I
Matt se encontraba en la playa. Era mediodía. Aquél sábado no podía ver a Lía porque ella iría con sus padres a Toud. El calor era muy intenso y al chico lo recorría una sensación de tedio y enfermedad. La marea era muy agresiva con él. Así había sido toda su vida. Era evidente que el mar no lo quería y lo rechazaba de forma cada vez más violenta. Cuando niño, Matt tuvo la aterradora experiencia de ser casi tragado por las olas para después ser expulsado en las rocas. Desde ese día sólo empapaba sus pies por la fobia que sufría al agua. No supo cuándo pero de repente se quedó dormido.
Los pasajes de su mente se confundían y lo atormentaban. A menudo se despertaba deprimido y sudando frío pero tenía un sueño recurrente: una mujer que caminaba por la ciudad, con ropa rara y otras cosas igualmente extrañas lo esperaba con ansiedad en la misma calle a las tres de la tarde. Al verlo se arrojaba a sus brazos e iban a distintos lugares. Era como si tuvieran una cita diferente cada ocasión. Él se cansaba de pasar el atardecer a su lado y lo más estremecedor era cuando le prometía volver. Matt se esforzaba en decir que no pero cuando ella le preguntaba si regresaría no podía negarse. La enigmática joven juraba que lo adoraba y él le correspondía. Lo más bonito se presentaba cuando nevaba. Los lagos congelados eran excelentes para patinar y jugar; la seducía y después de amarla carnalmente le preguntaba su nombre; Matt lo olvidaba apenas abría los ojos y se sentía culpable. Creía que le era infiel a Lía de algún modo pero no aún no podía detener esos episodios que se estaban volviendo diarios, llenándolo de remordimiento.
-Quiero que te vayas - repetía - No me vuelvas loco.
Pero era inútil. Cerró los ojos de nuevo y no se libró de la aparición de su compañera inconsciente.
-¿Quién eres?
-Me amas.
-No te conozco.
-No vendrías Matt.
-Estoy enamorado de Lía.
-Hace mucho tiempo la dejaste.
-Tú jamás has sido real. Ni siquiera sé tu nombre y no entiendo porqué no luces como las chicas normales.
-Lo mismo me han dicho de ti pero me encantan tus trajes.
-¿Qué deseas de mí?
-Que ya no olvides que vives aquí.
Matt comprendió que se confundiría más si continuaban las preguntas pero volvió a cuestionarla.
-¿Cómo te llamas?
-Carlota.
Anocheció cuando el chico abrió los ojos.
-Carlota... Carlota déjame de una vez.. Que sea el último encuentro por favor.
Se levantó y fue a casa.
II
-Edwin
-¿Qué sucede pequeña?
-¿Ya llegó mi madre?
-Se quedó en la estación. Tiene que arreglar un par de cosas.
-¿Y Andreas?
-Llegó hace dos horas y está encerrado en su cuarto. Lo dejaron ir porque Anton declaró a su favor.
-¿En serio?
-Sí.. Todo estará bien.
-Gracias por quedarte conmigo.
-Gabriela no iba a dejarte sola.
La niña miró el reloj. Eran las dos de la mañana.
-¿Qué tienes?
-Algo me está molestando.
-Cuéntame.
-¿Es normal soñar con gente que no conoces?
-Bastante común.
-¿Y también lo es sentir algo por él?
-¿Por quién?
-Últimamente he soñado con alguien.
-¿Y qué sucede?
-Él viste anticuado .. Y yo tengo veintiún años. Se supone que vamos a un montón de sitios pero al final él no recuerda quién soy y siempre tengo que decirle mi nombre.
-¿Y tú sabes el suyo?
-Matt.
-¿Qué te tiene tan inquieta?
-Lo que pasa entre él y yo cuando vamos a los lagos.
-¿Puedo saber?
-Me da pena porque soy chiquita.
-¿Es algo muy íntimo?
-Una mujer me entendería mejor.
-No te preocupes.
-Le digo siempre que lo extraño cada que se va y que lo amo.
-¿Eres feliz con esto?
-Lo espero en la puerta de este edificio a las tres y no puedo evitar abrazarlo.
-¿Le has preguntado porqué lo ves?
-Matt tampoco lo entiende.
Carlota tomó agua y Edwin la durmió de nuevo. Durante el sueño coincidió con el desconocido quién en 1914 estaba en cama, enfermo de fiebre.
Hola!
ResponderBorrarMuy bonito post, sabes?, yo quiero escribir así de hermoso como lo haces tú, la verdad no puedo hacerlo. Lo único que puedo hacer es escribir con el corazón aunque mi redacción, mis ideas sean desordenadas, que parezcan una chiva a precipicio.
Saludos!