Mientras la ciudad de Venecia celebraba la carrera de botes en Lido y se anunciaba la ceremonia de las velas flotantes en San Marco para las nueve de la noche, en la pista de hielo de la calle Grigolina había actividad frenética.
Maurizio Leoncavallo intentaba guiar en lo que fuera a su hermana Katarina mientras obligaba a Carlota Liukin a tomar un descanso en las gradas y a los chicos de danza a esperar su turno.
-Me extraña que te hayas aprendido tu rutina y Katarina no - comentó Cecilia Torn al tiempo que bebía un poco de suero.
-La estudié desde el lunes - contestó Carlota.
-De todas formas, me impresionas. Jussiville y yo batallamos en el verano para tener nuestros programas.
-¿Qué les tocó montar?
-Tango, latino, quickstep y nuestro libre de Björk.
-Suena a mucho trabajo.
-Tengo los pies molidos.
Carlota abrió otro suero y escogió asiento cuando escuchó la risa de Maurizio luego de una queja de su hermana sobre unas transiciones que no salían bien y por la secuencia de pasos en la que se sentía lenta.
-Katarina, tus brazos son alas muy grandes. Eres el cisne más bello que se ha visto; incluso más que el cisne blanco.
-Parezco pato.
-Mueve más los brazos, relaja los hombros y alíneate.
Maurizio tomó a Katarina de la cintura y ella trató de corregir su postura mientras se esforzaba por no temblar.
-Katy, piensa en... Me imagino que Miguel te gusta tanto que te encantaría seducirlo para que no se vaya con otra.
-¿Seducir?
-El cisne negro es extravagante y malvado. El cisne negro es bellísimo.
Katarina observó fijamente a su hermano y le acercó tanto el rostro, que él dio un paso atrás. Ella, en cambio, extendió su mano izquierda y le tocó la mejilla, provocando el desconcierto en los demás.
-Si quisiera ver un cisne blanco, le habría dicho a Carlota que repitiéramos su montaje de la temporada pasada - replicó Maurizio a aquél gesto y se separó de ella para indicarle que repasara la rutina completa. Como era habitual, él no reparó en nada extraño y siguió inmerso en sus notas mientras pensaba en la manera de solucionar el problema de interpretación de su hermana, así como las pésimas líneas en su ejecución técnica.
-Llamaré a Karin para que nos ayude con los pasos ¿de acuerdo? - anunció Maurizio y Carlota optó por voltear hacia Cecilia Torn y Jussiville Partanen para no cruzarse con la mirada de su coach.
-¿Qué fue eso? - les preguntó Carlota.
-No has visto nada. Cecilia y yo sentimos que a veces les estorbamos - admitió Partanen.
-Me ha pasado lo mismo.
Carlota entonces, hizo repaso mental de lo sucedido durante su pasado torneo en Murano, pero no llegó a ninguna sospecha porque la misma Katarina la interrumpió con otro desacuerdo, así que prestó oídos porque podía ser importante.
-No puedo trabajar con Karin - protestaba la joven Leoncavallo.
-La coreografía no está lista.
-¿Por qué no seguimos con "La boheme"? Skate America es la próxima semana.
-Debemos terminar este cisne con mayor razón.
-No va a quedar.
-Esfuérzate.
-La rutina ni siquiera me gusta.
-No es de que te guste, es de que los jueces quieren que hagas cosas diferentes.
-Soy un pato.
-Por eso voy a decirle a Karin que te auxilie.
-Hay tiempo de arrepentirnos.
-No voy a discutir, Katy.
-Mauri, no puedo.
-No llores.
-He trabajado mucho esta semana y no avanzo.
-¿Eso crees? Faltaste a una sesión y estuvimos encerrados en una oficina ¿recuerdas?
-¿Por qué me hiciste esto?
Katarina estrechó a su hermano con fuerza y sus lágrimas cayeron en el pecho de él. Maurizio sabía que ella se hallaba frustrada y que necesitaba dejarla dar un par de vueltas al hielo para calmarla. Cecilia y Jussiville comprendieron que serían atendidos en ese instante y saltaron a la pista con la intención de ignorar el drama y ver unos detalles en su quickstep que no les agradaban. Carlota por su cuenta, inició unos ejercicios con una cuerda y unos conos para que su entrenador no creyera que no hacía nada y se colocó unos tapones para aliviarse también de la voz aniñada de la joven Leoncavallo.
La actividad volvía a la normalidad conforme transcurrían los minutos y Maurizio insistía en los twizzles de Torn y Partanen, cuando la puerta del club se abrió sin advertencia. Como todos pararan, Carlota giró con la expectativa de que fuera Sergei Trankov y a Katarina le saltaba el corazón.
-Las dos, vayan al vestidor - ordenó Maurizio y ambas se disponían a hacerlo pero sin saludar o pedir permiso, entró una pareja que seguramente había discutido o cuando menos, disgustado por haber tenido que ir allí. El equipo Leoncavallo, menos Katy, se reunió en los asientos y dejaron a aquel par reprocharse todo lo que querían hasta que Carlota saltó a saludar. Los impertinentes eran nada menos que Shanetta James y Morgan Loussier, unos patinadores de figura que se habían vuelto conocidos por ganar una medalla en el campeonato de Europa.
-¡Shanetta! Creí que te vería hasta Bompard - exclamó Carlota antes de abrazarla y lo mismo hizo con Morgan.
-Tuvimos que venir primero para acá - añadió Shanetta.
-¿Cómo están todos en Tell no Tales? Llamé muchas veces y nadie respondió.
-Siguen casi todos entrenando con Ingo Carroll y viviendo en el barrio Calais.
-Me preocupé por lo del terremoto.
-Estamos bien, supimos que hiciste donativos.
-¿Quién les dijo?
-Haguenauer.
-No me extraña nada.
Morgan Loussier bostezó y prefirió dirigirse hacia Maurizio Leoncavallo sin ceremonias. Shanetta respiró profundo y fue detrás de él, guardando un metro de distancia y disculpándose con Carlota por no poder ser más educada. La joven Liukin regresó a su butaca con desconcierto.
-¿De dónde los conoces? - inquirió Jussiville Partanen.
-De Tell no Tales. Compartíamos horario de gimnasio.
-¿Son así siempre?
-Quien sabe que habrán hecho.
-¿Dan problemas?
-Shanetta no.
El grupo quedó en silencio y Morgan tomó la palabra:
-Vinimos a entrenar ¿por dónde empezamos?
Maurizio Leoncavallo se cruzó de brazos y dio un par de instrucciones a Katarina antes de mirar a Shanetta y Morgan con disgusto.
-Quiero una explicación - les dijo.
-Dejamos a Zimmerman - replicó Morgan secamente.
-¿Por qué entraron aquí sin llamar a la puerta?
-Está abierto.
-No es verdad.
-No tenemos tiempo y Bompard es pronto.
-Tampoco tengo tiempo y Bompard es pronto.
Maurizio se sorprendió de usar la misma respuesta de Morgan y éste último no ablandó su actitud.
-Tenemos los montajes hechos, sólo queremos asesoría.
-¿Por qué me insisten? No entiendo, señor Loussier.
-Eres entrenador, trabaja.
-¿Qué pasó con Jimmy Zimmerman?
-Renunció.
-¿Por qué vinieron a mi pista?
-No nos interesa colaborar con alguien más.
-Es interesante. Primero dicen que vienen a entrenar, luego que quieren asesor y ahora un colaborador. Cuándo definan las necesidades, tal vez los atienda unos minutos. Addio.
Maurizio Leoncavallo le pidió enseguida a Katarina marcar sus transiciones para que las memorizara y ella obedeció sin tardanza. Shanetta James sentía una gran vergüenza y se dispuso a salir pero Morgan la retuvo y los demás permanecieron sin respirar.
-Zimmerman me echó. Busco entrenador - estableció Morgan y Maurizio le prestó atención nuevamente. Katarina era la única que continuaba concentrada en sus labores.
-Zimmerman tiene más paciencia que yo ¿Qué se necesita para enfadarlo? - curioseó Maurizio.
-Le di un puñetazo - admitió Morgan.
-Por mi parte, es un "no, gracias".
-Como gustes.
Morgan Loussier regresaba por su camino y Shanetta suspiraba para asimilar el bochorno al tiempo que Maurizio se cuestionaba qué diablos haría con ellos. Si su colega Zimmerman había tenido el valor de enfrentarse a Loussier, significaba que nadie más estaba dispuesto a soportar a ese patinador y por su talante brusco, más valía deshacerse de él cuando culminara la temporada.
-Para ustedes soy Maurizio y si llegan tarde no hay entrenamiento. Cualquier falta de respeto y te marchas, Morgan.
-¿Nos aceptas? - preguntó Shanetta.
-Realicen calentamiento y estiramientos hasta que les indique que pueden mostrarme lo que han hecho ¿Cuáles son sus programas?
-Canciones de Ed Gibbons y Perturbed.
-Se rumora que están fuera de forma, Shanetta.
-No es verdad.
-Lo sabremos. A trabajar.
Maurizio estaba a punto de llamar a sus otros alumnos nuevamente pero notó que Morgan se despojaba de su playera polo y Carlota y la propia Cecilia reaccionaban con felicidad.
-Nunca me cansaré de que haga eso - comentó la joven Liukin.
-¿Cuántas veces te tocó verlo?
-Diario por cinco meses, Cecilia.
-Viva el team Leoncavallo.
-Aleluya.
Las dos sonreían grandemente y Morgan las miró cuando pasó frente a ellas, disfrutando que lo contemplaran mientras empezaba a trotar para estar listo. Maurizio sólo atinaba a pensar "¿en qué me acabo de meter?" ante tal escena y le ordenó a Jussiville Partanen continuar con sus giros. Shanetta James, por otro lado, informaba a la Federación Francesa su repentina asociación con Leoncavallo e hizo saber a los demás que el contrato llegaría la siguiente semana.
-Estaré con Katarina en Nueva York, no creo poder revisar los papeles. Lo haré en Bompard - puntualizó Maurizio.
-Zazoui dice que está conforme.
-Salúdame al jefe.
-Pregunta por Carlota ¿cómo van sus prácticas?
-Está mejor preparada que en Murano.
-Que eso espera. Manda saludos.
-Gracias Shanetta.
La joven colgó luego de un momento y comenzó sus estiramientos.
-El jefe los regañó ¿me equivoco? - prosiguió Maurizio.
-Es la segunda vez que corren a Morgan de un club.
-¿Por qué se peleó con Zimmerman?
-No lo sé. Detuvo un entrenamiento y sólo le dio un golpe.
-¿Sin una razón?
-Le he preguntado y no contesta.
-¿Es iracundo?
-Casi no habla.
-Esa es una mala señal.
-Es muy buen patinador, no voy a dejarlo.
-Nunca te pediré que lo hagas.
-Perdón por llegar sin avisar.
-Te advierto, Shanetta, que puedo ayudarlos con sus spins, elevados y coreografías pero no domino nada sobre landings o twists. Lo mío es la danza y ustedes... Ustedes saltan.
Maurizio mejor se volcó en afinar detalles con Jussiville Partanen y en pedirle a Katarina que marcara sus posturas a pesar de que ella no lograra hacerlo correctamente. Al igual que con Carlota Liukin, él entró al hielo a mostrarle a su hermana cómo ejecutar su ejercicio hasta que ésta resbaló y no tuvo ánimos de levantarse.
-Una ronda más - dijo Maurizio.
-No quiero - confesó Katarina.
-No te rindas, venga.
-No me siento bien.
-No voy a ordenártelo ¿o sí?
-Mauri, de verdad, no puedo seguir.
-¿Quieres que te dé de baja de Skate America?
-¿Harías eso?
-Si necesitas tiempo para ajustar bien el programa, podemos saltar esa competencia y presentarnos en enero.
-¿Enero? ¿Hasta el campeonato de Europa?
-Katy, aprovecharemos el tiempo y el cisne quedará para esas fechas.
-¡Quiero calificar al Grand Prix Final! Tengo que ganar Skate America para eso.
-Levántate y vuelve a repasar.
-¡No voy a actuar como tu estúpido pato!
-¡Fáltame al respeto y abandonas mi grupo!
-¡Maurizio!
-De pie.
-¿Por qué un cisne?
-Salga de la pista y marque las figuras que le pedí aunque su cuerpo la esté matando. No me haga exigírselo por segunda vez, señorita Leoncavallo.
Katarina se incorporó adolorida y con el llanto en los ojos, se retiró los patines ante el talante severo de su hermano que, sin retirarle la vigilancia, conminó a Carlota Liukin a repetir su rutina de Anna Karenina. Cecilia Torn se unió a Jussiville Partanen para evitar ser el blanco siguiente de los regaños y Shanetta James aceleró sus ejercicios para iniciar sus labores con su compañero.
Morgan Loussier, sin embargo, no se preocupó por ser dócil ni le impresionó la desconocida disciplina de Maurizio Leoncavallo. Al pasar junto a Katarina, no dudó en entregarle un pañuelo para que enjugara sus lágrimas ni en acomodarle la bolsa en una butaca después de que ella introdujera sus cuchillas y sus botines y se colocara sus tenis. No recibió palabra alguna por ello pero tampoco le importaba y un poco más tarde, supo por qué Maurizio parecía tan preocupado.
Carlota Liukin era mejor patinadora desde cualquier punto de vista. Sus habilidades de salto y spins eran refinados, su interpretación era perfecta y su versión de "Anna Karenina" era técnicamente más compleja que la rutina de Katarina Leoncavallo. No había que ser un genio para saber que Maurizio pretendía que su hermana compitiera contra ella y tuviera la oportunidad de rebasarla en cualquier momento usando los mismos elementos y estrategias.
Ante los inútiles intentos de Katarina por ser elegante, Morgan se detuvo y sin pedir permiso, le colocó los brazos en alto. Se hizo el silencio y él explicó sus razones.
-Tus manos deben alzarse por arriba de tu cabeza y debes flexionar más los codos cuando cierres las alas.
-¿Perdón?
--Si te das cuenta, tu espalda se echa para atrás y tu pecho resalta.
-Me hará más lenta.
-Salta.
-¿Qué haga un...?
-Un loop, un axel, lo que quieras. Haz una transición y salta pero no olvides los brazos.
-¿Funcionará?
-Es lo que tu hermano ha tratado de explicarte.
Katarina procedió entonces a formar una de las figuras de su cisne y haciendo caso de Morgan, ejecutó un salto flip que por fin enlazaba a otro elemento de la coreografía sin sentir que se cortaba el ritmo. Le costaba mantener los hombros en su nuevo lugar pero ver sonreír a su hermano con alivio le devolvió la motivación y se hizo el propósito de adaptarse a aquella posición.
-¡Bien hecho, Katy! - exclamó Maurizio y ella continuó sin que su agotamiento le afectara de nuevo.
-Gracias, Morgan - susurró ella y recibió un suero de manos de él previo a escuchar que Maurizio le requería para comenzar el trabajo.
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