miércoles, 14 de diciembre de 2011

Antes del concierto (Las luces de la fiesta)


El chico Maizuradze observó a su padre con una actitud más entusiasta de lo común. Con una jovialidad repentina, aquél hombre desayunó mientras cantaba y después se colocó su uniforme militar.

-Debo reunirme con mis compañeros - señaló y salió de casa. Cecilia miró a sus hijos.

-Lo acaban de llamar del ejército esta mañana. Le notificaron que dirigirá al coro en navidad. Es muy importante para su padre que lo tomaran en cuenta así que nadie va a faltar.
-¿Cómo que le han .. ? ¡Llevan años negándole su pensión! ¡Qué falta de vergüenza tienen con un veterano de guerra!
-¡Hagan el favor de callarse! Su padre trabajó muy duro para que le nombrasen director y ahora que puede no va a renunciar. Nosotros sólo iremos a Pushkin, veremos el concierto y actuaremos amablemente.

En el barrio ruso, los vecinos no cabían de gozo. Por un permiso especial, los músicos de la armada roja ofrecerían una presentación gratuita. El hecho también era inédito al ser la primer ocasión del afamado conjunto en la ciudad.

El padre de Anton había acordado reunirse con sus colegas en un auditorio de Humanidades para los ensayos y al ver los preparativos se dejó llevar por la nostalgia. Él era uno de los pocos que aún conservaba su nacionalidad y después de su retiro, aún había tenido la esperanza de integrar el coro.

Sus conocidos no cesaban de estrecharle la mano, tomarle fotos o solicitarle autógrafos. "Salúdeme al Mayor tal" "Dele nuestra gratitud a los cantantes" "Felicítelos por nosotros" Eran las peticiones que la gente le hacía. El señor Maizuradze las recibía gustoso.

Cerca de ahí, Casey Low se detenía frente a un improvisado puesto de apoyo que Verner y David habían colocado buscando donaciones en especie. El letrero (autoría de Anton) llamaba la atención por su lenguaje y su color naranja.

"Pásele y dónele al chamaco de David y Amy todo lo que necesita para ser feliz. Se aceptan zapatitos, chamarras, gorritos, pañales de tela, biberones, juguetes, sonajas, shampoo, jabón de olor bebé y cobijitas. No recibimos dinero ni vales de despensa para no tener problemas con las fuerzas del mal (los polis)."

-Niños, tendré que retirarlos.
-¿Porqué?
-Instalaron un centro de caridad sin autorización.
-Lena Tarasova y Alena Kirkorova nos dieron permiso firmado.

La mujer leyó la hoja pero no cambió nada.

-Sus representantes de vecindario son un gran aval pero necesitan que un fiscal lo apruebe y no es el caso. No voy a llamar a los oficiales pero lo mejor es que quiten todo esto ¿Al menos dieron recibos por cada cosa que les han dado?
-Con el sello de la oficina de Hacienda.
-¡Oh! Ya llegó la señora abogada - dijo Anton (que arribaba) con la voz entre nasal y aflautada - ¿Ahora qué? ¿Nos va a correr?
-Ya lo hizo - contestó Verner.
-Ah que mal, porque no nos retiramos.
-¿Porqué hablas así?
-¿Cómo?
-Raro.
-¡Ah! Es que así hablan todos los abogados que conozco.

A Casey casi le ganó la risa pero lo disimuló.

-En serio, lo mejor es que se marchen.
-Ya dije que no.
-Anton, no puedes objetar.
-Hasta usa palabras sofisticadas.
-No estás ayudando a tus amigos. Desobedecer a un fiscal es muy grave. Yo entiendo que atraviesan una situación difícil y no pueden solos pero dejen que los adultos se encarguen.
-¿Usted le va a pagar la ropa y las cremitas al bebé de Amy?

Low calló.

-¿Verdad que no? Ahora déjenos en paz.
-Amy no es la única embarazada en esta ciudad ¿Porqué no recurrieron a un centro comunitario?
-¿Usted nunca ha entrado a uno de esos? Si a las señoritas las trataran bien, todas irían. Esos lugares están llenos, no hay agua y los médicos nunca hacen caso porque siempre están ocupados. Preguntamos en el Hospital General y nos dijeron que atienden gratis pero los demás gastos no se cubren solos.
-Me sostengo. Quiten esto.
-¿Va a ser tan cruel?
-No haré como que no vi nada.
-No sea mala.
-Es la ley.
-¿¡Porqué mejor no se va a buscar al desgraciado que violó a mi novia!? - gritó David.


La abogada se quedó sin palabras. En balance, lo que el chico reclamaba era mucho más importante que un permiso.

-Denme la forma, autorizaré esto.
-Hasta que nos entiende la fiscal.
-¿Porqué no te agrado, Anton?
-Usted se mete donde no la llaman.
-Es parte del trabajo.
-Qué empleo tan feo.
-No lo es.

Ella se sentía intimidada.

-Tengo unos minutos. Vayan a comer algo, yo cuidaré esto, chicos.

Con desconfianza, Anton se separó para alcanzar a su padre. La multitud en Katsalapov se apartaba y comenzaban los vítores. El ejército ruso marchaba directo a Pushkin, pero el niño, carente de protocolos, no reparó en acercarse. El hombre lo tomó en brazos y lo presentó con sus camaradas.

-Sólo no lo vuelvas a hacer, me podrían amonestar ¿Estamos?
-Bueno.
-¿Qué estabas haciendo?
-Fui a ver qué pasaba con la colecta para Amy.
-Espero que no vaya mal.
-Nos llevaron una pañalera y toallas.
-Qué bien pero les dije que no se preocupen. Su madre y yo haremos algo para mantener a ese pequeño.
-Vas a endeudarte hasta las zapatillas.
-No importa. Son nuestros amigos.

El chico Maizuradze caminó al lado de la comitiva hasta el escenario más grande que el niño vería en mucho tiempo. Los pequeños que jugaban por ahí, imitaban el saludo militar y no faltaban los que aseguraban que algún día serían coroneles o sargentos.

-¿Quieres ver el ensayo Anton?
-Dale ¿En dónde me pongo?
-Enfrente.

Los que iban pasando por ahí se acomodaban entre las sillas. A los integrantes del coro no les gustaba pero siendo el teniente Maizuradze la persona a cargo, no se arriesgaron a la insubordinación.

-Me han enviado el repertorio. Caballeros, éste es uno de los honores más grandes que he recibido como parte de las fuerzas armadas del Kremlin. No espero de mis compatriotas más que la excelencia. Tengo por cierto que nunca han dejado de ensayar y yo sólo debo seguir las partituras. Soldados, he rehusado utilizar un gran auditorio y he decidido estar aquí porque debo asegurarme de que no se dejarán intimidar por un público que ha visto sucumbir a grandes. La audiencia que va presenciar nuestro triunfo o fracaso es, me atrevo a afirmar, la más importante que habrán de percibir. Es un monstruo al que no le importará quiénes sean, va a atacarlos inmisericordemente, los retará, los llevará al borde y después se les rendirá en clamores o humillación. En cinco minutos comenzaremos. Rompan filas.

El chico Maizuradze abrió más los ojos. Su padre lucía autoritario pero con él seguía siendo cortés.

-¿Me llevas a tu acopio?
-Por un momento pensé que me ordenarías algo.
-Luego.

Ambos se dirigieron al sitio dónde Judy Becaud entregaba una caja repleta de biberones y pañales a Casey Low. La joven estrechó la mano del teniente.

-Espero que asista a la presentación de la armada roja el día veinticuatro.
-Será un placer, convenceré a mi esposo.
-Ojalá pueda gustarle.
-Seguramente. No me lo perderé ¡Es casi Navidad!
-¿Le gusta mucho?
-Es mi día favorito y también mi aniversario. Cumplo un año de casada.
-Felicidades.
-Señora Becaud, aquí tiene su recibo.
-Gracias, señorita Low.
-¿Y qué la tiene aquí, abogada?
-Nada en especial señor Maizuradeze, sólo me quede cuidando un momento.
-Le agradezco por todos.
-Oh .. No es necesario.
-¿Le puedo preguntar algo?
-Adelante.
-¿La policía toma el caso de Amy en serio?

Low suspiró con la decepción en el rostro.

-Ni siquiera han verificado la queja... Si usted fuera otra persona trataría de darle esperanzas pero es un uniformado... Francamente, me veo en la pena de aceptar que si no llega una investigación a mi escritorio tendré que pedir que desechen el caso, aún sin abrir.
-¿Esto ocurre a menudo? - cuestionó Judy.
-Con frecuencia. La gente no roba o comete fraude pero viola mujeres y nada puedo hacer sin un equipo que me aporte pruebas. Me disculpo a nombre del Departamento de policía, tenemos demasiado trabajo.

Sin decir más, Casey se retiró mientras pensaba en la tonta excusa a la negligencia de sus compañeros. Por otro lado, le preocupaban los síntomas que estaba comenzando a presentar.

-Voy a detener a esa mujer, Anton. Judy ¿Podría quedarse con mi hijo?
-Por supuesto.

El señor Maizuradze sostuvo a Low. Ella confesó ser víctima de un mareo recurrente.

-Estoy en medio de un juicio y resulta que debo encargar a mis asistentes el trabajo rudo, mi ropa no me queda y tengo anemia.
-¿Ha ido al médico?
-No me gustó el cuadro.
-¿Le impedirá trabajar?
-Al menos por un año. Ser madre a los treinta y ocho no es algo que imaginaba y tampoco era recomendable en mi caso. Voy a perder mi empleo y el padre es un .. Inmaduro rockero lo describe mejor ¿Cómo me fui a meter .. ? Nunca se embriague.
-No hace falta.
-Me siento como Amy sólo que aquí yo fui la descuidada.
-¿Porqué se compara?
-Estaba en la clínica y ella era la chica de al lado en la consulta.. Tenemos casi las mismas semanas de gestación, los mismos problemas nutricionales y nos sentimos solas e incomprendidas.. Estoy muy asustada.

El teniente abrazó a Casey .

-Todo saldrá bien, nosotros también la cuidaremos... ¿Usted y Amy saben que tienen amigos, verdad?

Los dos volvieron a la mesa de donación.

-Iré al ensayo. Anton, no molestes a la señorita Low. Aprovecha de decirme cómo es la acústica.

Retornando al escenario, el señor Maizuradze ordenó a los soldados que se acomodaran tal y como acostumbraban. Uno por uno fueron mostrando su voz y acorde a eso, su director cambiaba sus lugares. La gente poco a poco, fue llenando Pushkin mientras entonaba el himno ruso una y otra vez.

-Creo que esta gente merece escuchar algo más - mencionó el teniente a las pocas horas- Finjamos que este es nuestro concierto... Interpretaremos "Polyushka Polie"*.

El coro inició susurrante y los vecinos del barrio comenzaron a acompañarles durante la melodía, desatándose una locura, mezcla de nostalgia y agradecimiento que conmovió a más de uno de esos duros hombres de temperamento frío.

-Si así es el ensayo, no puedo esperar a la presentación de verdad - comentó Judy que no podía creer que la acústica fuera tan generosa.
-Tampoco ha visto nada - replicó Anton - Cuando los rusos festejamos, no alcanza a contar cuántas banderas hay; es como si usted quisiera saber cuántas estrellas hay en el universo.

La señora Becaud miró al cielo. Su voz interior le decía que el chico decía la verdad.

*Canción popular rusa. También es conocida como "Oh field, my field" (A continuación)

1 comentario:

  1. Continua esta linda historia de amor ;)
    Bien linda mi Ingrid :D

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