domingo, 29 de diciembre de 2013

El tercer sueño (La sonata de hielo)


París:

Gabriela bostezaba en un sofá mientras Raluca Bessette miraba atenta una película sobre una patinadora artística que luchaba por ganar un campeonato nacional y así tener la posibilidad de lograr el éxito. 

-Por dios, Raluca, no vas a creer que por ganar seleccionarán a la chica para ir al campeonato mundial.
-¿Entonces, qué pasa? 
-A las patinadoras les hacen pruebas cuando creen que serán buenas y las pre - seleccionan para competir en cosas internacionales antes de los nacionales.
-¿Y si una novata de verdad gana?
-La toman en cuenta para la próxima y eso si es constante.
-¿Cómo sabes? ¿Patinaste? 
-Nunca hice algo tan cursi, mejor me burlaba de las ñoñas que si.
-A mi me gustaría tomar lecciones.
-En la próxima vida y con mala suerte.
-Pero practicar no se ve difícil. 
-Es esta cinta boba, así tiene que pasar. Al final, ella pierde porque se cae en un simple giro de la presentación después de la pirueta buena.
-¡Me arruinaste la película!
-Me da mucho gusto.
-Me habían dicho que la rutina era linda.
-Cuando la actriz sepa hacer axels y extensiones como Carlota Liukin, tendrá mi atención.
-¡Carlota! ¡Soy su fan! 
-¿Perdóname? 
-Me llevarás a Bercy en noviembre, ¿verdad?
-¿Para qué?
-¡Carlota va a estar en Bompard y romperá el récord como la más joven en competir!
-¿Cuándo te enteraste?
-Hace dos semanas y mi papá me compró boletos.
-¿Tu padre, dices?
-Me los regaló en cuanto se los pedí. 
-Pero tu madre me dijo que no estabas en contacto con él.
-Mi papá y yo nos vemos a escondidas.
-¿Cómo?
-Me da un día y yo lo espero. Siempre me visita cuando mi mamá no está o en la madrugada.
-¿Alguien más sabe?
-Pregúntale a Bertrand por que el refrigerador no se vacía.
-¿El mayordomo es tu cómplice?
-Si mi mamá se entera, estamos fritos; si nos acusas, haré que te despidan.
-Es mi responsabilidad informar de estas cosas a la princesa Virginie.
-Trabajas para mí.
-La que pagará mi primer sueldo será tu madre.
-Mi papá va a traer el dinero y Bertrand hará como que salió de la cuenta de mi mamá.
-¿Tu padre nos mantiene?
-Si quieres ganar morlacos, guarda el secreto.
-Los niños cada día están peor. Raluca, no se dice "morlacos", se dice monedas.
-Pero todos hablan así.
-¿Tú crees que Carlota Liukin camina por la vida llamándole "morlaco" a toda moneda que llega a sus manos?
-¿La conoces o por qué hablas de ella? 
-No tengo el gusto, pero se nota que está muy bien educada y no andaría usando palabrejas. 
-Me iría porque me estás molestando pero me falta otra película.
-De ninguna manera, duérmete ya.
-¿A las tres de la mañana? 
-¿Tan tarde, más bien temprano, es? No me di cuenta. 
-Mejor come palomitas.
-Las odio.
-Te lo pierdes.

Gabriela iba a caer rendida cuando su natural suspicacia le hizo pensar algo lógico: Raluca se forzaba a permanecer despierta porque recibiría a su padre en cualquier momento y no quería estar sola cuando sucediese. 

-Está bien, mejor dame a probar. 
-Están ricas.
-¿Son palomitas de microondas? Saben a cartón en el bote de basura.
-Bertrand no quiso preparar naturales.
-Creo que yo tampoco me tomaría la molestia ahora que lo pienso.
-¿Qué película veremos?
-No me pongas de patines. ¿Todavía tienes el documental de osos polares?
-Lo devolví ayer. 
-¿De caricaturas?
-Tengo "La bella y la bestia"
-¡Raluca, no veas eso! 
-Tengo una de animalitos cantando que hay carnaval en Río.
-Está mejor.
-Pero me la sé de memoria.
-No me interesa, pónla. 
-Eres la niñera más grosera que he tenido.
-Soy la primera en aguantarte más de tres días y hoy cumplo cinco.

Raluca se levantó de mala gana a cambiar la cinta mientras Gabriela hacía lo propio en busca de café para resistir un par de horas más. No le agradaba la idea de no encender la luz y no hacer ruido para abrir la bolsa de celofán de los pretzels que improvisadamente se le ocurrió degustar cuando oyó que alguien intentaba ingresar a la cocina y las llaves que portaba se habían atorado en el cerrojo.

-¡Es mi papá! - exclamó Raluca.

Gabriela, que no le creía, no le hizo caso y terminó viendo a la niña abrir al mismo tiempo que reclamaba por la falta de "consideración" que le tenía. 

-¡Papá! - exclamó Raluca con aquella expresión que se da entre quienes han hablado en voz alta en el peor momento; por su lado, Gabriela miró al hombre con sorpresa, pensando fugazmente que se trataba de Joubert Bessette por la sonrisa y la jovialidad de su rostro.

-Te presento a mi papá, el general Andrew Bessette.
-Supongo que es la nueva nana, Raluca me ha hablado de usted.
-Mi nombre es...
-No hace falta, las niñeras no duran mucho en esta casa, disculpe que me comporte con distancia pero todavía no me aprendo el nombre de la cuidadora cuando llega otra. ¿La princesa Virginie se encuentra descansando?
-Por supuesto, ha pedido ser levantada en punto de las nueve.
-¿Y por qué Bertrand se encuentra ausente?
-Ha dormido temprano, tuvo un día ajetreado.
-El viejo Bertrand no iba a resistir otra visita temprana, le agradezco permanecer con mi hija y espero que entienda que debe manejarse con hermetismo.
-La pequeña me ha explicado la regla, puede confiar.
-Tu niñera me agrada, Raluca.

El general Bessette procedió a prender una lámpara y colocar alimentos sobre la mesa antes de revisar el refrigerador.

-¿Me trajiste cereal de estrellitas? 
-Claro que sí, no se me iba a olvidar, niña.
-Es que mi nana no me deja comerlo como antes.
-¿Por qué?
-Dice que tiene mucha azúcar.
-En eso tiene razón.
-Ahora me sirve la mitad.
-Me parece bien... Te compré unas frambuesas y Bertrand me contó que dejas el apio así que vas a padecerlo otra semana.
-¿Pero pensaste en el yogur?
-Y en la leche descremada.

Gabriela observaba al general Bessette tan feliz que que no se atrevió a abrir la boca y se limitó a preparar más café para ser cortés mientras él presumía haber logrado que el mercado de aves y carnes de París abriera más temprano para atenderlo.

-Me aseguraron que este salmón llegó esta mañana y traje venado para hacer un estofado.
-¡Hace mucho que no comía!
-Le pediré a Bertrand que cocine con más frecuencia o encuentren un bistro porque pagar el restaurante Ivory me está saliendo caro.
-¡Pero me gusta que me tomen fotografías! 
-Raluca, me gusta verte en Hola pero sé razonable, puedo pagar el lugar que desees pero tengo que esperar el resultado de unas inversiones y mientras no haya nada seguro sería bueno que probaras algo más barato. Estamos en una ciudad con cocinas muy buenas, descubre cuál te agrada.

Raluca frunció la boca y su padre rió como si se saliera con la suya.

-Raluca ¿Me das un momento con tu niñera? 
-¿Para qué?
-Voy a preguntarle sobre tu conducta.
-¿Por qué me tengo que ir?
-Para que me cuente la verdad.
-Estaré viendo una película en la sala.
-No te enojes, en un momento te alcanzo.

Raluca asentó y giró sobre sus pasos con entusiasmo, instalándose en la sala y cubriéndose con una manta. La puerta de la cocina permaneció abierta.

-El señor Bertrand me ha contado que algunas conductas de Raluca han cambiado recientemente - inició el general Bessette - ¿En serio lleva usted aquí menos de una semana?
-No creo haber modificado algo hasta ahora - contestó Gabriela.
-Por el momento veo a mi hija más tranquila.
-Hemos jugado a la cuerda en Champs - Elysée y parece bueno para convivir con otras niñas.
-Tenerla cansada al final del día es astuto, sin embargo, hubo algo que llamo mi atención antes de venir.
-¿He hecho mal?
-Bertrand me informó que usted fue cuidadora de mi hijo Joubert y si recuerdo bien, él jamás tuvo una porque ha sido siempre un chico auto suficiente.
-Recuérdelo, estuve ahí.
-A menos que haya sido la ayudante de su madre; preguntaré a mis contactos.
-Seguramente le confirmarán.
-Podría apostarlo, es que nadie se imagina volver a tratar con la antigua servidumbre.
-La vieja guardia siempre regresa.
-Después de haber sorteado rumbos dispares.
-He educado a toda clase de infantes.
-Qué oportuna en mencionarlo.
-¿A qué se debe tal expresión?
-Es extraño que no la recuerde al lado de Joubert pero sí al lado de Carlota Liukin.
-¿Cuándo?
-Este enero. Esa pobre desafortunada perdió a su madre mientras ganaba una competencia, todos la vimos llorando en la gala de clausura. Lo bueno era que la tenía a usted para consolarla ¿Por qué la dejó? 
-La agencia me asignó un puesto temporal porque ella me había tomado mucho cariño. 
-¿Le prohíben ser apegada?
-Llega a ser complicado.
-¿Le costó mucho con Carlota Liukin, cierto?
-Raluca me decía que la admira, así que siento que no la extraño tanto ahora.
-No deja de ser más curioso que hace unas horas estuve cenando con la señorita Liukin en Hammersmith.
-Vaya coincidencia.
-Aprovechando la oportunidad de comprobar que nuestro mundo es reducido, me sería de gran ayuda cualquier detalle que pudiese proporcionarme sobre esa jovencita.
-Debo negarme por cuestiones de ética.
-Comprendo que la confidencialidad es vital en su labor.
-Soltar detalles me haría traicionar la confianza de la princesa a la que trabajo.
-La señorita Liukin me ha despertado expectativas justo al enterarme de la relación que sostiene con mi hijo Joubert.
-Otra gran casualidad.
-Las casualidades no existen ciertamente. Me he dado a la tarea de informarme sobre Carlota Liukin por el interés que Joubert ha presentado y estar seguro de que mi hijo se rodea de personas correctas.
-Carlota es una niña intachable, dudar un poco es faltarle al respeto.
-Me disculpo por semejante exabrupto, sólo pretendo lo mejor para Joubert.
-Carlota Liukin cuenta con una educación ejemplar, pregunte a su padre, sus hermanos y amigos. Mejor dedíquese a atender a su propia hija que no tendría necesidad de hacer cosas a escondidas y haga entender a la princesa Virginie que usted se ha responsabilizado de esta casa. Y bien, si me permite, he de ir a la sala, la niña espera.

El general Bessette agitó la cabeza pero externó algo que estaba pensando.

-Usted dice que debió separarse de Carlota Liukin ¿No le pareció cruel hacerlo cuando ella perdió a su madre?
-¿Qué tiene que ver con Raluca?
-Usted habla de dedicación y de inculcar valores pero eso fue tan insensato.
-Pasé por una situación complicada en ese período y no pude continuar con Carlota aunque lo hubiese querido. La agencia me reinstaló después de unos meses y he iniciado mi estancia con Raluca con el mayor compromiso.
-¿Cuál fue esa "situación" que la forzó a dejar a una pobre niña desconsolada?
-Personal y dura. No ahondaré en detalles.
-¿Ni siquiera le conmovió ver las lágrimas de Carlota en la gala?
-No las vi, yo estaba de camino a otra ciudad.
-Pero me juzga. 
-Usted puede disfrutar la compañía de su hija y la desperdicia. Otros quisiéramos tenerla y mejor cuidamos a los niños de otros. Buenos días, general.

Gabriela procedió a vaciar pretzels en un tazón y el general Bessette a sentarse junto a Raluca en la sala. 

Gabriela creyó que se había equivocado al enojarse pero no había remedio. El general Bessette le recordaba esa última ocasión en que Carlota estuvo cerca de ella y pudo estrecharla largamente antes de renunciar a permanecer a su lado.

Gabriela no había tenido el valor de resistir hasta la gala de despedida porque esas lágrimas en Carlota le habrían pulverizado el corazón, volviéndola incapaz de emprender esa aventura por salvarla. Alguna vez, la mujer tendría que observar la bella y desgarradora actuación de la niña, pero no sin enfrentarse a la despedida sin marcha atrás.


Feliz año 2014, los mejores deseos a los lectores, fans y nuevos visitantes. Abrazos a todos.

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