punto de las dos y los invitados aplaudieron fervientemente hasta que volvió a tomar la palabra:

-Este año nos complace presentar el reconocimiento "Prince Albert" al que se ha hecho acreedor el equipo "Royal Conroy" de Essex, Inglaterra.

Hubo aplausos nuevamente.

-Por otro lado, hemos realizado un homenaje al legendario jockey Arthur Burns, campeón del derby de Montecarlo 1978.

Ni los Liukin ni los Safin tenían oportunidad de mostrar su ignorancia.

-En nuestra competencia de equitación, el conde Wolfgang Von Adler se adjudicó nuestro primer puesto y en la categoría derby nuestro campeón es el caballo "Bartoletto", amaestrado y montado por el príncipe Tomasso Farinelli del equipo "Farinelli racing" de Santa Marinella, Italia.

A esto se sumaron otras menciones como el caballo ganador del concurso de adiestramiento y el del ganador en la categoría de "desfile". Aquello era digno del bostezo si no se era conocedor.

-Nuestros invitados especiales son el príncipe Valerio Gambella y su esposa, la princesa Norma Gambella, el periodista hípico Russell Harrold, la estrella del patinaje artístico internacional Carlota Liukin y el tenista número cuatro del mundo, Marat Safin.

Carlota y Marat se incorporaron, incómodos pero preguntándose de dónde sacaban que eran invitados.

-Te juro que compré los boletos - susurró Marat.
-Sigue sonriendo para que nos vean bonitos - y tomaron asiento cuando se hizo notar la presencia del general Besette a quienes los demás recibían de pie.

-Esto es ridículo - comentó Ricardo y aguardó a que retornara el silencio.
-Lo único bueno es que la comida se sirve enseguida - le replicó Mikhail Safin.

-Hasta el momento, hemos recaudado un millón ciento veintidós mil dólares - dio a conocer el conductor del evento y la gente aparentaba ser feliz. Carlota pensó que era una miseria.

-Faltan los donativos secretos - le recordó Marat.
-Hazle caso a tu novio - se entrometió Adrien.
-No puedo ser su novio.
-Trankov pensaba lo mismo y le daba sus besitos.

Marat miró a una sonrojada Carlota y supo enseguida que era verdad. Quizás observarla detenidamente le hacía saber un montón de información como su abundante apetito o sus impecables modales en la mesa al aproximarse los platillos. También se enteró pronto de su tendencia a ocultar sus preocupaciones y de guardar más secretos que el promedio. Marat no era intuitivo pero Miguel le permitía saber todo eso porque le agradaba y no veía mal la empatía entre esos dos.

-Trankov es afortunado - comentó Marat.
-Pero lo metí en problemas con mi padre.
-Carlota...
-¿Sí?
-Me enamoré de una gimnasta, inalcanzable he de decir y ahora se casará.
-¿Inalcanzable?
-Porque se metió el Gobierno Mundial. Tú y yo tenemos eso en común.
-¿Me cuentas eso ....?
-No soy Trankov, tampoco Joubert Bessette con quien te ves hermosa en las fotos....
-¿Gracias?
-Pero bailaremos hoy ¿te sabes esa canción "I say a little pray....."
-No... Oye, no ha empezado el banquete.
-Esto no deja de ser una fiesta.

Marat tomó de la mano a Carlota y la orquesta se apresuró a tomar lugar cuando ellos se quedaron al centro de la pista. Él cantaba horrible y daba vueltas sin parar con ella, que atraía la atención por su risa.

Los Safin y Ricardo Liukin se levantaron igualmente para acompañarlos en el baile, sin que consiguieran detenerlos. Al final, Marat y Carlota terminaron entreteniéndose juntos.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Las noches de Mónaco: La carta de Trankov


Joyeux Anniversaire Fabian!

-"¿Se hospedaron en el Métropole?"
-Peleando, pero sí.
-Yuko ¿que pasó?
-Fue un malentendido que se resolvió solo.
-¿Solo?
-Nos arestaron pero salimos el mismo día y ahora los Liukin buscan a Andereas que se fue a jugar al casino.
-¿Cómo está Carlota?
-Más calmada que ayer, no tarda en volver del desayuno.
-No te le despegues.
-Está bien pero tenemos un problema.
-¿Cuál?
-El general Bessette también quiere informes de la niña y me hostiga en el teléfono.
-No le hagas caso.
-Pero cree que tarabajo para él y me volvió a chantajear con el negocio de mis padres.
-Síguele la corriente.
-Lo que me pereocupa es que ordenó que dejaran ganar a Andereas en el casino y que le reservaran una mesa junto a los Liukin en una comida de beneficencia esta tarde.
-¿Por qué nadie se ha ido de ahí?
-Porque Carlota le quiere agradecer a Marat Safin por sacarnos de detención.
-¿Qué me estás diciendo?
-Cálmate Thorm, el tal Marat es común y corriente, nos liberó por casualidad.
-No lo involucres en la misión.
-Para nada, sólo vamos a su evento y nos olvidaremos de él.
-Eso espero, por cierto ¿Arreglaste lo de las notas de Trankov para Carlota?
-Estoy metiéndolas en su maleta.
-Te contactaré en tres horas, Yuko, adiós.
-Adiós Thorm".

Yuko sabía que nadie la había escuchado y guardó unas notas de Sergei entre la ropa de Carlota, con tal de que ésta creyera que él continuaba cerca. Poco después, se metió a la ducha y calculó el tiempo que le tomaría a la joven Liukin encontrar los mensajes y leerlos todos, decidiendo no salir a verla hasta que terminara, preocupándole su reacción puesto que había comprobado su impulsividad.

Como siempre, Carlota no acostumbraba tardar por las mañanas y entró a la habitación con la expectativa de la exhibición hípica en la que se suponía debía presentarse al mediodía, con la duda sobre si Marat había conseguido las entradas. Aun con la esperanza de hallar a Andreas, ella optó por tranquilizarse y descolgó un vestido azul marino que tenía reservado desde la noche anterior, trenzó su cabello y se miró al espejo, imaginando como debía ser su maquillaje y resolviendo el dilema entre zapatillas o sandalias.

-"¿Por qué no abre la maleta? Ahí puse su maquillaje también" - pensaba Yuko al espiarla y se exasperaba un poco porque la otra pasó un rato inmóvil.

-Yuko, tienes jabón en el cabello - dijo Carlota al reaccionar.
-¿Qué, jabón? Es que me asomé para ver quién llegó porque me estoy bañando.
-Ah, al menos fui yo.
-¿Todo bien?
-Debo apresurarme y tú también.
-Es cierto... Oye...
-¿Qué?
-No, nada... Era el shampoo pero recordé que es de avena.
-¿No has visto mi maquillaje?
-Lo metiste en el equipaje.
-Pero lo puse sobre la cómoda.
-Lo regresaste a tu maleta.
-Gracias, Yuko.

Yuko giró de nuevo al baño y dejó que Carlota se diera cuenta sola de los mensajes y no sospechara del truco. Justo se enjuaba el pelo cuando oyó una especie de sollozo ahogado y se apresuró a cerciorarse de que todo estaba en orden, viendo como Carlota llevaba su mano derecha a la boca y con la otra sostenía los papelitos que no había desdoblado, derramando lágrimas como una fuente.

-¿Estás bien? - quiso saber Yuko.
-Sí.
-Es que cuando la gente llora se siente mal.
-¿No viste que alguien entrara por la ventana?
-No, yo lo habría oído y me he estado duchando.
-¿Habrá entrado por la puerta?
-¿Quién?
-Nadie, a lo mejor no había visto estas notas.
-¿Son de alguien que quieres?
-De alguien que extraño.
-¿Tus primos o tus amigos?
-Un amigo.
-Has de estimarlo bastante.
-No se lo menciones a mi padre.
-Claro que no.
-Promételo.
-Es una poromesa.

Carlota se controló un poco y empezó a reunir los papelitos para guardarlos a prisa, sonriendo porque en la mayoría estaban escritos buenos deseos o saludos alegres, casi siempre con algún dibujo en el lado opuesto y la firma "Trankov" con fina cursiva.

-Creo que me vestiré de una vez - comentó Yuko y cerró la puerta del clóset tras de sí al tomar un vestido negro para no terminar diciendo una imprudencia. Carlota aguardó un poco para saber si ella saldría pronto y al saber que no, sacó de entre su ropa una carta que se escondía entre sus suéteres y que la propia Yuko no había descubierto al meter lo demás.

-Trankov ¿me oyes? - dijo Carlota a la nada - No sabía que me escribiste - Acto seguido, abrió el sobre y leyó:

"Me costó emprender este viaje, así que esta carta es apresurada.... No me entiendas mal, tengo prisa.
No podía irme de París sin despedirme y no me atreví en el hospital, consideraba hacerlo personalmente pero me sentí incapaz: No deseaba convertir un momento así en un recuerdo para ti. Lo aprendí en Hammersmith, una de las tantas veces que nos hemos dicho adiós.
Me cuesta expresarte que te aprecio mucho y en esta atropellada carta finalmente he dado con este punto.
Concluyo secamente porque sé que te pondrás furiosa por mi redacción cortante. No lo tomes mal.
Aun sin verte, a una parte de mí le dolió no darte un abrazo; me voy lejos Carlota, sólo te pido perdón por enviar a Tennant a Notre Dame y una disculpa por no cuidarte como lo mereces.

Para mi brujita Carlota, Sergei Trankov".

Carlota se precipitó a esconder la carta, decepcionada por el texto. Sergei no obstante, era más elocuente con sus mensajes, el último tenía la fecha de ese día.

Cuando Yuko volvió a la estancia, Carlota se había ido.