-¿Teniente Maizuradze? - preguntó una azafata.
-¿Qué se le ofrece?
-Acaba de recibir un mensaje.
-¿Cómo dice?
-Del Ministerio Ruso de Defensa, es urgente.
-Entréguemelo, por favor.
-Le aconsejo abrirlo en un sitio privado.
-¿Y eso dónde queda?
-La parte superior del avión está vacía, no mucha gente viaja desde Hammersmith.
-Asegúrese de que nadie aparte del gobierno ruso me espíe, gracias.
-Los pasajeros no pueden pasar a primera clase.
-¿Puedo permanecer allí en caso de necesitarlo?
-Hay teléfonos, tome el que desee, si quiere algo más, apriete cualquier botón amarillo.
-Entendido, se lo agradezco.
Irritado, el teniente Maizuradze se puso de pie y volteó a ver a su hija Viktoriya, misma que por atender a Gwendal no se daba cuenta de nada.
-Por aquí, teniente.
-La sigo, señorita.
El hombre ascendió por una escalera elegante y la aeromoza lo dejó solo. La zona era más cómoda de lo que esperaba y hasta se dividía en dos secciones gracias a una especie de sala donde era posible leer revistas o jugar ajedrez. Por seguridad, él optó por la parte trasera y se escondió en unos asientos, abriendo el sobre de inmediato.
-"Vuelo A228-FSM Rossiya Airlines, interceptado en el Mediterráneo, aterrizaje forzoso en Estambul, Turquía. Terrorista Sergei Trankov, capturado por fuerzas rusas. Situación actual: En traslado a Moscú. Gobierno Mundial neutralizado."
El teniente Maizuradze creyó sentir que había entregado a Trankov al cambiarle el boleto en el aeropuerto y el remordimiento fue instantáneo. "¿Cómo pude?", "Lo traicioné", pensaba y se acordaba de que todo era una gran maniobra de inteligencia. "Esos desgraciados, ¿quién me habrá descubierto?".
Desesperado, él se levantó rumbo a la sala y se retiró los anteojos antes de levantar el auricular y marcar un clave personal
-"Le escucho" - contestaron al otro lado de la línea.
-Dígale a Vladimir Putin que si alguien tiene la obligación de responderme es él y que no finja que no está en su oficina ¡Que no se esconda como rata!
-"Quite el altavoz y retírese. Los demás permítanme atender este asunto, los alcanzaré antes de la conferencia de prensa" - se escuchó y el teniente Maizuradze aspiró con fuerza.
-¡Putin! ¡Qué demonios te pasa por la cabeza!
-Maizuradze, felicitaciones por tu trabajo.
-¿De qué hablas? ¡Quiero saber quiénes me espiaron! ¡Fue orden tuya, traidor!
-Envié a la inteligencia a cubrirte la espalda.
-¡Arrestaste a Sergei Trankov! ¡Acordamos en Vichy que no lo tocarías!
-Hablamos de Hammersmith, no del aire.
-¿Me engañaste?
-Habríamos cazado el avión de Air France si no hubieras facilitado las cosas.
-¡Por qué!
-Hay que dar una buena impresión a Occidente.
-¿Desde cuándo quedas bien? ¡Suelta a Trankov, enseguida! ¡Es una orden!
-Vas a respirar hondo y retractarte.
-Tú no me vas a exigir disculpas, ¿quién te has creído?
-Tengo en mi poder el secreto que tu familia guarda desde ¿Constantino?
-No abras la boca o te degüello lentamente.
-¿Te pone a temblar que hable? ¿O será que alguno de tus hijos ya tuvo la alucinación con la niña del abrigo rojo y lo escondes?
-¡Eres un...!
-Dulcifica tu voz. La estridencia me pone mal de mi benevolencia.
-Ninguno está en posición de entregar al otro.
-Tú eres el que no puede darme la espalda ni actuar a su amparo, te recuerdo que de la sangre pura depende tu vida.
-No la defendí de los nazis para que me chantajees vulgarmente.
-El gobierno ruso te protege por conveniencia, quizás con otro presidente te funcionó victimizarte pero yo entiendo la magnitud de lo que tengo ¿no vas a arriesgarte por Sergei Trankov, verdad?
-¿Qué le harás?
-Lo que el Gobierno Mundial recomienda a cualquiera que lo atrape: Una sentencia pequeña en una cárcel al norte y después una negociación con la Marina del Gobierno Mundial. Si ellos quieren, lo llevamos directo a Cobbs una vez que nos reconozcan un par de anexiones.
-¿Qué dices?
-Trankov es un guerrillero hábil pero a nosotros no nos sirve más; Osetia y algunas ciudades, sí.
-¿Lo intercambias por tierra?
-Descubrimos nuevos yacimientos de gas, vamos a explotarlos.
-Putin, sabemos que puedes declarar territorio ruso lo que sea pero Sergei Trankov sólo hay uno, ¡no lo mandes al matadero!
-La decisión está tomada teniente, recibirás una retribución cuantiosa.
-¿En que prisión lo meterás?
-En una nueva, nos vemos en mi oficina cuando te canses de tus vacaciones o de tu hija...
El teniente Maizuradze se retiró el auricular justo al sentir un aire helado y el cosquilleo que le recorría la nuca antes de horrorizarse.
-¿Dónde está Sergei?
-Señorita Liukin ¿qué hace usted aquí? Regrese con su padre.
-Me dieron permiso de venir.
-¿La azafata no le dijo que los asuntos del gobierno ruso son confidenciales?
-¿Cuánto tiempo de vida le queda a Sergei Trankov?
-Será confidencial.
-Deme la cara, no sea cobarde.
El hombre volteó hacia ella, sintiendo que estaba en el lugar equivocado. Carlota y su atuendo, coincidente y siniestramente en rojo, sobresalían en medio de una locación congelada.
-¿Cuánto tiempo le queda a Sergei Trankov? - volvió a preguntar.
-Horas.
-¿Cuántas?
-Siete a lo sumo.
-¿Dónde lo encontraron?
-Lo detuvieron en Turquía.
-¿A dónde iba?
-Moscú.
-¿Por qué un viaje a Rusia toma menos tiempo que a París?
-Nunca tuve esa duda.
-¿Usted sabía que arriesgaba a Sergei?
-Juro que no.
-Deme el teléfono.
-Carlota...
La joven se aproximó al teniente Maizuradze, obligándolo a apartarse. Éste último creyó que si la tocaba, caería muerto.
-Maizuradze, sé que Sergei Trankov es tu amigo pero la política está antes que las lealtades - oyó ella y con un gesto duro, tomó la palabra.
-¿Vladimir Putin?
-¿Quién es?
-La niña del abrigo rojo.
El teniente Maizuradze gritó "¡Carlota, no!" pero ella y su mirada eran espeluznantes.
-Libere a Sergei Trankov - ordenó.
-Nadie me ordena, menos una chiquilla idiota.
-No me desafíe.
-Oye bien, niña tarada: Yo tengo a Sergei, tú no. Es mi trofeo, no el tuyo. Si quieres su cuerpo destrozado, recógelo en Cobbs.
Carlota soltó el auricular, impotente. El hielo a su alrededor desaparecía y su faz recuperaba cierta inocencia.
-¡Maizuradze! Usted tiene la culpa.
-Señorita, le aseguro por segunda vez que no tenía idea.
-¡Dígale a Vladimir Putin que si algo malo le sucede a Sergei, lo mataré! ¡Putin, te voy a matar!
-Calma, con amenazar no llegará a nada.
-¡Si asesinan a Sergei, yo misma cobraré su venganza! ¡Putin, jura que me pagarás con tu sangre!
Carlota, debilitada y angustiada se sentó a llorar, inconsciente de lo irracionales que eran sus frases, pero pensando en el peor de los escenarios posibles. El teniente Maizuradze, espantado, decidió concluir la llamada.
-Presidente...
-Si esa niña vuelve a amenazarme, verá a su madre hecha cadáver de verdad.
Putin colgó y el teniente Maizuradze, fatigado y con temor colocó el auricular en su sitio. Carlota no se hallaba más, pero en el lugar donde sus lágrimas habían caído, se llenó de hermosos diamantes.
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