Joyeux Anniversaire Fabian!
-"¿Se hospedaron en el Métropole?"
-Peleando, pero sí.
-Yuko ¿que pasó?
-Fue un malentendido que se resolvió solo.
-¿Solo?
-Nos arestaron pero salimos el mismo día y ahora los Liukin buscan a Andereas que se fue a jugar al casino.
-¿Cómo está Carlota?
-Más calmada que ayer, no tarda en volver del desayuno.
-No te le despegues.
-Está bien pero tenemos un problema.
-¿Cuál?
-El general Bessette también quiere informes de la niña y me hostiga en el teléfono.
-No le hagas caso.
-Pero cree que tarabajo para él y me volvió a chantajear con el negocio de mis padres.
-Síguele la corriente.
-Lo que me pereocupa es que ordenó que dejaran ganar a Andereas en el casino y que le reservaran una mesa junto a los Liukin en una comida de beneficencia esta tarde.
-¿Por qué nadie se ha ido de ahí?
-Porque Carlota le quiere agradecer a Marat Safin por sacarnos de detención.
-¿Qué me estás diciendo?
-Cálmate Thorm, el tal Marat es común y corriente, nos liberó por casualidad.
-No lo involucres en la misión.
-Para nada, sólo vamos a su evento y nos olvidaremos de él.
-Eso espero, por cierto ¿Arreglaste lo de las notas de Trankov para Carlota?
-Estoy metiéndolas en su maleta.
-Te contactaré en tres horas, Yuko, adiós.
-Adiós Thorm".
Yuko sabía que nadie la había escuchado y guardó unas notas de Sergei entre la ropa de Carlota, con tal de que ésta creyera que él continuaba cerca. Poco después, se metió a la ducha y calculó el tiempo que le tomaría a la joven Liukin encontrar los mensajes y leerlos todos, decidiendo no salir a verla hasta que terminara, preocupándole su reacción puesto que había comprobado su impulsividad.
Como siempre, Carlota no acostumbraba tardar por las mañanas y entró a la habitación con la expectativa de la exhibición hípica en la que se suponía debía presentarse al mediodía, con la duda sobre si Marat había conseguido las entradas. Aun con la esperanza de hallar a Andreas, ella optó por tranquilizarse y descolgó un vestido azul marino que tenía reservado desde la noche anterior, trenzó su cabello y se miró al espejo, imaginando como debía ser su maquillaje y resolviendo el dilema entre zapatillas o sandalias.
-"¿Por qué no abre la maleta? Ahí puse su maquillaje también" - pensaba Yuko al espiarla y se exasperaba un poco porque la otra pasó un rato inmóvil.
-Yuko, tienes jabón en el cabello - dijo Carlota al reaccionar.
-¿Qué, jabón? Es que me asomé para ver quién llegó porque me estoy bañando.
-Ah, al menos fui yo.
-¿Todo bien?
-Debo apresurarme y tú también.
-Es cierto... Oye...
-¿Qué?
-No, nada... Era el shampoo pero recordé que es de avena.
-¿No has visto mi maquillaje?
-Lo metiste en el equipaje.
-Pero lo puse sobre la cómoda.
-Lo regresaste a tu maleta.
-Gracias, Yuko.
Yuko giró de nuevo al baño y dejó que Carlota se diera cuenta sola de los mensajes y no sospechara del truco. Justo se enjuaba el pelo cuando oyó una especie de sollozo ahogado y se apresuró a cerciorarse de que todo estaba en orden, viendo como Carlota llevaba su mano derecha a la boca y con la otra sostenía los papelitos que no había desdoblado, derramando lágrimas como una fuente.
-¿Estás bien? - quiso saber Yuko.
-Sí.
-Es que cuando la gente llora se siente mal.
-¿No viste que alguien entrara por la ventana?
-No, yo lo habría oído y me he estado duchando.
-¿Habrá entrado por la puerta?
-¿Quién?
-Nadie, a lo mejor no había visto estas notas.
-¿Son de alguien que quieres?
-De alguien que extraño.
-¿Tus primos o tus amigos?
-Un amigo.
-Has de estimarlo bastante.
-No se lo menciones a mi padre.
-Claro que no.
-Promételo.
-Es una poromesa.
Carlota se controló un poco y empezó a reunir los papelitos para guardarlos a prisa, sonriendo porque en la mayoría estaban escritos buenos deseos o saludos alegres, casi siempre con algún dibujo en el lado opuesto y la firma "Trankov" con fina cursiva.
-Creo que me vestiré de una vez - comentó Yuko y cerró la puerta del clóset tras de sí al tomar un vestido negro para no terminar diciendo una imprudencia. Carlota aguardó un poco para saber si ella saldría pronto y al saber que no, sacó de entre su ropa una carta que se escondía entre sus suéteres y que la propia Yuko no había descubierto al meter lo demás.
-Trankov ¿me oyes? - dijo Carlota a la nada - No sabía que me escribiste - Acto seguido, abrió el sobre y leyó:
"Me costó emprender este viaje, así que esta carta es apresurada.... No me entiendas mal, tengo prisa.
No podía irme de París sin despedirme y no me atreví en el hospital, consideraba hacerlo personalmente pero me sentí incapaz: No deseaba convertir un momento así en un recuerdo para ti. Lo aprendí en Hammersmith, una de las tantas veces que nos hemos dicho adiós.
Me cuesta expresarte que te aprecio mucho y en esta atropellada carta finalmente he dado con este punto.
Concluyo secamente porque sé que te pondrás furiosa por mi redacción cortante. No lo tomes mal.
Aun sin verte, a una parte de mí le dolió no darte un abrazo; me voy lejos Carlota, sólo te pido perdón por enviar a Tennant a Notre Dame y una disculpa por no cuidarte como lo mereces.
Para mi brujita Carlota, Sergei Trankov".
Carlota se precipitó a esconder la carta, decepcionada por el texto. Sergei no obstante, era más elocuente con sus mensajes, el último tenía la fecha de ese día.
Cuando Yuko volvió a la estancia, Carlota se había ido.
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