El asesinato de Stéphane Verlhac provocó una oleada de protestas en París. A toda hora, en cada rincón, sin importar el tráfico detenido o las oficinas paralizadas, las multitudes marchaban vestidas de negro y exigían justicia mientras la fotografía de Carlota Liukin llorando al entrar a una gendarmería se convertía en un ícono del estado de ánimo nacional. Para Adrien Liukin ese detalle era indignante y al frente de la reciente movilización nocturna, le comentó a su primo Javier que quería visitar el apartamento de Montmartre que aparecía en la viñeta final del "Star du North" para averiguar de una buena vez porque su hermana y Sergei Trankov eran culpables de todo.
-No hay motivos, ni uno solo.
-Pero yo los voy a encontrar, a mí no me van a ver la cara.
-¿Qué ganaríais si encontramos el departamento clausurado?
-Saber que Carlota y Sergei hicieron algo muy malo.
-¿Cómo qué?
-Tener sexo.
-Pensé que no hacías caso a las sospechas de tu padre.
-Cuando algo no está bien, buscas que nadie se entere ¿Qué crees que temían esos dos con Verlhac?
-Honestamente, no te creo.
Javier bajó la cabeza, casi consintiendo la versión de Adrien y recordando las confesiones de Trankov sobre Zooey Izbasa, imaginando que a lo mejor hasta ella había hecho lo imposible por no ser descubierta en su momento. Del guerrillero admirado desde hacía tiempo quedaba una caricatura deleznable.
-Iremos.
-Qué bueno, porque me está cansando ver como culpan a otros.
Ambos abandonaron como pudieron la marcha y aun así se quedaron en una orilla a verla por un rato, mientras Javier aprovechaba para tomar un par de fotografías y recordar que el editor de "Les incorrects" había anunciado que imprimiría, al menos, un millón de ejemplares del nuevo número de la revista con más parodias de las acostumbradas.
-Dicen que los musulmanes se ofendieron - dijo por expresar algo.
-Ahora resulta que cualquiera puede cargar el muerto.
-Adrien, sólo hay que ver la última tira de Verlhac.
-Burlarse de Mahoma es una cosa, para matar a un tipo necesitas algo más fuerte. Cuando resulte que Carlota tiene que ver en el asunto, tú mismo le dirás a mi padre.
Adrien tomó rumbo al norte y su primo lo siguió en medio de la confusión que le provocaba comprobar que París parecía una ciudad fantasmal si abandonaban la Plaza de la República y que la vigilancia policial ni siquiera advertía que detrás cobraba vida el reino de las ratas y los indigentes y que entre estos, había dos de mirada tan torva que helaba la sangre.
-¿Son lo que aparentan ser?
-Un par de cuervos inútiles, no son nuestros amigos del gobierno.
-¿Por qué parecen serlo?
-Porque saben más de lo que quisieran.
-Adrien, no quiero ir.
-Pero Verlhac era nuestro amigo y Carlota es mala.
-¿Qué dirección?
-Calle Guy Môquet, edificio 78, departamento 25 C.
-Que claro.
-Verlhac no se andaba con indirectas.
Los dos continuaron largo rato recorriéndolo todo y al llegar a Montmartre, el viento casi los estrellaba contra el piso. Aun así, no se rindieron.
-¡Que muera la reina de las nieves! - gritó el niño antes de que su propia perseverancia lo llevase al edificio Balzac en donde le abría la puerta un joven que se le hizo conocido. Consultando su cómic, supo que era hora de saberlo todo.
-¿Tú qué, enano?
-A mí no me dices enano, ni que fueras mi hermano.
-Te conozco, eres el autista falso de los Liukin... ¿Sorprendido?
-Tú eres el tipo de la supermemoria.
-Me gusta cuando naufragas como defectuoso y conoces a cualquiera perfectamente. Mi jefe es amigo de tu familia ¿y el que viene contigo quién es?
-Javier, mi primo.
-Lo vi antes pero pensé que era tu cuidador.
-Es reportero.
-¿Eso lo trae por acá? ¿Te pone por delante?
-Investigo algo que pasó aquí.
-Adelante, estoy solo.
-¿Los demás?
-Fueron a la marcha.
-¿Por qué tú no?
-Porque te estaba esperando.
El todavía desconocido abrió su chaqueta y sacó un ejemplar de "Star du North", dejando casi atónito a Adrien. A partir de ahí, Javier Liukin se hizo cargo de las preguntas.
-Vale, vale, que no resolveremos nada si seguimos así.
-¿Has perdido el acento español?
-Primero ¿Quién sois?
-Sí claro, un consejo: no fuerces tu acento, el francés te está ganando.
-No te importa.
-Luke Cumberbatch me llaman. Amigo y colaborador directo de Jean y Judy Becaud; más bien el cocinero.
-Judy cocina.
-No tanto como antes.
-Bueno, pero estamos aquí por otra cosa.
-El cazador y la princesa ¿no?
-Supimos que mi prima Carlota y Sergei Trankov estuvieron aquí.
-¡Carlota, la classe!
-¿Es cierto o no?
-Pasaron un par de horas aquí.
-¿Supiste qué hacían?
-No es mi problema.
-Es que puede ser el motivo por el que mataron a Stéphane Verlhac.
-¿No fueron los terroristas?
-¿No lees tu cómic?
-Sí, pero nadie mataría a Verlhac porque Trankov invitó a una chica.
-¿Por qué Trankov entró a tu departamento?
-Me llamó y me dijo que estaba con una amiga en Les Halles, querían estar solos y me preguntó si le prestaba mi televisión y mi refrigerador.
-¿Te comentó algo más?
-Lo vi entrar pero no me presentó a Carlota.
-¿Te quedaste para saber qué planes tenían?
-No, mejor fui con mi vecina, tuve suerte.
-¿Sabes que Carlota es una niña?
-¿En serio le creyeron a Verlhac?
-La trama es explícita.
-Lo único que noté es que no tengo palomitas y que mi televisión se trabó en Cartoon Network©. Si hubiese pasado algo más, se habría escuchado, ¿no se dan cuenta de que las paredes son unos triplays del grosor de un papel? Cualquier cosa se oye, hasta la respiración.
Cumberbatch se cruzó de brazos.
-¿Carlota está bien? La vi esta mañana en la gendarmería, urge que le controlen a los periodistas o le contraten a un gorila como guardaespaldas.
-Mi prima sólo fue a decir lo que todo París sabe.
-Ver un cadáver ha de ser muy nuevo para ella.
-¿Qué quieres decir?
-No es la primera vez que matan a alguien en su nombre.
-¿Qué?
-Verlhac les ha puesto la evidencia en la nariz, Trankov no llega a tanto por nadie.
-¿Entonces sí fueron los terroristas?
-O es lo que quieren que creamos, pensándolo bien.
-Qué confuso.
-Ni siquiera sé cual es la sombra que sigue al cazador en la viñeta de la página 16 y a Carlota la acecha otra en todos los números.
-El cómic no siempre habla de ella.
-Lo hace.
-¿Dónde vas?
-A la marcha.
-¿A qué?
-A los asesinos les gusta ver sus obras.
-Estuvimos ahí, no vimos raro.
-Pero a mí nunca se me puede escapar nada. Trankov está siguiendo a la multitud desde los tejados.
-No nos dimos cuenta.
-Y eso que no soy observador ni pongo atención, caminen.
Cumberbatch guardó sus manos en los bolsillos de su abrigo y Javier fue detrás mientras Adrien intentaba entender como era posible que el nuevo compañero entendiera su lenguaje. Lo más intrigante era que este último de verdad sabía cualquier clase de atajos mientras les decía lo que podían encontrar en cada techo a menudo. Desde francotiradores hasta espías, el aire era un imperio insorteable que tarde o temprano caería sobre cualquiera que se atravesara.
-Trankov le ha enseñado a Tennant Lutz como cruzar ese desorden.
-¿Nuestro amigo?
-La tal Adelina es otra que se vale de artimañas para mantenerse con los guerrilleros.
-¿Tú qué haces?
-Supermemoria y burlarme.
-¿Tenías que ver con Verlhac?
-Fui office boy en "Les incorrects".
-¿En serio?
-He tenido más empleos que chicas y eso que han sido varias.
-Presumes mucho.
-Silencio.
-¿Qué hay?
-Tejado, tejado... Enfrente, shhh...
Javier y Adrien se miraron confusos cuando una voz de mujer se propagó por doquier. No iba sola pero Sergei Trankov se veía en un reflejo. Las miradas se fueron hacia arriba.
-¡Sergei! ¿Te agrada? - preguntó la dama.
-Talullah, ¿qué demonios hiciste?
-Protegerte.
-¿De qué estás hablando? Irme arrestado sería lo de menos.
-¡No te confundas!
-No entiendo.
-Te vi en St. Martin con Verlhac.
-¿Qué?
-Si publicaba esa caricatura todo nuestro trabajo se iba a ir por la borda.
-¿Perdón?
-Me deshice del problema, ahora puedes ir con Carlota Liukin y no preocuparte porque alguien sepa que les gusta hacer cuando están solos.
-¿Talullah, qué pasó?
-Verlhac no puede hacerte daño, fue muy fácil enterrarlo, culpamos a Al Qaeda y ¡voilá!
-¡Tú ocasionaste que la gente se volviera loca!
-Sergei, te cuidé. Tu aventura o lo que sea que tengas con Carlota está a salvo.
-¡No tengo nada!
-Es que también te vi en ese apartamento, no me puedes esconder que ella te gusta y tú le gustas y pasó lo que es natural pero que nadie aprueba porque es una chica muy joven.
-¿Corriste la cortina?
-No, pero vi cuando se acostaron en el sofá.
-¡A ver Ed, Edd y Eddy!
-Pero la besaste.
-Una vez pero no la toqué.
-Fue mucho tiempo.
-Porque después me obligó a quedarme dormido con el maratón de Hey Arnold!.
-Pensé que ustedes ...
-¿Mataste a Verlhac por nada?
-No puede ser ...
-¿Por qué pusiste el cadáver en casa de Carlota Liukin?
-Para que supiera que todo iba a estar bien.
-¡Está con la policía! ¡Y su hermano le gritó "asesina"!
-No fue exactamente lo que Adrien Liukin dijo.
-¡Aléjate de Carlota!
-¡No me maltrates, Sergei!
-Arregla esto.
-No puedo, el Gobierno Mundial montó la escena.
-Verlhac era mi amigo, tú vas a pagarme por esto.
-¿Cómo?
-Diré que fui yo.
Cumberbatch únicamente alcanzó a ver el salto de Trankov a otro edificio antes de perderlo de vista e intuyendo que los descubrirían pronto, llevó a Adrien y Javier a la manifestación, ordenándoles mezclarse entre la gente.
*Este cuento es ficción, por favor no traten de hallar en él algo más.
.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario