martes, 15 de marzo de 2011

Gwendal


-Cuéntanos como te sientes ahora, no tengas miedo.
-No puedo maestra.
-Trata de externarlo, no fue tu culpa.

De pie en su salón, Carlota había escrito su ensayo semanal para la clase de Sexualidad. Por lo sucedido días antes, por primera vez se le pidió a las alumnas que se limitaran a hablar acerca de la trifulca con los chicos. Muchas de las niñas tenían hermanos en el Colegio Ruso y si algo tenían en común en sus redacciones era que pensaban que se repetiría tarde o temprano algo similar.

-Anda, yo estoy aquí- Intervino Amy.

Carlota respiró profundamente, tomó su hoja y procedió:

-Amy me dijo ese día que nos fuéramos porque algo andaba mal. Yo no sabía porqué casi corría para llegar a otra calle pero cuando vi a Hoult me asusté.... Él venía con Sandhu y Guillaume.. Con Guillaume yo tuve un problema antes de que me cambiaran de escuela; no pensé volver a verlo... Hoult me perseguía y cuándo me tiró, sentí que me iba a hacer algo malo .... ¡Ay no puedo!
-Tranquila. Toma asiento.
-Quiero ir a casa.

Amy le colocó el suéter y lloró con ella. En la tarde, ambas tenían que iniciar una terapia.

-Creo que hoy nos retiramos temprano. Quiero que entiendan que no voy a exponer a su compañera Carlota; mi interés es que ustedes comprendan la gravedad de lo ocurrido. Por favor no le hagan preguntas ni la hostiguen.

Las chicas se iban en silencio. Ricardo, que acaba de regresar de Italia esperaba a su hija.

-¡Te extrañé!
-Ya estoy aquí. Vamos a estar bien.
-La he pasado fatal.
-Hable con tu madre y voy a conversar con todos en la noche. Al menos ya no tendrás que lidiar con tus ex compañeros de la Cívica y Adrien tampoco porque lo acabamos de matricular con los rusos. Supe que tus amigos compartirán el grupo.

Ambos se reunieron con Gabriela y fueron al supermercado. En casa arreglaron el comedor. Adrien llegó después de comprar el material que requería para su nuevo colegio. Como de costumbre, la familia recibía muchas llamadas y entre las tareas, el equipaje de Ricardo y la sesión de Carlota con la psicóloga que le habían asignado, Andreas se apareció.

-¿Dónde estabas?
-Por ahí.
-Esas no son respuestas.
-¿Cuándo te he dicho mi rumbo Gabriela?
-Por lo menos saluda a tu padre.
-Ah ¿Qué hay?
-¿Ni siquiera un cómo te fue?
-Te veo bien, volviste.. mmm ¿Para qué pregunto?
-Respétame Andreas.
-Por eso no cuestiono lo evidente.
-Ya que pasó un momento brillante le pido a ambos que se laven las manos. Necesitamos estar como la familia que somos, conviviendo civilizadamente. Los espero en la mesa.

Contrario a lo planeado, el silencio reinó y pronto Gabriela se dió cuenta del fracaso de sus planes. Mientras sus hijos bromeaban discretamente entre ellos, Ricardo no se atrevía a abrir la boca. Ni ella pensaba en algo oportuno. Al terminar, Carlota se quedó en la sala. Su padre le dijo que estaba preocupado. Considerando el momento, Andreas y Adrien se acercaron. Su hermana se derrumbó.

-¡¿Qué le hice a Hoult?! ¿Por qué no me deja en paz?
-Calma no tienes la culpa
-¡Ya me cansé de que siempre me digan eso! ¡A ustedes no los tuvieron en el piso tratando de quitarles la playera!
-Nos duele tanto como a ti.
-¡Y sufrí mucho viendo como amenazaban a Andreas en la pelea y casi me muero de náuseas cuando tuve que decirle a todo mundo lo que me pasó! ¡¿De eso quieren hablar?! ¡Yo no!
-Entiendo Carlota. Me da miedo que te hagan daño, a tu padre también.
-No me importó la navaja de Hoult en ese momento, era lo de menos; nadie te pone una mano encima, para eso estamos los hermanos.
-¡Pudiste morir Andreas!
-¡Sólo fue el brazo!
-¡Eso es lo que más me molesta! ¡No te importa! ¡Hoult te pudo herir en el estómago o el corazón!
-¡O le pudo pasar a tu amigo!
-¡Creí que sacarías a Antón de ahí y nos iríamos! Me sentí peor cuando Adrien tuvo que salvarte poque casi lo lastiman.

Consternados por las emociones exaltadas, Gabriela y Ricardo a medianoche se quedaron solos. Era uno de esos instantes en los que dudaban de sus capacidades paternas.

-Hace un minuto eran niños que nos tiraban el licuado en la cara o metían lombrices.
-Y no tomábamos tanto café.
-Nos estamos volviendo espectadores Gabriela. ¿Por qué no estuve aquí para proteger a mi niña?
-¿Y dónde estaba yo? Me siento tan culpable y tan irresponsable.
-Compartido.
-¿Alguna vez imaginaste que nos toparíamos con esto y descubriríamos que ellos son capaces de defenderse y arriesgar todo? No sabemos manejar el crecimiento de nuestros hijos. Andreas hace a voluntad, Adrien está dejando de pensar en consecuencias y Carlota que es mucho más delicada no puede soportar el crecer y se volvió blanco de agresiones que si no se tratan la dejarán traumada. Se supone que estamos capacitados para las emergencias y resulta que los desatendimos.
-Andreas ya no nos toma en cuenta y después de lo que ha pasado menos.
-¿Hablamos con él?
-El problema es cómo nos dirijimos, si vamos a terminar discutiendo no va tener caso.
-En eso tienes razón.
-Adrien no socializa.
-Estoy tratando de corregir eso aunque admito que intervenir por su hermano me pareció buena señal dentro de lo poco rescatables que han sido éstos días.
-Sorprende.
-Calota me contó que no quiere salir pero estoy diciéndole que lo enfrente.. No tengo un sólo argumento coherente en su caso y eso que soy mujer.
-¿Crees que a la larga el cambio de escuela le ayude?
-Al principio fue para que ya no la molestaran y mira. Quería posponer su transferencia hasta que tu estuvieras aquí pero considere que ella perdería muchas clases..
-¿Qué vamos a hacer?

En ese instante el timbre sonó. Ricardo atendió.

-Buenas noches.
-Buenas noches ¿En qué puedo ayudarlo?
-Me da gusto verte.
-¿Quién es usted?
-Gwendal Mériguet, tu hermano.

Ricardo lo miró fríamente.

- Busqué a Lorenzo pero nunca me recibió, me cancelaba la cita. Cuando me entere de que vivías aquí vine de inmediato; casi los alcanzo en Italia pero me fue imposible localizarlos.
-¿Así que mi padre sí se fue por Elisabetta?
-Ella me dijo que los tengo a ustedes; los he buscado toda mi vida.
-¿Cuándo naciste?
-Mayo del 72.

Gabriela tan sorprendida como su marido le sugirió que hablara con el desconocido.

-Mi padre nos abandonó ..
-Los recordaba todo el tiempo o eso parecía pero no los mencionó.
-¿Fue bueno contigo?
-El mejor papá.
-Odié a tu madre y lo odio a él...
-Lo siento.
-¿Te parece muy fácil pedir una disculpa?

Gabriela intervino :

Ricardo no seas muy duro .. ¿Y si mejor lo dejamos pasar? Tienen mucho de qué conversar.

Su marido confundido se dirigió a Gwendal:
-No representas algo bueno para mí.
-Por lo menos dame la oportunidad.. No me la niegues como Lorenzo que es muy orgulloso.

Considerando las circunstancias, Ricardo accedió. Ambos fueron al balcón principal y Gabriela cerró la puerta, notando que Gwendal se parecía demasiado a su esposo.


1 comentario:

  1. Hola!,

    Fijate que lo había leido en la mañana, pero no lo comente. Me encanta como escribes, de hecho quisiera hacer historias o novelas como las tuyas, pero no puedo.
    Felicidades compañera!
    ; )

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