-Dicen que Lleyton Eckhart es muy sincero - dijo Tamara Didier.
-Supongamos que hizo méritos: ¿Sabía que tiene un récord de procesos ganados? Qué coincidencia que la mayoría implicaban a inmigrantes rusos, gente de Blanchard o chicos bebiendo cerveza en la arena.
-Está prohibido alcoholizarse en la playa, ser indocumentado o robar bolsos.
-También medir con la misma vara.
-No comprendo, en Tell no Tales se quejan de que la seguridad es pésima y cuando alguien aplica la ley se convierte en tirano.
-Hablo por mí, no me gusta que se juzgue a gente que hurta por hambre o personas que llegan a la ciudad, consiguen trabajos decentes y se les deporta porque su presencia es ilegal.
-Las reglas no son opcionales.
-De la mafia y el cuello blanco no hay nada, nunca se les audita o mete en prisión.
-A lo mejor Lleyton Eckhart cree que si es severo con delitos menores, evitará los grandes.
-Él tiene mucho que aprender. Hace meses consiguió enjuiciar a una mujer que perdió todo en una hipoteca, la condenaron a tres años por prostitución y retiraron su derecho a la custodia de sus hijos. Eckhart convenció al juez de que ella era una mala influencia. ¿Cuántas veces trabajó la mujer en la calle? Una y todavía él le dice que "fue una irresponsable" por meterse en una deuda que no pudo saldar por la razón que sea.
-La autoridad debe apegarse a sus códigos penales aunque sean muy duros.
-Lleyton Eckhart se llama así mismo "defensor de la justicia" y la justicia y la ley, Tamara, casi siempre son contrarias.
-Posiblemente él no eligió las palabras correctas, no lo defiendo, pero es un abogado y así son ellos de rotundos.
-Nunca se fíe de alguien incapaz de sensibilizarse o mínimo de arreglar sus problemas en casa.
-La vida privada es "privada".
-No cuando se ventila en medios. Lea, Eckhart se compremeterá con una Izbasa a la brevedad y en la remembranza viene lo de su primer matrimonio. Todavía me acuerdo de su ex esposa reclamándole atención.
-¿Cómo sabe?
-Cuando fui chef del Vodianova me tocó ver una de sus discusiones, ella amenazó con hacer sus maletas para ver si él entendía y terminó recibiendo los papeles del divorcio firmados esa misma tarde.
-¡Increíble!
-Lleyton Eckhart nunca dialoga, siempre da por hecho, por eso me fastidia que se disfrace de justiciero.
-Su ascenso no parece tan honroso después de esto.
-¿Por qué cree que le agrada al jet set? Es igual de ... Me callo por no ser soez.
Tamara dobló el periódico y lo colocó sobre su mesita antes de girar la vista y contemplar a Carlota durmiendo en el hombro de Joubert Bessette. Desde que habían abordado el avión, ambos habían insistido en sentarse juntos.
-¿Qué pasó en la madrugada? ¿Por qué Carlota buscaba a Sergei Trankov? - preguntó para cambiar de tema.
-Mi hija quería que Sergei le devolviera algo.
-¿No le dijo qué, Ricardo?
-Le prestó un libro.
-¿Tanto alharaca por eso?
-A Carlota no le agrada perder nada.
-Yo pensé que era otra cosa.
-No, no. Carlota y Sergei se desagradan un poco.
-Pues qué rara relación tienen.
-Mi hija es la extraña.
-Pasamos varios días solas y como si no la conociera.
-Me pasa lo mismo con ella, desde hoy le digo que tendré yerno unos días más.
-¿Joubert?
-¿Apuesta?
-Esos dos deben terminar.
-Comparto la opinión.
-Haga algo.
-Cuando logremos celebrar Pascua, se irá.
-¿Cómo lo conseguirá?
-La familia hablará, Carlota nos hará caso.
-¿Seguro?
-A veces siento que no sé cómo es la chica, pero sólo a veces.
Tamara sonrió como si hubiese escuchado a alguien con un as bajo la manga, pero era evidente que Ricardo no era ese tipo de persona.
-¿Quiere acompañarnos el día que conversemos largo y tendido con ella?
-No tengo derecho, señor Liukin.
-¿Por qué?
-Lo más probable es que diga adiós.
-Usted no tiene que hacerlo.
-En la federación no han de desear que siga con ustedes. Tengo varios detalles que explicar.
-¿Lo que salió en "Realeza"?
-Me da pena con usted.
-Tamara, deje eso.
-¿Le confiaría a una mentirosa, drogadicta y manipuladora el cuidado de su hija?
-Usted era más joven, buscaba el éxito, nadie la apoyaba, sucumbió a la presión, más tarde creció, aprendió, es exitosa.
-¿Lo soy?
-Es humana.
-Haguenauer es un gran entrenador, los dejo en buenas manos.
-No le doy permiso de separarse de nosotros.
-No le prometo nada.
-Tamara, usted nos dio la mano cuando nos quedamos solos y admito que me hizo mucha falta cuando se ausentó. No se vaya.
-Veremos que pasará.
-Ojalá permanezca con nosotros, es parte de la familia.
Tamara miró abajo, insegura.
-Te estimo bastante, sin ti estaría extraviado - confesó Ricardo, ella se sobresaltó porque él le hablaba en segunda persona.
-¿Gwendal está enojado conmigo, verdad? - la mujer modificó la plática para prevenir mayor desconcierto. Él no lo notó.
-Mucho más, me parece.
-No volveremos a ser amigos.
-Gwendal es un hombre orgulloso.
-Más que yo y es decir.
-Le cuesta asimilar que lo excluiste porque confiaba en ti.
-Olvidé que algún tiempo lo vi como un perdedor.
-Te perdonará, has hecho mucho bien por nosotros, más por él y por mí.
Tamara se cruzó de brazos y observó a Gwendal divirtiéndose con Viktoriya en un juego de mímica. Esa conclusión de que él siempre le guardaría resentimientos le rondaba la psique cada que el teniente Maizuradze le solicitaba a esos dos que se portaran bien, como dos niños.
-¿Me disculparías un momento? - interrumpió Ricardo - Con aquello de que a Adrien le dan sus ansiedades tengo que revisar como está, mi sobrino Javier no podría manejarlo.
-Adelante.
-¿Checarías que Carlota no se despierte?
-Más bien que a Joubert no le dé por el abrazo de pulpo.
-Más importante. Gracias, Tamara.
Ricardo se incorporó y se dirigió algunas filas hacia atrás, dejando ver a Andreas Liukin que estaba sentado al lado de la ventanilla, distrayéndose aparentemente con un videojuego.
-¿Anda cerca? - pronunció.
-¿Quién?
-Mi padre.
-Está ¿peleándose con Javier? No sé.
-Ah, qué bueno.
-¿De qué ríes?
-Ricardo ni disimula.
-Más te vale no insinuar lo que sea que se te ocurra,
-Judy Becaud y tú están lindas, aunque Judy está más guapa.
-¡Grosero!
-Ni te pongas nena, de por sí eres insoportable cuando estás de buenas.
-Sólo porque eres hijo de un gran hombre no te hundo la cara de un golpe.
-Cálmate, que por insufrible y mandona le gustas a Ricardo.
-Calla, insolente.
-Encima tienes pasado, ya la hiciste.
-Eres un irrespetuoso.
-¿Qué? Pues Gabriela no era una santa y por eso tuve madre.
-Pues ten un poco ahora y guarda silencio.
-Ni porque te busco galán me tratas bien, debí irle a Judy.
-¿No tienes ni consideración por los que no están?... Con saber como te comportas con tu madre que en paz descanse no podía esperar algo bueno.
-No vivo duelos eternos.
-Gabriela no educaría semejante cro-magnon.
-Sí pudo.
-¿Te da risa? No aguanto tanto cinismo.
-Rápido, vete a hacerme la vida imposible, Ricardo y tú son tal para cual.
-Te acusaré con tu padre.
-Haz lo que quieras, pero eres mala Tamara, mala como las que le gustan a papá.
Andreas se colocó unos audífonos y Tamara se abstuvo de propinarle la cachetada que ansiaba. Cuando Ricardo tomó su lugar, ella se aparentaba impaciente.
-Te traje un jugo.
-Gracias, ¿cómo le fue con Adrien?
-Javier lo estaba sobreestimulando con unos cómics y dándole chocolate.
-¿En serio?
-A Adrien no se le deben juntar esas cosas porque es como un adicto.
-Como todos los niños.
-Pero él es un caso especial, el psiquiatra dice que es algo autista.
-Se hizo amigo de Javier.
-Javier hace lo que Adrien desea, nada más.
-No sabía.
-Con él siempre es lo mismo, se vive con eso.
-Lo siento.
-Adrien es como los demás, muy en el fondo.
Tamara sorbió un poco de su bebida al momento que Carlota y Joubert despertaban.
-¿Quiere que vaya con Carlota?
-Por favor, Tamara.
-Qué bueno que traigo una manta, lo veo después Ricardo.
La mujer se levantó y le ordenó a Joubert cambiar de lugares. El chico accedió, regresando al descanso profundo apenas tomó asiento. Andreas por su lado giraba donde su padre.
-¿Cómo está el enano?
-¿Quién?
-Adrien ¿tengo otro?
-Ah sí, lo llamas "enano". Está controlado.
-Qué bien.
-Debió venir con nosotros, Javier lo está llenando de azúcar.
-Culpa a Tamara.
-Nada tiene que ver.
-Cómo no, nada más me obligó a sentarme hasta acá.
-Junto a la ventanilla, qué sacrificio.
-A ti te puso en medio y qué conveniente, ella en el pasillo y uno no puede escuchar lo que dice ni verla.
-¿Para qué quieres saber?
-Los vi tan cómodos que hasta me pregunté que se estaban haciendo.
-¡Oye, más respeto!
-Otra vez esa cantaleta.
-¿Qué?
-Nada.
-No te pases de listo.
-Es que ella te echa ojitos.
-Andreas, deja lo que estés tomando.
-Le gustas a Tamara.
-¿Te hizo daño el camino?
-Cuando fuiste a ver al enano...
-Traducción: Adrien.
-Lo que sea, ella habló de ti.
-¿Qué dijo, según tú?
-Una cosa de que eres muy buen padre y que a ella le hubiera gustado estar contigo y así bien cursi.
-No es cierto.
-Hasta preguntó si las prefieres malas.
-¿De dónde sacó tal?
-Yo que tú mejor le preguntaba qué se trae.
-Lo más probable es que nada.
-Todas las mujeres tienen intenciones y ella siempre se te junta para platicar o te hace tu café en casa, piénsalo.
Ricardo arrugó un poco la comisura de sus ojos y rememoró algunos episodios como las veces que él, estando en el sofá, había sido sorprendido por Tamara colocándose a su costado izquierdo para leer las noticias juntos o le ofrecía su ayuda para cuidar a los niños. Por curiosidad y posiblemente por recordarlo también, miró a la mujer arropando a Carlota y besando su frente, reparando en que la chica le abrazaba. Ricardo había contemplado escenas similares en casa, cuando Tamara les había brindado su compañía al ocurrir la pérdida de Gabriela y antes sucedieron por igual, previo a un torneo o después de un entrenamiento cuando Carlota apenas se sostenía por cansancio.
La mujer vio a Ricardo desde su asiento y se sonrieron mutuamente, un poco cohibidos por lo que habían oído de boca de un Andreas que, a su estilo, buscaba una nueva madre.
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