miércoles, 10 de enero de 2024

Las noticias en Finlandia (Los días de fiesta, fin de la serie).


Helsinki, Finlandia. Viernes, 22 de noviembre de 2002.

-Entonces el vuelo sale en la tarde - comentaba Carlota Liukin mientras bebía café y desayunaba un sándwich de queso con pavo que estaba disgustándole. Frente a ella, Marat Safin agradecía por haber preferido un plato con avena y disfrutaba de un poco de miel con fruta. Eran muy temprano, apenas las siete de la mañana y la chica tenía una práctica previa a su competencia en dos horas.

-Me van a matar cuando llegue a Moscú - rió él.
-No es tu culpa, no encontramos vuelo desde París.
-Tengo partido en... Cuando aterrice.
-Todo saldrá bien.
-¿A qué hora patinas, Carlota?
-Las cuatro.
-No me da tiempo.
-¿Y si no puedes llegar a Vantaa?
-No va a nevar hoy.
-Eso dicen.
-¿Supiste algo de tu papá en el hospital? 
-Sólo que lo internaron, Andreas dice que le pusieron tanque de oxígeno y me pasó el número del hospital. Tengo que marcar a las diez si quiero que le den un recado y no sé si haya televisión para que me vea más tarde o alguien le diga.
-Él estará bien.
-Nunca lo habían hospitalizado.
-¿Por qué estás enojada?
-Porque Maurizio está molesto con Katarina y se está portando horrible. Maragaglio regresó a Venecia y dijo que la va a dejar ser amiga del gondolero.
-Se dice gondolier.
-Como sea... ¿Te puedo contar un secreto, Marat?
-¿Vale?
-La familia de Jyri Cassavettes va a estar en el homenaje de la gala y exigieron que Maurizio no esté. Él ya se enteró, hizo un drama y hace rato se fue con mis compañeros a entrenar, pero los estaba regañando por no se qué que cosa que tiene que ver con lo de Jyri. De seguro a mí me va a tocar que me diga algo.

Carlota hablaba tan rápido, que a Marat le ganó le risa y no pudo comentar al respecto, limitándose a hacer una seña sobre mantener la boca cerrada. 

-¿Te cuento otra cosa? - siguió ella.
-De acuerdo.
-Dicen que Jyri odiaba a Katarina.
-¿No la cuidaba?
-Alisa Drei me lo platicó ayer. Es que no le avisaban a Maurizio.
-¿Perdón?
-Todas odian a Katarina y la tal Jyri le jalaba el cabello o le pegaba.
-¿Por qué te lo cuentan a ti?
-Esto es algo que Maurizio no sabe, así que no lo repitas: Katarina fue la que delató a su hermano en la agencia antidopaje.
-¿De qué estás hablando?
-Maurizio se drogaba y Jyri le compraba las cosas.
-No debieron contártelo.
-Me enteré en París, Katrina le dijo a Maragaglio que Maurizio se inyectó algo hace tres meses.
-¿No eres muy chica para hablar de esas cosas?
-En el patinaje te enteras de todo. En Venecia tenemos un topo y ojalá sepa quién es.
-¿Para qué?
-Saber de quién alejarme.

Marat se quedó mudo unos segundos.

-Todas cuidaron a Jyri.
-¿Por qué nadie defendió a Katarina?
-Te estoy contando que la detestan, Marat.
-¿Hay un motivo?
-Pensé que era por portarse horrible, pero es por bonita.
-¿Disculpa?
-Katarina se iba a quedar con los patrocinadores y con los jueces.
-Pero ella es buena patinadora ¿No?
-Las federaciones se la pasaron presionando y le jugaron sucio en Salt Lake y en otras cosas.
-¿No le dieron un premio?
-Katarina debió haber ganado.
-¿Qué pasó? 
-Michelle Kwan y Sasha Cohen se equivocaron en los olímpicos, así que no la pudieron sacar del podio.
-No comprendo.
-Se pusieron de acuerdo para quitar a Katarina de las medallas, pero todo salió mal. La dejaron en el tercer lugar porque no iban a darle el oro.
-¿La razón fue..?
-La misma por la que le niegan primeros lugares: Los patrocinadores se pelearían sólo por ella ¿Sabes cuánto le pagan a Katarina a través del comité italiano? Las marcas se van si ella no está.
-Es incoherente lo que me cuentas.
-Dicen que nadie puso una queja formal por lo de Salt Lake porque las federaciones amenazaron con irse si rectificaban el resultado y Michelle y Sasha de todas formas perdieron patrocinios. Yo tampoco entiendo muy bien lo que digo.

Pero Marat Safin comprendió que Katarina Leoncavallo era una máquina de hacer dinero para los demás y por ello, la tenían en un lugar de relevancia en el patinaje; sin embargo, era tal la envidia y frustración que provocaba, que sus compañeras constantemente la traicionaban, valiéndose de sus federaciones y manipulaciones para ello. 

-Jyri era igual de bonita, pero una joyería la cambió por Katarina y eso que era una niña- siguió Carlota.
-¿Por eso la trató mal?
-Como le gustaba a Maurizio...
-¿Se hizo la novia para fastidiarla más? 
-Esos chismes no me gustan, me hacen apoyar a Katarina.
-Es normal.
-No voy a entender por qué quemó a Jyri.
-¿Sigues con eso?
-Marat, sé que es cierto ¡Katarina fue por helado! 
-Me dijiste que le gusta y le dice a Maurizio que no.
-¿A nadie se le hizo raro? 
-A mí no.

Carlota se sintió tan sorprendida por la respuesta, que no pudo seguir con el tema. Después de morder el sándwich de mala gana, la chica se cruzó de brazos.

-No es que no te crea, es que no tienes pruebas - concluyó Marat.
-Katarina es muy agresiva.
-Ponte en su lugar, Carlota.
-Yo no le haría daño a alguien.
-Si todos los días la gente se encargara de volver tu vida un infierno, tal vez reaccionarías igual.
-¿Matando a alguien?
-Pensemos en algo que sí se puede comprobar. 
-¿Que la boicotean?
-Exacto ¿Cómo te sentirías si el blanco fueras tú?
-Creo que muy mal.
-¿Cómo trata Katarina a las demás patinadoras?
-Ni siquiera tiene amigas y sabes que no le gusta que se acerquen a su hermano.
-Piensa que Maurizio es como Andreas ¿Lo quieres mucho, verdad?
-Sí.
-Imagina que alguien le consiguiera drogas ¿No le dirías a tu papá?
-No lo pensaría.
-Katarina no es mala porque quiera, sino porque debe.
-¿Qué?
-Si lo que te dicen es cierto, las patinadoras que molestan a Katarina se merecen una lección.
-¿Cuál?
-La que sea, ella es la víctima.
-Pero no está bien.
-¿Ellas son buenas personas? ¿Qué dicen de Katarina todo el tiempo? ¿Qué cosas le hacen? Si les rompiera los dientes, estaría de acuerdo con ella.

Marat llevó un poco de avena a su boca y trató de entender la ingenuidad de Carlota Liukin mientras se recordaba a él mismo como esclavo. 

-Tu padre intervendría si alguien te maltratara. Katarina no tiene a nadie - hizo notar él mismo y aprovechó el momento para regresar al tema anterior.

-Cuando tomes el teléfono ¿Podrías saludar a tu padre por mí?
-Sí, Marat.
-Se recuperará, ya verás.
-Le dio influenza zombie.
-Eso sí lo creo.
-No sé por qué no volví a Venecia.
-Al señor Liukin no le gustaría que te contagiaras.
-Eso es cierto ¡Pero Katarina estuvo con nosotros en París! 
-No se nos acercó.
-A Maragaglio, sí.
-Bueno, es su primo ¿Maragaglio no se enfermó?
-Parece que no.
-Tranquilízate, Carlota, no vamos a ponernos mal.
-Ayer hablé con Miguel.
-¿Cómo está?
-Súper cansado, se quedó solo.
-Pobre de él.
-Le dije que Katarina hizo un amigo en el hospital y se puso muy contento.
-¿Perdón?
-Así fue.

Marat soltó una segunda risotada por darse cuenta de la inocencia de Miguel Liukin.

-Pero él está bien.
-Dice que se está recuperando y no tose. Oye Marat ¿Debería dejar que Katarina hable con Miguel o no?
-Ellos van a arreglar sus problemas, tú callada.
-Quiero arrancarle el pelo a esa mujer.
-Pero no lo vas a hacer.

La chica Liukin asentó y sentenció :

-Es bueno que Katarina y Miguel no estén juntos. Estaba por sugerir correrla a escobazos.

Marat optó por dejar las cosas en paz, permitiendo que Carlota acabara con su desayuno y revisara sus cosas una y otra vez. La joven tenía razones sólidas para rechazar a Katarina Leoncavallo, pero no comprendía del todo lo que él decía y quizás necesitaba más tiempo o recordar todas la cosas desagradables que había escuchado el día anterior.

-Ay, mi teléfono suena - dijo ella.
-Tienes el celular en la chamarra.
-Con razón lo pierdo a cada rato.

El chico se rió.

-¡Hola, Maurizio! Estoy desayunando... ¿De una vez? Pero quedamos a las nueve... ¿Cómo que no?...Te veo allá ¡Llego en no sé cuántos minutos! 

Carlota colgó y de un bocado acabó con la comida.

-¿Qué pasa?
-¡Marat, hay que correr!
-¿Por?
-¡Maurizio me quiere en la práctica!
-Acabas de comer.
-¡Tengo prisa!

El hotel donde se hospedaba Carlota se hallaba en la calle Nordenskiöldinkatu y al igual que un parque importante y un hospital, la Helsinki Ice Arena estaba a unos metros. Ella no conocía la ciudad y su estrategia había sido seguir a las demás patinadoras.

-Cálmate.
-Marat, debo llegar.
-Déjamelo a mí.
-¿Recuerdas cómo llegar?
-Hay que pagar la cuenta.
 -Voy a caminar.
-Estarás bien.

Él se sentía relajado y pronto, la chica comenzó a respirar despacio. La cafetería del hotel estaba llena pero el ruido era mínimo, dejando a la joven Liukin como si fuera la única persona escandalosa alrededor. 

Pasados unos minutos, Carlota y Marat salieron para experimentar involuntariamente una ciudad muy fría. Las banquetas de Helsinki eran resbaladizas y pequeñas, los autos estaban cubiertos de nieve y un tímido sol se dejaba ver para desaparecer poco después entre las nubes. No era un paisaje triste, aunque a ella se lo pareciera y el parque cercano tuviera sus árboles congelados. Un par de esquinas más la llevaban a su destino, pero no reparó en cuánto había caminado. El invierno finlandés la tenía pasmada por su intensidad, aunque él le asegurara que en Rusia era más crudo y que necesitaría una mejor chamarra. Afortunadamente, la arena donde se realizaba el Grand Prix de Helsinki, tenía una temperatura más aceptable y Carlota pudo despejarse de su capucha luego de registrarse en la entrada y saludar a un par de espectadores que esperaban por autógrafos y fotos.

-Me adelanto, Maurizio me está esperando - anunció la chica, dejando a Marat en el vestíbulo. Luego de atravesar una puerta y otro corredor, ella vio a sus compañeros Cecilia Törn y Jusiville Partanen en una conversación que se notaba enérgica y exigente por parte de Maurizio Leoncavallo. 

-Ustedes dos, a repasar sus secuencias de pasos circulares ¡Carlota, ven! Tengo noticias de Venecia - exclamó el propio Maurizio y la joven se aproximó con velocidad.

-Buongiorno, señorita Liukin, disculpe por traerla a esta hora.
-¿Qué pasa?
-Llamaron del hospital para decir que Tennant ha mejorado y el señor Ricardo está muy inquieto.
-¿Algo más?
-La oxigenación de tu padre volvió a bajar.
-Ay, no.
-Pero no parece muy afectado, sus estudios salieron bien... Bueno, me entiendes.
-¿Alguien más ha hablado?
-Andreas te manda saludos y que desea que te caigas.
-Qué divertido.
-Miguel se está recuperando bien, también envía buenos deseos.
-Menos mal, apenas pude llamarlo ayer ¿Algo más? ¿Maragaglio supo algo de la señora Susanna? ¿Y Katarina?

Maurizio Leoncavallo transformó su rostro serio a uno menos simpático.

-Nada importante... ¿No quieres repasar de una vez? Presentamos un nuevo programa corto en unas horas.
-Pero están los equipos de danza.
-¿Quién dijo que vas a patinar? Quiero un ensayo de salón, ver si tienes noción del tiempo. No saltes, no será necesario.
-Sí, Maurizio.

Carlota acomodó sus cosas en una butaca, segura de que Marat tendría el detalle de cuidarlas mientras marcaba su coreografía sin que su entrenador hiciera caso, aparentemente. Alrededor, los patinadores y otros coaches platicaban sobre cualquier cosa, menos sobre sus rutinas y poco a poco, los cuchicheos se volvieron más indiscretos. Se decía que algo importante estaba por suceder y que no le agradaría a mucha gente; que no le habían informado al principal involucrado de ello.

-Katarina tiene razón, todos parecen víboras - oyó Carlota pronunciar a Cecilia Törn y siguió preguntándose quién era el soplón que pasaba los chismes. 

-Andan diciendo que Katy se metió con alguien en el hospital y se volvió loca. Me creo lo segundo - se desahogó la joven Törn, advirtiendo que su compañera de entrenamientos respiraba aliviada y añadía que se alegraba de que no fuera algo importante.

-¿Katarina no era novia de tu hermano? - recordó Törn.
-Claro que no, sólo estaban jugando - protestó Carlota, incapaz de contradecir el hecho. La otra no le creyó, pero tenía una duda y enseguida preguntó:

-¿Es cierto que Maurizio y su hermana se pelearon en París? Todo mundo sabe que Katarina se va a ir a Canadá y su nuevo coach será Brian Orser.

La chica Liukin lo negó, a pesar de que ella misma había escuchado como Maurizio era nombrado "rata" en una conversación telefónica que no había sido privada. Sus incipientes sospechas de que el topo era Morgan Loussier, comenzaron a fortalecerse, aunque obtener una prueba sería complicado desde la lejanía. La plática incipiente culminaba en silencio profundo, pero las molestas voces de los demás eran altas y todos volteaban hacia Maurizio Leoncavallo, a quien señalaban como causante de una discusión el día anterior, aunque Carlota no sabía a qué se referían ni que era una acusación falsa, producto de otro desencuentro que sí era real, pero del que nunca sabría nada. No tardó en enterarse de que la familia de Jyri Cassavettes asistía a las prácticas oficiales del torneo y al igual que todos, guardaban un desprecio por Katarina que era profundo, pero en su caso, entendible. Nadie podía culpar a la entonces niña de desgracia alguna, aunque su responsabilidad era clara para ellos y la propia Carlota, que pasó saliva al distinguirlos muy cerca.

Conforme pasaba el tiempo, la vibra enrarecida del lugar se convertía en una expectativa alegre. Se decía que en algunas escuelas primarias se habían planeado visitas a la competencia y los organizadores pedían a los patinadores su apoyo para hacer sentir bienvenidos a varios grupos de niños. Ordenadamente, algunos de ellos comenzaron a entrar a las once de la mañana con banderitas de Finlandia en la mano y las mejillas pintadas de blanco y azul, aplaudiendo y saludando a los patinadores que aún permanecían en la pista y sus alrededores. Había entrevistadores de la radio y la televisión conversando entre sí y Maurizio los evitaba como podía, invadido por los nervios. Todos querían preguntarle algo y él quería ignorarlo hasta que sus alumnos se presentaran frente a los jueces. Era extraño que ni una sola vez se hubiera dirigido a la chica Liukin, pero sí a Marat Safin de forma amigable y le preguntara un par de cosas sobre su vuelo próximo, además de contarle sobre la posibilidad de visitar Moscú en el verano. 

El sonido local informaba acerca del final de las prácticas sobre el mediodía, dando pie a una pequeña firma de autógrafos entre quienes decidían concluir un poco antes con sus actividades y descansar antes de colocarse los vestuarios de competencia. Los participantes de la prueba por parejas también arribaban, creando un pequeño tumulto porque todos buscaban pasar hacia la salida o los vestidores, se saludaban y otros se evitaban. Carlota acabaría riendo fuertemente mientras entregaba dedicatorias a quienes se lo pedían y se contenía de impresionarse por toparse con patinadores que admiraba y que a su vez le decían "hola" o le deseaban suerte. Se escuchaban algunos aplausos y el recordatorio constante de que las pruebas iniciaban a las trece y media horas por parte de los organizadores, quienes se mostraban tensos por el entusiasmo desbordado de algunos participantes y porque la venta de boletos no reportaba números para festejar. La entrada iba a ser buena para la competencia femenina y la gala de despedida, no así para lo demás y nadie sabía si el evento resultaría rentable; aunque la audiencia televisiva prometía: los franceses querían ver a Carlota Liukin.

-¡Algo acaba de pasarle a Katarina Leoncavallo! - dijo un patinador y Maurizio Leoncavallo abandonó su lugar para prestar atención, dispuesto a enterarse de lo que fuera hasta ser interrumpido por su propio celular y por el sonido del de Carlota, quien contestó antes que él:

-¿Hola, quién llama?... ¡Tennant! ¿Cómo que te robaste el teléfono? ¿Cómo que pasó algo?... ¿Qué? ¿Que Katarina qué? No te entiendo ¿Puedes respirar?

Carlota cubrió su boca y Maurizio permaneció en suspenso un momento, hasta que optó por responder la llamada, descubriendo que era de Maragaglio y que en realidad, lo había ignorado toda la mañana. Aquello lo alarmó.

-¿Todo está bien? ¿Katarina sigue con el respirador? - preguntó él casi gritando en vez de saludar. Los patinadores no se despegaban con tal de confirmar el incipiente rumor que circulaba desde hacía nada, segundos.

-¿Qué pasó en Venecia? ¡Dilo ya!

Carlota Liukin se enteró en ese instante y deseó ser quien lo dijera, pero Maragaglio se adelantó y el gesto de Maurizio se convirtió en un rostro consternado con la mirada llena de ira.

-¿Cómo que Katarina se casó? - se acabó el hombre por alterar, causando conmoción en el recinto y que los demás se comunicaran con sus amigos, también del gremio del patinaje, para informarles.

-¿Con quién lo hizo? - prosiguió Maurizio con una voz que daba miedo. Carlota entendió que debía alejarse y se llevó a Cecilia Törn y a Marat Safin con ella, sin evitar oír el resto camino al pasillo de vestidores.

-¿El gondolero? ¡Dejaste que se casara con el gondolero!... ¿Firmaste de testigo? ¿Tú? ¡Eres un maldito bastardo! - concluyó el joven Leoncavallo, quedando inmóvil y con el talante perdido. La familia Cassavettes lo miraba con idéntico impacto, aunque aumentando su repudio: A Jyri la habían matado por celos y ahora, Katarina se había deshecho de su hermano aprovechando su ausencia, probando que su apego y aferramiento no eran para siempre. El crimen entonces, se quedaría impune, en silencio.

sábado, 23 de diciembre de 2023

El cuento de Navidad ("Los días de fiesta")


Venecia, Italia. Viernes, 22 de noviembre de 2002.

-No vas a dejar el tanque de oxígeno en un par de semanas, Marco - anunciaba el doctor Luc Pelletier mientras contemplaba al joven Antonioni colocarse su camisa blanca con bordado de rosas en el cuarto de servicio. El chico estaba de buen humor y los resultados de sus estudios cardíaco y respiratorio no parecían importarle en ese momento.

-Es vital que tomes la medicación para los triglicéridos y que no hagas muchos esfuerzos en este momento. Tu presión arterial está regresando a niveles normales... ¿Me quieres hacer caso? Marco, tienes Marfan.
-¿Terminó el diagnóstico?
-Sí.
-Hoy me caso, no voy a preocuparme por lo que me digas, tal vez mañana.
-Voy a traerte tus pastillas. Con la neumonía parece que mejoramos pero el desmayo que tuviste...
-Para.
-Marco, déjame explicarte.
-¡Que pares! Hoy no.

Luc Pelletier asentó y salió al pasillo un momento sin saber si estaba contento o preocupado. Poco después, Susanna Maragaglio, se introdujo de lo más feliz.

-Dejé a Katarina arreglándose, se tardó un poco en la ducha.
-¿No le pidió ayuda?
-Vine para asegurarme de que te verás bien ¿No llevas corbata, Marco?
-No, gracias. Con la camisa es suficiente.
-Hay que peinarte un poco.
-Ya lo hice.
-Haré tu cabello para atrás.
-Estoy listo.
-Confía en mí ¿Tu pantalón es color vino?
-No me consiguieron otro.
-Siéntate, por favor.
-No es necesario, señora.
-Verás que sí ¿Se te hace flequillo?
-El mechón siempre se me va hacia delante.
-¡Pero mira! Eres más guapo sin el.
-Es un cabello rebelde, nada más.
-Las camisa debe ir dentro del pantalón, anda.
-A Katarina le gusta.
-Sólo por hoy.
-De acuerdo.
-Va a valer la pena, Marco.

El chico sonrió mientras Susanna seguía corrigiéndolo, pensando que Katarina estaba arreglada, pero se equivocaba.

En la habitación que compartía con Juulia Töivonen y Tennant Lutz, la joven Leoncavallo batallaba para estar lista. Su cabello no se quedaba sujeto y se había enredado, así que no paraba de cepillarlo con fuerza mientras miraba angustiada el reloj. 

-Debo salir en media hora y la secadora no funciona ¡Me haré una coleta! Ay no, este nudo no se quita y no me he puesto el vestido ¿Alguien vio dónde está? ¡No me puedo casar en bata! - se desesperaba Katarina y era porque todo le había salido mal: Se había herido en la ducha mientras trataba de rasurarse, estaba atrasada debido a que se había quedado sin agua y sus ojos estaban irritados por una reacción al shampoo, razón que la privaba de poder usar maquillaje. 

-Te ayudo, venga - dijo Juulia Töivonen y se incorporó con un poco de dificultad. Su mascarilla de oxígeno estaba empañada, pero se aferraba a ella porque creía que sanaría más rápido y hablaba lo más fuerte que le era posible.

-Siéntate, Katarina, te recogeré todo el cabello y ya ¿Te trajeron horquillas?

La joven Leoncavallo negó con la cabeza y Juulia tomó el cepillo, despejando el rostro de la chica para formar la dichosa coleta.

-¿No te vas a casar con el pelo tan descuidado o sí? Voy a formarte un chongo y lo ataré bien. No se caerá, lo prometo. 

En silencio, Katarina permitió que le peinaran, aunque le dolía cada maniobra. Su cabello se restiraba como si fuera a presentarse en el ballet y no quiso preguntar por ningún truco, sólo le quedaba confiar. Sin embargo, recordaba todavía su tristeza por días anteriores y tuvo la tentación de tocar el vientre de Juulia, misma que permaneció asustada e inmóvil mientras la mano ajena se posaba sobre su ser.

-¿Maurizio te ha dicho algo? - preguntó la joven Leoncavallo.
-Sólo que esperaba que mis pruebas fueran positivas.
-Pero no te ha mandado un recado.
-Está muy feliz, eso he sabido.
-Yo nunca fui capaz de darle esa alegría.
-Katy, no puede ser.
-¡Soñé toda mi vida!
-No llores ¿No te vas a casar con Marco?
-Es que después no podré lamentarme y Maurizio me hace tanto mal ¡Juulia, por lo que más quieras, cuida de él y ámalo siempre! ¡Él no es para mí!
-Tranquilízate.
-¿Sabes? Encontré a Marco hace tanto tiempo.
-Él te esperó.
-Me iré de la vida de Maurizio y de la tuya dentro de poco.
-¿Es una promesa?
-Es un hecho... ¡Marco me verá llegar tarde! ¿Estoy linda?
-El cabello está bien y no te molestará en unas horas.
-¿Me ayudas con el vestido, Juulia?
-¿Era el que usarías en mi boda, verdad?
-¿Cómo te enteraste de eso?
-Maragaglio y Maurizio te vieron diseñándolo.
-¡No te preocupes más! No volveré a ponérmelo después de mi noche de bodas y será sólo para Marco ¡De pensarlo me pongo roja como tomate!

Ambas mujeres rieron y Juulia observó a Katarina introducirse en un vestido color marfil que tampoco podía cerrar sola. La prenda era ajustada, strapless, con un corsé y poco brillo, el justo apenas para dar un aspecto nacarado.

-Pensé que no me quedaría.
-Es bonito.
-Juulia ¿Crees que a Marco le guste? 
-¡Le va a encantar! Se te ve una silueta divina.
-El escote es un poco atrevido, debí confeccionarle unos tirantes o unas mangas.
-Estás perfecta.
-¿Lo juras?
-Claro, te pondré el velo.
-Las enfermeras me trajeron un tul muy bonito.
-Así va... No se te nota la peineta.
-Muchas gracias.
-No te has visto en un espejo.
-Tengo este pequeño y no parezco ir mal.
-Es hora ¿Quién te va a entregar? ¿El doctor Pelletier?
-¿Me acompañarías, Juulia?
-Con la mascarilla no puedo.
-Perdón.
-Tal vez Tennant... Tampoco, también tiene mascarilla.
-Entonces, ya me voy.
-Suerte, Katarina.
 
Las dos se abrazaron fuertemente y cuando Tennant logró ver a la joven Leoncavallo, prácticamente perdió el aliento, atinando a halagarla con un "eres preciosa". Así, ella caminó nerviosa por el corredor, con su tanque de oxígeno como única compañía y deslumbrando a los pacientes hacinados y uno que otro que podía asomarse. Las enfermeras le abrían el paso y Wendy Bacchini le entregó enseguida un modesto ramito hecho con flores del hospital, anunciándole que Marco se encontraba en otro lugar, ya que el juez no podía quedarse mucho tiempo. Pronto, en su camino apareció Ricardo Liukin, quien impresionado por la novia, la detuvo.

-Katarina, dile a Marco que si no te complace, le romperé la cara.
-¿Qué cosa?
-Me alegro por ti en realidad. Buena suerte.
-Gracias.
-Ve con él. 

La chica sonrió y apresuró el paso hasta una puerta de madera pesada y rechinante, desde donde Luc Pelletier y Susanna Maragaglio habían reservado su lugar para curiosear.

-¡Katarina, qué hermosa novia eres! - exclamó Susanna, empezando a llorar y estrechándola.
-¿Marco se dejó ayudar?
-Lo convencí de fajarse la camisa.
-Muchas gracias.
-El doctor Pelletier y yo hemos firmado como testigos y Maragaglio y el señor Hazlewood hicieron lo mismo afuera del hospital.
-¿Maragaglio?
-Faltan el novio y tú.
-¡Dile a Maragaglio que lo quiero!
-Anda, te espera Marco.
-Tengo que entrar.
-Ve con él.

Luc Pelletier giró el picaporte y Katarina Leoncavallo ingresó a un largo pasillo de enormes cristales desde donde se veía el Canal di San Polo y la intensa, pero lenta nevada que azotaba Venecia con un cielo azul oscuro. Marco Antonioni no dudó en voltear para contemplarla caminar hacia él con una enorme sonrisa y en ese momento, se cerró la puerta. La boda era sólo para los dos.

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Maragaglio y Marine (Serie navideña "Los días de fiesta")


Venecia, Italia. Viernes, 22 de noviembre de 2002.

Mientras Edward Hazlewood y Giampiero Boccherini dormían un momento, Maragaglio fumaba un poco para conservar el calor y contemplaba la nieve caer pausadamente sobre el agua. Se hallaba cansado, con la certeza de que el desvelo se prolongaría un poco más y aguardando por el amanecer, mismo que le anunciaría que perdería a Katarina Leoncavallo para siempre. La joven estaba hecha un manojo de nervios y había suprimido el raciocinio, pero él no podía saberlo y se sentía feliz de no maldecir su suerte, de imaginar la boda y hasta la cara de Marco Antonioni cuando la viera frente al juez. Poco a poco, una especie de calma fue apoderándose de él, haciéndolo respirar con lentitud. No quería sumergirse más en sus pensamientos, sobretodo porque notaría que el día viernes apenas empezaba, aunque deseara terminarlo.

Entonces, a su mente volvió a Marine, sin buscarla. Con su venganza lista, Maragaglio sonreía con cinismo, pero no contra la mujer, sino contra sí mismo. Todo estaba saliendo bien y evaluaba tomar una ventaja extra, un dulce antes de romper cada fibra y sentimiento, pero no exento de reconocer que le salpicaría a fuerza. El plan era sencillo: Coquetearle, fingir amistad, hacer las cosas que ella adoraba de él y claro, seducirla en plena boda y delatarla. Pero hacía falta un ingrediente, el que aseguraría los procedimientos y Maragaglio no sabía cuál era. Quizás la clave era recordar que se había enamorado de Marine y aquello suponía una fuerte afrenta, pese a que el recuerdo, por amargo que fuera, continuaba siendo entrañable. Intentaba concentrarse en las partes más difíciles de la relación, como los celos o las lágrimas y entre más pensaba, más concluía que el principal responsable era él, descubriéndose un punto vulnerable que podía ser útil. Marine era inteligente para cualquier cosa, pero no para el amor.

-Me molesta pensar en ti - reconoció Maragaglio y se quedó repasando esa discusión que había tenido en París con ella. La mujer le había pedido regresar y él la rechazó; incluso su celular tenía las marcas de un fuerte impacto contra el piso por el enojo que aquello le había provocado. De todas formas, tenía un excelente disfraz: El escudo de un arrepentimiento inexistente. Durante la prueba de vestidos de novia, esa actitud de remordimiento probaba su eficacia y Marine no pudo encontrar la mentira. Pero el problema ni siquiera iba a ser la farsa, sino la lujuria. La venganza tendría éxito si él lograba resistirse a la piel de Marine, a su sonrisa juguetona, a su ojos amorosos, hasta el momento justo.

-Me encantas, mujer ¿Qué debo hacer? - pronunció el hombre mientras recordaba cómo Katrina le reprochaba por una mancha íntima en su vestido amarillo, provocada a su vez por la visión de su ex amante con ropa blanca. Pero fue también el segundo en que Maragaglio supo que el asunto le interesaba todavía. El final estaba mal ejecutado, era incómodo, él no había matado su esencia, aún le hacía caso porque cuatro años de llamadas de Marine no siempre habían sido cansados, pero ahora tenía que deshacerse de ella y al final, cambiar de número de celular. Si la mujer significaba algo para él, también se encargaría y la única forma era despertando un odio mutuo. Maragaglio creía que exageraba, pero tal vez era necesario, decidiendo en ese momento que probaría su suerte. Pasaron unos segundos.

-Hola ¿Marine?
-"¡Maragaglio! ¡Qué alegría!"
-Ah... Llamo para avisarte que tu hermano me pidió ayuda para ir a tu boda y tomó un vuelo hace una hora.
-"¡Sabía que Damon no faltaría! ¿Vienes con él?"
-No, yo sigo en Venecia, mi esposa se enfermó y estoy con los niños.
-"¿Ella está bien?"
-Hay una epidemia de influenza aquí pero Susanna parece no sufrir mucho.
-"La estás cuidando".
-Se internó en el hospital con Katarina...
-"¿Katy?"

Él se dió cuenta de que había cometido el error de mencionar a la joven Leoncavallo pero improvisar no era una idea mala.

-También se contagió pero estará bien.
-"¿Katarina te preocupa mucho, verdad?"
-Le han puesto un tanque de oxígeno.
-"Se... Se repondrá, ya lo verás". 
-Me ha vuelto a pedir que nos casemos.

Marine desde su lugar no supo qué decir.

-No tengo a quien contárselo - prosiguió Maragaglio.
-"Descuida"
-Nos peleamos y la ignoré cuando me dijo que sentía enferma. 
-"La viste con el vestido de novia en París".
-Te juro que pensé que era un capricho.
-"¿Qué harás?"
-Apenas puedo pensar.
-"¿Te quedarás con Susanna?"
-Sí.
-"Katarina se va a poner triste".
-¿Por qué dices eso?
-"Porque decidiste estar con tu esposa".

A Marine parecía quebrársele un poco la voz.

-"Sé que terminarás con Katarina muy pronto"
-No tengo cabeza en este momento para nadie que no sean Susanna y mis hijos. No creí que las cosas con Katy se saldrían de control.
-"Pensaste que era una fase".
-Te dije que estoy... Olvídalo.
-"No, no ¿Cómo estás?"
-No es importante, te desperté por nada, perdóname.
-"Maragaglio, puedes contarme".
-Debería estar preguntándote por tu boda ¿Llegaste bien a casa? 
-"Sí, me recibió Laurent con un enorme ramo de rosas y mi mamá me regañó por ir a París pero todo bien... ¿No querías hablar de Katarina? Podría darte un consejo".

Maragaglio apartó unos segundos el celular para hacer el esfuerzo de no carcajear ante lo que escuchaba ¿Marine se pensaba capaz de darle sugerencias? ¿Qué seguía después?

-Voy a terminar con Katarina, es todo - contestó él al conseguir contenerse.
-"¿Cómo vas a evitar que le diga a Susanna?"
-Se irá a Canadá pronto, hasta entonces no pienso abrir la boca.
-"¡No puedes engañarla!"
-Con Katy es más difícil, no sólo es mi novia, es mi prima. Marine, esto no es igual a otras relaciones que haya tenido, aquí se trata de mi familia y quiero proteger a Susanna y a mis hijos. Aprecio tu intención de ayudar, pero ahora tengo que resolver mis problemas solo. 

Hubo un silencio y Maragaglio lo aprovechó para descansar del personaje que había armado desde París. Edward Hazlewood se había despertado, así que la conversación telefónica debía cambiar.

-¿Sigues ahí?
-"Sí, supuse que no colgarías".
-Lo siento, Marine, es que estoy estresado.
-"Te caería bien seguir hablando".
-Preferiría saber qué hora es en Tell no Tales.
-"Las seis de la mañana, estoy por salir a correr".
-Perdona por retrasarte, es que tenías que enterarte de Damon.
-"Está bien ¡No he podido dormir!"
-¿Por qué? 
-"No siento sueño"
-Estás nerviosa.
-"Un poco".
-¿Decidiste lo del vestido?
-"Usaré el que ya tengo".
-¡Vamos! El que te gustó en París es tu sueño.
-"Me sentiría apenada si me lo regalaras"
-No veo el motivo.
-"Es que es muy caro".
-No es importante.
-"Sería raro".
-Somos amigos, Marine.
-"¿Amigos?"
-Haré hasta lo imposible por llegar a tu boda y llevaré ese vestido, ya verás.
-"¡No hagas eso!"
-Dame una razón.
-"¡Que no te había visto en cuatro años!"

A pesar de sonreír, Marine tenía razón.

-"Recuerdo todo lo que dijiste en el café y aún no sé si te creo. Maragaglio, yo le envié un sobre a Susanna porque estaba furiosa, te quise lastimar, perdón".

El hombre cambió de ánimo inmediatamente y se contuvo de terminar la conversación para arrojar el celular al agua.

-Mujer, ya te dije que no estoy molesto.
-"Te has enfadado".
-De ninguna manera.
-"Lo noto en tu voz".
-Todo acaba por descubrirse, Marine. 
-"No me correspondía hacerlo".
-Nos encontramos en París y hace mucho que quise hablarte y no lo hice. Cerremos nuestra historia en tu boda, por favor. Hagámoslo como dos amigos, por lo menos.
-"Dijiste que aún me amas".
-También que sufro las consecuencias por lo que te hice. Ahora tú serás muy feliz y yo seguiré casado con Susanna, tratando de no hacer sufrir mucho a Katarina y criando a mis hijos. 
-"Estas llamadas van a terminar".
-Marine, yo jamás te traté bien.
-"No te perseguiré más".
-Lo sé.

Maragaglio volvió a percatarse de que iniciaba una carcajada junto a su última frase y se tomó un respiro para controlarse. Hazlewood entendía en silencio que Marine era una de las amantes del hombre aquel y le irritaba que se usara a Katarina como objeto de una manipulación.

-Mujer, perdona, es que estoy esperando afuera del hospital.
-"No te preocupes".
-¿Tu boda es la próxima semana?
-"Algo así, aquí esas cosas toman quince días".
-¿Cómo?
-"La próxima semana recibiré a los primeros invitados y tendré muchos eventos en el vecindario. Así será hasta la ceremonia el día 7 de diciembre".
-¿Diciembre?
-"¿No podrás venir?"
-¡Katarina va a competir!
-"¿Crees que se reponga rápido?"
-Nunca me pierdo sus torneos.
-"Si es muy importante, yo puedo entender que no vengas a verme".
-Marine, te prometí asistir.
-"Pero Katarina..."
-No me perderé tu boda, no puedo fallarte más.
-"Maragaglio, ve con ella si es lo que deseas".
-Quiero despedirme de ti. Te veré en Tell no Tales, Marine.

Maragaglio terminó la comunicación, consciente de que su venganza lo apartaba aún más de Katarina Leoncavallo si esta tenía la suerte de curarse y poder ir a Sapporo a competir. Ganar el Grand Prix Final del patinaje artístico era un objetivo que la chica tenía desde siempre y a pesar de la enfermedad y su boda, continuaba determinada a asistir ¿Pero valía la pena perderse ese evento con tal de hacer sufrir a Marine? Sólo si recordaba lo mucho que Susanna había llorado luego de leer los secretos familiares que los involucraban directamente, porque se enfurecía por ello.

-No hable, Hazlewood. Sobre esto no.
-Está bien.
-Sé que hago mal y estoy mintiendo mucho, pero cállese.
-Katarina se casa hoy.
-¿Quiere cerrar la boca?
-Usted no la ama como mujer, jamás lo hizo.
-Ya ¿Es todo?
-¿Por qué necesita engañar a Marine? No la conozco, pero usar a Katarina así...
-Marine se confundió y me estoy aprovechando.
-Su prima no merece lo que usted hace.
-Soy consciente.

Hazlewood no añadió ni una mirada de desaprobación.

-Le hice daño a Marine y ella me devolvió el golpe.
-Están a mano.
-Sólo me acostaba con esa mujer.
-¿Ambos lo tenían claro?
-No.
-Eso explica el desprecio.
-No iba a cambiar a mi esposa.
-Entiendo.
-A usted no le importa.

Entonces Edward Hazlewood optó por sellar sus labios para recordar lo que Katarina Leoncavallo sabía de ese tema y le había confiado. Maragaglio desconocía que su prima lo había descubierto, que Marine no era un misterio, que le asustaba un potencial reencuentro, que no se equivocaba cuando sospechaba que había existido un sentimiento muy fuerte y él no estaba preparado para asumir la realidad.

sábado, 27 de mayo de 2023

Las pestes también se van: Cuatro años antes


Venecia, Italia. Junio de 1998.

-¿Maragaglio? Hola, quiero preguntarte algo.
-¡Katy, pasa! Bienvenida a la oficina, disculpa que esté tan oscura.
-Me dijiste que trabajabas en un sótano.
-Qué sorpresa.
-¿Qué cosa?
-Tu visita.
-Mis padres me pidieron que te preguntara algo.
-Adelante.
-¿Puedo tomar un curso al aire libre?
-Es una pregunta rara.
-Encontré el anuncio de unas clases de la Universidad...
-Inscríbete.
-¿De verdad?
-Si se trata de la escuela, ni siquiera me preguntes ¿Qué vas a estudiar?
-Es algo de física.
-Me parece excelente ¿Necesitarás algún material o que te lleve?
-Sólo tu permiso.
-Katarina, ni siquiera tenías que consultarme.
-Mis padres me dejarán si dices que sí.
-¿Por qué?
-Es que no conocemos bien la ciudad y ellos quieren saber si es seguro. Es por la mafia.
-No menciones esa palabra.
-Perdón.
-Toma tu curso, no hay ningún problema.
-Grazie, Maragaglio!
-¿Sabes en dónde te darán las clases o cuánto van a durar?
-Será en la Facultad de Ingeniería por ocho semanas.
-¿Cuándo empiezas?
-En septiembre.
-¿No interfiere con tus competencias?
-Con ninguna.
-Oh, excelente ¿Sabes quién será tu maestra?
-Maestro.
-¿Su nombre?
-No me han dicho.
-De acuerdo, te daré dinero para que compres lo de tu curso.
-Necesito otra cosa.
-Pídeme lo que quieras.
-Voy a ir a unas sesiones de entrenamiento extra lo que queda del verano y van a terminar a las siete ¿Puedo ir y venir sola?
-¿No saldrás de Venecia?
-Para nada.
-No me gustaría que estuvieras sola por la noche.
-Pero ¿Sí?
-Mandaré a alguien por ti.
-¡Maragaglio!
-No estaría tranquilo, Katy.
-¡Ay, por favor, me cuidaré mucho!
-Hay turistas.
-¡Iré directo a casa!
-Pero desde Grigolina son veinticinco minutos si no hay tráfico y la parada del vaporetto no es cercana.
-Pero iré cerca de Santa Maria della Salute y los vaporetti están casi enfrente.
-¿Qué vas a practicar?
-Danza.
-¿Estará tu entrenador?
-Sí.
-Vale, te doy permiso.
-Grazie di cuore!
-No puedo decirte que no, Katy.
-¡Iré a preparar mis cosas!
-Está bien, diviértete.
-Nos vemos.

Katarina se despidió con un beso en la mejilla y de tan feliz, casi chocaba de frente con una Marine Lorraine que vaciaba su escritorio con prisa y se iba despidiendo a lágrima viva de sus compañeros. Maragaglio alzó la ceja al verla y cerró su puerta inmediatamente.

Sin embargo, la ignorante Katarina Leoncavallo continuaba su día de forma más entusiasta y sorprendida de haberle podido mentir a Maragaglio sin despertar sospechas. Cuando la chica salió del edificio de Intelligenza, corrió hacia a la parada del vaporetto que debía tomar para llegar a Santa Maria della Salute y recorrer los barrios de Castello, Cannaregio y Santa Croce por fuera. El recorrido tomaba media hora y eso le daba la oportunidad de arreglar sus cosas, entre ellas un bloc de dibujo, un juego de geometría, lápices de diferentes tamaños y colores y hasta un borrador y abundantes plumas. La chica utilizaba su maleta deportiva para no ser descubierta por su familia y poder asistir a unas clases en paz, sin que fueran a recogerla o le estresaran recordándole su pesadillezca experiencia en la educación básica. Por ello, también había preferido recurrir a su primo y saber cuántos cursos más podría tomar cuando se diera la oportunidad.

Santa María della Salute estaba separada de la Piazza di San Marco por medio del Gran Canale y se situaba junto a una escuadra casi perfecta en la que se albergaban dos edificios vecinos y se podían ver Giudecca, la Iglesia de San Giorgio y un atardecer naranja imperdible. Katarina no conocía esas cosas más que en fotos y al descender cerca, se impresionó bastante de que estuviera muy vacío y pudiera caminar a sus anchas. Cuando estuvo frente al templo, no dudó en tomar asiento en la escalinata y aguardar por su curso, mismo que iniciaría en punto de las cuatro.

Pasados unos minutos, un hombre alto, con el cabello entrecano, anteojos y una camisa informal naranja con negro, llegó al lugar. El hombre contempló a la chica como si esta despertara su curiosidad y ella le miró segura de que sería su profesor. 

-Soy Edward Hazlewood, daré una clase aquí ¿Es turista, señorita?
-No... Vine por lo de Pintura Geométrica, me dijeron que sería aquí.
-Es un diplomado universitario para titulación de Arquitectura.
-Yo lo encontré como Extensión Académica, por eso me pude inscribir - replicó ella mostrando el papel que le habían dado en una oficina de la Universidad de Venecia. El hombre lo leyó una y otra vez y descubrió que la joven tenía la razón.

-¡No puede ser! Metí el curso para facilitar algunas graduaciones. La coordinadora de ciencias siempre me hace lo mismo, supongo que trabajaré así. Los cursos de Extensión Académica dan certificados ¿Necesita uno para tener créditos extra, señorita?
-¿De qué está hablando?
-Lo siento, entonces lo quiere como parte de un currículum y es una buena idea... ¿Sabe de geometría, trigonometría y algo de álgebra? ¿Qué edad tiene usted?

Katarina sonreía divertida por la actitud de Hazlewood.

-Tengo dieciséis.
-El curso está pensado para universitarios... Pero no le negaré la clase, por supuesto, si quiere aprender estoy dispuesto a ayudarle ¿Qué le han dicho sus maestros sobre su nivel de matemáticas?
-La última vez me dijeron que era muy bueno.
-Veremos muchas obras de artistas como Mondrian, Kandinsky, Hooper; incluso Rothko y Gris. Trataremos de encontrar perspectivas, replicar los ángulos, intentar relacionarlos con principios geométricos y hacer pinturas propias.
-¿Y el número aureo?
-Claro, he preparado dos lecciones al respecto.
-¡Voy a jugar mucho con mis reglas y compases! - se alegró aún más la joven y Hazlewood se sintió aún más temeroso, sobretodo porque el resto de los estudiantes del curso aun no se aparecían.

-¿Cuál es su nombre, señorita?
-Katarina Leoncavallo, un piacere.
-¿Qué? ¿Es hija del agente Maragaglio?
-Es mi primo ¿Lo conoce?
-Me sorprende.
-¿No le agrada?
-No es eso, es que ya sabe, los agentes de la policía vigilan todo el tiempo.
-Él no sabe que estoy aquí.
-Bien, supongo que sus padres vendrán por usted así que me quedo menos preocupado.
-Tampoco les conté.
-¿Qué cosa?

Hazlewood no decidía entre pedirle a Katarina que volviera a casa o llamar para que Maragaglio se enterara.

-Es que no puedo ir a la escuela y no quiero que me torturen en casa preguntándome por mis lecciones - confesó ella.
-¿Disculpe? ¿Torturar?
-Es que siempre me va mal en los exámenes, aunque estudie mucho.
-Pero ¿Por qué no puede ir a la escuela?
-Porque la última vez intentaron quemarme con ácido.
-¿Quién hizo eso?
-Mis compañeros de grupo en el liceo ¡Yo nunca me metía con ellos!
-¿Tiene miedo?
-Lloré cuando entré a la universidad a apuntarme y llamé a mi entrenador para que me llevara a otro lado.
-¿Entrenador? ¿Usted es deportista?
-Patinadora sobre hielo.
-¿Le va bien?
-Más o menos.
-Hay exámenes de recuperación de cursos.
-Quiero hacerlos, por eso vine aquí. 
-Estudiaremos cosas básicas... Básicas para mí.
-No siento miedo aquí afuera.
-Entiendo que un salón es muy cuadrado.

Katarina sonrió con la última frase y replicó:

-Y aquí la clase es triangular.
-Es cierto.
-Professore ¿Cree que aprenderé algo que me sirva en los exámenes? Es que me apunté a las lecciones de física.
-¿También metieron eso como extensión académica? La coordinadora me odia.
-¿Es nivel universitario?
-Era la intención. Katarina, no se desanime y asista, entenderá todo y por supuesto que le ayudará ¿Su prueba es en febrero, verdad?
-Sí y me gustaría terminar el liceo de una vez.
-¿Quiere ser universitaria?
-Supe que puedo estudiar astronomía y patinar al mismo tiempo, los calendarios de exámenes no se sobreponen.
-¿Le gusta el universo?
-Todos los días espero fotos nuevas del Hubble.
-Yo sería su maestro en varias materias.
-¿De verdad?
-En Astronomía hace falta mucho personal aunque no hay varios alumnos, la mayoría prefiere irse a Ingeniería mecánica o civil.
-¿Por eso puede dar otras clases?
-En realidad lo hago para ayudar a los chicos, muchos tienen dificultades con cálculo y estadística durante sus carreras y ha habido casos donde no saben dividir o restar.
-¿Es una broma?
-Ni siquiera ellos saben cómo lograron llegar a las ingenierías.
-Es que no puedo creerlo.
-Katarina, quiero darle un consejo: No le conozco y me ha contado un par de cosas que debería conversar con alguien en quien pueda confiar.
-¿Lo hice?
-Si no tiene con quien hablar, lleve un diario y procure convivir con más gente, sé que usted podrá congeniar con alguien.
-Lo siento.
-No se preocupe, yo jamás exhibo a mis alumnos y cuando me llegan a comentar algo, me lo callo. Puedo ayudarle académicamente y si no encuentra un amigo aquí afuera, sólo dígamelo. 
-Está bien.
-Prepararé mis acetatos, la clase debe iniciar.

Katarina Leoncavallo asentó confundida y contempló a Hazlewood intentando instalar un caballete al mismo tiempo que advertía que la conversación había parado porque alguien más iba llegando y otras dos voces se aproximaban por igual. En la mente del maestro sin embargo, comenzaba un remolino. El apellido Leoncavallo no le sentaba bien y le remordía la consciencia el conocer a la joven y no poder decírselo, pero ¿Cómo iba a creerle, si sabía de ella por un árbol genealógico encontrado en un libro y completado por una búsqueda de campo que había metido a la familia Hazlewood en problemas? ¿Qué debía hacer con ella? ¿Expulsarla? Su hijo Marco, que había investigado al respecto, no debía saber de la presencia de esa chica, no era positivo tenerla cerca. Se distrajo tanto, que llevó sus cosas al suelo, provocando una silenciosa y un tanto reprimida carcajada en Katarina, misma que acabó escuchando que Edward Hazlewood era demasiado torpe y no sería la única ocasión en que sus alumnos tendrían que auxiliarlo con sus accidentes y desastres. 
 

lunes, 22 de mayo de 2023

Los diamantes de Marine


Berenice Mukhin descansaba en un parque del barrio Corse luego de pasar el día en el supermercado para bebés y lo primero que notó fue que había decoraciones rojas en cada edificio y árbol del lugar. La gente parecía festiva y luego de preguntar, se enteró de que Miss Corse Lorphelin, Marine Lorraine, contraería nupcias en un par de semanas con el corredor de bolsa, explorador y escalador Laurence Ferny. La familia del hombre en cuestión tenía abierta su casa para recibir a quienes quisieran dejar mensajes, regalos o comida para los festejos.

-Una boda en Corse es un acontecimiento - decía Lleyton Eckhart para después reconocer el envío de un tostador en detalle y que en las votaciones de Miss Nouvelle Réunion había sido injusto con Marine.

-¿Entonces te disculpas? - preguntó Berenice.
-Sí, es que no quería quedar mal con un amigo y voté por su hija aunque no me agradara. Hice mal pero al menos Marine se casará el día que planeó.
-¿Te invitaron?
-No, pero debo estar al pendiente de todas formas. El Gobierno Mundial me enviará un agente para investigar unos diamantes y tomando en cuenta que esta boda es de interés, tal vez obtengan algo.
-¿Diamantes?
-Alguien los trafica desde aquí.

Berenice no le dió importancia y Lleyton se rió por ello, deseando tomar el asunto con la misma ligereza. De acuerdo a los reportes que había leído, el agente Maurizio Leoncavallo "Maragaglio" de Intelligenza Italiana había detectado las exportaciones irregulares y el rastreo lo llevaba hacia Tell no Tales, dados los indicios del posible origen de las piedras. La policía local había inspeccionado las minas del país y descartado cualquier extracción ilegal, aunque ello aumentaba las dudas del gobierno.

-Investigaron el diamante que el señor Ferny le regaló a Marine por su compromiso - comentó Lleyton.
-¿Y qué tal?
-Es legal, comprado en una joyería formal y con papeles de sobra. Aún así, el tal Leoncavallo insiste en que hay otra joya irregular y tiene que hallarla. Al principio creyó que Sergei Trankov era el distribuidor, pero descubrió a otra mafia.
-No entiendo nada.

La mujer bostezó y Lleyton lo encontró gracioso, sobretodo porque sabía que no debía comentar del asunto aquel.

-El Gobierno Mundial puso al almirante Stendhal Trafalgar a cargo de la investigación y esperaba hablar con él, pero no podré. El tal Maragaglio es quien hace el trabajo y con quién trataré de resolver lo que salga.

Bérenice miró sonriente a Lleyton y este último optó por cambiar de tema al verla sorber una bebida con un popote verde fosforescente. Él la imitó enseguida.

-Sabe a medicina - comentó ella.
-Usaron mucho jarabe de coco.
-¿Cuándo habrá comida en la ciudad?
-Pronto darán permiso de cosechar la fruta de las granjas Izbasa.
-Mientes.
-En realidad, se negaron.
-¿Nunca has tenido hambre?
-No.
-El cuerpo duele, Lleyton.

Ambos continuaron mirándose en silencio hasta provocarse un mutuo ataque de risa, apenas interrumpido por el ligero llanto del bebé Scott para reclamar su leche.

-¿Aún tienes fórmula para alimentarlo? - preguntó él intentando contener la risa 
-Tengo dos latas que compré antes del sismo - replicó ella con idéntica energía y luego de probar la mezcla, la dió al niño, mismo que bebió sin rechistar. 

-¿Crees que encontrarás tus diamantes? - retomó ella.
-Nunca he procesado a un traficante de joyas, pero ha de ser emocionante.
-El Gobierno Mundial ha de saber quién los tiene.
-Eso es seguro, pero no investigan por eso.
-¿Entonces?
-Me dijeron que las piedras son extrañas y no han identificado la mina. Los joyeros que las han vendido dicen que son de alta calidad y una pieza puede ofertarse en 5000€ sin pulir porque pesan no sé cuántos quilates y se las están peleando en el mercado. 
-¿Has visto una?
-El almirante Trafalgar me envió una muestra y revisé con un amigo. 
-¿Qué tal?
-Prefiero ser linchado a vender mi alma. Le comuniqué a Maragaglio el precio del diamante y no sé por qué no le sorprendió.
-¿Y qué tiene que ver con Marine?

Lleyton sabía que ya lo había explicado, pero con Berenice no tenía dificultades en repetir una y otra vez cada cosa que ella le pidiera.

-Creíamos que su anillo de compromiso era de una pieza robada y resultó que no.
-Qué lástima, Lleyton.
-¿Te confieso algo?
-Dale.
-El tal Maragaglio sospecha que Marine recibirá la pieza traficada en su anillo de bodas.
-¡Qué emoción!
-Acepto que estoy feliz con esto, nunca me había topado con una intriga y no espero balas, pero sí delincuentes de cuello blanco ¡Al fin voy a llevar a juicio a gente de la bolsa de valores!
-¿Los diamantes están en bolsa?
-Así lavan dinero y bienes.
-Mi papá me habló de eso y dice que la gente juega con el dinero.
-No le llamaría así.
-¿Pero es parecido?
-Con tal de que me entiendas, te diré que sí.
-¿Pero como juegas con un diamante?
-Basta inventarse unos papeles llamados acciones y voilà! Entran en las operaciones interbancarias y de exportaciones. Hay un diamante en especial que todos codician, uno dorado.

Bérenice abrió más los ojos.

-Lo intentaron vender en Italia, pero es tan costoso que ningún joyero quiso adquirirlo. La Interpol lo buscó entre las grandes fortunas y los casinos y no hay rastro de él en ninguna parte. El agente Maragaglio lo detectó en Venecia, pero dice que el vendedor lo retiró de las ofertas y no ha sabido el paradero de nada.
-Tal vez lo encuentren tirado.
-Nadie dejaría descuidado algo tan valioso. 
-Si no pueden deshacerse de él, lo harán.
-No me imagino hurgando en la basura.
-Es más fácil encontrarlo ahí.
-Jajaja, tal vez se halla hundido en uno de los canales y nosotros aquí sufriendo por encontrarlo.

Una nueva risa mutua interrumpió la conversación y le permitió a Lleyton pensar que quizás Marine Lorraine estaba en la mira por sus antecedentes en Intelligenza Italiana. Si alguien conocía las dinámicas de los traficantes era ella y ser beneficiaria de un costoso regalo era una condición muy tentadora, dado el valor de las pólizas de seguros. Tal vez, la mujer había aprovechado la información bancaria con la que trabajaba para triangular una operación que le garantizara la recepción de una joya o había escuchado las noticias y aprovechado los alcances de la institución donde la tenían contratada para asegurarse de cumplirse un capricho. Pero eran planes complicados de llevar a cabo, a menos que tuviera un contacto que también se beneficiara de las transacciones o fuera sólo una intermediaria con un comprador inescrupuloso. Entonces no sería su primera operación anómala.

-Me he divertido mucho en esta cita - exclamó Bérenice.
-Gracias por regalarme un Pacman.
-De nada, Lleyton ¡Aunque me debes ir a los videojuegos!
-Considéralo hecho.
-¿Cuándo te veré?
-La boda me tendrá ocupado así que el sábado me tomaré el día.
-Nos vemos aquí a las doce.
-Es perfecto ¿Te invito a comer después?
-¡Pizza de pistaches!
-¿Crees que encontremos?
-Ay, claro, no hay otra cosa.
-Es cierto.
-Lleyton, gracias.
-¿Por qué?
-Por vernos hoy, la pasé increíble en la tienda.
-De nada 
-Si tienes una aventura con los diamantes, me invitas.
-Ese es trabajo policial y de abogados.
-Pero mira tus manos, te lastimarás si te toca ir al basurero.
-Me cuidaré.

Bérenice y Lleyton volvieron a carcajearse de sus pensamientos y a probar sus bebidas con gestos de desaprobación alegre mientras las decoraciones rojas se volvían más abundantes en el barrio Corse. Marine Lorraine llegaría de París en cualquier momento y según se rumoraba, había encargado su vestido de novia y la joyería que usaría en aquella ciudad.